En textos como estos, un creyente que quiere madurar puede llegar a entender cuál es el propósito y significado de la Navidad. Navidad no es solamente el acontecimiento que celebra el inicio de la obra para nuestra redención. También Navidad es un hecho extraordinario, irrepetible, único: Dios se hizo hombre. Y eso se dice muy rápido, pero las implicaciones son muy grandes. Si usted considera el hecho asombroso de que nuestro Dios entró a la condición de hombre, asumió nuestra humanidad, vivió como un hombre — y no solamente eso, sino que tres veces aquí se dice que se humilló: se humilló al encarnarse, se humilló al obedecer y se humilló también al padecer — entonces usted podrá entender el amplio significado de la Navidad.
La carta a los filipenses
Esta carta de Pablo a los filipenses es una de las cartas más cercanas del Nuevo Testamento. Esta iglesia era una iglesia que tenía un lugar especial en el corazón del apóstol Pablo. Era una iglesia de gente muy cercana a él como Lidia, como el carcelero de Filipos. Era la iglesia que le había respaldado financieramente desde el inicio de su ministerio y ya en la postrimería vuelven y le envían una aportación y él ahora le devuelve esta carta con dos propósitos principales. Primero, agradecer la generosidad de los filipenses, pero también para animarles con algunas contiendas que se deja ver que había en el interior de la iglesia. Hermanas de la congregación al parecer no habían podido ponerse de acuerdo y se mencionan por su nombre en el capítulo 4 por lo menos dos, Evodia y Síntique.
Nada hagáis por contienda o por vanagloria, antes bien, con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo. No mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres. Y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.
— Filipenses 2:3-11
Lo que no es humildad
Y yo sé que cuando uno habla de ser humilde, todos asumimos que ya lo somos. No lo asuma. Quisiera hoy tomar este texto para mostrarle a la iglesia cómo imitar a Cristo en su humildad, pero primero decirle a la iglesia que tenemos que entender lo que significa ser humilde a la luz de lo que hizo Cristo. Y cuando entendamos lo que es ser humilde a la luz de lo que hizo Cristo, entonces podríamos nosotros también despojarnos y manifestar humildad con nuestros hermanos.
Para usted comenzar a crecer en madurez espiritual, usted necesita revisar sus categorías de pensamiento y conceptos como humildad, no conformarse en que ya usted conoce lo que es ser humilde. Invertiré un poco de tiempo exponiendo la exhortación general a la humildad e invertiré también un poco de tiempo mostrando a Cristo como el ejemplo de humildad. Comenzaré con clarificar que estas actitudes dañan la vida de la iglesia y la dañan la contienda y la vanagloria principalmente porque quizás todavía nosotros no sabemos lo que es ser humilde. Si usted está en el nivel primario de humildad, en el nivel más simple de humildad, usted asume que una persona humilde es una persona que se parece a usted, es alguien que quizás no es un fantoche, es una persona que no anda viviendo de manera escandalosa, es alguien que quizás públicamente no vive en autoexaltación, pero hay rasgos de contienda, de vanagloria que nosotros no nos detenemos a considerar y con facilidad podemos repetirlos.
Contienda y vanagloria
Comienza él diciendo en el versículo 3, «Nada hagáis por contienda o por vanagloria, antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a sí mismo.» Estas son las dos actitudes que se están combatiendo. Lo primero, una actitud de contienda y lo segundo, una actitud de vanagloria. Para madurar uno asume que uno tiene un poquito de eso. Todos somos hasta cierto punto contenciosos y todos somos hasta cierto punto vanagloriosos.
Y uno cuando habla así, alguien dirá por dentro, yo puedo decir que sí, pero no estoy seguro de que tú estás diciendo que sí. Si tú no has entendido lo que significa ser humilde, tú no sabes si lo eres o no lo eres. Humilde según la cultura popular no es lo que es humilde según el pensamiento cristiano. De hecho, Cristo era humilde, pero Cristo no era una persona empobrecida. Cristo no era una persona con pobre actitud. Cristo no era un hombre apagado. De hecho, él estaba plenamente consciente de su deidad. Y cuando interactuaba con los hombres de su tiempo, él no negaba sus cualidades.
Él sabía de dónde había venido. Él sabía hacia dónde iba y él sabía para qué había venido. Conocía su poder, conocía su santidad, él conocía su sabiduría. Él sabía que era superior a Moisés, por ejemplo. Él se atribuye la creación, él se atribuye la redención. O sea, que Cristo en medio de nosotros no era un hombre que evitaba hablar de sí mismo. De hecho, él hablaba mucho de sí mismo. Frecuentemente decía, «Yo soy, yo soy, yo soy.» ¿Se dan cuenta en esta aparente contradicción que uno dice que Cristo es humilde, pero al mismo tiempo Cristo venía diciendo, «Yo soy»? Entonces, con esto demuestro que humildad quizás no es lo que tú estás pensando que es.
¿Qué es contienda? Es una ambición de poder, de dominar al rival movido por intereses que son egoístas y todos somos hasta cierto punto contenciosos. ¿Qué ocurre? ¿Qué pregunta para reflexión?
