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La continuidad de la misión

Colosenses 1:12-14

Desde Colosenses 1:12-14 se nos muestran hechos asombrosos y ya cumplidos sobre nuestra salvación: fuimos hechos aptos, librados de la potestad de las tinieblas, trasladados al reino de Cristo y redimidos por su sangre para perdón de pecados.

Predicado14 de junio de 2020
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Quisiera desde esta porción de la Escritura mostrar a la congregación algunos hechos asombrosos al respecto de nuestra salvación. Es Colosenses capítulo 1, desde el 12 y hasta el 14, para mostrar desde esta porción de la Escritura hechos asombrosos sobre nuestra salvación. Dice así la Sagrada Escritura, la Palabra del Señor, Colosenses capítulo 1, del 12 hasta el 14. Dice Pablo escribiendo a la iglesia de los colosenses:

Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz; el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.

— Colosenses 1:12‑14

Pueden sentarse, mis hermanos. Tenemos ya tres semanas en el libro de Colosenses, y todo en este libro se ocupa de Cristo. Y no hay otro deleite más grande en mi vida que predicar directamente acerca de Cristo. Sería un desperdicio predicar la Palabra del Señor y no terminar en nuestro glorioso Salvador, pero hay porciones de la Escritura y libros como este que se centran exclusivamente en Cristo. Todo en Colosenses transpira Cristo, Evangelio, buenas noticias.

Al mismo tiempo, es una carta muy agradable para los creyentes, pues todo lo que hay aquí es positivo. Les decía la semana pasada que esta porción de la Escritura tiene cosas que ya sucedieron y son todas cosas a favor de nosotros. Hoy estaré mostrando cuatro grandes cosas que ha hecho Cristo a favor de nosotros, que son hechos asombrosos sobre nuestra salvación, y que no son tareas por hacer, sino hechos cumplidos en los creyentes.

El misterio de la cruz y el gozo de entender la salvación

No podemos llegar a comprender cabalmente todo lo que ocurrió en la cruz. La cruz para mí en gran medida es un misterio. Ahí sucedieron cosas de las cuales yo he sido recientemente consciente, y mientras más comprendo la cruz de Cristo y el milagro de nuestra salvación, entonces más gozo hay en mi alma, más gozo siento en mi corazón. Esto es una fuente inagotable; tú podrías ver la cruz de Cristo, contemplar la obra en la cruz de Cristo, y tu salvación se va a ver cada vez más grande, más brillante, más gloriosa.

Por eso comenzó Pablo diciendo: “con gozo dando gracias al Padre”. Aquello que sabemos sobre la cruz y la salvación lo sabemos por revelación, pero todo es asombroso, son cosas que uno debería decir, por lo menos espiritualmente hablando: “¡guau!”. Ya tú eres salvo, pero yo quisiera que tú veas cómo tú fuiste salvado y que, cuando tú veas los detalles grandes de tu salvación, tú mires hacia el cielo y digas: “Dios, gracias”.

Yo fui salvado por el Señor hace muchos años, pero recientemente volví a observar la cruz y la obra de salvación y lo mínimo que dije fue eso: dije “wow”. Todo esto ya ocurrió, todo esto es irreversible, todo esto está a favor mío. Yo sé que tú eres salvo, pues yo no solamente quisiera que tú actualmente fueras salvo, yo quisiera que tú seas gozoso, que seas agradecido. Hay millones de personas que realmente son salvos, pero no saben lo que tienen. Han recibido dones preciosos, han recibido una obra gloriosa y todavía no comprenden del todo su salvación.

Yo concedo eso: tú eres salvo, pero yo quisiera que tú seas salvo y al mismo tiempo seas gozoso. Quisiera que fueras agradecido, que tu salvación no fuera solamente un documento de esos que tú tienes debajo del colchón, sino que tu documento, tu salvación, sea una prenda viva, un asunto que sea glorioso, que te sea el centro de tu gozo. Hay muchas cosas que a mí me dan alegría en mi día a día. Yo soy un privilegiado por del Señor, porque siempre tengo motivos de acción de gracias y muchas cosas a mí me dan satisfacción.

Tengo una profunda satisfacción —sin orden, hermano, sin orden— una profunda satisfacción en la familia, una profunda satisfacción en los hijos, en el matrimonio, mis hermanas, en mis cuñados, en mi iglesia local, en mi llamado, en mi ministerio. Pero todas esas cosas me dan rendimientos crecientes; algunas me dan más satisfacción a veces, otras me dan otra satisfacción en otras veces. Sin embargo, la salvación de mi alma me da un gozo que es creciente, un asunto que no se detiene. No ha habido un año donde yo no sienta el privilegio de mi salvación y además, al crecer mi conocimiento de Dios, esto se vuelve aún más glorioso, aún más satisfactorio.

En esta porción de la Escritura hemos visto primero el Evangelio como una palabra verdadera y algo digno de confianza. Después vimos una oración centrada en el Evangelio. Veamos ahora algunos hechos asombrosos sobre nuestra salvación. Reitero: no son tareas por hacer, sino hechos cumplidos en los creyentes, para atender y para maravillarte. Y alguien práctico me va a decir: “pero él tiene tres semanas que no va dejando como de lado… ¿por qué le predica a los creyentes? ¿y qué van a hacer conmigo?”.

Yo hice una pregunta a una persona que tiene grandes inversiones en tierra, que cómo llegó a invertir en tierra, y me dijo que él escuchó una conversación. Y que en la conversación alguien dijo que la inversión en tierra es una inversión muy segura y que es la mejor manera de tú hacer patrimonio, y él salió a investigar cómo es que se invierte en tierra, y ha comprado unas cuantas propiedades.

Yo quiero mostrarles su herencia hoy a los creyentes, esperando despertar a aquellos que no han creído, de forma tal que ellos digan: “si ellos la tienen, yo también la quiero”. Aquí hay un grupo de gente que fue salvo y tú dices: “¿y qué pasó conmigo y mi salvación?”. Ah, yo quisiera despertar ese interés espiritual en la gente, de forma tal que vean al pueblo del Señor celebrar su salvación y ellos miren al cielo buscando misericordia; que tú escuches aquí a los herederos hablando de su tierra y tú te preguntes: “¿qué es lo que hay que hacer para uno tener un pedazo de ese asunto?”.

Ideas erróneas sobre la salvación y el problema de la “decisión”

Como preámbulo les digo, hermanos, que aun creyentes que son verdaderamente salvos pueden tener ideas erróneas sobre su salvación. Eso no demerita tu salvación. La salvación es un hecho concreto; que tú entiendas cómo sucedió ese hecho concreto, esos son otros cien. Si usted fue salvo, usted es realmente salvo, aunque sus ideas sobre su propia salvación no sean las ideas más correctas. Son dos cosas distintas. Nosotros no somos salvos por entendimiento, somos salvos por gracia, y después que tú eres salvo por gracia tú entiendes.

