Que el Señor les bendiga, mis hermanos. Pónganse ahí sobre sus pies y abran conmigo la Sagrada Escritura. Estemos juntos en la carta de Pablo a los Gálatas, en el capítulo 2, para continuar la exposición en esta carta.
Con el favor del Señor estamos ya en el capítulo 2. Solo le recuerdo a la iglesia que la idea central de este libro es una defensa apasionada del evangelio de Jesucristo. El apóstol Pablo está predicando a la iglesia y está defendiendo el mensaje del evangelio. En este momento quisiera mostrar Gálatas, capítulo 2, desde el versículo 1 y hasta el 10, y mostrar desde aquí la unidad que podemos tener en el mensaje del evangelio de Jesucristo. Dice así la Sagrada Escritura, la Palabra del Señor:
Después, pasados catorce años, subí otra vez a Jerusalén con Bernabé, llevando también conmigo a Tito. Pero subí según una revelación, y para no correr o haber corrido en vano, expuse en privado a los que tenían cierta reputación el evangelio que predico entre los gentiles. Mas ni aun Tito, que estaba conmigo, con todo y ser griego, fue obligado a circuncidarse.
Les recuerdo que había judaizantes que les decían a los cristianos que, para ellos llegar a conocer el evangelio, tendrían que cumplir con la ley de Moisés, comenzando por la circuncisión. Por eso le dice Pablo ahora:
Mas ni aun Tito, que estaba conmigo, con todo y ser griego, fue obligado a circuncidarse; y esto a pesar de los falsos hermanos introducidos a escondidas, que entraban para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús, para reducirnos a esclavitud, a los cuales ni por un momento accedimos a someternos, para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros.
Pero de los que tenían reputación de ser algo (lo que hayan sido en otro tiempo nada me importa; Dios no hace acepción de personas), a mí, pues, los de reputación nada nuevo me comunicaron. Antes por el contrario, como vieron que me había sido encomendado el evangelio de la incircuncisión, como a Pedro el de la circuncisión (pues el que actuó en Pedro para el apostolado de la circuncisión, actuó también en mí para con los gentiles), y reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión. Solamente nos pidieron que nos acordásemos de los pobres; lo cual también procuré con diligencia hacer.
— Gálatas 2:1-10
Pueden sentarse, mis hermanos. El apóstol Pablo estaba defendiendo el evangelio de Jesucristo ante un grupo de personas llamados judaizantes, que pretendían que los creyentes, para ser creyentes, tuvieran que cumplir con la ley de Moisés, y trataban de volver a esclavizarlos. El apóstol Pablo describe aquel momento donde tuvo la ocasión, providencialmente, de visitar Jerusalén, y que lo hizo con Bernabé y también con Tito, y está mostrando el hecho de que fuera con Tito, que era gentil, como evidencia de que no hace falta que los gentiles hagan algo más para recibir el evangelio. Toda esta carta anuncia el evangelio, defiende el mensaje del evangelio, pero ahora, en esta porción, se nos muestra la prioridad del mensaje del evangelio ante cualquier otra forma de unidad.
Pablo les está mostrando a los gálatas que aquello que permitirá que como iglesia estemos unidos a otras iglesias, a otros creyentes, no es que acomodemos el evangelio, que sacrifiquemos nuestra libertad, sino que entendamos claramente el mensaje del evangelio. Este texto es un buen ejemplo de dónde colindan la libertad cristiana con el sentido corporativo de la iglesia. Es cierto que la iglesia es un cuerpo. Es cierto que dondequiera que hay verdaderos creyentes podemos tener comunión con ellos. Pero quisiera mostrarle a mi iglesia que la comunidad, que la comunión de los santos, no depende de nuestras emociones o intentos humanos; depende de que veamos todos claramente el evangelio de Jesucristo. Que lo que hace posible que haya unidad entre nosotros es que tenemos una fe, un Señor y un bautismo.
Veremos cómo luce un compañerismo, un compañerismo en libertad. Veremos cómo dar una recepción madura a otros creyentes que conozcamos. Y veremos cómo esto el Señor puede utilizarlo para levantar una oportunidad para el servicio. El apóstol Pablo llevaba ya muchos años predicando entre los gentiles, pero ahora, después de aproximadamente diecisiete años, el Señor le conduce a Jerusalén. Y cuando está en Jerusalén, entonces comparte con aquellos apóstoles que estaban en Jerusalén. Le acompañó Tito, un gentil que era fruto de su ministerio y que sería eventualmente uno de los líderes de la iglesia cristiana.
Trataremos de responder la pregunta: ¿cómo se vive el evangelio en unidad? Todos nosotros tendremos la ocasión de compartir con otras iglesias. Los más jóvenes, en sus colegios, en su escuela, compartirán con otros creyentes que han conocido a Cristo en otras congregaciones. Probablemente usted interactúe con otros ministerios, con otras denominaciones. ¿Cómo podemos nosotros tener un compañerismo saludable y, sin perder el evangelio, seguir afirmando a Cristo en ellos? Pablo, Bernabé y Tito van a compartir ahora con otra iglesia. La pregunta es: ¿serán diferentes a como eran en Antioquía? ¿Harán o no harán sacrificios por el compañerismo?
Y lo que se muestra en el texto es que no, que si realmente tú y yo tenemos a Cristo, no necesitamos nada más que Cristo para tener un compañerismo cristiano. Pero esto se dice muy rápido, se vive muy lento. Los seres humanos tenemos este ideal de hacer que todo el mundo se parezca a nosotros. Por eso estaré mostrando en primer lugar cómo se ve un compañerismo en libertad. ¿Cómo podemos decir que somos creyentes, que amamos al mismo Dios, y tú seguirás siendo gentil y yo seguiré siendo judío, o viceversa? ¿Cómo podemos lidiar con estas asperezas? Veremos también una recepción madura y una oportunidad para ministrar juntos con otros.
Por qué llevar a Tito
Dice el apóstol Pablo: subí otra vez a Jerusalén con Bernabé, llevando también conmigo a Tito. Una pausita aquí, hermanos. Pablo pudo haber ido solo. Con toda seguridad, ir él solo hubiese sido más fácil para el viaje. Pablo ya antes había estado en Jerusalén, había compartido con Pedro. Pablo era un judío, conocía el mundo judío, desde el vocabulario hasta las prácticas. Y siendo un judío, Pablo también estaba circuncidado. Si Pablo iba a Jerusalén, las probabilidades que había de que fuera aprobado y recibido por los apóstoles de Jerusalén eran del cien por ciento.
