La carta de Pablo a los colosenses, en el capítulo 1. Hoy estaremos leyendo desde el versículo 9 en adelante. Solo les recuerdo que esta carta fue escrita por Pablo desde la prisión a una congregación que él amaba, pero que no conocía. Él no había tenido la oportunidad, el gusto de conocer a estos hermanos en persona. Los conocía a través de un colaborador suyo, que había dado testimonio de algo que él sí sabía: que estos hermanos habían recibido el evangelio. Dice así la Sagrada Escritura, desde el versículo 9 en adelante.
Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra y creciendo en el conocimiento de Dios; fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad; con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz.
— Colosenses 1:9-12
Pueden sentarse, mis hermanos. En todo este capítulo, el capítulo 1 de la carta de Pablo a los colosenses, gran parte del capítulo es el resumen de una oración.
Después que yo predico la palabra, regularmente vuelvo a escuchar la predicación. Y cuando escucho, encuentro oportunidades, asuntos que quedaron pendientes. A diferencia de ustedes, hermanos, que pueden escucharla aquí, casi siempre cuando yo escucho la predicación la escucho caminando, haciendo ejercicio. Y a veces el predicador predica algo, y yo, que camino cuarenta minutos, me toca caminar hora y cinco, como la semana pasada. Lo que encontré como una oportunidad de la exposición de la palabra de la semana pasada es que quizás no quedó del todo claro que lo que estoy exponiendo es una oración. Yo creo que uno como creyente vive agobiado de una cantidad de asuntos que están pendientes.
Yo mismo tengo una pizarra en mi casa, y yo veo las cosas que están pendientes y a veces miro para otro lado. Porque entre todo lo que está por hacer, a veces hay que hacer las cosas que son más inmediatas. Uno se siente abrumado. Y con la palabra del Señor sucede lo mismo. Uno viene a la casa del Señor, uno viene a buscar el rostro del Señor, y a veces lo que recibe es una lista más de cosas pendientes. Como diciendo: hermano, aquí están estos cinco, para que también les ponga cheque. Y tú dices: yo todavía no he terminado con los diez del mes pasado, y ahora me están dando cinco más.
Por eso tengo un deleite en predicar el evangelio, pues el evangelio no se trata de asuntos pendientes. El evangelio se trata de asuntos que ya sucedieron y que Cristo cumplió por nosotros. Y en toda esta porción de la Escritura, la tonalidad, la tesitura, el ánimo, es que Pablo está orando por la iglesia para que la iglesia obtenga aquellas cosas que ya Cristo ganó a favor de la iglesia. Él no le está diciendo a los colosenses: aquí hay una lista de tareas, de asuntos que están por hacer. Él está diciendo: todo esto fue lo que Cristo ya hizo por ustedes, y yo no les mando a que cumplan, sino que yo oro para que todo esto ocurra a favor de ustedes.
¿Y qué es lo que necesitamos? Necesitamos más que nunca el evangelio. El evangelio no son tareas pendientes. El evangelio es reflexionar, es gozarse, es comprender todo lo que Cristo en la cruz ya logró a favor de su pueblo. De forma tal que cuando recibimos el evangelio no lo recibimos con una mente culposa, no lo recibimos con ansiedad, sino que recibimos la predicación del evangelio con la paz de que lo que estamos escuchando son asuntos que ya Cristo ganó a favor de nosotros. No es una tarea pendiente para hacer, es una verdad en la cual tenemos que reflexionar. Pablo, desde la prisión en Roma, escribe una carta a los colosenses en la que muestra su gozo al conocer que ellos habían oído la palabra verdadera del evangelio, y documenta a favor de nosotros sus motivos de oración. Lo más hermoso en todo este pasaje no es que los colosenses harían cosas. Lo más hermoso en este pasaje, en todo el capítulo, es que ya ellos eran salvos.
Es que necesitaban crecer en el conocimiento de su salvación. Pero crezcan o no crezcan, ellos serán salvos. Escucha esto, hermano: tú puedes no hacer ya nada más y, después de haber recibido el evangelio, ya tú eres salvo. Cada cierto tiempo tú necesitas que se te vuelva a reiterar: esto te podría hacer que tú te goces un poquito más en tu salvación, pero ya tú la tienes. Esto que está aquí te podría ayudar a entender aún más la hermosura de aquello que Cristo hizo en la cruz, pero ya tú eres salvo. Hermano, qué paz da saber que no hay un metro, no hay una onza, no hay una hora más que nosotros podamos agregar a nuestra salvación.
Cualquier cosa que yo te pueda predicar hoy no es para que tú la hagas, es para que tú entiendas que eso se hizo. Yo creo que el verdadero todo incluido es la salvación de Jesucristo, donde ya tú no tienes que estar en ansiedad. Yo he ido a hoteles y a hoteles, y normalmente los hoteles buenos son los que no tienen todo incluido. Pues en los todo incluido normalmente las cosas no son de mucha calidad, casi siempre hay mucha gente, y para las cosas que valen la pena hay que inscribirse con mucho tiempo. Ay, hermano, el verdadero todo incluido es la salvación de Jesucristo. Y todo lo que yo te pueda decir hoy, ya eso está a favor tuyo.
Yo le pido al Señor que me permita mostrarle a la iglesia hoy preciosas verdades para las cuales mi iglesia no tiene que hacer un esfuerzo para conseguirlas, sino que, como mucho, tendrá que hacer un esfuerzo para disfrutarlas. Porque no nos cabe ya otra tarea pendiente, y lo que estaba pendiente Cristo lo pagó por nosotros en la cruz.
«Por lo cual»: a causa de que ya son salvos
Todo este texto comienza diciendo en el versículo 9: «Por lo cual también nosotros». ¿Y qué es ese «por lo cual»? Pablo ha estado predicando la palabra verdadera del evangelio, y a causa de que él tiene constancia, información fehaciente de que ellos nacieron de nuevo, entonces ahora le pone un «por lo cual». A causa de que eres salvo, entonces escucha esto. Perdóname si hago una línea muy fuerte cuando predico la palabra, pero tengo que mostrar claramente que este «por lo cual» se trata de gente que ya recibió el evangelio.
Y aquí hay dos audiencias. Probablemente estoy predicando para personas que ya pueden recibir el «por lo cual», y estoy predicando a personas que necesitan escuchar un «por lo cual». Yo tengo la santa precaución de no predicar las verdades del evangelio como si las tuvieran los que no las tienen, y al mismo tiempo de no apagar el gozo y el fuego de aquellos que han nacido de nuevo. Yo leía esto esta semana, hermano, y sentía ese gozo de estar de este lado del «por lo cual».
Ese «por lo cual», si tú quieres que te lo explique, está en el versículo 5.
A causa de la esperanza que os está guardada en los cielos, de la cual ya habéis oído por la palabra verdadera del evangelio.
— Colosenses 1:5
Si tú has oído la palabra verdadera del evangelio y la has recibido, ¡ay!, el todo incluido es para ti. Estas promesas son tuyas y yo no he venido a darte una tarea. Y si tú todavía no has recibido el evangelio, tampoco he venido a darte una tarea, porque en la cruz él dijo una palabra: consumado es. Y ese «consumado es» que él dijo en la cruz significa: ya no tienen que pagar, ya yo lo hice.
