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La esperanza de la resurección

1 Pedro 1:3-9

La resurrección de Jesucristo no es solo una doctrina para afirmar con la mente, sino una esperanza viva y segura que sostiene al creyente en medio de la tribulación y garantiza una herencia incorruptible reservada en los cielos.

Predicado5 de abril de 2015
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Reconociendo que nosotros también creemos estas cosas, reconociendo que nosotros también le adoramos por la misma razón, reconociendo que ésta es también nuestra esperanza, y pidiéndole a él que la realidad de la resurrección sea palpable en nuestras vidas, cierre sus ojos un momento y oramos al Señor. Aquí estamos reunidos, Señor, congregados a primera hora de la mañana para recordar este hecho ciertísimo. Aquí está tu pueblo, Señor, una iglesia que 2000 años después todavía mantiene su curso, todavía se mantiene en pie, Señor, por esta esperanza viva que es la resurrección. Afirmamos también nosotros como iglesia, Señor, que confiamos en estas cosas, que aunque como aquella multitud que te vio, Señor, cientos de personas que pudieron contemplarte, quizás nosotros no estuvimos ahí, pero desde lejos, Señor, y por la fe también te celebramos.

Padre nuestro que estás en el cielo, reconocemos el poder con que levantaste a tu Hijo de entre los muertos. Padre nuestro que estás en los cielos, confiamos, como decía el apóstol Pablo, en el poder que levantó a Cristo, que también será aquel que nos levante a nosotros también. Permite, Señor, que este milagro de la resurrección sea el milagro que, espiritualmente hablando, levante a tu iglesia y que esta esperanza para nosotros, Señor, sea una esperanza viva. Del mismo modo, Señor, que aquellas mujeres caminaron temprano, vinimos nosotros también hoy a encontrarnos contigo, y sabemos por medio de tu Espíritu Santo que eres tú en medio nuestro. Te damos a ti toda la gloria, Señor, te damos a ti toda la honra, te celebramos a ti, Señor. Afirmamos también que tú cumpliste lo que dijiste, que era muy digno para que la tierra pueda retenerte.

La tumba no pudo retener al Creador y presentación del culto

Que la creación no podía contener al Creador, que aquel que hizo el cielo y la tierra por el poder de su palabra no podía quedarse entre los muertos. Permite, Padre, que este hecho sea el mismo que aliente nuestra esperanza en este tiempo. Permite que el día de hoy, Señor, tu iglesia reciba consolación en esta promesa de que tú te levantaste, Señor, y primicia fuiste. Permite que aquellos de mis hermanos, Señor, que quizás todavía no han sido afirmados profundamente en esta verdad, hoy se afirmen, y que vean su vida, Señor, no solamente como un momento en el tiempo presente, sino como una realidad futura, Señor, que es cierta, una esperanza que es viva. Te presentamos este culto de resurrección, Señor, recibe todo lo que se haga aquí para la gloria tuya. En el nombre de Jesús, amén, amén.

Puede sentarse, hermanos. Sí, gloria al Señor. Tal como les decía al principio, hermanos, hoy tendremos el culto un poco distinto. En vez de comenzar cantando y terminar predicando, comenzaremos con la predicación de la palabra del Señor acerca de la resurrección, y entonces luego tendremos la adoración. Estaremos presentando nuestras ofrendas, estaremos también teniendo testimonio, las lecturas bíblicas, y después entonces nos despediremos también cantando. Les invito a que me acompañen en sus Biblias a la primera carta de Pedro en el capítulo 1, para que consideremos juntos este hecho cierto que es la resurrección de nuestro Señor. Le damos la bienvenida a nuestros hermanos que se van integrando a celebrar también con nosotros que nuestro Señor resucitó.

Siempre aprovechamos el culto, no solamente para celebrar, sino también para profundizar un poco más acerca de las implicaciones que la resurrección de nuestro Señor tiene en la vida de cada cristiano. A diferencia de otros cultos de resurrección, por ejemplo, el culto de resurrección pasado, nuestro hermano Edwin estuvo hablando de las evidencias de que nuestro Señor se levantó; en el culto de resurrección antepasado estuvimos viendo cómo Pablo predicaba acerca de la resurrección, y hoy he seleccionado el testimonio de otro testigo presencial, que fue el apóstol Pedro, un testigo de primera mano, uno de los primeros hombres que vieron a nuestro Señor resucitado, uno de aquellos que corrió hasta el sepulcro.

La resurrección como centro del Evangelio y de la valentía cristiana

Dice nuestra introducción que la enseñanza y los milagros y los demás milagros de nuestro Señor Jesús fueron muy atractivos en su tiempo, pero fue la resurrección el hecho innegable para los incrédulos, el punto de interés para los indiferentes y el motivo principal de la valentía de sus discípulos, quienes ante la cruz se mostraron temorosos, pero al ver a Cristo resucitado se llenaron de valor. Enfrentaron así la persecución y en muchos casos también la muerte. El apóstol Pedro fue un testigo presencial; la resurrección fue el tema central de su predicación desde su primer sermón y, al final de su ministerio, luego de haber tenido el tiempo de meditar en las implicaciones que tenía la esperanza de la resurrección en la vida de los creyentes, esto quizás como preparación para su martirio, porque también él fue muerto por esta causa, describe aún más esta esperanza como una obra sobrenatural muy segura, preservada en nosotros por Dios y motivo de alegría en medio de las pruebas.

Él vio a Cristo resucitado y nos anima a nosotros, que le amamos sin haberle visto, a fortalecernos en esta esperanza viva que es la resurrección. Acompáñenme en sus Biblias a la primera carta de Pedro en el capítulo 1 y leamos desde el versículo 3 y hasta el versículo 9. Pueden ponerse un momento sobre sus pies para que leamos la Escritura. Es el apóstol Pedro, quizás 30 años después de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo, hablando nuevamente del mismo tema, decía así el apóstol, primera carta de Pedro a partir del versículo 3:

Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual, aunque perecedero, se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo, a quien amáis sin haberle visto, en quien, creyendo, aunque ahora no lo veis, os alegráis con gozo inefable y glorioso, obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas.

— 1 Pedro 1:3-9

Pueden ocupar sus asientos, hermanos. He venido a animarles con el tema de la resurrección. He venido a animar la iglesia del Señor con esta esperanza muy cierta. He venido, hermanos, a mostrarles que la resurrección de Jesucristo no es solamente una doctrina para afirmar en nuestras mentes, es también una esperanza viva para llevar a nuestra vida diaria.

La resurrección como tema cotidiano y esencia del Evangelio

Ciertamente veo que, por lo menos una vez al año, en nuestra iglesia local nos dedicamos a la resurrección, pero pienso, hermano, que deberíamos ser como la iglesia primitiva, que la resurrección debería ser nuestro tema del día a día. Es más, al leer la Escritura, entiendo que entre los primeros cristianos el tema predominante era la resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Cuando ellos se reunían, se reunían para recordar la resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Cuando ellos enseñaban, enseñaban que Jesucristo resucitó, y cuando ellos se animaban el uno al otro, no se animaban el uno al otro con otras cosas que no fuera: nuestra esperanza es viva, es muy cierta y está asegurada en los cielos porque nuestro Señor resucitó.