Lo particular aquí es que Pablo no llegó solo, sino que dice él: subí otra vez a Jerusalén con Bernabé, llevando también conmigo a Tito. Y yo me pregunto: ¿y por qué a Tito? Porque en Jerusalén no había problema con Pablo; el problema era con los gentiles. Los judaizantes decían que si un gentil se hacía cristiano, tenía primero que hacerse judío. Y habían difundido la idea de que Pablo estaba predicando un evangelio diferente, un evangelio más flexible, un evangelio más fácil de llevar. Pablo ahora viene a Jerusalén, pero trae consigo la evidencia de su ministerio: aquí hay un gentil al cual yo le he predicado. Él es un creyente. ¿Le trataremos como un creyente o no le trataremos? El asunto aquí no es que Pablo vino a Jerusalén, es que vino a Jerusalén con Tito.
Catorce años de distancia. Dos grupos de ministerios que habían estado predicando al Señor. Cuando se encontraran de nuevo, ¿tendrán colindancia? ¿Se reconocerían? Hey, Pablo y Pedro, más de diez años que no coincidían, ahora se encuentran nuevamente. Cuando se encuentren de nuevo, Pedro y Pablo, ¿tendrán algo en común? ¿Tendrán a Cristo? Hay una falsa idea de que todos los obreros del Señor tienen que hacer algún tipo de nado sincronizado: todos el mismo movimiento, al mismo tiempo, siguiendo el mismo guion. Ay, hermano, lo que muestra el Nuevo Testamento es que el Señor puede utilizar a Pedro y el Señor puede utilizar a Pablo, y que el mismo mensaje, predicado por Pedro y predicado por Pablo, el evangelio, produce salvación, y que esos creyentes no son creyentes de distinta categoría, que lo único que garantiza que sean creyentes similares es Cristo.
Sin embargo, había personas que decían: no, es que tú no conociste al Señor con Pedro. ¿Quién fue que te predicó a ti? ¿Bernabé? Es que Bernabé no es igual. ¿Tito? Ay, hermano, aquí hay cosas que son importantes que como iglesia lo entendamos. Pues la salvación de tu alma no depende de… el mensaje del evangelio, no del instrumento a través del cual se te predicó el evangelio. Si recibiste a Cristo con Pedro, gloria al Señor. Si te predicó Tito, entonces también.
Cristo va primero
Quien busca el compañerismo en primer lugar regularmente pierde el evangelio. En este texto Pablo no aparece como un hombre muy amigable. Pablo lo que está diciendo es que Cristo va primero; la amistad va después. La razón por la cual estamos aquí no es abrazarnos, departir, compartir. Estas personas no parecen latinos, porque cuando dos latinos se encuentran es un cumpleaños: vamos a un sancocho, vamos a hablar. Cuando Pablo llegó, dijo: vamos a hablar primero de Cristo. Pablo, ¿y quieres saber si yo te caigo bien? A mí no me importa mucho caerte bien o que tú me caigas bien a mí. Me importa mucho más que los dos le caigamos bien a Cristo.
Estas amistades parecen amistades raras, pero son amistades centradas en el evangelio, donde lo que importa no es qué tantas sonrisas hay entre Pablo y Pedro. Lo que importa es qué tan preciso está predicando a Cristo Pablo y qué tan preciso está predicando a Cristo Pedro. Cristo va primero, nuestra amistad va después. Yo veo a Pablo llegando a Jerusalén y es como que él está diciendo: no estamos aquí para ser amigos; hacemos amigos mientras predicamos el evangelio. Vamos a rememorar, vamos a recordar, vamos a hablar de Cristo. Mano, tú podrías tener hermosas amistades cristianas, pero el centro de la amistad cristiana es Jesucristo. Pero si tú has tenido que poner a Cristo en pausa para conservar una amistad, entonces has perdido el evangelio.
La lección espiritual que hay aquí para la iglesia es que las convicciones van primero que las emociones. Importa más que estemos predicando al mismo Cristo antes de que pueda decir que tú y yo somos amigos. Y el hecho de que no seamos amigos cercanos no significa tampoco que exista cierto conflicto. Hay una inmadurez, como que la gente piensa que si dos personas son creyentes tienen que ser amigos del alma. Me importa que tú prediques a Cristo, porque yo también voy a predicar a Cristo. Y hay regalos que el Señor nos da. La lección aquí es que unidad es diferente a uniformidad. Cada iglesia responde al mismo Señor en una forma que es única y particular. Lo que nos une es Cristo.
Y lo que a ti te debería importar cuando tú conoces a otros creyentes no es tanto qué tal su personalidad, si son joviales o no. Miren, hay gente muy rara. Pero con la gente más particular, si estamos predicando los dos a Cristo, puede haber oportunidades de compañerismo. Ahora, si no hablamos de Cristo primero, tu personalidad y la mía no importan tanto. Ahora recuerdo la primera vez que yo leía este texto en Gálatas, que a mí me parecía que había habido un conflicto, y yo me preocupaba. Y decía: pero cuidado, Pablo y Pedro como que no se gustaban, pensaba yo. Ay, hermano, que a los apóstoles tampoco les importaba tanto Pedro, les importaba mucho Pablo, les importaba mucho Cristo. Y no había como este ideal de que no, es que son apóstoles de Jesucristo, estas personas tienen que hacer mínimo un sancocho. Predicar a Cristo. De hecho, los discípulos de Jesús tampoco se gustaban mucho entre ellos. Ahora, a todos ellos les tuvo que gustar mucho Cristo.
Y lo único que hacía que los apóstoles de Jesucristo tuvieran algo en común era que tenían una fe, un Señor y un bautismo. Hay una actitud madura del compañerismo cristiano donde ya no depende de tu personalidad, de la mía, de que si somos amigos o no somos amigos, sino que depende de qué tan claramente tú estás viendo y predicando a Cristo, y qué tan claramente le estoy viendo y le estoy predicando yo también. Mano, preferiríamos mucho más amistades donde Cristo sea afirmado que amistades donde nosotros seamos afirmados. Si hay alguien que dice que es tu amigo y dice que es creyente, pero tú te das cuenta de que esa persona te ama a ti más de lo que ama a Cristo, busca otro amigo, o predícale a Cristo. No hay aquí un deseo como de llegar: wow, vamos ahora a departir, vamos a una amistad. Vamos a predicar a Cristo.
Un siglo emocional
El espíritu de nuestro tiempo es colocar las emociones y las relaciones por encima de las convicciones y del mensaje. Nuestro siglo, nuestro tiempo, es un siglo emocional, donde siempre y cuando nos sintamos bien, no nos importa lo que cada uno de nosotros creamos. Y eso hace un daño tremendo al evangelio de Jesucristo, pues el evangelio de Jesucristo no comienza con emociones, comienza con convicciones. Pablo no está aquí para cuidar los sentimientos de Pedro, y Pedro no está aquí para cuidar el niño interior de Bernabé. Estamos aquí para ver a Cristo, y mientras estemos viendo a Cristo, nuestra amistad será madura y será edificante. Pero el espíritu de nuestro tiempo, el paradigma, es buscar la armonía por encima de la verdad, y un creyente verdadero primero busca a Cristo y después trata de estar de acuerdo con los hombres.
