Pueden ir buscando, hermanos, amigos queridos, la sagrada Escritura en el libro de Gálatas. Pueden ir buscando, hermanos queridos, en la Escritura, en el libro de Gálatas, y vayamos juntos hasta el capítulo 6. Gran parte de las alabanzas que hemos ofrecido hoy delante del Señor han girado en torno a la cruz, a lo que Cristo hizo por nosotros. Cristo venció la muerte, Cristo sufrió la cruz, y a través de esto hemos sido beneficiarios nosotros de preciosas promesas, grandes realidades se han abierto para nosotros a través de la cruz. Veamos ahora cómo la cruz de Cristo es motivo de gloria para el pueblo del Señor.
Pueden buscar, hermanos amados, Gálatas capítulo 6, y estaremos considerando la última parte del libro de Gálatas, desde el versículo 11 y hasta el versículo 18. Pueden ponerse un momento sobre sus pies para que leamos la Escritura. Es Gálatas capítulo 6, desde el versículo 11 en adelante. Dice así la palabra del Señor, Gálatas capítulo 6, del versículo 11 y hasta el versículo 18. Decía el apóstol Pablo a los gálatas:
Mirad con cuán grandes letras os escribo de mi propia mano. Todos los que quieren agradar en la carne, éstos obligan a que os circuncidéis, solamente para no padecer persecución a causa de la cruz de Cristo. Porque ni aun los mismos que se circuncidan guardan la ley, pero quieren que vosotros os circuncidéis para gloriarse en vuestra carne. Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo. Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada ni la incircuncisión, sino una nueva creación. Y a todos los que anden conforme a esta regla, paz y misericordia sea a ellos, y al Israel de Dios. De aquí en adelante nadie me cause molestias, porque yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús. Hermanos, la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu. Amén.
— Gálatas 6:11-18
Amén, pueden sentarse, amados hermanos. Les introduzco diciéndoles que, al escribir sus cartas que componen gran parte del Nuevo Testamento, el apóstol Pablo se auxiliaba frecuentemente de un copista, de un amanuense, de un secretario, de alguien que escuchaba al apóstol Pablo. Él le dictaba y esta persona transcribía. Es posible que el apóstol Pablo tuviera alguna condición de salud que le limitara en esta tarea, por eso tenía que auxiliarse de otros.
Algunos han concluido que quizás el apóstol Pablo tenía algún problema en los ojos que le impedía escribir por sus propios medios, y a esto se debe que diga en el primer versículo que leímos, que es el 11, que está escribiendo ahora de manera excepcional de su propio puño. Está escribiendo con grandes letras. Pero cuando el apóstol Pablo quería enfatizar una idea, certificar que algo era realmente suyo o transmitirle a sus lectores la vehemencia de lo que estaba por decir, él mismo asumía la tarea y escribía de su propia mano. Este es el caso que tenemos por delante.
El apóstol está por hablar acerca de la cruz de Cristo, que es el mensaje más importante en toda su vida, que es el resumen de la carta que le escribió a los gálatas, y también el mensaje más importante que podemos recibir nosotros como sus lectores contemporáneos. Y al hacerlo lo escribió con grandes letras y de su propia mano. Evidentemente el apóstol Pablo quería que este mensaje fuera memorable.
Si pudiera ilustrar esto: no es lo mismo mandar una carta que usted escribió en Word, la imprimió y se la envía a una persona, que tomar lápiz y papel y mandarle un mensaje de su propio puño y letra. De hecho, gran parte de cuando la gente quiere impresionar es dejar notas manuscritas, y quienes no tenemos letra bonita cargamos esto como una carga bien pesada. Cuando yo estaba pretendiendo a Carol —cuando estaba pretendiendo a mi esposa— tuve que auxiliarme mucho del diseño gráfico; yo firmaba al final, me parecía a la firma del apóstol Pablo.
Lo que quiero decirles, hermanos queridos, es que cuando el apóstol Pablo quería transmitir la vehemencia del mensaje, la importancia del mensaje o certificar el mensaje, él, que parece que tenía algún problema para hacerlo por sus propios medios, tomaba la tinta y el papel y escribía. Y este es el caso que tenemos por delante: es un mensaje manuscrito del apóstol Pablo a la iglesia de los gálatas.
El peligro del judaísmo como complemento a la cruz
El problema que había en aquel tiempo era que los gálatas, después de haber creído en Cristo y poner en Él toda su confianza, habían sido tentados a buscar algo más. Cuando él comienza la carta les dice a ellos, capítulo 1, versículo 6:
Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema.
— Gálatas 1:6-8
¿Qué es lo que había pasado con estos hermanos? Que habían puesto en Cristo su confianza y después venían otros maestros que les decían: “Ustedes tienen a Cristo, pero les hace falta algo más. Ustedes tienen a Cristo, pero todavía su fe no está completa. Ustedes ya tienen a Cristo, pero tienen que complementar la fe en Cristo con algunas actividades adicionales”.
La actividad adicional que les estaban indicando era que se circuncidaran. ¿Qué era la circuncisión? La circuncisión era la señal de que alguien formalmente estaba llegando a ser parte del pueblo de Israel, de que se estaba haciendo un prosélito del judaísmo. A esto el apóstol Pablo le llama judaizantes. Eran personas que entendían que la fe en Cristo no era suficiente, sino que hacía falta también la circuncisión y guardar la ley de Moisés, considerar las leyes de Levítico y vivir según los rituales antiguos.
El apóstol Pablo está diciendo: ¿quién los ha envanecido a ustedes para que lleguen a entender que la cruz de Cristo necesita algo más? Este era el peligro para los gálatas: el judaísmo era volver atrás, volver a participar de días de reposo, de lunas nuevas, volver a guardar las leyes, participar de los rituales. Ya tomando retrospectiva, hermanos, como que no parece tan importante, pero yo quisiera poner la mente de ustedes en el mundo antiguo en que están recibiendo esta carta.
Circuncidarse y hacerse judío era una gran tentación para los nuevos creyentes de estas iglesias. Si usted llegaba a ser judío, era un privilegio tan grande que quizás se podía equiparar en importancia a tener la ciudadanía romana. Una persona que llegaba a hacerse judío, que lograba pasar todos los filtros del judaísmo y se circuncidaba, y la comunidad judía lo recibía como parte de ellos, al mismo tiempo era incluido dentro de un manto de prestigio. Las personas se sentían importantes, un manto de historia: “Somos parte de una religión histórica”.
De un buen nombre, porque los judíos en el mundo antiguo tenían el buen testimonio de que eran personas de una moral fuerte, personas familiares y, al mismo tiempo, gente muy próspera. Circuncidarse, llegar a ser parte del judaísmo para los creyentes de Galacia era una tentación muy grande, porque esto les incluía dentro de un manto de protección. Los grandes imperios del mundo antiguo habían llegado a tolerar el judaísmo, y muchas ciudades-estado tenían leyes que protegían a los judíos: les permitían hacer sinagogas, les permitían hacer negocios, les permitían la libre circulación.
Sin embargo, llegar a ser cristiano era ser parte de un grupo minúsculo que no tenía los mismos privilegios. Por eso, un creyente de entre los gálatas decía: “Si me hago judío, me irá bien”.
Prestigio del judaísmo y la incompatibilidad con la cruz
Los grandes imperios del mundo antiguo todos llegaron a respetar a los judíos. Por ejemplo, Egipto llegó a entender que este pueblo era un pueblo diferente, llegó a respetarle por una razón u otra, pero llegó a ver al pueblo de Israel con cierta admiración. De Babilonia ni hablar: cuando Babilonia conquistó estos territorios, se llevó lo más granado dentro de los judíos, se llevó a respetar a los judíos por sus intelectuales, por sus sabios. Judíos llegaron a ser grandes en el imperio babilónico.