Son muchas las cosas que un creyente tiene que entender, y son muchas más que las que el creyente tiene que hacer. Hay gente que lee la palabra y no quiere volver a leerla, porque siempre ve más que hacer, más que hacer, más que hacer. Mala conciencia, mala conciencia, mala conciencia. Y te quiero mostrar que gran parte de lo que tenemos en la palabra del Señor no son cosas que están en contra de nosotros, sino cosas que están a favor de nosotros. Y que cuando te predico la palabra no te la estoy predicando como que tú eres un pobre que no puede pagar, sino que te leo la palabra como el abogado que viene a mostrarte el testamento que está a favor tuyo.
Esto no es para que tú te sientas como: «ay, mira, otra cosa que yo sé que nunca voy a lograr; ahí ya están hablando otra vez de eso que yo sé que nunca ha sido posible». Todo lo que te voy a decir hoy, primero, es posible; y segundo, ya Cristo lo logró. Por lo cual. Ese «por lo cual» tiene sentido, hermano: a causa de que ustedes han recibido el evangelio, porque ya ustedes son salvos, por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, desde el día que oímos que ustedes recibieron el evangelio, desde el día que oímos que ustedes han recibido la palabra de verdad, no cesamos de orar por vosotros. Escuchen: de orar.
Aquí Pablo no te está mandando una tarea de que, mira, ya que tú eres salvo tienes que vivir así. No, no, no. Creo que esa carreta pesada es la que mucha gente está arrastrando, porque dice: yo no puedo ser cristiano, porque yo no puedo cargar con eso. Ay, no, esto no es para que lo cargues. Esto es para que entiendas que Cristo ya lo cargó por ti. Esto no es para que tú lo hagas; es para que interiorices la verdad de que ya esto para ti realmente es posible a causa de los méritos de Cristo. Él no está diciendo: hagan ustedes lo que ustedes por ustedes mismos no pueden hacer. Pablo no le está diciendo a los colosenses: todo esto es lo que ustedes tienen que hacer ahora para ser creyentes maduros.
No, él le está diciendo: todo esto Cristo lo logró en la cruz, y yo oro para que él, que comenzó en ustedes la buena obra, la perfeccione hasta el final. Por lo cual también nosotros, después de haber oído, no cesamos de orar. Escucha: él no está diciéndoles «hagan». Él está diciendo: yo le pido a Dios que haga esto en ti. Estoy persuadido, hermano, hoy más que nunca, de que el mejor trabajo que yo puedo hacer por mi iglesia es orar por mi iglesia. Hay más por ti que yo puedo hacer orando que lo que yo puedo hacer aconsejando. Mis planes y proyectos no van a cambiar la vida de la iglesia. La oración lo hará. De hecho, lo que dijeron los apóstoles fue que se iban a dedicar a la oración y al ministerio de la palabra. La iglesia no cambia porque nosotros tengamos la capacidad de cambiarla.
Ora más de lo que aconsejas
El Señor lo hace a pesar de nosotros. Y en vez de ir donde ti para decirte: «hey, mira, aquí está esta tarea, hazla esta semana, practícala y si necesitas ayuda me llamas», yo prefiero solemnemente ir a la presencia del Señor para que haga en ti lo que tú por ti mismo no puedes hacer. Eso es el evangelio. Es un entendimiento de que la fuerza no está en ti, que está en Él.
Por lo cual también nosotros, después de haber oído que ustedes realmente son salvos, no dejamos de orar por vosotros. Vale la pena orar por un creyente. Yo estoy persuadido, hermano, de que por un creyente vale la pena orar. Tú me dices: él nació de nuevo pero está luchando. Oremos, hermano, porque dondequiera que hay salvación hay potencial, porque dondequiera que hay salvación hay oportunidad, porque dondequiera que hay salvación hay promesa.
Por un creyente lloro con gusto. Estaba luchando con algo, y llamé a un pastor amigo cercano para que me pastoreara en esa área. Y cuando yo le llamé, me dijo: «wow, pero qué gozo». Y él lo tomó tan sencillo, y yo abriendo mi corazón, que hay un área de oportunidad, que yo quiero que él me pastoree. Y me dice: «wow, eso está maravilloso». Y me explicó el evangelio. Es lo primero. Y después lo tomó con tanta calma. Y no porque él entendiera que en él había algo que podía ser a favor de mi alma. Él entendió el «por lo cual»: dado que hay contrición, dado que tú realmente estás pidiendo ayuda, dado que el Señor todavía tiene su mano poderosa a favor de ti, pues claro que vale la pena aconsejarte, pero sobre todo orar por ti.
Hermano querido, no pongamos la confianza en nosotros; entendamos que el Señor puede responder nuestra oración. Y esto quita mucha ansiedad de la iglesia, porque gran parte de la aflicción es que vivimos los unos con los otros tratando de ayudarnos, y tú estás preocupado por mi pecado y yo por el tuyo, y no tenemos paz. Por lo cual también nosotros, después de haber oído que ustedes recibieron el evangelio, no cesamos de orar por ustedes. Hermanos queridos: ora más de lo que intentas aconsejar, ora más de lo que intentas dirigir, y ora más de lo que intentas controlar. Porque no es fácil cuidar a los hijos de Dios. Él es misericordioso, Él es compasivo, Él es paciente, y nosotros no lo somos. Yo veo a un hijo de Dios que está tomando una decisión y yo digo: pero es que va en vía contraria. Y lo mejor del caso es que su Padre también lo está mirando. Echemos toda nuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de nosotros.
Por lo cual también nosotros, después de haber oído que ustedes han recibido la palabra del evangelio, no cesamos de orar. Solamente te clarifico, hermano: eso de no cesar de orar, hazlo por aquellos por quienes vale la pena que se ore así. Porque hay gente que no cesa de orar por la persona incorrecta. Aquí sí: si él nació de nuevo, si realmente él tiene el evangelio, ora, hermano, porque tiene la base. La cosa más importante ya la tiene. Lo que tú no puedes darle por tus propios medios es el evangelio. Y ya él tiene el evangelio; entonces no cese de orar por aquel que ha recibido el evangelio, para que todas las consecuencias del evangelio se manifiesten en él.
Interesante: Pablo no los conocía personalmente, pero él sabía por qué orar. Y lo mismo me pasa a mí. Yo he hecho el compromiso de orar por todos los que se sientan un domingo en esta iglesia. Y yo voy a orar solemnemente por esa persona. Y a veces yo digo: ¿por qué oro? Como que no sé. Ya yo ni pregunto, hermano. Yo oro por lo mismo que oraba Pablo. Él oraba para que conozcan su voluntad. Él oraba para que vivan para agradar a Dios. Y él oraba por su perseverancia. ¿Oras tú por lo mismo? Lo que te quiero mostrar es que para orar por tu iglesia tú no necesitas tener el oído puesto en la necesidad.
Si nos dedicamos todos a escucharnos los unos a los otros, vamos a terminar en ansiedad. Vamos a dedicarnos todos a escuchar el evangelio y a orar por las cosas que son esperables cuando se ha recibido el evangelio. ¿Qué es lo que ocurre cuando se ha recibido el evangelio? Esta es la ruta crítica de un creyente. Es esperable que cuando se ha recibido el evangelio las personas tengan un deleite en hacer la voluntad de Dios. Y tú me dices: no, él no está haciendo la voluntad de Dios en esa área de su vida.
