Que el Señor les bendiga mucho, mis hermanos. Pónganse ahí sobre sus pies y acompáñenme en la Sagrada Escritura. Abran sus Biblias en la carta de Pablo a los Gálatas, en el capítulo 1, y comencemos aquí una serie de exposiciones sobre esta carta. Estaremos hoy en el capítulo 1, desde el versículo primero y hasta el versículo 5, para ver en esta porción de la escritura qué es lo que nuestra fe realmente necesita.
Si fuese en orden cronológico, la carta a los Gálatas está entre los primeros libros del Nuevo Testamento, está entre las primeras cartas que el apóstol Pablo escribió. El Nuevo Testamento no está organizado en orden cronológico; sin embargo, si fuera cronológicamente, este es un documento muy temprano y fue escrito por el apóstol Pablo a una iglesia que había recibido verdaderamente el evangelio. El libro de Efesios es la contraparte de Gálatas: Efesios está lleno de motivos de acción de gracias, de reconocimiento, y es una carta muy positiva. Gálatas es lo inverso. Es la única carta del apóstol Pablo donde no hay un elogio hacia las iglesias que le recibieron. Dice así el capítulo 1, desde el versículo 1 y hasta el 5.
Pablo, apóstol (no de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo y por Dios el Padre que lo resucitó de los muertos), y todos los hermanos que están conmigo, a las iglesias de Galacia: Gracia y paz sean a vosotros, de Dios el Padre y de nuestro Señor Jesucristo, el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
— Gálatas 1:1-5
Pueden sentarse, mis hermanos.
Una carta sumamente combativa
Esta es una carta sumamente combativa. Uno lee la carta a los gálatas y puede sentir el ardor que había en el apóstol Pablo cuando les estaba escribiendo. Estos hermanos eran verdaderos creyentes, pero su fe corría el peligro de ser contaminada por otras cosas, como era la religión de los judíos. Eran verdaderos creyentes que estaban siendo hostigados por judaizantes que les decían que necesitaban agregar a su fe algo más. Algo quizá tan sencillo como 700 mandamientos, 12 fiestas al año, la circuncisión. Estos hermanos habían recibido el evangelio gozoso, pero pronto habían perdido el gozo de su salvación, pues estos maestros judíos les decían que a su fe le hacía falta algo más. Era el legalismo de los judaizantes. En la carta, el apóstol Pablo abunda en reclamos, en ironía, en reprensión. Les dice en algún momento: ustedes están fascinados, hechizados. Dice de él mismo: yo estoy maravillado de que ustedes tan pronto estén dispuestos a dejarse quitar el verdadero evangelio e ir detrás de otras cosas. Que me permita el Señor en esta exposición de la carta a los gálatas transmitirle a la iglesia que ustedes están completos en el Señor y que, si alguien realmente tiene a Cristo en su fe, no hace falta nada más.
El marketing religioso te dice que te falta algo
Quisiera mostrarte qué es lo que tu fe realmente necesita. El marketing religioso, aunque sea bien intencionado, hace un daño tremendo. Son estos eventos que a veces, con una bonita intención, te transmiten la idea de que te falta algo. Un libro que promete revolucionar tu vida. Ay, hermano, no habrá un libro que revolucione tu vida: tu vida fue revolucionada por Cristo. Un congreso que promete mostrarte lo que tú nunca has visto. Ay, si ya tuviste a Cristo, tus ojos no verán algo que sea más grande. Un astro resplandeciente en el ecosistema religioso que atrae las miradas de todo el mundo y los pueblos corren hacia allá. Después que tuviste a Cristo y que sentiste la satisfacción en Cristo, no hay nada más que te deba mover a ti del mismo modo. Y nada de ese marketing religioso está mal. Lo que está muy mal es reemplazar a Cristo, tratando de ponerle algo más. Lo que tu fe realmente necesita, según se muestra en estos primeros versículos, es llegar a ver a Dios y dejar de mirar a los instrumentos. Lo que tu fe realmente necesita es maravillarte en la obra consumada por Cristo en la cruz del Calvario, de forma tal que cualquier otra cosa que llame tu atención no llame tanto tu atención como esa. Y lo que tu fe realmente necesita es que sea vivida para la gloria de Dios y no para el éxito de un pueblo, de un hombre o de ningún sistema religioso.
