Nuestra salvación no es simplemente una decisión personal ni un perdón administrativo. Es una obra monumental donde Dios nos cualificó, nos libró de la potestad de las tinieblas, nos trasladó a su reino y nos redimió pagando con la sangre de su Hijo.
Transcripción automática
Tenemos ya tres semanas con el favor del Señor en el libro de Colosenses. Estaremos leyendo Colosenses capítulo 1, versículos del 12 al 14. Quisiera desde esta porción de la Escritura mostrar a la congregación algunos hechos asombrosos al respecto de nuestra salvación. Todo en este libro se ocupa de Cristo, y no hay otro deleite más grande en mi vida que predicar directamente acerca de Él. Sería un desperdicio predicar la Palabra del Señor y no terminar en nuestro glorioso Salvador. Todo en Colosenses transpira Cristo, evangelio, buenas noticias. La Biblia es una carta muy agradable para los creyentes, pues todo lo que hay aquí es positivo.
Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz, el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.
— Colosenses 1:12-14
Les decía la semana pasada que esta porción de la Escritura tiene cosas que ya sucedieron y son todas cosas a favor de nosotros. Hoy estaremos mostrando cuatro grandes cosas que ha hecho Cristo a favor de nosotros, que son hechos asombrosos sobre nuestra salvación. No podemos llegar a comprender cabalmente todo lo que ocurrió en la cruz. La cruz para mí en gran medida es un misterio. Ahí sucedieron cosas de las cuales yo he sido recientemente consciente, y mientras más comprendo la cruz de Cristo y el milagro de nuestra salvación, más gozo hay en mi alma. Esto es una fuente inagotable: tú podrías contemplar la obra en la cruz de Cristo y tu salvación se va a ver cada vez más grande, más brillante, más gloriosa.
Aquello que sabemos sobre la cruz y la salvación lo sabemos por revelación, pero todo es asombroso. Ya tú eres salvo, pero yo quisiera que tú veas cómo fuiste salvado. Y que cuando veas los detalles grandes de tu salvación, mires hacia el cielo y digas: Dios, gracias. Yo fui salvado por el Señor hace muchos años, pero recientemente volví a observar la cruz y la obra de salvación, y lo mínimo que dije fue: ¡wow! Todo esto ya ocurrió. Todo esto es irreversible. Todo esto está a favor mío.
Tu salvación es más que una decisión
Yo quisiera que tú no solamente fueras salvo, quisiera que fueras gozoso, agradecido. Que tu salvación no fuera solamente un documento que tienes debajo del colchón, sino que sea una prenda viva, un asunto glorioso. Que este sea el centro de tu gozo. Yo tengo una profunda satisfacción en la familia, en los hijos, en el matrimonio, en mi iglesia local, en mi llamado, en mi ministerio. Pero todas esas cosas me dan rendimientos variables. Sin embargo, la salvación de mi alma me da un gozo que es creciente, un asunto que no se detiene. No ha habido un año donde yo no sienta el privilegio de mi salvación, y mientras más crezco en mi conocimiento de Dios, esto se vuelve aún más glorioso.
Muchos de ustedes fueron salvados, pero todavía dicen que decidieron seguir a Cristo. Yo puedo entender lo que están diciendo: hubo una oferta, en algún momento dijiste que sí, en algún momento recibiste. Pero tú no fuiste salvado porque dijiste que sí, tú no fuiste salvado porque recibiste a Cristo. Probablemente recibiste un regalo, pero tu recibimiento no fue lo que produjo el regalo. A ti te dieron a Cristo desde antes de la fundación del mundo: «Con amor eterno te he amado, por lo tanto te tendré mis misericordias.» Tu salvación es mucho más que una decisión o una intención. La decisión tuya no se compara con la decisión de Dios por salvarte. El Padre decidió salvarte en Cristo mucho antes de que tú entendieras que lo necesitabas.
