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Un testimonio de conversión

Gálatas 1:10-24

Pablo cuenta su propia conversión, y no lo hace por vanagloria: lo hace para probar que el evangelio que predica no lo recibió de ningún hombre. La exposición sigue los tres verbos con que él describe esa obra, me apartó, me llamó y reveló a su Hijo en mí, para mostrar una conversión que empieza en Dios, que es sobrenatural y que termina en la iglesia glorificando a Dios. En el camino aparecen los años de silencio en Arabia y los quince días con Pedro.

Predicado20 de septiembre de 2026
PredicadorRafael Pérez
SerieGálatas
TranscripciónAutomática

Es el libro de Gálatas, en el capítulo 1, para que veamos en esta porción de la Escritura un testimonio de conversión.

Es Gálatas, capítulo 1, desde el versículo 10 y hasta el versículo 24. Continuamos hoy esta exposición. Sería ya la tercera en esta carta. El centro siempre es el evangelio, pero cada vez que podemos ver una parte de Gálatas, vemos una parte específica del evangelio. Ahora veamos cómo el evangelio impactó la vida del apóstol Pablo. Esta porción es porción extensa, muy biográfica, con datos que cuando uno lo lee de manera devocional no siempre puede encontrar a la primera vez dónde está el mensaje para su alma. Pero esto sucede con la Palabra del Señor, que toda ella ha sido inspirada, y hay partes que requieren que el pueblo del Señor tenga más diligencia que en otras. Esta es una. Quisiera que hoy, mientras consideramos el testimonio de salvación del apóstol Pablo, muchos de nosotros podamos evocar nuestra propia conversión. Qué hermoso si tú ves este texto y dices: wow, eso se parece a lo que sucedió conmigo. Pero aún qué más hermoso sería si una persona ve este texto y dice: yo quisiera que eso mismo ocurra conmigo. Y qué hermoso sería si, al considerar el testimonio de la conversión del apóstol Pablo, nosotros podamos, unos, afirmar nuestra propia conversión, y los otros, ver el camino de salvación que hay en Cristo.

Dice así la Sagrada Escritura, la Palabra del Señor. Gálatas, capítulo 1, desde el versículo 10 en adelante, dice el apóstol Pablo a la iglesia:

Pues ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo.

Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí no es según hombre, pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo. Porque ya habéis oído acerca de mi conducta en otro tiempo en el judaísmo, que perseguía sobremanera a la iglesia de Dios y la asolaba. En el judaísmo aventajaba a muchos de mis contemporáneos en mi nación, siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis padres.

Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre y me llamó por su gracia, revelar a su Hijo en mí, para que yo le predicase entre los gentiles, no consulté enseguida con carne y sangre, ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo, sino que fui a Arabia y volví de nuevo a Damasco.

Después, pasados tres años, subí a Jerusalén para ver a Pedro, y permanecí con él quince días. Pero no vi a ningún otro de los apóstoles, sino a Jacobo, el hermano del Señor. En esto que os escribo, he aquí delante de Dios, no miento.

Después fui a las regiones de Siria y de Cilicia, y no era conocido de vista a las iglesias de Judea, que eran en Cristo. Solamente oían decir: aquel que en otro tiempo nos perseguía, ahora predica la fe que en otro tiempo asolaba. Y glorificaban a Dios en mí.

— Gálatas 1:10-24

Creo que este es el versículo más hermoso de todo el capítulo 1. Son de estos textos donde uno quiere llegar. Dice el último versículo: y glorificaban a Dios en mí. Pueden sentarse, mis hermanos.

Lo que todo creyente desea hacer

Aunque es cierto que la palabra conversión como tal no aparece en este texto, sí es cierto también que es una palabra apropiada para lo que se está describiendo. El apóstol Pablo está haciendo lo que todo verdadero creyente desea hacer. ¿Qué más anhelaríamos nosotros que poder compartir con otros la manera en que fuimos salvados por el Señor? Este es un momento agradable en la vida de todo creyente, cuando tiene la oportunidad de compartir con otros creyentes la manera en que nosotros mismos hemos sido salvados. De hecho, esto produce cierta unidad, cierto compañerismo, y también mucha edificación, cuando uno tiene la oportunidad de compartir con otros la manera en que el Señor nos salvó. Solo recuerden que el apóstol Pablo está en medio de un discurso, y estamos viendo hoy la mitad de una exposición. El domingo pasado vimos que el apóstol Pablo decía: sea anatema todo aquel que predique otro evangelio. Y ahora él va a hablar de su propia conversión. Si ya antes mostró que él no llegó a ser apóstol por la voluntad humana, ahora va a mostrar que él tampoco llegó a recibir el evangelio por la agencia de ningún hombre. Sean prudentes cuando leen estos textos. No es la voluntad del Señor que usted vaya por ahí hablando ahora como hablaba el apóstol Pablo, diciendo que yo no he recibido esto de ningún hombre. No es eso. El apóstol Pablo tuvo la necesidad de establecer un argumento, sobre todo por la autoridad de los apóstoles de Jesucristo, y tuvo que defender primero que fue llamado por el Señor como apóstol, y después que recibió el evangelio directamente de nuestro Señor Jesucristo, y esto de manera providencial.

La acusación que Pablo responde

Después de escribir «sea anatema», Pablo responde una acusación que era obvia. Los judaizantes decían: el apóstol Pablo predica otro evangelio, y es un evangelio un poco más relajado que el evangelio verdadero que tenemos los judíos. Ellos, sus detractores, habían levantado un argumento en contra del apóstol Pablo, diciendo que la predicación de la gracia hacía que los hombres vivieran vidas un poco más livianas. Y les digo yo, y es verdad: Pablo ya no dice que hay que guardar la ley de Moisés, ya no dice que hay que circuncidarse. Pablo quiere agradarlos a ustedes, y por eso les ha vendido que el verdadero evangelio es la salvación que predican los judíos a través de la ley de Moisés. Ahora él comparte su testimonio personal, no para vanagloriarse, sino para demostrar la absoluta confiabilidad de su mensaje. Es cierto: si usted es un judío y tiene toda su vida guardando setecientos mandamientos, y usted ve hoy la salvación por gracia, esto aparentemente es poca cosa para usted. Pero esto de hecho es el evangelio glorioso de nuestro Señor Jesucristo. Y el argumento del apóstol Pablo ante los judíos era: aunque ustedes entiendan que el mensaje es sencillo, este es el mensaje del evangelio de Jesucristo. Y la única razón por la cual ustedes lo ven sencillo es que no entienden lo que sucedió en la cruz del Calvario.

Asumo que muchos de ustedes piensan lo mismo. Quizás han escuchado un comentario de que cómo va a ser que una persona pasa su vida entera pecando, haciéndole daño a los hombres, viviendo de espaldas a Dios, y ahora los evangélicos le dicen que con que él confiese sus pecados ya fue perdonado. ¿Cómo es eso que las personas llegan un día, hacen profesión de fe y dicen que ya todos sus pecados fueron perdonados? ¿Y dónde está su sacrificio? ¿Dónde está su penitencia? ¿Dónde está el procedimiento a través del cual sus pecados fueron perdonados? Fue muy rápido. De hecho, los familiares de ustedes, cuando ustedes les dijeron que ustedes fueron salvados, probablemente lo cuestionaron. Entonces, ahora, ya todo lo que sucedió, ¿dónde lo ponemos? Ya el Señor te perdonó. Ay, el apóstol Pablo le está diciendo: yo no pretendo agradar a los hombres, yo no estoy predicando un evangelio más laxo. Esta es la gloriosa noticia del evangelio de Jesucristo: que los hombres pasamos de muerte a vida, de condenación a esperanza, en un instante, y que no lo hacemos por mérito, sino que lo hacemos por gracia. Mostraré en este testimonio de conversión esta obra como una obra iniciada por Dios. Lo mostraré como una obra sobrenatural que no está al alcance de ningún hombre. Y mostraré, sobre todo, que el Señor lo hace para que nosotros como iglesia glorifiquemos el nombre de Dios, de forma tal que la gloria no sea tuya ni mía, sino que la gloria sea dada a su nombre.

