Cuatro grandes cosas que Cristo hizo a favor nuestro
Les pido a los más grandecitos que se pongan ahí sobre sus pies y abran sus Biblias un momento. Estemos juntos en el libro de Colosenses, en el capítulo 1. Tenemos ya tres semanas con el favor del Señor en el libro de Colosenses. Estaremos leyendo Colosenses capítulo 1, versículos desde el 12 y hasta el 14. Quisiera desde esta porción de la Escritura mostrar a la congregación algunos hechos asombrosos al respecto de nuestra salvación.
Dice así la Sagrada Escritura, la Palabra del Señor. Dice Pablo, escribiendo a la iglesia de los colosenses:
Con gozo, dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz; el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.
— Colosenses 1:12-14
Pueden sentarse, mis hermanos. Tenemos ya tres semanas en el libro de Colosenses y todo en este libro se ocupa de Cristo. Y no hay otro deleite más grande en mi vida que predicar directamente acerca de Cristo. Sería un desperdicio predicar la palabra del Señor y no terminar en nuestro glorioso Salvador. Pero hay porciones de la Escritura y libros como estos que se centran exclusivamente en Cristo. Todo en Colosenses transpira Cristo, evangelio, buenas noticias.
Esta es una carta muy agradable para los creyentes, pues todo lo que hay aquí es positivo. Les decía la semana pasada que esta porción de la Escritura tiene cosas que ya sucedieron y son todas cosas a favor de nosotros. Hoy estaremos mostrando cuatro grandes cosas que ha hecho Cristo a favor de nosotros, que son hechos asombrosos sobre nuestra salvación.
No podemos llegar a comprender cabalmente todo lo que ocurrió en la cruz. La cruz para mí, en gran medida, es un misterio. Ahí sucedieron cosas de las cuales yo he sido recientemente consciente. Y mientras más comprendo la cruz de Cristo y el milagro de nuestra salvación, entonces más gozo hay en mi alma, más gozo siento en mi corazón. Esto es una fuente inagotable. Si tú quieres contemplar la obra en la cruz de Cristo, tu salvación se va a ver cada vez más grande, más brillante, más gloriosa. Por eso comienza Pablo diciendo «con gozo, dando gracias al Padre».
Aquello que sabemos sobre la cruz y la salvación lo sabemos por revelación, pero todo es asombroso. Son cosas que uno debería decir, por lo menos espiritualmente hablando, ¡wow! Ya tú eres salvo, pero yo quisiera que tú veas cómo tú fuiste salvado. Y que cuando tú veas los detalles grandes de tu salvación, tú mires hacia el cielo y digas: Dios, gracias. Yo fui salvado por el Señor hace muchos años, pero recientemente volví a observar la cruz y la obra de salvación, y lo mínimo que dije fue eso: ¡wow! Todo esto ya ocurrió. Todo esto es irreversible. Todo esto está a favor mío.
Yo sé que tú eres salvo. Pero yo quisiera que tú no solamente fueras salvo, yo quisiera que tú seas gozoso, agradecido. Hay millones de personas que realmente son salvas, pero no saben lo que tienen. Han recibido dones preciosos, han recibido una obra gloriosa, y todavía no comprenden del todo su salvación.
Que tu salvación no sea un documento debajo del colchón
Yo concedo eso: tú eres salvo. Pero quisiera que seas salvo y al mismo tiempo gozoso. Quisiera que fueras agradecido. Que tu salvación no fuera solamente uno de esos documentos que tú tienes debajo del colchón, sino que tu salvación sea una prenda viva, un asunto glorioso. Que este sea el centro de tu gozo.
Hay muchas cosas que a mí me dan alegría en mi día a día. Yo miro por dondequiera, hermano. Yo soy un privilegiado del Señor, porque siempre tengo motivos de acción de gracias y muchas cosas me dan satisfacción. Tengo una profunda satisfacción —sin orden, hermano, sin orden— en la familia, en los hijos, en el matrimonio, en mis hermanas, en mis cuñados, en mi iglesia local, en mi llamado, en mi ministerio. Pero todas esas cosas me dan rendimientos cambiantes: algunas me dan más satisfacción a veces, otras me dan otra satisfacción en otras veces. Sin embargo, la salvación de mi alma me da un gozo que es creciente.
Es un asunto que no se detiene. No ha habido un año donde yo no sienta el privilegio de mi salvación, y mientras más crezco en mi conocimiento de Dios, esto se vuelve aún más glorioso, aún más satisfactorio. Verdadera comida.
En esta porción de la Escritura hemos visto primero el evangelio como una palabra verdadera y algo digno de confianza. Después vimos una oración centrada en el evangelio. Veamos ahora algunos hechos asombrosos sobre nuestra salvación. Reitero: no son tareas por hacer, sino hechos cumplidos en los creyentes, para atender y para maravillarte.
Y alguien me va a decir: «pero tiene tres semanas que nos va dejando como de lado, porque le predica a los creyentes; ¿qué van a hacer conmigo?». Le he preguntado a una persona que tiene grandes inversiones en tierra que cómo llegó a invertir en tierra. Y me dijo que le escuchó una conversación, y que en la conversación alguien dijo que la inversión en tierra es una inversión muy segura, y que es la mejor manera de tú hacer patrimonio. Y él salió a investigar cómo se invierte en tierra. Y ha comprado tierra, ha comprado unas cuantas propiedades.
Yo quiero mostrarles su herencia hoy a los creyentes, esperando despertar a aquellos que no han creído, de forma tal que ellos digan: si ellos la tienen, yo también la quiero. Aquí hay un grupo de gente que fue salvo, ¿y qué pasa conmigo? ¿Y mi salvación? Yo quisiera despertar ese interés espiritual en la gente, de forma tal que vean al pueblo del Señor celebrar su salvación y ellos miren al cielo buscando misericordia. Que tú escuches aquí a los herederos hablando de su tierra y tú te preguntes qué es lo que hay que hacer para tener un pedazo de ese asunto.
Ideas erróneas sobre la propia salvación
Como preámbulo le digo, hermano, que aun creyentes que son verdaderamente salvos pueden tener ideas erróneas sobre su salvación. Eso no demerita tu salvación. La salvación es un hecho concreto. Que tú entiendas cómo sucedió ese hecho concreto, esos son otros cien pesos. Si usted fue salvo, usted es realmente salvo, aunque sus ideas sobre su propia salvación no sean las más correctas. Son dos cosas distintas. Nosotros no somos salvos por entendimiento, somos salvos por gracia. Y después que tú eres salvo por gracia, tú entiendes. Yo espero que tú entiendas las cosas correctas, pero tú no necesitas entender correctamente para ser salvo.