Después vinieron los medos-persas y también se impresionaron ante las cualidades que tenía este pueblo particular. Después vino Grecia. Grecia se impresionó ante los judíos, se impresionó tanto que mandó a traducir las Escrituras judías a su propia lengua y puso los manuscritos judíos en la biblioteca de Alejandría. Después vinieron los romanos y los romanos también llegaron a respetar a los judíos.
Póngase en el caso que usted fuera un creyente de aquel tiempo, que no es parte del pueblo judío y que ha aceptado a Cristo, y alguien le dice: “Ya aceptaste a Cristo, pero también tú podrías complementar tu fe con el judaísmo: circuncidarte y hacerte judío”. Guau, qué grandes privilegios: “Tengo ambas cosas”. El apóstol Pablo les dice a ellos acerca de intentar vivir en ambas cosas que, si alguien intenta guardar esto, ha caído de la gracia.
Lo que el apóstol Pablo demuestra del capítulo 1 al capítulo 6 del libro de los Gálatas es que la cruz de Cristo es incompatible con cualquier otro sistema, que esto no puede ser complementado. Que usted tiene la cruz de Cristo solamente y nada más, y que si alguien intentara ponerle a la cruz de Cristo judaísmo o cualquier otro sistema filosófico, ha caído de la gracia.
Para ellos era una tentación hacerse judíos porque les unía a una religión mayoritaria dentro de la provincia de Judea, y esto, hermanos, es muy agradable. Usted iba a ser parte de la religión más grande. ¿Verdad que es difícil ser parte de grupos pequeños? Todo el mundo va por allá y usted aquí como un reducto.
Llegar a ser judío en Palestina era un asunto muy importante para ellos. Les daba, por su ritualismo, un sentido de merecimiento. Mire, los cristianos tenemos una tarea muy difícil por delante, y es que no hay nada que podamos hacer para agregar méritos a la cruz de Cristo. Pero el judaísmo, a través del ritualismo, les decía: “Como tú has guardado los sábados, entonces tú estás más cerca de merecer la gracia del Señor; como tú te has estado absteniendo de tales alimentos, entonces ya tú vas a ser aprobado por Dios; como tú te has circuncidado, como tú has guardado la luna nueva, como tú has participado de todas las fiestas solemnes del año, entonces tú lo mereces”.
Un cristiano no podía sentir ese sentido de merecimiento porque él no había hecho nada de eso para ganar la cruz de Cristo. La cruz de Cristo funcionó para él solamente como un asunto por fe.
Si pudiera agregar, hermanos, dos cosas más: esto les daba una aura de profundidad, porque miren, el judaísmo como tal tiene sus leyendas, sus rituales, tiene su historia. Y usted es parte de esto, usted como que se siente bien: “Es una religión que había sido aprobada por Dios”. Y un cristiano podía decir: “Bueno, si Cristo nació dentro del judaísmo, yo soy cristiano, hacerme judío es un asunto que me complementa y esto no ofende a Dios”.
Pablo está diciendo a ellos que el judaísmo era como un ayo, alguien que ayudaba a las personas a llegar hasta un nivel. La ley te había ayudado hasta un punto, pero era insuficiente para lograr lo que Dios quería hacer en nosotros.
Hermanos queridos, el peligro en nuestros días es distinto, pero el principio se mantiene. La cruz de Cristo es suficiente para hacer todo lo que Dios quiera hacer en nosotros y es suficiente para presentarnos a nosotros justificados delante del Señor. El punto que vengo a enseñarles, hermanos, es que la cruz de Cristo y nada más.
¿Cuál es el problema en nuestros días? Al día de hoy ya no hay judaizantes como tal, pero todavía hay personas que pretenden invitarnos a que complementemos nuestra fe con algo más. En los últimos años ha crecido mucho el adventismo del séptimo día en la República Dominicana. Estas personas te dicen que está bien que tú seas cristiano, pero que si tú pudieras abstenerte de determinados alimentos o guardar determinados días, es mejor.
Adventismo, fundamentalismo y otros “complementos” peligrosos
Y, de hecho, hermanos, el adventismo tiene sus características que lo hacen muy interesante. Miren, de los sistemas religiosos más peligrosos para la iglesia cristiana en estos días, yo diría que uno de ellos es el adventismo del séptimo día. Estas personas parecen, en su práctica, que son cristianos como nosotros: tienen la cruz de Cristo, pero tienen también algo más. Hay que guardar el sábado, hay que abstenerse de comer determinados alimentos, hay que hacer determinadas cosas.
Pero estas personas que guardan el sábado y participan de esto no son malas personas; de hecho, son personas admiradas en la sociedad. Todos los adventistas del séptimo día que yo conozco son personas honorables. El adventismo tiene grandes instituciones, tiene universidades, centros de salud, escuelas, medios de comunicación y, sobre todo, un buen testimonio en la sociedad.
Ahí es donde está la tentación: “Ey, usted tiene la cruz de Cristo, pero si usted le pusiera a la cruz de Cristo estos cinco accesorios encima, entonces iba a tener complementado el plan completo. Va a tener la cruz de Cristo y algo más”. Lo que el apóstol Pablo está diciendo es que lo único que nosotros tenemos es una cruz, y que a esa cruz no hay nada que nosotros podamos quitarle, y no hay nada más que nosotros podamos ponerle.
¿Cuál es el peligro en nuestros días? Menciono algunos peligros para ponernos en contexto. Quizás el fundamentalismo; han visto aquellas personas que se sienten especiales porque se separaron radicalmente de algunas cosas, y dicen: “Nosotros somos cristianos, pero nosotros no solamente somos cristianos como los cristianos normales, nosotros hemos ido todavía más allá. Nosotros no solamente dejamos el mundo, también dejamos esto, esto, esto y aquello”, y eso al fundamentalista le da un sentido de merecimiento. Dice: “Nosotros sí es que estamos guardando la fe a un punto que cualquier gente que no sea radical como nosotros está incompleta y le falta algo”.
Hermano querido, yo he venido a decirle que en la cruz de Cristo nosotros tenemos todo lo que necesitamos y que a la cruz de Cristo no podemos agregarle nada más. Han visto a aquellos que son seguidores de hombres, que se sienten herederos de un gran líder, de una gran corriente doctrinaria, y dicen: “Nosotros somos cristianos, pero nosotros somos los cristianos que seguimos a tal persona, tal sistema doctrinal”.
Hermano querido, yo vengo a decirle que nosotros somos cristianos, los que tienen una cruz y nada más. No hay ningún hombre que pueda darle un poco más de prestigio a la fe cristiana que todo lo que Cristo hizo en la cruz del Calvario. En la cruz todo comenzó y en la cruz todo terminó: la cruz de Cristo y nada más.
Hay otros que siguen un evangelicalismo social, que dicen: “Nosotros sí somos gente comprometida”. Y esos evangélicos con vocación social son los que dicen: “Nosotros, ante los huracanes, ante los desastres, somos los primeros que estamos ahí, respaldando, haciendo activismo social, enseñando”. Y en esto ellos sienten que son relevantes porque le están poniendo a su cristianismo una capa de activismo social.
Dice la Escritura, en Proverbios y también en Gálatas, que en cuanto dependa de nosotros y tengamos oportunidad, hagamos bien a todos los hombres, especialmente a los hermanos en la fe. Sin embargo, estos creyentes que son activistas se sienten más altos que los otros porque “nosotros sí hacemos ayuda social, y no solamente lo hacemos, sino que nos cargamos de decirlo”. Ay, hermano querido, no hay nada que nosotros podamos ponerle a la cruz de Cristo.
Hay otros que son el liberalismo teológico, otros son la religiosidad, los que muestran mucho celo. Lo que el apóstol Pablo está diciendo es que todas estas cosas debemos nosotros evitarlas, y nos muestra al respecto, para animarnos a hacerlo, tres asuntos principales.
