Dios les bendiga, mis hermanos. Amén. Exaltado el nombre del Señor por todo lo que hace en medio de nosotros. Los más pequeños pueden ir a sus diferentes clases, y le pido a los más grandes que se pongan ahí un momento sobre sus pies y abran la Sagrada Escritura. Estén conmigo en la carta del apóstol Pablo a los Gálatas, en el capítulo 1.
Estaremos hoy desde el versículo 6 hasta el versículo 9, para ver en esta porción de la Escritura una defensa apasionada, urgente, la verdadera defensa del verdadero evangelio de Jesucristo. La semana pasada comenzamos esta exposición de la carta, desde el versículo 1 hasta el 5. Ahora lo continuamos. Dice así la Sagrada Escritura, la Palabra del Señor.
Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo.
Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.
— Gálatas 1:6-9
Pueden sentarse, mis hermanos.
El asombro de Pablo
El apóstol Pablo está escribiendo a la iglesia. Estos eran verdaderos creyentes que habían recibido el evangelio de Cristo. Tenía preocupación, tenía urgencia: dice él que estaba maravillado. Ellos habían recibido el verdadero evangelio de Cristo, pero al mismo tiempo habían sido confundidos por falsos maestros judaizantes que les decían que les faltaban diferentes cosas. El apóstol ahora escribe a la iglesia y les dice que se siente asombrado por la superficialidad de ellos. Le describe la manera en que estaban operando estos falsos maestros, de forma tal que estén alerta y al tanto. Y también hace una sentencia apostólica. Comenzaré mostrando a la iglesia este asombro que tenía el apóstol Pablo respecto de la superficialidad que tenía esta iglesia. Dice él: estoy maravillado. Muchos de ustedes recibieron el verdadero evangelio de Cristo y fueron madurando en su entendimiento del evangelio. Eso es cierto. Es esperable que cuando alguien escucha por primera vez el evangelio, y por agencia del Espíritu Santo el evangelio hace sentido en su mente y en su corazón, a medida que pase el tiempo tenga niveles más grandes de entendimiento del evangelio. Lo que nunca debería hacer un verdadero creyente es alejarse de Cristo. Estos creyentes inmaduros, por agencia de falsos maestros, habían comenzado a apartarse, y el apóstol Pablo le dice ahora a la iglesia que él está maravillado. Pero no está maravillado en el sentido positivo del término, sino en el sentido negativo. Estoy profundamente sorprendido de que tan pronto ustedes se hayan alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente.
Quiero predicar a la iglesia, pero le pido al Señor que me dé la misma urgencia que había en el apóstol Pablo. Yo estoy persuadido de que ustedes tienen el evangelio de Jesucristo, pero al mismo tiempo comprendo que esta verdad del evangelio está siendo retada en su mente y en su corazón, y que todos los días usted se enfrenta a un campo de batalla. ¿Tengo o no tengo el evangelio de Cristo? ¿Estoy completo en el Señor o me falta algo? Este sentido de asombro que tenía el apóstol Pablo era asombro por la superficialidad de esta iglesia. Concédate a ti el Señor que hoy te vuelvas un creyente más denso, un creyente maduro, un creyente sólido, un creyente que no solamente ojea el evangelio, sino un creyente que recibe el evangelio y tiene la capacidad de defenderlo.
Un rasgo infantil
Hay un pensamiento del cual yo quisiera cuidar a mi iglesia, y es un rasgo infantil. Este rasgo infantil es ser mentalmente dócil. Es este creyente que es llevado y arrastrado como por el viento. Son las mismas personas maleables, sin identidad, en el sentido de protección que debería tener todo verdadero creyente. Temerario. Y los videos que se han vuelto populares, de unos niños en un acantilado aquí, quizás rumbo a Boca Chica: se lanzan de cabeza en el acantilado y dicen «¡grábame, grábame!». Y usted ve el video a la distancia y siente que el corazón se le congela. Ellos entienden que están haciendo algo valioso. Y lo mismo: hay gran cantidad de creyentes que participan en gran cantidad de cosas y a nosotros nos dejan, en el sentido negativo, maravillados. Son estos creyentes que van por la vida recibiendo todo como verdad. Son estas personas que se mueven como si fueran en un supermercado, en un mall, y todo lo que les ofrecen: aquí está el olorcito para que te lo pongas, y dame de eso. Y un poquito de comida para que pruebes también. Y está interactuando el vendedor con él, y él se está buscando ya la cartera para sacar la tarjeta, y tú le dices: espérate, que no hay que comprar todo lo que te venden. Ay, hermano, entienda que si usted tiene a Cristo se debería mover con los ojos abiertos, con cierta seguridad, con cierta dignidad. Que usted no puede ser una hoja arrastrada por el aire.
Todos los caminos no llevan a Dios
Quiero llevarlo un poco más. ¿Ha visto este creyente para el cual no hay sectas falsas, sino que entiende que todos los caminos llevan a Dios? Recuerden que hay dioses con minúscula y hay un solo Dios con mayúscula. Y el único camino que lleva a Dios es Jesucristo. Y cualquier otra alternativa que te vendan para llevar al hombre hacia Dios, sea considerado esto un falso evangelio, y es anatema. Son los otros que dicen: todos los hombres son buenos. Ay, dice la Escritura que no hay justo ni aun uno, que todos se descarriaron como ovejas y que cada uno se fue por su camino, y que lo que hay en el hombre sin Dios es podrida llaga. Y si todavía tú sigues entendiendo que todos los caminos llevan a Dios y que todos los hombres son buenos, eso evidencia que tú no has recibido el verdadero evangelio, porque lo que hace el verdadero evangelio es que disminuye al hombre y exalta la gloria de Dios. Y llega un momento, hermano, que uno se cansa de interactuar, de responder, de debatir, y solamente lo hace por un compromiso con el evangelio de Jesucristo. Pero es este creyente superficial que va por la vida recogiendo todo lo que dan. Y yo te digo: no hay que recoger todas las cosas. En el mundo espiritual no hay que ser un acumulador. De hecho, de lo que se trata es de elegir las mejores cosas, y más que elegir las mejores cosas, elegir la única cosa buena. Cristo es la perla de gran precio, y cuando una persona ha recibido a Cristo lo que hace es que saca todo lo que tenía dentro de la mente y lo reemplaza por Cristo. Y cada vez que tú intentas poner a Cristo al lado de algo más, te estás alejando del verdadero evangelio.