Hacerse judío traía descanso

Dice él: el evangelio que yo anuncio no es según hombre. Esto no es una clase, esto no es un aprendizaje, no es algo que fuera el proyecto de alguien. Estos gálatas habían empezado a buscar el favor de los judaizantes. Pablo dice: yo no, yo no voy a buscar el favor de ellos, de hecho yo estoy saliendo de allá. Estos gálatas, después de haber recibido el verdadero evangelio de Jesucristo, hablaron con maestros judíos que les decían: wow, ya ustedes, verdad, ustedes están cerca. Pero para ustedes estar en el centro de la voluntad de Dios, tienen que cumplir también estos mandamientos, que son difíciles. Eso no es tan sencillo como enseñó Pablo. Y Pablo está mostrando que esto es complejo, pero que la complejidad ya la pagó Cristo. Hacerse judío, aunque fuera nominalmente, era muy conveniente en el mundo antiguo. A nosotros la circuncisión, por ejemplo, nos parece escandalosa, que una persona tenga que hacer una muestra evidente de su fe como esa. Pero para un cristiano, hacerse judío traía un gran descanso. Les pongo un contexto: el cristianismo fue perseguido desde que nació. Y desde que nuestro maestro fue clavado en la cruz del Calvario, lo que ha venido hacia la iglesia de Cristo ha sido hostilidad y persecución. Los judíos, por otra parte, eran una religión tolerada por el imperio. Y cuando alguien decía que era judío, se tenía cierto respeto hacia esa persona. Los judíos, después de miles de años de historia, habían ganado en el mundo antiguo cierta honorabilidad. Los cristianos éramos perfectos desconocidos, y nuestro maestro fue clavado en la cruz del Calvario.

Elija usted. Yo puedo decir que yo soy cristiano y tengo que usar muchas palabras para explicar qué es ser un cristiano. Ah, yo soy un seguidor de Jesús de Nazaret, el hombre que clavaron en una cruz. Ah, ¿de eso es que tú eres? Y otra cosa sería decir: yo soy un judío circuncidado, yo sigo la religión de Moisés. Un creyente perseguido, un creyente hostigado, un creyente que está siendo cuestionado, tiene la tentación de asumir la religión de los judíos. Pues ciertamente ser judío cristiano parecía tener lo mejor de los dos mundos. Entonces yo soy cristiano, pero yo también guardo la ley. Y estoy bien allá y también estoy bien aquí. Y cuando yo digo en la esfera pública que yo soy un judío cristiano, entonces parece que me veo bien. Me veo bien. Lo que el apóstol Pablo le está diciendo a la iglesia es que si usted ha recibido a Cristo, usted no necesita hacerse judío. Y si usted no necesita hacerse judío, el cristianismo no es un asunto que tenga compatibilidad hacia atrás. Unir la cruz de Cristo con aquello, dice él, sea anatema, pues está al lado del evangelio. Esto es una diferencia importante entre el cristianismo y cualquier otra forma de religiosidad.

La ley da el diagnóstico

Si usted realmente ha entendido el evangelio de Cristo, usted no necesita otra cosa. Pero para usted decir que no necesita otra cosa, hace falta mucha entereza de carácter, y sobre todo hace falta tirarse en contra a los hombres. Cuando Pablo renunció al judaísmo, él dice: yo he aceptado a Cristo, ya yo no tengo que ver con el mundo antiguo. Él dice: todo lo que para mí era ganancia, ahora lo considero por basura. Poca cosa, pérdida, decía él. Pero sus amigos le decían: Pablo, tú y yo hemos sido judíos desde pequeños, tú y yo guardamos la ley juntos. ¿Y qué tiene la ley de Dios?, van a decir ellos. Ay, hermano, ¿saben qué tiene la ley? Que la ley te confiesa a ti como un pecador, pero no tiene la capacidad para transformar tu corazón. Pablo les decía: ¿saben qué tiene la ley? Que yo guardé la ley desde niño y nunca dejé de sentir este sentido culposo. ¿Saben qué tiene la ley? Que la ley es muy buena dando el diagnóstico, pero no te da el tratamiento. La ley, dice la Escritura, y magistralmente lo explica el mismo apóstol Pablo, era un medio que nos iba a llevar hasta Cristo. Pero si tú ves la ley, ves la ley, ves la ley, y no terminas de ver a Cristo, has perdido tu tiempo.

La religiosidad requiere público

¿Qué es lo que muestra esa religiosidad de estos hombres? Esa religiosidad hacía que los hombres actuaran para agradar a otros hombres y buscar validación. Pero dice el apóstol Pablo: yo no ando buscando la validación de los hombres. De ahí vengo yo, de buscar la validación de los hombres. Cuando los hombres le validan al religioso, se siente muy descansado, y cuando dejan de validarlo, entonces vuelve a su círculo vicioso. La religiosidad requiere eso, requiere público. Pablo dice: yo no ando buscando agradar al ojo de los hombres, yo ando buscando ser un siervo de Cristo. Doy un chance ahí, hermano, para que ustedes puedan digerir esta idea. La palabra religiosidad es ese intento del hombre de utilizar medios humanos para agradar a un Dios que es demasiado santo. Y Pablo dice: por ahí no se llega. Y cuando una persona dice que ha recibido a Cristo y todavía anda buscando esa validación de la religiosidad, significa que no ha entendido el verdadero evangelio. Y ahora estoy yo, como el apóstol Pablo, abriendo mi corazón adentro de mi iglesia, con una urgencia de que mi iglesia entienda que si tiene a Cristo no necesita algo más. Ya nosotros no te podemos dar algo más que no sea Cristo. De forma tal que cuando un creyente anda buscando otra cosa que no sea Cristo, aunque sean cosas buenas como la ley de Moisés, nosotros podemos decir, como decíamos en la lectura pasada, sea eso anatema, completamente repulsivo. Me entristece que aún en iglesias de sana doctrina se manifieste esta pobre actitud.

Son creyentes, verdaderos creyentes, que han recibido el evangelio, pero todavía ellos anhelan ser vistos por alguien más, ser recibidos por alguien más, ser aprobados por alguien más, ser recomendados por alguien más. Y en esto evidencian que no han entendido todavía bien el evangelio, pues no hay nada más que alguien pueda añadir a tu salvación. Como mucho, te podemos ayudar a que veas mejor a Cristo. Un creyente necesita tener los ojos abiertos y los instintos espirituales despertados para entender que no se está mejor con más que Cristo.

