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Mensaje

Una oración centrada en el evangelio

Colosenses 1:9-12

Pablo no les manda a los colosenses una lista de tareas pendientes, sino que ora para que obtengan todo aquello que en Cristo ya es posible: conocimiento de la voluntad de Dios, una vida que le agrade, y fortaleza para perseverar.

Transcripción automática

La carta de Pablo a los colosenses en el capítulo 1, hoy estaremos leyendo desde el versículo 9 en adelante. Solo les recuerdo que esta carta fue escrita por Pablo desde la prisión a una congregación que él amaba pero que no conocía. Él no había tenido la oportunidad de conocer a estos hermanos en persona; les conocía a través de un colaborador suyo que había dado testimonio de algo que él sí sabía: que estos hermanos habían recibido el evangelio.

Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios; fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad; con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz.

— Colosenses 1:9-12

En todo este capítulo, gran parte es el resumen de una oración. Lo que encontré como una oportunidad de la exposición de la semana pasada es que quizás no quedó del todo claro que lo que estoy exponiendo es una oración. Uno como creyente vive agobiado de cantidad de asuntos pendientes. A veces uno viene a la casa del Señor y lo que recibe es una lista más de cosas por hacer. Por eso tengo un deleite en predicar el evangelio, pues el evangelio no se trata de asuntos pendientes. El evangelio se trata de asuntos que ya sucedieron y que Cristo cumplió por nosotros.

En toda esta porción de la Escritura, la tonalidad, la tesitura, el ánimo, es que Pablo está orando por la iglesia para que la iglesia obtenga aquellas cosas que ya Cristo ganó a favor de ella. Él no les está diciendo a los colosenses: aquí hay una lista de tareas. Está diciendo: todo esto fue lo que Cristo ya hizo por ustedes, y yo no les mando a que cumplan, sino que oro para que todo esto ocurra a favor de ustedes. ¿Qué necesitamos? Necesitamos más que nunca el evangelio. El evangelio no son tareas pendientes. Es reflexionar, gozarse, comprender todo lo que Cristo en la cruz ya logró a favor de su pueblo.

El verdadero «todo incluido»

Tú puedes no hacer ya nada más y después de haber recibido el evangelio ya eres salvo. Cada cierto tiempo necesitas que se te reitere: esto te podría hacer que te goces un poquito más en tu salvación, pero ya la tienes. Qué paz da saber que no hay un metro, no hay una onza, no hay una hora más que nosotros podamos agregar a nuestra salvación. Cualquier cosa que yo te pueda predicar hoy no es para que la hagas, es para que entiendas que eso se hizo. Yo creo que el verdadero todo incluido es la salvación de Jesucristo, donde ya no tienes que estar en ansiedad. Todo lo que yo te pueda decir hoy ya está a favor tuyo.

Todo este texto comienza diciendo en el versículo 9: «Por lo cual también nosotros.» ¿Y qué es ese «por lo cual»? Pablo ha estado predicando la palabra verdadera del evangelio y a causa de que él tiene constancia de que ellos nacieron de nuevo, entonces pone un «por lo cual». A causa de que eres salvo, entonces escucha esto. Yo tengo la santa precaución de no predicar las verdades del evangelio como si las tuvieran a los que no las tienen, y al mismo tiempo de no apagar el gozo de aquellos que han nacido de nuevo. Ese «por lo cual», si quieres que te lo explique, está en el versículo 5: «A causa de la esperanza que os está guardada en los cielos, de la cual ya habéis oído por la palabra verdadera del evangelio.»

Aquí Pablo no te está mandando una tarea. Él no te está diciendo: ya que eres salvo tienes que vivir así. No. Gran parte de lo que tenemos en la Palabra del Señor no son cosas que están en contra de nosotros, sino cosas que están a favor. Cuando te predico la Palabra, no te la estoy predicando como que eres un pobre que no puede pagar; te estoy leyendo la Palabra como el abogado que viene a mostrar el testamento que está a favor tuyo. Todo lo que te voy a decir hoy es posible, y ya Cristo lo logró.