Recuerden que la carta a los efesios se parece a la carta a los gálatas. Decía él: para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina. Y aquí hay tres términos duros: por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error. Y después dice: sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo. Un creyente no tiene una mentalidad dócil, no tiene una mentalidad llevadera. Si tú eres un creyente llevadero, probablemente tu alma está en peligro y deberías madurar. Qué más quiero yo, que usted no solamente tenga el evangelio de Cristo, sino que usted madure en su fe.
Tan pronto
Pablo estaba maravillado, y dice él que tan pronto os hayáis alejado. Dice: wow, pero ustedes son rápidos. Hace escasos meses estábamos juntos, yo les presenté el evangelio de Cristo, ustedes recibieron el evangelio de Cristo, ¿y ahora me dicen que ustedes siguen buscando? Fulano, ¿y qué buscas tú aquí? Buscando algo más, porque yo te dejé allá con Cristo. Después levanta un argumento y le dice: porque yo a ustedes los tengo desposados con Cristo. ¿Cómo va a ser que se muevan en este mundo como si todavía fueran solteros? Ustedes están comprometidos con Cristo, ustedes están vinculados con Cristo, no hay algo más que salir a buscar. Quiero persuadirte, mi hermano, de que si realmente tú tienes a Cristo, tú deberías caminar con la dignidad que tienen los hijos del Señor, sabiendo que en Cristo tú tienes todo lo que te hace falta, todo lo que te hacía falta y todo lo que te faltará, y que pongas toda tu esperanza solamente en el glorioso evangelio de nuestro Señor Jesucristo. De hecho, el mercado de las ideas religiosas y filosóficas debería quebrarse si los creyentes realmente entendemos que Cristo es la respuesta. Esto significa que ellos realmente no habían visto a Cristo, o que si lo habían visto, no lo habían visto lo suficiente, y por eso se apartaron muy pronto. Dice él: estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó. Su velocidad, él dice, me asusta. Ay, hermano, cuando una gente se aparta tan rápido, lo que está diciendo es que realmente no entendió. No puede ser que tú viste a Cristo y todavía tú estás buscando; que tú dices que Cristo es satisfactorio para ti y todavía quieres comida. Eso es extraño. Tú acabas de comer bien en Cristo, tú acabas de decir que estás satisfecho en Cristo, ¿por qué sigues buscando? Hay algo en ti. Probablemente recibiste a Cristo, pero lo hiciste sin reflexión.
Uno que yo lamento es que los creyentes en estos días luchan poco, porque en la lucha se afirma la fe. Cuando a ti se te cuestiona. Anteriormente tú decías que habías recibido a Cristo y la gente te cuestionaba, y tú tenías que argumentar a favor del caso de Cristo. En estos días tú dices que aceptaste a Cristo y el mundo lo tolera. El hecho de que el mundo se haya vuelto tolerante a la persona de Cristo ha hecho que el creyente perdiera el músculo de defender la causa de Cristo, y como perdiste el músculo de defender la causa de Cristo, no estás madurando tanto como deberías madurar. Porque en esa lucha, en esa argumentación, mientras tú ofrecías argumentos a favor de Cristo, al mismo tiempo tú ibas confiando en que Cristo es confiable. El mismo Pablo les predicó el evangelio, y sin importar que el apóstol Pablo les predicó el evangelio, se apartaron. Y si eso es Pablo, hermano, ¿qué seremos nosotros? Escucha: si el apóstol Pablo le predicó a estas iglesias el evangelio de Jesucristo, y ellos entendían que el evangelio de Jesucristo, tal y cual se lo predicó el apóstol Pablo, era poca cosa, de forma tal que tenían que salir a buscar algo más, imagínense qué será en nuestros días.
El problema no está en el contenido, el problema no está en el instrumento: el problema está en nosotros. Tú no solamente deberías recibir a Cristo, tú deberías recibir a Cristo y cerrar la puerta, de forma tal que tú atesores a Cristo.