Y yo espero que tú entiendas las cosas correctas, pero tú no necesitas entender correctamente para ser salvo. Ahora, tú necesitas entenderlo para ser gozoso y agradecido, es así. Tú puedes ser un salvo aburrido. Tu salvación puede no sentirse, sobre todo; yo quisiera que mi iglesia comparta su salvación en parte. Comparte tu salvación, tú deberías querer hablar de ella, mostrarla, que la gente vea en tus ojos que tú sientes el privilegio, que tú sientas que tú eres verdaderamente salvo, gloriosamente salvo, poderosamente salvo, y la gente te diga: “wow, pero ¿qué fue lo que tú hiciste?”, y que tú muestres a Cristo.

Muchos de ustedes fueron salvados, pero todavía dicen que ustedes decidieron seguir a Cristo, y yo puedo entender lo que están diciendo. Hubo una oferta que se puso ante ti, en algún momento tú dijiste que sí, en algún momento tú afirmaste, en algún momento tú recibiste, pero tú no fuiste salvado porque tú dijiste que sí. Tú no fuiste salvado porque tú recibiste a Cristo, probablemente tú recibiste un regalo, pero tu recibimiento no fue lo que produjo el regalo.

A ti te dieron a Cristo desde antes de la fundación del mundo. “Con amor eterno te he amado”, dice la Palabra, “por lo tanto te prolongué mis misericordias”. Tu salvación es mucho más que una decisión o una intención. Y si hasta ahora tú has hablado de tu salvación como una decisión personal —“yo tomé mi decisión”— yo quisiera mostrarte que la decisión tuya… ay, hermano, eso no es ni la cherry del bizcocho, eso es el calimetito que te lo pusieron en la bebida. Eso no se compara, en relación a tu decisión, con relación a la decisión de Dios por salvarte.

Y tú vas por ahí: “yo decidí aceptar a Cristo”. Yo te voy a mostrar a Cristo que él decidió salvarte. El Padre decidió salvarte en Cristo mucho antes de que tú entendieras que tú necesitabas a Cristo, y que cuando tú entiendas esa verdad, tú digas: “guau, mira”. Es más, yo no quiero, ni siquiera… yo no espero, yo quiero, pero yo no espero ni siquiera que tú entiendas esa verdad cabalmente, pero que tú la entiendas medianamente. Que tomes esa decisión ya yo te pago.

Santificación, fe y la verdadera base de nuestra seguridad

Hay otros que dicen que fueron salvados porque, con la ayuda de Dios, se apartaron de determinado pecado. Tú te preguntas por qué tú eres salvo y respondes: “porque yo no estoy pecando”. Ay, hermano, tu salvación es más grande que tu santificación. Y el Señor va a hacer que tú te apartes de todo pecado, pero toma tiempo la limpieza. De hecho, hay gente que se ha apartado de determinado pecado y aún no son salvos. Yo fui salvado porque, aunque pequé, me arrepentí pronto de mi pecado. Y ahí sale la “oración del pecador”.

Tu salvación es mucho más que un arrepentimiento de última hora. Hay personas que tienen una oración siempre presta porque están esperando que pueda sobrevenir un infarto, un accidente, una cosa rápida, y ellos rápido salen a buscar la oración del pecador. Ay, hermano, no vivas así. Tú no serás salvo por tu santidad, tú serás salvo por un asunto que se llama adopción. De hecho, tú serás santificado porque primero fuiste adoptado, pero tu nivel de santidad no es lo que produce tu salvación. Eso podría expresar tu salvación.

Nosotros no somos salvos porque seamos limpios; hemos sido limpiados porque hemos sido salvados. De hecho, el perdón de pecados, en este listado de cuatro cosas, Pablo lo deja para último. Y de último: “y hasta te perdonó los pecados”, y en tu espíritu agrega esto: “no es la cosa más importante; es tan importante como las demás, pero no lo primero”. “Yo fui salvado porque creí”, dice alguien. “¿Cómo tú, por qué tú estás seguro de tu salvación?”. “Porque yo he creído, es por fe”. No, no dice la Escritura “por fe sois salvos”; dice: “por gracia sois salvos por medio de la fe”, y después, para que quede claro, establece en Efesios 2:8: “y esto no de vosotros, pues es don de Dios”.

Si acaso yo puse los ojos en el lugar correcto donde había salvación, es porque alguien llamó la atención mía hacia allá. La gracia me fue dada aun antes de que en mí existiera fe, de forma tal que la fe es un don de Dios. Comienza el versículo 12 diciendo que nosotros fuimos hechos aptos para participar en la herencia de los santos. Es una de las grandes columnas de tu salvación: “con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar”. Permítanme, hermanos, mostrarte que por tus propios medios tú no tenías la actitud necesaria para ser recibido por Dios, pero para que tú seas recibido por el Padre, él te hizo apto en Cristo Jesús, él te cualificó.

Nuestra ineptitud y la santidad de Dios

Para sentir el privilegio de tu salvación debes reconocer primero tu ineptitud. De hecho, dice Efesios —que es una carta paralela, pues las dos se escribieron cerca— que él “nos hizo aceptos en el Amado”. Él no te aceptó a causa de tu mérito, él te hizo a ti acepto para que tú puedas tener una herencia. El Evangelio nos muestra que Dios es realmente muy santo y que nosotros somos muy pecadores, y mientras más tú conoces el Evangelio, esa brecha se vuelve aún más grande. Mientras más tú creces en el conocimiento del Señor, más santo se vuelve Dios, mientras más tú leas las Escrituras tú llegas a entender el abismo de separación que hay entre Dios y nosotros.

Y mientras más te conozcas a ti mismo —como la gente quiere buscar— más asustado deberías estar. Tú eres peor de lo que tú pensabas, tú eres mucho peor de lo que la gente creía. Tu nivel de ineptitud todavía tú no lo has dimensionado en la mente, pero era un asunto imposible que tú por tus propios medios seas salvo. De hecho, si tú te encuentras con Dios… La gente dice: “yo quiero sentir a Dios”. Tú no quieres sentir a Dios, a un Dios verdaderamente santo. Cualquier punto intermedio confirma que tú o no has recibido o no has entendido el Evangelio.

Punto intermedio son aquellos que dicen: “mira, es que hay gente que es peor que yo; yo soy salvo porque hay otros que son peor que yo”. No. De hecho, los seres humanos vivimos en eso, en autopromovernos y desacreditar a los demás, porque pareciera que si desacreditamos a los demás y nos autopromovemos nosotros, con eso vamos a tener algún tipo de salvación. “Todos se descarriaron, como ovejas; todos se hicieron inútiles”. Y algunos dicen: “mira, que Dios no es tan exigente como los cristianos dicen, él realmente me ama, vive tu película”. Te lo juzgaremos.

“¿Pero por qué tú crees que él te ama?”. “Porque yo siento que él me ama, yo siento muchas cosas”. Y tú también. Nuestra salvación no es un sentimiento, es un hecho. “Es que yo creo que él me ama, yo sinceramente lo creo”. Tú puedes creer muchas cosas y eso no te hace heredero.