Un libro no te va a salvar

Por ese lado están estas cosas, y amigos me dicen: Rafael, que tú pareces un antiintelectual, pero eres una persona que vive leyendo libros, que vive buscando historias, que vive de Gandhi, que tiene mucha curiosidad intelectual, y tú siempre vives como hablando en contra de eso. Hermano, no estoy hablando en contra de eso. Yo lo que hablo es en contra de cualquier esfuerzo de buscar una validación fuera de Jesucristo y fuera de la cruz de Cristo. Pues si una persona ha recibido el verdadero evangelio, ya no necesita un enseñador que le valide, ya no necesita una nueva bibliografía, ya no necesita una nueva conferencia. Ay, hermano, y su pastor le dice: vayan a la conferencia, hoy mismo estamos vendiendo libros, en la recepción de la iglesia, compre tres. Pero un libro no te va a salvar, Cristo salva. La conferencia no cambiará tu vida, Cristo es que cambió tu vida en la cruz del Calvario. Y que yo te valide, o quince pastores más, no te hará más salvo de lo que fuiste salvo cuando viste a Cristo clavado en la cruz del Calvario y pusiste en él tu esperanza. Lo que Pablo está diciendo es: yo no ando buscando la validación de los hombres, no la busquen ustedes tampoco. Hermano, quiere el Señor curar tu alma de buscar la validación de alguien más. Nosotros estamos seguros en Cristo, ese es el mensaje. Clarifico, hermano, y aprovecho, porque estoy muy a favor de que ustedes lean cientos de libros. Y estoy muy en contra de que ustedes traten de buscar en un libro lo que solamente en Cristo podían encontrar. Un libro te puede ayudar a que tú entiendas mejor tu salvación, pero un libro no te salvará. Un predicador te puede ayudar a interiorizar el evangelio en tu vida, pero no puede interiorizar el evangelio en tu vida.

Ya un amigo, hace veinte años, me saturó hablándome de un libro. Él me decía «Los deleites de Dios», y me saturó con ese libro, hermano. Me predispuso, porque me hablaba con tanto entusiasmo del libro que yo decía: aquí Cristo nunca te ha dado tanto entusiasmo como te dio entusiasmo ese autor. Y el libro es bueno. Los malos somos nosotros. La tentación que tenían los gálatas era buscar la validación dentro de los maestros judíos, y les decían a los creyentes: ya ustedes son cristianos, ustedes son verdaderos cristianos, pero les hace falta algo más. Hermanos, si tú estás en Cristo realmente no te hace falta la validación, pues el evangelio no es según hombre. Dice él que no lo recibió de hombre alguno.

El evangelio no se transfiere

Miren, el evangelio no puede ser transferido de hombre a hombre. Nosotros hablamos con mucho entusiasmo de proclamar a Cristo, de testificar de Cristo, de predicar de Cristo, pero nosotros no podemos instalarle a Cristo a ningún otro hombre. Y esto produce una impotencia tremenda, pero al mismo tiempo una satisfacción muy profunda, y es la satisfacción de que mi salvación no dependió del maestro que yo tenía, de que mi salvación no dependió de la iglesia que me lo predicó, que mi salvación se recibió directamente de Jesucristo. Ese es el argumento de Pablo. Dice: esto yo no lo recibí de ningún hombre. No fue que yo fui a Jerusalén y allá me instalaron el evangelio. Cristo fue revelado en mí, dice él. Hermano, qué idea más maravillosa: que tú no eres salvo porque un predicador persuasivo te convenció, tú eres salvo porque Dios quiso salvarte. La intención de Dios es nuestra salvación, y eso da mucho descanso. No eres salvo porque fuiste a una iglesia o fuiste a otra iglesia. Tú fuiste salvado por la misericordia de Dios, que te preservó y a su debido tiempo entonces obró salvación en ti, y vimos fruto de arrepentimiento. Wow, si la persona tuviera tan solo acceso a este maestro al cual yo tengo acceso. Que tenga acceso a Cristo. Dice él: tampoco me fue enseñado por ningún hombre. Esto no se aprende en una escuela filosófica ni como el contenido de una materia. Algunos de estos judíos, al parecer, veían el evangelio como una materia adicional, es una extracurricular, una optativa. Bueno, la cruz de Cristo no es una materia optativa. ¡Es la materia! Esto es el cero uno cuatro, el cero once de la vida cristiana.

Tú estás bien, ya tú lo tienes, tú estás cerca, lo que tú necesitas es este contenido adicional. Pablo le dice: el evangelio no es un contenido adicional. Esto yo no lo recibí de ningún hombre, ni me fue enseñado por ningún hombre. Está bien Pedro, está bien Jacobo, están bien todos los apóstoles, gloria al Señor por todo ello, pero ellos no fueron los que me enseñaron el evangelio. Es lo que está diciendo. Hermano, hay un rasgo de madurez cristiana cuando tú ya dejas de depender de un maestro y dependes directamente de Cristo. Hay un rasgo de madurez cristiana cuando ya a ti no te endosa ningún hombre, sino que a ti te endosa el testimonio de Cristo en tu corazón. Y cuando tú le puedes decir a tus familiares, le puedes decir a tu compañero de trabajo: yo no estoy aquí por la iglesia, yo no estoy aquí por el pastor, yo no estoy aquí por un maestro. El evangelio de Jesucristo fue revelado en mí. Yo realmente soy salvado por Dios directamente, de forma tal que mi salvación no es un asunto de un comité. Para Pablo, el cristianismo, el evangelio de Jesucristo, no era una materia adicional; para él esto era poder de Dios. Él lo decía así mismo: que esto es poder de Dios para salvación de todo aquel que cree, al judío primeramente y también al griego. Qué hermoso un creyente que no habla de su salvación como filosofía y letras, sino como poder de Dios.

No creemos en persuasión humana

Y le dice a la gente a la que le está testificando: yo no pude verlo por mis propios medios, el Señor lo hizo en mí. Para él, el evangelio le fue revelado por Jesucristo. Cristo puede tener muchos hombres como nosotros que testifiquen de él, pero cada vez que un hombre es salvo, Cristo se le reveló directamente a ese hombre. Por eso, hermanos, es que nosotros no creemos en persuasión humana. Esa persona, mira, él es un retórico, él es alguien que cuando te da el argumento tú no vas a poder rebatirlo. Tú vas a ver ahí. No, hermano, yo te puedo dar el mejor argumento y tú estás muerto en tus delitos y pecados. Solamente Cristo tiene el poder de hacer que nuestro entendimiento se abra y nosotros podamos ver la gloria de Cristo. Estamos cegados. Hablando de los que se pierden, dice el mismo apóstol Pablo a los corintios: en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. Aquí está Cristo y los hombres no pueden ver a Cristo. Y tú le dices: pero es tan claro, es tan obvio. No lo veo. Bueno, qué impotencia generamos ante nuestros familiares, que nos ven a nosotros mirando a Cristo y ellos no pueden ver a Cristo. Y tú le dices: pero tú eres un hombre inteligente, te concedo que eres más inteligente que yo, ¿cómo va a ser que yo lo vi y tú no lo viste? Es que el evangelio es poder de Dios para salvación, no es persuasión humana, no es filosofía y letras, no es una materia que tú le pones encima a otra religión, es algo completamente nuevo. Dice el apóstol Pablo que este evangelio lo recibió directamente de Jesucristo.