Pablo, apóstol: un nombre controversial
Comienza él nombrándose a sí mismo. Dice: Pablo, apóstol. Le digo a la congregación que lo que Pablo significa para ti no era lo que significaba para ellos. Nosotros hemos llegado a ver al apóstol Pablo como un instrumento que fue levantado por el Señor para bendición de su pueblo; sin embargo, en el siglo I el nombre Pablo, apóstol Pablo, no generaba la misma impresión que ha llegado a generar para nosotros. Era un nombre controversial. No sé si les ha pasado a ustedes que hay un tipo de personas que todo lo que ven es negativo. Entonces les dicen: comenzó una dieta. Ah. Se inscribió en el gimnasio. Sí, está tratando de vivir una vida más… dime, ¿para qué? Este tipo de personas que siempre como que están cuestionando, que siempre te hace falta algo. Estos hermanos, cuando hablaban de su fe con los judíos, les decían: mira, acepté a Jesucristo como mi Señor, mi Salvador, y mis pecados fueron perdonados. Sí, pero todavía te falta la ley de Moisés, todavía te falta la circuncisión, todavía te falta algo. Y hacían que los creyentes sintieran que siempre estaban en falta. ¿Y cómo fue que tú conociste? El que me predicó fue Pablo. Ellos no creían que el apóstol Pablo fuera un instrumento fidedigno para predicar el evangelio, de forma tal que Pablo ahora les escribe y les dice: Pablo, apóstol, no de hombre, sino por Jesucristo y por Dios Padre que lo resucitó de entre los muertos. Ese nombre es esperable que fuera un nombre que generara cierto rechazo en la congregación. Decían ellos del apóstol Pablo que era un judío, pero no era un judío de Jerusalén. Los judíos mantenían una distancia geográfica importante y decían que si tú eres un judío, pero eres un maestro que no sale de la provincia, entonces tú eres un judío más puro que los otros. Y el apóstol Pablo era un judío que se había mezclado con los gentiles.
Y si los judíos decían eso de él, los mismos cristianos también tenían sus prejuicios, porque Pablo había perseguido a la iglesia de Cristo. Les decían a los gálatas: es que ustedes tienen que convertirse de nuevo, porque ustedes se convirtieron con Pablo. Ustedes no tienen la fe que verdaderamente hay que tener, les hace falta todavía algo más. El apóstol Pablo, por ejemplo, no presenció el ministerio público de Cristo, sino que él dice que, como un abortivo, Cristo se le apareció a él de camino a Damasco. Y usted preguntará: ¿y alguno de los apóstoles vio ahí al Señor cuando se le apareció a Pablo de camino a Damasco? No, ninguno lo vio. ¿Qué es lo que te estoy diciendo? Que tu fe necesita algo más, que tú te convertiste con Pablo. Lo que estoy tratando es de hacer un argumento de que lo que importa no es el instrumento que el Señor haya utilizado para tu salvación, sino que lo que importa es que el Señor quiso salvarte a ti a través de ese instrumento, de forma tal que tú no te sientas ni menos ni avergonzado en cuanto al lugar donde tú conociste a Cristo, porque lo más importante es que tú providencialmente llegaste a conocer a Cristo. Pablo no está haciendo un argumento a su propio nombre. Lo que él está argumentando es que, a pesar de que fueron salvos (y digo el «a pesar» con cuidado) por medio del apóstol Pablo, quien envió al apóstol Pablo fue Jesucristo. Pablo, apóstol, no de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo y por Dios el Padre que lo resucitó de entre los muertos. Sin importar dónde, cómo, cuándo y por quién tú fuiste salvado, lo más importante es que el Señor quiso salvarte.
Lo importante no es dónde ni quién
Yo quisiera decirles a mis hermanos que probablemente ustedes dicen con cuidado dónde conocieron a Cristo porque sienten que ese nombre no impresiona. Es que lo que impresiona no son los nombres, lo que impresiona es Jesucristo. Quizás fueron salvados en lugares un poco cuestionables. Quizás fueron salvados utilizando instrumentos que no son notables. Quizás el lugar donde tú fuiste salvado nadie lo conoce, pero hay alguien que todo el mundo conoce y ese nombre es Jesucristo. Lo importante no es el instrumento; lo importante es ver a Cristo detrás de cualquier instrumento. ¿Y dónde están los fuegos artificiales de esa salvación? ¿Dónde está la chispita? ¿Y quién fue que te predicó? Bueno, yo he estado en lugares donde yo quisiera apelar. ¿Y tú dónde conociste al Señor? En el templo evangélico en la Ceiba de Manzano, en Azua. Como que no impresiona tanto. Ah, no: lo importante no es dónde conociste a Cristo, lo importante no es quién te dio testimonio de Cristo; lo importante es que el Señor salió a salvarte. Apóstol, no de hombre ni por voluntad de hombre. Apóstol significa mensajero, significa enviado, significa embajador. Detrás de toda salvación está la intención de Dios en salvarte. Lo importante no es el mensajero, lo importante es quién envió el mensaje. Lo que resalta aquí no es Pablo, lo que resalta es que el Señor salió a salvar. La iglesia de hoy necesita conocer estas cosas, pues estamos expuestos a las mismas debilidades. Yo veo cada vez creyentes que tienen menos satisfacción en Cristo y más satisfacción en dónde escucharon de Cristo. Me causa tristeza que a la gente le genere más admiración el lugar donde se congrega que el nombre en quien se está congregando. Lo importante, hermano, no es el sitio; lo importante no es el instrumento o el maestro que te está trayendo el evangelio: lo importante es recibir el evangelio del Señor Jesucristo. Y dondequiera que Cristo esté siendo predicado, tú deberías entender la intención de Dios que está ahí en salvarte, de forma tal que no te genere tanto atractivo o admiración el instrumento como atractivo o admiración debe llamar hacia ti la persona que lo envió.