“Conmigo Dios hará una excepción”, dicen otros. “Ya sé que todos los mapas dicen otra cosa, pero yo estoy esperando que cuando yo esté en su presencia conmigo él va a hacer una excepción”. Yo te quiero preguntar: ¿realmente tú te crees mejor que Cristo? Porque Cristo, cuando tomó nuestros pecados para ir a la cruz, oró al Padre y le dijo: “Padre mío…”. Estoy escuchando el término “Padre mío”, o sea, él le está orando con la familiaridad que solamente él tiene: “Padre mío, si es posible, pasa de mí esta copa; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya”.

Y si a su Hijo amado, que realmente es perfecto, el Padre no le evitó la cruz, yo te pregunto: ¿realmente tú crees que contigo van a hacer una excepción, una particularidad? ¿Tú eres mejor que Cristo? Existe una cruz, existe salvación para nosotros, porque al Hijo el Padre le dijo que no. Y cuando tú estés en su presencia y le digas: “Padre mío, aquí estoy yo, que soy un pecador muerto en mis delitos y pecados y quiero apelar a tu misericordia”, ¿tú crees que va a tener él más misericordia de ti que la que pudo haber tenido sobre su Hijo amado, que realmente era perfecto?

Yo no creo que nadie debería aproximarse a un encuentro con Dios pensando que Dios con él va a hacer una excepción, pues si no la hizo con su Hijo, tampoco la va a hacer contigo. Y en esa sección donde viva el pecador —y eso es muy dominicano— los dominicanos siempre estamos buscando que con nosotros se haga una particularidad; por eso las leyes no funcionan. Yo sé: estudia por ahí alguien que sale de casa de la dirigencia: “mira, ven acá, ven acércate, déjame decirte una cosa, recuerda la campaña; hermano, la situación es difícil, sabemos buscarle la vuelta”. A esto no se le busca la vuelta, Cristo es la vuelta.

Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.

— Hechos 4:12

Si alguien está esperando un encuentro con Dios donde haya misericordia, no habrá misericordia, porque hombres mucho mejores que tú fueron reprobados por él. Y cuando yo veo eso digo: “ay, Rafael Pérez, agárrate de Cristo”. Porque en Cristo nosotros hemos sido hechos aptos, no porque nosotros lo tuviéramos, se nos ha imputado su justicia.

Sin excusas: revelación general y condenación

Las excepciones no van a ocurrir. La misericordia es ahora. Pero algunos apelan a su ignorancia: “es que yo no conozco mucho; no, pues yo no conozco mucho, yo no…”. Sí, yo a veces asumo que la gente no quiere venir a la iglesia, no quiere escuchar el Evangelio para quedarse en su ignorancia. Yo entiendo el truco, yo también lo hice. Te asignamos la tarea y tú te hacías medio loco: “profe, que yo no entendí, es que yo estaba enfermo, es que ese día yo no vine; hoy es que se entrega la tarea; por acá conmigo una excepción”.

Darcaro daba clases en italiano, disfrutaba su clase intensamente. Yo voy enamorado de mi esposa, hermano, eso es… pero ella es muy buena maestra. Pero tiene una combinación como maestra que es sumamente complicada, porque ella es graciosa y exigente, y reprueba los alumnos con una sonrisa; ellos creen que aprobaron. “Profe, ¿de verdad que me quemé?”. Y ella diciéndole: “sí”. Y yo la veía, hermano, y decía: “no, pero Caro es sorprendente”. Ella le está diciendo a ese estudiante que ha desperdiciado cuatro meses de su vida tomando una clase que a él le encantaba, que la maestra… y después le dice: “nos vemos la próxima, vuelve a inscribirla”, y bien.

Y le decía: “pero dale los puntos”, y de verdad lo dejaba. Y volvían y se inscribían. Que el Señor en este tiempo haya extendido, prolongado su misericordia no significa que el Señor te esté aprobando. Y probablemente, en tu falsa expectativa, en un futuro de condenación… Yo mismo le decía a Caro: “pero dale los puntos, y de verdad tú lo vas a dejar que se vaya así”. “Sí, son dos muertes, dos”. Yo creo que hasta yo salía en el vídeo de vez en cuando, pidiendo, intercediendo ahí.

Ah, yo no voy a poder interceder por ti cuando tú estés en la presencia del Señor y quieras que contigo se haga una excepción, una particularidad. Él es justo, él es verdaderamente justo, él es santo, él es impresionantemente santo y él es poderoso, absolutamente poderoso. Y no hay ningún hombre que te haya exonerado el conocimiento de Dios, porque lo que era necesario, él te lo dio a conocer.

Yo sé que alguien va a decir: “no, es que mira, solo predicaron la Reina-Valera del 60, que tenía un ‘vosotros oísteis’, y como esa es Reina-Valera del 60, yo no lo entendí, Señor, y por eso fue”. Se lo traje en la Biblia Dios Habla Hoy. No es que eso “yo la oía católico”. La Dios Habla Hoy la usan los católicos y también la utilizan los evangélicos. Traje Dios Habla Hoy, y lo que dice la Dios Habla Hoy en Romanos 1, del 20 al 21, es:

Pues lo invisible de Dios se puede llegar a conocer, si se reflexiona en lo que él ha hecho. En efecto, desde que el mundo fue creado, claramente se ha podido ver que él es Dios y que su poder nunca tendrá fin. Por eso los malvados no tienen disculpa, pues aunque han conocido a Dios, no lo han honrado como a Dios ni le han dado gracias; al contrario, han terminado pensando puras tonterías, y su necia mente se ha quedado a oscuras.

— Romanos 1:20‑21 (Dios Habla Hoy)

Dios te está diciendo que ya tú le has conocido, que tu nivel de entendimiento sobre Dios es suficiente para tu reprobación. “Porque aunque han conocido a Dios, no lo han honrado como a Dios”. Por eso cada vez que yo veo un documental yo digo: “ahí está su condenación”. “La madre naturaleza”, “la naturaleza es sabia”, “la ley natural”. ¿Y quién hizo la ley natural? ¿Y quién parió a la madre naturaleza?

Si usted está en la creación y tú estás respirando, hay condenación sobre usted. Usted no va a poder llegar a decir: “no, yo nunca leí la Biblia completa, yo solamente leí algunos pedacitos, y el predicador que yo tenía no era muy eficiente. Ese hombre no predicaba el Evangelio, hablaba de muchas cosas”.

Ay, por favor, no te excuses en mí cuando tú estés en la presencia del Señor. Yo le voy a decir al Señor, cuando te mire así de lado: “yo se lo prediqué en la Biblia Dios Habla Hoy, Señor, toda mi vida; yo sé Reina-Valera, pero ese día yo le traje el texto en la Dios Habla Hoy y se lo dije”. Yo realmente quiero que tú seas salvo, pero yo tengo que honrar la fidelidad de Dios que se ha dado a conocer a sus criaturas de forma tal que no tienen excusas.