Era tan importante la resurrección en la iglesia primitiva, que fue la característica predominante cuando se seleccionó el sucesor de Judas. Ellos estaban buscando un hombre que haya sido testigo presencial desde que el Señor comenzó hasta que el Señor resucitó. Era importante este tema entre ellos también, porque es uno de los dos aspectos del Evangelio. Detrás de nuestro programa está la explicación de lo que es el Evangelio, y dice que fuimos creados a imagen de Dios para tener comunión con él eternamente; sin embargo, a consecuencia del pecado hemos sido separados de Dios y destinados a una condenación eterna. El Evangelio es la buena noticia de que Cristo vino al mundo, tomó nuestros pecados y murió en la cruz en nuestro lugar conforme a las Escrituras, pero no solamente se queda allí, hermanos, sino que también nos dice que resucitó al tercer día conforme a las Escrituras, que al creer en Cristo y confesar nuestros pecados somos salvos, volvemos a tener comunión con Dios y esperanza de vida eterna.

Hermano, el Evangelio no es solamente que nuestro Señor murió, el Evangelio es que nuestro Señor resucitó y se levantó de entre los muertos. Y si acaso predicáramos el Evangelio solamente hablando de la cruz y no mencionáramos una tumba vacía, entonces el Evangelio estaría partido por la mitad. El poder del Evangelio en la iglesia primitiva, hermano, estaba en que ellos vieron un Cristo resucitado. Es más, los primeros discípulos de Cristo eran un grupo de hombres un poco temerosos, eran hombres que cuando venía la aflicción lo que hacían era que salían corriendo.

Cuando nuestro Señor caminó hacia la cruz, sus discípulos no estuvieron allí, ya se habían resguardado. Dice la Escritura que algunas mujeres estaban allí y presenciaban la muerte de nuestro Señor Jesucristo como de lejos, pero los discípulos de nuestro Señor Jesucristo, ante el hecho de la cruz, estaban llenos de temor, estaban llenos de miedo, estaban turbados, dice la Escritura. Por eso cuando nuestro Señor se iba encontrando con ellos, les decía frecuentemente: no temáis, no estén llenos de miedo, no se turbe vuestro corazón.

La transformación de Pedro y el poder de la resurrección

Después de la resurrección de Jesucristo, hermano, vemos una transformación en los discípulos, y aquellos que ante la cruz corrían, muchos de ellos ahora caminaban ellos hacia la cruz. Es el caso de Pedro, que ocupa hoy nuestra enseñanza. Pedro, temeroso, lleno de miedo, negó a nuestro Señor Jesucristo cuando le preguntaron, pero al ver a nuestro Señor Jesucristo resucitado se llenó de fuerzas, se llenó de valor, y vemos a Pedro predicando a Cristo el día de Pentecostés, puesto de pie ante una multitud, hablando de qué, hermano, hablando de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Y al final en el camino, lo que dice la historia es que el apóstol Pedro murió del mismo modo que murió su Señor y fue también crucificado. Y nuestra pregunta: ¿qué sucedió en la vida de Pedro que le llevó primero a negar a Cristo y después a imitar a Cristo en la cruz?

Lo que sucedió en la vida de Pedro es que Pedro fue testigo de primera mano de nuestro Señor resucitado. Él no solamente vio a Cristo predicando ante multitudes, vio a Cristo levantado de entre los muertos. La resurrección fue el tema central de la predicación del apóstol Pablo, por ejemplo, en Atenas, en el aerópago. Ante una ciudad pagana como esa, ¿de qué tema seleccionó el apóstol Pablo hablar? Les habló de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Y fue tan contundente la predicación del apóstol Pablo, que le invitaron a que predicara nuevamente acerca del tema. La resurrección era el motivo de la persecución de los judíos. Los judíos perseguían a la iglesia de Cristo porque la iglesia de Cristo decía que nuestro Señor resucitó.

Hay una lección para nosotros en esto, hermanos: es que mientras más del mundo llega a la iglesia, menos contamos nosotros con la resurrección. Me doy cuenta que mientras más del mundo llega a la iglesia, menos confiamos los cristianos en que un día también nos levantaremos. Me doy cuenta que si dejamos de predicar la resurrección, terminaremos siendo arropados por este pensamiento mundano de que solamente importa el aquí y el ahora. Veo, hermano, que si la iglesia dejara de predicar la resurrección, terminaría vendiendo a Cristo del mismo modo que lo vendió Judas.

¿Cuál es el contexto de la primera carta de Pedro? Los cristianos estaban sufriendo persecución, y ¿con qué animó el apóstol Pedro a la iglesia? No la animó con que la persecución iba a ser detenida, la animó con que su esperanza era cierta y que tenían una herencia incorruptible, y que si acaso tenían que padecer persecución, esa persecución, comparada con la eternidad, era solamente un corto tiempo.

La persecución de los primeros cristianos y la esperanza viva

Hermano, te pregunto a ti: ¿con qué nos animamos nosotros los unos a los otros? Quizás tu palabra de ánimo al hermano es: “Ten fe, que tu problema pronto va a desaparecer”. Quizá tu palabra de ánimo es: “Hermano, ten fe, que el Señor puede quitar tu enfermedad”. ¿Qué tal si nos animamos del mismo modo que animaba Pedro a la iglesia, que les decía: “Hermanos, su herencia está segura en el Señor”, a un punto tal que podamos experimentar persecución por un poco de tiempo y que esta saque brillo a nuestra fe?

El contexto de Pedro era la persecución, la iglesia estaba siendo perseguida. Alguien me preguntará: ¿por qué eran perseguidos los cristianos en tiempo de Pedro? Una de las principales razones de la persecución era que los cristianos no se integraban a la cultura romana. Ellos vivían, hermanos, siendo separados en medio de un pueblo muy grande. A los imperios, un asunto prioritario para ellos es integrar a cada uno de sus súbditos, de forma tal que las personas piensen del mismo modo, acostumbren a vivir del mismo modo, se entretengan del mismo modo y confíen en las mismas cosas. Los cristianos no confiaban en las cosas en que se confiaba en Roma.

Al mismo tiempo, los cristianos se apartaban del judaísmo, que era una religión legal. Los judíos perseguían a los cristianos para que los romanos vieran que los cristianos no eran judíos y también les persiguieran. Esa pregunta: ¿por qué este celo en el judaísmo de perseguir la iglesia cristiana? Porque cuando perseguían la iglesia cristiana le estaban dando un mensaje a las autoridades romanas, diciéndoles: “Ellos no son como nosotros, a ellos ustedes también pueden perseguirles. El judaísmo es legal, el cristianismo no”. Y en tercer lugar, los cristianos estaban teniendo aflicción en sus propias casas; sus mismos familiares les estaban entregando.