No cesamos de orar por vosotros

Estoy persuadido, hoy más que nunca, que el mejor trabajo que yo puedo hacer por mi iglesia es orar por mi iglesia. Hay más por ti que yo puedo hacer orando que lo que puedo hacer aconsejando. Mis planes y proyectos no van a cambiar la vida de la iglesia; la oración lo hará. Lo que dijeron los apóstoles fue que se iban a dedicar a la oración y al ministerio de la Palabra. La iglesia no cambia porque nosotros tengamos la capacidad de cambiar; cambia porque el Señor lo hace a pesar de nosotros. Yo prefiero solemnemente ir a la presencia del Señor para que haga en ti lo que tú por ti mismo no puedes hacer. Eso es el evangelio: un entendimiento de que la fuerza no está en ti, sino en Él.

Vale la pena orar por un creyente. Donde quiera que hay salvación hay potencial, hay oportunidad, hay promesa. Yo he hecho el compromiso de orar por todo el que visita un domingo esta iglesia. Y a veces digo: ¿por qué oro? Yo ni pregunto, hermano. Oro por lo mismo que oraba Pablo. Él oraba para que conozcan su voluntad, para que vivan para agradar a Dios, y por su perseverancia. Para orar por tu iglesia no necesitas tener el oído puesto en la necesidad. Vamos a dedicarnos todos a escuchar el evangelio y a orar por las cosas esperables que ocurran cuando se ha recibido el evangelio.

Con la vida espiritual sucede lo mismo que con el crecimiento natural. Algunos caminan a lo espiritual más rápido que otros. Pero un verdadero creyente que ha recibido el evangelio, tarde o temprano camina. ¿Por qué? Porque tiene el evangelio. La norma es que camina, que habla, que come, que crece. Ora por las cosas esperables. Es esperable que camine espiritualmente; ora por eso. Señor, tú que le salvaste, tú que lo compraste a precio de sangre, permite que tenga un deleite renovado en agradarte. Pablo no les mandaba tareas; oraba por ellos. Y por regla general, hermano, no le pidas nada a tu hermano que por lo menos tres veces no le hayas pedido a Dios primero.

Llenos del conocimiento de su voluntad

¿Qué motivo de oración tenía Pablo? Él oraba para que conozcan la voluntad del Señor. Aquí hay tres palabras casi sinónimas pero con valiosos detalles, pues todo está bañado por el evangelio. Los términos que utiliza el apóstol son los comunes en griego para describir conocimiento, sabiduría e inteligencia. La primera palabra dice: «Que seáis llenos del conocimiento de su voluntad.» Me gusta que en el original no pone gnosis sino epignosis, un conocimiento mucho más alto, mucho más completo. No es conocer datos, sino conocer la voluntad del Señor personalmente. Él está apelando a un Dios que es personal, que tiene voluntad. Puedes tener mucho conocimiento, pero el que vale la pena es el conocimiento de la voluntad de Dios.

Hay mucha gente que tiene cultura cristiana, pero una cosa es cultura cristiana y otra cosa es el conocimiento de la voluntad de un Dios personal. Eso es relación, intimidad. Pablo no les dice: a ustedes les falta un poco. Les dice: todo lo que les falta el Señor puede hacerlo en ustedes, para que conozcan la voluntad de Dios tan completamente como es posible conocerlo. Conocer la voluntad de un Dios personal es el proyecto de la vida de un creyente y es su deleite.

La tentación es que es fácil dejar a Cristo y predicar conocimiento humano. Se han llenado los púlpitos de información general que está al alcance de cualquiera. Si usted puede conseguir en el culto cristiano lo mismo que podría conseguir en una plataforma de streaming, usted perdió el rumbo. Lo que aquí tenemos es el evangelio de Jesucristo, y esto es epignosis, algo mucho más grande, algo que llena completamente. La tentación en los colosenses eran maestros que estaban predicando huecas sutilezas. Y Pablo les está diciendo: dejen de estar buscando la hueca sutileza. Ustedes tienen a Cristo, ustedes son salvos, el Señor puede darles lo que realmente necesitan.