Yo no veo a Pablo llegando aquí: ay, cuidado si me rechazan. ¿Y qué pasaría si no? Pasaría que tenemos a Cristo. Y si no nos ponemos de acuerdo hoy, que el Señor nos lo conceda mañana. El cristianismo va en contra de la corriente. Queremos obedecer y predicar a Cristo, aunque sea a pesar de los hombres. Yo veo al apóstol Pablo y parece como que… en el caso de Pablo, el hecho de que él era un hombre un poco frío en su forma. Sin embargo, él era muy cercano, él era muy cercano con los colaboradores que tenía a mano en ese momento y con los cuales él pudiera predicar a Cristo. Está un poco ocre el asunto, hermano, como algo a blanco y negro. Yo quisiera que como iglesia maduráramos.
Pablo estuvo dispuesto a sacrificar relaciones por seguir a Cristo. De hecho, él sacrificó todo su capital relacional. Analicen que Pablo era un fariseo, un líder entre ellos, y cuando Pablo vio a Cristo: nos vemos, ahora yo tengo otro Señor. Señor, si una persona dio ya ese paso, ¿cuál será el paso siguiente? Yo te pregunto a ti, hermano: ¿qué tan dispuesto tú vas a sacrificar para poner a Cristo en primer lugar? Pablo se separó de Bernabé, se separó de Juan Marcos, eventualmente dejó a Tito en otro lugar, ¿y sabes qué hicieron todos ellos? Siguieron predicando a Cristo. El non plus ultra del evangelio no es que todos estemos felices para siempre. La cosa más alta que podemos lograr es que todos estemos predicando a Cristo hasta que lleguemos a su presencia. De hecho, hay amistades, hermano, con las cuales, si él es de Cristo y yo también, nos vamos a encontrar en la eternidad. Pero a Cristo tenemos que predicarlo hoy.
Vemos aquí cierta amistad madura. Dios tiene instrumentos que son diferentes, que están en diferentes partes y podrían ser extraños para nosotros. Entre los gentiles el Señor tenía a Pablo, en Jerusalén tenía a Jacobo. En Jerusalén tenía a Pedro, Cefas, y entre los gentiles tenía a Bernabé. Ah, no, Bernabé y Pedro tienen que ser amigos para que el evangelio avance. Los dos tienen que predicar a Cristo. El Señor tiene a Tito, pero también tiene a Juan. Este encuentro fue un encuentro providencial. Dice él: subí según una revelación.
Cristo no está atado a un lugar
Espérenme aquí, hermano. Jerusalén para los judíos era como una meca. Sentían que ir a Jerusalén era wow: ya hasta Jerusalén fue. Pablo está diciendo: yo no tenía la necesidad de ir a Jerusalén. ¿Saben por qué? Porque Cristo no está atado geográficamente. El mismo Cristo que salvó allá, el mismo Cristo que salvó aquí. Quisiera mostrarte, hermano, que no hay necesidad de que tú estés viajando a lugares para que el Señor te dé cosas. Cristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos. El mismo Señor que salva en el campo, el mismo Señor que salva también en la ciudad. El mismo que salvó a Andalier, el mismo que salva hoy. No necesitas hacer algo particular. El mismo evangelio que has recibido de Cristo está disponible para ti el día de hoy, en el lugar donde tú estés.
Pablo no está yendo a Jerusalén como que tenga que ir a buscar algo. Él dice que él fue para allá para no correr o haber corrido en vano. Él no subió en busca de un permiso, no subió en busca de una aprobación. El apóstol Pablo no tenía duda alguna de su llamado o de su mensaje. A él le preocupaba el fruto del ministerio. ¿Cuál era el fruto del ministerio? Un grupo de gentiles que habían recibido a Cristo, y que ahora los estaban tratando como si fueran ciudadanos de segunda categoría en el reino. Él está diciendo: son creyentes igual que ustedes, y aquí hay uno que se llama Tito.
Dice que lo expuso en privado. Oye, ¿por qué no hacemos un foro público? Con esto Pablo evitó dar a los líderes de Jerusalén un protagonismo indebido, como que ellos son los que tienen que aprobar. Tráiganme el listado: ¿cuántos son los gentiles que el Señor salvó? Tienen que traerlo aquí, los registros, para uno poder revisar. Hermano, cuando Cristo salva, nadie tiene que revisar. Yo puedo gozarme en tu salvación, yo puedo constatar su salvación, pero ahí, dondequiera que haya un hombre salvo, está el sello. Él ha sido sellado con la sangre de Cristo. No hay que traerlo ahora, como que es que vamos a estar sellando ahora: tráiganlo. No. Yo vine en privado, él está diciendo. No es como asunto público: ya nos autorizaron. No, no es eso.
Esto despejó cualquier duda sobre su mensaje. El evangelio que predico entre los gentiles, es lo que él está diciendo. Yo no me predico a mí mismo, yo no predico otra cosa, yo estoy predicando a Cristo. Lo que tenía que verse en Jerusalén es que el mensaje fuera el mismo.
Primero, ¿estamos en Cristo?
Quiero pastorear a mi iglesia. Cuando usted coincida con otro creyente, no pregunte por asuntos secundarios: ¿cuál es tu denominación? ¿Cuáles son tus posiciones escatológicas? Aguante, mi hermano. Vale mucho saber la denominación de alguien. Vale mucho conocer nuestras posiciones escatológicas. Pero de nada sirve tu posición escatológica si tú no estás en Cristo. Lo que hay que preguntar es si estamos los dos en Cristo. Yo me doy cuenta de que la gente habla de tantos… ¿Cuál es tu ministerio? Antes de que tú quieras saber qué yo hago para Cristo, tú deberías querer saber si yo estoy en Cristo. Hay preguntas que son más válidas: ¿cómo conociste al Señor? Predícame el evangelio. Hablemos de Cristo.
Y si cuando hablamos de Cristo tú y yo no encontramos colindancia, tú y yo no tenemos que estar hablando de temas denominacionales, de temas escatológicos. ¿Tú eres cesacionista o eres continuista? ¿Tú eres o no eres de Cristo? Eso es lo que hay que hablar. Ese es el mensaje del evangelio. Hermano, todas esas discusiones secundarias importan siempre y cuando estemos en Cristo. Y si una persona no está en Cristo, de nada sirve lo secundario.