Al respecto, a mí me ha sorprendido gratamente que lo que dicen los libritos acerca de crianza y demás, de los años, que unas cosas son a los nueve, unas cosas son a los siete, uno dice: oh, pero es que eso se va cumpliendo. De verdad, mire, el muchacho como que cumple años y hace esto. Recuerden que ya Juliet no me deja hablar de ella, pero todavía Andrés no se gobierna. Llegará su hora, hermano, en que me diga: papi, ya no me cites. Lo vuelven a uno loco, hermano: ya camina, ya habla, ya esto. Y se suma también la gente: «ya debería estar haciendo los ejercicios pares y nones del álgebra de Baldor». Lo vuelven a uno loco. Pero el muchacho, cuando llega el momento, camina, normalmente. Habla, normalmente. Y ya come esto y ya come lo otro. Los años van llegando y las cosas van ocurriendo. ¿Por qué? Porque así Dios nos hizo, y va sucediendo.
Y lo mismo sucede con la vida espiritual. Algunos caminan en lo espiritual más rápido que los otros. Pero un verdadero creyente que ha recibido el evangelio, a veces corre al principio y se para y se incorpora, otros van más lentamente, pero tarde o temprano camina. ¿Por qué? Porque tiene el evangelio. Hay casos excepcionales que no caminan; esa es la excepción. La norma es que camina, la norma es que habla, la norma es que come, la norma es que crece. Lo normal es eso. Ora por las cosas esperables. Es esperable que él camine espiritualmente. Ora por eso. Señor, tú que has diseñado a tus hijos para que hagan tu voluntad, permite que mis hermanos en esa área de su vida hagan tu voluntad.
Señor, tú que les salvaste, tú que les compraste a precio de sangre: él no está teniendo mucho deleite ahora mismo, pero permite que él tenga realmente un deleite renovado en agradarte a ti. Ay, Señor, parece que está caminando hacia atrás, parece que se está devolviendo, pero yo vi evidencia de que él había conocido el evangelio: permítele perseverar hasta el final. Ora, hermano; eso es lo que te estoy pidiendo. ¿Por qué oraba Pablo? Por los mismos motivos de oración que tenemos que tener nosotros.
Llenos del conocimiento de su voluntad
En primer lugar, él oraba para que conozcan su voluntad. Dice así mismo el 9: «Por lo cual también nosotros, desde el día en que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros». No de exigirles, no de demandar, no de presionar, no de reprender, sino de orar. Y de pedir a Dios. Por regla general, hermano, no le pidas nada a tu hermano que por lo menos tres veces tú no hayas pedido por él a Dios. Yo quisiera que en esa área mi hermano sea distinto, yo quisiera que en la otra. Pídeselo a Dios primero: tres veces, y después al hermano.
Y es duro, hermano. Yo me muerdo la lengua a veces. Yo veo cosas y quisiera agarrarlo a mano y hacerlo a Cristo así, con los deditos míos, moldearlo; y me limito. Tiempo atrás estábamos compartiendo y yo veía tantas oportunidades de corrección, y me aguanto ahí, me bebo un trago de café, sigo hablando y me aguanto. Después voy y oro al Señor. Y normalmente, cuando oro al Señor, casi nunca tengo ni siquiera que hablar: el Señor va obrando sobre nosotros. Él es más fuerte que tú. Escucha: Él es más fuerte que tú. Tú estabas muerto en tus delitos y pecados, y Él te despertó. Que corra o no corra ya es otra cosa, pero también terminará corriendo por el poder de Dios y no por nosotros.
Y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual. ¿Qué motivo de oración! «Póngase a leer la Biblia». No, no es eso. ¿Ven la diferencia, hermano? Sobre todo con los nuevos creyentes: aparece un ejército de creyentes maduros que ellos mismos están cancaneando en la cosa más básica, y les quieren trazar todas las rutas de lo que hay que hacer. Tenga amor, hermano, y paciencia, que nosotros no podemos.
Él está orando para que ellos conozcan la voluntad del Señor. Y aquí hay tres palabras casi sinónimas, pero con pequeños y valiosos detalles, pues esto está todo bañado por el evangelio. Los términos que utiliza el apóstol Pablo para pedir por ellos son los términos comunes que se utilizaban en griego para describir conocimiento, sabiduría e inteligencia. Él pide por las tres cosas, pero en cada uno de los términos, y en el contexto, se infiere que él está orando una oración que está centrada en el evangelio. La primera palabra dice: que seáis llenos del conocimiento de su voluntad. Si tú le dices a una persona que no ha conocido el evangelio que sea llena de conocimiento, él va a comenzar a leer libros, va a aumentar su acervo intelectual y cultural, va a ver unos cuantos documentales.
Ahora, cuando tú eres lleno de conocimiento y estás cimentado en el evangelio, cuando la oración está centrada en el evangelio, esto es algo que se consigue de manera diferente. Es conocimiento, pero es conocimiento superior. De hecho, me gusta que en el original él no pone gnosis, sino epignosis: un conocimiento mucho más alto, un conocimiento mucho más completo. Él no dice «que ustedes tengan conocimiento», no, no; yo quiero que ustedes tengan el conocimiento, el que vale la pena. «Que seáis llenos de conocimiento», traduce el traductor con mucha exactitud. Esto es más que un conocimiento elemental: es una llenura de conocimiento.
No es conocer datos, sino conocer la voluntad del Señor personalmente. Interesante: no es «lleno de conocimiento» a secas, es «lleno de conocimiento de su voluntad». Él está apelando a un Dios que es personal, que tiene voluntad. Tú puedes tener mucho conocimiento, pero el conocimiento que vale la pena es el conocimiento de la voluntad de Dios. De un Dios que es personal, de un Dios que se ha revelado. Eso hace toda la diferencia. Hay mucha gente que conoce Biblia, hay mucha gente que conoce libros, hay mucha gente que tiene cultura cristiana; pero una cosa es cultura cristiana y otra cosa es el conocimiento de la voluntad de un Dios personal. Eso implica relación, implica intimidad. Eso es epi, eso es algo mucho más grande que el conocimiento normal. Él no les dice: hey, a ustedes les falta un poco. No. Todo lo que les falta el Señor puede hacerlo en ustedes.
Para que ustedes conozcan la voluntad de Dios tan completamente, tan perfectamente como es posible conocerla. Recuerda que Colosas en este momento puede tener los brazos cruzados: yo a ustedes no los conozco, ustedes no me han dicho que tienen este problema, pero ustedes tienen esta necesidad y por esto yo oro. Con los brazos cruzados, ustedes están llenos del conocimiento de la voluntad de un Dios que es personal. Conocer la voluntad de un Dios personal es el proyecto de la vida de un creyente y es su deleite. Lo que para cualquier otro son datos arqueológicos, para ti son datos personales. No es lo mismo conocer a Dios a la distancia que conocer personalmente a un Dios que tiene voluntad para su pueblo, voluntad para nosotros. Eso cambia el asunto.