Ahora, tú necesitas entenderlo para ser gozoso y agradecido, eso sí. Tú puedes ser un salvo aburrido. Tu salvación puede no sentirse. Sobre todo, yo quisiera que mi iglesia comparta su salvación, y para tú compartir tu salvación, tú deberías querer hablar de ella. Mostrarla. Que la gente vea en tus ojos que tú sientes el privilegio. Que tú sientas que eres verdaderamente salvo, gloriosamente salvo, poderosamente salvo, y la gente te diga: wow, ¿pero qué fue lo que tú hiciste? Que tú muestres a Cristo.
Muchos de ustedes fueron salvados, pero todavía dicen que ustedes decidieron seguir a Cristo. Y yo puedo entender lo que están diciendo: hubo una oferta que se puso ante ti, en algún momento tú dijiste que sí, en algún momento tú afirmaste, en algún momento tú recibiste. Pero tú no fuiste salvado porque tú dijiste que sí, tú no fuiste salvado porque tú recibiste a Cristo. Probablemente tú recibiste un regalo, pero tu recibimiento no fue lo que produjo el regalo. A ti te dieron a Cristo desde antes de la fundación del mundo. «Con amor eterno te he amado», dice la palabra, «por tanto, te prolongué mi misericordia».
Tu salvación es mucho más que una decisión o una intención. Y si hasta ahora te he hablado de tu salvación como una decisión personal —«yo tomé mi decisión»—, yo quisiera mostrarte que esa decisión, ay hermano, eso no es ni la cherry del bizcocho. El calimetico que le pusieron a la bebida, eso no se compara con relación a lo que es la decisión de Dios por salvarte. Y tú vas a decir: yo decidí aceptar a Cristo. Yo te voy a mostrar que Él decidió salvarte; el Padre decidió salvarte en Cristo mucho antes de que tú entendieras que tú necesitabas a Cristo. Y cuando tú entiendas esa verdad, tú digas: wow. Yo no espero siquiera que tú entiendas esa verdad cabalmente, pero que entiendas medianamente que esto es más que decisión.
Hay otros que dicen que fueron salvados porque con la ayuda de Dios se apartaron de determinado pecado. Tú te preguntas: ¿por qué tú eres salvo? Porque yo no estoy pecando. Ay, hermano, tu salvación es más grande que tu santificación. El Señor va a hacer que tú te apartes de todo pecado, pero eso no es una simple limpieza. De hecho, hay gente que se ha apartado de determinados pecados y aún no son salvos.
«Yo fui salvado porque, aunque pequé, me arrepentí pronto de mi pecado, e hice ahí la oración del pecador». Tu salvación es mucho más que un arrepentimiento de última hora. Hay personas que tienen una oración siempre presta porque están esperando que pueda sobrevenirle un infarto, un accidente, una cosa rápida. Ay, hermano, no viva así. Tú no serás salvo por tu santidad, tú serás salvo por un asunto que se llama adopción. De hecho, tú te has santificado porque primero fuiste adoptado, pero tu nivel de santidad no es lo que te hace capaz.
Nosotros no somos salvos porque seamos limpios. Hemos sido limpiados porque hemos sido salvados. De hecho, el perdón de pecados, en este listado de cuatro cosas, el apóstol Pablo lo deja de último. Y de haberte perdonado los pecados tú esperabas que fuera lo primero. No es la cosa más importante; es tan importante como lo demás, pero no es lo primero.
«Yo fui salvado porque creí», dice alguno. ¿Por qué tú estás seguro de tu salvación? Porque yo he creído, es por fe. No, dice la Escritura: por gracia. «Por gracia sois salvos por medio de la fe». Y después, para que quede claro, establece en Efesios 2:8: «y esto no de vosotros, pues es don de Dios». Si acaso yo puse los ojos en el lugar correcto donde había salvación, es porque alguien llamó la atención mía hacia allá. La gracia me fue dada aun antes de que en mí existiera fe, de forma tal que la fe es un don de Dios.
Primero: Él te hizo apto
Comienza el versículo 12 diciendo que nosotros fuimos hechos aptos para participar en la herencia de los santos. Es una de las grandes columnas de tu salvación: «con gozo, dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar». Permíteme, hermano, mostrarte que por tus propios medios tú no tenías la aptitud necesaria para ser recibido por Dios. Pero para que tú seas recibido por el Padre, Él te hizo apto en Cristo Jesús. Él te cualificó.
Para sentir el privilegio de tu salvación, debes reconocer primero tu ineptitud. De hecho, dice Efesios, que es una carta paralela, pues las dos se escribieron cerca, que Él nos hizo aceptos en el Amado. Él no te aceptó a causa de tu mérito. Él te hizo a ti acepto para que tú puedas tener una herencia.
El evangelio nos muestra que Dios es realmente muy santo y que nosotros somos muy pecadores. Y mientras más tú conoces el evangelio, esa brecha se vuelve aún más grande. Mientras más tú creces en los caminos del Señor, más santo se vuelve Dios. Mientras más tú lees las Escrituras, tú llegas a entender el abismo de separación que hay entre Dios y nosotros.
Y mientras más te conozcas a ti mismo, como la gente quiere buscar, más asustado deberías estar. Tú eres peor de lo que tú pensabas. Tú eres mucho peor de lo que la gente creía. Tu nivel de ineptitud todavía tú no lo has dimensionado en la mente, pero era un asunto imposible que tú por tus propios medios seas salvo. La gente dice que quiere sentir a Dios. Tú no quieres sentir a un Dios verdaderamente santo.
Cualquier punto intermedio confirma que tú o no has recibido o no has entendido el evangelio. Punto intermedio son aquellos que dicen: «mira, es que hay gente que es peor que yo. Yo soy salvo porque hay otros que son peores que yo». No. De hecho, los seres humanos vivimos en eso, en autopromovernos y desacreditar a los demás, porque parece que si desacreditamos a los demás y nos autopromovemos nosotros, con eso vamos a tener algún tipo de salvación. «Todos se descarriaron, a una se hicieron inútiles».
«Mira, que Dios no es tan exigente como los cristianos dicen. Él realmente me ama». Vives tu película, te lo concedemos. Pero ¿por qué tú crees que Él te ama? «Porque yo siento que Él me ama». Yo siento muchas cosas, y tú también. Nuestra salvación no es un sentimiento. Es un hecho. «Es que yo creo que Él me ama, yo sinceramente lo creo». Tú puedes creer muchas cosas, y eso no te hace heredero.
No habrá excepciones ni excusas
«Conmigo Dios hará una excepción», dicen otros. «Yo sé que todos los demás pueden decir otra cosa, pero yo estoy esperando que cuando yo esté en su presencia, conmigo Él hace una excepción». Yo te quiero preguntar: ¿realmente tú te crees mejor que Cristo? Porque Cristo, cuando estaba llevando nuestros pecados hacia la cruz, oró al Padre y le dijo:
Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.