Tito era una bomba
Interesante, dice en el versículo 3: mas ni aun Tito, que estaba conmigo, con todo y ser griego, fue obligado a circuncidarse. Y Pablo hablaba claramente. Él no trajo a Tito como tapado: Tito, cállate, no te me muevas mucho, esta gente no es fácil, Tito, y tú todavía tienes tu prepucio, tú no hablas. No, no, no. No, él llevó a Tito y él dice: hey, él es griego, y él es salvo, y él es de Cristo. ¿Me van a recibir a mí y también lo van a recibir a él, o solamente me van a recibir a mí?
La presencia de Tito en Jerusalén era una bomba. Era una bomba religiosa, una bomba social, una bomba cultural. Llevar a Tito demostró gran entereza de carácter en Pablo. Él está diciendo: yo no me avergüenzo del evangelio, yo no me avergüenzo del evangelio, yo no me avergüenzo de la persona que Cristo está salvando. Él es salvado por Cristo, él recibió el evangelio de Jesucristo y él es cien por ciento creyente, aun siendo gentil. Y yo soy cien por ciento creyente, aun siendo judío. Esta es la diferencia, hermano: a veces hay que ir directamente a los conflictos. No vamos a tardar ahora cinco años a ver si ustedes me van a tratar a los gentiles como cristianos o no me les van a dar un trato.
Un gentil no circunciso como Tito era considerado impuro por un judío. Y esto trastornaba la pureza: Pablo, a ti te recibimos, contigo comemos y toda la cosa, pero Tito no. Sentarse con él, con el gentil, o tocar sus objetos personales, transfería su impureza. O sea, Pablo no solamente, ante los judíos, estaba inmundo andando con Tito, sino que estaba esparciendo, no a Cristo, sino la inmundicia. Y Pablo dice: pero yo no me avergüenzo. Yo tengo cierta libertad en Cristo. Salían a espiarlo. Estando impuros, ya no podrían juntarse con los demás judíos cristianos, sino que serían excluidos hasta la puesta del sol, y después de participar en un ritual podían ser de nuevo recibidos.
Pablo, ¿qué problema tú has traído? ¿Y no pudiste haber venido solo? Es que si vengo solo no se alcanza el propósito. Si vengo solo, ustedes siguen entendiendo que para hacerse cristiano hay que hacerse primero judío. Y con esto les estoy mostrando que este es mi hermano en Cristo. Un judío entendía que su casa era un microtemplo. O sea, que permitir que entrara un gentil en mi casa es como si un gentil hubiese entrado al templo. Era sumamente escandaloso, pero al mismo tiempo era sumamente saludable.
El mismo Tito corría gran riesgo y demostró gran valentía, porque había judíos zelotes que no predicaban el evangelio, sino que lo mataban. Yo me imagino a Tito medio asustado. Jamás he estado yo, hermano, tan cerca como eso. Estaba tratando de encontrar algo parecido. Estando en el sur de Estados Unidos me sentí un poco asustado. El pastor me invitó, yo estuve allá un rato con él. Él fue y me buscó en el aeropuerto y nunca me soltó. Me dejó en un hotel y él habló en el hotel por mí. Yo asumí que por allá no están muy acostumbrados a encontrarse con un latino, que probablemente yo era exótico, para decirlo bien. Pero nunca me soltó. O sea, dondequiera que estuviéramos, estuvimos cerca y siempre él iba conmigo.
Yo me sentí muy, muy hospitalario, hermano, muy bien. Pero al mismo tiempo yo sentí que los mundos son muy distintos. Uno se siente extraño cuando está en un lugar donde la gente no se parece a uno, la gente no habla como uno y tampoco le hace el esfuerzo. Porque hay lugares donde a uno le hacen el esfuerzo. Hay partes del sur de Estados Unidos donde a uno no le hacen el esfuerzo. Yo me imagino la sensación que tenía Tito estando en Jerusalén, que se decía: wow, la verdad es que la religiosidad es un asunto fuerte. La gente no me dice Dios te bendiga. No me tratan como un creyente. Yo sé que para ellos yo soy raro.
Salvo a pesar de mis prejuicios
Ay, hermano, quiero hablar ahora a tu corazón. Todos nosotros en algún momento encontraremos raro a un hombre que el Señor salvó. Y hay personas que el Señor salvará que a ti te podrían resultar escandalosas. Todos nosotros vamos a querer imponerle nuestra cultura, nuestras convicciones, nuestra prudencia a alguien más. Pero si una persona hoy es salva por Cristo, esa persona hoy es salva a pesar de mis prejuicios. Pero es que lo que yo entiendo que él debe hacer es bueno para su alma, yo sé. Pero mi buen entendimiento de lo que necesita su alma no es el evangelio de Jesucristo.
El evangelio de Jesucristo es que Cristo salva a los hombres sin que los hombres tengan que hacer nada por su salvación. Y cualquier cosa que los hombres hagan después de eso, no lo hicieron para ser salvados, sino como una evidencia de su salvación. De forma tal que si el Señor te salva y a mí no me gusta tu ropa, ya tú eres salvo, a pesar de mi disgusto sobre tu ropa. Entonces hay que tratar a Tito como cristiano. Es que no es tratarlo como cristiano, es que Tito es realmente un cristiano. Ese es el evangelio de Jesucristo: que no se trata de que a mí me parezca o que te parezca a ti. A quien le pareció apropiado fue a Cristo. Y si Cristo aceptó a Tito, entonces deberían aceptarlo ustedes también.
Miren, Pablo no era un hombre necio, encaprichado con un asunto secundario, menor, como la circuncisión. En el caso, no es. Pablo… eso ni siquiera se ve, precisamente, es un asunto de conciencia. Si yo creo que la salvación es por gracia, a través de la fe en Jesucristo, yo tengo que concluir que no hace falta que le quitemos el prepucio a Tito para decir que es un cristiano. Y no hace falta que te quitemos a ti un vicio para decir que eres cristiano. Y no hay que quitarle a aquel su ropa para decir que ya es un cristiano. Yo esperaría que la obra del Señor en su corazón haga que muchas cosas secundarias se conviertan realmente en secundarias. Pero yo no puedo negar la obra de Cristo porque a mí no me gusta lo que la persona esté haciendo. Bueno, así de escandaloso es el evangelio.
¿Qué hace un hombre como Tito encaminándose a Jerusalén? ¿Y qué busca él aquí? Yo me imagino, hermano: Pablo, ven. Ando con Tito. Ven tú para que comamos hoy en mi casa. ¿Puedo llevar a Tito? No, no, pues no vamos a tu casa. Lo paradójico es que en otra ocasión, por amor al evangelio… oh, pero Pablo circuncidó a Timoteo. Y uno dice: pero ¿y cómo es? Una cosa es con guitarra y otra cosa es con violín. Pablo, tú tienes un doble estándar. A Tito, que es gentil, tú lo traes sin circuncidar, y a Timoteo, antes de traerlo, entonces tú lo circuncidas. ¿Cuál es el doble estándar?