La tentación en todo esto es que es fácil dejar a Cristo y predicar conocimiento humano. Y se han llenado los púlpitos de información general que está al alcance tuyo. Ya no se usa el telecable, hermano, sino la plataforma de streaming. Si usted puede conseguir en el culto cristiano lo mismo que podría conseguir en Disney+, en Netflix, en Star+, usted perdió el rumbo. «A mí me gusta esa iglesia, porque en esa iglesia se predica de manera interesante y ese hombre siempre tiene datos, él está muy actualizado». Lo que aquí tenemos es el evangelio de Jesucristo, y esto es epignosis: algo mucho más grande, algo que llena completamente. Esto es el verdadero conocimiento. Yo veo lo que hay en el ecosistema, hermano, y no es crítica superficial: son realidades de las cuales tengo que cuidar a mi iglesia. La tentación en los colosenses eran maestros que estaban predicando huecas sutilezas.
Y Pablo les está diciendo: dejen de estar buscando la hueca sutileza. De hecho, ustedes no pueden buscar lo que ya ustedes recibieron. Ustedes tienen a Cristo, ustedes son salvos, ustedes tienen epignosis, el Señor puede dárselas. No compren las falsas doctrinas, las falsas enseñanzas, las huecas sutilezas. Pero a mi hombre natural esas huecas sutilezas le agradan. Uno a veces como creyente predica estas cosas como que uno no las tiene. Hermano, yo escucho esos mismos falsos maestros y tengo que tener cuidado de mi propia alma, porque lo que ellos están diciendo es atractivo para mí, aunque yo sé que no es el conocimiento verdadero. Pero en mi hombre natural esas cosas son interesantes. Solamente menciono, hermano: positivismo, programación neurolingüística.
Dilo de izquierda a derecha, o de derecha a izquierda, y casi van a ser salvados. «Eso lo explica el hermano de la conferencia; mira, él sabe de programación neurolingüística». Perdónenme, hermanos, si ustedes han hecho su curso; si usted está haciendo su curso, me disculpo, pero la programación neurolingüística no salva, el fraseo psicológico no salva. ¿Han visto la psicología popular? Ahora todo el mundo conoce. El DSM-IV lo tienen fresco, hermano; saben hacer hasta diagnósticos, y la gente habla. Yo bromeo con eso, en serio y en broma, pero todo el mundo ya tiene una cultura general de condiciones y esas cosas. ¡Qué bien suena! Persuasión retórica, tradiciones ancestrales, todo lo que es ancestral.
Ancestral, ¿no? Ahí hay algo, eso es ancestral. Están ancestralmente muertos en sus delitos y pecados, contrarios a Dios, creyendo en cosas que no salvan; y como vivían los antiguos, así mismo viven los contemporáneos. Este conocimiento de su voluntad empieza por el evangelio. Y cuando tú conoces el evangelio, no es que el evangelio ahora emerge. El evangelio siempre ha estado disponible, pero tú no podías verlo. El problema principal del ser humano para obtener todo este conocimiento, esta epignosis, es que nuestro mecanismo estaba dañado. Lo que hace el evangelio es que quita la venda de los ojos, y la misma verdad de Dios se ha revelado desde el principio. Hermano, el hombre nunca encontró a Dios. Dios siempre se reveló al hombre, desde nuestros padres en el jardín del Edén. No fue que Adán y Eva salieron a buscar a Dios: ellos se escondían de Dios, pero Dios vino y se reveló al hombre. Y en cada dispensación, en cada generación, Dios ha dado testimonio de él mismo.
Pero los hombres, a causa de su pecado y su maldad, tienen su entendimiento entenebrecido. De forma tal que el mismo conocimiento de Dios que ha estado disponible desde los tiempos antiguos, ahora tú lo ves con unos nuevos ojos. Y eso es lo que hace el evangelio: que el mismo conocimiento de Dios haga sentido para ti. Dios no comienza a existir cuando tú comienzas a verlo. Él existía desde antes, pero una venda fue quitada de tus ojos, de forma tal que tú pudiste abrir los ojos a la verdad del evangelio. Y cuando el evangelio hace sentido para ti, todo el conocimiento de Dios comienza a tomar su lugar.
Y tú dices: pero esto tiene tanta lógica interna. Claro, la locura estaba en mí, no afuera. Tenías una venda en los ojos que ahora fue quitada, de forma tal que este conocimiento ahora puede realmente hacer sentido para ti. El conocimiento profundo no es que Cristo sea más o menos profundo: es más o menos profundo para ti. No es que Cristo sea más o menos satisfactorio: es que Él ahora se vuelve satisfactorio para ti. Pero el mismo Cristo que tú conociste hoy estuvo disponible para tu tatarabuelo y para generaciones que tú no conociste. Él siempre ha dado testimonio de sí mismo. Pero el evangelio hace que el conocimiento se revele de manera diferente.
Toda sabiduría: el evangelio aplicado
Ahora cambia el término. Pablo tomó todos los términos griegos de sabiduría y los metió en un paquetico: que sean llenos de un conocimiento espiritual, de una sabiduría espiritual y de un entendimiento espiritual. Los tres términos aluden a sabiduría, pero no a la sabiduría de los hombres, la que ellos podían conseguir por sí mismos. Es una sabiduría que viene desde lo alto. Dice también la Escritura, estoy en el 9: «y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad», y después pone «en toda sabiduría». A cada uno de los términos él le puso una partícula que lo hace diferente. El anterior era epignosis; ahora, a la sabiduría, le pone «toda sabiduría».
En el mundo griego los hombres entendieron el valor de llegar a ser conocidos como sabios. Los griegos eran interesantes, pues fue la primera cultura que se puso de acuerdo en que había que ser bonito y sabio al mismo tiempo. Los griegos decían: hay que cuidar el cuerpo y hay que cuidar la mente. Tú lees lo que es la cultura griega y eso da fuerte. Tú dices: no, pero es que los griegos tienen unos niveles de altura. Los romanos eran fuertes, pero los griegos eran bonitos y sabios. Dicen los historiadores que Roma conquistó a Grecia, pero que Grecia era tan fuerte en lo intelectual que realmente fue Grecia la que terminó conquistando a Roma.
Y los mismos términos que utiliza Pablo son los términos que utilizaban los griegos para describir el conocimiento alto. La gnosis, la sofía: todo griego estaba abocado a la sofía. Por eso muchas personas ahora, el nombre Sofía se hizo popular: Sofía, conocimiento, sabiduría. El ideal de un griego era ser conocido en la esfera pública, en las plazas, como un hombre sabio. Y él está diciendo: ustedes no van a ser sabios en sus propios términos. Yo estoy orando para que ustedes tengan toda sabiduría, que la sofía completa sea de ustedes.
¿Y cuál es la toda sabiduría? La que alcanza para salvación y que viene desde el cielo. Todo tiene que ver con el evangelio. No hay sabiduría sin el evangelio. En el evangelio tú vas a ser sabio, con una sabiduría que alcanza para salvación. Serás sabio, pero no con la sabiduría que en la esfera pública el hombre natural celebra. Recuerden, los griegos estaban buscando la sofía. Él les dice: yo estoy orando para que ustedes tengan toda sabiduría. Esto es aún más completo que conocimiento, pues infiere que se usa, que se aplica de forma práctica. ¿Cuál es la diferencia entre gnosis y sofía? Que gnosis es conocimiento atesorado, y sofía es conocimiento aplicado. Es una sabiduría que informa tu vida y que la gente lo nota. Y uno quiere que la gente lo note.