En medio de este contexto de persecución, el apóstol Pedro anima a la iglesia, les dice: bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva. He venido a mostrar cuatro cosas, hermanos, sobre la resurrección, pero lo primero que tengo que enseñarles es que la esperanza de la resurrección es una obra sobrenatural de Dios en el corazón de aquellos que él mismo ha redimido. La Escritura nos dice que nosotros llegamos a confiar en la resurrección, no solamente por un asunto racional. Dice la Escritura en el versículo 3 que Jesucristo nos hizo renacer para una esperanza viva. Es más, tengo para decir, hermano, que la esperanza de la resurrección evidencia que una persona ha nacido de nuevo.

Se evidencia que una persona nació de nuevo porque comienza a contar con que hay una vida más allá, que está reservada en el reino de los cielos. Esta esperanza es una esperanza sobrenatural, esto evidencia que somos cristianos, y al mismo tiempo se describe como una esperanza viva porque da un testimonio constante en nuestro interior. Sin importar las aflicciones del tiempo presente, nuestra herencia está en el cielo y nuestra vida está escondida en Dios, y eso como que nos va animando desde adentro.

La herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible

Hermano, esto no sucede solamente con aprender una doctrina a nivel mental; esto es una obra sobrenatural que el Espíritu Santo hace en el corazón del creyente, a un punto tal que el creyente puede estar confiado. Dice la Escritura que la paz de Dios llega a gobernar en la vida suya. La esperanza de la resurrección es una obra sobrenatural; esto evidencia que somos cristianos, da un testimonio constante en nuestro interior y, al mismo tiempo, es el motivo principal de acción de gracias. De hecho, así comienza el apóstol Pedro: “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo”.

Hermano que estás aquí, yo te pregunto a ti: ¿es realmente para ti la resurrección una esperanza viva? ¿Estas cosas te alientan a ti en los momentos de desesperación? ¿Es la esperanza de que tu vida está segura en Cristo un motivo para que suba esto que se llama ahora mismo la autoestima? ¿O acaso, ante las carencias y dificultades, te turbas tú del mismo modo que se turba el impío?

La esperanza de la resurrección es una obra que el Espíritu Santo está haciendo en nosotros, pero no solamente es una obra sobrenatural, y con esto quiero decir, hermano, que un incrédulo no se anima con la esperanza viva; un creyente sí. Al mismo tiempo, dice el versículo 4, que esta esperanza es una esperanza muy segura: para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros. Estas palabras ya son poco comunes en el español y como que no se entiende tanto lo que significan.

En primer lugar, nos dice que es una herencia incorruptible, esto es, que no se daña, que no hay manera en que nada de esa herencia se reduzca, que es una herencia impoluta, no hay manera en que esto se disminuya. Si usted tiene, para poner un ejemplo de las cosas que se van deteriorando, si usted pone hoy 100 pesos en una cuenta bancaria, entre los cargos de manejo de cuenta y la inflación, de aquí a 20 años su herencia será disminuida. Dice la Escritura que la herencia que nosotros tenemos en Cristo es una herencia segura porque no se daña.

Al mismo tiempo, es una herencia que no se contamina, el pecado no le alcanza. La realidad, hermano, de todas las cosas que uno llega a tener en este mundo caído es que son cosas permeables por el pecado, y las cosas más sublimes y hermosas el pecado tiene la capacidad de destruirlas. Cosas preciosas que Dios ha hecho, al desarrollarse en un mundo caído como el mundo en el que estamos, tienen esa vocación a contaminarse. Más dice la Escritura que el matrimonio es un hecho santo, pero se contamina el matrimonio por el pecado. La crianza, hermano, es un privilegio, pero se ve dolida por causa del pecado. Las posesiones materiales no son ilícitas, pero cuidado tenemos que tener de ellas para que no nos dañen.

Ahora, esta herencia que tenemos en el Señor no solamente es una herencia incorruptible, algo que no se puede dañar con el tiempo; al mismo tiempo es una herencia incontaminada, el pecado no puede alcanzarle. Cualquier cristiano verdadero experimenta cierta incertidumbre con la mayordomía de los bienes que el Señor le ha dado, porque sabe que esos bienes son bienes que tienden a la maldad. Hay una herencia que está reservada para nosotros en la cual eso está resuelto. Y, por otro lado, dice que es una herencia inmarcesible, esto es, que no se marchita.

Contraste con la tierra prometida y vivir como peregrinos

Todas estas cosas fueron escritas principalmente para judíos, dice así el primer versículo de la carta: “Pedro, apóstol de Jesucristo, a los expatriados de la dispersión en Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia”. Los judíos podían entender mejor esto porque ellos habían esperado y tenido en algún momento una herencia prometida, que era la tierra prometida. Ahora, ¿qué contraposición hay entre la herencia eterna y la tierra prometida que ellos conocían? Que cuando llegaron a poseer la tierra, en la tierra se corrompieron, y este pueblo, que era el pueblo elegido de Dios, cuando llegó a poseer la herencia, en vez de la herencia convertirse en bendición, terminó convirtiéndose en estorbo, no por causa de la herencia, sino por causa de ellos mismos.

Ellos sabían también, hermanos, que por su culpa, como decían los profetas, la tierra se había llenado de pecado. Y aquella herencia que el Señor les había provisto no solamente se volvió una herencia corrupta, sino que al mismo tiempo se volvió una herencia contaminada, pero también los judíos sabían que esta herencia era una herencia que se marchitaba. A veces tenían un gran territorio y lo tenían en paz, y a veces solamente tenían un poquito de tierra y la tenían en esclavitud. Mas la herencia que tenemos nosotros por la fe en la resurrección es una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible.

Entonces, el Señor nos dice a nosotros dónde está el lugar de nuestra herencia: nos dice que está reservada en los cielos. Aquí es donde usted se da cuenta, hermanos, cuándo la mundanalidad llega a permear la mente de un cristiano. Cuando tú dejas de entender que tu verdadera herencia está en el cielo, tú comienzas a buscar los bienes de la tierra. Entonces has dejado de confiar en la resurrección y has comenzado a confiar en las cosas materiales. Hermano mío, amado, querido, no he venido a decirte que está mal poseer las cosas, lo que he venido a decirte es que tienes que entender que tu verdadera herencia no está en esta tierra, a un punto tal que tú puedes ser un desposeído y al mismo tiempo mantener el gozo.

Yo te pregunto, hermano: ¿de dónde viene la aflicción a nosotros? Lo dice el libro de Santiago: del deseo de tener las cosas de este mundo. Dice la Escritura que tu herencia no está aquí, sino que tu herencia está reservada en los cielos. Esta es la razón por la cual ahora vivimos nosotros como peregrinos y extranjeros en esta tierra, como emisarios de Dios para una misión sobre esta tierra, pero nosotros sabemos que no puede ser el mundo nuestro hogar. Cuando un cristiano comienza a contar con una herencia terrenal, entonces comienza a confiar en lo corruptible, en lo contaminable y en lo que se puede marchitar.

La herencia asegurada y el heredero guardado por Dios

Esta es también la razón, hermanos, por la cual los primeros cristianos vivieron sin temor. Yo mismo desafío mi corazón con estas cosas, hermano. Yo digo: ¿cómo era que los apóstoles podían tener tanto arrojo, tanta valentía para predicar el Evangelio? La razón, hermano, es que ellos vivían en esta tierra como muertos. Dice el apóstol Pablo: “Porque para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia”. Él decía: “Para mí morir es ganancia”. Le decía: “Por causa de la esperanza que yo tengo, yo anhelo estar allá, y por causa de ustedes anhelo estar aquí”.