Lo que se le suma al evangelio le resta
Lo que Pablo está mostrando es que por amor a Cristo y voluntariamente los creyentes podemos abstenernos de muchas cosas, pero no toleramos que nos digan que el evangelio requiere que todos nos ausentemos de otras cosas. Y todos nosotros tenemos nuestro listado de prejuicios favoritos. Hay cantidad de tradiciones, normas y costumbres que yo podría adoptar gustosamente, en forma voluntaria, y siempre y cuando no comprometan el evangelio. Pero si tú me dices que eso es el evangelio, ya no me sentiría gustoso de participar en eso.
Ya no es tan común, hermano, pero en los 90 el tema eran las prendas de vestir. Y había toda una serie de controversias: que si se usaba esta prenda, si se usaba aquella, uf. Y se hablaba poco de Cristo y mucho de la ropa. O medidas, medidas prudenciales, cataquí. Ay, hermano, por amor a Cristo, yo estoy dispuesto a usar la ropa que tú quieras, por amor a Cristo. Ahora, si tú me dices: para tú conceder que realmente los dos tenemos el mismo evangelio de Jesucristo, yo tengo que utilizar la prenda que hace sentido a tu conciencia… yo te diré, hermano, que cuides tú tu conciencia, pero que yo tengo a Cristo.
Preferencias musicales. No, mire, ustedes realmente, para hacer una iglesia bíblica, deberían elegir… o asentarse en este ritmo o en aquel. Ay, hermano, mira, si tú prefieres esa canción, la cantaremos contigo. Ahora, si tú me dices que ese ritmo musical es lo que es conducente a que tengamos el evangelio de Jesucristo, ya tú tienes otro evangelio. Recuerda lo que comenzamos diciendo, hermano: que al evangelio, cualquier cosa que usted intente sumarle, le resta. El evangelio se recibe tal cual.
Comidas y bebidas. Oye, hermano, fui retado el día pasado. Él me sugirió que probara la morcilla. Y yo no puedo, hermano, pero no es por asuntos religiosos, es que yo soy piqui. Y pensar en la morcilla, hermano… De hecho, yo te diría, más allá de cualquier prejuicio, yo preferiría la morcilla al mondongo. Pero así como me siento yo ante la morcilla o el mondongo se sentía un judío tradicional, cristiano, ante un gentil. Él decía: yo jamás he visto eso. Bueno, en algún momento el Señor mandó a Pedro a la casa de un centurión y le mostró una visión donde descendían animales impuros. El Señor dijo: Pedro, mata y come. Y él le dijo: Señor, es que yo jamás en mi vida he probado ni morcilla ni mondongo, ninguna de las dos.
Bueno, lo que te quiero mostrar es que nuestros prejuicios podrían restarle al evangelio. Y que cuando alguien intenta colocar sus prejuicios, por buenos o convenientes que fueran, al nivel de la salvación que por gracia hemos recibido en Cristo, ya le restó al evangelio. Gustos estéticos, fiestas, celebraciones, formas de saludar. Te concedo, hermano, que a ti te guste así. Cuando esté contigo lo haré así. Me ausentaré de eso por amor a ti. Lo que no estoy dispuesto a concederte es que tú me digas que yo fui salvado porque yo me ausenté de eso. Yo fui salvado porque Cristo pagó por mí en la cruz del Calvario. Ese es el evangelio.
Falsos hermanos que entraban a espiar
Y con Tito, ¿qué vamos a hacer? Recibirle como hermano. Oye, Pablo es un hombre como caprichoso. No, Pablo es un predicador del evangelio. Es evidente que hubo reacción en Jerusalén ante la presencia de Tito. La gente estaba reaccionando. Dice que falsos hermanos se habían introducido a escondidas. Ay, hermano, y cuánta sabiduría hay en eso. Porque si realmente tú eres un hermano verdadero, tú sabes que el Señor pagó por tu pecado, tú no compraste tu salvación. Y si tú no pagaste por tu pecado, si tú no pudiste lidiar con tu pecado, tú eres mucho más tolerante a las faltas y carencias que también hay en tu hermano. Un verdadero creyente es mucho más paciente con otro verdadero creyente.
Hermano, yo sé que tú estás luchando en este departamento de tu vida, y que tu lucha, para mí, no anula el hecho de que tú fuiste comprado a precio de sangre. Lloro contigo, te acompaño en tu debilidad, pero tú eres de Cristo. Eso es lo que el evangelio… Hermano, se ha tenido una cantidad de controversia, porque parecía que quien piensa así es muy libre, y como que está dejando a la gente en su pecado. Yo no te estoy dejando en tu pecado, es que yo no tengo la capacidad de sacarte de tu pecado. Ahora, el mismo que comenzó en ti la buena obra la seguirá perfeccionando hasta el final. Y en vez de yo intentar condicionar mi compañerismo hacia ti a que tú seas fuerte en esa área, yo primero te voy a dar la dignidad de que Timoteo nació de nuevo y de que el Señor lo compró a precio de sangre.
Dice que entraron a espiar. Gente que pierde el tiempo cuidando la salvación del otro. Eso cansa. Yo me reía mucho, hermano, mientras me preparaba para predicar este texto, porque digo: ¿qué era lo que espiaban? A ver si estaba no circuncidado. ¡Yo lo vi! Así de ridículos son los pecadores cuidando la salvación de otros pecadores. Del mismo Pablo yo no estoy muy seguro. ¿Tú lo has visto? En eso es que viven los pecadores, los falsos hermanos: cuidando a los otros, a ver si los otros son o no son de Cristo. No andes revisando a la gente. Cristo salva, hermano, a las personas más improbables.
Él les llama falsos, hermano, pues solamente un falso hermano anda con esa locura de estar intentando ver si el otro está preciso o no está preciso. Si cumplió diez, cumplió cien. Si tú eres un verdadero hermano, tú sabes que nosotros no pudimos cumplir ni siquiera con uno, pues no hay justo, ni aun uno. Todos se descarriaron, mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Si tú fueras un hermano verdadero, tú te estuvieras gozando en la salvación de cualquier alma, no porque esa persona haya logrado el estándar tuyo, sino porque esa persona fue aprobada por Dios. Eso es el evangelio.
Dice que entraban para espiar, se dedicaban a espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús. Yo me imagino a la puerta a Pablo, hermano, echándose fresco: ahí, miren, yo soy de Cristo. Hermano, eso no es altivez, se llama libertad. Y cuando tú has entendido el evangelio, tú dejas de vivir para los hombres, tú vives para Cristo. Y tú asumes que a muchos hombres probablemente tu libertad no les guste. Nos vemos allá, hermano, quizás en el 7045, cuando tengamos una mente perfecta y tengamos la presencia del Señor, tú y yo podamos ser amigos. Admito que en esta dispensación tú y yo no nos vamos a encontrar, no tenemos colindancia, pero yo soy el primero que afirma tu salvación, aunque tú mismo no me gustes mucho. Le gustaste a Cristo.