Un pequeño apocalipsis

Ese término, revelación de Jesucristo, es justamente como comienza el libro de Apocalipsis: la revelación de Jesucristo. En el original, apocalipsis es quitar un velo. Y podemos afirmar que todo verdadero creyente ha vivido un pequeño apocalipsis. Tú sentiste que algo cayó de tus ojos. De forma tal que algunos de ustedes, cuando vieron a Cristo, se asustaron. Dijeron: oh, espérate. Oh, wow. Y realmente él es real. Eso es lo primero que la persona dice cuando ve a Cristo, dice: él es real. Recuerden a Saulo. En Hechos capítulo 9 se describe la conversión de Saulo. Saulo no era un hombre fácilmente persuasible: un hombre inteligente, bien formado, enérgico, de criterio propio. Pero cuando Pablo iba de camino a Damasco tuvo un encuentro con Jesucristo. Dice que hubo una luz. Cayó como muerto. Y él dijo: ¿quién eres, Señor? ¿Saben qué le respondió la voz del cielo? Yo soy Jesús, ¿a quién tú persigues? Y yo me imagino a Saulo de Tarso diciendo: oh, wow, es que yo a Jesús lo vi clavado en la cruz del Calvario. Y él dice: no, yo estoy vivo, glorioso, poderoso, salvador. Y me estoy revelando a ti. Yo no soy una idea, yo no soy un contenido, yo no soy una filosofía. Soy una persona real, gloriosa, poderosa, que hablo, que siento, que puedo ser conocido por los hombres.

¿Se imaginan la impresión en Saulo, escuchando «yo soy Jesús, al que tú persigues»? Esa es la revelación de Jesucristo. Y por eso es que le dice ahora a los gálatas: pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo. Cristo vino y Pablo lo vio. Yo hablo con las personas y puedo sentir esa impotencia. La impotencia la siento yo, porque si Cristo quisiera salvar a las personas, lo haría en el momento. Yo le hablo de las cosas más sublimes, yo le hablo de las cosas espirituales, yo le digo que Cristo es real, yo le digo que Cristo es la única satisfacción que uno puede encontrar. Y la gente puede entendérmelo como contenido. Yo puedo sentir su conversación interna: tú me lo dices porque tú eres cristiano, tú me lo dices porque tú eres un pastor, tú me hablas de eso porque ustedes lo ven así, pero yo no lo veo. Y yo les concedo que tú no lo ves. Pero si Cristo tuviera de ti hoy misericordia y tú pudieras ver a Cristo, te darías cuenta de que es glorioso, que es poderoso, que se revela a los hombres, y podrías vivir un apocalipsis. Es la revelación de Jesucristo. Por eso es muy simbólico que, cuando Saulo de Tarso cayó al suelo, dice que quedó como ciego, no veía. El Señor dramáticamente nos está mostrando lo que era nuestra situación antes de Cristo y lo que es nuestra situación en Cristo. Ve, entra a la ciudad, y se te dirá lo que tienes que hacer.

Y un creyente oró por él y el Señor le devolvió los ojos. ¿Qué es lo que el Señor está diciendo? Tú estabas muerto, tú eres torpe. Y así de torpes, impotentes, estamos tratando nosotros de encontrar a Dios por diferentes artilugios, y vamos como a tientas. Y cuando Cristo se revela a nosotros, le veremos tal cual él es. En ese apocalipsis, en esa revelación de Jesucristo, y todo verdadero creyente ha vivido uno, suceden cosas que son difíciles de explicar. La gente me dice: es que el libro de Apocalipsis a mí me da un poco de miedo. Poco de miedo te debe a ti dar encontrarte con Cristo. Tú no le tienes miedo al libro de Apocalipsis, tú le tienes más miedo al que hizo que se escribiera el libro de Apocalipsis. ¿Tú has pensado que Cristo puede revelarse a tu vida? ¿Qué? Y que lo que apareció ahí, que es un buen documento, quizás tú puedas vivirlo en tu vida privada. ¿Qué? Sí. Cristo en vivo y directo revelándose a tu corazón.

Yo viví mi propio apocalipsis

Bueno, perdónenme un momento de locura, pero yo, siendo un jovencito, yo viví mi propio apocalipsis. Hubo momentos en que yo vi a Cristo. Y cuando yo vi a Cristo, no fue un asunto de que fui a una escuela bíblica, no fue que leí un libro. Y miren, yo era en la iglesia un muchacho inquieto, debatía y toda la cosa, pero en un momento de mi vida yo tuve un sincero interés por Dios. Y cuando yo vi la Escritura, la Escritura se abrió ante mí y yo pude ver a Cristo. Él es alto, él es santo, él es sabio, él es perfecto. Yo lo que vi de Cristo no fueron sus atributos físicos, sino sus atributos morales. Yo vi que la Biblia realmente tenía sentido. Y hubo un cambio en mi vida. Después de que tuve un encuentro verdadero con Jesucristo, oro para que toda esta congregación pueda revivir su propio apocalipsis, la revelación de Jesucristo. Y los que no lo han visto, que lo vean y puedan decir: yo no lo vi porque el pastor Rafael me lo mostró, realmente Cristo habló a mi corazón. En el nombre de Dios, amén. Hermano, yo recuerdo el momento cuando yo leí la Escritura y yo sentía que la Escritura me estaba leyendo a mí. Cuando yo leí la Biblia con sensibilidad, cuando yo leí la Biblia con hambre espiritual, cuando yo encontré que eso era verdadera comida para mí. Y tú me vas a decir: no, eso es que tú estabas emocionado. Cuando tú vivas tu apocalipsis, tú vas a ver lo que encontraste con Cristo, tú vas a ver lo que es la voz de Dios. La gente dice que usted habla como de la voz de Dios. ¿Y qué es, una voz audible? No. Es que el Señor habla a tu corazón, y tú sientes que el Espíritu Santo es real, y que esa palabra es inspirada, y que Dios te está hablando a través de su palabra. Y eso se atesora.

Yo no encontré a Cristo, Cristo me encontró

En todo verdadero apocalipsis hay elementos comunes, por lo menos tres. Dondequiera que Cristo se te ha revelado, usted va a ver la iniciativa de Dios. Y las personas dirán: yo no encontré a Cristo, Cristo me encontró. Él me interrumpió. Y la gente habla de encontrarse con Cristo de la manera más inverosímil. Hay personas que dicen: yo fui a una iglesia. Otros dicen: yo andaba en mi casa. Otros dicen: yo desperté. La iniciativa es de Dios, no de nosotros. Y esto produce impotencia, porque los hombres, yo quiero agarrarlos, yo quiero encontrarlos. Y yo he visto a los hombres luchando con su nebulosa, luchando con su oscuridad. Una persona me decía: mira, yo lo he hecho de todo, yo he ido a diferentes iglesias, yo he hecho retiros, yo he hecho encuentros, me he dejado que me tumben, me tiro para atrás, busco aquí, busco allá, y no siento nada. Así estaba Saulo de Tarso, que fue dejado como ciego, y se le dijo: entra a la ciudad, se te dirá lo que tienes que hacer. Ahora búscale, que él galardona a los que le buscan. Él está cercano. En todo encuentro verdadero, en todo apocalipsis verdadero, en toda revelación de Jesucristo, usted va a decir: la iniciativa es de Dios, no nuestra. Usted va a decir también que Cristo mostró en usted su poder. Un poder para entender, un poder para obedecer, un poder para persistir. Entonces dicen: no, ese muchacho medio inconstante. Hermano, yo era la inconstancia. Y de los caminos del Señor yo nunca me he apartado. Todas las cosas importantes en la vida a mí me tomó tiempo. Inconstante, inconstante, inconstante. Cuando yo vi a Cristo, hermano, siempre en el centro, ahí, ahí, ahí. Entonces, ¿qué es lo que le pasó?

