Mensaje

La manifestación de la gracia

Tito 2:11-15

Introducción

Le invito ahí a que se pongan sobre sus pies y que abran la escritura. Estemos juntos en Tito capítulo 2. Carta de Pablo a Tito en el capítulo 2.

Y dentro del capítulo 2, vayamos desde el 11 y hasta el 15 para ver en esta porción de la escritura la manifestación de la gracia de Dios. Es Tito capítulo 2, desde el versículo 11 y hasta el versículo 15. Carta de Pablo a Tito en el capítulo 2 para ver desde esta porción de la escritura la manifestación de la gracia de Dios. Doy un chance para que todos puedan localizar el texto. Tito capítulo 2 desde el 11 en adelante.

La carta de Pablo a Tito es una de las cartas cortas del Nuevo Testamento. Son tres capítulos. Es una carta que abunda en corrección, instrucción, hasta reprensión. Fue escrita por el apóstol Pablo para un joven pastor que estaba trabajando en la isla de Creta, un lugar donde la gente vivía una vida disoluta.

Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras. Esto habla, exhorta y reprende con toda autoridad. Nadie te menosprecie.

— Tito 2:11-15

Entonces llegamos ahora al corazón de la carta donde él le da un gran porqué. Y si esto no existiera, sería una carta desoladora para nosotros, ¿no? Ver personas que le dan lista de instrucciones que debe de hacer, debe de hacer, debe de hacer. Corrige, corrige, instruye, instruye y que te dejen por la libre, que te dejen en tus propias fuerzas, sería desesperante. Perdóneme el largo preámbulo, pero quiero colocar en el sentimiento a la iglesia. Líbrenos el Señor de venir a la casa del Señor a recibir lista de tareas como si estuviera a nuestro alcance. Cuando uno viene a la casa del Señor, uno viene a ver el evangelio. Y el evangelio es la buena noticia que no es en nuestra fuerza, sino en la fuerza suya y que es en su gracia. Amén. Y se esperaría que cuando usted viene a la casa del Señor, usted se vaya un poquito más descansado.

Amén. Es abrumador. Cumple, cumple, cumple. Te falta, te falta, te falta. Y ojalá que hoy el Señor permita que tu corazón se encuentre con la gracia. Y que si tú sientes que tienes mucha tarea pendiente, que tú sientes que hay un Dios que es todopoderoso, que va por delante y que el que comenzó en ti la buena obra, la seguirá perfeccionando hasta el final. Eso es el evangelio. El evangelio es la gran noticia, la buena noticia de que ninguna tarea es en tus fuerzas, que si el Señor realmente te salvó, el Señor te seguirá salvando. Amén.

Así llegamos al capítulo 2 del 11 hasta el 15 de Tito, dice la escritura. Aquí está el gran porqué. Después de la lista de instrucción, después de las correcciones, después de los pecados, dice el gran porqué. Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.

El desafío de Tito en Creta

Imaginen por un momento el gran desafío que tenía Tito. Ha sido encomendado por el apóstol Pablo para que vaya a pastorear, a instruir, a corregir lo deficiente en esta iglesia que se encuentra en la isla de Creta, que a la luz del texto y de otros materiales de la época sabemos que era un lugar de gran disolución moral. Fue descrito por uno de sus propios profetas, de uno de los de ellos, de la manera siguiente: los cretenses siempre mentirosos, malas bestias, glotones ociosos. Y salvo por gracia. Los cretenses siempre mentirosos, malas bestias, glotones ociosos. Dios le bendiga, hermano.

La gente asume que la iglesia de Cristo es una comunidad compuesta por gente terminada, refinada, perfecta. De hecho, cuando alguien viene a los caminos del Señor, su entorno cercano le está mirando, le dice, «Ya tú eres cristiano.» A veces los incrédulos conocen hasta mejor que uno la voluntad de Dios para la vida de uno. Ya tú no puedes. Un listado de cosas. Esta temporada de Navidad, los nuevos creyentes están siendo escrutados. Todo el mundo lo está midiendo. Yo voy a ver.