Querían reducirnos a esclavitud, hermano. Es una esclavitud. ¿Tú vives para satisfacer a alguien más? Ahora yo tengo que dedicarme a agradar a Cristo y también agradar a esta gente. Un estrés tremendo para que tú me aceptes. Yo estoy muy dispuesto a que tú no me aceptes. Escucha la Palabra, hermano, porque la Palabra… esto no es capricho, esto no es ego, es el evangelio de Jesucristo. Escucha lo que él dice. Dice el versículo 5. Número cinco: a los cuales ni por un momento accedimos a someternos, porque nosotros somos los… No. No es por ego, no es por altivez, no es por orgullo, no es por vanidad. A los cuales ni por un momento accedimos a someternos, ¿para qué? Para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros.
¿Y cuál es la verdad del evangelio? Que si yo soporté estar en Jerusalén con un grupo de personas que entendían que Timoteo tenía que estar circuncidado y que yo tenía que estar cumpliendo los mandamientos, y no lo hicimos, y el Señor nos ayudó, tampoco tienes que hacerlo. Vive para Cristo, es lo que Pablo está diciendo a la iglesia. Y encuentra en Cristo tu libertad.
Manipulación y simulación
¿Qué te da la gente que quiere que nosotros sacrifiquemos un poco con recomendaciones legalistas muy sinceramente motivadas? Eso se llama manipulación: intentar que el creyente cambie por un sabio consejo. El poder del evangelio no opera en manipulación. Cuando el Señor está cambiando la vida de un creyente, le cambia de adentro hacia afuera, sin manipulación. ¿Qué es manipular? Es decirle a una persona: mira, tú ya eres cristiano, tú deberías considerar que eso no se ve bien. ¿Y quién tú eres? ¿El Espíritu Santo? Ay, hermano, perdóname. Ahora, no quiero yo decir… Vale la pena tú acercarte a un creyente con una intención correcta, probablemente alertarle de que hay partes de su conducta que podrían ser contraproducentes. Eso es un consejo.
Ahora, tú no puedes dominar a otro creyente. Mano, ni siquiera yo, que soy su pastor. La gente que ve a otro creyente me llama a mí: Rafael, tú que eres el pastor… Yo soy el primer hermano que estoy muy dispuesto a decirle: mira, yo estoy luchando con mi propia naturaleza caída, estoy tratando de hacer en mi vida la voluntad de Dios, y encuentro sumamente peligroso interponerme entre un pecador y su pecado. Yo puedo orar contigo. Yo puedo exponerme contigo y llevar un poco de consejo a mi hermano, con toda la prudencia del mundo. ¿Ves la diferencia? Una cosa es tú decirle: mira, para yo seguirte tratando como creyente, tú tienes que dejar eso. Otra cosa es tú decirle: hermano, vamos a partir de eso, y que sea el Espíritu Santo el que llene. ¿Verdad que se siente diferente? Manipulación es decirle a una persona: si tú no haces lo que yo quiero que tú hagas, tú no eres evangélico.
Pretender que no es nada con cumplir algunos mandamientos se llama simulación. Versículos después, Pablo reprendió a Pedro. Pedro… Pero voy al 11:
Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar. Pues antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles; pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión.
— Gálatas 2:11-12
Simulación se llama eso. Que cuando estamos aquí en privado, en la provincia: Dios te bendiga, hermano, wow, y toda la cosa; pero cuando estamos allá, no, con el gentil no me junto. Buscar que salgamos del paso para evitar llamar la atención. Hermano, si eso compromete el evangelio, no. A veces hay que atravesarse por amor a Cristo. Pero eso no es nada… no es nada para ti, pero es muchísimo para el evangelio. Si realmente concedemos que los hombres necesitan algo más que Cristo, ya nosotros somos los salvadores de los hombres. Y volvemos a concluir con que los consejos salvan. Los consejos no salvan. No hay ningún hombre que haya sido salvado por los buenos consejos de otro hombre. Lo que salva es el poder del evangelio. El Señor te sella y después te transforma.
Una recepción madura
Celebro también una recepción madura que hubo en el liderato de Jerusalén. Dice el 6: pero de los que tenían reputación de ser algo, lo que hayan sido en otro tiempo nada me importa; Dios no hace acepción de personas. Mano, que los productores de dembow no lean versículos como estos: salen unas cuantas canciones. Porque no entienden la motivación de Pablo. La motivación de Pablo no era su ego. No está diciendo nada me importa en lo humano; nada me importa por amor a Cristo, nada me importa con relación a lo mucho que me importa Cristo. Lo que Pablo está diciendo es: a mí me importa la aprobación de Cristo, no la aprobación de Pedro, no la aprobación de otro apóstol, no la aprobación de los hombres. Dios no hace acepción de personas.
Esa actitud de Pablo, que puede parecer distante, no es altivez, no es orgullo, es cuidado. Si Pablo hubiese llegado a Jerusalén de manera dócil y complaciente, le estaría diciendo a todos los creyentes gentiles que hay que ser dócil y complaciente, y estuviéramos esclavizados los gentiles de los judíos, y dondequiera que llegue un judío llegaría con la reglita a medir. No, hermano, a libertad gloriosa nos llamó Cristo. No es esclavitud. Lo serio que aquí está pasando es que si Pablo no se pone fuerte en Jerusalén y lleva a Timoteo, perdón, y lleva a Tito sin circuncidar, probablemente todavía tuvieran los judíos mandándonos supervisores de iglesia en iglesia para medirnos, a ver si estamos bien. Un cuartito.
Hay gente que quiere todavía vivir en eso. Miren a Pablo, la entereza que mostró, rayando casi en la displicencia, por amor a Cristo y al evangelio, y por amor a todos nosotros. Porque si no aparece un hombre como Pablo, que siendo judío y habiendo guardado la ley se dio cuenta de que la ley no salva sino Cristo, estuviéramos todavía nosotros buscando salvación fuera de Cristo. Él mostró a los apóstoles… mostró que ellos eran testigos, eran apóstoles, pero los apóstoles no eran Cristo. Interesante que no hay en Pablo una actitud de condescendencia hacia Pedro: ay, señor Pedro… La cabeza de todo creyente es Cristo. Cristo es la cabeza de la iglesia.