Mis familiares cercanos me dicen: Junior. ¿Cómo que Junior? Junior no termina nada, pero con Cristo nunca se apartó. Es que no fui yo, hermano, fue él que me agarró así y me puso a caminar en él. Y aquel que en otras áreas de su vida no pudo persistir, perseverar en Cristo es firme. Dicen: ¿qué fue lo que le pasó? Que tuvo un apocalipsis con Jesucristo. La gente dice que él se metió con Dios. Dios se metió conmigo. Cristo muestra su poder. Hay pecados que tú dices: yo jamás puedo vencer ese pecado. Deja que Cristo lo vea. Tú te expones, tú expones tu debilidad, y expones el poder de Cristo, y después la gloria es dada al nombre suyo, porque aquello que tú no pudiste por tus propios medios el Señor lo hizo posible. Y en toda verdadera revelación de Cristo, Cristo alcanza su propósito. Pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo. Creo que aquí usted me dará la razón de que el apóstol Pablo no está hablando desde la vanagloria, está hablando desde la más absoluta transparencia y sinceridad, haciéndole entender a estos hermanos que este no es el proyecto de Pablo, es el proyecto de Dios. Que cuando nosotros hablamos en estos sentidos, no es que estamos desacreditando a los maestros, desacreditando iglesias saludables, no es que estamos desacreditando recursos. Lo que estamos es acreditando a Cristo, y diciendo: Cristo es veraz, todo hombre es mentiroso.

Una obra sobrenatural

Un velo fue quitado. En primer lugar he estado mostrando, hermano, el testimonio como una obra que fue iniciada por Dios y no por Saulo. Quiero mostrarle ahora que esta obra es una obra sobrenatural. Y si nosotros todavía no creemos en lo sobrenatural, estamos a nivel de filosofía y letras. En el paraninfo de Humanidades lo están esperando ustedes. Usted todavía no entiende lo que es la obra sobrenatural si usted todavía habla de su salvación como si fue un cursillo, como si fue un taller, un conocimiento. Esto es una obra sobrenatural. El apóstol Pablo dice: agradó a Dios revelar a su Hijo en mí. No es «agradó a Pablo permitir que Dios revelara a su Hijo», no. Pablo en su descripción es el objeto de la acción de Dios. Y la descripción coloca en Dios todo el poder, toda la iniciativa, toda la autoridad. Dice él, déjeme decirle. Ya ellos habían oído de su conducta. Dice que él perseguía y asolaba la iglesia, sobremanera perseguía la iglesia de Dios y la asolaba.

En nuestra parte del mundo interactuamos con gente que son indiferentes al evangelio de Jesucristo, pero muy pocos hombres son hostiles. ¿Quién es un hombre hostil? Usted habla de la cruz de Cristo y ofende, y devuelve. Nosotros estamos en una parte del mundo donde todo el mundo le habla de Cristo y le brinda el café. Hay lugares en esta tierra donde mencionar el nombre de Jesucristo produce amplio cuestionamiento. Admito que algunos de ustedes eran cuestionadores, burladores; la mayoría quizá eran indiferentes. Pablo no era un hombre dócil. Dice él: porque ya habéis oído acerca de mi conducta en otro tiempo en el judaísmo, que perseguía sobremanera a la iglesia de Dios y la asolaba.

Un loco difícil de bañar

Hombres enérgicos, de pensamiento independiente y orientados a la acción, no son fácilmente interrumpidos. Todos nosotros tenemos algún amigo que es un tipo que, cuando se pone en aquella de eso, no hay nadie que lo saque de esa idea. Un loco difícil de bañar. Fulano. Mira, cuando se le atraviesa una idea ahí, ahí, no hay quien lo saque. Ese era Saulo. No era un hombre de «¿qué tú crees, loco? Ay, sí, yo también lo creo». Ay, no, no, no. Y tú estás creyendo ese disparate. ¿Qué loco tú estás leyendo ahí? Suelta eso, eso, eso, eso. Yo me imagino a Saulo. Ay, hermano. Quien tiene ese nivel de compromiso que tenía Saulo en cualquier proyecto, no está dispuesto a abandonarlo. Pablo ya había consentido la muerte de hombres. Quien ya mató por sus ideas no dice que va a revivir a un hombre. ¿Qué hago ahora con los que lloran? Miren, es un dilema. Por ejemplo, Pablo, si iba a ser cristiano: él consintió la muerte de Esteban y le entregaron su ropa. ¿Y ahora qué hacemos? ¿Cómo se la devolvemos? Hay personas que han tomado decisiones tan lejos de Dios que piensan: es que si ahora yo comienzo a vivir según lo que Dios quiere, ¿qué hago con mi pasado?, ¿qué hago con mi vida? Lo mismo que tuvo que hacer Pablo. Decía: yo perseguí la iglesia de Cristo. Decía: yo no soy digno, porque yo perseguí la iglesia de Cristo.

Con dificultad otro creyente intentaría evangelizar a un hombre como Pablo. Yo mismo, hermano, en cosas como esa es que creo en la soberanía de Dios en la salvación. Yo digo: yo voy a orar por él a la distancia. Hay gente que da lucha, no hacerle la diligencia, que si no fuera por amor a Cristo, dice: ay, Señor, mándale otro instrumento. De hecho, al hermano que le mandaron a orar por Saulo, ese hermano habló con Dios. Dijo: Señor, ¿tú estás seguro? Porque ya habéis oído acerca de mi conducta en otro tiempo. Hermano, hermoso, cuando alguien ha tenido dramáticamente una conducta alejada de Dios en otro tiempo y ahora ve a Cristo, dice: solamente con mi testimonio, ustedes me conocieron, lo aguerrido que yo era, lo lanzado que yo era, lo soberbio que era, lo altivo que era, lo inmoral que era. Y ven lo que Cristo ha hecho. Ustedes tienen que darse cuenta de que esto no es el poder mío, que esto no es el poder de un hombre, que esto es el poder de Dios para salvación. Eso es lo que es un testimonio de salvación. Cuando alguien dice: pero tú me conoces, fulano, tú me conoces en el día a día, tú sabes. Tú eres mi esposo, tú eres mi esposa, tú eres mi hija, tú eres mi familiar, tú eres para mí un ser querido, y tú sabes cómo era mi vida anteriormente a venir a Cristo. Tú ves que ahora hay en mí algo diferente, algo que tú debes poder decir: que esto es distinto.

Una de las cosas que tenía Saulo, aparte de su personalidad guerrera, es que era un hombre que buscaba méritos, y para colmo lo había logrado. Es peligrosísimo el que tiene mérito y tiene la validación. Wow, escuchen su búsqueda.

El ranking de los legalistas

Estoy en el 14: y en el judaísmo aventajaba a muchos de mis contemporáneos en mi nación, siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis padres. Diciendo: yo no era una persona dócil, yo no era una persona… estaba comprometido con esto. Esa búsqueda de mérito, el efecto del legalismo. El legalismo, quien se sale de la salvación por gracia, siempre dice: yo tengo que mostrarme. Él estaba muy al tanto del nivel de sus contemporáneos. Eso pasa con los legalistas, que siempre viven midiendo. Tú y yo comenzamos juntos, yo veo que yo me he destacado más que tú, él se destacó. Él era consciente de su propio nivel y de que en algunos aspectos por lo menos superaba. Existe un ranking que tienen los legalistas, donde dicen: yo sé que yo soy más riguroso que tú. Con toda seguridad. Él era mucho más celoso, y lo era por la razón incorrecta. En el judaísmo aventajaba a muchos de mis contemporáneos, en mi nación. Hey, Saulo ya estaba a nivel internacional. Le daban cartas para perseguir a cristianos en otras sinagogas. Ya yo me destaqué aquí. A nadie que no se haya destacado localmente le dan cartas para perseguir a los cristianos en otras partes. Dicen: ya esto me queda a mí pequeño, ya yo perseguí aquí a todo el que hay que perseguir, denme cartas para ir más allá y seguir persiguiendo.