A mí me impresiona la manera abierta y natural con que el apóstol Pablo describe los pecados de una iglesia real, donde hay gente que es mentirosa, donde hay otros que son contenciosos, otros viven una vida disoluta. Ay, hermano, líbreme el Señor de estarte promoviendo que permanezca en tu pecado. Te mostraré la salida ahora. Lo que estoy demostrando es que cuando tú vienes a Cristo, la salvación va por delante y probablemente todo en tu vida está pendiente, pero eres salvo por gracia. Y esta verdad, la manifestación gloriosa de Cristo, no solamente en la historia, sino en tu vida, es la verdad que te va a sacar por delante. No es un asunto que tiene cinco o 10 tareas pendientes. Es un hecho innegable de que has sido salvo por gracia. Y si has sido salvo por gracia, entonces el mismo Señor que te salvó es el Señor que te seguirá perfeccionando, que te seguirá salvando.

Pablo no tiene prejuicio alguno en describir que estas personas realmente viven vida disoluta. Por ejemplo, cuando tiene que ordenar líderes, le dice a Tito, «Tito, selecciona hombres que sean maridos de una sola mujer.» Y yo le pregunto a Pablo, ¿cómo va a ser que de eso hay que hablar? Sí. O sea, le está diciendo a Tito, ve y ordena anciano, pero que sean marido de una sola mujer. Y no lo son. Quizás no.

A las ancianas le dice que no sean pendencieras. Y yo de nuevo le pregunto, Pablo, ¿de qué estamos hablando? Esto es una iglesia, son cristianos, son salvos. Ay, hermano, es que una cosa es la realidad de tu salvación y otra cosa es tu progresiva santificación. Ya hay una gran cantidad de personas que han sido salvos y que su vida probablemente todavía no anuncia las diferencias. Son dos cosas diferentes.

En medio de esta cultura fue sembrada la semilla del evangelio y el apóstol Pablo confía en que el evangelio daría su fruto. Cantidad de personas que postergan una decisión de venir a Cristo porque dicen, «Yo todavía no puedo, tengo que organizar mi vida.» Cuando tú vienes a Cristo, todavía tú eres mentiroso, tú eres disoluto, probablemente eres marido de más de una mujer, pero cuando tú vienes a Cristo, el mismo Señor que te salvó es el mismo Señor que te seguirá salvando. Y quiero mostrar que son dos realidades distintas y que el peor escenario es un escenario donde nos engañamos y asumimos que ya lo tenemos. Probablemente la mentira todavía te define, probablemente la vida disoluta todavía te define, pero hay una realidad y es que podemos exhortarte, podemos hablarte y podemos hasta reprenderte confiando en que en ti no está la capacidad, sino que la capacidad está en la gracia.

Después que Pablo le da listado, le dice, «Porque la gracia se ha manifestado.» Ey, si no fuera porque la gracia se ha manifestado sobre ti, ni siquiera haríamos el intento de hablarte de una vida en santidad. Si no fuera por el hecho de que ha sido salvo por gracia, ni siquiera haríamos la diligencia. Pero hay un hecho innegable, concreto, ciertísimo, irrebatible. Y es que si el Señor se ha manifestado sobre ti, en ti hay potencial y capacidad. Y vale la pena que a ti se te hable, que a ti se te exhorte y a ti hasta se te reprenda. Porque quizás tú no lo ves, pero el Señor lo está mirando.

La gracia como epifanía

El remedio no era la persuasión de Tito como un líder fuerte, ni el esfuerzo humano de ellos. Pablo coloca el trabajo pastoral de Tito entre dos realidades. La primera manifestación de Cristo sobre su vida y la manifestación gloriosa del Hijo del Señor. Y este texto se incluye entre dos paréntesis, que son dos manifestaciones. Cristo se ha manifestado en la historia y en tu vida, y Cristo se manifestará de manera gloriosa. Y lo que hay en medio es una vida en santidad que no es posible por nuestro medio, sino por la gracia suya.