Hago aquí una aclaración: el apóstol Pablo no se está disminuyendo. De hecho, él sentía la dignidad de ser un apóstol de Jesucristo y él defendió su apostolado. Pero él no defendió su apostolado porque estuviera defendiendo a Pablo; él defendió su apostolado porque estaba defendiendo a Cristo. Les decían a estas personas: ustedes no están circuncidados, a quien le predicó fue Pablo, ustedes son personas que están mezcladas con los gentiles, ustedes necesitan hacerse judíos. Y Pablo le está diciendo: es que tú tienes que ver a Dios el Padre y al Señor Jesucristo detrás de tu salvación. Y si tú no ves a Dios, tú siempre sientes que te falta algo. Ustedes necesitan estar completos en el Señor. Para algunos no basta con el mensaje de Cristo: ellos necesitan instrumentos que aporten puntos sociales. De hecho, ahora se debate la credibilidad de los instrumentos. Lo que deberíamos debatir es si Cristo es confiable.
Maravillarnos en la obra de Cristo
Dice el versículo 3: gracia y paz sean a vosotros de Dios el Padre y de nuestro Señor Jesucristo. Hermanos, sean un poco atentos en esto que se repite vez tras vez: Dios el Padre y el Señor Jesucristo, Dios el Padre y el Señor Jesucristo. Te he estado mostrando, en primer lugar, que nosotros necesitamos ver a Dios y dejar de ver a Pablo. Quiero mostrarte ahora que necesitamos maravillarnos en la obra de Cristo, y aquí quiero detenerme. Nosotros fuimos creados para sentir admiración hacia algo, para estremecernos, para admirarnos. Dice aquí, en el versículo 4, el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre. Dice aquí que Cristo se dio a sí mismo. Si tú no estás maravillado con la obra de Cristo en la cruz, tú andas buscando algo que brille. ¿Estás buscando algo que sea atractivo, algo que sea sonoro? La maravilla más grande es que Cristo se dio a sí mismo a la cruz del Calvario, y hasta que nosotros no entendamos esto vamos a sentir que nos está faltando todavía algo. Si tú realmente estás mirando a Cristo clavado en la cruz, tú deberías entender lo que ahí está sucediendo. Cristo se dio a sí mismo por nuestros pecados, y eso se lee muy rápido. Acompáñame por un momento en este argumento y considera las suficiencias que hay en Cristo: él no necesitaba tu compañía y aun así se dio a sí mismo. Hace muchos años leí un librito (no es bueno el libro, el autor es un poco cuestionable): Gene Edwards escribió un libro que se llama El Divino Romance y argumentaba que la razón por la cual Cristo creó la iglesia es porque él estaba solo. Hermano querido, Cristo nunca ha estado solo. Él ha coexistido eternamente en una Trinidad donde el nivel de compañerismo que existe está por encima de cualquier compañerismo que nosotros podamos encontrar. No estaba en soledad, estaba en compañía, estaba en suficiencia, y desde su suficiencia eligió darse por nosotros, no porque nos necesitaba. El Padre pagó en la cruz del Calvario movido por su propia voluntad, en algo que a mí me estremece por el hecho de que él no me necesitaba, porque él vive en una absoluta suficiencia y aun así se dio.
Estos versículos se leen muy rápido, pero lo que ahí está sucediendo es algo que debería maravillarnos. Considera su santidad: el Dios que es tres veces santo envió a su Hijo, que es tres veces santo, a morir en la cruz del Calvario, a morir por nosotros que somos absolutamente pecadores, donde no había justo ni aun uno. Y al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado. Si tú quieres entender lo que significa que él se dio a sí mismo por nosotros, entiende primero su absoluta suficiencia y después entiende su absoluta santidad. Él estaba años luz de nosotros. El Señor quiere tener comunión, y aun así él mismo se dio, de forma tal que redimió para sí un pueblo santo, celoso de buenas obras.