Bueno, eso es lo que los reformadores le decían al catolicismo romano. El catolicismo romano decía: no, la sucesión de Pedro. Y los apóstoles decían: el mensaje del evangelio. No, mira, él es el sucesor de Pedro. Y le mostraban textos como este, donde Pablo le dijo a Pedro que dejara su simulación, que Pedro no es Cristo. Aquí no vemos a Pedro ni a los primeros apóstoles como si fueran la cabeza absoluta de la iglesia, como líderes con un peso incuestionable, por encima de la verdad. Ellos también podían ser rectificados. No hay ningún creyente que se coloque por encima de otro creyente como si él fuera Cristo. Todos somos falibles, todos nosotros fallamos; el único perfecto es él, sin importar tu investidura, sin importar tus años en el evangelio. Si Pedro era cuestionado, si Pablo no era perfecto, imagínense, hermano, lo que podemos ser nosotros. Sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso. Amén.
¡Wow, hermano! La validez de una iglesia o de un obrero no depende de qué figura humana la autorice, sino de la precisión que tenga en su mensaje. En lo humano, decía él, su reputación nada me importa, porque Dios no hace acepción de personas. Él puede usar con el mismo poder a hombres como Bernabé y Tito que a hombres como Pedro. No hay en esto, en Pablo, como un: ¡wow!, estoy ahora en Jerusalén, estoy con los apóstoles de verdad. No, estoy aquí con instrumentos que el Señor ha utilizado, que son instrumentos tan débiles como yo, pero Dios es poderoso para salvar. Esa parece la actitud.
Sin intermediarios
Yo creo que si uno entendiera eso, dejar atrás el mundo de las celebridades, el mundo de las autorizaciones, de sentir cosas, de ir de lugar en lugar buscando… lo mismo que hizo Pablo deberíamos hacer nosotros. Cada vez que tú como creyente exageras la importancia de un líder influyente, de una organización, de una plataforma, de un autor, estás exponiendo a otros creyentes débiles. Cada vez que tú te entusiasmas demasiado por alguna celebridad cristiana, tú le estás diciendo al creyente débil: ahí hay algo. Cuando Pablo fue a Jerusalén, él no fue allá buscando nada, porque ya él tenía a Cristo. Dice: nada nuevo me enseñaron.
Vaya a los eventos, vaya a las iglesias, vaya a la plataforma, pero no vaya buscando nada, porque ya te has encontrado en Cristo. Y cuando alguien te diga que por ir a Jerusalén y encontrarte con Pedro, con Jacobo y con Juan tu vida va a ser transformada, tú le dices: el mismo que me transformó a mí de camino a Damasco fue el que los transformó a ellos. La gloria sea dada solamente a Cristo, es lo que estamos tratando. ¿Y entonces no vale la pena uno tener como gratitud? Claro que hay que tenerla. Se llama honra, se llama gratitud, pero evitemos exaltar desmedidamente a ningún hombre. No hay un pastor en esta tierra al que usted pueda decirle… no se entregue, no se entregue. Sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso.
¿Qué entregaste? ¿Cómo? Abrí mi corazón y entendí que esta persona me va a llevar… Esta persona puede ser usada por Cristo para la bendición de tu alma, pero puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe. Hermanos, si Pedro, Jacobo y Juan no eran tenidos por Pablo como si fueran el referente, sino solamente como canales que nos llevan a Cristo, no tengamos nosotros tampoco a ningún hombre: no hay intermediario, Cristo directamente. Más temprano que tarde, los hombres fallan, los hombres faltan, y la atención desmedida no les hace bien a ellos ni tampoco nos hace bien a nosotros. Ahora me encontré con fulano; tengo ministerio porque fulano me recibió. Ay, no. No, ya yo soy cercano de… cercano de Cristo, recibido por Cristo y validado por Cristo. Esa es tu identidad.
Y si el Señor nos ha dado a Pablo, a Bernabé y a Tito, dejemos de estar mirando a Jacobo, a Cefas y a Juan. Si Pablo hubiera ido a Jerusalén y hubiera entrado a Jerusalén tirando brincos, le estaría diciendo a los gentiles: ustedes tienen que ir a Jerusalén para que sean de allá atendidos directamente por los hombres que… ¿Qué será lo que decían los judaizantes? Los judíos vivían viajando a Jerusalén. Esta gente ya no viaja a Jerusalén; es que ya encontramos a Cristo. Cristo está en todas partes. Él es el mismo ayer, hoy y por los siglos. Esta es la convicción que tiene un creyente.
¿Cómo les recibieron estos líderes de Jerusalén? Con cordial prudencia. Tampoco ellos estaban muy entusiasmados con Pablo: bueno, aquí ya tenemos a Cristo. Yo no veo en Jerusalén como: ¡viene Pablo! ¡Ah! Y en la iglesia tampoco. No crean que las iglesias vivían vueltas locas con Pablo, no. No, no, que lo único que debería… y el que va a entusiasmar así de manera superlativa a un creyente es Cristo. Ellos escucharon más de lo que hablaron, señal de gran madurez. Ellos se mostraron como un cuerpo de ancianos, no como hombres individuales. Ellos estaban cuidando la iglesia. Evitaron una curiosidad malsana: y Pablo, que nos perseguía… no volvió. Eso no es lo más importante. Cristo y el mensaje de Cristo. Tampoco refutaron apresuradamente. No hubo aquí un ánimo… Madurez. Ellos miraron al lugar correcto. ¿Y cuál es el lugar correcto? No Pablo, no los compañeros de Pablo, no Tito: hablemos del mensaje del evangelio.
He hablado de esto ya, hermano, durante años, y todavía me pregunto si mis hermanos saben tener compañerismo sin ser como… ¿Qué hacen en tu iglesia? Pregúntale sobre Cristo. ¿Qué hacen en tu iglesia? ¡Cristo! Siempre le hago el mismo cuento, hermano. Mi aproximación primera a un creyente que yo no conozco, que yo le veo rasgos de creyente o que me dicen que es un creyente: yo le pregunto, ¿y cómo le conociste? Pero le pregunto con sinceridad. ¿Y tú le conociste? No… con sinceridad. ¿Y dónde le conociste? ¿Cómo le conociste? ¿Qué fue lo que te llamó la atención sobre él? Y he tenido la tristeza, hermano, de que a veces yo quiero hablar de Cristo y la gente me quiere hablar de su iglesia local y de sus pastores, y de cosas secundarias. Háblame de Jesucristo, háblame de la cruz de Cristo, háblame de cómo él te salvó.
Reconociendo la gracia
Dice el 7 y el 8: antes por el contrario, como vieron que me había sido encomendado el evangelio… Eso es, eso es lo que hay que ver. Eso es. No son los años que tú tienes en el evangelio, es ver el contenido. Es el mismo mensaje, pero diferentes instrumentos. Es el mismo mensaje, pero diferentes encomiendas. Dice el 8: pues el que actuó en Pedro para el apostolado de la circuncisión, o sea, con los judíos, para predicarles el evangelio a los judíos, actuó también en mí para con los gentiles. Es el mismo Cristo que actúa con diferentes encomiendas. Y lo que hicieron estos hombres es que endosaron el ministerio. Y reconociendo… ¡wow, hermano, qué hermoso! Y reconociendo.