Comienzo mostrando cómo vivir a la luz de esta gracia. Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres. El listado previo le dice que corrija a las ancianas, a los ancianos, a los jóvenes y a los siervos. Y después le dice rápido, corrígelos. Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres. El punto de partida para disciplinar un creyente, el punto de partida para vivir en santidad es que la gracia del Señor se ha manifestado para salvación. No es que yo pueda, no es que tú puedas, es que el Señor pueda hacerlo en nosotros. Este hecho se presenta en el vocabulario como algo definitivo y consumado, no como un anhelo, porque la gracia podría manifestarse, ¿no? La gracia se manifestó.

La pregunta importante no es si tú todavía eres mentiroso, si todavía eres dado al vino o al mucho vino, porque la escritura incluye ambos términos. La pregunta importante es si tú has visto a Cristo, si Cristo ha alumbrado sobre ti. Y si tú has visto a Cristo, y si Cristo ha alumbrado sobre ti, entonces en ti hay capacidad. Y tú quizás no lo crees, pero el Señor lo está mirando. Este hecho es el punto de partida para cualquier mejora en la vida de un creyente. Cualquier mejora en la vida de la iglesia. Antes de preguntar si tiene fuerzas o deseos, deberíamos preguntar si tiene realmente a Cristo. ¿Tú crees que pueda? No creo que pueda, pero yo sé que tengo a Cristo. Amén.

Ey, esta es la verdad que te va a pastorear. Esta es la verdad que te va a sacar por delante. Esta es la verdad que permitirá que tú no solamente seas un cretense que fuiste salvo, sino un cretense que fuiste salvo y que ya no eres extranjero ni advenedizo, sino conciudadano de los santos y miembro de la familia de Dios. No es si tú tienes todo el conocimiento, es si tú tienes a Cristo o no tienes a Cristo, y donde Cristo está hay potencial. Y yo te quisiera hoy animar y exhortar al respecto de que probablemente en áreas de tu vida donde tú crees que no es posible, podría ser posible, porque si Cristo se ha manifestado sobre ti, entonces Cristo puede hacerlo en ti.

La palabra clave es manifestación. Los cretenses podrían ser mentirosos, pero dice en el capítulo 1 y en el versículo 2 que Dios que no miente le ha ofrecido esperanza de vida eterna desde el principio de los siglos. Dios que no miente. Quizás ellos eran mentirosos, pero Dios no miente. Pablo, no vale la pena. Esta es una ciudad corrupta. Esto es una ciudad de gente que no viven vidas piadosas. Yo sé que la piedad para ellos es un asunto completamente extraño, pero yo sé que Dios que no miente le ha dado esperanza de vida eterna. Deberíamos ver más a Cristo que el estado actual de nuestros hermanos, porque ese estado siempre está en tránsito. Y el mismo hermano que en este momento está luchando con un pecado o con dos, es el mismo hermano que mañana podría tener victoria en esa área de su vida, porque la gracia resplandeció sobre él.

Tito no podría confiar en el potencial de los creyentes para vivir en el evangelio. Él tendría que confiar en el poder de Dios que le había dado esperanza de vida eterna y una epifanía, una manifestación. El término importa. Ese término manifestación en el original es epifanía. Y una epifanía es cuando de repente a ti te sobreviene una gran luz desde arriba. Epifanía. No es un proceso de mejoramiento continuo, es epifanía. Es que la gran luz del evangelio ha resplandecido sobre ti de repente. Cristo ha sido manifestado en tu vida.

Si Cristo ha sido manifestado en tu vida, no fue manifestado porque tú tuvieras una mejor visión que el vecino. El Señor quiso manifestarse en ti. Y así como él llegó al mundo en manera repentina, también llegó a nuestra vida cuando nosotros no le estábamos esperando. Tú no fuiste salvado según tu matemática, según tu agenda. Tú fuiste salvado según el plan, el momento de Dios, cuando Dios quiso, de forma tal que podemos decir que la salvación siempre es una epifanía. Es una gran luz que nos sobrecoge de repente. Cuando el Señor te está salvando, tú no vas a decir, «Ah, esto era lo que yo estaba esperando.» Tú vas a decir, «El Señor me salvó cuando quiso salvarme y a la manera suya.» Y si el Señor te salvó cuando quiso salvarte a la manera suya, el Señor te santificará cuando quiera santificarte y a la manera suya. Amén.