Toda sabiduría e inteligencia espiritual

Cuando el evangelio hace sentido para ti, todo el conocimiento de Dios comienza a tomar su lugar. La locura estaba en mí, no afuera. El evangelio quita la venda de los ojos. El mismo conocimiento de Dios que ha estado disponible desde los tiempos antiguos, cuando tú lo ves con ojos nuevos, tiene un sentido diferente. Dios no comienza a existir cuando comienzas a verlo; Él existía desde antes, pero una venda fue quitada de tus ojos.

Después cambia el término. Pablo tomó todos los términos griegos de sabiduría y los incluyó. «Que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría.» En el mundo griego, los hombres entendieron el valor de llegar a ser conocidos como sabios. Todo griego estaba buscando a Sofía. El ideal de un griego era ser conocido en la esfera pública como un hombre sabio. Pablo les dice: yo estoy orando para que ustedes tengan toda sabiduría, la Sofía completa. ¿Y cuál es? La que alcanza para salvación y que viene desde el cielo. No es sabiduría sin el evangelio. ¿Cuál es la diferencia entre gnosis y sofía? Gnosis es conocimiento atesorado; sofía es conocimiento aplicado. Es una sabiduría que informa tu vida y que la gente lo nota.

Cuando uno está leyendo la Palabra, intelectualmente uno crece. Pero hay gente que crece intelectualmente pero no espiritualmente. En lo intelectual estás más alto, pero en lo espiritual estás más bajito. La sabiduría que vale la pena y alcanza para salvación es una que te hace cada vez más humilde, que hace que sea menos de nosotros y más de Cristo. Una persona que tiene sabiduría centrada en el evangelio articula el evangelio en sus fracasos. Dice: yo me inscribí en eso y ni fui; necesito a Cristo. Dije que lo iba a hacer y no lo hice; dame el evangelio hoy. Qué satisfacción da saber que no vamos a hacer nada que haga que Él pueda amarnos más o menos de lo que ya hemos sido amados en Cristo.

Mis méritos no me salvan ni se sostienen. Somos poderosamente sostenidos por Él. Me esforzaré en conocer la voluntad de Dios, pero no seré más amado de lo que ya lo soy en Cristo. Espero tomar buenas decisiones, pero si no lo logro, no me autojustifico. Reconozco mis límites y celebro mi gran Salvador. Lo otro es sentirte siempre culposo o vivir siempre mintiendo, en ese esfuerzo de autopromoción. Una persona que tiene sabiduría centrada en el evangelio ya no vive para eso, sino que mira a Cristo. Y necesita verlo varias veces en su día.

El tercer término es sunesis, inteligencia o entendimiento. Es la capacidad de saber cómo actuar cuando aparece la ocasión. No es lo mismo una persona que siempre tiene salida porque tiene argumentos, que una persona que se siente asistida por Dios en sus decisiones. Entendimiento sin el evangelio produce impotencia y frustración: puedes ver más de lo que puedes hacer. Pero cuando eres asistido por Dios, no solo tienes los ojos abiertos, sino que miras a Dios a través de ellos.

Para que andéis como es digno del Señor

El versículo 10 nos dice que Pablo ora para que vivan de una manera que agrade al Señor: «Oro para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra y creciendo en el conocimiento de Dios.» Qué bueno que esto es una oración y no un imperativo. No es: te doy de aquí al viernes para que camines como es digno. Es: estoy orando por ustedes incesantemente desde que supe que recibieron el evangelio.

Hay una transición importante aquí: el cristianismo, a diferencia del misticismo, no cree que podamos obrar sin conocimiento. Se ha levantado un movimiento de gente anti-intelectual que entiende que el cristianismo funciona en base a corazonadas e impresiones subjetivas. El Señor no obra así. Te permite primero entender el evangelio a través de la regeneración, después crecer en ese entendimiento. Pero la acción correcta en el cristianismo media entendimiento. Dios no es irracional. Él te hizo, Él te dio la mente. Nos distanciamos de todo aquello que quiere obedecer a Dios por impresiones. Para que vivan como agrada al Señor, Pablo pide que el Señor les dé todo conocimiento, toda sabiduría y todo entendimiento.