Pero los primeros cristianos no eran personas que tenían esta pasión que tenemos los cristianos de este tiempo por nuestro patrimonio, por nuestra comodidad, por nuestra felicidad. Eran personas que confiaban, hermanos, en que su herencia estaba reservada en el reino de los cielos, a un punto tal que podían vivir temporalmente en la mayor de las precariedades. Ya les he enseñado que esta esperanza es una obra sobrenatural del Espíritu Santo, que la hace en el corazón y nos hace anhelar las cosas de arriba. También les he dicho que es una esperanza segura, es una esperanza que no se corrompe, que no se contamina, que no se marchita y que está reservada para nosotros.

Pero el problema que tiene la herencia, hermano, no es tanto la herencia per se, sino el heredero. Hasta aquí, hermano, cualquier persona puede entender este asunto, ¿no? La herencia está reservada en los cielos. El problema no es eso, el problema somos nosotros. No hay manera en que tú puedas marchitar la herencia que el Señor ha guardado para su iglesia; no hay manera en que tú puedas hacer que no se cumplan las promesas de Dios. El detalle también es esto, hermano: ¿y lo heredaré yo? El dilema no es si acaso el Señor ha reservado hermosas cosas para nosotros; él ha dicho que fue a preparar lugar. El dilema en cualquier ser humano debe estar en: ¿acaso lo heredaré yo? ¿Acaso viviré yo en esas moradas?

Es relativamente fácil asegurar una herencia, hermano. Lo que yo no puedo asegurar es que sus herederos puedan disfrutar los beneficios de esa herencia. Bueno, ahí salió en las noticias hace unos cuatro días que uno de los herederos de la fortuna de los Getty en Estados Unidos murió; parece que se cayó y se rompió la cabeza. No llegó a disfrutar de la herencia del abuelo, ¿no? Antes murió, se cayó. Ahora, dice el versículo 5, hermanos, que no solamente está guardada nuestra herencia en los cielos, que no solamente está guardada en un lugar donde no se marchita, en un lugar donde no se contamina, en un lugar, hermano, donde no se corrompe, sino que dice al mismo tiempo en el versículo 5 que “vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación”.

Lo más hermoso en todo esto no es que tengamos una herencia segura en el reino de los cielos, sino que es posible que alcancemos la herencia. Así como está asegurada la herencia en el cielo, el heredero en la tierra también está asegurado, está asegurado por el poder de Dios. En nuestros propios medios, ni tú ni yo podríamos alcanzar la salvación. En nuestros propios medios, nosotros no podríamos cuidar nuestra salvación. En nuestros propios medios, hermanos, ninguno de nosotros heredaría la vida eterna; nos quedaríamos a nivel de promesa. Ahora dice la Escritura que somos guardados por el poder de Dios.

Guardados por el poder de Dios frente a toda adversidad

Ese término “guardados” viene del contexto militar: es un soldado al cual le han dado un esclavo, le dijeron: “Mira, cuídame esto, ahí está preso. Trabaja, tú eres autoridad, está guardado a un punto tal que si lo pierdes tendrás que responder con tu propia vida”. En el imperio romano, un soldado que estaba cuidando a un prisionero, si acaso el prisionero escapaba, él tenía que responder la vida del prisionero con su propia vida. Esta es la razón por la cual el carcelero de Filipos, cuando tenía apresado al apóstol Pablo y vino el Señor a librarle, intentó quitarse su propia vida, porque él sabía que si no se la quitaba él, alguien se la iba a quitar.

Hermano, que Dios sea quien guarde nuestra salvación es un motivo de consuelo a la luz de la resurrección. Si yo confiara solamente en mí, hermano, tendría serias dudas acerca de si vale la pena esperar la herencia. Si confiaras en ti mismo, hermano, deberías tener serias dudas de que llegarás a disfrutar la herencia, pero dice el versículo 5 que nosotros somos guardados por el poder de Dios mediante la fe. Recuerdo a Nehemías, por ejemplo; Nehemías tenía que trasladarse desde Persia hasta Jerusalén, y él sabía que en el camino podía encontrar vándalos, que en el camino podía encontrar pueblos enemigos que le atacaran a él y atacaran a los hombres que con él iban. Pero el rey no solamente mandó a Nehemías, sino que dice que mandó a Nehemías y que le puso soldados y hombres de a caballo para que cuidaran su destino entre Susa y Jerusalén.

Bueno, lo que pasa con nuestra salvación es que nosotros somos muy débiles, pero dice la Escritura que es el Señor que nos guarda con su poder, a un punto tal que tú miras hacia atrás y deberías pensar en el año anterior y pensar que estás todavía aquí y decir: “Bendito sea Dios que aún me mantiene en esperanza. Bendito sea Dios que aún retiene mi salvación. Hermano, que tú seas un cristiano hoy es un milagro”. Todos nosotros estamos enfrentando cosas que son más grandes que nosotros para heredar la vida eterna, y si acaso fuera solamente nosotros, la tentación, el mundo, los deseos de la carne, la vanagloria de la vida ya hubieran menguado nuestra esperanza. Si acaso tienes un año en los caminos del Señor, debería ser una razón para que digas: “Gloria a Dios por la salvación de mi alma, porque soy guardado por el poder de Dios mediante la fe para alcanzar la salvación”.

No solamente tenemos una herencia incorruptible, al mismo tiempo tenemos la protección del Señor que nos permitirá eventualmente heredar las cosas que son muy ciertas. Esta es la razón por la cual dice Romanos 8, en el versículo 35, quizás hay un hermano entre nosotros que está descorazonado y está pensando: “Yo no voy a poder heredar la vida eterna. El pecado ya me venció, el mundo me arropó, la vanagloria de la vida me venció”. Pero dice Romanos capítulo 8:

¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

— Romanos 8:35-39

Hermano, nuestra esperanza es segura, no porque tengamos los medios para heredarla; nuestra esperanza es segura porque somos guardados por el poder de Dios mediante la fe. Hay cantidad de personas que dicen: “Yo no puedo ser cristiano porque no tengo la capacidad para guardar mi salvación”. Es verdad. “Yo no puedo poner mi esperanza en Cristo porque el momento que ponga la mano, al minuto la suelto”. Y es verdad. Cuando nosotros heredamos una cosa que es demasiado grande, somos demasiado pobres.

La única amenaza: la apostasía voluntaria

También esto es lo que sucede con esas personas que heredan un bien y al año no tienen nada. Gente que ha heredado fortunas, fortunas, hermano, y al año no tienen nada, y no se sabe qué pasó. Hermano, lo que pasó es que, así como se puede preservar durante un tiempo la herencia, hay que cuidar también al heredero, y si el heredero no fuera cuidado, de nada sirve tener una gran herencia. Por eso dice en 1 Pedro, el capítulo 1, que nuestra herencia está segura, pero en el versículo 5 dice que el heredero está protegido.