Si no hay en ti poder para ver la luz, tampoco hay poder para caminar de acuerdo a ella. Ese es el argumento. Tú estás entre dos epifanías. La realidad gloriosa de que Cristo te vio y la realidad gloriosa de que Cristo viene en gloria. Quiero hablarle a personas que están postergando una decisión por el Señor porque no tienen fuerzas, porque no tienen conocimiento, porque no tienen contexto, no tienen cultura, porque no tienen vocabulario. Es que yo no hablo como ellos, yo no deseo lo que desean ellos. El Señor que te iluminó de repente, también él puede hacer que en esa área de tu vida sucedan epifanías donde tú tengas victoria de repente.

Hay áreas de la vida tuya donde tú, si eres un creyente, probablemente allá ni siquiera luchas, donde tú vas a decir, «Mira, yo en mis primeros años intenté rendir esa parte de mi vida a Cristo y nunca tuve victoria sobre ese pecado y ese pecado es parte de mí. Yo sé que yo soy salvo.» Ay, no, no te conformes, porque el Señor de repente también podría darte victoria en esa parte de tu vida. Amén. Y lo que en este momento es vergüenza, lo que en este momento es mala conciencia, lo que en este momento te había definido, probablemente mañana eso sea un viejo recuerdo de tu condición anterior. Tú dices, «Así como el Señor me salvó de repente, también me dio una victoria repentina sobre eso.» Esa es la epifanía. Una irrupción repentina de luz en medio de la historia y en medio de tu vida. Eso es lo que es ser salvo por gracia, una manifestación, una epifanía. Yo vi la luz, yo sentí el llamado, yo vi que el Señor me estaba salvando.

Nadie está listo para esto. Es una epifanía. La luz alumbra desde arriba y uno termina reaccionando. ¿Cómo te prenden la luz? Ay, ya tú estabas para dormir y te prendieron la luz. El muchacho no entiende eso. El muchacho no entiende lo que es ruido. No entiende lo que son luces fuertes. Cuando te encienden la luz de repente, eso es salvación. Luz resplandeció sobre ti. Epifanía, una luz que viene desde arriba y que tú no estabas esperando, de forma tal que tú terminaste siendo salvo. Dios no necesita un largo proceso.

Salvación para todos

Dice aquí, para salvación de todos los hombres. Interesante que él mencionó ancianas de edad, ancianos. El comienzo del capítulo dice, «Pero tú habla lo que está de acuerdo a la sana doctrina, que los ancianos sean sobrios, serios, prudentes, sanos en la fe, en el amor, en la paciencia.» Después dice el tres del dos, «Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte, no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien, que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a su marido.» Qué buen manual hay aquí de moral y cívica. Vamos a darle la clase. Así es que se debe vivir, ¿no? Te está mostrando que así es que se debe vivir, que tú no puedes vivir así y después te está mostrando el poder de la gracia para hacer que tú vivas de acuerdo a eso.

El mismo Dios que puede hacerlo en las ancianas, lo puede hacer en los ancianos. He corregido mi entendimiento respecto de esto. No fue un asunto intencional, pero yo terminé concluyendo de facto que si una persona venía a Cristo ya entrada en años, como que su aprovechamiento va a ser mínimo. Yo decía, «Bueno, pero es que llegó al Señor, ya tiene 80, 85, con que ya conozca la palabra y demás, pero hay áreas de su vida que eso vamos a tener que esperar que el Señor venga y que tenga un cuerpo glorificado.» Bueno, a la luz de esto, esto no depende de tu edad. Un anciano puede vivir en santidad y el muchacho también. Amén. No depende tampoco de tu sexo. Hay unos prejuicios donde la gente asume que las mujeres como que son más dadas a vivir una vida piadosa y los varones como que son más sueltos. A los ancianos y también a las ancianas. Ay, que mira que yo no soy libre, yo soy siervo. Tú ves. Dice también a los siervos que aprendan. El evangelio es salvación para todo el mundo, sin importar su etnia, sin importar su sexo, sin importar su momento de vida, sin importar su compromiso.