Primero nos dice cuál es la motivación de quienes pretenden llevarnos más allá de la cruz. Hermano querido, si tú vas a recordar algo, recuerda que no es seguro ir más allá de la cruz; que cualquier cosa que tú intentas poner en la cruz de Cristo para complementarla, para merecerla, para hacer algo, es un despropósito que no tiene sentido. En la cruz todo comenzó, en la cruz todo terminó.
Aquellos que pretendían que los creyentes de Galacia fueran más allá de la cruz lo hacían por la siguiente motivación. Son los versículos 12 y 13, se dice:
Todos los que quieren agradar en la carne, éstos os obligan a que os circuncidéis, solamente para no padecer persecución a causa de la cruz de Cristo. Porque ni aun los mismos que se circuncidan guardan la ley, pero quieren que vosotros os circuncidéis para gloriarse en vuestra carne.
— Gálatas 6:12-13
Este “agradar en la carne” quizás una traducción alternativa es la que da la Biblia Textual que dice “tener buena apariencia”, o la NVI dice “dar una buena impresión”, o la Nueva Traducción Viviente lo traduce como “quedar bien con otros”. Es que hay gente que quiere quedar bien con otros, y estas personas que quieren quedar bien con otros hombres y no con Dios pretenden imponerle a sus hermanos una carga que es todavía más pesada.
Y esta carga ni siquiera ellos la viven, ni siquiera ellos mismos la tienen sobre sus hombros, pero quieren decir que hay que imponer la carga, porque cuando imponen la carga entonces pretenden quedar bien con otros.
Agradar a los hombres y evitar la persecución de la cruz
Lo que dice el apóstol Pablo es que todas esas motivaciones son carnales, dicen que ellos quieren quedar bien, pero en la carne, carnalmente. Miren, todos nosotros tenemos un hombre caído, natural, una naturaleza pecaminosa que nos invita a lograr ser aceptados en un círculo especial. Y es que si nosotros nos atenemos, nos ponemos de acuerdo para tener un objeto, entonces vamos a ser recibidos en tal círculo; si nosotros decimos que sostenemos esto, entonces sí vamos a ser bienvenidos.
Y ese círculo especial es un círculo de invitaciones, de afirmación, a veces trata de recursos y oportunidades; a la gente le gusta ser parte de ese círculo. Si tú le pones algo más a la cruz de Cristo, entonces ese algo más te invita a ser parte de aquella cosa.
Aún hay otros que quieren evitar ser relacionados con gente que no es “gente recomendada”. Entre estos gálatas estaban Pedro y Bernabé, que cuando habitaban en medio de ellos, dice que vivían en una simulación. Es el capítulo 2, de los versículos 11 al 13, dice:
Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar. Pues antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los gentiles, pero después que vinieron, se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión. Y en su simulación participaban también los otros judíos, de tal manera que aun Bernabé fue también arrastrado por la hipocresía de ellos.
— Gálatas 2:11-13
El problema que ellos estaban teniendo es que vivían esta doble vida. Cuando estaban entre los gentiles entendían que los gentiles habían creído en Cristo y era suficiente, pero cuando venían los judaizantes entonces querían vivir como judaizantes. Hermanos queridos, eso la Escritura le llama simulación. Nosotros no podemos tener la cruz de Cristo y pretender tener algo más para ser aceptados por los hombres.
Otros hacen estas cosas para asegurarse una compañía; le tienen temor a la soledad. Otros para llamar la atención a sus iguales, repitiendo las mismas cosas. Lo que dice el apóstol es que ellos estaban tratando de evitar la persecución: “solamente para no padecer persecución a causa de la cruz de Cristo”.
Hermanos queridos, yo quiero mostrarles que el cristianismo sin persecución no existe. No hay manera en que usted se llame cristiano y al mismo tiempo tenga la aprobación de los hombres. Y la única manera de que usted va a lograr ser cristiano y tener la aprobación de los hombres es ponerle a su cristianismo algo más que vaya por delante.
Estoy ahora mismo en el 6:12: “Todos los que quieren agradar en la carne, éstos os obligan a que os circuncidéis, solamente para no padecer persecución a causa de la cruz de Cristo”. Cuando uno resuelve, hermano, que va a poner su esperanza en la cruz de Cristo y nada más, uno va a encontrar una multitud de personas que te dicen que tú necesitas algo más para tener a Cristo; que tú necesitas tener un accesorio, que necesitas tener un nombre específico, un sistema doctrinal específico, una herencia específica, un mentor, un maestro, un gran hombre que sigas de manera específica.
Y tú le muestras la cruz de Cristo y nada más, y para los hombres esto no es suficiente. Esta persecución, hermano, tiene diferentes expresiones. Quizás tú me dirás que a ti nadie te ha tirado una piedra. En el tiempo que nosotros vivimos la persecución religiosa quizás no se vive lanzándote piedras, pero frecuentemente hay personas que, si tú no le pones un aditamento a la cruz de Cristo, evitarán la comunión contigo, frecuentemente dejándote la mano extendida.
Son aquellos que no niegan que tú eres un hermano, pero no van a salir a buscarte en condición de iguales, quizás arrojando comentarios negativos sobre quiénes se unen o no se unen a la moda del momento. Hay algunos otros que, cuando la gente no tiene algo más aparte de la cruz de Cristo, están soslayadamente esperando su caída, diciendo: “A esa persona yo sabía que era muy sencillo lo que tenía, no tenía algo tan elaborado como nosotros”.
Yo quiero invitar hoy a mi iglesia a que asuma esta responsabilidad delante del Señor de tener la cruz de Cristo solamente, aunque nos quedemos solos. Y alguien nos va a invitar a que nos unamos a la moda del momento. La moda del momento no puede agregarle ni quitarle nada a la cruz de Cristo.
Miren, yo tengo algunos años en los caminos del Señor, y ya yo he podido experimentar unas cuantas modas. Cada cinco años aparece un nuevo movimiento diciéndonos que necesitamos, aparte de la cruz de Cristo, un nuevo modelo.
Hace diez años lo que se puso de moda era el G12, el “modelo de Jesús”, y te hablaban del G12, el modelo de Jesús, como que era la única cosa, que quien no había participado en un encuentro del G12 parecía que ni siquiera era cristiano. Y tú le decías: “Ya yo tengo a Cristo y a Cristo crucificado, ¿qué más hace falta?”. “Sí, te hace falta vivir esta experiencia que te va a colocar en una posición más alta en tu caminar con el Señor”.
Hermano, yo quiero invitarte a que vivas a la luz de la cruz de Cristo y nada más. Ahora mismo está de moda respaldar determinados sistemas de doctrina. Cuando hablo de esto, hermano, no son ni siquiera sistemas doctrinales malos, pero la mayoría de las personas, cuando se aferran a ellos, se aferran buscando no necesariamente una conciencia tranquila delante del Señor, sino buscando ser invitados o ser aceptados delante de determinado grupo de personas.
Ahora, el día de hoy en Latinoamérica, si una persona no ha aceptado ser “reformado” o tener la llamada doctrina de la gracia, el calvinismo, parece que en su entendimiento de la Escritura como que no ha subido muy alto.
Modas doctrinales, nuevos apóstoles y suficiencia absoluta de la cruz
Y tú te encuentras cantidad de personas que te dicen: “No, si tú no has leído a los puritanos, si no has leído a este, si no has leído a aquel…”. Hermano, todos son buenos libros. El mismo sistema doctrinal es un precioso sistema doctrinal. Pero encuentro personas difundiendo estas cosas como si tú no tienes eso más la cruz de Cristo, entonces todavía no tienes nada. Hermano, la cruz de Cristo no necesita nada más.