Un creyente que ya dejó de buscar
Qué hermoso es un creyente que ya dejó de buscar. Reposo, como dice el libro de Hebreos, con gozo en su reposo, de forma tal que ya tú llegaste. Y cuando tú llegaste, tú dices: ya, no estoy buscando, estoy saciado en el Señor, ya lo que me queda es recrearme en él. Estos que se apartan tan pronto son como el niño que suelta un juguete cuando le ponen otro juguete por delante, y va de un juguete al otro juguete, y al otro juguete. Cristo no es un juguete. Cristo es nuestra vida, Cristo es nuestra satisfacción, Cristo es nuestra esperanza. Cristo es nuestra única esperanza de seguridad cuando estemos en la presencia del Señor. Esto no es un juego, de forma tal que yo juego este hoy y juego aquello mañana. No estamos jugando a las religiones. Hemos puesto nuestra vida en Cristo, hemos estado tratando de cimentarnos en Cristo. Interesante: el apóstol Pablo les dice, ustedes no se están alejando de mí, se están alejando de Dios. Se están alejando no de Pablo, se están alejando del que os llamó por la gracia de Cristo. El problema no es si tú has dejado de congregarte, el problema no es si tú estás cerca de tu pastor o no estás cerca de tu pastor. El asunto es que cuando una persona deja el evangelio, no se está alejando de un grupo de personas, no se está alejando de un maestro: se está alejando de Jesucristo. El problema aquí no es que Pablo quería tener seguidores. El problema aquí es que Pablo se daba cuenta de que no se trataba de él, se trataba de Cristo. Esa es la meta de un maestro cristiano: no es llevar a los hombres hacia él mismo, sino llevar a los hombres a Cristo por medio de la predicación del evangelio. A Pablo no le importaba tener dos o diez seguidores. A Pablo le importaba que estas personas se mantuvieran cerca del Dios que le llamó por medio de Jesucristo. Esa es la clave. Ay, que entonces ustedes no quieren que uno cambie. No es que cambie: es que no te alejes del Señor. La lucha no es por retener un maestro, la lucha es por retener a Cristo. Hermano, yo también tengo un alma, no soy un muñeco que le está predicando el evangelio. Mi alma también lucha, y todos los días hay cosas que brillan y quieren reemplazar a Cristo en el lugar que Cristo tiene en mi vida. Y tengo yo que sobreponerme para no desplazar a Cristo del lugar que le he dado a Cristo en mi corazón.
Cuando uno vino a Cristo, wow, Cristo fue entronado en el corazón de uno, de forma tal que quedó en primer lugar. Pero cada cierto tiempo hay algo que va a tratar de distraerte de aquel que te llamó por la gracia de Cristo. El término aquí alude a un proceso que estaba en curso. Y yo me gozo de la dignidad que tiene el evangelio. Pablo no les dijo que tan pronto ustedes se apartaron: no, los está tratando como creyentes, se alejaron. Te concedo que tú eres quizás un verdadero creyente, pero probablemente no estás tan cerca de tu Señor como deberías estar, no estás tan cerca del evangelio como deberías estar. Pablo no los está tratando como si fueran incrédulos, les está dando la dignidad de un creyente, pero les dice: son creyentes que se están alejando del que los llamó. Si el Señor te llamó, no te alejes.
Nadie es una completa víctima
Usted me va a decir: es que estas personas eran completas víctimas de los judaizantes. Miren, la experiencia nos dice que no hay nadie que sea una completa víctima. Todo el mundo tiene algún nivel de responsabilidad. Qué triste ver a un creyente que está fascinado: fascinado de una idea, fascinado de una ideología, fascinado de un pecado, prendado a eso. ¿Ha visto a este creyente que ya no solamente consideró, sino que agarró algo? Y le dices: pero si tú tienes a Cristo, pon tus dos manos en Cristo. Agarro a Cristo con esta mano y agarro aquello con la otra mano. Es soltar todo lo demás para agarrar a Cristo. Tú no eres una completa víctima: quien es engañado siempre tiene algún nivel de responsabilidad. Miren, en los tiempos de paz uno cuida su alma, porque en los tiempos de guerra son tus convicciones las que te van a sacar por delante.
Estimulante, pero no edificante
Quiero compartirlo. Una persona me envió una canción el otro día, y tuve una conversación con ella. Me decía: ¿qué tal esta canción? Me la mandaba como una canción de ánimo. Era una canción que utilizaba vocabulario cristiano, pero cuyo contenido no era un contenido cristiano. No sé si eso se entiende. Hay asuntos que tienen el empaque, pero el contenido no es real. Tú necesitas tener cierto nivel de discernimiento para darte cuenta de que el empaque no es suficiente, que el fraseo no basta. Tú me puedes frasear unos cuantos compases, me le pones el puente, me fraseas de nuevo y me apuntas hacia arriba y me mencionas a Cristo. No es solamente que tú me menciones el nombre de Cristo: es que el fin sea Cristo, el inicio sea Cristo y que permanezca en Cristo. Y la canción que me mandó era una canción estimulante, pero no edificante. Ay, hermano, yo tenía una tristeza en el corazón en ese momento. La persona no sabía que mi alma estaba muy afligida, había perdido un familiar, y cuando me manda la canción yo le dije: esa es la razón por la cual esa canción hay que rebatirla. Porque con lo que yo estoy viviendo, si yo estuviera pastoreando mi alma con esa canción en este momento, estuviera rodando por los contenes. Porque esa canción puede ser estimulante, pero en momentos de crisis no es satisfactoria. Lo que te estoy preguntando, hermano, es si tus convicciones están tan firmes en el evangelio de Jesucristo de forma tal que tú puedas enfrentar una tragedia, de forma tal que tú puedas sobrellevar el dolor, de forma tal que tú puedas sobreponerte cuando seas desconcertado. Y ahí es que tú te das cuenta de que cantidad de gente compra otras cosas que no son Cristo, y cuando necesitan a Cristo pareciera que Cristo no es suficiente. ¿Sabes la razón por la cual Cristo no es suficiente para ti? Porque no atesoraste a Cristo tanto como hay que atesorarlo. Yo no temo, hermano, que tú seas estimulado. Yo lo que me pregunto es si esos estímulos serán suficientes cuando llegue el dolor, si esos estímulos serán suficientes cuando llegue la aflicción, cuando llegue la tragedia. El evangelio de Jesucristo es glorioso porque le permite al creyente transitar a través de un mar abierto. Y es porque Cristo es poderoso, él es glorioso, él es satisfactorio, él es permanente. Los estímulos no: los estímulos sirven para el momento. Cristo sirve desde aquí y hasta la eternidad. Esa es la diferencia del evangelio de Jesucristo.