Hay otros que dicen que fueron salvados porque con la ayuda de Dios se apartaron de determinado pecado. Tu salvación es más grande que tu santificación. El Señor va a hacer que te apartes de todo pecado, pero tu nivel de santidad no es lo que produce tu salvación. De hecho, tú te has santificado porque primero fuiste adoptado. Nosotros no somos salvos porque seamos limpios; hemos sido limpiados porque hemos sido salvados. La Escritura dice: «Por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios.» Si acaso puse los ojos en el lugar correcto donde había salvación, es porque alguien llamó la atención mía hacia allá. La gracia me fue dada aún antes de que en mí existiera fe.
Hechos aptos para participar de la herencia
El versículo 12 comienza diciendo que nosotros fuimos hechos aptos para participar en la herencia de los santos. Es una de las grandes columnas de tu salvación: «Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar.» Por tus propios medios tú no tenías la aptitud necesaria para ser recibido por Dios. Pero para que fueras recibido por el Padre, Él te hizo apto en Cristo Jesús. Él te cualificó. Para sentir el privilegio de tu salvación, debes reconocer primero tu inaptitud. Dice Efesios, que es una carta paralela, que Él nos hizo aceptos en el Amado. Él no te aceptó a causa de tu mérito; Él te hizo acepto para que pudieras tener una herencia.
El evangelio nos muestra que Dios es realmente muy santo y que nosotros somos muy pecadores. Mientras más conoces el evangelio, esa brecha se vuelve aún más grande. Y mientras más te conozcas a ti mismo, más asustado deberías estar: tú eres peor de lo que pensabas. Tu nivel de inaptitud todavía no lo has dimensionado en la mente, pero era un asunto imposible que tú por tus propios medios fueras salvo.
Algunos dicen: «Conmigo Dios hará una excepción.» Yo te pregunto: ¿realmente te crees mejor que Cristo? Porque Cristo, cuando estaba llevando nuestros pecados hacia la cruz, oró al Padre: «Padre mío, si es posible, pasa de mí esta copa; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya.» Y si a su Hijo amado, que realmente es perfecto, el Padre no le evitó la cruz, ¿realmente crees que contigo van a hacer una excepción? Yo no creo que nadie debería aproximarse a un encuentro con Dios pensando que Él va a hacer una particularidad. Pues si no la hizo con su Hijo, tampoco la va a hacer contigo.
Otros apelan a su ignorancia. Pero lo que dice Romanos 1 es contundente: «Lo invisible de Dios se puede llegar a conocer si se reflexiona en lo que Él ha hecho. Porque aunque han conocido a Dios, no lo han honrado como a Dios ni le han dado gracias.» Cada vez que veo un documental que dice «la madre naturaleza» o «la naturaleza es sabia», digo: ahí está su condenación. ¿Y quién hizo la ley natural? Si usted está en esta creación y está respirando, hay condenación sobre usted. Nadie va a poder decir que nunca leyó la Biblia completa. Dios se ha dado a conocer a sus criaturas de forma tal que no tienen excusas.
Nuestra inaptitud y la cualificación de Dios
Cuando yo veo quiénes son los herederos y cuál es la herencia, digo: si la herencia es de los santos en luz, definitivamente que yo no voy a heredar. Porque ni somos santos ni vivimos en luz. ¿Qué tan santo? Tan santo como Él es. La Palabra dice: «Sed santos como yo soy santo», pero yo no puedo alcanzar ese nivel. Y después dice que Él habita en luz y que su pueblo anda en luz, y uno se reconoce a sí mismo que en sus actos no anda en luz. Un hombre serio reconoce su tiniebla. Para participar en la herencia necesito ser santo y andar en luz, y como no tengo ninguna de las dos cosas, necesito el evangelio.