El día de hoy la moda son los nuevos apóstoles, y se están proliferando los apóstoles, hermano, como si eso fuera lo único que existiera. Y si tú no tienes la renovación del movimiento apostólico, parece que no hay nada más. Y yo me pregunto: guau, pero desde aquel hasta acá, hasta el día de hoy, hemos vivido; pero ya nos dicen que si tú no tienes eso te está faltando la mitad de tu fe cristiana.
Yo quiero mostrarle, hermano, que a la cruz de Cristo usted no puede agregarle un apóstol, usted no puede agregarle un modelo, usted no puede agregarle un sistema de doctrina. La cruz de Cristo funciona ella solamente, y ella es suficiente en sí misma. Y nosotros tenemos que afirmarnos en nuestro tiempo a tener una fe que dependa del sacrificio de Cristo solamente.
Y de nuevo le digo, hermano: miren, yo creo que hay hasta un tipo de expresión, no apóstoles de Jesucristo sino enviados, misioneros, personas que comienzan iglesias en diferentes lugares. Pero eso no es lo que este movimiento está buscando. Lo que este movimiento está buscando es que hay un nivel más alto al cual se puede llegar.
Quince, veinte años atrás apareció un movimiento de renovación de la adoración que parecía que nunca habíamos adorado al Señor. Si tú no eras parte del movimiento de renovación de la adoración era como que tú no estabas adorando al Señor.
Dentro del hombre natural existe una tentación y tendencia carnal a ponerle algo más a la cruz de Cristo, y la cruz de Cristo ni necesita algo más ni se le puede poner algo más. No hay cosa alguna que pueda complementar el sacrificio de nuestro Señor. Un cristiano no será salvo porque ponga muchos complementos. Un cristiano será salvo porque ponga toda y su absoluta confianza en una sola cosa, y esa absoluta cosa es que Cristo murió en la cruz y en la cruz llevó sus pecados.
Fuera de eso, hermanos, lo que hay es paz; fuera de eso, lo que hay es reposo. Y nos coloca a nosotros como hombres en una posición muy precaria, porque el hombre natural tiene la tentación de ganarse las cosas por sus propios medios.
Ese reconocimiento del lado externo, ocuparse de eso sin ocuparse de lo que realmente importa, era el problema en los días del apóstol Pablo. Aún me llama la atención que dice en el versículo 13 que estas personas querían utilizar la circuncisión de los otros como un trofeo: “Porque ni aun los mismos que se circuncidan guardan la ley, pero quieren que vosotros os circuncidéis para gloriarse en vuestra carne”. O sea, ellos querían que los otros se circunciden para decir: “Yo circuncidé a cinco, yo logré que cuatro…”.
Aquí hay, hermano, un asunto que es muy importante: usted por sus propios medios puede darle unos aditamentos a una persona, pero hay algo que tú y yo no podemos hacer, y es que esa persona nazca de nuevo. Nosotros podemos acercar a alguien a un punto de vista, pero nosotros no podemos darle la vida que solamente Cristo puede dar. Lo primero que hace el apóstol para cuidarnos de esto es que entendamos la motivación de quienes pretenden llevarnos más allá de la cruz.
Cualquier persona que intente enseñarte que necesitas algo más aparte del sacrificio de nuestro Señor Jesucristo en la cruz, lo leí en los primeros capítulos: “sea anatema”. Lo segundo que hace es llevar la iglesia a que haga de la cruz de Cristo, o sea, de su sacrificio, su único motivo de gloria. Dice así mismo el versículo 14:
Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo.
— Gálatas 6:14
Si nosotros queremos gloriarnos de algo, hermano, tenemos algo en lo cual podemos gloriarnos. Y lo único en lo que la iglesia cristiana puede gloriarse no es: “Yo tengo cinco años que no pruebo cerdo”, ni “tengo diez años que estoy guardando tal día de reposo”, ni “tengo cinco años que descubrí tal nuevo sistema de doctrina”, ni “a partir de este momento yo leí los cinco libros que hay que leer y ya conozco la referencia”.
Lo único en lo que los cristianos podemos gloriarnos es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo. Es un motivo legítimo de gloria.
Consumado es: la cruz como obra perfecta y excluyente de gloria humana
Razones por las cuales gloriarse en la cruz de Cristo es un buen motivo de gloria. La primera razón es que la cruz de Cristo anula cualquier intento de vanagloria en la evangelización. Sucede algo con la iglesia cristiana, y es que cuando alguien viene a Cristo ningún hombre puede tener la gloria en la salvación de esa persona.
Mire, la salvación es un misterio tan grande que nosotros mismos no sabemos cuándo sucede. Nosotros solamente vemos la manifestación de las expresiones de salvación, pero nadie puede decir que ganó por sus propios medios a otro para Cristo. Yo puedo incluirte en el judaísmo, yo puedo incluirte en un sistema, yo puedo incluirte en determinada corriente doctrinal, pero yo no puedo traerte a Cristo.
La salvación, hermano, la gloria en la salvación, Dios ha asegurado que sea solamente dada a Cristo. Es un misterio; yo predico el evangelio domingo tras domingo y entre semana, y cuando el evangelio ha producido su buen efecto en el corazón del hombre muchas veces yo me vengo a enterar meses después. Yo quisiera a veces como tenerlo ahí: que me den “cuántos me gané para Cristo hoy”, si fuera que yo tuviera gloria; pero el Señor ha permitido que la evangelización sea un asunto tan misterioso, tan desconocido para nosotros, que cuando alguien nace de nuevo uno como que se da cuenta: “Ahí está; guau, gloria al Señor”. Pero la gente no recuerda a veces el momento; es un misterio.
La salvación y la gloria de Cristo están aseguradas en la salvación de las almas. Nosotros no podemos convencer, no podemos transformar, no podemos preservar a nadie en los caminos del Señor, solo Cristo. De hecho, ningún nuevo creyente tiene que sentirse vinculado a quien le trajo a Cristo. Usted se convierte hoy por la predicación de alguien, nadie queda como que “estoy conectado a él”. Esto no es multinivel.
Alguien viene a Cristo hoy y él queda conectado a Cristo directamente, no a intermediarios. No hay mediador entre Dios y los hombres, sino solamente Jesús. Mire qué misteriosa es la salvación: que yo te puedo reclutar para el judaísmo, yo digo “yo lo traje, aquí tengo cinco”, pero yo te traje a Cristo y tú no estás en mis manos, tú estás en las manos de Cristo. La conexión es directa con el Señor.
Por eso podemos gloriarnos en la cruz de Cristo, porque la cruz de Cristo produce que las personas vengan a Cristo y queden con Cristo directamente conectadas. Es muy seguro gloriarse en la cruz.
Otra razón: la cruz de Cristo hace que toda rodilla se doble solamente ante Cristo y que le reconozca a Él como Señor, tal cual dice Filipenses que toda rodilla será doblada delante de Él. La cruz de Cristo impide que las rodillas de un hombre se doblen ante otro hombre. De hecho, una iglesia que vive a la luz de la cruz, ninguna persona está en una condición de servilismo delante de ningún hombre, porque todos los hombres están doblados; toda rodilla, tanto de aquel que te trajo como de aquel que está siendo traído, están dobladas en este momento ante Cristo.
La cruz de Cristo elimina cualquier expectativa de participación. A mí me goza lo que dice Juan 19:30. Lo que dice Juan 19:30 es que el Señor expresó desde la cruz algo que a mí me ha traído una paz extraordinaria, hermanos. Lo que Él dijo desde la cruz fue:
Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu.
— Juan 19:30
Ese “consumado es” es que, por mucho que usted se esfuerce, usted no va a poder ponerle nada a lo que Cristo ya hizo en la cruz. Cuando algo está consumado es que eso está completado, eso está cerrado. Cuando Él dijo “consumado es”, eso significa que, por mucho que tú y yo nos ofrezcamos, por mucho que tú y yo lo intentemos, nosotros no vamos a poder poner ningún aditamento, ningún plus al sacrificio de Cristo.