Y la gente me dice a mí, «Pastor, mire, que yo siento que no he tenido mucho provecho, mucho aprovechamiento en el camino del Señor, pero es que yo tengo un trabajo muy complicado, tengo una vida muy convulsa.» Si realmente tú tuviste una epifanía que tú no lo estabas esperando, si realmente el Señor resplandeció sobre ti cuando tú no le estabas llamando, yo creo que no hay excusa que podamos darle al Señor al respecto para que su obra se haya detenido en nosotros. Si el Señor te salvó, él te seguirá salvando. Y no hay excusa que valga para vivir de este modo, porque es el Señor que lo va a hacer. He estado mostrando primero que podemos vivir a la luz de esta gracia. Y vivir a la luz de esta gracia es dejar de vivir por nuestros propios medios o esfuerzos y entender que el Señor lo puede hacer en nosotros.

La gracia como tutora

En el versículo siguiente hay un asunto que es fenomenal y es un recurso literario. Se llama prosopopeya y es atribuir personalidad a algo que es abstracto. La gracia puede ser difícil de entender, es la disposición benevolente de Dios a favor de su criatura. Eso es gracia. Hay una disposición benevolente de Dios a favor de su criatura. Pero Pablo retóricamente va un paso más allá y ahora él personaliza la gracia y le atribuye a la gracia personalidad. Y él dice, dice el 12, si en el 11 nos decía que la gracia de Dios se ha manifestado para salvación de todos los hombres, dice el 12, enseñándonos que renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente. O sea, que la gracia es un tutor que te enseña. Impresionante. No te muestra la gracia como un asunto pasivo, como que el Señor tiene el deseo, sino que te lo muestra como algo activo. El Señor sigue haciendo esa diligencia.

Esa personificación de la gracia te está diciendo que Dios no solamente tiene una disposición benevolente a favor de la criatura, como si fuera una facilidad que existe y tú aplicas a ella, sino que Dios personaliza este asunto de forma tal que él no solamente quiere tener hacia ti una disposición benevolente, sino también activa. Te está buscando de manera intencional y él te está buscando para educarte. Se muestra la gracia como una maestra que te va a dar una clase. Dice asimismo, enseñándonos. Ese término enseñando importa mucho. En el original había dos términos para enseñanza. Uno es para dar un discurso como lo que estoy haciendo yo. Y otro era el término para describir a alguien que le daban el muchacho para que fuera su tutor. El padre te lo entregaba y te dice, «Enséñamelo.» Los términos se parecen, pero cada uno tiene su connotación. El primero es didasko, enseñar como dar clases, pero el otro es paideuo, es como darle la tutoría a un niño. Es una persona que se llevaba el niño a su casa y le enseñaba desde comer hasta comportarse. Y cuando el niño volvía a la esfera pública, tú encontrabas que el niño ya era diferente. Tuvo un tutor.

La gracia es el tutor de Dios que no solamente se conforma en decir, «Tú eres hijo mío,» sino que te está diciendo, «Yo quiero que tú seas hijo mío y que tú puedas estar listo para en la esfera pública comportarte como si tú fueras hijo mío.» Es una tutoría que el Señor nos está dando. La vida cristiana no consiste solamente en que el Señor perdonó tus pecados, también consiste en que el Señor sigue siendo tu tutor a través de su gracia para que tú vivas de acuerdo a como él quiere que se viva.

Permite que la gracia te eduque. Él no está pensando solamente en contenido, está pensando en un carácter piadoso. Y su primera gran lección,

Primera lección: renunciar

sorprendentemente no es que integres un contenido, sino que renuncies a algo. Lo primero que te enseña la gracia es a renunciar. Ey, la vida cristiana funciona más por sustracción que por adición. Tú dejas más cosas de las que entras y para tú entrar nuevas cosas, tú tienes que dejar otras cosas. De forma tal que la gracia dice, enseñándonos que, primera lección, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos sobria, justa y piadosamente. La gracia te enseña a renunciar.