¿Qué ocurre en tu interior cuando tu criterio no es tomado en cuenta? ¿Qué pasa cuando estás en un grupo entre tus hermanos y das una aportación que entiendes valiosa y tu aportación probablemente los otros no la entienden tan valiosa como tú? ¿Qué ocurre cuando estás contribuyendo y las cosas no se hacen a la manera tuya? ¿Estás dispuesto a ceder para avanzar?
¿Puedes identificar tú la diferencia entre opinar, deliberar y contender? ¿Estás tú dispuesto a renunciar a un asunto que tú entiendes que es legítimo, como una opinión que tú entiendes que es la mejor, a favor de que las cosas caminen? O si las cosas no suceden de la manera en que tú estabas esperando que sucedan, entonces tú te detienes, te opones, luchas y te aferras a tu idea inicial. Yo me lo aplico a mí mismo, hermano, y yo digo, «No apruebo. Necesito seguir creciendo en humildad por la contienda. Quizás no me caracteriza, pero es un asunto que puede emerger en mí.»
Después pasamos a lo siguiente, que es vanagloria. Es la segunda palabra. Es gloria vacía, honor sin sustancia, una orientación a la autoexaltación que no toma en cuenta a Cristo. Ey, para un creyente vanagloria no puede ser lo mismo que para un no creyente, porque nosotros tenemos un Señor que es glorioso. Y si para cualquier persona algo es legítimo, para nosotros no. ¿Sabe por qué no? Porque nosotros vivimos a la luz de la gloria de Cristo. De forma tal que cuando nosotros nos manifestamos, ya nuestra medida no es la cultura popular, sino que es la gloria de Cristo. Y una actitud de vanagloria es cualquier aproximación de exaltación de un creyente que no toma en cuenta la gloria de Cristo.
Un interés desmedido por tu imagen, por tu legado, por lo que los otros piensan de ti. Y tú dices, «No, a mí eso no me afecta.» A mí no me importa lo que los otros digan de mí. A todos nos afecta, aunque sea un poco. De hecho, el ser humano vive cuidando su imagen. Cualquiera de ustedes se vio dos o tres veces en el espejo antes de venir aquí. Quizás alguno dice, «No, yo soy valiente, yo me he visto, me cambio, me peino y salgo.» Todo el mundo se mira.
Ey, los seres humanos vivimos atentos a lo que los otros piensan de nosotros y lo que perciben de nosotros y proyectamos imágenes, códigos, palabras con la intención de ser percibidos de una manera o de la otra. Y cuando esa percepción no se ajusta con nuestra expectativa, entonces hacemos crisis.
Estoy hablando de vanagloria, ese interés desmedido en nosotros mismos. Y hay preguntas de reflexión: ¿cómo actúas cuando tu imagen pública es afectada? Ey, ¿cómo te afecta el hecho de que alguien tenga una imagen negativa respecto de ti? ¿Cómo actúas cuando estás en falta o quedas mal? En algún momento todos nosotros quedaremos en incumplimiento y hay expectativas que no llenaremos. ¿Cómo reacciona tu corazón? Quizás tú te defiendes, argumentas, das múltiples razones y mientras más razones des, más estás cuidando eso mismo que se llama tu imagen personal, porque te importa mucho tu gloria. ¿Estás dispuesto a ser marginado, degradado, ignorado por alguien? Una de las cosas que más nos afecta como seres humanos es ser degradados.
Degradado es que te dan un lugar y después te lo quitan. En mi experiencia laboral, pocas personas resisten en una empresa a ser degradados, ¿no? Anteriormente tenía esa posición y ahora ya no la va a tener. ¿Qué tiempo permanecerá esa persona después de ser degradado de su posición?
Produce una crisis. Porque nos importa mucho la gloria. Cristo fue, Cristo no fue degradado, él se degradó. Y si usted analiza la posición encumbrada en la cual Cristo existió eternamente y analiza lo que es la encarnación, usted se dará cuenta que la encarnación no es una escena de ternura, sino que en muchos sentidos es una escena que sobrecoge por distanciamiento.
Recuerdo una gerente que tuve en el departamento, trabajaba durante mucho tiempo y llegó un momento en que la empresa, uno puede decir que la empresa le retiró, pero realmente lo que sucedió fue que buscaron otra persona para que haga el trabajo. Y esta persona que se autopercibía como inaccesible, inalcanzable, un asunto de fidelidad, el equipo fuimos a su casa y le recibimos y yo veía que su rostro ya no se manifestaba igual. O sea, que su rostro cuando tú tenías la posición y tenías muchas personas que giraban alrededor de ti y tenías poder, no se ve igual cuando estás en la esfera doméstica y probablemente ya estás actualizando el currículum y buscando trabajo. Ser degradado es un asunto que nos afecta. ¿Y saben por qué nos afecta? Porque a todos nos interesa hasta cierto punto nuestra gloria.
La humildad en el mundo romano
Mostraré ahora cuál es el camino a la humildad. Dice, antes bien, con humildad. ¿Qué significa humildad?