El sacrificio de Cristo se toma con humildad solamente. Y una de las dificultades que las personas tienen para entregar su vida al Señor —yo se lo he dicho una vez, ahora se lo repito— es que, si nos pusiéramos una maratón de cinco kilómetros y al final pusiéramos la salvación, la gente se salvaría por montones, porque el ser humano quiere ganárselo. Pero la salvación nos humilla como seres humanos porque nos lleva a recibir algo que ya se hizo.
Y tú dices: “Guau, pero yo quiero colaborar, yo quiero dar algo, ¿qué puedo darle al Señor?”. Nada; Cristo te lo ha dado todo en la cruz. “Consumado es” es que ahí usted no puede poner una gota de mérito; todo el mérito es suyo, toda la obra es suya y toda la gloria es suya.
En la cruz de Cristo podemos nosotros gloriarnos porque nosotros no pusimos nada en la cruz de Cristo. Nosotros no pudimos haber entregado a Cristo, no pudimos haber impulsado a Cristo, no pudimos haber sacrificado a Cristo, no pudimos haber hecho que su sacrificio sea aceptable y no pudimos haberlo levantado de la muerte. Todo lo hizo el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Nosotros, ante el episodio de la cruz, somos solamente espectadores.
Nosotros vemos a un Cristo crucificado, vemos a un Cristo resucitado y vemos unos méritos que nosotros no ganamos, que nos son aplicados directamente.
Más ilustración para esto: habían dos amigos que estaban en conflicto, con diferencias, y un tercero quiso amigarlos, quiso ponerlos de acuerdo. Los llevó a un restaurante, les dijo: “Fulano, hablen entre ustedes, pónganse de acuerdo, este encono está dañando el grupo”. No lo logró; de hecho, la conversación en el restaurante empeoró la situación. Uno de ellos se fue al baño; cuando regresó intentó pagar la cuenta. “No, ya la cuenta la pagaron y se fueron”.
Después le preguntó: “Fulano, ¿quién fue que pagó la cuenta?”. Y se dio cuenta de que su enemigo había pagado la cuenta. Pero él no quería hablar con su enemigo y tampoco tenía la seguridad de que su enemigo había sido quien pagó. Entonces fue al restaurante y preguntó: “¿Quién pagó la cuenta?”. Los del restaurante dijeron: “Nosotros no sabemos quién pagó la cuenta, pero sabemos que la cuenta fue pagada”.
Si usted quiere saber quién pagó la cuenta, tendrá que preguntarle a uno de sus dos amigos. Si nosotros pudiéramos, hermano, pagar eso, el mérito sería nuestro; pero Cristo pagó toda la cuenta, y nos coloca a nosotros en una posición de dependencia, en una posición de agradecimiento. Por eso la gente odia la cruz de Cristo, porque la cruz de Cristo le quita al ser humano cualquier expectativa de salvarse por sus propios medios: alguien paga la cuenta y quien pagó la cuenta no fuiste tú.
De hecho, la gente no quiere que nadie pague por sus pecados, y Cristo en la cruz murió por los pecados de todos nosotros. Escuchen esto que es escandaloso para los hombres; hay gente que han querido limitarlo, pero Cristo en la cruz hizo expiación por los pecados de todos los hombres. Eso hace que todos los hombres sean avergonzados delante de Él.
Hasta tú, la situación de que alguien paga por una falta tuya te hace sentir así: “Yo no te pedí que pagaras, yo no te pedí que lo hicieras”. Cristo en la cruz, hermano, estaba cargando los pecados de todos los hombres; y hasta el hombre más altivo, ya los pecados de él corporativamente fueron cargados en Cristo. Lo único que hace falta es decir: “Señor, gracias”.
Cuando tú entregas tu vida a Cristo, en ese momento Cristo no es sacrificado por tu pecado; ya Él fue sacrificado por los pecados de todos los hombres. Es solamente que te está aplicando unos créditos, te está aplicando algo que corporativamente ya Cristo logró por todos nosotros en la cruz del Calvario.
La cruz de nuestro Señor Jesucristo nos coloca en una posición de adoración. Adoración es la única expresión aceptable cuando un pecador entiende que ya el precio fue pagado. Cuando venimos al culto el domingo, lo que hay en nuestro corazón es un sentido que nos dice: “Nosotros no pudimos haber logrado esto por nuestros propios medios”. Lo único que podemos decir es: “Dios, gracias por eso”.
El pueblo del Señor es un pueblo de adoración, porque esta imposibilidad que había de otro pagar por nosotros por sus propios medios hace que lo único que podemos poner es adoración.
Beneficios superiores a los del judaísmo y la nueva comunidad en Cristo
¿Qué otra cosa hace la cruz de Cristo para que sea un motivo loable de gloria? Dice que la cruz de Cristo nos colocó en una esfera, hermano, de innumerables beneficios que son superiores al judaísmo. Si tú te haces circuncidar, te haces judío, había un paquete de beneficios que venía con eso. Pero el paquete que viene con la cruz de Cristo, hermanos, es más grande que el paquete del judaísmo.
De hecho, no lo dude; todavía el día de hoy, quien se hace judío tiene muchos privilegios. ¿Qué fue lo que Cristo hizo en la cruz? Dice Hebreos 2:14-15:
Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, Él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.
— Hebreos 2:14-15
Cristo en la cruz destruyó al que tenía el imperio de la muerte y nos libró del temor. La muerte para nosotros era el enemigo más grande; Cristo en la cruz venció la muerte, y nosotros por fe hemos vencido con Él.
Dice Gálatas 2:20:
Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.
— Gálatas 2:20
La cruz nos hizo solidarios con Cristo en su padecimiento. En la cruz de Cristo, hermano, nosotros fuimos con Cristo a la cruz. Eso yo todavía no puedo explicarlo ni puedo entenderlo del todo, pero lo que Cristo estaba haciendo en la cruz, el Padre lo recibe como si yo mismo lo hubiese hecho. El judaísmo no me da eso, eso me lo da la cruz.
Lo que yo encuentro más emocionante es que dice Colosenses 2:14:
Anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz.
— Colosenses 2:14
En la cruz Cristo anuló el acta de decretos que había contra nosotros y que nos era contraria. Todas nuestras faltas, dice que Cristo las clavó en la cruz. A mí me vuela la cabeza el hecho de que hay pecados que yo recuerdo y que yo sé, y que el Padre no tiene memoria. Es un asunto que yo, como un hombre caído, todavía entiendo, pero ya el Señor pagó eso, ya el Señor lo clavó en la cruz.
Hermano, no hay condenación; en la cruz el Señor te ha dado a ti una página en blanco. El Señor llevó todas tus transgresiones. Nosotros no tenemos ahora que reivindicar eso por nuestros propios medios, porque Cristo ya lo clavó en la cruz. En la cruz Él logró eso.
Miren, los sacrificios de los judíos —anuales, mensuales, diarios— no expiaban; solamente detenían. Cristo en la cruz dice que Él canceló el acta de decretos que había contra nosotros, y hay una redundancia intencional en Colosenses: “y que nos era contraria”. El expediente no era bueno, nos era gravoso, y el Señor lo canceló.
La cruz de Cristo es un motivo legítimo de gloria para nosotros porque nos ha traído una nueva comunidad. Dice 1 Pedro 2:9:
Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.
— 1 Pedro 2:9
Predicaba de eso recientemente: que vosotros sois sacerdotes, que sois un pueblo elegido, una nación especial. Antes se sentía bien si uno se hacía judío porque era parte del pueblo judío. Cuando uno se hace cristiano es parte de una comunidad multiétnica, internacional, trascendente.
Esta misma comunidad aparece en Apocalipsis 7:9, dice:
Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos.