Todo ser humano quiere ser admirado. Ahora, un creyente no es admirado por cosas que están al alcance del común de los hombres. En el mundo de los hombres tú vas a ser admirado por algo que Cristo hace en ti a causa de que tú tienes el evangelio. Esto está centrado en Cristo. Si tú estás en Cristo, tú vas a tener un tipo de sabiduría que va a generar admiración de los hombres. Pero esa sabiduría no te va a llenar de vanagloria: esa sabiduría le va a dar gloria a Él. Y cuando la gente te diga «wow, pero ¿qué es lo que tú tienes?, ahora tú te ves como más sabio, te ves como más informado»,
tú le vas a decir: es que yo conocí la verdad del evangelio. Y la verdad del evangelio ha repercutido en mí en un conocimiento que me ha llenado, y es una sabiduría que es toda sabiduría. Un creyente es sabio, pero no en los términos del mundo. Sabiduría que alcanza para salvación. Es el evangelio visto, percibido, vivido de formas tan prácticas que despiertan el interés de la gente. La gente te dice: ¿qué es lo que tú tienes? El evangelio que está emergiendo en mí, que se está manifestando en mí, esta verdad gloriosa que me ha salvado. ¿Cuál es la tentación? Dejar el evangelio y buscar sabiduría fuera de Dios. Y esa sabiduría fuera de Dios te va a llenar de vanidad y va a hacer que ese ojo tuyo que fue abierto espiritualmente vuelva a cerrarse.
Envanecimiento se llama. «Habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, sino que su necio corazón fue entenebrecido; profesando ser sabios, se hicieron necios», dice la Escritura. Hay sabiduría que sube y sabiduría que baja. La sabiduría que es consecuencia del evangelio: tú te despiertas todos los días y te haces más sabio, aplicas el evangelio de manera más práctica. La sabiduría que impresiona a los hombres es una sabiduría que te vuelve cada vez más deplorable delante de Dios. Mi advertencia aquí, hermano, es que aprendas a diferenciar la sabiduría humana de la sabiduría que está centrada en el evangelio, el conocimiento humano del conocimiento que está centrado en el evangelio. Quien es sabio a causa del evangelio es la persona que puede aplicar el evangelio de manera muy práctica, de forma tal que llama la atención.
Que tú dices: wow, pero tú articulas el evangelio, tú presentas el evangelio, tú respondes con el evangelio de una manera que hasta me edifica cuando lo haces. Sí, es que esa es la sabiduría que estamos buscando. No estamos buscando la otra, estamos buscando esta. No es que me quiera rasgar las vestiduras, pero durante muchos años en la vida cristiana yo utilicé el cristianismo para buscar la otra sabiduría: para ser más inteligente que los hombres, ganar discusiones, volverme denso intelectualmente. Sentí que mi conversación había subido de nivel. Claro, es verdad, cuando uno está leyendo la palabra intelectualmente uno crece; pero hay gente que está creciendo intelectualmente y no espiritualmente. En lo intelectual tú estás más alto, pero en lo espiritual estás cada vez más bajito. Esta sabiduría que vale la pena y que alcanza para salvación es una sabiduría que te hace cada vez más humilde, que hace que haya menos de nosotros y más de Cristo en mí. Es distinto. Así sabes que te estás volviendo sabio con esa sabiduría que está conectada al evangelio. Solamente listé algunas cosas.
Tú aprendes a articular el evangelio de maneras prácticas. Tú puedes tener el evangelio correcto. ¿Qué es el evangelio? Es la buena noticia de que los problemas que nosotros teníamos con Dios no los pudimos solucionar por nuestros propios medios, pero Dios los solucionó. ¿Cómo Dios los solucionó? Con el evangelio. ¿Y qué es el evangelio? Que Cristo fue prometido desde el tiempo antiguo; que, llegado el momento del cumplimiento, Él se hizo hombre, se encarnó, vivió una vida perfecta; que Él fue a una cruz y murió en nuestro lugar, y padeció la muerte que nosotros todos merecíamos padecer. Pero resucitó, fue levantado de entre los muertos, fue recibido en gloria, mandó a que su nombre sea predicado en toda la tierra, y vendrá otra vez.
Y cuando uno recibe eso, uno es salvo. Pero una cosa es tú ser salvo y otra es que después tú vivas de acuerdo a eso. Y tú me vas a decir: ¿y si yo no vivo de acuerdo a eso, yo no soy salvo? Tú vas a ser salvo, hermano, pero con una salvación que no brilla. Tú tienes todo incluido, pero no saliste de la habitación. Tú ves a esta persona que va al mejor hotel pero no sale. Va al todo incluido y, en vez de salir, pide el delivery a PedidosYa o a Uber, o llama para que le lleven el servicio a la habitación. De lo que se trata es de disfrutar todo lo que ya está pagado.
No quedarte en la habitación. Aquí hay aire, pero aire tienes tú en tu casa; comida tienes tú allá. Pues entonces no venga al hotel. Una persona que recibe el evangelio y no vive de acuerdo al evangelio es como una persona que va a un destino turístico y no sale. Tú estás en un destino único, singular. Tú estás en un lugar donde tienes la oportunidad de salir, ¿y no vas a salir? ¿Por qué no vas a salir? «No, porque estoy cansado». Al esfuerzo. Una persona que no vive de acuerdo al evangelio, aunque tenga el evangelio, será salvada. Será salvada como por fuego, así como que uff, qué desperdicio. Por lo cual también dice: ¡ay de mí si descuido esta salvación tan grande! Y: ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor.
¿Por qué ocuparnos en nuestra salvación? Para que nuestra salvación brille como debe brillar, para que nuestra salvación glorifique a Dios como le debe glorificar, para que alcance en nosotros lo que debe alcanzar. Qué triste sería llegar allá y decir: yo fui salvo, pero nunca se manifestó en mí. No. El conocimiento no es conocimiento solamente, la sabiduría no es sabiduría solamente. Quien tiene esa sabiduría, toda sabiduría, ante los fracasos y decepciones que va encontrando, muestra el evangelio. Mira, las cosas no resultaron como yo esperaba, pero yo tengo a Cristo. Ese es sabio. Antes de venir a Cristo, todos nosotros vivimos en un esfuerzo de autopromoción, cuidando nuestra imagen. Hemos construido una imagen de nosotros mismos que estamos preservando, que nadie cuestione.
Yo vengo de ahí, hermano: de cuidar de mí mismo, cuidar mi nombre, mi testimonio, mi prestigio. Pero mientras más yo conozco a Cristo, más reconozco mis limitaciones, de forma tal que yo necesito pronto el evangelio. Frecuentemente dejo cabos sueltos, frecuentemente incumplo. Dicen en el campo: carrera de caballo y parada de burro. Tiene mucha fuerza, pero después cae así. Y así somos nosotros. ¿Qué pasa? Que tú necesitas a Cristo, que en tu propia fuerza no lo vas a lograr, que si acaso vamos a lograr algo, lo lograremos a pesar de nosotros y a causa de Él. Pero de ahí vengo yo, hermano, de intentar hacer cosas para construir mi autoimagen. Ay, hermano, yo necesito a Cristo.