— Mateo 26:39
Le dice «Padre mío», con la familiaridad que solamente Él tiene. Y si a su Hijo amado, que realmente es perfecto, el Padre no le evitó la cruz, yo te pregunto: ¿realmente tú crees que contigo van a hacer una excepción, una particularidad? ¿Tú eres mejor que Cristo? Existe una cruz, existe salvación para nosotros, porque el Padre le dijo que no.
Y cuando tú estés en su presencia y le digas: «Padre mío, aquí estoy yo, que soy un pecador muerto en mis delitos y pecados, y quiero apelar a tu misericordia», ¿tú crees que va a tener más misericordia de ti que la que pudo haber tenido sobre su Hijo amado, que realmente era perfecto? Yo no creo que nadie debería aproximarse a un encuentro con Dios pensando que Dios con él va a hacer una excepción. Pues si no la hizo con su Hijo, tampoco la va a hacer contigo.
Y en esas excepciones vive el pecador. Y eso es muy dominicano. Los dominicanos siempre estamos buscando que con nosotros se haga una particularidad. Por eso las leyes no funcionan. Siempre hay alguien que sale de la casa de la diligencia y dice: «mire, ven acá, acércate, déjame decirte una cosa». La situación es difícil, sabemos buscarle la vuelta. A esto no se le busca la vuelta. Cristo es la vuelta. «Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres en que podamos ser salvos».
Si alguien está esperando un encuentro con Dios donde haya misericordia, no va a haber misericordia, porque hombres mucho mejores que tú fueron reprobados por Él. Y cuando yo veo eso digo: ay, Rafael Pérez, agárrate de Cristo. Porque en Cristo nosotros hemos sido hechos aptos, no porque nosotros lo tuviéramos, sino porque se nos ha imputado su justicia. Las excepciones no van a ocurrir; la misericordia es ahora.
Otros apelan a su ignorancia: «es que yo no conozco mucho». Yo a veces asumo que la gente no quiere venir a la iglesia, no quiere escuchar el evangelio, para quedarse en su ignorancia. Yo entiendo el truco, yo también lo hice. Estás asignado a la tarea y tú estás así, medio loco: «profe, es que yo no entendí, es que yo estaba enfermo, es que ese día yo no vine». Y es hoy que se entrega la tarea. «Pero haga conmigo una excepción».
Caro daba clase en el ITLA, y yo disfrutaba su clase intensamente —yo estaba enamorado de mi esposa, hermano—. Es muy buena maestra, pero tiene una combinación como maestra que es sumamente complicada, porque ella es graciosa y exigente. Y reprueba a los alumnos con una sonrisa, y ellos creen que aprobaron. «Profesora, ¿realmente que me quemé, que usted me está diciendo sí?». Y yo la veía, hermano, y era sorprendente: ella le está diciendo a ese estudiante que ha desperdiciado cuatro meses de su vida tomando una clase que a él le ha encantado, y después le dice: nos vemos la próxima, vuelve a inscribirla. Y los estudiantes lo entendían y volvían y se inscribían.
Que el Señor en este tiempo haya extendido, prolongado su misericordia, no significa que el Señor te esté aprobando. Y probablemente, en tu falsa expectativa, tienes un futuro de condenación. Yo mismo le decía a Caro: «pero dale los puntos, mujer, ayúdalo, tú no lo vas a dejar que se vaya así». Yo creo que hasta yo salía en el video de vez en cuando, hermano, intercediendo ahí. Ah, pero yo no voy a poder interceder por ti cuando tú estés en la presencia del Señor y quieras que contigo se haga una excepción, una particularidad.
Él es justo, Él es verdaderamente justo. Él es santo, Él es impresionantemente santo. Y Él es poderoso, absolutamente poderoso. Y no hay ningún hombre que esté exonerado del conocimiento de Dios, porque lo que era necesario, Él te lo dio a conocer.
Yo sé que alguien va a decir: «no, es que eso lo predicaron en la Reina Valera del 60, que tiene “vosotros”, “oísteis”, y como eso es Reina Valera del 60, yo no lo entendí, Señor, y por eso fue». Se lo traigo entonces en la Biblia Dios Habla Hoy. «No, es que eso yo era católico». La Dios Habla Hoy la usan los católicos y también la utilizan los evangélicos. O sea, se la traigo en Dios Habla Hoy. Y lo que dice la Dios Habla Hoy en Romanos 1:20-21 es:
Pues lo invisible de Dios se puede llegar a conocer, si se reflexiona en lo que él ha hecho. En efecto, desde que el mundo fue creado, se ha podido conocer su poder eterno y su naturaleza divina. Por eso los malvados no tienen disculpa. Pues aunque han conocido a Dios, no lo han honrado como a Dios ni le han dado gracias. Al contrario, han terminado pensando puras tonterías, y su necia mente se ha quedado a oscuras.
— Romanos 1:20-21
Escucha: Dios te está diciendo que ya tú le has conocido, que tu nivel de entendimiento sobre Dios es suficiente para tu reprobación.
Por eso cada vez que yo veo un documental, yo digo: ahí está su condenación. «La madre naturaleza». «La naturaleza es sabia». «La ley natural». ¿Y quién hizo la ley natural? ¿Y quién parió a la madre naturaleza? Si usted está en esta creación y usted está respirando, hay condenación sobre usted. Usted no va a poder llegar a decir: «no, yo nunca leí la Biblia completa, yo solamente leí algunos pedacitos, y el predicador que yo tenía no era muy eficiente, ese hombre no predicaba el evangelio, hablaba de muchas cosas». Ay, por favor, no te excuses en mí cuando tú estés en la presencia del Señor, porque yo le diré al Señor, cuando te mire así de lado: yo se lo prediqué, en la Biblia Dios Habla Hoy.
Señor, toda mi vida yo soy Reina Valera, pero ese día yo le traje el texto en la Dios Habla Hoy y se lo dije. Yo realmente quiero que tú seas salvo, pero yo tengo que honrar la fidelidad de mi Dios, que se ha dado a conocer a sus criaturas de forma tal que no tienen excusas.
Los herederos son santos y andan en luz
Al leer quiénes son y cómo viven los herederos, nosotros reconocemos nuestra imposibilidad. Escuchen la herencia: «con gozo, dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz». Y cuando yo veo quiénes son los herederos, yo digo: pero si la herencia es de los santos en luz, definitivamente que yo no voy a heredar. Porque ni somos santos, ni vivimos en luz.
Y cuando veo el requerimiento, que es ser santo, yo te pregunto: ¿qué tan santo? Tan santo como Él es. Lo que dice la palabra es: «sed santos, porque yo soy santo». Pero yo no puedo alcanzar el nivel, no puedo ser cualificado, no llego, no llego. Y después dice que Él habita en luz y que su pueblo también anda en luz, y tú reconoces a ti mismo que en tus actos tú no andas en luz. Un hombre serio reconoce su tiniebla: aquí hay oscuridad. Y para participar en la herencia yo necesito ser santo y andar en luz. Y como no tengo ninguna de las dos cosas, yo necesito el evangelio.