Mateo 16:18 dice, hermano, que ni aun las puertas del Hades pueden prevalecer contra la iglesia del Señor. Hermano, ataca el mundo, el infierno se abre y viene el diablo y sus demonios, y ni siquiera el diablo y sus demonios podrán ponerle un dedo a aquel que ha sido guardado por el poder de Dios. Cuando Mateo 16:18 dice que ni aun las puertas del Hades prevalecerán contra la iglesia, no está hablando, hermanos, de la iglesia institucional, no está hablando de los edificios; todo esto pasa. No está hablando acerca, hermano, de las instituciones visibles. Es mi oración que la iglesia evangélica Pez Mundial dé testimonio por 200 años, hermanos, pero quizá mañana la iglesia Pez Mundial no exista; pero existirá la iglesia del Señor en alguna parte. Quizás mañana el edificio no exista, pero el pueblo del Señor permanecerá en alguna parte, y ni siquiera las puertas del infierno podrán prevalecer contra la iglesia.

Bueno, la única posibilidad que yo encuentro en la Escritura, miren, la única posibilidad que he encontrado en la Escritura por la cual un cristiano puede perderse es que voluntariamente se aparte de este asunto. Es más, a los cristianos carnales, aquellos que se han entregado al pecado, la Escritura les llama santos. El poder de Dios en nosotros es tan grande, hermano, que aun un cristiano en pecado, el poder del Señor es tan fuerte en él que no pierde su santidad. Escuchen esto: ante Dios, Dios le sigue considerando, a la luz de la sangre de Cristo, como santo, aunque se haya entregado al pecado, hermano.

La única razón que la Escritura muestra por la cual es posible que un cristiano se pierda es algo que se llama apostasía, y eso significa que tú, por tus propios medios, racionalmente habiendo conocido la verdad, voluntariamente renuncias a ella. Es como si a Jeremías le hayan puesto soldados para guardarlo entre Susa y Jerusalén, y él soltara a los soldados: “Hey, suéltense, no me cuiden, no me guarden”, y que ellos tengan que devolverse allá donde Asuero y decirle: “Mire, ese hombre se quiso ir solo, él se fue”. Bueno, la única posibilidad que la Escritura enseña para que un cristiano se pierda es que voluntariamente apostate de la fe cristiana. El Señor nos cuide.

Quiero animar a mis hermanos que están enfrentando tribulación. Quiero animar a mis hermanos que están enfrentando carencias materiales con la esperanza de la resurrección. La resurrección no solamente está segura en los cielos, el heredero en la tierra está asegurado por el poder de Dios. Hermano, Judas, capítulo 1, versículo 24, dice que Cristo es poderoso para guardarnos sin caída. ¿Una pregunta, pastor: entonces significa que nunca voy a caer? No, no estamos hablando, hermano, de que nunca caerás; estamos hablando de que un cristiano verdadero se mantendrá en pie. Entrará raneando al cielo, hermano, pero entra. Entonces entendemos a un cristiano verdadero que está embebido de esta verdadera esperanza, quizá tenga tribulación, quizá tenga aflicción, quizá entre como muerto, pero entra.

Seguridad tan grande que Pablo habla de la resurrección en pasado

Y es tan seguro esto, hermano, que Efesios en el capítulo 2, versículo 6, habla de nuestra salvación como si fuera una realidad ya consumada. Esto era tan seguro, tan seguro para el apóstol Pablo, que cuando el apóstol Pablo les escribió a los efesios acerca de su salvación, él les dijo:

Y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús.

— Efesios 2:6

¿Cómo que nos resucitó, si todavía estamos aquí? Bueno, el planteamiento de Pablo es que nunca había en su mente la posibilidad de que un cristiano que haya sido salvado no sea eventualmente resucitado con Cristo. Estaba tan embebido de esto que el apóstol Pablo hablaba acerca de una resurrección como un hecho que ya sucedió, o sea, ya él lo daba como un hecho: “Juntamente con él nos resucitó” y “asimismo nos hizo sentar en lugares celestiales con Cristo Jesús”. ¿Cómo que nos hizo sentar? No había posibilidad alguna en la mente de Pablo, hermano, de que él no heredaría la vida eterna, y con él todos aquellos cristianos que habían puesto en Cristo también su confianza.

En primer lugar, les he mostrado acerca de nuestra esperanza en la resurrección que es una obra sobrenatural, que es el Espíritu Santo quien la alienta en el corazón de uno. En segundo lugar, les he dicho, hermano, que esto está asegurado en el Señor y que no hay manera de que se corrompa, no hay manera de que se contamine, no hay manera de que esto se marchite. Y en tercer lugar, les he dicho que el heredero también está asegurado por el poder de Dios, que heredaremos la vida eterna, no por nuestra propia fuerza, hermanos, sino por el poder que actúa en nosotros.

Permítanme ahora pasar al consuelo. Consideremos los versículos 6 y 7 acerca de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo y el impacto que tiene entre nosotros. Dice el versículo 6: “En lo cual”, ¿qué es “en lo cual”? En lo que he mostrado antes, en esta esperanza, en esta herencia que está asegurada, en este heredero que está asegurado, en esta esperanza que es muy cierta. “En lo cual”, dice, “vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas”.

Te diré, hermano, que el cristianismo no elimina la tribulación, y esa falsa expectativa que tienen algunas personas deben abandonarla. Esa falsa expectativa de que, por ser cristiano, ya la tribulación fue alejada, hermano, eso hay que quitarlo; eso no es cristianismo. El apóstol Pedro nos dijo a nosotros que tendremos que padecer por un tiempo, de ser necesario.

Tribulación temporal frente a una gloria eterna

No nos está diciendo aquí en ningún momento, ni siquiera Cristo lo predicó así, hermano. Cuando Cristo tenía ahí a sus discípulos reunidos, él les dijo: “En el mundo tendréis aflicción”. Les dijo que serían atribulados. Esta expectativa de vida cristiana sin tribulación no es una expectativa bíblica. La expectativa bíblica es salvación a pesar de la tribulación. La expectativa bíblica es gloria para el Señor a pesar de la prueba.

Si eres un cristiano verdadero, tienes que confesar conmigo que la mayor de nuestras bendiciones está del otro lado de la muerte, y lo que hay de este lado de la muerte, hermano, es algo que es temporal. Claro, es lo único que hemos vivido hasta ahora, y con relación a la eternidad, esto parece eterno. Es lo natural, hermano: la aflicción parece como que va a durar para siempre, como que esto no se va a terminar, y lleva al cristiano, a veces, a un asunto que es pecaminoso y que es alimentado por el enemigo de tu alma. Lleva a un cristiano a un punto tal de desesperación ante su tribulación que termina negando a Cristo.

Comienza a sazonar ese asunto: “Ah, es que yo tengo toda la vida en esto, yo nunca voy a salir de este problema, esto yo me voy a morir con esto, yo tendré entonces que pasarme toda la vida así”. No, no toda la vida. Es más, no. Este es el preámbulo de toda la vida. Toda la vida, lo que viene después, la eternidad, es tuya y está asegurada en Dios, y las aflicciones del tiempo presente, hermanos, son un punto con relación al todo que se llama la eternidad en Cristo Jesús.