El valor de lo que fue entregado
Considera el valor de Cristo. Todos ustedes han hecho transacciones. En las transacciones tratan de que haya cierta equidad, cierta correspondencia: ustedes estiman el valor de algo y entonces pagan en consecuencia del valor. Estimen el valor de Cristo. Y aun pagando por todos nosotros, el valor de la prenda pagada fue mucho más que el valor de la adquisición que estaba siendo comprada. El valor de Cristo con relación al valor de nosotros. Y tú dices: bueno, pero es que él pagó por mucho pueblo. La totalidad de los hombres que han vivido y vivirán por todas las épocas no vale el valor pagado por Dios en la cruz del Calvario. Él es la perla de gran precio, él tiene un valor que es inconmensurable, y se entregó todo ese valor a causa de algo que no se corresponde. De forma tal que cuando dice que Cristo se dio a sí mismo por nuestros pecados, nosotros entendemos la maravilla que sucedió en la cruz del Calvario: una ecuación donde no hay correspondencia. Es el justo por el que es injusto, de forma tal que nosotros podamos tener esperanza. Hay manera de que uno intente ilustrar estas cosas, hermano, pero no hay ilustración posible. Dicen: mira, lo que sucedió en la cruz, eso se parece a tal cosa. No se parece a nada. No hay algo que pueda ejemplificar, no hay algo que pueda ilustrar la desproporción de valor que hay entre lo que fue entregado en la cruz del Calvario y lo que fue adquirido en la cruz del Calvario, de forma tal que nosotros podemos maravillarnos en lo que allí estaba sucediendo. Y cuando tú te sientes maravillado por eso, entonces tú entiendes que a tu fe no le hace falta nada más. Hace unos cuantos meses fue noticia que el benemérito Cuerpo de Bomberos de Santo Domingo rescató tres gatitos. La gente se sentía maravillada: like, like, like. Pero en las redes sociales ahora mismo lo mejor está en los comentarios. El primero que dice: yo quisiera ser uno de los gatitos, a mí nunca me han tratado así. Ah, hermano, parece algo desproporcionado que usted mueva el benemérito Cuerpo de Bomberos de Santo Domingo a rescatar unos gatitos y ponerles su propio oxígeno. Y uno ve los gatitos así, respirando por el oxígeno de los bomberos.
Y yo podría decirle a usted: mira, ¿usted quiere entender lo que es la desproporción entre algo tan grande? Mira esto, que los bomberos, en vez de rescatar la vida humana, se dedican a ponerle aire al animalito. Lo que pasó en la cruz del Calvario fue mucho más grande, pues así como Cristo es absolutamente santo, nosotros éramos completamente innecesarios, éramos completamente aborrecibles y no había posibilidad alguna de que fuéramos rescatados en nombre de nada, y él se dio a sí mismo por nosotros, de forma tal que nos maravillamos con lo que allí estaba sucediendo.
Es el drama de Oseas desposando a una adúltera. En el Antiguo Testamento es Dios dándole prioridad a Israel. Israel no era un pueblo más importante que Persia, Israel no importaba más que Babilonia. Y uno dice: ¿por qué Israel? Por la misma razón que el Señor te salvó a ti: por el puro afecto de su voluntad. Y eso hace que el drama de la cruz a nosotros nos sobrecoja. Es algo muy alto por algo muy pequeño, y lo único que confirma esto es que el Señor nos ama. Impresionante que lo hizo voluntariamente. Hay gente que ha hecho algo por otro porque alguien que él realmente ama se lo pidió, pero Cristo quiso ir a la cruz por ti. Y esto confirma que Dios realmente te ama, de forma tal que él entregó a su Hijo: de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna. Lo que nuestra fe realmente necesita es, primero, llegar a ver a Dios detrás de sus instrumentos; después, maravillarse en la obra de Cristo. El que no escatimó ni a su propio Hijo, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? De forma tal que si tú tienes a Cristo, tú tienes la cosa más grande que tú puedes recibir de Dios, y cualquier otra cosa es añadidura. No hay algo más valioso que se pueda recibir.
Y quien no atesora intencionalmente a Cristo siempre tiene una sensación de que le falta algo: una ley adicional, un accesorio adicional. Y su alma está corriendo peligro. Por eso dice 2 Timoteo 3:7 que siempre están aprendiendo y nunca llegan al conocimiento de la verdad. Para quien no está atesorando a Cristo en la cruz del Calvario, siempre siente que le falta algo. ¿Qué es lo que tu fe realmente necesita? Atesorar a Cristo. Los judíos le decían que si acaso guardaran los cinco libros del Pentateuco, entonces lo lograban; que si acaso guardaban una fiesta y la otra, si acaso se circuncidaran, entonces lo lograban. Lo que él le está diciendo es: deja de mirar a los hombres y comienza a mirar a Cristo.