Ey, iglesia, una de las primeras cosas que hace el Señor es que cambia los deseos de tu corazón. Y la oración reiterada del creyente no debe ser, «Señor, dame victoria sobre ese pecado.» Sino, «Señor, dame satisfacción en ti de forma tal que ya mi corazón no anhele ese pecado.» No se trata solamente de comenzar a hacer cosas, se trata sobre todo de renunciar a cosas. Y la renuncia es una actitud desde el corazón donde tú dices, «Ya yo no solamente quiero dejar de practicar eso, sino que yo quiero dejar de desearlo.» Y orar al Señor para que mate un deseo es aún más piadoso que orar al Señor para que te dé la contención para no practicar un pecado. «Señor, yo no quiero solamente dejar de pecar, yo quiero dejar de desear satisfacerme a través de eso que a ti no te agrada.» Esa es la oración piadosa. Esta es su primera gran lección. No es una lección de cómo interrumpir el pecado, sino una lección de cómo renunciar al pecado.

Una vida victoriosa no se trata de una vida donde vivimos interrumpiendo cosas. Se trata de una vida donde estamos deseando las cosas de arriba. Amén. Y ya nuestro corazón no las está buscando. Es perderle el apetito. Ey, esta es la clave para la victoria. Es abandonar, es renunciar, es rechazar, es repudiar.

Yo lo escribí para mí, hermano, pero creo que esta es una oración piadosa, donde tú vas a la presencia del Señor con la vergüenza de haberle estado deshonrando en diferentes departamentos de tu vida y en vez de tú decirle al Señor solamente, «Señor, perdona mi pecado y dame la fuerza de voluntad para no practicar ese pecado,» tú dices, «Señor, perdona mi pecado y permite que por tu gracia este pecado que ahora mismo me resulta tan atractivo se vuelva repulsivo para mi alma. Señor, mata el deseo desde la raíz. Ayúdame a rechazarlo sinceramente. No quiero simplemente dejar de hacerlo por un tiempo. Quiero renunciar a amarlo para siempre. Quiero despedirlo.»

Ay, Señor, no es que yo estoy buscando dejar de practicar o practicar menos o más. Yo no quiero administrar el pecado. Yo no quiero gestionar la maldad. Señor, permíteme desear las cosas de arriba de forma tal que ese pecado que parece irresistible ya no sea irresistible para mí. La oración piadosa no es una oración para contener pecados, una oración para gestionar pecados. La oración piadosa es una oración que permite que nuestro corazón desee las cosas que son correctas. Amén. Señor, dame el apetito correcto en el centro de mi corazón de forma tal que yo desee las cosas buenas. No es solamente dejar de pecar, es comenzar a desear las cosas correctas. Y la primera gran lección que te da la gracia es que renunciando, escucha la palabra, renunciando.

Cada vez que hay una renuncia, hay un crecimiento. En cualquier área de tu vida, cuando tú avanzaste, te das cuenta que tomaste una decisión que te era emocionalmente costosa y que esa decisión te dejó triste, pero sabías que estabas decidiendo algo que era conveniente y tú renunciaste a eso de manera objetiva. El peor escenario es cuando alguien no renuncia a nada. A veces hay que matar algo que parece bueno para recibir algo que es mejor. John Owen hablaba de esto. Decía que el pecado tenemos que matarlo. No es solamente gestionarlo. Tú vas a matar el pecado o tu pecado te mata a ti. Son dos opciones. Renunciando es la palabra.

Hermano, tú primero renuncia en oración y después tú le pides al Señor que comience a reformar tu corazón a desear las cosas buenas. «Padre, en esa área ya yo estoy cansado de la vergüenza, ya yo no quiero seguir en eso, ya no quiero volver, Señor, mira que vuelve y me define.» Si tú analizas, hermano, deben haber más de 20 pecados que se mencionan por su nombre en tres capítulos de la escritura, que es la carta de Pablo a Tito. Y todos esos pecados, probablemente de manera más recurrente o de manera menos frecuente, son pecados que te han visitado. Y cuando el pecado te visita, dile, «Ay, Señor, mira, estoy teniendo dificultad con el dominio propio.» Los cretenses siempre mentirosos, malas bestias, glotones ociosos. Ay, Señor, el ocio, la glotonería, vivir como un animal, una mala bestia, ser dominado por los instintos.