El evangelio nos indica que hemos sido cualificados, hechos aptos, hechos aceptos, como dice Efesios, en Jesucristo. No por mis medios, sino por los medios suyos. Y tu única esperanza de salvación cuando llegas a la presencia del Señor es haber puesto tu esperanza en el único que te puede salvar: Cristo. Pues no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres en el cual podamos ser salvos.
Del Edén al velo rasgado
El Antiguo Testamento está lleno de referencias sobre nuestra ineptitud para tener comunión con Dios. Lleno. De forma tal que nadie aspire a llegar por sus propios medios. En el jardín del Edén, cuando Dios tenía comunión con nosotros, hubo algo que se llamó pecado, y eso que se llama pecado trajo separación entre Dios y la criatura.
Y el hombre, que anteriormente podía aproximarse a Dios a rostro abierto, en ese momento tuvo vergüenza y se escondió de Dios. Y Dios salió a buscar al hombre, y el hombre hizo esfuerzos de cubrir su pecado y su desnudez con hojas. Y el Señor le preguntó: «¿y quién te enseñó que estabas desnudo?». Uno ve al hombre ya reaccionando ante Dios con temor. Y fueron expulsados del jardín del Edén. Y cuando fueron expulsados, querubines fueron puestos con espadas encendidas. Te están diciendo que Dios es absolutamente santo y que en tu condición de pecado no puedes tener comunión con Dios.
Se nos olvidó lo que pasó en el jardín del Edén. Han pasado ya muchos años, cientos de años. El Señor trajo el tabernáculo, y en el tabernáculo estableció su morada. Una parte se llamaba el Lugar Santísimo, y al Lugar Santísimo tú no podías llegar. De hecho, tú no podías entrar ni siquiera al Lugar Santo. Y en el Lugar Santísimo, que era lo que representaba la presencia del Señor, si tú entrabas ahí, morías. Porque Él es santo y tú no lo eres. En el templo de Salomón, el Lugar Santísimo tenía cortinas, y esas cortinas tenían dibujos de querubines, recordando que algo sucedió por lo cual hay separación.
Si ustedes realmente temen por su alma, hoy hay un libro que se llama así mismo, El jardín, la cortina y la cruz. Está ahí afuera, está disponible. Léalo. Es una historia para niños. Yo traje el de Yuli, me lo prestó. Un libro para niños, pero yo creo que un adulto debería leerlo. Yo se lo leí a mi niña y mi alma fue nutrida. Dice así:
Dios hizo un jardín, y en este jardín todo era maravilloso. El mundo estaba lleno de carcajadas, sonrisas y diversión. Allí nada era malo, nunca. Allí nadie estaba triste, jamás. Y lo mejor de todo era que Dios estaba allí. «Hola, Adán. Hola, Eva». Cuando tú llegues a la presencia del Señor, recuerda que un predicador un día te leyó el evangelio como si tú fueras un niño, y que en un libro de historias infantiles te recordaron que tú estabas separado de Dios.
Él lo había creado todo, Él estaba a cargo de todo, Él amaba todo. Y las personas podían ver a Dios, y hablar con Dios, y simplemente disfrutar de su amorosa compañía. «Eva, Dios está aquí, quiere pasear con nosotros otra vez. ¿No es genial? ¡Yupi!». Ay, hermano, yo te amo tanto que te quiero hasta decir «yupi», ¿entiendes? «Apuesto que va a ser aún más emocionante que ayer».
Era maravilloso vivir con Dios, pero entonces, un día, las personas hicieron algo terrible: decidieron no obedecer a Dios. Prefirieron un mundo donde Dios no estuviera a cargo. Dios llama a eso pecado. El pecado lo daña todo. Por eso el pecado no puede estar en el maravilloso jardín de Dios. Dios dijo a las personas: ya no pueden vivir conmigo en mi jardín. Y los envió afuera. Para que las personas entendieran que no podían entrar, Dios colocó ángeles guardianes en la entrada. Los ángeles eran como un letrero gigante que decía: no entrar. Ahora las cosas estaban mal, y muchas veces las personas se sentían tristes, pero aun así seguían pecando, porque no querían que Dios estuviera a cargo. Así que ya nadie podía entrar a aquel lugar maravilloso.
Si alguien está confiando en que va a tener un encuentro con el Dios que es absolutamente santo, absolutamente justo, que se ha revelado a todo hombre de forma tal que el hombre no tenga excusa, la única esperanza que hay para eso es haber sido hecho apto para participar de la herencia de los santos que están en luz. Y eso solamente se logra en Cristo. Cuando Cristo murió en la cruz por nosotros, dice que el velo del templo se rasgó. Están diciendo figuradamente: a través del sacrificio de Cristo, ustedes pueden entrar. Por sus propios medios nunca lo lograron, pero en Cristo fuimos hechos aptos para participar de la herencia de los santos.
Y esa es la primera gran columna de tu salvación: tú no eres apto, el Señor te cualificó en Cristo, por lo cual la herencia es tuya. Asúmelo con humildad. Tú no te pareces del todo a Él, pero tú eres hijo suyo por adopción. Me reía anoche, hermano, y pensaba: nosotros nos parecemos a los hijos de Madonna, que ella es blanca como la leche y uno de sus hijos es morenito.
Y la gente indiscreta te pregunta: «yo soy hijo de Dios». ¿Y por qué ustedes no se parecen? Eso no se pregunta, estate quieto, que somos adoptados. Él está formando, está poniendo su carácter en nosotros. Yo sé que no nos parecemos, que somos adoptados. Adoptados es que somos, ya, ya. Indiscreto, tanto que preguntan. Eso no se pregunta. ¿Y tú no ves que Él es absolutamente santo y yo todavía estoy en transmisión de prueba? Pero soy heredero. Es un asunto legal. No es de fisonomía, no es ni siquiera de carácter. Yo soy parte de esa herencia.
Y es parte de mi gozo, porque es una herencia que está segura. Mi salvación no depende de mi cualificación, mi salvación no depende de mi rendimiento; mi salvación depende de que con amor eterno me amó y me salvó por gracia. Y cuando me salvó por gracia, me dio fe. Y cuando yo veo eso, tengo gozo y tengo gratitud. Tengo algo que no pude haber obtenido por mis propios medios, tengo algo que ninguno de ustedes me pudo haber dado. Él me salvó en Cristo. Y eso solamente es un elemento.