Nuestros pecados: de pecador a pecador
Voy al versículo 4: el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados. Interesante: nuestros pecados. Esa expresión, «nuestros». Y es que la obra de Cristo cubre una necesidad que es universal. Así se predica el evangelio: el evangelio se predica con una profunda urgencia, pero al mismo tiempo con una profunda empatía. El apóstol Pablo no dejaba de pensar que Cristo no solamente murió por los pecados de ellos, sino por su pecado propio. Y esa es la manera en que nosotros deberíamos predicar el evangelio: no deberíamos predicar el evangelio como que Cristo es la provisión de Dios para tu pecado, sino también para los míos. Y esto, de pecador a pecador. Y hace toda una diferencia. Pablo se está uniendo a ellos. En el mundo de los judíos ellos vivían para ver quién cumplía y quién no cumplía, y un judío nunca se pondría a él en la misma ecuación en que pondría a un gentil. Pero Pablo está dispuesto a decir: sí, el Señor pagó no solamente por los pecados tuyos, también pagó por los pecados míos. De forma tal que Pablo no está predicando desde una posición de autoridad moral superior, sino con la profunda empatía de pecador a pecador. Esa es la diferencia que hace la gracia. Si nosotros vivimos en la ley, tratamos de sacar cabeza, a ver cuál es más grande. Pablo sabe que él no es más grande que sus hermanos, porque si el Señor lo hizo por él, también el Señor lo puede hacer por ellos. Y esa es la manera en que nosotros necesitamos predicar a Cristo: no predicamos a Cristo como que nosotros somos buenos y ellos son malos, no es como que nosotros somos mejores y ellos son peores. Predicamos a Cristo desde la posición de que todos nosotros somos profundamente pecadores y en Cristo hemos tenido la más completa satisfacción. Sería extraño que un maestro judío hablara en esos términos, porque para él poder hablar necesitaba primero demostrar que él era puro. Pablo dice: no, yo te puedo mostrar de pecador a pecador que Cristo fue satisfacción para mí y también puede ser satisfacción para ti. Hermano, sea cuidadoso cuando usted presenta a Cristo: no presente a Cristo como que usted es mejor, no presente a Cristo como que usted es superior; presente a Cristo como que Cristo es la provisión de Dios para todos nuestros pecados, no solamente para los de ellos, sino para los de todo el mundo.
Una liberación, no una decisión
Hago aquí, hermano, una pequeña pausa para traer el término. La razón por la cual lo hizo, dice aquí el versículo 4, fue para librarnos del presente siglo malo. Y escucha cómo se menciona tu salvación: como una liberación. Yo siento que siempre predico las mismas cosas, pero es que en la Escritura los temas van y vuelven: hay un solo Cristo, hay un solo evangelio, entonces hay un solo mecanismo. Y cada vez que yo predico esto vuelvo a utilizar las mismas palabras. Sean ustedes ahora quienes lo ven en el texto: que no se está hablando de tu salvación como una decisión que tú tomaste, sino como una liberación que Dios decretó y que Cristo entonces cumplió en la cruz del Calvario. No se está diciendo de ti que tú te salvaste; se está diciendo en el caso de nosotros que fuimos librados por el poder del Señor. ¿Qué es la liberación? La liberación es un acto repentino. Es una demostración de poder impresionante. Y que deja de parte nuestra una sensación de incapacidad que es humillante. Mirando la literatura de las caídas de las dictaduras, es impresionante que dondequiera que haya habido una dictadura, justo antes de que el dictador cayera, el pueblo le estaba alabando. Me puse a ver los documentales de René Fortunato, y Balaguer hablando de Trujillo decía: Trujillo, este prohombre, del cual la tierra no ha parido otro como él; han caído otros, pero este se mantiene en pie. Y no es eso: es Balaguer hablando de Trujillo. Pero después cayó Trujillo, y Balaguer estaba diciendo que él no tenía otra cosa que hacer, porque todavía existía. Y si nosotros entendiéramos lo que es una liberación, entenderíamos que es la más profunda opresión, donde nosotros por nuestros propios medios no podríamos haber salido de allí. Pero la opresión era tal que probablemente tú ni siquiera eras consciente del peligro que estabas corriendo, de forma tal que una persona que está en esa profunda opresión, lo que necesita no es un discurso, lo que necesita no es un ideal de libertad: lo que necesita es un libertador. El poder de Cristo, lo que hizo por nosotros, lo hizo para librarnos del presente siglo malo.