El evangelio nos indica que hemos sido cualificados, hechos aptos, hechos aceptos en Jesucristo. No por mis medios, sino por los medios de Él. Tu única esperanza de salvación es haber puesto tu esperanza en el único que te puede salvar: Cristo. El Antiguo Testamento está lleno de referencias sobre nuestra inaptitud para tener comunión con Dios. En el jardín del Edén, cuando Dios tenía comunión con nosotros, el pecado trajo separación entre Dios y la criatura. Y el hombre que anteriormente podía aproximarse a Dios a rostro abierto tuvo vergüenza y se escondió. Fueron expulsados del jardín y dos ángeles fueron puestos con espadas encendidas, diciéndote que Dios es absolutamente santo y en tu condición de pecado no puedes tener comunión con Él.
Después el Señor trajo el tabernáculo y en él estableció su morada. En una parte se llamaba el lugar santísimo, y al lugar santísimo tú no podías llegar. Si entrabas ahí, morías, porque Él es santo y tú no lo eres. Cuando Cristo murió en la cruz por nosotros, dice que el velo del templo se rasgó. Están diciendo figuradamente: a través del sacrificio de Cristo, ustedes pueden entrar. Por sus propios medios nunca lo lograron, pero en Cristo fuimos hechos aptos para participar de la herencia de los santos. Esa es la primera gran columna de tu salvación: tú no eres apto, el Señor te cualificó. La herencia es tuya. Asúmelo con humildad. Tú no te pareces del todo a Él, pero eres hijo suyo por adopción. Es un asunto legal, no de fisonomía ni de carácter. Mi salvación no depende de mi cualificación ni de mi rendimiento; depende de que con amor eterno me salvó por gracia.
Librados de la potestad de las tinieblas
Dice el versículo 13: «El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas.» Él no solamente te hizo apto, al mismo tiempo te libró de un poder. Las Escrituras muestran el poder de las tinieblas como una corriente y como un espíritu. Dice Efesios 2:2: «El espíritu que hoy opera en los hijos de desobediencia.» Y no lo muestra como algo sencillo. Por lo cual te digo que no digas que fuiste salvo por tu decisión, porque en tu decisión tú no podrías suspender ese poder que te tenía esclavizado. Me llama la atención que Dios, que es absolutamente poderoso, cuando nos presenta las tinieblas, nos las muestra como algo que también es poderoso. No tanto como Él, pero son poderosas. Porque quiere que sepas de dónde te sacó.
La Escritura hace un gran esfuerzo de que entendamos que el diablo es poderoso, que los demonios son poderosos, que las tinieblas son reales. Él quiere que te goces en tu salvación y que reconozcas de dónde fuiste sacado. No solamente fuiste sacado de tu ignorancia; fuiste liberado de la potestad de las tinieblas. Y eso no es poético ni figurado, es real. Aunque todos los incrédulos viven bajo la potestad de las tinieblas, no todos han degenerado igual. Muchos viven en una aparente libertad. Pero que tengas una soga larga no significa que seas libre. Satanás logra más en la ignorancia que en la conciencia. Su plan estratégico es que la gente no sepa. En el librito de los dictadores se sabe que el pueblo no necesita saber que está siendo oprimido; su genialidad está en hacer que sientas que vives en libertad.
Lo ilustro con una película: en Toy Story 3 hay un personaje que me parece genial y diabólico. Es el peluche Lotso. Cuando llegan los juguetes a la guardería, Lotso les recibe, les da la bienvenida, les dice que llegaron al mejor lugar. Pero cuando Buzz Lightyear dice que quiere irse, Lotso lo desarma, lo reinicia y cambia la sonrisa. Se desarrolla la historia para mostrar su verdadera personalidad: de ser el peluche cariñoso pasa a un asunto diabólico, con actitudes de dominio. Pero tú solamente te das cuenta cuando quieres salir de la guardería. Intenta salir del mundo por tus propios medios para que veas lo que es el diablo. Intenta vencer el pecado por tus propias fuerzas y te darás cuenta de que la soga se vuelve cada vez más corta hasta que sientas la poderosa mano del que te está oprimiendo. De forma tal que tendrás que gritar al cielo y pedir ayuda de un gran Salvador que es Jesucristo, que ha roto la cadena del pecado.