En el mundo romano ese término era un término muy negativo, asociado con debilidad, con bajeza social, con defecto de virtud. Usted le decía a un romano que sea humilde y usted le estaba casi insultando. Entre el mundo antiguo, los romanos eran las personas más orgullosas que usted podía encontrar. Ellos vivían llenos de códigos que manifestaban su lugar, su rol, su posición en la sociedad.
Desde su vestimenta hasta su vocabulario o el lugar que ocupaban en una plaza pública, un romano le estaba diciendo al mundo, «Yo soy.» De forma tal que tenían muy claramente establecido quién pertenecía y quién no pertenecía. Y si usted le decía a un romano que sea humilde, casi le estaba ofendiendo, porque ellos no eran formados para ser humildes, sino que eran formados para ser más grandes que sus iguales. Entre la sociedad romana estaba muy bien codificado quién era un patricio y quién era un plebeyo, quién era un libre y quién era un esclavo, quiénes eran ciudadanos y quiénes eran extranjeros. Y cuando usted llegaba a una ciudad, desde la manera en que usted llegaba, hasta la manera en que usted vestía, estaba anunciándole a las personas de esa ciudad que usted pertenecía o que no pertenecía.
Un romano no asumía esto que entendemos en el mundo occidental de que ser humilde es algo bueno; para ellos era sinónimo de debilidad. De hecho, el cristianismo cuando fue predicado en Roma estaba trastornando la sociedad romana porque estaba cambiando las estructuras de poder y ya los creyentes no perseguían tanto esas cosas como las perseguían antes. Y el hecho de que los cristianos llegaran a dejar de perseguir esas cosas, los romanos intelectuales entendían que el cristianismo era un peligro para Roma. Porque si esta gente comienza a predicar que en Cristo realmente hay una horizontalidad y podemos ser iguales, entonces, ¿qué yo hago con mi ciudadanía que me costó tanto dinero? Y mi toga, la ropa púrpura era muy costosa y se reservaba para las personas que podían pagarla, y quizás tú habías comprado unas cuantas túnicas moradas y usted dice, «¿Y qué hacemos ahora?» Que los cristianos dicen que no deberíamos tener códigos de superioridad entre nosotros.
Aquí es que hace sentido cuando el evangelio fue predicado en Tesalónica y decían estas personas romanas, estos que trastornan el mundo entero también han venido hasta acá. El cristianismo estaba trastornando el mundo entero porque ya el mundo no seguiría, por lo menos desde la perspectiva de un cristiano, buscando los códigos de superioridad, sino que un creyente decía que si alguno quiere ser el primero entre ustedes, que se haga el siervo de todos. Imagínense lo que ideas como esta hacían en la cultura romana. Ey, a ti te estamos formando desde los dos años para que tú te sientas superior a tu vecino. Y ahora te vamos a decir en la iglesia del Señor que tu vecino debería ser considerado como superior a ti mismo. Estos textos a la luz de los códigos occidentales que han sido informados por la cultura cristiana, uno los lee y no parecen malsonantes. Pero dígale a un romano que ha estado invirtiendo su tiempo, su dinero, su esfuerzo en que su familia se distinga. Dígale, «Ahora comencemos nosotros como miembros de esta familia a considerar a los demás como superiores a nosotros mismos.» Es un virus. A los romanos no les gustaba la idea y a los cristianos tampoco. Es más fácil decirlo que vivirlo. Pero lo que nos están diciendo aquí es que antes bien con humildad, eso que no le gusta a los romanos y eso que tampoco nos gusta a nosotros, se va volviendo cada vez más profundo.
Antes bien, con humildad, dice la Escritura, considerando cada uno a los demás como superiores a él mismo. Usted le dice a alguien que creció en el mundo de los filipenses que viva así y usted le está diciendo, «Tú vas a perder toda tu identidad, tú vas a perder todo tu código, tú vas a perder todo aquello que te distingue, tú vas a ser de nuevo una hoja en blanco.» Y usted dice, «Yo no puedo.» Y él rápido viene y te muestra a Cristo. ¿Por qué Cristo es para nosotros un buen ejemplo de humildad? Algunas características.
Por qué Cristo es el ejemplo
Recuerda que estoy en la idea de que humildad no es necesariamente lo que tú estás pensando. Si a ti te preguntaran ahora mismo, ¿quién es un hombre humilde? Tú dirás que una persona humilde es una persona que no exalta lo que tiene, que dice que no tiene nada. De hecho, cuando alguien te da un piropo, cuando exalta alguna fortaleza en ti, la actitud primera que tú vas a tener es decir que tú no lo tienes.
Wow, tú sí eres inteligente. No, hombre, yo no soy inteligente. Wow, fulano, pero qué buena condición económica tú tienes. No, hombre, yo no tengo nada. Yo que estoy lleno de líos.
Wow, qué bien viste. ¿Qué vamos a hacer? Estos son trapos. Eso no es humildad.