Porque mis méritos no me salvan ni me sostienen. Somos poderosamente sostenidos por Él. Y una persona que ha entendido el evangelio articula el evangelio en sus fracasos. Dice: mira, yo me inscribí en eso y ni fui. No es que yo soy un irresponsable, pero yo necesito a Cristo. Yo dije que lo iba a hacer y no lo hice. Dame el evangelio hoy. Uy, qué satisfacción da, hermano, saber que nosotros no vamos a hacer nada de forma tal que Él pueda amarnos más o amarnos menos de lo que hemos sido amados en Cristo. Es el evangelio. Y una persona que es salva a consecuencia del evangelio vive así: lo haré con excelencia, pero si no queda bien, mi identidad está en Cristo.
Queremos excelencia, ¿verdad? Yo tengo plan y proyecto, y con facilidad mi plan y proyecto no se cumplen. ¿Y qué yo hago? Agarro a Cristo. Él sí cumplió. Él sí cumplió, y satisfizo la ira de Dios. Él sí es meritorio. Yo no soy meritorio, y cualquier mérito que hay en mí es a causa de Cristo. Eso es sabiduría práctica. Me esforzaré en conocer la voluntad de Dios, pero no seré más amado de lo que ya lo soy en Cristo. Espero tomar buenas decisiones, pero si no lo logro, no me autojustifico. Reconozco mis límites y celebro mi gran Salvador. Por eso, sabiduría a causa del evangelio. Lo otro es sentirte siempre culposo o vivir siempre mintiendo.
Inteligencia espiritual: saber cómo actuar
En ese esfuerzo de autopromoción: yo sí soy bueno, yo sí cumplo, yo sí soy constante. No hay justo, ni aun uno; todos se descarriaron, a una se hicieron inútiles. Una persona que tiene sabiduría centrada en el evangelio es una persona que ya no vive para eso, sino que mira a Cristo. Y él necesita ver a Cristo varias veces en su día; él vuelve a ver a Cristo, y cuando no se siente pleno, mira a Cristo.
Después habla de inteligencia espiritual. Yo vi un librito en la librería hace mucho que hablaba de la inteligencia espiritual, pero estoy casi seguro de que no me estaban hablando de lo mismo. Sunesis. Recuerden, él menciona los tres términos: gnosis, sofía y sunesis. Todo lo que tenga que ver con algún tipo de conocimiento, después de hablar del evangelio y de decir que ellos tienen el evangelio, les está diciendo: yo espero que Dios les dé a ustedes todo eso.
Entendimiento. Inteligencia a veces se traduce también como entendimiento. Es la capacidad de saber cómo actuar cuando aparece la ocasión. En la República Dominicana hay un término para eso: dicen «él tiene salida». Esa persona tiene mucha salida. Es alguien que no se queda petrificado ante las situaciones, sino que tiene con qué responder. Tiene menudo. Muy bien, el traductor lo tradujo como inteligencia. «Wow, él es muy inteligente». Esa persona no se queda paralizada, sino que siempre tiene con qué responder. Sunesis. Nosotros tenemos algún tipo de inteligencia en lo humano; pero cuando tú vienes a Cristo, tú no solamente sabes qué responder, sino que sabes qué decir, sabes cómo actuar, pero asistido por el Espíritu Santo.
Y eso hace que tu salida, tu inteligencia, sea una salida espiritual. No es lo mismo una persona que siempre tiene salida porque siempre tiene argumentos, siempre tiene un curso de acción, que una persona que siempre se siente asistida por Dios en sus decisiones. Y por eso, de lo que Pablo está hablando, una buena traducción es esa: inteligencia espiritual. Es una persona que no es sabia en su propia opinión, que no es fuerte en sí misma: el Señor le está ayudando. Entendimiento sin el evangelio produce impotencia y frustración. Tener inteligencia sin tener el evangelio siempre va a hacer que tú te sientas frustrado, porque tú puedes ver más de lo que tú puedes hacer.
¿Qué frustración es esa? Personas que tienen altas expectativas, que ven la puerta y no pueden cruzar. Hay gente que tiene inteligencia, sunesis, son sabios, pueden ver más allá de la línea, pero no llegan. ¿Has visto a estas personas que ante toda situación de la vida siempre viven como dos mundos más adelante que la media de los hombres? «Yo sabía lo que iba a suceder». ¿Y por qué no hiciste nada? Porque él no puede. Una cosa es tú tener inteligencia, y otra cosa es que tú seas asistido por Dios para hacer lo que hay que hacer en cada momento. No es solo tener los ojos abiertos: es mirar a Dios a través de ellos. Él ora para que ustedes tengan toda sabiduría y al mismo tiempo una inteligencia espiritual. No estoy diciendo que lo hagas, sino que yo oro para que el Señor lo haga en ti. Yo oro para que tú lo tengas.
Que andéis como es digno del Señor
El versículo 10 nos dice que él ora para que ellos vivan de una manera que agrade al Señor. Dice así: «para que andéis». Oro para que andéis. No es «tú tienes que caminar así»; no, no. Oro para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra y creciendo en el conocimiento de Dios. Qué bueno, hermano, que esto es una oración y no un imperativo para mí. Te doy de aquí al viernes para que andes como es digno; cuidado si de aquí al viernes no lo has hecho.
Y te voy a dar hasta diciembre para que lleves fruto en toda buena obra, y hasta el año entrante para que crezcas en todo el conocimiento de Dios. No, no es eso lo que está diciendo. Yo estoy orando por ustedes incesantemente desde que supe que ustedes recibieron el evangelio. He estado orando por ustedes para que anden como es digno, agradando al Señor en todo, llevando fruto y creciendo en el conocimiento de Dios. Yo oro por ustedes. ¿Pastor, y no hay que hacer nada? Hay que desearlo, hay que moverse con el Señor, hay que poner intención; pero sobre todo hay que no confiar en nosotros mismos y confiar en Cristo. Mayor es Cristo en mí.
Hay una transición aquí, hermano, y es que el cristianismo, a diferencia del misticismo, no cree que podamos obrar sin conocimiento.
Él quiere que ellos sean llenos de todo conocimiento, quiere que tengan toda la sabiduría, toda la inteligencia, para que actúen como conviene. Se ha levantado ahora mismo un movimiento de gente antiintelectual que entiende que el cristianismo funciona como funciona el misticismo, en base a corazonadas, a impresiones subjetivas. El Señor no obra así. El Señor te permite primero entender el evangelio, y para eso Él despierta tu entendimiento a través de la regeneración. Y después que te permite conocer el evangelio, te permite crecer en el entendimiento del evangelio. Pero la acción correcta en el cristianismo media entendimiento. Dios no es irracional. Él fue quien te hizo, Él fue quien te dio la mente, Él fue quien te hizo un ser inteligente. De forma tal que un creyente no dice: «a mí el Señor me habla directamente».
Frecuentemente, cuando el Señor te habla directamente, te habla de cuáles son sus preceptos, de cuál es su voluntad, que son cosas objetivas. De forma tal que nos distanciamos de todo aquello que quiere obedecer a Dios por impresiones: «yo no voy a crecer en el conocimiento del evangelio, yo no voy ni siquiera a ocuparme de entender el evangelio; el Señor me pondrá como impresiones». Esas impresiones no llevan a ninguna parte. Para que ellos vivan como agrada al Señor, él está diciendo: yo quiero que el Señor les dé todo conocimiento, toda sabiduría y todo entendimiento. ¿Para qué? Para que vivan como agrada a Dios. Procuren el todo incluido de la vida cristiana. Procuren tener todo lo que Dios quiere que ustedes tengan para que puedan vivir de manera agradable a Dios.