Alguien me pregunta: ¿por qué el Señor no resuelve todos nuestros problemas en este tiempo? Hermano, la verdad es que el Señor ya está contando con que nosotros tenemos una vida asegurada en él y que es una eternidad. Casos puntuales, por ejemplo: hay tanta gente que se morirá por sus enfermedades y dice: “Ay, pastor, que usted es pesimista, más de Dios es que el Señor no quiere sanarme”. No; ya el Señor te sanó. O sea, desde la perspectiva de Dios ya tú estás sano, y tienes un cuerpo glorificado que está en su presencia, y tú estás sentado ya a la diestra suya, y esa enfermedad que tienes son asuntos puntuales y momentáneos, y con relación a la eternidad no significan nada.

Es real el sufrimiento, hermano, pero en comparación con la herencia incorruptible que tenemos, todavía lo que debemos estar es dando la gloria al Señor ya por lo que él ha hecho por ti, en vez de estar maldiciendo su nombre por lo que no ha hecho. Le pongo un ejemplo: Eliseo murió enfermo. Dice la Escritura que Eliseo murió de la enfermedad de la cual murió. Eliseo, ese gran hombre de Dios, ese que con el manto de Elías abrió el río, murió enfermo. Oye, pero la verdad es que si el Señor fuera desconsiderado, uno diría: “Mira Eliseo, que hizo tantas cosas para su nombre, mira el profeta que tanto utilizó, y lo dejó enfermo”.

Hermano, la verdad es que Eliseo está ahora mismo en la presencia del Señor con cuerpo glorificado, y la enfermedad en él no es una realidad. Es un recuerdo del pasado, temporal, minúsculo, pero Eliseo está ahora mismo en la presencia del Señor. El apóstol Pablo, hermano, tuvo una enfermedad, es muy probable que sea producida por un aguijón en su carne, una aflicción que le hacía sufrir y por la cual había orado al Señor varias veces. Y el Señor eligió no sanar a Pablo. A veces uno duda de que el Señor le está oyendo, hermano, pero Pablo supo que el Señor le oyó, porque dice Pablo que el Señor le dijo: “Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad”.

Ejemplos de aflicciones: enfermedad, pobreza, familia

Ustedes ven la diferencia. Uno a veces ora: “Señor, sáname aquí”, y después: “Señor, sáname aquí”, y después: “Señor, sáname aquí”, y cuando el Señor te dice: “Mira, no te voy a sanar”, lo que te está diciendo es: “Bástate mi gracia”. A Pablo le dijeron: “Pablo, no te toca salud. Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en tu debilidad”.

Entonces los cristianos tenemos que entender que, ya desde la perspectiva de Dios, tú estás sano, y tu vida está escondida con él en las regiones celestiales. Timoteo, hermano, tenía frecuentes problemas estomacales. Dice la Escritura que Pablo le dijo: “A causa de tus frecuentes problemas estomacales, no te tomes el agua solamente, sino mezcla un poco de vino”. Y Timoteo tenía problemas estomacales. Timoteo, el colaborador del apóstol Pablo. Óyeme, pero Pablo, con sus manos, sanó a tantas personas, ¿no pudo sanar a Timoteo? No. Timoteo estaba sano en la presencia del Señor, hermano.

Yo te lo predico, pero para mí es difícil. También las aflicciones del tiempo presente hacen que uno dude, pero 1 Pedro nos dice a nosotros, nos dice el apóstol, que nosotros en estas promesas podemos alegrarnos, aunque ahora, por un poco de tiempo, si es necesario, tengamos que ser afligidos en diversas pruebas.

Bueno, no solamente tengo que hablar de las enfermedades; tengo que hablar de carencias materiales. La realidad de este tiempo es que usted va a encontrar momentos de su vida en que va a tener abundancia y momentos de su vida donde va a tener carencia. Y hay gente, hermanos, que gran parte de los momentos de su vida van a ser de carencia. Usted me entiende la línea de pensamiento: a algunos les toca tiempo de abundancia, tiempo de carencia; hay gente que hace rato que no ve la abundancia.

“Óyeme, pues el Señor a mí no me ama”. Él te ama; estás enriquecido ya en el Señor, tu vida está escondida en él, ya tienes una herencia. Puedes vivir por un corto tiempo como peregrino y extranjero, confiando en que tu vida en él está asegurada. Hermano, ¿y la situación no es reversible? Que es un tema. Saben que hay cosas en la vida que no se recuperan, y usted puede tener lo que tenga, hermano, eso no se vuelve para atrás, no hay manera de recobrarlo. Una vida mal vivida, por ejemplo, tiene sus consecuencias, y son como espinas que se quedan clavadas.

Miren, hay hermanos míos que tienen cosas que los están persiguiendo desde los años 60 y 70. En los 50 por allá cometieron determinada cosa aborrecible para el Señor, y todavía en el 2015 andan esas cosas pasándole factura, y se ponen la mano en la cabeza y dicen: “¿Esto nunca terminará?”. Ya terminó. Tu vida está escondida en el Señor, en las regiones celestiales. Hay asuntos, hermano, que no se les hace “undo”, hay asuntos con los que hay que convivir, con los que nos quedaremos con ese aguijón.

Casos así que pongo, hermano; miren, hay situaciones familiares que no se les da hacia atrás. Qué hermoso es aquel padre que tiene la oportunidad de criar hijos en el camino del Señor, y les ha enseñado la obediencia al Señor y el amor a Dios. Pero hay cantidad de hermanos que aman al Señor sinceramente, pero tienen hijos incrédulos y tendrán que convivir con ese asunto.

Aflicciones irreversibles y la sabiduría de vivir en esperanza

El que vino al conocimiento del Señor en un momento de su vida mira hacia atrás y dice: “Guau, pero yo podría acomodar hacia atrás y llegar al 79”. Hermano, tendrás que orar al Señor a ver si él lo hace, pero no está seguro que suceda eso. Tendrás que convivir. Hay otros que el Señor les ha permitido pasar en esta existencia temporal atados a un incrédulo, y hay aflicción en eso, hermano, y aflicciones muy particulares. Y tú quisieras decir: “Óyeme, pero qué hermoso hubiera sido si yo hubiera tenido este conocimiento hoy, y en vez de casarme con alguien que ame las cosas del mundo y la vanidad, yo hubiera hecho una familia con una persona que ame también a quien yo amo”.

Dice la Escritura: no le abandone, permanece ahí, pero no te dice la Escritura que no va a ser afligido. Pero tú tienes que entender, pues la Escritura dice: mira, si estás casado con un incrédulo, no lo abandones, porque puede ser que el Señor utilice tu testimonio, pero no te asegura ahí que lo que va a venir de allá para acá sean flores. Hay que convivir con eso durante un tiempo, hermano. ¿Y qué es lo que te anima? La esperanza de que tu vida está escondida en el Señor y que eventualmente las aflicciones del tiempo presente desaparecerán, y que tu herencia en él es segura.