— Apocalipsis 7:9
Cuando uno viene a Cristo a través de su cruz, uno es parte de algo mucho más grande que el gueto judío; uno es parte de esta comunidad grande que se llama la iglesia del Señor, que al día de hoy está representada en todos los pueblos, etnias, naciones, en todas las partes del mundo. En este momento esa es la iglesia de Cristo, y de eso nosotros somos parte.
Doy un poco más y me muevo, hermano. Dice Romanos 5:8:
Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.
— Romanos 5:8
Porque de tal manera… —esos son de los versículos, hermanos, que cuando les enseñan cuando uno viene a los caminos del Señor hay que tenerlos presentes— eso usted debería tenerlo subrayado: lo que Cristo ha hecho. Esto es lo que Cristo ha hecho: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”.
¿Hay alguien que quiere sentir el amor de Dios? ¿Hay alguien que quiere ver una expresión del amor de Dios? La cruz de Cristo nos permite ver esta expresión del amor de Dios, es que Dios mostró su amor para con nosotros en que siendo aún pecadores Cristo murió por nosotros. La cruz de Cristo, hermano, nos da esa seguridad, y es que el favor de Dios en Cristo ha fluido a favor tuyo.
De hecho, hermano, todo hijo quiere sentir una expresión de amor de su padre, sobre todo cuando sabe que ha fallado: “¿Me amará Dios?”. Y tú le preguntas a Dios: “Dios, ¿tú me amas?”, ¿sabes lo que Él hace? Él te muestra la cruz de Cristo.
Yo he estado viviendo esto de manera muy cercana porque Juliette está en esos momentos donde ella desobedece y después que desobedece quiere dar besitos. Entonces ella sabe que ha hecho algo y viene y te da cinco besitos y te dice: “Papá, yo te amo”. Ella ve que ese “te amo” no produce ni una reacción, entonces me dice: “Papi, ¿tú estás feliz?”. Y hasta que no logramos que ella escuche que yo digo “yo estoy feliz porque tú estás obedeciendo”, hasta que ella no escucha que yo digo “yo estoy feliz”, ella no desiste de dar besos: “Papi, yo te amo”.
Tú pregúntale a tu Padre: “Padre, ¿tú estás feliz con nosotros? Padre, ¿estamos bien?”. ¿Y sabes qué Él te va a decir? “Yo he mostrado mi amor para con vosotros en que siendo aún pecadores mi Hijo murió por ustedes”. En la cruz de Cristo, hermano, se ve el favor de Dios a favor de su pueblo. Yo veo cómo fluye el afecto paternal de Él, no dejándonos donde estábamos, sino pagando por nosotros lo que hubo que pagar para restablecer la relación con nosotros.
Si alguien quiere ver una expresión del amor de Dios, que vea la cruz. En la cruz, ¿sabe qué dice la cruz? La cruz es igual a amor, la cruz es igual a victoria, la cruz es igual a “tu Padre se ocupó por ti en algo de lo cual tú por tus propios medios no te habías ocupado”. Si tú quieres saber si el Señor tiene cuidado de ti, mira la cruz de Cristo.
“Mas Dios muestra su amor para con nosotros en que siendo aún pecadores Cristo murió por nosotros”: la cruz es igual a amor.
Hebreos 10:19-20, hermano, dice que en la cruz se rompió el velo. El Señor se encargó de enseñarnos, por medio de la arquitectura del tabernáculo, del templo, que los hombres, en su condición de hombres pecadores, no podían tener acceso a Él porque Dios es un Dios santo. Una de las cosas que sucedió cuando Cristo estaba siendo crucificado es que el velo del templo se rasgó en dos, y esa parte a la que solamente el sumo sacerdote una vez al año podía tener acceso —que era donde se simbolizaba la presencia misma de Dios— ahora nosotros podemos tener acceso diario a la presencia del Padre a través de la cruz de Cristo.
La cruz de Cristo quitó la separación. Lo que nos impedía llegar al Padre, que eran nuestros pecados, la cruz de Cristo se los llevó.
Yo creo que ahora ustedes pueden entender más por qué el apóstol Pablo dice: “Lejos esté de mí gloriarme” en cualquier sistema, en cualquier intento, en cualquier herencia, en cualquier posesión, en cualquier asunto que intente dar más brillo a mi idea. “Lejos esté de mí gloriarme” en ninguna de esas bagatelas, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo. La única cosa en la cual un cristiano puede sentirse profundamente satisfecho es en la obra de Cristo en la cruz del Calvario.
Crucificados al mundo: muerte doble y bautismo como señal
El apóstol Pablo menciona dos efectos de la cruz de Cristo sobre su vida que yo quisiera que mi iglesia experimentara. Rápido: el primer efecto que él experimentó es “porque en el mundo me es crucificado a mí”, y después dice “y yo al mundo”: una doble crucifixión.
Dice la Nueva Traducción Viviente del mismo versículo: “Debido a esa cruz, mi interés por este mundo fue crucificado, y el interés del mundo por mí también ha muerto”. Pablo está diciendo: “El mundo a mí se me murió, y yo me morí al mundo, nos morimos los dos”.
Entonces, cuando se mueren los dos, juega, hermanos, una posición muy ventajosa. El mejor momento en la vida cristiana es cuando ya el mundo no espera nada de ti y cuando tú no esperas nada del mundo. La cruz de Cristo hace efecto en el corazón del hombre, que cualquier expectativa que haya tenido de deleite en el mundo, ya tú sabes que el mundo no produce en ti deleite. La cruz de Cristo nos dice que solamente hay deleite en Él, en el acceso a la presencia del Padre. El deleite en el mundo nunca es pleno.
Cualquier expectativa de gloria… Dentro del ser humano, aun dentro de los cristianos, todavía aparecen esos vestigios del viejo hombre que nos hace buscar la gloria de los hombres. Y queremos tener ese momento donde los seres humanos nos reconozcan, nos descubran, nos aplaudan, nos den el mérito: “Guau, lo merece”. Hermano, un cristiano, cuando se muere y ve la cruz de Cristo, entiende que ya no tiene ninguna razón de gloria, ninguna motivación de buscar la gloria en el mundo, que todo eso es vanidad. Cualquier interés secundario se muere; hermano, ahora es todo por su causa.
De hecho, cualquier queja medida sobre el nivel de confort, de importancia, reconocimiento, gloria que pudiera obtener aquí se murió también en la cruz de Cristo. Dice él: “El mundo se me ha muerto”, y después dice: “Y me le morí yo al mundo”.
Así como crecen los talleres de membresía, también la consejería prematrimonial, el contenido que ofrezco va creciendo, y una pregunta que ahora le hago a las personas que van a casarse es: ¿cómo quedaron sus relaciones anteriores? Si han tenido alguna novia, si han tenido algún novio, si en algún momento tuvieron algún entusiasmo, yo les pregunto: ¿cómo quedó eso?
¿Sabes cuándo es que yo mejor me siento? Cuando me dicen: “Esas personas ya ni se recuerdan de mí”. Yo digo: “Doy gloria a Dios”. Miren, el que se va a casar tiene que morirse a todo eso. Si en algún momento usted tuvo otro entusiasmo, tuvo un enamoradito, una enamoradita, si usted se va a casar, el mejor escenario es que esa persona ni siquiera se recuerde de usted. Entonces estás completamente disponible, porque el que lo están esperando siempre está siendo tentado.
Lo que Pablo está diciendo es: “El mundo a mí se me murió, y yo me le morí al mundo; nosotros ni ellos me quieren ni yo los quiero a ellos”. Una doble crucifixión. El mejor momento de la vida cristiana es cuando tú estás tan identificado con el sacrificio de Cristo que ya el mundo no te está esperando y que ya tú tampoco estás esperando nada del mundo. Cuando eso sucede tú puedes decir, como dijo el apóstol Pablo: “Porque en el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo”.