Esa palabra «digno» es muy interesante. Dignidad es correspondencia. Algo digno es cuando el resultado se corresponde con su origen. Por eso le decía el Señor: «Hagan obras dignas de arrepentimiento.» Lo que está diciendo es que sus obras se correspondan con el arrepentimiento que dicen tener. Si realmente tienes el evangelio, has sido puesto en Cristo, y tu andar debería corresponderse con Él. Pero Él también es quien lo produce. Filipenses 2:13 dice: «Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.» No te atravieses en la voluntad de Dios para tu vida, pero tampoco intentes producir esa correspondencia de manera mecánica.

Agradándole en todo

No es lo mismo vivir para cumplir que vivir para agradar. Es un tipo de obediencia alegre. Quien vive para obedecer mecánicamente siempre lo hace parcialmente, a regañadientes, o cuando no puede eludir el mandamiento. Un creyente disfruta el mandamiento, ama el mandamiento y quiere vivirlo, aunque frecuentemente no alcanza la expectativa de Dios. Y humildemente dice: mi vida no se está correspondiendo con mi llamado. Entonces agarra el evangelio y le pide al Señor que le permita crecer.

Lo ilustro con dos jardineros que me ayudaban. Uno era un señor mayor con un carácter complicado. A él no le gustaba la jardinería; hay que ganarse la vida. Siempre con la cara larga, cobrando de más por cada cosa adicional. El otro jardinero era Franklin. Yo lo vi podando un topiario en un jardín: lo miró desde tres puntos diferentes, lo podó, fue y lo miró, se agachó y lo miró, y podó un poco más. Le pregunté si podía ir a ayudarme y me dijo: «Vamos ahora mismo.» Verle trabajar era un deleite. Mi deseo es que no seas como el primer jardinero, sino como el segundo. Porque lo que dice la Palabra es: «Agradándole en todo.» Que sea tu deleite.

Lo mejor es que cuando has conocido el evangelio y vives para agradar a Dios, frecuentemente no lo logras, pero Él se goza. ¿Por qué? Porque ve el corazón. Frecuentemente nuestros actos de obediencia son insuficientes, pero Él nos ve haciendo nuestros intentos y se goza en eso. Ya no es de que si no lo corto bien el Señor me va a despedir. No te va a quitar la salvación. Él te amó cuando en ti no había nada agradable. «Con amor eterno te he amado, por lo tanto te prolongaré mis misericordias.» No quiero que tu obediencia sea perfecta; quisiera que sea agradable y que mires a Cristo.

Fortalecidos con todo poder

El versículo 11 dice: «Fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad.» Pablo no está diciendo «fortalécete, estás muy débil». Está orando para que, en Cristo, seas fortalecido conforme al poder de su gloria. Los términos «paciencia» y «longanimidad» son sinónimos con particularidades. Paciencia es resistir bajo mucha presión, como quien tiene el viento en contra. Longanimidad es resistir en el tiempo, especialmente en las relaciones, cuando recibes ataques y permaneces. Si lo resumo: paciencia para resistir las circunstancias, longanimidad para soportar las relaciones. Para eso necesitas toda la potencia de su gloria.

Después pone «con gozo», porque hay gente que tiene longanimidad pero con amargura. Si realmente tienes la longanimidad que da el Señor con el poder de su gloria, no tienes el corazón cargado. Y si tienes paciencia, Él no ha permitido que las circunstancias de la vida te amarguen. Yo me gozo en ver creyentes que tienen las circunstancias en contra y no se han amargado. ¿Por qué todavía tienen gozo? Porque tienen el evangelio, tienen a Cristo y el poder de su gloria. Ese gozo está bañado de gratitud y esperanza: «aptos para participar de la herencia de los santos.» El evangelio es realmente buena noticia de cosas que en Cristo ya han sucedido y están a favor de nosotros. Quienes han recibido el evangelio crecen en su conocimiento, viven como es digno, y confían en que pueden ser guardados con el poder del Señor hasta el final.