Pero cuando agradó a Dios

Ahora cambia, hermanos. Escuchen el testimonio. Esto es uno de los textos más hermosos de todo el Nuevo Testamento. Escuchen el 15: pero cuando agradó a Dios. ¡Wow, hermanos! Cuando yo me di cuenta, desde que yo pude… pero cuando agradó a Dios. Ustedes pueden sentir ahí el recogimiento, que ya no es mérito, ya no es cuando yo me puse para eso. ¿Ha visto la gente que se pone para algo? De hecho, hay personas que hablan, ellos tienen programado cuándo se van a entregar a Cristo. Para fin de año yo me voy a poner para eso, tú vas a ver. Me voy a poner para Cristo, full, tú no me vas a conocer. ¿Quién eres tú para hablar en esos términos? ¿Quién puede instalarse el evangelio? ¿Quién puede instalarte el evangelio? Escuche los términos con que Pablo hablaba de su salvación: pero cuando agradó a Dios. Wow, hermano, así es. ¿Y cuándo fue que tú tomaste tu decisión? ¿Cuándo fue? Yo lo puse en el calendario, yo dije: después de mi cumpleaños. ¿Quién eres tú? Si ni siquiera la dietica esa tú has podido, dije, con ella. ¿Qué vas a poder tú ahora hacer la voluntad de Dios en tu vida?

Ay, hermano, yo quisiera quedarme en el 15 ahí y establecer mi casa en ese versículo. Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre y me llamó por su gracia, revelar a su Hijo en mí. Uy, eso es lo que es un testimonio de salvación. Cuando yo decidí, cuando yo pude, cuando resolví, resuelvo, decido. Aquí hay tres verbos, hermano, que describen con precisión la obra de Dios en nosotros. Primero dice él: me apartó. Después dice: me llamó. Y después dice: reveló a su Hijo en mí. Todo lo hizo Dios, nada lo hizo Saulo. Todo lo hizo él, nada lo hiciste tú. Ah, pero es que ustedes hablan así de la salvación, como que uno no tiene que hacer nada. Con relación a lo que él ha hecho, lo que tú tienes que hacer es nada: recibir. Tú eres el objeto de la salvación de Dios. No eres protagónico.

Me apartó, me llamó

Me apartó, dice que lo hizo desde el vientre de mi madre. Por lo menos dos profetas del Antiguo Testamento hablaban así. Con Juan el Bautista sucedió lo mismo. Eso alude a la elección de Dios: un proceso del que no somos necesariamente conscientes, pero que es real. Es el Señor que nos elige según su voluntad y nos guarda hasta que somos salvados. Y muchos de ustedes, cuando vinieron a Cristo, van a decir: es que yo veía que Dios a mí me había preservado. Y dicen algunos: yo sabía que Dios como que me tenía para algo. Esa es la elección de Dios, hermano, que tú no lo sabes. Porque fue elegido por Dios, fue elegido desde la eternidad, desde el vientre de su madre. Y nosotros no sabemos cuándo empezó la elección, pero que no lo sepamos no quiere decir que eso no sea real. Conoce el Señor a los que son suyos. Y hay cantidad de hombres a los que el Señor les preserva la vida, que el Señor les guarda, que el Señor permite que no se degeneren hasta un punto tal donde todavía hay esperanza para ellos. El Señor ha querido salvarme. Y tú no sabes quién, tú no sabes cuándo, tú no sabes dónde. Pero lo que el Señor elige, el Señor también lo llama, y hace las dos cosas. Porque la gente quiere hablar de la elección y se van ahí en un huey filosófico. Hermano, si Dios le eligió, el Señor también le llamará: las dos cosas. Después dice: me llamó, y para que no te confundas, por su gracia. ¿Qué es lo que le llamó la atención al Señor? Es que el Señor vio que yo me podía destacar, yo tenía condiciones, pues yo era lo que hacía falta. Y no, no, no. Pablo no está hablando como que el Señor le llamara por sus méritos, por su valía, por su arrojo. Hay gente que yo veo, así que luego él me termina de dar, y digo: wow, pero tú siguiendo a Cristo fueras un fenómeno. El asunto es que yo no sé si el Señor te eligió, yo no sé si el Señor te llamó, pero si el Señor lo hiciera, sería maravilloso.

Entre elección y llamamiento pueden pasar muchos años, e impresiona la paciencia de Dios, que admite ver a quienes él eligió permanecer en rebeldía todo ese tiempo. Estamos leyendo en las escuelas bíblicas, estamos estudiando el libro de Génesis. Y si para algo ha servido el libro de Génesis, es para que nosotros veamos la paciencia de Dios. Que cuando está comprometido a levantarse un pueblo, soporta y tolera gente como Abraham. Ah, Abraham, el padre de la fe, no era bueno. No lo era, y su mujer tampoco. Jacob. ¿Y por qué el Señor preservó la vida de Jacob? Mira, Jacob, usted va a encontrar por lo menos tres personajes que le pudieron haber quitado la cabeza de su sitio. ¿Y por qué el Señor preserva a Jacob? Porque el Señor eligió a Jacob, el Señor lo hizo desde el vientre de su madre. Y uno ve al Señor santificando a Jacob. Y el hombre, capítulo tras capítulo, va lentamente mejorando. Según mis gustos, según mi preferencia, el hombre debería ir más rápido, pero el Señor va mejorando el carácter del hombre. Lo va volviendo más sensible, va teniendo registros espirituales diferentes. Es una cosa la elección y otra cosa el llamamiento, y otra cosa es cómo el Señor te va santificando.

Pablo dice que el Señor le apartó y que el Señor le llamó por gracia. La nación de Israel no era buena. Y dice: ¿por qué el Señor lo hizo? Porque le eligió, y así mismo lo soportó y no lo destruyó.

Cristo siempre estuvo presente

Después dice que a su momento el Señor quiso revelar a su Hijo en mí. Miren, Cristo siempre estuvo presente, es que tú no lo veías. El velo fue quitado y viste a Cristo. Cristo no comienza a existir en el momento en que tú comienzas a verlo. Él siempre ha estado presente. Y uno siente, cuando uno viene a Cristo, dice: wow, pero yo he perdido tiempo. El Señor siempre estaba ahí, el Señor siempre me estaba mirando, el Señor siempre ha estado presente. Me gocé con la historia de Agar, que dijo: ese es el pozo del Viviente que me ve. Ya entendió que Dios estaba en la historia, que podía ver e interactuar con los seres humanos. La diferencia es que ahora el velo fue quitado y pudimos llegar a verlo. Fue el Señor, cuando le dijo: yo soy Jesús, a quien tú persigues. ¿Y para qué lo hizo? Para que yo le predicase entre los gentiles. Clarifico aquí: Saulo no fue salvado por sus condiciones, fue salvado por gracia. Pero dondequiera que haya una verdadera salvación, también hay una verdadera utilidad. Y el Señor no te salvó para dejarte donde tú estabas, el Señor te salvó para utilizarte como un instrumento. Nosotros no somos salvados porque Dios necesita un instrumento; el Señor es suficiente. Él debe salvar a fulano porque esto es lo que el pueblo de Dios necesita. El pueblo de Dios solamente necesita a su Salvador, y es Jesucristo. El hombre tiene condiciones, es verdad. Pero el Señor no salva a los hombres por sus condiciones.

De hecho, lo que dice la Escritura, y me gusta cómo lo traduce la Nueva Traducción Viviente, 1 Corintios 1:27 al 28, dice:

En cambio, Dios eligió lo que el mundo considera ridículo, como tú y como yo, para avergonzar a los que se creen sabios. Y escogió cosas que no tienen poder para avergonzar a los poderosos. Dios escogió lo despreciado por el mundo, lo que se considera como nada, y lo usó para convertir en nada lo que el mundo considera importante.