Mi interés por este mundo fue crucificado, y el interés del mundo por mí también ha sido crucificado. Miren, hay gente que está en Cristo y todavía en el mundo lo están esperando. Hay gente que está esperando que usted vuelva a participar de los pecados de siempre. Hay gente que piensa que usted ha puesto el pecado en pausa y que está en un compás ahí, pero que va a regresar.
El mejor escenario de la vida cristiana es cuando el mundo se quedó como Penélope, ahí esperándote. Se quedó ahí. La gente, el mundo, hermano, cuando tú te sales del mundo, el mundo todavía dice: “No, él va a volver; yo sé la de nosotros, él está por ahí todavía buscando, pero lo estamos esperando; tú verás, estamos esperando el vuelo”. Y pasa un año, pasan dos, Penélope, hermano, con su bolso de piel marrón, su zapatito de charol y su vestido de domingo, se quedó ahí; se mueren viejos, se van a morir el mundo esperándote.
El mejor escenario de la vida cristiana es cuando ya el mundo dice: “Mire, lo perdimos; él se perdió en Cristo”. Debe llegar un momento a la vida cristiana donde tú te pierdas en Cristo a un punto tal que rompas el ombligo con el mundo, que esa gente ni te conozca.
Tú te das cuenta de que el mundo te espera cuando tú llegas y están como celebrando al cristiano carnal. Eso le gusta: le gusta tener la doble validación, la validación de Cristo, la validación del mundo. Cuando usted se vuelva odioso al mundo —oye, que tú llegas a las fiestas y dicen “llegó…”; cuando tú llegas y dicen “ahora es que se puso bueno el asunto que llegó fulano”— todavía tú no estás muerto para el mundo. Hay que morirse dos veces: el mundo se muere en tu corazón y tú te mueres en el corazón del mundo.
Una persona que se murió al mundo, que el sistema ya no lo opera, dice: “A esa persona ya la perdimos, él se quedó mirando la cruz y se perdió por ahí”. Ay, hermano, ese es el significado del bautismo. Cuando un creyente es bautizado, lo que está diciéndole al mundo es: “Al mundo, me morí”.
Por eso el bautismo es un testimonio al mundo. Cuando un creyente va a las aguas del bautismo está diciendo: “En las aguas del bautismo en las aguas del bautismo hoy confieso yo mi fe, Jesucristo me ha salvado y en su amor me gozaré”. Son las aguas del bautismo. Yo, hermano, ando con el himnario; sí, eso es lo que significa el bautismo.
De hecho, hay hermanos que han sido bautizados y después de ser bautizados ellos viven todavía en esta doble expectativa: es que están esperando que el mundo les haga el cumpleaños. No, el mundo no te va a hacer un cumpleaños.
Escuchen qué es lo que dice el himno:
En las aguas del bautismo hoy confieso yo mi fe, Jesucristo me ha salvado y en su amor me gozaré. En las aguas humillantes a Jesús siguiendo estoy; desde ahora, para el mundo y al pecado muerto hoy. Ya que estoy crucificado, ¿cómo más podré pecar? Ya que soy resucitado, santa vida he de llevar. Son las aguas del bautismo mi señal de salvación, y yo quiero consagrarme al que obró mi redención.
Cuando el creyente se bautizó, lo que le dijo al mundo fue: “Sácame de la lista. Yo no soy de ustedes; ya no tenemos parte ni suerte”. Con el tiempo me voy volviendo odioso para ustedes y ustedes se vuelven odiosos para mí, y esa es la condición de un cristiano. Mientras más tú mires la cruz de Cristo, más odioso será el mundo para ti y más tú serás odioso al mundo, y el mundo entonces comenzará a perseguirte.
Cualquier posibilidad de volver a militar en el mundo se murió; cualquier posibilidad de volver a ser celebrado por el mundo se murió; cualquier posibilidad de volver a difundir los valores del mundo se murió. Por eso los cristianos tenemos tanto cuidado al aproximarnos a la cultura contemporánea, porque la cultura contemporánea en gran medida es una celebración de los valores del mundo.
La gente dice: “Oye, ¿por qué los cristianos como que no escuchan la música del mundo?”. No es simplemente “música del mundo”; es que esa música del mundo mayoritariamente es una música que celebra lo que el mundo celebra. Nosotros no nos sentimos cómodos con eso y por eso el mundo se muere para nosotros; nosotros no abrimos para el mundo.
“Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, porque en el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo”.
Recuerdo aquel himno que se cantaba de antaño que decía:
Hay una senda que el mundo no conoce, en Cristo tengo la salvación de mi alma. Cristo es la senda que me puede salvar. Mis familiares y todos mis parientes y la gente que yo relacioné me aborrecieron a causa de mi Cristo cuando supieron que a Cristo me entregué.
De hecho, este tipo de cristiano que al día de hoy tiene la doble celebración, la celebración en Cristo, la celebración del mundo, no está ni en Cristo ni en el mundo. Si el mundo al día de hoy no te aborrece, muy probablemente tú todavía no has visto detenidamente la cruz de Cristo. La cruz de Cristo tiene ese poder de hacer que el mundo sea odioso a ti y tú odioso al mundo.
Nueva creación y el Israel de Dios: lo verdaderamente importante
Termino, hermanos, con los versículos 15 y 16. Dice él:
Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación. Y a todos los que anden conforme a esta regla, paz y misericordia sea a ellos, y al Israel de Dios.
— Gálatas 6:15-16
Mire, lo más importante no son los asuntos externos. Cuando él pone su fe, lo más importante es que en la cruz de Cristo nosotros nacemos de nuevo y que en nosotros hay una vida que es real. Menciona dos asuntos: un asunto interno y un asunto externo. Menciona una nueva creación y al mismo tiempo menciona un nuevo pueblo.
Había gente que se sentía contenta porque “ajá, ya yo me circuncidé”. Él te está diciendo: eso es externo, eso no tiene ningún valor, eso no vale nada. Estar o no estar es indiferente; lo que vale es haber nacido de nuevo, una nueva vida, la nueva creación, la nueva criatura.
El nuevo nacimiento. Cuando usted escucha a un creyente que habla de la nueva vida en Cristo, no está hablando simbólicamente, él está hablando de manera real. No es una analogía. Hay gente que ha llegado a pensar que la nueva vida en Cristo está hablando de la vida eterna, de la vida que vendrá después. No; miren, esa nueva creación que se menciona al final del versículo 15 no es un asunto simbólico, es un hecho real.
Un creyente verdadero tiene en él mismo una nueva vida puesta por Cristo, una nueva capacidad de entendimiento. No solamente es una nueva idea que tú asumes; es que tus ojos como que se te abren. Cuando vienes a la vida del Señor, la circuncisión, te circuncidaban y tú decías “ah, ok”, pero el corazón se quedaba donde estaba; cuando tú vienes a Cristo tú llegas a experimentar una nueva vida y eso viene acompañado de un nuevo entendimiento. Tú ves cosas que tú antes no veías.
Cuando uno viene a Cristo, como se le cae el velo de los ojos y los ojos se te abren a nuevas realidades. Es una nueva vida real, nueva creación. Cuando tú vienes a Cristo tienes unos nuevos deseos. Nosotros, aunque los creyentes nos abstenemos de determinadas cosas porque tenemos nuevas convicciones, no es simplemente porque la iglesia te dijo “deja eso”. No es solamente que la iglesia te lo ha dicho, es que el corazón tuyo clama “Padre”.
Y ahora lo que anteriormente era un deleite, ahora es remordimiento, y ese deseo es real. No solamente te han dado una nueva idea y tú vives a la luz de esa nueva idea, es que tú tienes un nuevo deseo real por hacer cosas que son distintas, y esos nuevos deseos son parte de la nueva vida, de la nueva creación. Una nueva creación.