La humildad desde el punto de vista cristiano es una persona que está dispuesta a reconocer toda su dignidad, todos sus bienes, todas sus capacidades y al mismo tiempo está dispuesta a renunciar a la luz del ejemplo de Cristo. Y para que tú llegues a ser realmente humilde, tú tienes que poner primeramente en valor las cosas que en este momento tú tienes. No es lo mismo ser humilde que ser una persona que tiene un criterio pobre de sí mismo. Una persona que es humilde es una persona que sabe lo que tiene, pero no se aferra a eso.
¿Saben por qué Cristo era humilde? Porque él sabía que él era Dios. Cristo fue realmente grande porque Cristo en su encarnación, él tenía plena conciencia de su eternidad, plena conciencia de su poder, plena conciencia de sus privilegios. De hecho, él decía que millares de ángeles estaban a la disposición suya.
Cristo no fue humilde porque él negara todo eso. Él fue humilde porque él afirmaba todo eso, creía todo eso y contaba con todo eso y aún así estuvo dispuesto a renunciar. O sea, que una persona que te dice a ti, mira, yo no tengo nada, yo no soy nada y que está mintiendo, realmente no está siendo humilde. Eso es una falsa humildad.
Él realmente está siendo humilde cuando está dispuesto a reconocer lo que él tiene, lo que él es, pero no está dispuesto a aferrarse. La diferencia entre la humildad cristiana y la humildad popular es que la humildad popular pasa por una mentira, donde la gente vive siempre subestimándose en la esfera pública para aparentarse mejor de lo que son. Un cristiano ofende al romano y también ofende al occidental porque él dice, «Yo realmente sé lo que soy. Yo realmente sé lo que tengo. Yo realmente sé lo que sé, pero no estoy dispuesto a aferrarme a nada de eso, sino que estoy dispuesto a renunciar.»
Decía el apóstol Pablo, en algún momento él decía, «Si alguien tiene de qué gloriarse, yo primero. Entre los judíos, yo fui un principal. Yo era de la tribu que tenía que ser. Era un fariseo, conocedor de la ley. Entre mis iguales tenía una posición de dignidad y todo lo que era para mi ganancia lo he considerado por pérdida.» Eso es humildad. ¿Sabes que un creyente humilde no es una persona que dice, «Yo no tengo nada, yo no puedo nada»? Estás mintiendo porque tú tienes muchas cosas. De hecho, son pocos como el caso de gente que tiene muchos recursos y están dispuestos a manifestarlo.
Hay gente que tiene mucha sabiduría y siempre dice, «No, yo no tengo nada.» Tienes algo. Hay gente que tiene muchos bienes materiales, pero no están dispuestos a manifestarlo. Tú sabes que realmente eres humilde porque tú pudiste primero ponerlo en valor y después tú puedes renunciar.
Humilló su dignidad: la encarnación
¿Qué fue lo que hizo Cristo? Miren qué fue lo que Cristo hizo. Dice el versículo 5, «Haya pues en vosotros este sentir que hubo también en Cristo.» ¿Cuál fue el sentir que hubo en Cristo? El cual siendo en forma de Dios. O sea, que Cristo no está diciendo aquí, «No, yo no podía.» Él está diciendo, «Yo soy en forma de Dios.» Es Dios mismo hecho hombre. No estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse. Ahí está la humildad.
Primero ponerlo en valor y después estar dispuesto a renunciarlo, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres. Ahí está la maravilla de la encarnación. Clarifico palabras. Cristo no fue obligado a hacer eso.
Se despojó a sí mismo. Tú puedes ver la diferencia. Una persona humilde no es una persona que es obligada a decir que no tiene, obligada a mentir a veces por presión social, sino que está dispuesta a decir, «Realmente Dios me ha rodeado de bienes. El Señor me ha dado mucha oportunidad, pero yo atesoro a Cristo por encima de todas esas cosas y estoy dispuesto a despojarme.» Esa es la diferencia de la humildad cristiana.
Lo que sobrecoge la Navidad es que Dios, siendo Dios, se hizo hombre. Hablo del ejemplo de Cristo. Primero el ejemplo en su encarnación. Él humilló su dignidad y privilegio.
Esto es lo que hace extraordinaria la Navidad. Dios hecho hombre. El nacimiento no emociona como una escena de ternura doméstica. Yo creo que cada año, por lo menos en una de las predicaciones, yo he mencionado lo mismo y lo seguiré mencionando.
Cristo no emociona como una escena de ir a ver un bebé como si fuera la ternura de un niño. Eso no es lo que emociona. Lo que emociona es ver a Dios haciéndose un niño. Eso sí.
De hecho, esas ideas que tenemos en Occidente de que los niños son una ternura, de que son dignos de reconocimiento en el mundo romano y en el mundo antiguo, eso no existía. Pensar que Cristo emocionó por la ternura de un bebé sería primero un anacronismo y al mismo tiempo sería un asunto que perdió completamente la perspectiva. Lo que impresiona es que cuando eligió encarnarse, no se encarnó como un hombre, que era una persona que todo el mundo entendía, que ya tenía capacidad, que ya tenía prestancia, que ya tenía poder, sino que se encarnó en la posibilidad más débil que ocupamos los hombres. Pensado lo vulnerable que es un bebé.