Segundo: librados de la potestad de las tinieblas
«El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas». Él no solamente te hizo apto; Él al mismo tiempo te libró de un poder: la potestad de las tinieblas. Las Escrituras muestran el poder de las tinieblas como una corriente y como un espíritu. Dice así el mismo Efesios 2:2: «el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia». Y no lo muestra como algo sencillo. Por lo cual yo te digo que no digas que tú fuiste salvo por tu decisión, porque con tu decisión tú no podrías suspender ese poder que te tenía esclavizado: la potestad de las tinieblas.
A mí me llama la atención que Dios, que es absolutamente poderoso, cuando Él nos presenta las tinieblas, nos las muestra como algo que también es poderoso.
No tanto como Él, pero son poderosas. Porque Él quiere que tú sepas de dónde Él te sacó. La Escritura hace un gran esfuerzo para que entendamos que el diablo es poderoso, que los demonios son poderosos, que las tinieblas son reales. Y si tú dices: «pero si Él es todopoderoso, ¿por qué presenta al diablo y las tinieblas y las corrientes del mundo como un poder que es más fuerte que tú?». Porque Él quiere que tú te goces en tu salvación y que realmente reconozcas de dónde fuiste sacado. Que tú no solamente fuiste sacado de tu ignorancia, sino que fuiste liberado de la potestad de las tinieblas. Y eso no es poético ni figurado, eso es real.
Y tú me dirás: «no, es que yo era neutral». El que conmigo no recoge, desparrama. Aunque todos los incrédulos viven bajo la potestad de las tinieblas, que es un dominio legal y una influencia, no todos han degenerado igual. Muchos incrédulos viven en una aparente libertad. La corriente del mundo es estar bajo la influencia de la potestad del príncipe de este mundo sin sentirlo. Tú tarde o temprano lo vas a sentir. Y tú no tienes que ser consciente para estar bajo la influencia diabólica. De hecho, Satanás logra más en la ignorancia que en la consciencia. El plan estratégico del diablo es que la gente no sepa que está atada.
Tú no eres libre. Tú necesitas un gran salvador, que es Cristo Jesús. Tú estás en peligro. Y ese peligro es una influencia, ese peligro es una potestad, ese peligro es un dominio, ese peligro es un reino: el reino de las tinieblas, que es real. La gente le llama a eso maldad, perversidad, gente de violencia, corrupción. Se llama pecado, y es la cuerda con que el diablo ata al ser humano. «Y el que practica el pecado, esclavo es del pecado». Y tú dices: «pero yo no soy esclavo, yo tengo libertad». En el librito de los dictadores se sabe que el pueblo no necesita saber que está siendo oprimido. De hecho, donde está su genialidad es en hacer que tú sientas que vives en libertad y que estás recibiendo grandes privilegios. Yo no creo que el diablo sea tonto; vamos a tratarlo como realmente él es.
Lotso y la libertad aparente
Al final de los tiempos él se revelará como él era y la gente se va a dar cuenta. Pero él se viste de ángel de luz. Usted dice que tiene libertad. Ya le traje libritos infantiles, traducciones populares; háblenme un chin de película. Toy Story 3, hermano. Hay un personaje que a mí me parece genial y diabólico: el peluche Lotso. Cuando llegan los juguetes a la guardería, el peluche Lotso los recibe, les da la bienvenida: «hermanos, este es el paraíso». El oso Lotso era un oso cariñoso, que daba abrazos, grande; llega en un camioncito, lo traen, y recibe a todo el mundo, le presenta las instalaciones, ayuda a los demás y le dan el tour.
Pero Buzz Lightyear dice que él quiere irse. Y Lotso le dice: ¿dónde va? Lo desarmó, hermano, con destornillador, lo reinició. Y cambia la sonrisa de Lotso. Del oso cariñoso te muestra su real personalidad. El discurso de Lotso es: somos juguetes abandonados, no necesitamos tener dueños, somos dueños de nuestro propio destino. Su reino parece un reino mucho mejor que la casa de Andy. Entonces se desarrolla la historia para mostrar la verdadera personalidad de Lotso, y de pasar de ser el peluche cariñoso, a un asunto diabólico, con actitudes de dominio. Pero tú solamente te das cuenta cuando tú quieres salir de la guardería.
Intenta salir del mundo para que tú veas lo que es el diablo. Intenta salir del mundo por tus propios medios para que tú veas lo que es el diablo. Intenta vencer el pecado. «No, yo administro el pecado». Tú dices que lo administras. Intenta vencer el pecado por tus propias fuerzas, y te vas a dar cuenta de que la cuerda se vuelve cada vez más corta, más corta, más corta, hasta que tú sientas la poderosa mano del que te está oprimiendo. De forma tal que tú vas a tener que clamar, gritar al cielo y pedir ayuda de un gran salvador, que es Jesucristo, que ha roto la cadena del pecado, el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas. Es un poder. Y quizá tú no has sentido tanto el poder; tú no tienes que sentirlo.
Hablemos un chin de política. Estados Unidos tiene algo que le llaman la Doctrina Monroe. Eso viene de los años 1800: fue un presidente de los Estados Unidos que dio un discurso, y estableció en su discurso algo que se conoce como la Doctrina Monroe. Fue en 1823, anoté la fecha. Dijo él: cualquier intento europeo de interferir en las Américas se considerará una agresión a los Estados Unidos de América que justificaría una respuesta militar. Esto está diciendo que los países no son de nosotros; pero si alguien intenta poner un dedo en los países de las Américas, esa es una agresión hacia los Estados Unidos.
Eso fue avanzando, llegó una expresión popular: América para los americanos. Y es un sentido de que no importa cuál sea la nación, si usted está aquí dentro, usted no debe sentir que lo están dominando, pero que somos suyos. En base a la Doctrina Monroe se han invadido países, ha habido represión. Los Estados Unidos, en su momento de mayor imperialismo —porque después de la caída de la Unión Soviética no fue igual—, en su mejor momento ellos entendieron que no había que conquistar naciones, que eso era muy caro. Invadir un país es costosísimo. Lo que queremos es tener relaciones bilaterales, amigables, que compren nuestros productos, la economía, que nos presten las playas, si hay alguna cosa ahí que nos interese.
La influencia es mejor que el dominio. Yo creo que ese es el pensamiento de las tinieblas. Los seres humanos no tienen que sentir que son presas, no tienen que sentir que no son libres. Ellos deben sentir que son libres. Deben sentir que están viviendo su película, aunque la película se repita siempre y los deje cada vez más insatisfechos; pero ellos deben creer que son libres. Porque mientras tú te creas libre, no vas a entender que necesitas un gran salvador, que es Jesucristo.
Primera parte de nuestra salvación: tú fuiste hecho apto. Y lo siguiente: tú fuiste liberado de la potestad de las tinieblas.
Tercero: trasladados al reino de su amado Hijo
Dice que nos trasladó: «y trasladados al reino de su amado Hijo».