Pablo está preocupado porque sabía que los gálatas tarde o temprano serían retados. Y cuando tú seas retado, ¿tú vas a tener a Cristo o vas a tener algo más? Lo mínimo que habían sido era imprudentes. Y hay cantidad de creyentes imprudentes, temerarios. Un creyente lucha por ver a Cristo en todas las esferas de su vida. Él dice que Cristo es su provisión, es su deleite, es su dignidad, es su esperanza. Cristo es mi confianza, y cualquier otra cosa que trate de ocupar el lugar de Cristo es un falso evangelio. Evangelio significa buena noticia. Y le decía que era falso evangelio porque sonaba bien, pero no cumplía. Cristo cumple. Y la única esperanza que tenemos de presentarnos ante el trono de Dios y no ser destruidos es el glorioso evangelio de Jesucristo. Los estímulos dan una satisfacción temporal, pero no te preparan para un encuentro con tu Dios. Y nosotros estamos preparándonos para un encuentro con nuestro Dios.
Lo mismo, pero diferente
Él les dice «un evangelio diferente», y después dice «no que haya otro evangelio». Buenas noticias que son falsas. Escucha esto: buenas noticias que son falsas, hay muchas. Ahora, Cristo no es solamente buena noticia: él es verdadera noticia. Yo no quiero saturar, hermano, pero me doy cuenta de que si no saturo, tampoco usted llega a donde tiene que llegar, que el enunciado a veces no basta. Entro un poco más profundo. Esta palabra «diferente» me recuerda las campañas de Sprite. ¿Esto es Sprite? No, no es Sprite, es diferente. La gente quiere lo mismo, pero diferente. ¿Y ese, de qué es? De lima-limón. Pruébalo. Pepsi, Coca-Cola, vive la experiencia. Wow, diferente. Este es un evangelio como más refrescante, este es un evangelio como más novedoso, un evangelio más cultural, un evangelio más histórico. Cristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos. Y si tú tienes a Cristo, tú tienes ya el evangelio de Jesucristo. Pero hay otros evangelios diferentes, que no son evangelios, pero que están ahí. Siempre se trata de cambiar a Cristo por algo más.
El falso evangelio de la prosperidad
Tú cambias a Cristo por el dinero y tienes el falso evangelio de la prosperidad, que te dice que la meta del Señor por la cual tú fuiste salvado es esto: Dios te salvó para que seas rico y famoso, hijo del Rey, hijo del dueño del oro y la plata. Y si tú todavía no tienes los bolsillos llenos, entonces todavía no tienes la vida. Es el falso evangelio de la prosperidad, que quita a Cristo y pone el dinero. Y nadie te va a decir «yo creo en el evangelio de la prosperidad». No, es que esas cosas no se enuncian. Te van a decir que creen en Cristo, pero realmente lo que creen es en el dinero. Y cuando Cristo no les enriquece, entonces aborrecen a Cristo, maldicen a Cristo y buscan su prosperidad en otra parte. Yo no conozco a nadie que diga «yo dejé a Cristo por el evangelio de la prosperidad», pero conozco a gran cantidad de personas cuyo gozo está condicionado a que el Señor les responda con un milagro financiero, a que el Señor les dé una victoria en las finanzas, les cancele una deuda y cosas parecidas.
El falso evangelio del legalismo
El falso evangelio del legalismo es sumamente atractivo. Los seres humanos queremos hacer algo. Yo quiero hacer algo para poder decirte a ti que yo lo hice y tú no. Y uno dice: ¿cómo puede ser que la gente quiera volver al legalismo, si de ahí los libertó Cristo? Quieren volver al legalismo porque en la gracia de Cristo no se compite, en la gracia de Cristo no hay mérito humano: nos anula. Pero el falso evangelio del legalismo promueve abstenerse de todo por la razón incorrecta. Es no fumar, no beber, no salir, no vivir, para ganarse la aprobación de Dios, y sobre todo para decirte a ti que yo no salgo, no bebo, no fumo, ni hago todo lo demás. Quizás hay razones muy importantes para que usted se aparte de todo eso, pero usted no es amado en Cristo por su rendimiento. Usted no es amado en Cristo por sus méritos: usted es amado por Dios por los méritos de Cristo y para la gloria del Padre. Y tú no te sientes bien porque estás atesorando a Cristo: tú te sientes bien porque ya estás orando más que él, más que la media. Yo les recomendaría, ay hermano, uno ilustra las cosas de la manera más rupestre: si usted quiere el falso evangelio del legalismo, busque gente que no tenga altos rendimientos, para que usted siempre destaque. Vaya a los lugares donde la gente se está arrastrando por el suelo, para que el que levante cabeza sea usted. O trate de tumbar al otro. Por eso el legalista siempre está buscando a alguien que peque más que él, porque yo necesito seguirme viendo grande. Por eso el legalismo es primo hermano de la acusación. Yo necesito buscar un adúltero, que aparezca un adúltero, porque estoy perdiendo mi salvación, estoy perdiendo mi seguridad, a menos que aparezca un adúltero, un borracho, un adicto. Entonces yo no voy a estar de primero, de segundo, de tercero en la fila. Que aparezca un pecador.
Ay, hermano, la gracia de Cristo quiere que tú pases adelante, que tú seas amado en Cristo de la misma manera que yo fui amado: por el puro afecto de su gracia.