Trasladados al reino de su amado Hijo
El texto dice que nos trasladó al reino de su amado Hijo. Tu salvación es presentada más que como una decisión, como un traslado. Un traslado era que una nación más poderosa que la tuya invadía la tuya, te tomaba y te decía que ese ya no era tu territorio. Ese término tiene grandes implicaciones; era la palabra utilizada en vocabulario militar. Nuestra salvación más que una decisión es un traslado. Nosotros no teníamos ni fuerza ni vocación de movernos de la potestad de las tinieblas al reino de su amado Hijo. Si Cristo no nos salvaba así, ningún hombre iba a ser salvo. Nadie iba a querer vivir en la luz por sus propios medios porque estábamos esclavizados.
¿Ustedes creen que Saulo de Tarso se convirtió? Primero lo derribaron, lo dejaron ciego, y una voz le habló: «Saulo, Saulo.» Y le dijeron: «Entra en la ciudad y se te dirá lo que tienes que hacer.» Eso tiene lo mínimo de sentido voluntario. Pablo no tomó una decisión: él fue trasladado y después fue persuadido. Juan 15:16 dice: «No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros.» Y cuando Juan escribió sus cartas, dijo: «Nosotros le amamos a Él porque Él nos amó primero y se entregó a sí mismo por nosotros.» Nuestra salvación no es una voluntariedad. Estábamos espiritualmente muertos y no podíamos tomar una decisión espiritual. Dice Efesios 2:1: «Y Él os dio vida a vosotros cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados.»
Sí, este nuevo reino tiene nuevos requerimientos: cambiar el destino de nuestra devoción, aprender un nuevo orden de cosas, crear un nuevo testimonio, una nueva identidad. Y lo pagamos con gusto porque el Rey es bueno. Pero aquel ideal de vivir en una absoluta libertad, eso fue lo que dijo la serpiente en el Edén: que serían inteligentes cuando desobedecieran a Dios. Y ese ha sido el engaño eterno, que te muestran que tienes libertad cuando vives alejado de Dios. La única libertad posible para el hombre está en Cristo.
Redención por su sangre
Dice el versículo 14: «En quien tenemos redención por su sangre.» Quiero mostrar que una cosa es ser redimido y otra cosa es ser perdonado. Las dos cosas las tenemos en Cristo, pero el perdón, que normalmente es lo único que la gente piensa en salvación, el apóstol Pablo lo dejó de último. Para que exista redención, alguien debe tener un derecho legal sobre la prenda. No es solamente rescate, es redención. Cuando los hombres se endeudaban y no podían honrar sus compromisos, eran esclavizados. Pero cuando terminabas esclavizado, una persona podía redimirte. Redimirte significa literalmente «devuelto mediante el pago de un rescate». Y cuando alguien pagaba para redimirte, estaba reconociendo que quien te tenía esclavizado tenía un derecho legal sobre ti.
El pecado tenía un derecho legal sobre mí. Y Cristo no solamente le dijo al pecado «déjalo», sino que Él pagó. Los cristianos a veces se olvidan de eso. Piensan que esto es solamente un asunto moral. Perdonar tus pecados es un asunto moral; pagar tus deudas es un asunto legal. El Señor no solamente perdonó tus pecados, al mismo tiempo honró el compromiso. Porque su justicia es como la contabilidad por partida doble: si le vamos a dar crédito aquí, debemos darle débito allá. Él estableció que la paga del pecado es muerte. Para que tú entiendas que hay dádiva, debes entender primero que hay paga. Para que exista gracia debió existir primero justicia. Y para que seas legalmente absuelto, alguien pagó tu deuda.