Casos así que uno tiene que ver en esto, hermano, la sabiduría que tiene el Señor. En la viudez, un hombre no puede recuperar su esposa que murió, pero ahí también la Escritura da consuelo. Hay asuntos que parecen una locura, que uno dice: nadie puede vivir eso. Por ejemplo, mientras más estudio el tema, hermano, más me doy cuenta de que el matrimonio el Señor lo estableció para una vez, y eso el Señor le dice a la gente: “No; si usted mejor permanezca así”. “Ay, Señor, ¿que permanezca así entonces jamás?”. Hermano, esto, con relación a la eternidad, es un momento, y lo que alienta a un cristiano es que aún puede permanecer sin tener un compañero al lado y tener una vida plena, confiando en la esperanza del Señor.

Es más, ¿qué dice el apóstol Pablo? Miren qué dice el apóstol Pablo al respecto de este tema que es muy sensible, porque casi siempre es el tema que la gente usa para enseñar que Dios es injusto. “Ay, pero cómo va a ser que la Escritura diga que una persona permanezca de ese modo”. Miren lo que dice el apóstol Pablo; acompáñenme a 1 Corintios capítulo 7. Escuchen lo que dice el apóstol.

En cuanto a las vírgenes no tengo mandamiento del Señor; mas doy mi parecer, como quien ha alcanzado misericordia del Señor para ser fiel. Tengo, pues, esto por bueno, a causa de la necesidad que apremia: que bueno es al hombre quedarse así.

— 1 Corintios 7:25-26

Vengo a hablar sobre la soltería, hermano, porque en este tiempo se enseña la soltería como si fuera la maldición más grande. “Ay, que ese hermano nunca se casó, ay qué vida más triste tuvo; ay, que esa hermana permaneció soltera, ay qué vida tan difícil”. Pero Pablo dice: “Tengo, pues, esto por bueno, a causa de la necesidad que apremia: que haría bien el hombre en quedarse como está”.

Soltería, matrimonio y la perspectiva de la eternidad

Oiga al apóstol Pablo, hermano. Estas son las cosas que el mundo te enseña como irresistibles, como que: “Ay, que esas cosas nadie las puede soportar”. Pues dice el apóstol Pablo: “Tengo, pues, esto por bueno, que haría bien el hombre en quedarse como está. ¿Estás ligado a mujer? No procures soltarte”. ¿Cómo que “no procures soltarte”, apóstol Pablo? “Pero tú no sabes que esta mujer es gotera en la cabeza, como dice Proverbios”. “Procura no soltarte”, dice; no hagas un esfuerzo intencional por romper ese asunto. “¿Estás libre de mujer? No procures casarte”.

“Pablo, ¿y tú crees que una gente puede tener una vida plena sin tener una mujer?” Pablo dice que sí; más adelante explica. Después dice: “Mas también si te casas, no pecas; y si la doncella se casa, no peca. Pero los tales tendrán aflicción en la carne, y yo se la quisiera evitar”.

El apóstol Pablo enseña el matrimonio, hermano, como una realidad doble. Y es que miren, la existencia solo, hermano, es difícil. Ahora, casarse también es cargar con las debilidades, los pecados y la maldad que hay en otro ser humano. Eso se multiplica, y el matrimonio es honroso en muchos sentidos, y es verdad que da satisfacción, hermano, pero miren, es un yugo, dice la Escritura. El yugo conyugal es un asunto que tú a veces quisieras quitarte y no puedes quitártelo, porque fue otro el que te amarró.

La gente no entiende que la Escritura habla del matrimonio como un yugo; un yugo es que tú estás amarrado por algo, y no fue el toro que se amarró a otro toro, fue el dueño de los dos toros que los amarró. Y hay veces que alguno de los toros dice: “Este toro me está arrastrando, este toro me lleva pesado”, y el dueño de los toros no lo suelta. Así mismo dice: “Si te casas no pecas, y si la doncella se casa tampoco peca, pero los tales tendrán aflicción en la carne, y yo se la quisiera evitar”.

Después dice: “Esto digo, hermanos, que el tiempo es corto”. Hay que poner el momento del apóstol Pablo en su argumento: está hablando a la luz de la eternidad. Es lo que está diciendo, hermano: el tiempo es corto. Resta, pues, que los que tienen esposas sean como si no las tuviesen, y los que lloran como si no llorasen, y los que se alegran como si no se alegrasen. Miren la realidad de un cristiano: un cristiano tiene que matizar todas las cosas del tiempo presente a la luz de la eternidad.

Tú tienes una casa, hermano, gózate esa casa, pero muchos de nosotros quizá el Señor no permitirá que muramos sin tener una casa propia. Sigue la línea de pensamiento, y es lo que dice: “El tiempo es corto”. Tú tienes un buen trabajo, y todo ser humano quiere poder desarrollar un oficio; pero hay gente, hermanos, que entrará a la eternidad desempleado. Y el tiempo es corto. “Los que lloran, como si no llorasen; y los que se alegran, como si no se alegrasen; y los que compran, como si no poseyesen; y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa”.

Quisiera, pues, que estuvieran sin congoja. El soltero tiene cuidado de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor, pero el casado tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer. Hay así mismo diferencia entre la casada y la doncella. La doncella tiene cuidado de las cosas del Señor para ser santa así en cuerpo como en espíritu, pero la casada tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido.

Escucha, hermano: dice allí que una mujer que tiene un marido no tiene la misma libertad para agradar al Señor. He conocido dos casos de personas que prefirieron no casarse, y casos de personas que enviudaron y se quedaron así para la gloria del Señor. Un caso de estos es John Stott, de quien hemos leído sus libros; a él le preguntaron: “Hermano Stott, ¿y por qué usted nunca se casó?”. Y él lo dijo muy sencillo, dijo: “Mira, yo he encontrado en lo que hago para el Señor mucha satisfacción, a un punto tal que puedo tener una vida plena”. Y yo, hermano, en mi mente a veces digo: “Óyeme, pero de verdad que el hermano Stott nunca se casó”. Me puse a leer dos biografías; hasta ahora he leído que una noviecita tuvo, una, y la despidió con mucha honra. Le dijo: “Mira, hermana, nosotros no debemos permanecer en esto”. Él dijo: “Yo he preferido no casarme, y para no ponerte a perder el tiempo, mejor termina aquí”. Y esa hermana se casó después; él se quedó soltero.

Entonces uno dice: “Ay, pero el hermano John Stott nunca se casó”. No, hermano, y vivía martirizándose por eso. No; él entendía que esto es temporal, pero si se casaba tampoco hacía mal. ¿Me siguen en eso? Lo que le estoy animando es a que vean que, si uno no confía en la resurrección, si uno no confía en que nuestra herencia está en el Señor, si solamente confiara en el mundo, uno pensaría que la vida de uno es una vida desdichada, una vida miserable. Pero dice el apóstol Pedro, en el versículo 6: “En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas”.