El falso evangelio del espiritismo
Wow, aquí, hermano, me voy a tener que detener un ratico, porque estamos en Latinoamérica, en el Caribe insular, y para acá somos sensoriales, kinéticos. Y el falso evangelio del espiritismo, hermano, ¿eso se regó? ¿Conectó? El falso evangelio del espiritismo necesita sentir y ver señales para creer que Dios está contigo. Ese es el falso evangelio de sentir cosas, los estímulos. Siempre hay algo, y las personas están siempre como sintiendo cosas. Y si dejan de sentir cosas parece que el Señor no está con ellas, y siempre se están moviendo. Y qué espiritual parece él. Wow, mira, se ve que el Espíritu de Dios está en él. Ay, hermano, eso se llama espiritismo. Y van de estímulo en estímulo, a lugares que sean estimulantes, a gente que tenga poder para hacerme sentir cosas. Y si no hay una manifestación, si no hay gente rodando por el suelo, si no hay alguien hablando algo extraño, entonces pareciera que Dios no está allí. Eso no es evangelio, eso es un falso evangelio. Estamos rodeados: la mundanalidad por un lado y el espiritismo por el otro. Y uno quiere ver a Cristo. El falso evangelio del espiritismo cambia a Cristo por poder. Se parece a Simón el mago, que anda buscando cuánto es que hay que pagar para uno hacer las cosas que hacen los apóstoles. ¿A quién es que hay que mojarle la mano para que uno sienta cosas? ¡Dame algo!
Ay, hermano, tú no necesitas un evangelio diferente, tú necesitas a Cristo. Y cuando tú te sientes un poco decaído, no es un estímulo más que tú necesites, no es un movimiento más, no es una impartición más. Déjate caer. Wow, hermano, me ministró así un moreno grande, así con la mano. ¿Y qué es lo que está en la Biblia? Yo lo sentía sumamente falso. Yo decía: yo me tiré al suelo, pero yo sé que yo no sentí nada. Pero yo quería sentir algo. Es que yo lo que necesitaba era el evangelio, yo no necesitaba un nuevo estímulo. A mí siempre me llamó la atención ese mundo del espiritismo, que a la gente como que le bajaba un breaker, y tú los veías que se encendían y sentían cosas y demás, y como que de repente todo se le iba, y ya vamos a hablar de la pelota, quién ganó hoy, de la política, de la economía. ¿Y por dónde se te fue, hombre, el Espíritu de Dios? Es que ese no es el Espíritu de Dios. Donde está el Espíritu de Dios, lo que hace el Espíritu es llevarnos a toda verdad, darnos la capacidad de hacer en nuestra vida la voluntad del Señor. Lo que hace el Espíritu Santo es que tú no llames la atención hacia ti mismo y hacia tu espiritualidad, sino que llames la atención hacia la gloria del Padre a través de Jesucristo. Tu meta debe ser que tú conozcas a Cristo. Y probablemente tú no andes rompiendo bancos, pero cuando tú te encuentres en la presencia del Señor, un brinco no te salvará: Cristo salva.
Pablo estaba asombrado por la superficialidad de esta iglesia. No seas tú un superficial. Si tú realmente recibiste el verdadero evangelio, déjate de andar buscando en otros lugares, que no hay. Cristo es suficiente. Una iglesia superficial siempre está buscando afuera lo que Cristo le puede dar, lo que solamente se encuentra en él, lo que ya es suyo y lo que solamente Cristo puede otorgar. Cristo te puede dar seguridad, Cristo te puede dar satisfacción, Cristo te puede dar poder. No poder para que te destaques: poder para que hagas su voluntad. Y recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, ¿para qué? Para ser testigos en Jerusalén, en Samaria y hasta lo último de la tierra. El poder que va a venir sobre ti es para que tú testifiques de Cristo en el lugar donde tú estás, no un poder para que muestres que eres más grande que la media del creyente.
Cómo operan los falsos maestros
He estado mostrando en primer lugar el asombro, la maravilla de Pablo ante esta superficialidad que veía en la iglesia. Veamos ahora la operación de los falsos maestros. Dice él en el versículo 7: no que haya otro. Es que no hay otro evangelio, no hay otra buena noticia que sea verdadera. La única buena noticia verdadera es Jesucristo.
No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo.
— Gálatas 1:7
Aquí están las dos cosas que hacen los falsos maestros: los falsos maestros perturban y pervierten, las dos cosas. Perturbación y perversión. Y ahora que los medios son masivos, entonces el peligro es masivo.
Perturban: se roban tu paz
Un creyente encuentra a Cristo y su alma encuentra reposo. Como decía Agustín, nos creaste para ti, y nuestra alma no encuentra sosiego hasta que te encuentra a ti. Y cuando tú encuentras a Cristo, esa alma que estaba volátil, esa alma que se encontraba disparada en todas las direcciones, ahora se encuentra reposada por la seguridad que solamente Cristo puede dar. Pero viene un falso maestro y te perturba. ¿Cómo funciona esa perturbación? Los falsos maestros perturban y se roban tu paz. Ese creyente que anteriormente estaba reposado en Cristo: «esto está muy tranquilo, no puedes estar muy tranquilo». Cuando ha empezado con este mundo donde toda la gente anda perturbada, un creyente llama la atención. ¿Y por qué tú no estás corriendo? ¿No te estás jalando los moños? ¿Y tu ansiedad dónde está? Fue clavada en la cruz de Cristo. ¿Y tú no tienes hambre? ¿Tú no vas a consumir? Aquí vendemos. Qué triste, una persona que no tiene a Cristo necesita una marca, necesita una comida, necesita un lugar, necesita un acceso, necesita la validación de alguien, necesita que alguien diga «la tiene, ese es». Cuando tú vienes a Cristo tú dices: ¿eres tú alguien igual que yo, que se lo van a comer los gusanos? Y el que nos podía validar ya nos validó en la cruz del Calvario. Para el mundo, el cristiano por eso se vuelve aborrecible: porque ya no consume. Este mundo es un mundo de consumo, donde el que no está corriendo, el que no está ansioso, el que está quieto, llama la atención. ¿Y por qué tú estás tranquilo? Pues ya yo encontré.