Escucha, tu salvación es presentada más que como una decisión, como un traslado. Un traslado era que una nación más poderosa que la tuya invadía la tuya y te tomaba a ti y te decía: mire, ya ese no es su territorio, eso ahí lo vamos a despoblar; este es tu territorio. Me recuerda a Daniel capítulo 1. Ese término «traslado» tiene grandes implicaciones. Era la palabra utilizada en vocabulario militar. Tú no necesitabas sentir que estabas siendo trasladado; te trasladaban y después te persuadían, pero primero te trasladaban.
Nuestra salvación, más que una decisión, es un traslado. Nosotros no teníamos ni fuerza ni vocación de movernos de la potestad de las tinieblas al reino de su amado Hijo. Si nosotros por nuestros propios medios hubiésemos pedido salvación, lo que pediríamos es una cuerda más larga. Pero a nosotros nos dieron a Cristo, no porque nosotros pedimos a Cristo, sino porque Él soberanamente nos salvó.
Porque si Cristo no nos salvaba así, ¿qué hombre iba a ser salvo? Nadie iba a querer vivir en la luz por sus propios medios, porque estábamos esclavizados, no teníamos el ideal de libertad. Si la poderosa mano del Señor no me salva, yo todavía estuviera entendiendo que el mundo era mi lugar. Yo fui trasladado primero.
Yo le pregunto a ustedes: ¿ustedes creen que Saulo de Tarso se convirtió? A él primero lo derribaron, lo dejaron ciego, y una voz le habló: «Saulo, Saulo». Ay, «yo estaba loco por convertirme, yo tenía mi decisión tomada». No. Saulo no se convirtió: a él lo trasladaron. Y le dijeron: «entra en la ciudad, y se te dirá lo que tienes que hacer».
Eso tiene lo mínimo que aparece ahí, hermano, de sentido voluntario. Compare eso con «yo entregué mi vida a Cristo», o «yo tomé mi decisión». Imagínate a Pablo diciendo que tomó una decisión: «yo estaba en una campaña y levanté la mano». Ay no, hermano, no. Yo estaba en una campaña de perseguir al pueblo del Señor y me encontré con el Dios del pueblo. Y me derribó y me humilló y me dejó ciego y me mostró su poder, y después que me mostró su poder me mostró su amor. Yo primero fui trasladado, después fui persuadido.
Nosotros no elegimos a Dios. Juan 15:16: «no me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros».
Yo luchaba con textos como esos, hermano. Me decían: ¿cómo que yo te elegí? O sea, ¿que tú sí fuiste inteligente, tú sí fuiste sabio? «Mira, es que Juan 15:16, Juan escribió eso, todavía no había madurado en su teología; cuando escribió la carta, él lo corrigió». ¿Saben qué escribió Juan cuando escribió las cartas? «Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero», y se entregó a sí mismo por nosotros.
Nuestra salvación no es una voluntariedad. Esto no es que, ay Señor, aquí estamos, reina sobre nosotros. Nuestro estado natural: nosotros no íbamos a pedir que Cristo reine sobre nosotros. Queríamos que reinara Lotso. Estábamos espiritualmente muertos. Y si tú estabas espiritualmente muerto, tú no podías tomar una decisión espiritual. Porque la gente habla de su salvación y dice que sí fue lúcida y tuvo madurez y carácter. Lo que dice la Escritura, Efesios 2:1:
Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados.
— Efesios 2:1
Nuestra devoción requiere aprender un nuevo orden de cosas, requiere volver a crear un nombre, un testimonio, una identidad; requiere pagar tributos y servicios. Y los pagamos con gusto, hermano, porque el rey es bueno. Pero ese ideal de vivir en una absoluta libertad, eso fue lo que dijo la serpiente en el Edén: ustedes no saben, ustedes van a ser inteligentes cuando ustedes desobedezcan a Dios. Ese ha sido el engaño eterno: te muestran que tú tienes libertad cuando tú vives alejado de Dios. La única libertad posible para el hombre está en Cristo.
Cuarto: redención por su sangre
Dice el versículo 14: «en quien tenemos redención por su sangre». El término importa. Esto parece redundante, porque primero dice «redención por su sangre» y después «el perdón de los pecados». Quiero mostrar que una cosa es ser redimido y otra cosa es ser perdonado, y que las dos cosas las tenemos en Cristo. Pero el perdón, el apóstol Pablo lo dejó de último, siendo que normalmente es lo único que la gente pide en su salvación.
Fuimos redimidos. Para que exista redención, alguien debe tener un derecho legal sobre la prenda. Escucha: no es solamente rescate, es redención. El Antiguo Testamento está lleno de imágenes de redención. Eran personas que perdían su derecho legal, y cuando ellos perdían su derecho legal, quien tenía la posesión de la prenda o de la persona podía retenerla legalmente.
Cuando los hombres se endeudaban y no podían honrar sus compromisos, entonces eran esclavizados, y ahí nació la institución de la esclavitud. La gente ve al día de hoy la esclavitud como un asunto muy grotesco. ¿Y qué hacían antes con el que defraudaba y no podía pagar? Pagaba con su libertad, y tenía que trabajar para el otro. La esclavitud, como nació, era una forma de trabajo: como tú no pudiste honrar tus compromisos, perdías tu libertad y tenías que trabajar para otro. Pero cuando terminabas esclavizado a causa de tus deudas, una persona podía redimirte. ¿Y qué era redimirte?
No era decir: «ay, hombre, déjelo ir, perdónelo, muchacho bueno». «More, dale los dos puntos». «Caro, pásalo». Es que él no solamente quería pagar tu deuda, él quería sentir que tú estabas redimido. Porque un redimido tiene gratitud. Tú no necesitas solamente que aparezca una fundación que pague; tú necesitas primero recordar cuál es tu condición. Redimir significa literalmente «devuelto mediante el pago de un rescate». Y cuando alguien pagaba para redimirte, la persona estaba reconociendo que quien te tenía esclavizado tenía un derecho sobre ti. Se podía redimir un pariente que había quedado en esclavitud, se podía redimir también una prenda: algo que se había perdido, pero —lo que quiero mostrar— se había perdido legalmente. Eso es duro, cuando alguien pierde algo legalmente.
De las cosas más duras que hay: despojos, desalojos. Porque los seres humanos siempre tenemos un sentido de una justicia que no tenemos, y cuando a alguien le están quitando sus bienes siempre aparecen: «ay, pero no se lo quiten». Hubiera sido ideal que esto apareciera tres años atrás, dos años atrás, cuando la persona incumplió, cuando dejó de pagar, cuando se entregó a una vida disoluta, cuando no honró sus compromisos. Porque lo menos que tú debes pensar es que esa persona que le está quitando sus bienes no tiene un derecho legal sobre ellos.