Al leer quiénes son y cómo viven los herederos, nosotros reconocemos nuestra imposibilidad. Dice: “la herencia”, escuchen la herencia: “con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz”. Y cuando yo veo quiénes son los herederos, yo digo: “pero es que si la herencia es de los santos en luz, definitivamente que yo no voy a heredar, porque ni somos santos ni vivimos en luz”. Y cuando tú ves el requerimiento, y es ser santo, yo te pregunto: ¿qué tan santo? Tan santo como él.

“Sed santos, porque yo soy santo”.

— 1 Pedro 1:16

Eso es lo que dice la Palabra. Pero yo no puedo alcanzar el nivel, no puedo ser cualificado, no llego, no llego. Y después dice que él habita en luz, y que su pueblo también anda en luz, y tú te reconoces a ti mismo que ni tú eres santo ni tú andas en luz. Un hombre serio reconoce su tiniebla.

O sea, aquí hay oscuridad. Y para participar en la herencia yo necesito ser santo y andar en luz, y como no tengo ninguna de las dos cosas, yo necesito el Evangelio. El Evangelio nos indica que hemos sido cualificados, hechos aptos, hechos aceptos, como dice Efesios, en Jesucristo. No por mis medios, sino por los medios suyos, y tu única esperanza de salvación cuando llegues a la presencia del Señor es haber puesto tu esperanza en el único que te puede salvar: Cristo, pues no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres en el cual podamos ser salvos.

El Antiguo Testamento está lleno de referencias sobre nuestra ineptitud para tener comunión con Dios, lleno, de forma tal que nadie aspire a llegar por sus propios medios.

El jardín, la cortina y la separación con Dios

En el jardín del Edén, cuando Dios tenía comunión con nosotros, hubo algo que se llamaba pecado, y eso se llama pecado, o sea, separación entre Dios y la criatura. Y el hombre que anteriormente podía aproximarse a Dios a rostro abierto, en ese momento tuvo vergüenza y se escondió de Dios, y Dios salió a buscar al hombre. El hombre hizo esfuerzos de cubrir su pecado y su desnudez con hojas, y el Señor le preguntó: “¿y quién te enseñó que estabas desnudo?”. Ahí uno ve al hombre ya reaccionando ante Dios con temor.

Y fueron expulsados del jardín del Edén, y cuando fueron expulsados del jardín del Edén, dos ángeles fueron puestos con espadas encendidas. Te están diciendo que Dios es absolutamente santo y que, en tu condición de pecado, no puedes tener comunión con Dios. “A mí se me olvidó lo que pasó en el Edén, han pasado ya muchos años, cientos de años”. El Señor trajo el tabernáculo, concluyó en el tabernáculo, estableció su morada en una parte que se llamaba el Lugar Santísimo, y al Lugar Santísimo tú no podías llegar. De hecho, tú no podías entrar ni siquiera al Lugar Santo.

Y en el Lugar Santísimo, el propiciatorio representaba la presencia del Señor. Si tú entrabas ahí, morías, porque él es santo y tú no lo eres. En el templo de Salomón, el Lugar Santísimo tenía cortinas, y esas cortinas tenían dibujos de ángeles, recordándonos que algo sucedió por lo cual hay separación. Si ustedes realmente temen por su alma… Hoy hay libros. Un libro se llama a sí mismo “El Jardín, la Cortina y la Cruz”. Lo tienen ahí, afuera está disponible. Léalo, es una historia para niños. Yo traje el de Yule. Me lo prestó la hermana y ella no deja que la citen, pero me presta sus libros.

“El Jardín, la Cortina y la Cruz”, hermano, un libro para niños, pero yo creo que un adulto debería leerlo. Léalo. Es un libro para niños, pero yo se lo leí a mi niña y mi alma fue nutrida. Dios hizo un jardín y en este jardín todo era maravilloso. El mundo estaba lleno de carcajadas, sonrisas y diversión. Allí nada era malo nunca, allí nadie estaba triste jamás, y lo mejor de todo era que Dios estaba allí. “Hola, Adán”, “hola, Eva”. Cuando tú llegues a la presencia del Señor recuerda que un predicador un día te leyó el Evangelio como si tú fueras un niño.

Y que en un libro de historias infantiles te recordaban que tú estabas separado de Dios, y el libro era verde. Él lo había creado todo, él estaba a cargo de todo, él amaba todo y las personas podían ver a Dios y hablar con Dios y simplemente disfrutar de su amorosa compañía. “Eva, Dios está aquí, ¿quiere pasear con nosotros otra vez? ¿No es genial?”. “¡Yupi!”. Ay, hermano, yo te amo tanto que te quiero hasta decir el “yupi”, ¿entiendes?

Apuesto a que va a ser aún más emocionante que ayer. Era maravilloso vivir con Dios, pero entonces, un día, las personas hicieron algo terrible. Decidieron no obedecer a Dios. Prefirieron un mundo donde Dios no estuviera a cargo. Dios llama a eso pecado. El pecado lo daña todo, por eso el pecado no puede estar en el maravilloso jardín de Dios. Dios dijo a las personas: “ya no pueden vivir conmigo en mi jardín”, y los envió afuera.

Para que las personas entendieran que no podían entrar, Dios colocó ángeles guardianes en la entrada. Los ángeles eran como un letrero gigante que decía “NO ENTRAR”. Ahora las cosas estaban mal, y muchas veces las personas se sentían tristes, pero aun así seguían pecando, porque no querían que Dios estuviera a cargo. Así que ya nadie podía entrar a aquel lugar maravilloso. Dios decía: “al pecar, no pueden entrar”.

Si alguien está confiando en que va a tener un encuentro con el Dios que es absolutamente santo, absolutamente justo, que se ha revelado a todo hombre de forma tal que el hombre no tenga excusa, la única esperanza que hay para eso es haber sido hechos aptos para participar de la herencia de los santos que están en luz. Y eso solamente se logra en Cristo.

Hechos de la salvación: hechos, no decisiones

Cuando Cristo murió en la cruz por nosotros, dice que el velo del templo se rasgó. Y te están diciendo, figuradamente: “a través del sacrificio de Cristo, ustedes pueden entrar”. Por sus propios medios nunca lo lograron, pero en Cristo fuimos hechos aptos para participar de la herencia de los santos, y esa es la primera gran columna de tu salvación. Tú no eres apto, el Señor te cualificó en Cristo, por lo cual la herencia tuya asúmela con humildad. Tú no te pareces del todo a él, pero tu herencia es segura.