Reconociendo. Escucha la palabra. La palabra es reconociendo, no es autorizando. No es un permiso que te vamos a dar. Pablo le escribía después a la iglesia, le decía: ustedes no necesitan cartas de recomendación de ningún hombre, ustedes son cartas vivas, le decía él. Y reconociendo la gracia: eso es lo que hay que ver. Un creyente maduro, lo que anda buscando es reconocer la gracia de Dios en ese hombre. Hablaba el día pasado con alguien y la persona me decía su testimonio, hermano, así rapidito, en tres minutos. Y cuando me dijo eso en tres minutos, cómo pasó de muerte a vida, a mí no se me salió otra cosa: ¡wow, gloria al Señor! Y reconocí, me pareció verosímil, así es que obra el Señor. La persona me describía cómo pasó de la altivez a sumergirse en Cristo, a aceptar a Cristo, a doblegarse ante Cristo, y decía: eso solamente lo hace el Señor. Gloria al Señor. Y reconociendo la gracia. Wow.
Mano, qué hermoso es cuando una persona puede reconocer la gracia de Dios en ti. Y aún más hermoso cuando tú puedes reconocer la gracia de Dios en otra persona. Y reconociendo: no cuestionando, no poniendo en duda. ¡Qué locos ustedes son! Y nosotros somos esto… ¿Y cuántos son los puntos? Eso no es… Ay, hermano, y todo eso importa, importa, importa muchísimo. No, importa muchísimo, pero no importa tanto como Cristo. Y reconociendo la gracia que me había sido dada: o sea, la gracia, no la ley, no la obra, no los requisitos. Jacobo, Cefas (Cefas es el mismo Pedro) y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo. Son mis hermanos. Dios te bendiga, hermano. Para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión. ¡Wow! Reconocieron la gracia de Cristo.
Acordarse de los pobres
Dice el 10: solamente nos pidieron una cosa, que nos acordásemos de los pobres. Y hasta aquí, hermano, hay que explicarlo. La misericordia es la consecuencia de la predicación del evangelio. La misericordia es la consecuencia de corazones transformados. La misericordia no es el evangelio. Hubo gran controversia en los últimos 20 años en los Estados Unidos, porque una gran cantidad de personas confundió el evangelio de Jesucristo con la misericordia. Y decían: si tú no estás haciendo buenas obras, entonces tú no eres… Es legalismo. Un legalismo que se ve como más políticamente correcto, pero legalismo al fin. No, si tú no haces misericordia, si tú no atiendes al pobre, si tú no defiendes los derechos civiles, entonces tú no tienes el evangelio.
Tú me estás diciendo que no me circuncidé; tengo que circuncidarme con tu perspectiva, con tu visión del mundo, y entonces seré aceptado por ti. Hay cantidad de creyentes que todavía su corazón no está muy abierto, pero son salvos. Y yo espero que el Señor abra su corazón. Dondequiera que el evangelio llegue, se evidencia con fruto, y uno de los frutos es la misericordia: acordarse de los pobres, entender que otros también tienen necesidad. Eso no es el evangelio, pero es la consecuencia del avance del evangelio. Las obras de misericordia son un fruto, no es al revés.
Como estamos haciendo misericordia, yo veo que ustedes… no, no, no. Hey, Pablo estaba haciendo misericordia antes de llegar a Jerusalén. Lo que ellos le preguntaron no fue: ¿cuántas viudas tú has atendido?, para ver si tú eres de Cristo. No. ¿Cuál es el mensaje que tú estás predicando? Y después que veamos que estamos predicando el evangelio, podemos hacer misericordia en conjunto. Pues hacer misericordia juntos, eso puede ser un punto de encuentro. Mira, tú y yo no tenemos nada en común: tenemos a Cristo. Y él necesita ayuda. ¿Quién necesita ayuda? Vamos los dos a ponernos de acuerdo a causa de nuestra fe para ayudar a esa persona. Es acordarse de los pobres. Es un buen testimonio de la iglesia del Señor.
El mismo mensaje, instrumentos diferentes
He mostrado un compañerismo en libertad, donde no hay servilismo, sino una afirmación de Cristo en nosotros; una recepción madura por los líderes de Jerusalén, y también una oportunidad de colaborar. ¿Cómo se ve el evangelio? El evangelio es un mensaje común que se predica por medio de instrumentos que son muy diferentes. El evangelio es el mismo mensaje que ha salvado antes, sigue salvando hoy, pero es predicado por instrumentos que son muy diferentes. Si realmente hemos recibido el evangelio, no necesitamos esperar la autorización ni la aprobación de otros. Nuestra identidad está en Cristo, permanece en Cristo y solamente en Cristo. Ese es el evangelio que hemos recibido.
Mano, oro por la iglesia, para que el Señor permita que el evangelio entre nosotros sea tan firme que con mucha liberalidad podamos compartir con muchos otros creyentes. Gracias, Padre, por este evangelio que nos ha salvado, y por la entereza que tuvo Pablo para no conceder, Señor, ni por un centímetro esta verdad que nos ha salvado. Padre, que no renunciemos, que no retrocedamos. Permite que estemos tan firmes en la verdad del evangelio que no nos importe tanto el rechazo de algunos hombres. Padre, ay, Señor, mira a mis hermanos que quizá han tenido la mala conciencia que les ha traído otro, que les dice que necesitan algo más que Cristo. Mira a aquellos que están luchando con diferentes pecados, Señor. Afirma la salvación de sus almas y dales una victoria contundente sobre cada pecado.
Mira a aquellos, Señor, que probablemente su testimonio no es tan distintivamente cristiano como debería serlo. Afirma, Señor, en su corazón la verdad del evangelio, y dales también un buen testimonio delante de los hombres. Mira a aquellos, Señor, cuya compasión todavía no es característica. Recuérdales que son verdaderamente salvos, y abre sus corazones, Señor, para que también cuiden de las necesidades de alguien más. Señor, gracias por el evangelio que hemos recibido.
Mano, mantén tus ojos cerrados. Si hay alguien que está luchando con sus pecados, si hay alguien que está luchando con sus debilidades, si hay alguien que no parece que Dios está obrando en su vida, que no espere que eso se manifieste: que ponga en Cristo su confianza, que el Señor pueda hacer… el fruto del arrepentimiento. Dile al Señor que perdone tus pecados. Dice la Escritura: arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados, y vengan del Señor, no de nosotros, tiempos de refrigerio. Arrepiéntete y conviértete, y el Señor hará en ti su obra, lo hará directamente en tu corazón. Gracias, Señor, por el evangelio, gracias por tu Palabra. En el nombre de Cristo, amén. Despidamos con alabanza nuestro culto al Señor.