El pecado tenía un derecho legal sobre mí. Y Cristo no solamente le dijo al pecado «déjalo», sino que Él pagó. Yo veo que a los cristianos a veces se les olvida eso. Piensan que esto es solamente un asunto moral. Perdonar tus pecados es un asunto moral; pagar tus deudas es un asunto legal. Y el Señor no solamente perdonó tus pecados, el Señor al mismo tiempo honró el compromiso. Porque su justicia es como la contabilidad por partida doble: si le vamos a dar crédito aquí, debemos darle débito allá. «Señor, pero todo es tuyo, dale, ¡justicia!». Es que Él es perfecto. Y Él estableció que la paga del pecado es muerte. No se puede evadir. «Mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro». Pero para que tú entiendas que hay dádiva, debes entender primero que hay paga. Yo veo a la gente que le encanta hablar de la dádiva, pero se olvida de que hubo paga.
Para que exista gracia debió existir primero justicia. Y para que tú seas legalmente absuelto, alguien honró tu deuda. Y vuelvo como comencé: por lo cual hay gozo y hay gratitud. Un creyente que solamente piensa en Dios como una máquina tragamonedas que recibe oraciones y devuelve gracia, se le olvida que esto fue costoso, y en el costo está la gratitud. Lo otro se llama merecimiento. Si el Señor solamente hubiese perdonado tus pecados, si tú no entiendes tu redención, tú vivirías con merecimiento: «yo lo merezco». En cambio le dices: Señor, gracias, verdaderamente gracias, porque entendiste que Él no solamente perdonó tus pecados administrativamente.
Eso lo hago yo en mi empresa, hermano. Yo a veces compro cosas en mi empresa y voy yo y hago el asiento contable, y tengo una cuenta ahí de asuntos del propietario.
Y giro contra esa cuenta, porque eso es mío. El Señor no debería perdonarme así; Él no es Rafael Pérez. El crédito exige un débito. Para que haya gracia debe haber justicia. Y Él pagó por nosotros en la cruz. Si tú no entiendes eso, tú siempre vas a entender que tú eres mejor que los hombres, tú siempre vas a entender que fuiste salvo porque te salvaron por bonito, por tu carita. No, no, no, no. Tú fuiste salvo por gracia, y fue una gracia costosa: costó la sangre de Cristo en una cruz. Mira la cruz, de forma tal que tú digas: Dios, gracias.
Pagar las deudas de una persona solamente recrudece su pobreza y su pobre mayordomía. Está demostrado que las personas que tienen deudas, si aparece alguien y solamente paga sus deudas, la persona vuelve a una condición aún peor que donde comenzó. No es solamente que alguien pague tus deudas; es que pague tu deuda y tú tengas un sentido de gratitud, y al mismo tiempo tengas el poder de ser rescatado de tu vana manera de vivir, para que vivas de manera diferente. Cristo no está en eso de solamente pagar la deuda del pecador. Él te compró a precio de sangre, pagó tu deuda, es verdad, pero al mismo tiempo te libertó de la potestad de las tinieblas, de forma tal que ahora tú puedes obrar con justicia.
La deuda tiene una connotación espiritual
No me gusta esa idea de que la gente piense que solamente se pagan sus deudas. Yo creo que los hombres deben vivir lo que es la aflicción de no pagar sus deudas, porque eso conduce al evangelio. Yo estoy resuelto, hermano, a compartir mi testimonio personal, no para llamar la atención hacia mí, sino para quitar esta idea de que los hombres de Dios son como perfectos, humanamente perfectos. No es así.
Gran parte de mi juventud yo comencé endeudado. Y parte de las cosas en las cuales yo tengo mucho cuidado es cómo uso el dinero. Y alguien dice: wow, pero tú piensas diez veces las cosas. Sí, treinta veces pienso las cosas, hermano, porque yo viví lo que es vivir endeudado. Cuando te están llamando, que pague, que la deuda pasó a legal. Yo viví la sensación de ir al lugar a pagar mi deuda y que me dijeran: no, ya su deuda aquí no existe. Ay, ¿me la ha pagado alguien? No, se la vendimos a alguien.
Mi entrada al mercado laboral comenzó con una tarjeta de crédito. Una de las primeras cosas que conseguí fue una tarjeta de crédito. Y giré esa tarjeta, hermano. Ustedes no se imaginan la sensación que eso daba, eso era casi magia. Eso hizo que probablemente entre los 17 y los 25 años yo viviera de lío en lío, de lío en lío, de lío en lío.
Y yo no salí de mi lío ahorrando. La deuda tiene una connotación espiritual: satisfacerte en Dios, recibir el poder del evangelio, sobre todo reconocer tu maldad y tu pecado. Mientras tú entiendas que tu deuda se resuelve con genialidad, tú nunca vas a poder pagar tus deudas. ¿Saben qué es pensar que todo es genialidad? «No, es que yo tengo inteligencia financiera, con una yo pago la otra». Tarde o temprano tú vas a reconocer: he vivido una vida disoluta, he vivido una vida de irresponsabilidad; compré lo que no debía comprar, gasté lo que no había producido, y mi deuda tiene un elemento pecaminoso. Yo siento que comencé a adquirir un poco de libertad financiera, como le llaman ahora, cuando reconocí que era pecado. No es que vivo una vida perfecta, hermano; voy y vengo, pero he podido glorificar al Señor.
El Señor no solamente quiere perdonar tus pecados; Él quiere que tus pecados sean reconocidos, sean confesados, porque la confesión de pecado está en el camino a la santidad. Si el Señor viniera y perdonara a los hombres administrativamente, los hombres no conocerían lo que es la gracia de Dios, y no serían adoradores, sino que serían ciudadanos. El Señor se está levantando un pueblo que le adore, un pueblo que tenga gozo. Y para tú adorar y tener gozo, tienes que entender lo que hizo por ti. Y lo que hizo por ti es que perdonó tu deuda pagando. No fue que se borraron los registros.
Eso es gratitud. Cuando tú entiendes lo que costó tu salvación, tú dices no solamente «gracias», sino «wow, gracias».
La cama que nos cedieron
No tengo otro ejemplo más elaborado para ilustrar el asunto. Utilizo un ejemplo que está años luz de eso, se lo he contado en otra ocasión. Caro y yo fuimos de vacaciones, recién casados. Todavía yo tenía un poquito de aquello de que yo creía que era rico. Nos fuimos a Estados Unidos, a diferentes ciudades. Estando en Santa Bárbara, unos conocidos nos recibieron en su casa, una casa diseñada por una pareja de arquitectos que diseñó su propia casa. Y cuando llegamos nos ofrecieron una habitación y dormimos allá, hermano. Qué habitación más chula. Yo recuerdo todavía los baños de esa casa, hermano.