Es completamente dependiente. El bebé si no tiene una mamá que le cuide, muere. Usted se imagina a Dios haciéndose hombre y colocándose en la posición más vulnerable de los hombres. No era así en el mundo judío que tenía una valoración de la vida más alta, pero entre los romanos, donde la tasa de mortalidad infantil a veces alcanzaba hasta un 30%, las personas veían un bebé y lo que estaban mirando era debilidad.
No vean un bebé y vean futuro. En Occidente vemos un bebé y vemos futuro. Decimos, ahí está el potencial, ahí está nuestro próximo presidente, están los próximos líderes. En Roma decían, «Vamos a ver, vamos a ver si sobrevive, vamos a ver lo que pasa.» Así fue que se encarnó. Lo que maravilla de la Navidad es que cuando Dios eligió hacerse hombre, no se hizo hombre encarnado en un hombre adulto que ya era un rey, sino que se encarnó como un bebé y experimentó todas las transiciones que experimentamos los seres humanos. Te imaginas a Dios haciéndose bebé, después infante, preadolescente, adolescente, adulto y yendo a la cruz del Calvario.
Dice, «Señor, ve directamente a la posición ya terminada.» No, él comenzó en la posición más vulnerable. Y él no nos está hablando solo a nosotros. Pablo utiliza la encarnación de Cristo para hablarnos a nosotros de nuestra propia humildad. Si él tuvo la humildad de siendo Dios encarnarse y aún en la encarnación comenzar por la posición más baja en que comenzamos los seres humanos, ¿no podemos nosotros despojarnos de algo para poder tener una buena relación con nuestros hermanos? ¿Qué podría decir de la encarnación?
Eligió un pueblo disminuido, debilitado, oprimido, sin gloria. Eligió vivir todas sus transiciones como nosotros. Se contuvo de obrar y empezar su ministerio. Esta semana, mientras yo leía este texto, una de las cosas que a mí más me impresionan de Jesús es que esperó tres décadas para manifestar completamente toda su gloria y toda su deidad. El monte de la transfiguración, él pudo haberlo vivido a los 12 años y no lo hizo, sino que esperó 30 años para en ministerio público hacer lo que iba a hacer. Y durante esos 30 años, él siendo Dios, nos miró a los seres humanos de cerca en nuestra condición. Él que es Dios no se encarnó y vivió un fin de semana entre los hombres, ¿no? Un fin de semana lo vive cualquiera.
Hay gente que me habla como de vivir situaciones trascendentales, drásticas, como por fines de semana. Eso es turismo. Encarnarse durante 30 años y mirar al hombre en su condición. Imagínense a Dios que es absolutamente santo, mirando a los seres humanos de la manera más próxima posible y mirándonos en nuestra condición y permanecer allá y esperar 30 años para entonces comenzar su ministerio público. La encarnación de Cristo impresiona porque eso no fue un fin de semana. La encarnación de Cristo impresiona porque él vivió entre nosotros décadas de encarnación siendo absolutamente perfecto y pudiendo observar ese contraste.
Recalco la expresión, se despojó a sí mismo tomando forma de siervo. No fue despojado, no fue obligado. La humildad no se demanda. De hecho, si se te demandara humildad, ya no es humildad. Tú eres humilde porque tú sabes realmente lo que eres y tú eliges despojarte. Yo no puedo imponerte humildad. Yo siento que hay como mucha presión social para la humildad. Tú tienes que ser humilde. Ey, eso no se demanda. La humildad tú puedes modelarla y el ejemplo que nosotros tenemos es Cristo.
Tú eres humilde porque eso sale de ti. Pero si hay que controlarte, si hay que penalizarte, si hay que etiquetarte para que mira, eres o no eres humilde, ya se perdió el foco. Cristo voluntariamente se humilló. Y eso es lo que es humildad.
Es una persona que sabiendo lo que es, conociendo lo que conoce y teniendo lo que tiene, elige asumir una posición de siervo. Primer asunto en que vemos un ejemplo extraordinario de Cristo: se humilló en su encarnación.
Humilló su voluntad: la obediencia
Dice también el ocho, que se hizo obediente hasta la muerte. Esa es la humillación de la voluntad.
Y si es duro humillarte en tu dignidad, tú sabiendo lo que eres, asumiendo una posición inferior, imagínate ahora humillarte en tu voluntad haciendo no lo que tú quieras hacer, sino lo que otro dice que tú vas a hacer. Los seres humanos, todos nosotros queremos reinar, todos nosotros queremos regir, todos nosotros queremos la libertad. Lo más popular ahora mismo es ser autoempleado, ser freelance, emprender tu propio negocio. Pero sabes lo que está detrás de eso frecuentemente: es un deseo de que nadie rija sobre ti. Es un deseo de que nadie te trace la pauta. Un deseo de no tener un jefe. De hecho, esa es la campaña más popular: sé tu propio jefe.
Porque a los seres humanos nos molesta tener que sujetarnos a la voluntad de los otros. De hecho, muchas personas cuando piensan en ser ricos y acaparar bienes, piensan acaparar esos bienes para tener libertad. Y saben a que ellos le llaman libertad, no tener que sujetarse a la voluntad de los otros. Lo impresionante en Cristo es que él no solamente se hizo hombre y se despojó de esa gloria que la acompañó eternamente, sino que al hacerse hombre asumió la conducción de un siervo y humilló su voluntad.