Me reía anoche, Armando, pensábamos: nosotros nos parecemos a los hijos de Madonna, que ella es blanca como la leche y los hijos morenitos. Y la gente te pregunta: “¿y estos son hijos de quién?, ¿y esos son hijos de Dios?, porque no se parecen”. Eso no se pregunta. Tatatata, estate quieto, que somos adoptados. Él nos está formando, nos está formando su carácter. Yo sé que no nos parecemos, que somos adoptados, adoptados que somos ya por decreto. Tanto que preguntan: “¿y esos son hijos de Dios?”. Eso no se pregunta, tú no ves que él es absolutamente santo; yo todavía estoy en transmisión de prueba.

Pero soy heredero. Es un asunto legal, no es de fisonomía, ni siquiera de carácter. Yo soy parte de esa herencia, y es parte de mi gozo porque es una herencia que está segura. Mi salvación no depende de mi cualificación, mi salvación no depende de mi rendimiento, mi salvación depende de que él, con amor eterno, me amó y me salvó por gracia. Y cuando me salvó por gracia, me dio fe.

Y cuando yo veo eso tengo gozo y tengo gratitud. Tengo algo que no pude haber obtenido por mis propios medios. Tengo algo que ninguno de ustedes me pudo haber dado. Él me salvó en Cristo. Guau, hermano, y eso solamente es un elemento de tu salvación. Después dice el 13: “el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas”. Él no solamente te hizo apto, él al mismo tiempo te libró de un poder: la potestad de las tinieblas.

Las Escrituras muestran el poder de las tinieblas como una corriente y como un espíritu. Dice así mismo Efesios 2:2: “el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia”. Y no lo muestra como algo sencillo, por lo cual yo te digo que no digas que tú fuiste salvo por tu decisión, porque con tu decisión tú no podrías suspender ese poder que te tenía esclavizado: la potestad de las tinieblas.

La potestad de las tinieblas y la falsa libertad

A mí me llama la atención que Dios, que es absolutamente poderoso, cuando él nos presenta las tinieblas, nos muestra las tinieblas como algo que también es poderoso —no tanto como él— pero son poderosas, porque él quiere que tú sepas de dónde él te sacó. La Escritura hace un gran esfuerzo de que entendamos que el diablo es poderoso, que los demonios son poderosos, que las tinieblas son reales. Y tú dices: “pero si él es todopoderoso, ¿por qué representa al diablo y las tinieblas y las corrientes del mundo como un poder que es muy fuerte, que es más fuerte que yo?”.

Porque él quiere que tú te goces en tu salvación y que realmente reconozcas de dónde fuiste sacado; que tú no solamente fuiste sacado de tu ignorancia, que tú fuiste liberado de la potestad de las tinieblas y eso no es poético ni figurado, eso es real. Y tú dirás: “no, es que yo no era tan… yo era neutral”. “El que conmigo no recoge, desparrama”.

Aunque todos los incrédulos viven bajo la potestad de las tinieblas, que es un dominio legal y una influencia, no todos han degenerado igual. Muchos incrédulos viven en una aparente libertad, pero que tú vivas en una aparente libertad, que tú tengas una soga larga, no significa que tú seas libre. Que tú no hayas degenerado al punto al que vas a terminar degenerando, no significa que tú hayas sido salvo.

Hay personas que conviven con condiciones que son muy peligrosas durante muchos años. Pero ya el pecado es imposible. Vivir en las corrientes del mundo, estar bajo la influencia de la potestad del príncipe de este mundo y no sentirlo, tarde o temprano se va a sentir. Y tú no tienes que ser consciente para estar bajo la influencia diabólica. De hecho, Satanás logra más con la ignorancia que con la conciencia.

Plan estratégico del diablo: que la gente no sepa que está atada. Pero tú estás atado, tú no eres libre, tú necesitas un gran Salvador que es Cristo Jesús. Tú estás en peligro, y ese peligro es una influencia, ese peligro es una potestad, ese peligro es un dominio, ese peligro es un reino: el reino de las tinieblas, que es real. La gente le llama a eso maldad, perversidad, violencia, corrupción; se llama pecado, y es la cuerda en que el diablo ata al ser humano.

“Y el que practica el pecado, esclavo es del pecado”.

— Juan 8:34

Y tú dices: “pero yo no soy esclavo, yo tengo libertad”. En el librito de los dictadores se sabe que el pueblo no necesita saber que está siendo oprimido. De hecho, donde está su genialidad es en hacer que tú sientas que vives en libertad y que estás recibiendo grandes privilegios.

Y yo no creo que el diablo sea tonto para mostrarse como realmente él es. Al final de los tiempos él se revelará como él era, la gente se va a dar cuenta. Pero se viste de ángel de luz, te dice que tienes libertad. Ya le traje libritos infantiles, traducciones populares, hablé de película. Toy Story 3, hermano. Hay un personaje que a mí me parece genial y diabólico: es el peluche Lotso.

Y cuando llegan los juguetes a la guardería, el peluche Lotso los recibe, les da la bienvenida: “llegaron al mejor lugar, este es el paraíso”. El oso Lotso era un oso cariñoso que daba abrazos grandes. Llega un camioncito, lo traen, pa, pa, pa, y él recibe a todo el mundo. Les presenta las instalaciones, Barbie, Ken, ayudan a los demás y les dan el tour. Propuso la iglesia. Y uno dice: “yo quiero irme”. Y Lotso le dice: “¿para dónde vas?”.

Lo desarmó, hermano, con destornilladores, lo reinició. Y Lotso… ¿qué pasa? Cambia la sonrisa, Lotso así, y cambia por el Lotso malo, y tú dices: “¿y qué pasó con el oso cariñoso?”. Te muestra su real personalidad. El discurso de Lotso… él dice: “somos juguetes abandonados, no necesitamos tener dueños, somos dueños de nuestro propio destino”. Su reino parece un reino mucho mejor que la casa de Andy.

Entonces se desarrolla la historia para mostrar la verdadera personalidad de Lotso, y de pasar de ser el peluche cariñoso a un asunto diabólico, con actitudes de dominio. Pero tú solamente te das cuenta cuando tú quieres salir de la guardería. Intenta salir del mundo, para que tú veas lo que es el diablo. Intenta salirte del mundo por tus propios medios para que tú veas lo que es el diablo. Intenta vencer el pecado. Tú dices: “no, yo lo administro, el pecado, yo lo administro”. Intenta vencer el pecado, intenta vencer el pecado por tus propias fuerzas y te vas a dar cuenta que las cuerdas se vuelven cada vez más cortas, más cortas, más cortas, hasta que tú sientas la poderosa mano del que te está oprimiendo, de forma tal que tú vas a tener que reclamar, gritar al cielo y pedir ayuda de un gran Salvador que es Jesucristo, que ha roto la cadena del pecado.

Doctrina Monroe y el reino de las tinieblas

“El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas”. Es un poder. Y quizá tú no has sentido tanto el poder. Tú no tienes que sentirlo. Hablé muy bien de política. Estados Unidos tiene algo, le llaman la Doctrina Monroe. Eso viene de los años 1800, y fue un presidente de los Estados Unidos que planteó un discurso. Él estableció en su discurso algo que se conoce así mismo: la Doctrina Monroe. Dice él —está tratando de mostrar que los países realmente son de ellos—, fue en 1823, anoté la fecha. Dijo él: “cualquier intento europeo de interferir en las Américas se considerará una agresión a los Estados Unidos de América que justificaría una respuesta militar”.