Pero, por favor, no lo hagan sin el evangelio. Ahí es que está el legalismo: cuando una persona se llena de todo conocimiento, toda inteligencia y toda sabiduría, pero sin Cristo, y después intenta cumplir a mano el mandamiento de Dios. Así no. Eso es Romanos. Parece temerario, hermano, pero la semana pasada yo hice mi devocional primero con Romanos y después con Apocalipsis. Que los muchachos están entusiasmados con Apocalipsis y me contagiaron: vamos a leer Apocalipsis. En Romanos es muy marcado dónde te muestra que humanamente tú no vas a poder cumplir la ley de Dios; tú necesitas un gran Salvador, que es Jesucristo. Lo mismo para esto: tú necesitas conocer el evangelio, y después que conozcas el evangelio tendrás que crecer en el evangelio.
Y a medida que conozcas y crezcas en el evangelio, vas a obedecer mejor y vas a vivir una vida agradable al Señor. Pero no aparte del mandamiento. Lo que pasa es que ya ves el mandamiento de manera diferente: ya no está contra ti, sino que está a favor tuyo. Lo hace el evangelio. Primero creemos el evangelio, después comenzamos a crecer en el conocimiento con una mente regenerada —epignosis, sofía, sunesis—, y luego andamos como le agrada al Señor. El cristianismo no es antiintelectual ni subjetivo. Si necesito un término, quizás sea supraintelectual, porque está más allá del entendimiento humano. Pero yo no creo que un cristiano sea un cristiano maduro viviendo de «hoy yo lo sentí». Hermano, uno puede sentir a Dios; por favor, no nos burlemos.
Porque hay otro extremo, donde le quitan a esto todo el elemento sobrenatural. Nuestro Dios es demasiado grande, y vivimos en esta tensión de un Dios demasiado grande que se reveló en Cristo y nos dio su palabra. Yo sé que a veces ustedes no tienen que conocer el mandamiento para que Dios cuide de ustedes, yo lo sé, en cantidad de áreas. Pero eso no quita la responsabilidad que tenemos de que, ya que tenemos esta salvación tan grande, la entendamos cada vez mejor y la vivamos cada vez mejor, como agrada al Señor. Esto no opera fuera del razonamiento común, sino que despierta nuestra capacidad para adquirir verdades que siempre habían estado disponibles, de forma tal que andemos en dignidad.
Escuchen lo que él dice en el 10: «para que andéis como es digno del Señor». Estoy orando para que andéis como es digno del Señor. No es «hey, caminen así». No, no: oro para que caminen así. Esa palabra «digno» es también una palabra muy interesante. Se ha perdido ya un poco en español su valor: dignidad es correspondencia. Algo que es digno se corresponde: este es el par y este es el resultado. Se trata de que el resultado se parezca a aquello de donde viene, que se corresponda. Por eso decía el Señor: hagan obras dignas de arrepentimiento. Lo que está diciendo es que sus obras se correspondan con el arrepentimiento que ustedes dicen que tienen. Alguien que tiene dignidad es una persona que tiene correspondencia entre sus convicciones y sus acciones.
El término axios: correspondencia entre lo que nosotros decimos creer y la manera en como elegimos vivir. Dice «como es digno del Señor», como se corresponde con el Señor. Si realmente tú tienes el evangelio, tú has sido puesto en Cristo; y si tú has sido puesto en Cristo, tu andar debería corresponderse con Él. Pero Él también es quien lo hace. De hecho, dice la palabra:
Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.
— Filipenses 2:13
O sea, no te atravieses en la voluntad de Dios para tu vida, pero tampoco intentes producirla de manera mecánica. Si el Señor te está moviendo a que tu comportamiento se corresponda con la realidad de tu salvación, déjate mover por Dios; pero tampoco intentes moverte por tus propios medios.
Un creyente debe seguir a Dios, debe moverse, debe buscar esta correspondencia, pero no a mano. Yo no creo que nosotros podamos ser creyentes por plantilla. El Señor lo hace en el evangelio. Yo no creo que te podamos dar una lista de cosas para que tú parezcas un cristiano. Yo creo que te podemos predicar el evangelio, y después te mostramos el curso de acción esperado de un creyente.
Agradándole en todo: los dos jardineros
Vivir para agradar es un tipo de obediencia alegre, no una obediencia forzosa o forzada. Anteriormente, antes de recibir el evangelio, tú intentabas obedecer algún código mecánicamente. Pero quien vive para cumplir, quien vive para obedecer mecánicamente, siempre lo hace parcialmente, a regañadientes, o cuando no puede eludir el mandamiento. Un creyente disfruta el mandamiento, ama el mandamiento del Señor y quiere vivirlo, aunque frecuentemente no alcanza la expectativa de Dios. Humildemente decimos que no nos correspondemos. Y tú mismo te sientes mal contigo mismo y dices: wow, yo tengo esta salvación tan grande, en el Señor tengo los medios para hacer su voluntad, y mi vida no se está correspondiendo con mi llamado. Y agarras el evangelio y le pides al Señor que te permita crecer en el conocimiento de su voluntad y que te permita agradarle en todo.
Sin embargo, quien vive para agradar lo hace en todo, aun cuando no lo logra o aun cuando nadie lo ve. Dos jardineros, hermano, les he hablado. Cuando vivía en una casa había mucha jardinería que hacer, y había dos jardineros que me ayudaban. Uno fue el primer jardinero que conseguí. Era un señor muy mayor, pero con un carácter complicado. Y sobre todo, a él no le gustaba la jardinería. Hay que ganarse la vida, hay que comer. Pero, él trabajando para mí y yo trabajando con él, evidentemente a él no le gustaba la jardinería. Él lo hacía. El problema principal con él era que no había manera de cuadrar un trabajo.
¿Cuánto es que me va a cobrar? Tanto. Siempre con la cara larga. Venía, agarraba la tijera, hacía lo que había que hacer y terminaba. «Pero no me puedes dejar la basura». Ah, eso son quinientos más. «Y ya que la podaste, mójame la mata». Todos ustedes han conocido gente así, que no tiene deleite en lo que hace, que obedece mecánicamente porque hay que ganarse la vida.
Había otro jardinero. Yo creo que el Señor me lo mandó. Preparando estas cosas, hermano, me acordé de que yo me mudé y no he vuelto a saber de él; esta mañana le escribí para saber de él. Me generó una impresión, Franklin. Yo lo vi podando un topiario en un jardín, y lo miró desde tres puntos diferentes. Él lo podó, fue y lo miró. Después fue y lo miró de nuevo. Y después fue, se agachó y lo miró. Y fue y podó un poco más.
Yo vi su actitud hacia la jardinería y le pregunté: mire, yo vivo por allá como a tres cuadras, ¿usted no podría ayudarme? «Pero claro, ¿cuándo es? Vamos ahora mismo». El problema con él es que es un poco panteísta: él entiende que las plantas sienten. Entonces les pasa la mano, las corta con cuidado. Yo le digo que me la pode y él pelea conmigo: eso no hay que podarlo, que todavía aguanta, que espérate. Pero el principal problema de él es que él necesita que yo esté ahí, porque todo lo que él hace me lo quiere enseñar. «Y mire esta cómo se la puse, y mire esta que se la puse redonda». Con hilo, hermano.