Calefacción en el piso. Una habitación… ¿y cómo es que vive esta gente? No tenían cortina, y yo buscando la cortina, no había cortina, todo era así, quedaba como a un valle. ¡Guau! Y esta gente tiene una habitación de huéspedes así de bien.
En la noche me di cuenta de que lo que hizo esta pareja es que nos dio su habitación, y el esposo durmió con su hija en una casa de campaña. Para que nosotros durmiéramos en su cama, en su habitación, y usáramos su baño. «Wow, gracias por prestarnos su casa». ¿Cómo que gracias por prestarnos su casa? La primera noche yo lo disfruté mucho, hermano, pero la segunda tuve hasta mala conciencia. Y dije: ¿pero por qué estoy durmiendo en la cama de este hombre, y él está durmiendo afuera, en el patio, para que yo duerma en su cama?
Con relación a tu salvación, hermano, eso es paja de coco. Lo que tuvo que dar el Padre para que tú llegaras efectivamente a ser salvo es más que darte la cama, es más que darte su habitación y permitirte usar su baño. Su único Hijo, Él lo clavó en la cruz, de forma tal que nosotros pudiéramos legalmente ser redimidos. Él no te perdonó administrativamente, Él clavó a su Hijo en una cruz. De forma tal que con gozo te puedo decir: Señor, gracias por la salvación de mi alma. Gracias porque esto no es un registro contable. Gracias por derramar la sangre de tu Hijo en una cruz. Gracias por el evangelio.
El perdón de pecados es la punta del iceberg
Al final termina diciendo «el perdón de pecados». Cuando uno llega aquí dice: ok, el perdón de mi pecado es solamente la punta del iceberg. Mi salvación es una estructura de amor mucho más grande. Esto es una estructura legal. Esto es una estructura de poder espiritual. El que mira la salvación solamente como perdón de pecado está mirando con muy corta vista, no está mirando todo lo que sucedió. Y quien vive así tampoco se goza ni da gracias. Creo que no hay más gozo en la vida cristiana porque las personas no entienden lo que sucedió realmente. Ser perdonado es importante, hermano. Pero en Cristo tú no solamente fuiste perdonado.
El perdón de los pecados es una parte de tu salvación, que quizás es lo que casi todo el mundo conoce: «no, que el Señor perdonó mis pecados». Ser perdonado es algo distinto a ser redimido. Ser perdonado es algo muy distinto a haber sido cualificado en Él, a haber sido liberado por Él. La redención es un hecho legal; el perdón de pecados es un hecho moral.
¿Qué te puedo decir sobre el perdón de los pecados? Que tu pecado, eso que te separó de Dios, tuvo otras consecuencias que fueron aún más graves que la primera. Y cuando tú viniste a Cristo, Él resolvió todas las consecuencias del pecado. Y después que resolvió todas las consecuencias del pecado, también mató el germen que produjo todo lo demás. Admito, hermano, que yo no entiendo del todo lo que ha sucedido, pero hasta donde lo he entendido, y mientras más lo entiendo, más gozo hay en mi corazón.
Yo lo primero que entendí fue eso: que el Señor perdonó mis pecados. Pero después que yo entendí que mi pecado no solamente fue eso, sino que produjo lo otro, y lo otro, y lo otro, y que el Señor vino haciendo esto, esto, esto, y al final el perdón del pecado, el gozo fue mucho mayor.
Nosotros éramos enemigos de Dios. Nuestros pecados habían sido una ofensa sobre la santidad de Dios. Y al pretender que todo estaba bien, y vivir como si no existiera ofensa ni deuda, solamente habíamos recrudecido nuestra condición. El Señor te veía todos los días y sabía que tú debías. Tú tienes falta. «No, yo no, yo estoy bien». Tú tienes falta. Mientras más días viviste así, más difícil era tu condición. «En quien tenemos redención por su sangre», y después «el perdón de los pecados».
Una obra monumental
¿Cómo se ve el evangelio? El evangelio se ve aquí como una obra monumental. El evangelio nos muestra que Dios no solamente quiere salvarnos por medio del evangelio; el Señor también quiere que la palabra verdadera del evangelio lleve fruto y crezca entre nosotros. Y para que esto ocurra, tenemos que conocer aún mejor el evangelio. Mientras más comprendas tu salvación, tendrás más gozo y tendrás más gratitud. Entender el evangelio es la fuerza que mueve la adoración de la iglesia. Oro por la iglesia para que entienda más cabalmente el evangelio, para que se goce más especialmente en el Padre.
De forma que le diga: gracias, Señor, por esta salvación tan grande. Ay, hermano, si alguien nos escuchó hablando de tierra y quiere comprar un pedazo del terreno, todavía hay misericordia, todavía hay salvación.
Señor, aquí he estado hablándoles a los santos, a los que han sido santificados, hablándoles, Señor, a aquellos que han sido cualificados, aquellos, Señor, que han sido libertados, redimidos y perdonados, de su gloriosa salvación. Pero al mismo tiempo podríamos tener aquí algún espectador que todavía no tenga esperanza. Ay, Señor, alcanza uno más con salvación, permítele ver su verdadera condición, reconocer su verdadera necesidad, de forma tal, Señor, que tenga la verdadera salvación. Gracias, Señor, por esta salvación tan grande. Gracias por la verdad del evangelio que está siendo predicada en todo el mundo. Gracias, Señor, por un pueblo gozoso y agradecido que celebra hoy su salvación.
Toma esto como invitación
Si tú escuchaste hoy que se habló del evangelio, se predicó el evangelio, y tú sientes que no te lo predicaron a ti, toma esto como invitación. Ten la sabiduría de ese hombre que escuchó hablar sobre tierras y compró tierra. Ten la sabiduría del pecador que escucha hablar de esperanza y pide esperanza. Dice la Escritura que si nosotros confesamos nuestros pecados, el Señor es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna.
— Juan 3:16
Dice la Escritura que la paga del pecado es muerte, mas el regalo de Dios —regalo costoso— es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro. Dice la Escritura que si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestro corazón. Dile al Señor ahí en oración —tu oración no te salva, Él te salva—; responde a la invitación del Señor. Y dile: Señor, perdóname, libérame, redímeme, cualifícame, dame a mí también esperanza. Y aquí tendrás, Señor, un siervo agradecido; aquí tendrás, Señor, un hijo gozoso. Ay, tú no te pareces a Él, pero Él te puede adoptar; es un asunto legal. Él puede hacerlo en un momento. Y el enemigo puede ser declarado no amigo, sino algo más profundo: hijo. Yo no puedo hacerlo por ti; pon tú tu esperanza en Él.
Padre, gracias por estos tres sermones donde se ha predicado el evangelio. Danos aún más fuerza en este año para seguir predicando el evangelio, para la gloria tuya, en el nombre de Jesucristo. Amén.