— 1 Corintios 1:27-28, NTV

Esa es tu salvación. El Señor no te salvó porque tú fueras fuerte, no te salvó porque fueras sabio, porque fueras bueno. El Señor te salvó porque él es bueno, porque él es fuerte y porque él es sabio. Y el Señor muestra su poder en ti.

Los tiempos de silencio

Lo que sigue en adelante también importa. Pablo está mostrando que esa obra era real. En el ministerio de Pablo, sobre todo en la primera parte, hay mucho silencio. Hay una tentación de ver las figuras que el Señor usó como si siempre hubieran tenido un activismo de una cosa. Biografías de grandes cristianos muestran que lo que hubo en su vida de manera característica y paradigmática fue muchos tiempos de silencio. No fue que el Señor salvó a Saulo y: Saulo, vamos, aquí hay que hacer overtime, tenemos que darle con todo lo que podamos. No. El Señor salvó a Saulo, mostró que lo había salvado, y después como que se lo guardó durante un tiempo. Dice él que cuando el Señor lo hizo, estoy al final del 16, no consulté enseguida con carne y sangre. Él está diciendo: no fue un hombre, yo no fui donde los hombres para que me explicaran. Ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo, sino que fui a Arabia y volví de nuevo a Damasco. Eh, pero si el Señor salvó a Saulo, hay que ponerlo en el prime ahí, horario estelar. Siéntense todos, que ahora es Saulo. Y el Señor no obra así. Normalmente el Señor salva gente que nosotros entendemos que tiene condiciones, y le deja unos tiempos de silencio. La gente genera una impotencia y dice: pero ¿y qué es lo que pasa?, porque el hombre tiene condiciones. Es que no son las condiciones humanas las que lo van a hacer útil al Señor; el Señor hará útil su instrumento. Y durante años hubo silencio.

El Señor no tenía en ese momento ese desespero que caracteriza a los obreros del Señor de nuestro tiempo, donde todo el mundo siente: estoy perdiendo mi vida, este año ya se fue, todavía no he hecho con mi vida lo que debo hacer. El Señor se goza en guardar su mejor instrumento durante un tiempo. Y pareciera que Pablo tenía más interés en conocer a Cristo que en hacer un ministerio por Cristo. Y vaya que le conoció. En Arabia, en Damasco, ese tiempo de aparente silencio, lejos de Jerusalén, lejos de los primeros apóstoles, fue el medio que Dios usó para confirmar su llamado en Pablo, un apostolado que no venía de ellos, sino que venía directamente del Señor. Quiero animarte, hermano, a que no te desesperes. ¿Quién es el que quiere venir a Cristo y, como que seguido, en el primer año, segundo año, y yo tengo que estar haciendo tal cosa? Alguien le preguntó a un creyente, le dijo: ¿y tú, ya tú eres pastor? Tienes muchos años en eso ya. En eso vive el mundo, midiendo, hermano. Uno hace para el Señor lo que el Señor quiere hacer, a su tiempo, a su momento, y sobre todo por su gracia.

Pedro y los quince días

Terminaremos hablando, hermano, de que esta obra era una obra para que la iglesia glorifique a Dios. Así termina el capítulo, dice: glorificaban a Dios en mí. Una de las cosas por las cuales el Señor te salvó es para que yo esté contento, me goce de tu salvación. El Señor me salvó porque su pueblo tiene que ser un pueblo gozoso, que se goce de lo que el Señor está haciendo. Debió ser la conversión de Saulo una gran sorpresa para hombres como Pedro. Dice: subí a Jerusalén para ver a Pedro y permanecer con él quince días. ¿Por qué quería ir, para conocer a Pedro? Bueno, Pedro era un principal entre los cristianos, y Saulo era el principal enemigo de la fe. Pero no fue como que él llegó y dijo: no, tenemos que hacer ahora, preparar, que está llegando. ¿Quién lo va a buscar al aeropuerto? No, él fue de manera discreta, él no fue de manera pomposa, de manera grandilocuente. Ahí uno se da cuenta de que Saulo no consideraba que por haber sido Saulo iba a tener mérito dentro de la iglesia del Señor. Porque no se sorprenda usted de que al día de hoy hay unos pecadores que creen que, porque vinieron a Cristo y tienen un testimonio como poderoso y demás, que yo fui, yo hice, yo dañé, como que hay que entregarles la obra en sus manos. Y no es así: usted es un creyente común y corriente, gloriosamente, poderosamente salvado por Cristo, como todos nosotros.

Pedro convivió con el principal enemigo de su fe. Wow, la verdad es que el Señor es poderoso para salvar. Salvó a Saulo. Bueno, en la fe cristiana usted convive un par de días con una persona y usted se da cuenta, si usted nació de nuevo, usted se da cuenta de que se nació de nuevo. Hoy tenemos el Espíritu Santo, que da testimonio a nuestro espíritu de que somos suyos. Yo imagino a Pedro conviviendo con Saulo. Dice: no, pero la verdad es que mi Señor es poderoso. ¿Te salvó? Se veía que se reía. ¡Wow! ¡A Saulo! Después, Pedro tendría un encuentro en la casa de Cornelio, donde vería que el Señor sigue salvando. Dice: no, pero la verdad es que el Señor no se ha detenido. Me imagino que estaba maravillado. Aquí le hablo a la iglesia. Mira, una de las razones por las cuales Dios te salva es para integrarte a su iglesia. ¿Y qué es integrarnos a la iglesia de Cristo? Celebrar contigo tu salvación y que tú celebres la nuestra. Aunque nuestra salvación sea una obra de Dios sobrenatural, debe ser comunicada a otros creyentes. Dios no tiene dos pueblos, dos agendas, dos formas de salvación. Si el Señor salvó a Saulo, Saulo tiene que poder convivir con Pedro y decir: el Dios que tú conociste es el mismo Dios que yo he conocido. No hay Dios en particular, hermano. Hay un solo Dios, hay un solo Salvador, hay un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.

Y si tú fuiste salvado por Jesucristo, no me vengas a hablar de otro Jesucristo. Cuando tú te juntes con Pedro, ustedes van a hablar de la misma persona. Y yo me imagino que los dos se sorprendieron al darse cuenta de que tenían historias colindantes. Pedro, creo que lo que tú me dices que tú conociste de él es lo mismo que yo he conocido de él. Es que el Señor es el mismo. Yo allá en Arabia, en Damasco, lo que he conocido del Señor es lo mismo que ustedes están conociendo en Jerusalén. Es el mismo Dios, eso es. Es raro que una persona sea salva y no pueda convivir con el pueblo de Dios. Es que mi fe es muy particular. Hay muchos hombres que siempre están hablando de lo particular de su relación con Dios: él y yo nos comunicamos de manera muy particular, tú no podrías entender. Si yo no puedo entender, ni el conjunto de los creyentes tampoco puede entender tu salvación, probablemente tú no eres salvo. Porque dondequiera que hay una obra de salvación, es una obra verosímil de salvación. Y si Pedro convivió años al lado del Señor, vio al Señor hablar, vio al Señor manifestarse y sobre todo vio al Señor salvar, y Saulo dice que fue salvado, Pedro puede dar testimonio de que la obra que hay en Saulo es una obra legítima de salvación, y Saulo dará cuenta de que la obra de Pedro también lo es. Entonces el Señor te salva y te integra. Y aunque te haya salvado de la manera más particular, conocimos al mismo Dios. Y cuando tú me hables de él, vamos a poder hablar de la misma persona. ¿Y para qué vamos a hacer este viaje? Para que la iglesia se dé cuenta de que Dios sigue salvando, y que el mismo que salvara a Cornelio fue el mismo que salvó a Saulo y el mismo que salvó a Pedro.