Liberación es un acto repentino, una demostración de poder impresionante. Los Estados Unidos tienen equipos completos que hacen lo que ellos le llaman extracciones, y es que hay una persona en un lugar que hay que rescatarlo, pero la persona no sabe cuándo le van a rescatar; él sabe que lo pueden rescatar. Y a quien va a ser rescatado no le mandan un PDF de 500 páginas para que se prepare. Tampoco le dicen la hora. Como mucho te dicen: mira, te van a venir a buscar, y cuando lleguen tú te dejas llevar. ¿Y qué debo hacer? Se te explicará en el camino, porque no depende de ti. Hermano querido, esa es la obra de Dios en tu salvación. Tú no saliste del mundo por tus propios medios, tú no quisiste salir del mundo: el Señor te sacó con su mano poderosa, al mismo modo que Israel fue sacado de Egipto. De forma tal que nosotros hablamos de nuestra salvación no como una decisión, no como un estado, no como un cambio, no como una opción que nosotros tuvimos, sino como el poder del Señor que operó en nosotros para salvarnos y librarnos del presente siglo malo. Yo lo noté así mismo, hermano. Miren: quien realmente es salvo reconoce que ha sido salvado, y quien no, normalmente dice que se salvó. Si tú realmente experimentaste el poder que hay en Cristo para salvación, tú dices que tú fuiste salvado; pero si tú no has sido salvado, tú vas a decir que yo me salvé. Sean cuidadosos con el vocabulario. Nosotros no decimos que fuimos sabios, nosotros no decimos que fuimos fuertes, no decimos nosotros que fuimos constantes: nosotros decimos que el Señor nos sacó del mundo y de este presente siglo malo con su mano poderosa, de forma tal que toda la gloria será dada a él y no a nosotros.
Un judío no podía vivir así, porque el judío sabía que él estaba luchando por cumplir la ley. Él decía: yo sé que yo estoy cumpliendo 500 mandamientos, pero tú solamente cumples 100, de forma tal que yo te saco a ti la milla. Y él se enorgullecía de su cumplimiento. Nosotros no podemos decir eso. Yo digo: de la misma manera que me sacaron a mí, te sacaron a ti; y a mí me agarró el Señor y a ti te agarró también, de forma tal que el Señor nos ha librado del presente siglo malo.
¿Qué es el presente siglo malo?
«Siglo» en la Escritura no está hablando de cien años, no está hablando de tiempo: está hablando de una era, está hablando de un estado de las cosas, está hablando de un sistema. Esa misma palabra, siglo, se podría traducir como era, espíritu de la época, sistema actual. El Nuevo Testamento también le llama mundo. Alude a un estado de cosas que no es ideal. ¿Qué es lo que es el mundo? ¿Qué es lo que es el presente siglo malo? Es el estado de la creación cuando usted saca a Dios de la ecuación. Cuando Dios no está en el asunto, a esta creación se le va la hermosura, se le va la armonía, se le va la justicia, de forma tal que podemos decir que el estado presente de las cosas es el presente siglo malo. Es una era de depravación de la cual nosotros fuimos sacados. Pero tú no veías esta realidad. Tú la ves ahora, tú la ves en retrospectiva, tú la ves a la distancia. Anteriormente tú no notabas tu necesidad de Dios. Anteriormente, las mismas cosas que al día de hoy se han vuelto para ti repulsivas, repugnantes, anteriormente vivías entregado a ellas y ni siquiera te habías dado cuenta. Una de las primeras obras que hace el Señor en nosotros es cambiar nuestra mente, de forma tal que dejamos de llamarle a lo malo bueno y a lo bueno malo, y le llamamos a las cosas como Dios les llama. Es la razón por la cual, a medida que uno camina en los caminos del Señor, es más difícil volver a convivir con el mundo. El Señor no solamente te sacó del mundo, sino que sacó el mundo de ti. Dice el proverbio que el hombre sale de la guardia, pero la guardia no sale del hombre. Pero cuando tú viniste a Cristo, el Señor no solamente logró sacarte físicamente del mundo, también sacó la mundanalidad que había dentro de nosotros, y podemos decir con convicción que hemos sido librados del presente siglo malo. Interesante: Cristo no vino para reparar este mundo. Cristo vino para librarnos de él y eventualmente destruir este mundo y volver a recrearlo. Los creyentes no tenemos una perspectiva optimista del estado de la creación. Nosotros no estamos aquí para hacer del mundo un lugar mejor. De hecho, nosotros fuimos librados del presente siglo malo porque entendía Dios que en el presente siglo malo hay poco que hacer en este momento, más allá de una horrenda expectativa de juicio y de destrucción que es lo que están esperando. Y de ahí fuiste tú librado, hermano.