Un creyente que solamente piensa en Dios como una máquina que recibe oraciones y devuelve gracia, se olvida de que esto fue costoso, y en el costo está la gratitud. Si el Señor solamente hubiese perdonado tus pecados sin redención, vivirías sin merecimiento, pensando «yo lo merezco». Pero cuando entiendes que Él no solamente perdonó tus pecados administrativamente, sino que pagó con la sangre de su Hijo, dices: Señor, verdaderamente gracias. El crédito exige un débito. Para que haya gracia, debe haber justicia. Y Él pagó por nosotros en la cruz. Fue una gracia costosa: costó la sangre de Cristo.
Pagar las deudas de una persona solamente recrudece su pobreza y su pobre mayordomía. Está demostrado que si aparece alguien y solamente paga las deudas de otro, la persona vuelve a una condición aún peor. Cristo no está en eso de solamente pagar la deuda del pecador. Él te compró a precio de sangre, pagó tu deuda, pero al mismo tiempo te libertó de la potestad de las tinieblas de forma tal que ahora puedes obrar con justicia. El Señor no solamente quiere perdonar tus pecados; quiere que sean reconocidos, confesados, porque la confesión de pecado está en el camino a la santidad. Si el Señor viniera y perdonara a los hombres administrativamente, los hombres no conocerían lo que es la gracia de Dios y no serían adoradores, sino ciudadanos. El Señor se está levantando un pueblo que le adore, un pueblo que tenga gozo.
El perdón de pecados
Ser perdonado es algo distinto a ser redimido. Ser perdonado es algo muy distinto a haber sido cualificado y liberado. La redención es un hecho legal; el perdón de pecados es un hecho moral. Tu pecado, eso que te separó de Dios, tuvo consecuencias aún más graves que la primera. Y cuando viniste a Cristo, Él resolvió todas las consecuencias del pecado. Después que resolvió todas las consecuencias, también mató el germen que produjo todo lo demás. Admito que no entiendo del todo lo que ha sucedido, pero hasta donde lo he entendido y mientras más lo entiendo, más gozo hay en mi corazón.
Yo lo primero que entendí fue que el Señor perdonó mis pecados. Pero después entendí que mi pecado no solamente fue perdonado, sino que produjo otras consecuencias, y que el Señor vino resolviendo cada una hasta llegar al perdón del pecado. El gozo fue mucho mayor. Nosotros éramos enemigos de Dios. Nuestros pecados habían sido una ofensa sobre su santidad. Y al pretender que todo estaba bien, solamente habíamos recrudecido nuestra condición. ¿Cómo se ve el evangelio? Se ve como una obra monumental. El evangelio nos muestra que Dios no solamente quiere salvarnos, sino que quiere que la palabra verdadera del evangelio lleve fruto y crezca entre nosotros. Mientras más comprendas tu salvación, tendrás más gozo y más gratitud. Entender el evangelio es la fuerza que mueve la adoración de la iglesia.
Invitación del evangelio
Si alguien nos escuchó hablando de tierra y quiere comprar un pedazo del terreno, todavía hay misericordia. Todavía hay salvación. Aquí he estado hablándoles a los santos, a los que han sido cualificados, libertados, redimidos y perdonados de su gloriosa salvación. Pero al mismo tiempo podríamos tener aquí algún espectador que todavía no tenga esperanza. Señor, alcanza uno más con salvación. Permítele ver su verdadera condición, reconocer su verdadera necesidad, de forma tal que tenga la verdadera salvación.
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
— Juan 3:16
Si escuchaste hoy su voz, no endurezcas tu corazón. Dile al Señor en oración —tu oración no te salva, Él te salva—: Señor, perdóname, libérame, redímeme, cualifícame, dame a mí también esperanza. Y aquí tendrás un siervo agradecido, un hijo gozoso. Tú no te pareces a Él, pero Él te puede adoptar; es un asunto legal. Puede hacerlo en un momento. Y el enemigo puede ser declarado no amigo, sino algo más profundo: hijo. Pon tu esperanza en Él.