Fue un encuentro estratégico para el avance del evangelio. Está mostrando aquí que el Señor no se quedó en Jerusalén. Nosotros no podemos agarrar a Dios. Si el Señor lo ha salvado, que vengan a Jerusalén y sean salvados. El Señor irá allá, irá a Damasco, irá a Arabia, donde estén los hombres.

Cuenta tu testimonio

Cuenta tu testimonio. Es que yo no sé para qué voy a contar. Cuenta tu testimonio. Es que yo no tengo un testimonio así, de lo que soy, impresionante. Lo que te impresiona no es lo que tú hacías, lo que impresiona es lo que Cristo ha hecho en ti. Y cuando veamos lo que Cristo ha hecho en ti, nos gozaremos, porque él también lo hizo en nosotros. Eso es lo que produce. Es para la alabanza de su gloria. Importante que él quiso mostrar que no estaba buscando una credencial, estaba buscando dar un testimonio. Por eso dice: yo no me reuní con todos los apóstoles. No fue que se hizo un sínodo ahora. Porque, primero, yo tampoco importo tanto. Hay unos hombres que son tan grandilocuentes que creen que para todo hay que reunir a todo el mundo, para que se pongan de acuerdo en qué van a hacer conmigo. Cristo fue que hizo algo contigo. Yo me reuní, hablé quince días con Pedro, saludé a Jacobo, pero no fue como que los apóstoles se reunieron y me dijeron. Es un testimonio. Hay una línea fina entre afirmar la unidad de la iglesia y al mismo tiempo poder respetar el llamado único y particular de cada obrero. No es la voluntad como que todo el mundo haga lo que dice Pedro, no. Parte de la fortaleza de la iglesia de Cristo está en tener a Cristo como su cabeza, no a ningún hombre. Él no está diciendo: Pedro fue el que me autorizó. Fue Cristo. Hey, ahí está la debilidad del catolicismo romano, que quiere buscar una sucesión desde Pedro y decir: no, si tú no tienes aquí la sucesión y no estás aquí dentro. Es que no son los hombres, es Cristo.

Nadie tiene originalidad

Es una convicción, no es algo de ego. Al reunirse con Pedro y con Jacobo, Pablo pudo constatar la fidelidad de su revelación. Porque tú también deberías dudar un poco si tú solamente has visto algo y nadie más lo ha visto. En hermenéutica, en la labor de interpretar las Escrituras, cuando usted ve alguna escritura y usted siente que ningún maestro cristiano ha visto eso, usted se preocupa. De verdad, ¿que yo fui el único que vio eso así? O sea, que todos los ojos de hombres que también tenían el Espíritu de Dios, que también tenían que edificar, vieron ese texto, ¿y nadie vio eso? Y ahora yo lo vi. Yo me preocuparía. O sea, reunirse con Pedro y con Jacobo. Pablo pudo constatar la fidelidad de la revelación de Dios en él, dijo: definitivamente. Nosotros podemos reclamar cierta libertad y llamado particular, pero nadie tiene originalidad. Y la versión que yo tengo de Cristo no es la versión… Él es el mismo ayer, hoy y por los siglos. Mi abuela, mi mamá. Si alguien en tu familia fue salvado, fue salvado por el mismo Señor. Él es el mismo ayer, hoy y por los siglos. También debió ser todo muy emocionante, poder hablar de Cristo juntos.

Miren esto: durante años, Pablo siguió siendo relativamente anónimo, pues más que un gran líder, él era un testimonio de la obra del Señor en él. Y ya. Me preocupa cómo en nuestros días las personas vienen a Cristo y como que hay que poner el foco en la persona. Hay que poner el foco en Cristo, no en la persona. El Señor me cuida, hermano, hablo con absoluto cuidado de esto. Pero gloria al Señor por su salvación. Recuerdo los años, los días cuando fue salvado Juan Luis Guerra en nuestro país. Eso fue un fenómeno. Bueno, celebro dos cosas. Lo primero es que el hombre siempre fue relativamente anónimo, pero todo el mundo quería saber, quería indagar. Y yo digo: pero vamos a indagar sobre Cristo, vamos a saber sobre Cristo. Porque la necesidad que tiene ese artista de Dios es la misma necesidad que tenemos todos nosotros. Ahora se usa que, así mismo como hombres discretos como él, ahora son delincuentes, y cada vez que un delincuente viene, pareciera que tenemos que hacerle una gira por todos los podcast. Un media tour. ¡Hey! Que sea popular Cristo, no los hombres. Es lo contrario a nuestros días.

Glorificaban a Dios en mí

Aun alguien con el conocimiento y el testimonio de Pablo, el Señor quiso que tuviese años de preparación. Solamente oían decir: aquel que en otro tiempo nos perseguía, ahora predica la fe que en otro tiempo asolaba. Ay, hermano, todo lo hermoso. Y glorificaban a Dios en mí. El propósito último de la salvación de un creyente no es exaltarle, exaltar a la persona como si tuviera algún mérito, sino llevar a la iglesia a glorificar a Dios por su poder, su paciencia y también por su misericordia. Dondequiera que hay salvación reciente, es una prueba viviente que nos recuerda el incontenible avance del evangelio. ¿Cómo se ve aquí el evangelio? Miren, el evangelio no empieza con la iniciativa del hombre, así lo muestra Gálatas al final del capítulo 1, sino con la intención de Dios. No se explica por causas que sean humanas, como si fuera el contenido de un curso. Es la revelación de Cristo. Y no exalta al convertido, sino que apunta a la gloria de Dios.

En Gálatas 1 parece enfocarse mucho en Pablo, en su autoridad, en su conversión, pero al terminar el capítulo el enfoque no está en Pablo, sino en la iglesia glorificando a Dios por él. Que todos nosotros menguemos y que el poderoso nombre de aquel que nos salvó sea especialmente exaltado. Oro por la iglesia, para que atesore el apocalipsis que vivió, la revelación de Cristo, y al mismo tiempo por personas que todavía no tienen esperanza, para que el Señor también las interrumpa. Únete ahí, hermano, conmigo en oración. Con el favor del Señor hemos completado el primer capítulo de Gálatas. Gracias, Señor, por tu Palabra. Gracias por testimonios como el de Saulo de Tarso. Y también gracias, Señor, por testimonios como el de cualquiera de mis hermanos. Permite que cuando escuchemos lo que tú has hecho de manera reciente en la vida de otros que pasaron de muerte a vida, hagamos lo mismo, Señor, que hizo la iglesia, y es glorificarte a ti por la obra que has hecho en ellos. Ay, si alguien todavía no tiene la seguridad de su salvación. Cristo está siendo predicado, Cristo está siendo proclamado, Cristo está siendo expuesto. Que el Señor abra tus ojos, ten misericordia de alguien más. Y si tú has visto ya a Cristo, pon en Cristo tu esperanza. Di lo mismo que dijo Saulo: Señor, ¿qué tú quieres que yo haga? Sé humilde, sigue a Cristo, recibe a Cristo.

Que el Señor tenga de ti también misericordia. Gracias por tu Palabra predicada, Señor. Gracias por un pueblo que te exalta. En el nombre de Jesucristo, amén. Que el Señor le bendiga mucho, mis hermanos. Cantemos alabanza.

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