El creyente anteriormente estaba reposando en Cristo, pero entonces ahora entra en un estado de agitación. ¿Has visto esa agitación que te da cuando tienes que ir a un examen o a llevar unos documentos, y te visita el pensamiento de que quizás se te quedó algo? Y tú te encuentras rápido, como repasando. Ay, ay, ay. ¿Y qué fue lo que pasó? ¿Estás agitado? Tú estabas tranquilo. Y después que lo encuentras, como que vuelve el sosiego. Eso es lo que le pasa a un creyente: tú estás reposado en Cristo, pero vino el falso maestro y te dice, espérate, que tú no puedes estar tan tranquilo. Pero los falsos maestros no van a venir necesariamente con cartulina y cosas parecidas. Cada generación tiene su cosa: antes los predicadores siempre hablaban de la televisión, la televisión, la televisión; ahora son las redes sociales, los reels y cosas así. Pero es que los seres humanos somos lo mismo. Y tú estabas tranquilo, y yo estaba tranquilo, pero había un reel que decía: piérdete durante un mes y vuelve, que nadie te va a reconocer. Había un muñequito también que salía, que la depresión… ¿Y dónde está el muñequito, que dejó de salir? La depresión no es tu culpa. ¿Y yo, pero qué es lo que él está diciendo?
Tú estabas quieto en el Señor, tú estabas seguro, tú estabas gozoso, pero vino algo, una idea que te perturba. Los falsos maestros perturban y te sacan de tu paz. Oh, ¡cuidado si no estoy completo!
El predicador que solo diagnostica
Cada vez que tú lo escuchas, él hace que tú te sientas culposo. Y a la gente le encanta eso: el predicador que te hace sentir que a ti te falta, que tú estás perdido, que tú no estás en esto. Ustedes, ustedes, ustedes. Y yo digo: pero espérate. Yo he resuelto hace muchos años ya siempre terminar mi predicación mostrando el evangelio, porque estoy persuadido, por la Escritura, de que un predicador no está solamente para hacer un diagnóstico, porque ya Cristo hizo el diagnóstico: nosotros estamos aquí para suministrar el tratamiento, y el tratamiento es el glorioso evangelio de Jesucristo. Y desespera mucho ir a un médico que te llena de estudios, te inunda de estudios, estudios cruzados, profesionales cruzados, y usted dice: doctor, ¿pero qué es lo que tengo? ¿Se puede hacer algo? Ah, es un tema grave, todavía no sabemos. Estudio, estudio y estudio. Pero hay esperanza, doctor, ¿cuántos años me quedan? ¿Se puede hacer algo? ¿Y el tratamiento? El tratamiento es Cristo. Y si el predicador te llena de culpas, te llena de acusación, te llena de falta. Es como que la gente quiere sentirse así: yo quiero sentirme como un gusano, yo quiero sentirme que soy aborrecible. Sabemos todas esas cosas, pero el Señor te amó con amor eterno. Sabemos todas esas cosas, pero el Señor cambió tu condenación por esperanza. Sabemos que merecíamos todo eso. No le hagamos la labor al diablo, que él es el acusador y trabaja veinticuatro siete. Lo que el pueblo del Señor necesita saber es que, a pesar de nosotros, el Señor nos amó, que nos amó con amor eterno y que pagó en la cruz del Calvario, y que esa es la buena noticia del evangelio. Son conversaciones que te dejan vacío. Es un podcast, hermano, que te mueve el alma en el sentido negativo. Hay cosas que hay que dejar de oírlas.
Pervierten: un giro pequeño
¿Qué hacen los falsos maestros? Primero perturban, después pervierten. Cambian sutilmente el mensaje del evangelio. Pervertir es un giro, una transposición, un pequeño cambio que se tolera y termina corrompiendo todo. Pervertir es más peligroso que cambiar. Usted fue buscando helado y encontró habichuelas. Tú fuiste con apetito de helado a la nevera y había habichuelas: pervertieron el alimento. ¿Qué daño ha hecho el envase de mantequilla, hermano, con otras cosas puestas dentro? Bueno, tú fuiste a buscar a Cristo, y entonces no había Cristo, pero el empaque parecía cristiano. Cambian sutilmente el evangelio de Jesucristo. El evangelio nos dice que Cristo pagó por nuestros pecados, recibiendo nuestro castigo, para que podamos vivir para la gloria de Dios. Y el falso maestro te dice: yo sé que eso es verdad, pero hay que esforzarse. Es como que tú estás muy libre en el evangelio. No, la soga tan larga no. Ay, sí, hermano, pero yo sé que ahí también el Señor me ayudará. No: les molesta nuestra libertad. Cambian la gloria de Dios por la autoexaltación. Nosotros no estamos aquí para destacarnos, no estamos aquí para autopromovernos: estamos aquí para traer gloria a su precioso nombre, a pesar de nosotros. Nosotros vamos a la cruz y a negarnos a nosotros mismos, y si nos negamos a nosotros mismos, ya no se trata de mí, se trata de él.