Con hilo, hermano: poda con hilo. Toma un hilo, pone una estaca aquí y una estaca allá, y viene con una tijera cortando como si me estuvieran haciendo a mí el cerquillo. Pero qué hombre es este. Lo que el otro hacía en una hora, ¿saben cuánto se tomaba él? Y había que hacerle comida. ¿Y con gusto, hermano? Con gusto. Viene Franklin, hay que cocinar y hay que ponerle a Franklin. Verle trabajar, solamente verle, era un deleite. Ay, hermano, mi deseo es que usted no sea como el primer jardinero, sino como el segundo. Porque lo que dice la palabra es: «para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo».
«¿Qué es lo que hay que hacer? ¿Qué predicaron hoy? Ahora también hay que hacer eso, que yo nunca he podido hacerlo. Y ahí también». Ay, hermano: agradándole en todo. Que sea tu deleite. Lo mejor es que cuando tú has conocido el evangelio, cuando tú vives para agradar a Dios, tú frecuentemente no lo logras, pero Él se goza, porque Él ve el corazón. Frecuentemente nuestros actos de obediencia a Dios son insuficientes, pero Él nos ve haciendo nuestros dibujitos y nuestros disparatitos, y Él se goza en eso. Él mira y dice: yo lo compré a precio de sangre, y yo lo amo. Yo sé que él está luchando y que todavía no lo hace como yo espero que se haga, pero él quiere, él hace el intento.
Él lo intenta, y en eso, como Él nos ama, nosotros lo amamos, hermano; hay un agrado. No es que «si yo no lo corto bien, el Señor me va a despedir o me va a quitar la salvación». No es por eso: agradándole en todo, porque Él te compró a precio de sangre. Él te amó cuando en ti no había nada agradable. «Con amor eterno te he amado, por tanto te prolongué mi misericordia». Agradándole en todo es que tú digas: Señor, vamos a obedecer. Yo frecuentemente, hermano, voy al mandamiento como se juega softbol: vamos a ver si llegamos. ¿De verdad él puede jugar un juego de softbol? Él va, se pone el uniforme, hace lo que puede, y lo ponchan, y él aplaude, y vuelve.
Así es la ley para un cristiano: es algo en lo cual nosotros tenemos deleite, algo que realmente queremos hacer, pero frecuentemente no lo logramos. Y cuando no lo logramos, tenemos a Cristo y tenemos el evangelio. Pero vivimos para agradarle a Él en todo. Todo. Hermano, yo no espero que tu obediencia sea perfecta. Yo quisiera que tu obediencia sea agradable y que mires a Cristo, y no que te entregues a la mediocridad y a no hacer nada. Tú quieres hacerlo. Pero cuando no se logra, tú dices: ya Cristo lo hizo por mí. Y lo sigo intentando. Llevando fruto. Para que haya fruto debe haber deleite. Es muy raro que una persona tenga algo que valga la pena si no hay esa alegría. Llevando fruto en toda buena obra y creciendo en el conocimiento de Dios.
Fortalecidos para perseverar
En el 11 y en el 12 él ora por su perseverancia.
Fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad; con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz.
— Colosenses 1:11-12
Él no está diciendo: fortalécete, que estás muy débil. No, no. Es para que tú, en Cristo, como tienes el evangelio, seas fortalecido en todo. Escucha, hermano: no eres tú. Él está orando para que tú seas preservado en el Señor. En los términos existe cierta redundancia: fortalecido con todo poder, y después conforme a la potencia de su gloria. La traducción alterna para eso es: con su gloriosa omnipotencia. Que tú seas fortalecido. Yo sé que tú no puedes, pero yo estoy orando para que tú seas fortalecido con toda fortaleza, con su poder glorioso, que ese poder que hay en Él llegue a ti.
Las otras dos, paciencia y longanimidad, son términos también sinónimos, pero que tienen su particularidad. Paciencia a veces se traduce también como perseverancia: es resistir bajo mucha presión, como quien tiene el viento en contra. Está diciendo que aun con el viento en contra ustedes sean preservados por el Señor. Esa es mi oración. No es «cuídense, miren bien»; no, no: estoy orando para que ustedes soporten el viento en contra. Y el otro término, que también parece sinónimo, es longanimidad: es resistir en el tiempo, especialmente en las relaciones. Quien recibe ataques y aun así permanece. Y yo necesito eso, y tú también. Vienen ataques; no es ansiedad, sino que yo oro para que tú tengas la resistencia doble: para que tú resistas con el viento en contra y también resistas la hostilidad en tus relaciones.
Si lo resumiera: para resistir las circunstancias y soportar las relaciones. Y para eso tú necesitas toda la potencia de su gloria. Ahí están las dos cosas que afectan a un creyente: la circunstancia y las relaciones. Para las relaciones necesitamos longanimidad, y para la circunstancia, perseverancia. Y eso nosotros no podemos conseguirlo; Él lo da. Resistir en la iglesia cristiana no es fácil, porque uno siempre habla del elemento edificante de una iglesia, pero ser parte de una iglesia es un reto, por lo cual hace falta longanimidad. Y vivir en esta tierra de pecado, de injusticia y maldad no es fácil; el Señor nos ayuda, por lo cual necesitamos paciencia, perseverancia. Las dos cosas.
Después pone: con gozo. Porque hay gente que tiene longanimidad, pero con amargura. Si tú estás amargado, parece que el Señor no te ayudó. No es que quiera entristecerte, hermano, pero si realmente tú me dices «mira, en esa relación yo he tenido longanimidad, pero estoy aburrido», pareciera que tú tienes longanimidad en los términos humanos, no a causa del evangelio y según el poder de su gloria. Si tú tienes longanimidad en Cristo, tú soportas la hostilidad en las relaciones. Ay, hermano, todos nos entristecemos, y tú necesitas la gloria del Señor para soportar eso. Con gozo. Ese «con gozo» hace que ya no sea queja, conmiseración, victimización. Hay quien dice: no, yo aquí estoy, pero siempre con la cara larga, un chisme interno, una herida.
Si tú realmente tienes la longanimidad que da el Señor con el poder de su gloria, tú no tienes el corazón cargado. Estamos resistiendo. Y si tú tienes paciencia, el Señor —no tú— no ha permitido que las circunstancias de la vida te amarguen. Yo me gozo en ver creyentes que tienen las circunstancias de la vida en contra, la providencia negativa, como dicen algunos, la tienen encima, y no se han amargado. ¿Por qué todavía tienen gozo? Porque tienen el evangelio, tienen a Cristo y el poder de su gloria. Ese gozo está bañado de gratitud y esperanza: aptos para participar de la herencia de los santos.
¿Cómo se ve el evangelio, hermano? El evangelio es realmente buena noticia de cosas que en Cristo ya han sucedido y están a favor de nosotros. Nosotros no ganamos un Salvador: fuimos salvados por gracia. Y quienes han recibido el evangelio crecen en su conocimiento, viven como es digno y confían en que pueden ser guardados con el poder del Señor hasta el final. Así como tú no alcanzaste a Cristo por tus propios medios, las consecuencias del evangelio no están a tu alcance: están al alcance de Dios. Al igual que Pablo, oro por ti.