Un creyente tiene una capacidad que no sabe de dónde sale eso. Sí, él sabe, pero humanamente hablando le desconcierta: “Lo que antes yo no podía hacer ahora lo hago”, y la gente dice frecuentemente: “Yo no sabía que yo iba a poder hacer o dejar de hacer eso cuando vine a Cristo”. Esa nueva capacidad es una capacidad real.
Nosotros no tenemos solamente leyes como tienen los judíos. Nosotros tenemos un dínamo dentro de nosotros, una potencia dentro de nosotros que nos capacita para hacer las cosas que convienen y que glorifican al Señor. Y dice la Escritura: “según el poder que actúa en nosotros”. Guau, hermano, eso está ahí; es como un poder, algo que se levanta desde adentro. Esa nueva criatura, dice el apóstol Pablo, es lo importante. Lo importante no es la circuncisión, lo importante es la nueva creación en Cristo.
Es que pongamos nuestra atención en los asuntos importantes. La otra cosa que él menciona —estoy en el versículo 16—: “Y todos los que anden conforme a esta regla, paz y misericordia sea a ellos”, y menciona “y al Israel de Dios”.
Ellos se sentían muy contentos porque ya de boca se consideraban: “Somos parte de Israel terrenal”. Él te está diciendo: “Porque tú no has nacido de nuevo tú no eres parte del Israel terrenal; tú eres parte de un nuevo Israel que el Señor está haciendo, el Israel de Dios”. Hermano, toda la promesa de Abraham, a través de la cruz de Cristo, son nuestras.
Y cuando yo descubrí eso en la Escritura, hermano, yo sentí como un deleite, una cosquillita así: “Guau, pero todas estas promesas, las promesas que llevaron al salmista a escribir los salmos, las promesas que llevaron al pueblo a resistir el cautiverio, las promesas que llevaron a las personas a celebrar a Cristo son las promesas que nosotros ahora tenemos; tenemos acceso a ellas a través de la cruz de Cristo”.
El mismo libro de Gálatas, capítulo 3, del 7 al 9, dice:
Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham. Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones. De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham.
— Gálatas 3:7-9
Y dice el 27 al 29 del mismo capítulo:
Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.
— Gálatas 3:27-29
Hay gente que todavía está mirando al Israel terrenal. Hermano, deje al Israel terrenal ahí tranquilo, que el Señor tendrá su plan con ellos. Ahora, yo le diré que usted no necesita el Israel terrenal para conectarse con las promesas dadas a Abraham. Cuando usted pone su confianza en la cruz de Cristo, totalmente, no hace falta hacerse judío para experimentar lo que es ser parte del pueblo del Señor.
Nosotros, en Cristo, dice el versículo 16 al final, somos parte de un nuevo Israel, de un pueblo todavía más grande, de un pueblo todavía más prestigioso. ¿Hay razones, hermanos, para gozarse en la cruz de Cristo? Sí. “Pero lejos esté de mí gloriarme sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, porque en el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo”.
Exhortación final: consumado es y llamado a confiar solo en la cruz
¿Cómo termina el apóstol Pablo? Es “hermanos”; tiene una connotación muy especial, porque estaba reprendiendo a los gálatas que se habían estado olvidando de estas cosas. Él dice: “Hermanos, la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu. Amén”.
Y el versículo 17 dice: “De aquí en adelante nadie me cause molestias, porque yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús”. Quiero orar por el pueblo, hermano, diciéndoles que si nosotros somos de Cristo, tenemos las promesas de Cristo, tenemos la victoria de Cristo; pero no lo ignoren, también tendremos en nosotros las marcas de Cristo. Quizás no seamos celebrados, hermano; quizás seamos perseguidos, pero nosotros somos el pueblo, nosotros tenemos la promesa.
Que la cruz de Cristo, hermano, el mirar la cruz de Cristo, sea lo que nos acompañe durante esta semana. Mantén tus ojos ahí cerrados.
Ay, si alguien aquí hoy ha escuchado la predicación y todavía había intentado buscar un sistema, un rudimento, todavía había intentado buscar una filosofía, buscar un sistema, buscar un hombre, buscar una religión antigua para salvarse; si alguien ha estado tratando de pagar la cuenta por sus propios medios; si alguien ha entrado intentando ponerle algo a la cruz de Cristo, que se lo quite. No cabe, le resbala. Lo único que se puso en esa cruz fue el cuerpo de nuestro Señor, sacrificio perfecto, dado una vez y para siempre.
Te animo, hermano, a desbordarte en adoración delante de Dios. Es lo único que hacemos los pecadores cuando hemos sido reconciliados por la fe en Cristo; no hay nada que podamos dar que no sea alabanza.
Ay, si alguien aquí todavía está lejos de los pactos, de las promesas, si está lejos todavía del pueblo nuevo que se está haciendo, de la nueva criatura; si hay alguien aquí hoy congregado que quiere experimentar lo que es una verdadera nueva creación, con poder nuevo, entendimiento nuevo, capacidad nueva, habilidades nuevas para hacer la voluntad del Señor, yo le invito a poner toda su confianza en la cruz de Cristo. Consumado es, consumado es, consumado es; no hay nada que podamos agregarle, nada le falta, nada le sobra. Todo ha sido hecho y todo ha sido acepto.
“A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron; mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”.
Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.
— 1 Juan 1:9
De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree no se pierda, mas tenga vida eterna.
— Juan 3:16
Poner tu confianza en la cruz de Cristo se hace primero en tu corazón, después en una oración delante del Señor, después en un testimonio público. Tienes que creer en tu corazón que ya Él pagó por ti y aceptar su sacrificio. Tienes que creer en tu corazón que Él es el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Tienes que creer en tu corazón que el Señor le levantó de entre los muertos, recibiendo su sacrificio.
Y cuando crees estas cosas, entonces dímelo al Señor en oración. Puedes decirle: “Señor, he abierto los ojos a que moriste en mi lugar y que no puedo agregar nada a ese sacrificio, solamente alabanza. Te pido que perdones mis pecados; pongo hoy mi fe completa en la cruz, en tu sacrificio. Dejo de buscar mi salvación por otros medios, dejo de buscar mi deleite en otros medios, dejo de buscar la paz por otros medios”. Dile ahí al Señor: “Recíbeme hoy como tu hijo; pongo en ti toda mi confianza. Confieso mis pecados”.
Si has hecho esto, yo te invito a que ahora lo grites al mundo con confianza por medio de las aguas del bautismo. Dice la Escritura que “el que creyere” —eso es en tu corazón, en tu mente— “y fuere bautizado”, demostrando públicamente que te identificas con el sacrificio de Cristo, “ese será salvo”.
A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.
— Mateo 10:32-33
Si tú vas con convicción puesta en el Señor hoy, tu fe, has confesado tus pecados, bienvenido a la familia del Señor: pueblo grande, la nueva creación, el Israel de Dios.
Oro por la iglesia aquí congregada. Temo que mis hermanos salgan a buscar algo más aparte de la cruz. Ay, hermano, si alguien te ha entusiasmado al respecto de que te falta algo, si alguien te ha dicho que todavía no estás completo, si alguien ha intentado llevarte más allá de la cruz, vuélvete, retrocede. No hay nada más allá de la cruz.
Consumado es, consumado es, consumado es. En Cristo, hermano, en Cristo nosotros estamos crucificados.
Oro por mi iglesia, Señor. Permite que el mundo se muera en nosotros y que nosotros nos muramos al mundo. Señor, rompe cualquier expectativa que tengamos de buscar deleite, satisfacción, reconocimiento, gloria en este sistema caído. Permite, Señor, que nosotros también nos muramos para el mundo, dando en esta semana, Señor, muestras tangibles de que este no es nuestro lugar, no es nuestro espacio, de que solamente en ti está nuestra gloria, nuestro deleite, nuestras promesas.
Gracias, Señor, por tu palabra. Gracias, Señor, por tu acompañamiento. Gracias por la libertad que tenemos como hijos. En el nombre de Jesucristo.