Diversas pruebas y el “poco de tiempo” de la aflicción

Hermano, una de esas diversas pruebas en las que somos afligidos son cosas que el Señor ha determinado que sucedan: situaciones financieras, situaciones familiares, situaciones de salud. Tengo que moverme, hermano, pero les diré que la resurrección no es un plan B. Uno no confía en la resurrección después que uno ha estado buscando las cosas del mundo sin concretarlas. La resurrección es el único plan para la vida de un cristiano.

¿Y qué significa esto de “un poco de tiempo”, hermano? A veces significa 70 años, a veces significa 40 más, no sé. “Un poco de tiempo” no son par de días, no es un fin de semana. Ese “poco tiempo”, a veces, con relación a la eternidad, significa 100 años de aflicción; pero con relación a la eternidad, hermano, nuestra existencia temporal es, dice la Escritura, como un pestañear.

Termino con lo siguiente: el apóstol Pedro habla de la resurrección y dice en el versículo 7: “Para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual, aunque perecedero, se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo”. Hermano, cuando nuestro Señor se manifieste, los padecimientos del tiempo presente serán como diferentes aristas de brillo en la fe que nosotros hemos obtenido.

Las pepitas de oro cuando son encontradas en las minas tienen impurezas, de forma tal que a veces tiene que ser una persona muy conocedora de las rocas y de los materiales para saber dónde hay oro y dónde hay solamente roca. Se contamina el oro con otros materiales, por eso el oro tiene que ser purificado con fuego, y cuando es purificado por fuego, por un lado queda el oro puro y por otro lado queda la basura. Dice la Escritura que nuestra fe, cuando la recibimos, es como el oro así en bruto; está llena de impurezas, está llena de suciedad, está llena de cosas que no glorifican al Señor, pero la tribulación hace un buen efecto en la fe de un cristiano, y es que saca lo mejor de la fe, le saca brillo, hermano.

“Señor, ¿por qué he padecido esta tribulación? ¿Por qué el padecimiento del tiempo presente?” Para que tu fe brille. “¿Por qué tengo carencias materiales, Señor?” Porque estoy sacando brillo. ¿Sabe cuándo brilla la fe de un cristiano, hermano? Cuando en la más amplia carencia él sabe por fe mantener el gozo. De esto hay tres calificativos con que el apóstol Pedro lo describe: dice que será hallada, primero, en alabanza, o sea, cuando tu fe brilla, es hallada en alabanza; al mismo tiempo, en gloria y también en honra.

Es mi interés, hermano, que si el Señor puede sacarte el aguijón, que te lo saque, pero que si acaso tienes que convivir con ese asunto, que la alegría que te produce saber que tu herencia está segura y que el heredero también está asegurado produzca en ti una verdadera esperanza y una verdadera alegría. El apóstol Pedro termina hablando acerca de esto y dice, cuando habla de la manifestación de Jesucristo: “A quien amáis sin haberle visto”. Yo le vi, y te animo a ti; él está diciendo: “Yo que le vi te animo a ti que no le has visto”. “A quien amáis sin haberle visto; en quien creyendo, aunque ahora no lo veis, os alegráis con gozo inefable y glorioso, obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas”.

Prisioneros de Cristo: el proyecto de Dios es salvarnos

¿Con qué concluyo, hermano? Miren, el trabajo de Cristo en nosotros no es nuestro deleite temporal, eso es un residuo, hermano. El trabajo de Cristo en nosotros es asegurar nuestra vida desde el tiempo presente y hasta la eternidad. Cristo, hermano, uno de los calificativos que se hacía de sí mismo el apóstol Pablo era: “Yo soy prisionero de Cristo”.

Cuando a un soldado lo ponían a transportar un prisionero, no le decían: “Trata de que llegue confortable”. Le decían: “Trata de que llegue”. Escuche: un preso que lo están transportando para pasarle causa desde la cárcel de allá, donde lo tienen, hasta el Palacio de Justicia. Lo que le piden al que está guardando al prisionero no es: “Llévelo con aire”; es: “Asegúrese de que llegue”.

Hermano, muchos de ustedes no entrarán a la eternidad en carros de lujo, no entrarán a la eternidad con aire acondicionado, no entrarán a la eternidad con carros con buenos amortiguadores. Muchos de nosotros entraremos a retazos a la eternidad, hermano. Trata de que llegue. Sea un prisionero de Cristo, hermano. El proyecto de Cristo no es el confort de tu alma, es la salvación de tu alma. El confort vendrá después.

Oremos al Señor para que la resurrección y la esperanza muy cierta de que nuestra herencia es segura sea lo que nos aliente en las tribulaciones del tiempo presente. Padre, oro especialmente por aquellos de mis hermanos que están teniendo aflicción en sus familias. Oro por aquellos de mis hermanos, Señor, que quizás están sufriendo en sus propias casas. Oro por mis hermanos, Señor, que quizás están siendo afligidos por sus hijos. Oro por aquellos que están siendo quizás afligidos, Señor, por sus cónyuges. Oro por aquellos que están siendo afligidos por enfermedades. Oro, Señor, por aquellos de mis hermanos que están teniendo la aflicción de las carencias materiales.

Padre, te pido principalmente que si acaso tenemos sustento y abrigo, nos sintamos satisfechos, sabiendo, Señor, que tu proyecto en nosotros es salvación. Que si acaso tenemos algo, Señor, lo utilicemos para la gloria tuya, pero que si no tenemos nada sepamos que lo tenemos todo. Permite, Padre, que este aliento que tuvieron los primeros cristianos también lo tengamos los creyentes postreros. Que cosas en nuestra vida, Señor, que quizá puedan traer tristeza, a la luz de la eternidad se vean como nada. Que cosas de nuestra vida, Señor, que pueden traer aflicción, a la luz de la eternidad se vean como nada.

Permite que el gozo y la alegría de nuestra salvación, Señor, nos acompañen en el tiempo presente. Cuídanos de la apostasía, Señor. Mira aquellos de mis hermanos que quizás están teniendo, Padre, vidas que no te están glorificando en algunas áreas; permite que eso sea corregido, pero cuídanos de la apostasía, Señor. Permítenos mantener la mano en el arado. Danos las fuerzas, Señor, para no negarte en medio de la aflicción. Ay, Señor, transpórtanos seguros hasta la eternidad, y si se puede, confortables.

Permite, Padre, que un día nos encontremos todos en tu presencia y digamos: “Hemos vencido al mundo”. Ay, Señor, seamos prisioneros tuyos, Padre; llévanos seguros de aquí hasta la eternidad. Padre, te pido por mis hermanos que están enfrentando poco confort en el transporte; anímales, Señor, porque saben que van a llegar. Te pido por mis hermanos, Señor, que están ahora mismo experimentando poco confort en su tránsito de lo temporal a lo eterno, Señor; anímales en la esperanza de que pronto, Señor, pronto llegaremos a un lugar de paz, a una herencia, Señor, que no se corrompe, que no se contamina, que no se marchita.

Gracias, Señor, porque tú nos levantaste contigo de entre los muertos. Gracias porque por fe sabemos, Señor, que como fue resurrección real para ti también lo será para nosotros. Permítenos vencer el mundo. En el nombre de Jesús, amén. Que el Señor les bendiga, hermanos, y que el Señor les aliente a través de la promesa de la resurrección.

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