Está diciendo: “los países no son de nosotros, pero si alguien intenta poner un dedo en los países de las Américas, es una agresión hacia los Estados Unidos”. Eso fue avanzando, llegó una expresión popular: “América para los americanos”, y es un sentido de que no importando cuál sea la nación, si usted está aquí dentro, usted no debe sentir que lo están dominando, pero que somos suyos. En base a la Doctrina Monroe se han invadido países. Ha habido represión de los Estados Unidos en su momento de mayor imperialismo, porque cada vez se dio, después de la caída de la Unión Soviética, no fue igual.

Pero en su mejor momento ellos entendieron que no había que conquistar naciones, que eso era muy caro. Invadir un país es costosísimo. “Lo que queremos es tener relaciones bilaterales amigables, que compren nuestros productos, que fortalezcan la economía, que nos presten las playas. Si hay algunas cosas ahí que están dando otros intereses…”. La influencia es mejor que el dominio. Yo creo que ese es el pensamiento de las tinieblas.

Los seres humanos no tienen que sentir que son presas, no tienen que sentir que no son libres; ellos deben sentir que son libres, deben sentir que están viviendo la película, aunque la película se repita siempre y los deje cada vez más insatisfechos, pero ellos deben creer que son libres. Porque mientras tanto tú te crees que eres un libre, no vas a entender que necesitas un gran Salvador, que es Jesucristo.

Primera parte de nuestra salvación: tú fuiste hecho acepto. Lo siguiente: tú fuiste liberado de la potestad de las tinieblas. Dice: “y nos trasladó”. “Y trasladados al reino de su amado Hijo”.

Trasladados al reino del Hijo amado

Escucha: tu salvación es presentada, más que como una decisión, como un traslado. Un traslado era que una nación más poderosa que la tuya invadía la tuya y te tomaba a ti y te decía: “mire, ya ese no es su territorio, eso ahí lo vamos a despoblar, este es tu territorio”. Me recuerda Daniel capítulo 1. El término “traslado” tiene grandes implicaciones, era la palabra utilizada en un vocabulario militar.

Tú necesitas sentir que estás siendo trasladado. Casi siempre te trasladaban y después te persuadían, pero primero te trasladaban. Bueno, nuestra salvación, más que una decisión, es un traslado. Nosotros no teníamos ni fuerza ni vocación de movernos de la potestad de las tinieblas al reino de su amado Hijo. Si nosotros por nuestros propios medios hubiésemos pedido salvación, lo que hubiéramos pedido es una cuerda más larga. Pero nosotros nos dieron a Cristo, no porque nosotros pedimos a Cristo, sino porque él soberanamente nos salvó.

Porque si Cristo no nos salvaba, ningún hombre iba a ser salvo. Nadie iba a querer vivir en la luz por sus propios medios, porque estábamos esclavizados, no teníamos el ideal de libertad. Si la poderosa mano del Señor no me salva, yo todavía estuviera entendiendo que el mundo era mi lugar. Yo fui trasladado primero.

Yo le pregunto a usted: ¿ustedes creen que Saulo de Tarso se convirtió? A él primero lo derribaron, lo dejaron ciego y una voz le habló: “Saulo, Saulo…”. Y él no dijo: “ay, yo estaba loco por convertirme, yo tenía mi decisión, la estaba por tomar ya, ay, Señor, gracias; guau, ¿y cómo tú supiste que yo iba para Damasco?, yo estaba loco por entregarte mi vida”. No. Saulo no se convirtió, a él lo trasladaron.

Y le dijeron: “entra en la ciudad y se te dirá lo que tienes que hacer”. Eso es lo mínimo que aparece ahí, hermano, de un sentido voluntario. Compara eso con “yo entregué mi vida a Cristo”, “yo tomé mi decisión”. En vez de Pablo diciendo: “yo tomé una decisión, yo estaba en una campaña y levanté la mano”. Ay no, hermano, no.

Yo estaba en una campaña de perseguir al pueblo del Señor y me encontré con el Dios del pueblo. Y me derribó, y me humilló, y me dejó ciego, y me mostró su poder, y de paso me mostró su amor. Uy, yo primero fui trasladado, después fui persuadido. Traslado. Nosotros no elegimos a Dios.

“No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros…”.

— Juan 15:16

Yo luchaba con textos como esos, hermano. Me decía: “¿cómo que yo te elegí? ¿De verdad? O sea, que tú sí fuiste inteligente, tú sí fuiste sabio”. Mira que Juan 15:16, Juan escribió eso; todavía no había madurado en su teología cuando escribió el evangelio. Cuando escribió la primera carta, él lo corrigió. ¿Saben lo que escribió Juan cuando escribió las cartas?

“Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero”.

— 1 Juan 4:19

Y se entregó a sí mismo por nosotros. Nuestra salvación no es una voluntariedad, esto no es algo de: “ay, Señor, aquí estamos, reina sobre nosotros”. En nuestro estado natural, nosotros no íbamos a pedir que Cristo reine sobre nosotros. Queríamos que reine Lotso. Estábamos espiritualmente muertos, y si tú estabas espiritualmente muerto, tú no podías tomar una decisión espiritual, porque la gente habla de su salvación y dice: “no, yo sí fui lúcido, yo maduré espiritualmente, yo tomé una gran decisión”.

Lo que dice la Escritura:

“Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados”.

— Efesios 2:1

No pudimos caminar espiritualmente hacia otro reino porque no teníamos ni voluntad ni fuerza, ninguna de las dos. Tú no tenías el entendimiento para pedir a Cristo. De hecho, lo que dice la Escritura es que tú fuiste dado a Cristo, de forma tal que él decía:

“Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera”.

— Juan 6:37

Si este reino tiene nuevos requerimientos, que requiere cambiar el destino de nuestra devoción, requiere aprender un nuevo orden de cosas, requiere volver a crear un hombre, un testimonio, una identidad, requiere pagar tributos y servicios… lo pagamos con gusto, hermano, porque el Rey es bueno.

Pero ese ideal de vivir en una absoluta libertad, lo que querían… Eso fue lo que dijo la serpiente en el Edén: “entonces serán como Dios, sabiendo el bien y el mal”. “Entonces van a ser inteligentes cuando ustedes desobedezcan a Dios”. Y ese ha sido el engaño eterno: “demuestra que tú tienes libertad cuando tú vives alejado de Dios”. La única libertad posible para el hombre está en Cristo.

Dice el versículo 14: “en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados”. El término importa. Esto parece redundante, porque primero dice “redención por su sangre” y después “el perdón de los pecados”. Quiero mostrar que una cosa es ser redimido y otra cosa es ser perdonado, y que ambas cosas las tenemos en Cristo.