Este es el tipo de obediencia completa que ningún hombre ha alcanzado ni alcanzará. Él cumplió completamente la justicia de Dios. Y nosotros luchamos con eso todos los días. Todos los días yo quiero hacer mi propia justicia y no la justicia de Dios. Todos los días yo quiero hacer mi propia voluntad y no la voluntad suya. O sea, que un creyente que se humilla es un creyente que está dispuesto a sujetarse, a someterse a la voluntad de su Dios. Y en un mundo donde todos pretenden ser primero, Cristo aceptó en forma agradable hacerse segundo. Y él dijo, «Yo hago la voluntad de mi Padre.»
Y cuando nos dice que haya en nosotros este sentir que hubo también en Cristo, este fue el sentir que hubo en Cristo: no aferrarse a su dignidad y no aferrarse a su voluntad. Yo sé que todos nosotros luchamos con cosas diferentes. Para alguno de mis hermanos, el aspecto de la humildad más difícil es asumir que alguien no me note, no me considere o no me respete o no me dé la dignidad que yo creo que yo merezco. Para otros, el aspecto donde más afecta la humildad es tenerse que sujetar a la voluntad de los otros, porque los otros quieren hacer cosas que no son las cosas que tú quieres hacer.
La humildad de Cristo es como un asunto tridimensional. Cristo humilló su dignidad. Cristo humilló también su voluntad y también humilló su justicia, y voy para allá ahora. A todos nosotros nos afecta más un aspecto u otro de la humildad. He hablado de que la humildad se manifiesta humillando tu dignidad. Tú sabes lo que tú eres, pero tú te recoges. Humillando tu voluntad, tú quieres hacer una cosa, pero tú haces la voluntad de alguien. Yo a veces especulo y pienso que el mercado de trabajo como nosotros lo conocemos, si Cristo no ha venido, yo no creo que aguante 20 años más.
Los hombres de tu tiempo no están listos para tener un trabajo de ocho a cinco y para tener un jefe. Usted sabe lo que molesta tener un jefe. Yo a veces proyecto hacia adelante. Yo digo, con el ego tan grande que vivimos los hombres de nuestros días, estas relaciones de subordinación como que van a parecer cosas del pasado.
Es que a nosotros nos molesta humillar nuestra voluntad, nos molesta tener liderazgo, nos molesta tener jefes y nos molesta tener un señor. Y cuando uno llega a Cristo, cuando uno dice que Cristo es el Señor, lo que uno está diciendo es que está dispuesto a sujetarse a la voluntad suya y que en lo adelante lo que Cristo diga que es bueno, para mí es bueno. Lo que diga que haga, eso yo hago. Es humillar nuestra voluntad.
Humilló su justicia: la cruz
Hay otro aspecto de la humillación de Cristo que es extraordinario y es que en su castigo Cristo humilló su justicia. Él no merecía ser castigado. De hecho, quienes le castigaron no tenían la calidad moral para castigar a Cristo. Dice aquí, «Y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte.» Y después dice, «Y muerte de cruz.» O sea, que la muerte no fue la muerte natural que vivimos los seres humanos, sino que fue una muerte por castigo. Y él no merecía el castigo. Ey, hermano, ¿cómo te sientes tú cuando te dan algo que tú entiendes que no te mereces? Sí, en su llaga fuimos nosotros sanados. ¿Cómo te sientes tú cuando te dan lo que tú entiendes que no te corresponde?
Yo calculo que de los aspectos de la humildad de Cristo es el que a mí más me molesta. Cuando yo creo que he trabajado para algo y no se me da la recompensa. Hago siempre la misma anécdota, hermano. Recuerden que nunca me destaqué como un gran estudiante, pero a veces haciendo sobreesfuerzo. Y un profesor que todavía yo entiendo como malvado en algún momento me evaluó con un 99 y yo peleé por ese 99 con unos niveles de furia como si fuera un 70 o un 55 porque yo entendía que había trabajado para 100 y él busca un tecnicismo para quitarme un punto y cuando me quitó ese punto yo hice crisis. ¿Y sabes por qué yo hice crisis? Porque yo entendía que yo tenía la justicia y ese punto era mío. ¿Cómo te sientes tú cuando te quitan algo que tú entiendes que es tuyo, que lo mereces y que estás en tu deseo legítimo de poseerlo? Cristo no merecía la cruz, pero por amor a nosotros fue hasta la cruz. Y cuando él se humilló, él humilló su justicia.
De forma tal que el único que no merecía ser castigado fue castigado. El único que no merecía el castigo recibió castigo. Y quien le castigó no era moralmente superior a él. Ese aspecto de la humillación de Cristo es un aspecto que nos da duro porque todos nosotros luchamos por nuestro derecho. Quítale en esta sociedad de derecho donde queremos vivir, quítale a una persona un poquito lo que le corresponde y tú verás cómo esa persona hace crisis. Realmente nos afecta tenernos que despojar de algo que entendemos que es nuestro derecho. Cristo no merecía la cruz, pero él asumió la cruz por amor a nosotros. Eso es lo que es humildad.