Quitan la expectativa de juicio por una falsa seguridad de salvación. Los judíos les decían a los cristianos: es que ustedes tienen que circuncidarse. Ustedes van bien, wow, míralos, están avanzando, pero tienen que circuncidarse. La maravilla del evangelio es que cualquier adición resta. El evangelio no necesita nada más: no necesita obras, no necesita méritos, no necesita transacciones, no necesita fiestas. Y ese era el peligro de estos judaizantes, porque ellos se entendían cristianos. Y como eran cristianos, su peligro era mayor, porque los trataban como hermanos. Pero cada vez que compartían con ellos, los hacían sentir que les faltaban cosas. Miren, hay gente con la cual hay que dejar de juntarse. Ellos parecían cristianos más rigurosos. ¿Han visto a aquellos que dicen: no, que tú eres cristiano, todo, ay, Dios te bendiga, Dios te bendiga, y todas las cosas? Pero es que tú no eres tan riguroso como hay que serlo. Tú tienes que… Y te lo van a decir, y que es muy bonito, y que métete con Dios, métete con Dios. Tú eres cristiano, yo lo sé, pero es que el judaísmo es una fe histórica, validada por Dios, dada por el Señor en el monte. Tú tienes que conectarte a través de nosotros, porque tú viniste por Pablo, pero ven ya y vas a tener lo mejor de los dos mundos.
Parecen creyentes más maduros. Lo paradójico es que Pablo había sido un judío destacado entre los judíos, y Pablo, que había sido judío, no encontró satisfacción en el judaísmo, no encontró satisfacción en la circuncisión, no encontró satisfacción en las fiestas de los judíos, sino solamente en Cristo. Es como si les estuviera diciendo: díganles que dejen de estar buscando eso, porque yo acabo de dejar eso para recibir a Cristo. ¿Qué les decía Pablo a los filipenses? Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más. Vamos a sacar cabeza, ven, vamos a echarnos de judío a judío: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es de la ley, irreprensible. Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor a Cristo. Y ahora tú me vas a decir a mí, que estoy saliendo de allá, que tú estás tomando lo que yo dejé. Hermano, no hay que buscar nada más: si tú tienes a Cristo, tú estás seguro.
La sentencia apostólica
Aquí viene la sentencia apostólica. Primero se sorprendió, se maravilló. Después les dijo que eso que estaban haciendo era perturbar y pervertir. Y ahora sentencia. Recuerden que en los versículos 1 y 2 el apóstol Pablo reclamó la autoridad de su apostolado. Él dijo: apóstol, no de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo y por Dios el Padre que lo resucitó de entre los muertos. Ahora él, como apóstol, sentencia a estos hombres. Dice él en los versículos 8 y 9, y el vocabulario que está tomando es el vocabulario de una sentencia.
Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.
— Gálatas 1:8-9
Y usted va a decir: ¿qué es lo que es anatema? Pues yo no uso esa palabra en mi día a día. Anatema era una palabra que los judíos sí conocían: era la sentencia solemne de Dios para que algo quedara completamente apartado para su destrucción. Si algo era decretado por Dios anatema, nadie podía rescatarlo, por valioso que pareciera. En Jericó, por ejemplo, el Señor dijo de Jericó: sea anatema. Y nada de la ciudad podía ser rescatado. Pero en Jericó había oro y finos mantos babilónicos. No los busquen. A los amalecitas el Señor los condenó, dijo que sean anatema. Pero el rey Saúl fue. Pero no lo podemos botar todo, ¿y por qué hay que desperdiciar? Ya estamos aquí, vamos a ver si me llevo algo. Y se llevó al rey, como un trofeo o una mascota. Pero el Señor dijo que sea anatema. Y él dijo: ¿pero qué importa que yo me lleve al rey? Ya él no va a reinar, lo vamos a tener ahí, yo lo voy a poder mostrar. Hermano, lo que te están diciendo es que cuando el Señor decreta de manera solemne que algo debe ser completamente apartado, sea apartado, y ya. El anatema era un símbolo negativo. El Señor dice: eso es tan repulsivo que ahí ya no hay nada que buscar. Recordaba que, por valioso que pareciera, aquello Dios lo aborrecía, y si Dios lo aborrece, ya.
Díganme ustedes, hermanos, si no es con eso que vivimos los cristianos: tratando de hacer que el anatema parezca un chin menos de anatema. Eso es malo, pero no completamente malo. Yo sé, yo sé, yo sé, yo sé que eso es aborrecible, pero tampoco es un asunto como que sea completamente aborrecible. Sea anatema. Y Pablo está diciendo «sea anatema» dos veces. El anatema era un límite para el pueblo de Dios: el deseo natural era rescatar algo, pero eso que tú ibas a ganar rescatándolo no compensaba el riesgo. ¿Cuál era el riesgo? Que si tú tomabas algo del anatema, tú también eras maldición. También el anatema era un testimonio para las demás naciones: desobedecer a Dios traía consecuencias, por grande que sea tu cultura, por grande que sea tu imperio, por grande que sea tu riqueza. Anatema. Pero hermano, ahora cada pecado tiene quien lo defienda. A veces cae un algoritmo en las redes sociales, y cae uno de hongos, de gente que se dedica a buscar hongos en los bosques, y te dicen: estos se comen, estos no, eso te mata en una hora, pero estos son sabrosos. Y entonces, con tantas cosas que podemos comer. No: si tú vas a comer hongos, tienes que comprar un libro, o mi curso.