Pero que el perdón, el apóstol Pablo lo dejó de último, que es normalmente lo único que la gente piensa que es salvarse. Él lo dejó de último. Fuimos redimidos. Para que exista redención, alguien debe tener un derecho legal sobre la prenda. No es solamente rescate, es redención. El Antiguo Testamento está lleno de imágenes de redención. Eran personas que perdían su derecho legal y, cuando ellos perdían su derecho legal, quien tenía la posesión de la prenda o de la persona podía retenerla legalmente.

Cuando los hombres se endeudaban y no podían honrar sus compromisos, entonces eran esclavizados y ahí nació la institución de la esclavitud. Porque la gente habla el día de hoy de la esclavitud como un asunto muy bonito y yo digo: “no, eso es grotesco”. ¿Y qué hacíamos antes? El que defraudaba y no podía pagar, él pagaba con su libertad, y tenía que trabajar para el otro. La esclavitud, cómo nació, era una forma de trabajo: como tú no pudiste honrar tus compromisos, perdiste tu libertad y tenías que trabajar para otro.

Pero cuando terminabas esclavizado, acabado de tus deudas, una persona podía redimirte. ¿Y qué era redimirte? No era solamente pagar tu deuda, era devolverte mediante el pago de un rescate. Hay hombres que dicen: “Eloy, perdónelo, es un muchacho bueno, dele otro chance, profe, dele los puntos, Caro, pásalo”. No. El redentor no solamente quería pagar tu deuda, él quería que tú sintieras que tú estabas redimido, porque un redimido tiene gratitud.

No es que aparezca una fundación que pague. No. Entonces, no necesitas solamente una fundación, tú necesitas primero recordar cuál es tu condición. Redención significa literalmente “devuelto mediante el pago de un rescate”, y cuando alguien pagaba para redimirte, la persona estaba reconociendo que quien te tenía esclavizado tenía un derecho sobre ti. Se podía redimir un pariente que había quedado en esclavitud, se podía redimir también una prenda, algo que se había perdido, pero lo que quiero mostrar es que se había perdido legalmente.

Eso es duro, cuando alguien pierde algo legalmente. De las cosas más duras que hay son los despojos, los desalojos. Porque los seres humanos siempre tenemos sentido de una justicia que no tenemos, y cuando a alguien le están quitando sus bienes, siempre aparecen: “ay, pero no se lo quiten, pobrecito, no se lo quiten”. Hubiera sido ideal que esto apareciera tres años atrás, dos años atrás, cuando la persona incumplió, cuando dejó de pagar, cuando se entregó a una vida disoluta, cuando no honró sus compromisos.

Lo menos que tú debes pensar es que esa persona a la que le están quitando su bien no tiene un derecho legal sobre ella. El pecado tenía un derecho legal sobre mí. Cristo no solamente dijo al pecado: “déjalo”, sino que él pagó. Yo veo que los cristianos, a veces, se le olvida eso. Piensan que esto es solamente un asunto moral: perdonar tu pecado es un asunto moral; pagar tus deudas es un asunto legal.

Y el Señor no solamente perdonó tus pecados, el Señor al mismo tiempo honró el compromiso, porque su justicia es como la contabilidad por partida doble: si le vamos a dar crédito aquí, debemos darle débito allá. “Señor, pero todo es tuyo…”. La justicia es que él es perfecto, y él estableció que “la paga del pecado es muerte”.

“Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”.

— Romanos 6:23

Y no se va a desdecir. Mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro. Pero para que tú entiendas que hay dádiva, debes entender primero que hay paga. Yo veo a la gente que le encanta hablar de las dádivas, pero se le olvida que hubo paga. Para que exista gracia, debió existir primero justicia. Y para que tú seas legalmente absuelto, alguien hubo de pagar tu deuda.

Y vuelvo como comencé, por lo cual hay gozo y hay gratitud. Un creyente que solamente piensa en Dios como una máquina traga-monedas que recibe oraciones y devuelve gracia, se le olvida que esto fue costoso, y en el costo está la gratitud. Lo otro se llama merecimiento. Si el Señor solamente hubiese perdonado tus pecados y tú no entiendes tu redención, tú vivirías en merecimiento: “yo lo merezco”.

Tú dices “Señor, gracias, verdaderamente gracias”, porque entendiste que él no solamente perdonó tus pecados administrativamente; eso lo hago yo en mi empresa, hermano. Yo a veces compro cosas en mi empresa y voy yo y hago el asiento contable, y tengo una cuenta ahí: “asunto del propietario”, y giro contra esa cuenta porque son míos. Y digo: “el Señor debería perdonarme así”. Él no es Rafael Pérez.

El crédito exige un débito. Para que haya gracia, debe haber justicia. Y él pagó por nosotros en la cruz. Si tú no entiendes eso, tú siempre vas a entender que tú eres mejor que los hombres. Tú siempre vas a entender que fuiste salvo porque “me salvaron por bonito, por carita”. No, no, no. Tú fuiste salvo por gracia, y fue una gracia costosa: costó la sangre de Cristo en una cruz, de forma tal que tú dices: “Dios, gracias”.

Deuda, experiencia personal y verdadera libertad

Pagar las deudas de una persona solamente recrudece su pobreza y su pobre mayordomía. Está demostrado que las personas que tienen deudas y aparece alguien y solamente paga sus deudas, la persona vuelve a una condición aún peor que donde comenzó. No es solamente que alguien pague tus deudas, es que pague tu deuda y tú tengas un sentido de gratitud porque pagaron tu deuda, y al mismo tiempo tengas el poder de ser rescatado de tu vana manera de vivir para que vivas de manera diferente.

Cristo no vino a hacer eso solamente: pagar la deuda del pecador. Él te compró a precio de sangre, pagó tu deuda, es verdad, pero al mismo tiempo te libertó de la potestad de las tinieblas, de forma tal que ahora tú puedes obrar con justicia. No me gusta esa idea de que la gente piense que solamente se pagan sus deudas. Yo creo que los hombres deben vivir lo que es la aflicción de no pagar sus deudas, porque eso conduce al Evangelio.

Yo estoy resuelto… les voy a compartir mi testimonio personal, no para llamar la atención hacia mí, sino para quitar esta idea de que los hombres de Dios son como perfectos, humanamente perfectos. No es así. Gran parte de mi juventud yo comencé endeudado, y parte de las cosas en las cuales yo tengo mucho cuidado es cómo uso el dinero. Y Ale dice: “wow, pero que tú piensas diez veces las cosas”. Sí, treinta veces pienso las cosas, hermano, porque yo viví lo que es vivir endeudado, cuando te están llamando que pagues, que la deuda pasó a legal.