Haya pues en ustedes este sentir que hubo también en Cristo. Y uno se da cuenta que uno es humilde porque está dispuesto a sacrificar el punto ese. Profe, gracias. Quédese con él. Si usted me quitó el punto, yo entiendo que algo bueno usted está haciendo en mí. Me muerdo la lengua ahí.
Hablemos de los bonos. Le dieron los bonos. No, que yo me gané esa comisión. ¿Cómo se sienten los vendedores cuando por un subterfugio técnico le quitan la comisión? Yo hice los números, pero mira, sacaron ahí un asunto para no pagármelo. Cristo no merecía algo y lo asumió.
Él tenía toda la justicia, pero humilló su justicia. Yo siempre justifico eso a la luz de lo que es correcto. No fortalezca la mano del impío. Ey, hay cosas que yo las merecía por derecho y tengo que tener la disposición a sacrificarla.
Eso me tocaba a mí. Tómalo tú. Vi en estos días la película de Peanuts, Charlie Brown, una animación muy antigua y parte de la trama de la película es que Charlie Brown nada de lo que hacía le iba bien. Intentaba volar una chichigua o cometa y no podía, intentaba hacer algo y todo le salía mal, pero hubo algo que a Charlie Brown le salió bien. Estaban tomando exámenes, hicieron un examen, los exámenes se confundieron y la nota de Patti se la pusieron a él. Charlie Brown fue un héroe en esos días.
Todo el mundo entendía que él era un genio, que era una persona que era brillante, pero la nota no era la suya, era la nota de Patti. ¿Cómo te sientes tú cuando tú estudiaste para el examen y la nota tuya se la pusieron al otro? Ey, eso fue lo que sucedió en la cruz. En la cruz del Calvario, la justicia de Cristo, la justicia que ninguno de nosotros pudo adquirir por su propio medio, se la quitaron a él y te la pusieron a ti. Y el castigo tuyo, que era el castigo que ninguno de nosotros iba a poder evitar, te lo quitaron a ti y se lo pusieron a él. El justo por los injustos para que nosotros tengamos vida eterna.
Tú no eres Cristo, tú no vas a poder encarnarte, tú no vas a poder vivir una obediencia perfecta. Tú no vas a poder padecer un castigo y que ese castigo el Padre lo reciba como una ofrenda agradable. Pero yo creo que anunciamos lo que Cristo hizo por nosotros cada vez que podemos legítimamente sacrificar un derecho a favor de la causa. Y gran parte de los problemas y contiendas en la iglesia estaban porque hay una persona que está aferrada a algo que es legítimo.
Pero es que yo tengo la razón, yo lo sé. En la cruz no la tenías. ¿Pueden ver esta diferencia? Gran parte de los conflictos en la iglesia ocurren cuando una persona se aferra a un derecho que entiende que es legítimo.
Yo me gozo en la hermosura que hay en la carta del apóstol Pablo, porque él está resolviendo un conflicto en la iglesia. Y ese conflicto que él está resolviendo la iglesia en este momento, él no lo enuncia en el capítulo 2, pero en el capítulo 4 versículo 2, le dice, «Ruego a Evodia y a Síntique que sean de un mismo sentir en el Señor.» Evodia, quizás tú tienes la razón.
Es que yo soy muy piadosa. Yo no estoy dispuesta a renunciar a mi justicia. Síntique no tiene la razón. Yo sé que Síntique no tiene la razón, pero en la cruz tú tampoco tenías la razón. Ey, eso es lo que es humildad para un creyente: decir, «Mira, yo sé que tengo el derecho, tómalo tú. Yo sé que yo lo merezco más que tú, pero estoy dispuesto a cedértelo.» Humildad no es una persona que niega las cosas y dice, «No, tú tienes razón.» Yo no tengo que decirte que tú tienes razón para decirte, «Hermano, vamos a hacerlo de la manera tuya.» Aquí es que yo voy, hermano: esas partes cuando yo predico las cosas que digo, una cosa es predicarla, otra cosa es vivirla.
Porque yo mismo a veces me he encontrado tres meses luchando por tener la razón. Me siguen el pensamiento, aferrado a que la verdad está del lado mío. En la cruz la verdad no estaba del lado mío. Y yo recibí en la cruz un nivel de riqueza, un nivel de justicia que yo jamás iba a poder conseguir por mis propios medios. De forma tal que a la luz de la cruz, entonces yo puedo despojarme un poquito de mi justicia para que avance la causa de Cristo.
Clarifico aquí, hermano, no es que vamos a volvernos ahora como personas que estamos dispuestos a rechazar todo, hermano, pásame por encima. Eso no es. Es no aferrarnos desmedidamente a lo que nosotros entendemos que nos corresponde para seguir en esto, en el ejemplo de Cristo. Imagínate que en la cruz del Calvario Cristo por un momento pensara como pensamos nosotros.