Bueno, no hay que hacerle relaciones públicas. Si el Señor dijo anatema Jericó, anatema Jericó; anatema Amalec, anatema Amalec. Pero mis hermanos me dicen: sí, el Señor dijo todas esas cosas, pero yo también quiero rescatar algo. Y el Señor te está diciendo: ahora lo repito, si alguno predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema. ¿Qué es lo que Pablo está diciendo, aplicado a nosotros hoy? Toda doctrina que distorsione el evangelio de Jesucristo debe ser repudiada. Por mentira. Por ejemplo: yo no lo hago entero, yo solamente hago esta parte, yo rechazo lo otro. Deje de estar comiendo con cuidado del mundo y cómase a Cristo. Esas son mis reuniones pastorales. Pero es que esto yo no lo voy a hacer entero. Yo sé que eso no es bueno, yo lo sé. Yo solamente voy a hacer esa pequeña parte. ¿Cuántas cosas uno debería anatemizar? Uno vence un pecado anatemizándolo. Si el Señor le llamó malo, yo le llamo malo. Si el Señor le llamó bueno, yo le llamo bueno. Y tengo el cuidado de no confundirme. ¿Cuánta cantidad de música cristiana hay con mensaje mundano? Pero es cristiana, ¿y qué mejor?, es mejor que consuman esa y no la otra. Miren, hermanos, hablo con cuidado: yo preferiría que muchos de mis hermanos sigan en Braulio y en José José, a que se tiren esto que parece un mensaje cristiano. Yo sé que ese mensaje no es cristiano, porque del otro le puedo decir objetivamente que no lo es, pero de este tengo que argumentar y debatir. Es más peligroso.
Libros cristianos que lo que tienen es autoexaltación. ¿Y qué tiene eso de malo? De malo tienes tú, que no tienes el criterio para entender el daño que se está haciendo sobre tu alma. Iglesias cristianas centradas en celebridades. Y ah, también está predicando a Cristo, y mejor que esté en una iglesia y no en una discoteca. Hablo con cuidado, hermano, pero yo preferiría que sigan en la discoteca a que estén en un lugar donde les dicen que ya tienen el evangelio y realmente siguen muertos en sus delitos y pecados. Porque anestesiar la conciencia de la gente es más peligrosa que dejarle su horrenda expectativa de juicio. Preferiría diez veces que las personas sigan sabiendo objetivamente cuál es la condición de su alma, a decirles que aparentemente son salvas y que después no puedan enfrentar el juicio de Dios. Reflexiones espirituales ambiguas: estimulante, pero ambiguo. Ya tendré que concluir, hermano, porque uno se va como… estoy como Pablo, maravillado, sobresaltado. Eso no es bueno, y ya, no hablemos: anatema y ya. Pero los mantos babilónicos, ¿tú crees que si yo agarro uno? Uno solo, hermano.
Cómo se ve el evangelio
Estaba mostrando el asombro ante la superficialidad de esta iglesia, la operación de los falsos maestros que estaban perturbando y pervirtiendo, y sobre todo una sentencia apostólica que tú deberías tomar como si fuera para ti. ¿Tú quieres tener una vida gozosa en el Señor? Anatemiza hoy algo. Di: ya, por ahí no, definitivamente no es lo mío. ¿Cómo se ve el evangelio? El evangelio es la buena noticia de la salvación. Es la verdad en la que todo creyente ha sido afirmado, y por la que deberíamos estar muy dispuestos a luchar. Es el evangelio verdadero, no cualquier otra cosa. No hay buena noticia que no salve. El evangelio verdadero nos dice que solo por gracia, solo por la fe, solo por Cristo, tal y como lo revelan solamente las Escrituras, y solamente para la gloria de Dios. Cualquier otra cosa, sea anatema. Y si tú todavía no tienes a Cristo, suelta todo lo demás y agarra a Cristo.
Oración final
Oro por la iglesia, para que el Señor le permita defender su fe y mantenerse firme. Permite, Señor, que esta convicción en la cual estamos firmes se mantenga con nosotros. Aquello que se está moviendo, Señor, devuélvelo. Ten misericordia, Señor, de nuestras almas. Cuida nuestra mente, cuida nuestro corazón, cuida nuestras manos. Permítenos ser solamente para ti, y que cualquier otro evangelio, cualquier otro intento de buena noticia, sea anatema. Ayúdanos a atesorar lo que viene de Cristo y a rechazar todo lo demás. Gracias por tu palabra predicada. Si hay alguien que todavía no ha puesto en Cristo su confianza: de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna. Pon en el Señor tu confianza. No hay un ritual para hacerlo: lo que hay es sinceridad del corazón, un deseo de renunciar a otras cosas y de poner en Cristo tu esperanza. Dile al Señor en oración. Arrepentíos y convertíos, dice la Escritura, para que sean borrados vuestros pecados, y vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio. Dile al Señor, ahí con tus palabras, que perdone tus pecados, que te acepte como un hijo, que escriba tu nombre en el libro de la vida. Recibe la buena noticia de Dios. Esa es la noticia de salvación: es por la gracia de Cristo, no por tus obras; es por la fe en Cristo, no en otras partes; es solo por Cristo, es tal cual se reveló Cristo, y es para la gloria de Dios. Dile al Señor en oración, ponte a cuentas con tu Dios. Dice la Escritura que el que creyere y fuere bautizado será salvo. Estamos comenzando talleres de membresía para personas que hayan puesto en Cristo su confianza. Quiera el Señor que hoy sea día de salvación para ti. Gracias, Padre, por tu palabra predicada. Gracias por un pueblo que la recibe. Permite, Señor, que podamos vivir vidas victoriosas a la luz del evangelio. Amén. Dios los bendiga, mis hermanos. Terminemos con alabanza en nuestro culto al Señor.