Te estoy llevando a que te maravilles de una cosa mucho más grande. Por eso es contradictorio cuando un creyente dice que todavía ama al mundo. Dice así mismo Primera de Juan, que se ocupa de este tema, que el mundo pasa y sus deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre. Dice Santiago que la amistad con el mundo es enemistad contra Dios. ¿Y qué es lo que es el mundo? ¿Qué es lo que es esa mundanalidad? Son los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y es la vanagloria de la vida. Ahí vivías tú y ni siquiera te dabas cuenta. Lo más hermoso de la vida cristiana es que el Señor quita el mundo de nosotros y a nosotros no nos avisan cuándo nos quitaron el mundo. Tú llegas a ver la vida desde una perspectiva más alta, tú llegas a desear las cosas de arriba. El Señor cambia el registro de tu corazón, cambia tus emociones, de forma tal que tú tendrás que testificar con Pablo que nosotros hemos sido liberados, que no salimos por nuestros propios medios. Si vas a recordar algo, hermano, recuerda esto: sé humilde respecto de tu salvación, porque tú no la tuviste por tus propios medios, sino por el poder de Dios para salvarte.
Conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre
¿Cómo lo hizo? Dice que lo hizo conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre. No está mal, hermano, decir que tú tomaste una decisión en un momento, pero los clavos no deciden. Tengo prohibido, hermano, ilustrar cosas con temas de la casa y demás, pero yo no tolero ese asunto de que «queremos hacer tal cosa». Los muchachos no deciden. ¿Me entienden el pensamiento? Esto no es una democracia. Los niños de esta casa me mencionaron el otro día que existen los derechos del niño. Hermano, si eso es en tu casa, en tu casa pues usted entiende que un muchacho no es que va a estar mangoneando. ¿Quiénes somos nosotros para poder, con nuestros propios medios, sobreponernos a este mundo? Este mundo es más fuerte que tú. Tú no eres más inteligente que la media, tú no eres mejor que los otros. Y si tú saliste del mundo, saliste del mundo porque fuiste librado del presente siglo malo. Y tú dices: ¿por qué yo fui librado del presente siglo malo? Lo dice la Escritura: conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre. La única razón por la cual nosotros fuimos salvados es porque él quiso salvarnos. Yo lidiaba con esta idea, hermano: ¿dónde colindan, dónde hacen esquina la libertad humana y la soberanía de Dios? No he podido responder la pregunta, pero yo he podido responder la pregunta de la manera siguiente: soy salvo. Amén. Pastor, yo quiero saber en qué momento fue que el Señor comenzó a salvarme, si fue en el momento en que yo tomé una decisión, si respondí la oración. Hermano, ¿y para qué? Si tú comenzaste a buscar, es porque él quería que tú buscaras.
Dice la Escritura que él ya fue dispuesto por Dios desde la eternidad pasada, de forma tal que la manera en que tú comienzas a operar… trátate de no tener una curiosidad malsana, sino de tener el contentamiento de que tú has sido salvo, verdaderamente salvo. ¿Y por qué soy salvo? Conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre. Interesante que el apóstol Pablo no trata de buscar un motivo más allá para tu salvación que no fuera solamente el puro afecto de la voluntad de Dios. Te he estado mostrando que necesitamos ver a Dios detrás de sus instrumentos, de forma tal que ya no compitamos a ver si fue Pablo el que te predicó o si fue otra persona: al final, el instrumento que haya sido, Dios quiso salvarte. Te he mostrado que deberías maravillarte en tu salvación, de forma tal que dejes de estar buscando un sistema religioso más completo, unos mandamientos más densos o unas nuevas fiestas, sino entender que la obra más grande sucedió en la cruz del Calvario. Y mientras más gozo, más maravilla, más expectación produzca en ti el sacrificio de Cristo, más seguro tú estarás.
Toda la gloria para Dios
Termino mostrándote que el propósito de todo esto es que demos a Dios toda la gloria. Y lo que realmente necesita tu salvación, lo que realmente necesita tu fe, es que se viva para la gloria de Dios. Dice el versículo 5: a quien sea la gloria por los siglos de los siglos, amén. Dentro de todos nosotros hay un reclamo de gloria: nosotros quisiéramos que todo eso fuera glorioso por nuestros propios medios, que sí, que lo hemos logrado. Gracias al Señor que hizo esta obra en nosotros, a pesar de nosotros, por medio de Cristo, sin intervención nuestra, que lo hizo completamente aun antes de que nosotros pudiéramos darnos cuenta, de forma tal que la gloria de Cristo quede asegurada y ninguno de nosotros pueda tratar de sacar pecho diciendo que nosotros nos salvamos por nuestros propios medios. Toda la gloria se ha reservado para Dios el Padre a través de la obra de Cristo en la cruz del Calvario. Dentro de nosotros hay un deseo de robarnos un poquito. Queremos sentir que realmente hicimos algo. Estamos abrumados de la gracia del Señor sobre nosotros, ¿y qué hago? Es difícil quedarse quieto cuando todo está siendo regalado. No, no hay nada que hacer. Pero déjame hacer algo. Una sensación como de incomodidad. La única manera de resolver eso se llama adoración. Es una tensión, que tú sientes la desproporción. Tú dices: yo he sido enriquecido en Cristo, he sido profundamente amado en él, he sido libertado con el poder del Señor, ¿y yo no voy a hacer nada entonces? ¿Entonces aquí estamos nosotros como si fuéramos muñecos? No. Estamos aquí para la alabanza de su gloria, estamos aquí para la exaltación de su nombre. Y lo que nuestra fe realmente necesita es que se viva por la gloria del Señor, porque si tú intentas hacer algo por tus propios medios, tú vas a tratar de que te demos la gracia. Pero si tú entiendes que Cristo hizo todo lo que había que hacer (hecho), entonces toda la gloria se ha dado a Dios el Padre por los siglos de los siglos.