¿Qué hubiera pasado de camino al Calvario si Cristo asume el mismo pensamiento que asumimos nosotros? Ellos no lo merecen. Yo sé que no lo merecen. Y tú desde que pensaste en encarnarte también sabías que no lo merecíamos.
De hecho, ahí es que está, hermano. A mí me afecta aún más cuando yo soy despojado en favor de alguien que yo entiendo que no merecía eso.
No, hermano, que yo tenga como recuerdos tan vívidos de cada cosa, pero cuando yo era adolescente estaban de moda los tazos y había tazos y había megatazos. Yo tenía unos vecinitos que tenían una colección de tazos, hermano, eran Selen y Albertico y la mamá se llamaba Celandia. Y Albertico era bueno. Él tenía un megatazo de Bobón, hermano, que le daba a los tazos y levantaba cinco tazos. Y estaban jugando los tazos Selen y Albertico. Vino Albertico y le ganó todos los tazos a Selen, pero Celandia lo había mandado a que hiciera algo. Cuando llegó lo encontró jugando, le dijo a los demás, «Están castigados y me entregan todos los tazos.» Tomó los tazos y los quemó. Albertico se sentía enardecido en su justicia. Y él decía, «Pero yo le gané todos los tazos y ahora ninguno de los dos tenemos tazos.»
Ahí es que nuestra justicia colapsa, pero eso fue efectivamente lo que pasó en la cruz. En la cruz del Calvario a nadie le andaban buscando si como pecador era gerente, director, operario, mando medio. La cruz tomó la justicia de Cristo y nos la repartió a todos nosotros. No de una manera proporcional ni equitativa, sino que nos dio a cada uno de nosotros el mismo nivel de justicia que tenía Cristo.
Y quizás tú te sientas insatisfecho, tú dices, «Pero que fulano es más pecador que yo.» ¿Y cómo que le dan más justicia a los? Tú forzaste más la cruz de Cristo que yo. Ay, hermano, en Cristo, en Cristo, en Cristo. Cuando él fue a la cruz, él pagó por todos nuestros pecados y asumió la culpa de todos nosotros y al mismo tiempo nos da todos nosotros el mismo nivel de justicia que él tiene.
De forma tal que cuando tú entiendas que te están quitando un derecho que es legítimo, piensa que eso es ser humilde. Tú no estás negando que tú lo tenías. Lo que estás diciendo es: yo reconozco que lo tengo y como reconozco que lo tengo, voluntariamente puedo despojarme. Leo de nuevo el texto, hermano. Recuerda estas tres esferas de la humildad de Cristo. Cristo se humilló en su dignidad al encarnarse. Cristo humilló su obediencia al cumplir la justicia que nosotros no pudimos cumplir. Y Cristo se humilló en el castigo al padecer lo que él no merecía padecer de mano de aquellos que eran peores que él.
Le decía Pablo a esta iglesia, haya pues en vosotros este sentir que también hubo en Cristo, el cual siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo.
La exaltación de Cristo
Y hecho semejante a los hombres, y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también lo exaltó. Ahí, hermano, el Señor cuando ve tu humildad, él puede exaltarte.
Porque que yo te exalte no significa mucho, porque a mí también me van a comer los gusanos. Humillaos bajo la poderosa mano de Dios y él os exaltará cuando fuere tiempo. Por lo cual, al haberse humillado tres veces en la encarnación, en la obediencia y en el castigo, te imaginas que la satisfacción de Cristo sea que ellos le dieron la gracia. No, hermano, ¿sabes dónde está su satisfacción? Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo y le dio un nombre que es sobre todo nombre para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos y en la tierra y debajo de la tierra y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor para gloria de Dios Padre.
En la contienda y en la vanagloria tú andas buscando tu gloria. Aquí tú estás buscando la gloria de Dios Padre. ¿Cómo se ve el evangelio? Miren, el evangelio es la buena noticia de que Cristo hizo lo impensable para que nosotros recibamos lo que jamás podíamos merecer. ¿Qué es el evangelio? Es la buena noticia de que Cristo hizo lo impensable. Dios haciéndose hombre, Dios obedeciendo, Dios padeciendo lo impensable para que todos nosotros recibamos lo que nosotros no merecíamos recibir. El evangelio no es solamente la noticia de que fuimos salvados, sino también la noticia de cómo Dios obró esta salvación. El Hijo eterno no se aferró a su gloria, sino que se humilló haciéndose hombre y tomando la forma de siervo. Una distancia tan grande entre su grandeza y nuestra vileza que nosotros no alcanzamos nunca a dimensionar, por lo cual lo tendremos que seguir predicando.
Ante una gracia así, la respuesta natural es la adoración a Cristo y la humildad entre nosotros. Hermano, si tú fuiste salvo por gracia, te queda muy feo vivirte sublevando. Si realmente tú fuiste salvo por gracia, te queda muy feo seguirte aferrando a tus derechos. Si realmente el Señor lo ha hecho, por favor, hermano, no te aferres a tu justicia, sino dale a los otros lo mismo que tú has recibido. Oro por la iglesia para que podamos imitar a Cristo en su humildad.