Yo viví la sensación de ir al lugar a pagar y me digan: “no, ya su deuda aquí no existe”. Ay, ¿me la pagaba alguien? “No, se la vendimos a alguien”. Mi entrada al mercado laboral comenzó con una tarjeta de crédito. Una de las primeras cosas que conseguí fue una tarjeta de crédito, y giré esa tarjeta, hermano; usted no se imagina la sensación que eso daba, eso era casi magia. Y eso hizo que probablemente, entre los 17 y los 25 años, yo viviera de lío en lío.

Y yo no salí de mi lío ahorrando. La deuda tiene una connotación espiritual: satisfacerte en Dios, recibir el poder del Evangelio, sobre todo reconocer tu maldad y tu pecado. Y mientras tú entiendas que tu deuda es genialidad —“no, es que yo tengo inteligencia financiera, con una pago la otra”—, tarde o temprano tú vas a reconocer: “he vivido una vida disoluta, he vivido una vida de irresponsabilidad”.

Yo siento que comencé a adquirir un poco de libertad financiera, como la llaman ahora. No es que vivo una vida perfecta, hermano, voy y vengo, pero he podido glorificar al Señor, pero cuando reconocí que era pecado. El Señor no solamente quiere perdonar tus pecados, quiere que tus pecados sean reconocidos, sean confesados, porque la confesión de pecados es el camino de la santidad. Si el Señor viniera y perdonara a los hombres administrativamente y los hombres no conocieran lo que es la gracia de Dios, no serían adoradores, sino que serían ciudadanos.

El Señor se está levantando un pueblo que le adore, un pueblo que tenga gozo, y para orar y tener gozo tú tienes que entender lo que él hizo por ti. Y lo que él hizo por ti es que perdonó tu deuda pagando. No fue que se borraron los registros. Eso es gratitud. Cuando tú entiendes lo que costó tu salvación, tú dices no solamente “gracias”, sino “guau, gracias”.

No tengo otro ejemplo más elaborado para ilustrar el asunto. Utilizo un ejemplo que está a años luz de eso. Se lo he contado en otra ocasión. Caro y yo fuimos de vacaciones recién casados. Todavía yo tenía un poquito de aquello de que yo creía que era rico. Ay, hermano. Nos fuimos a Estados Unidos, diferentes ciudades, un turismo bien… jamás hemos podido volver a hacer ese turismo, pero tanto.

En Santa Bárbara, unos conocidos nos recibieron en su casa, una casa diseñada por una pareja de arquitectos que diseñó su propia casa, y cuando llegamos nos ofrecieron una habitación y dormimos allá. Hermano, ¡qué habitación más chula! Yo recuerdo todavía los baños de esa casa, hermano. Calefacción en el piso, una habitación… y cómo vivían esta gente. No tenían cortinas. Yo buscaba la cortina y no había cortinas; todo era así, que daba como a un valle completo. Y digo: “guau, gracias, esta gente tiene una habitación de huéspedes bien”.

En la noche me di cuenta que lo que hizo esta pareja fue que nos dio su habitación, y el esposo durmió con su hija en una casa de campaña, para que nosotros durmiéramos en su cama, en su habitación y usáramos su baño. “Guau, gracias por prestarnos su casa”. “¿Cómo que gracias por prestarnos su casa?”.

La primera noche yo lo disfruté mucho, hermano, pero la segunda tuve tan mala conciencia. Digo: “¿por qué yo estoy durmiendo en la cama de este hombre y él está durmiendo afuera en el patio, para que yo duerma en su cama?”.

Con relación a tu salvación, hermano, eso es paja de coco. Lo que tuvo que dar el Padre para que tú llegaras efectivamente a ser salvo es más que darte la cama, es más que darte su habitación y permitirte usar su baño. A su único Hijo él lo clavó en la cruz, de forma tal que nosotros pudiéramos legalmente ser redimidos. Él no te perdonó administrativamente, él clavó a su Hijo en una cruz, de forma tal que, con gozo, tú puedas decir: “Señor, gracias por la salvación de mi alma, gracias porque tomaste tus registros contables, gracias por derramar la sangre de tu Hijo en una cruz, gracias por el Evangelio”.

Al final termina diciendo: “el perdón de pecados”. Cuando uno llega aquí, dice: “oh, pues ok, el perdón de mis pecados, esta es solamente la punta del iceberg”. Mi salvación es una estructura de amor mucho más grande. Esto es una estructura legal, esto es una estructura de poder espiritual. Quien mira la salvación solamente como “perdonó el pecado” está mirando con muy corta vista. Él no está mirando todo lo que sucedió. Y quien vive así tampoco se goza ni da gracias.

Creo que no hay más gozo en la vida cristiana porque las personas no entienden lo que sucedió realmente. Ser perdonado es importante, hermano, pero en Cristo tú no solamente fuiste perdonado, y era lo que dice al final: “en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de los pecados”. El perdón de los pecados es una parte de tu salvación, que es quizás lo que casi todo el mundo conoce: “no, que el Señor perdonó mis pecados”. Ser perdonado es algo distinto a ser redimido. Ser perdonado es algo muy distinto a haber sido cualificado en él, a haber sido liberado por él.

La redención es un hecho legal, el perdón de pecados es un hecho moral. ¿Qué te puedo decir sobre el perdón de los pecados? Que tu pecado, eso que te separó de Dios, tuvo otras consecuencias que fueron aún más graves que la primera consecuencia. Y cuando tú viniste a Cristo, él resolvió todas las consecuencias del pecado, y después que resolvió todas las consecuencias del pecado, también mató el germen que produjo todo lo demás.

Admito, hermano, que yo no entiendo del todo lo que ha sucedido, pero hasta donde lo he entendido, mientras más lo entiendo, más gozo hay en mi corazón.

Yo lo primero que entendí fue eso: que el Señor perdonó mis pecados. Pero después yo entendí que mis pecados no solamente fue eso, sino que produjo lo otro, lo otro y lo otro. Y que el Señor vino haciendo esto, esto, esto, y al final el perdón del pecado, y el gozo fue mucho mayor.

Nosotros éramos enemigos de Dios. Nuestros pecados habían sido una ofensa sobre la santidad de Dios, y al pretender que todo estaba bien y vivir como si no existiera ofensa ni deuda, solamente habíamos recrudecido nuestra condición. El Señor te veía todos los días y sabía que tú debías, pero tú decías: “no, yo no debo, yo estoy bien”. Tú debías.

Mientras más días viviste así, más difícil era tu condición. “En quien tenemos redención por su sangre, y después el perdón de los pecados”. ¿Cómo se ve el Evangelio? El Evangelio se ve aquí como una obra monumental. Nos muestra que Dios no solamente quiere salvarnos por medio del Evangelio, sino que también quiere que la palabra verdadera del Evangelio lleve fruto y crezca entre nosotros. Y para que esto ocurra tenemos que conocer aún mejor el Evangelio.

Mientras más comprendas tu salvación, tendrás más gozo y tendrás más gratitud. Entender el Evangelio es la fuerza que mueve la adoración de la Iglesia.

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