El propósito general del evangelio es disminuir al hombre para exaltar a Dios por la obra de Jesucristo. Los hombres no quieren el evangelio, ¿saben por qué? Porque en el evangelio no hay mérito para ti. Los hombres quieren la salvación por obras, los hombres quieren el legalismo. Y tú vas a decir: pero es que el legalismo es incómodo. Sí, es incómodo, pero yo puedo decir que yo cumplí y tú no cumpliste. El evangelio humilla, el evangelio te muestra impotente, el evangelio te muestra dependiente, y el evangelio sobre todo te hace agradecido. Una persona que ha interiorizado el evangelio está testificando poderosamente que no es Pablo, es Cristo; está testificando que no fui yo, que fue Cristo; y está testificando que no es para mi gloria, sino que es para la gloria suya. Esa religiosidad del judaizante es en un momento atractiva. Me di cuenta que a la gente le gusta que se la pongan difícil. ¿Han visto estos personajes que emergen en las redes sociales, que visten como de un solo color, como muy rígidos y todas esas cosas? Eso produce un atractivo impresionante en la gente, porque me hace sentir que soy mejor que tú: yo me visto como tú nunca te vestirías, y yo hago lo que tú nunca harías, y yo me abstengo de lo que tú no tienes la capacidad de abstenerte. Y tú le dices: yo tengo a Jesucristo, y yo tengo el evangelio, y no hay gloria para ti ni hay gloria para mí, sino que toda… a quien sea la gloria por los siglos de los siglos, amén.
La religiosidad es atractiva, el legalismo es atractivo, el moralismo, esa manera de vivir como cumpliendo con un check: dime cinco, que yo los hago. Ay, nosotros no hemos tenido que hacer ninguno, y como no hemos tenido que hacer ninguno, la exaltación está asegurada por los siglos de los siglos para él. Un creyente debería estar percibiendo esta incomodidad y solamente intentar resolverla a través de la adoración. Estos primeros cinco versículos: ya ustedes se dan cuenta cuál es la tesitura de la carta. Y esto continúa más o menos así: menos de nosotros, más de Cristo y más gloria para el nombre del Señor. ¿Cómo es que se ve el evangelio? El evangelio es la buena noticia de que Cristo se dio a sí mismo por nuestros pecados y que lo hizo para rescatarnos. Cuando él dice «para rescatarnos», tú dices: sí, para rescatarme, porque yo no iba a poder salir por mis propios medios. Lo hizo por la voluntad de Dios y no por la nuestra. El Señor no te salvó porque tú oraste; tú oraste porque el Señor te salvó. Cuando nosotros no entendíamos el peligro de este mundo y cuando éramos completamente impotentes para salir de allí por nuestros propios medios.
El evangelio reduce el protagonismo de los medios humanos y exalta la gloria de Dios. ¿Cuánto se parece esto a Romanos 5:6? Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Gózate en la obra del Señor en tu salvación, atesora estas cosas y caminarás por un camino seguro.
Oración final
Oro por la iglesia. Ay, hermano, que el Señor te permita recordar qué es lo que realmente tu fe necesita. Padre, permítenos vivir para la gloria tuya. Permítenos descansar en tu obra en la cruz y permítenos estar satisfechos en nuestra salvación, sin importar, Señor, cómo y dónde ocurrió. Padre, gracias por los instrumentos limitados que utilizaste para la salvación de todos nosotros. Te doy las gracias a ti, Señor, por las personas que le predicaron el evangelio a mis hermanos la primera vez. Te doy las gracias, Señor, por la congregación donde ellos lo escucharon. Gracias, Señor, por los medios limitados que utilizaste para hacer esta obra tan grande. Permite que, al considerar la precariedad, Señor, del instrumento, podamos sentirnos aún más satisfechos de tu gloriosa salvación. Permítenos interiorizarlo para la gloria tuya, en el nombre de Jesucristo. Amén. Que el Señor les bendiga, mis hermanos. Cantemos alabanza a nuestro Dios.