Padre, tú has visto que he tenido… A veces la gente piensa que ha tenido victoria en eso, Señor. «He tenido victoria» y después tú te dices a ti mismo, «No, Señor, no he vencido. No he vencido, no me mató, pero no vencí.» ¿Recuerdan la diferencia? Pueden ver la diferencia. Una cosa es tú decir, he tenido victoria sobre el pecado. Y otra cosa es tú decir, en este momento hay una tregua. Pero tú mismo en tu pensamiento, en tu fuero interno, tú dices, «Pero es que yo lo deseo.»

No encuentro, hermano, una mejor definición para eso. Y que el Señor le cuide a cada uno de ustedes. Cuando alguien tuvo que matar un entusiasmo en su corazón, ha habido un enamoramiento, una cosa que usted quizás le resultó atractiva, pero usted sabía que eso no convenía. Y el que no mata eso temprano, todavía a los 40, los 60, los 70 está recordando cosas exageradas y demás. Mate eso porque usted está disponible para cosas que convienen, que realmente tienen un futuro. Usted tiene esperanza, su corazón tiene que estar disponible. Y el que vive siempre revisitando los entusiasmos, entonces siempre vive caminando hacia atrás.

Con el pecado pasa lo mismo. Señor, mata eso en lo profundo de mi corazón de forma tal que ya yo no lo desee. Ayúdame a renunciar. Y tú vas a renunciar. «Sí, quiero renunciar, pero vamos a dejarte aquí en nómina.» No, no.

Deseos mundanos

Enseñándonos la gracia como si fuera nuestro tutor, que renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos. Escucha cómo le describe la renuncia. Apunta con precisión que esos deseos no son deseos naturales, sino que son deseos mundanos. El corazón del hombre después del pecado y a causa del pecado tiene una inclinación a la maldad, pero el mundo lo aviva. El mismo pecado que está en ti a nivel de germen, el mundo te lleva a que eso no solamente esté a nivel de germen, a nivel de deseo, sino que tú lo practiques intensamente. ¿Y qué es lo que es el mundo? Es un sistema de valores que se opone a Dios y aviva los malos deseos de tu corazón. De forma tal que eso se llama mundanalidad.

En la industria alimenticia hay algo que se llama potencializadores de sabor. Hay cosas que son sabrosas, pero ellos no quieren que eso solamente sea sabroso. Aditivos, que cuando tú lo muerdes, tú sientas que eso te explota en la boca y tú dices, «Pero eso no es papa. La papa no se siente así.» Pero la química le agrega, le adiciona potenciadores de sabor que cuando usted muerde eso dice, «Esto sabe a gloria.» La comida rápida está llena de eso, los ultraprocesados, y por eso es que es difícil dejar de comerlo.

¿Qué es lo que hace el mundo? Cuando el mundo toma algo que es atractivo para ti, porque tu corazón está inclinado hacia eso, que son deseos hasta legítimos, instintos que están ahí, comienza a avivarlo. El mundo es un sistema donde el pecado vive siempre en modo avivamiento. Y ahí es que la gente dice, «No, es que los cristianos están opuestos a la cultura, están opuestos a la música, están opuestos al cine.» No es eso. Es que hay películas que después que tú ves la película es como que tú probaste el dorito y tú dices, «¿Qué deseos diabólicos son estos?» Claro. Exacto.

Enseñándonos que renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos. O sea, que esos deseos el mundo los potencializó. Tú teniendo inclinación a la violencia, pero participaste en algo que hasta tú mismo querías dar unos golpes y tú dices, «Pero, ¿a quién le doy?» Y qué es lo que pasa: «Fulano, eso no ha sido tu registro.» «Yo sé que no es mi registro, pero es que yo me estoy perdiendo de algo.» Las actitudes potencializan eso.

No, hermano, no estoy hablando de cosas que son necesariamente pecaminosas. Comer no es pecaminoso, pero hay gente que no solamente come. Hay gente que come de una manera que pareciera que la comida es la vida y cuando tú los ves le brillan los ojos cuando están comiendo. Una actitud de alimentación, de ingesta, que parece casi animal. Y te hablan de la comida y de nuevo ya están hablando del otro plato. Es gula.

Ey, la industria del pecado no solamente quiere que tú comas, quiere que tú comas y que tú entiendas que ahí está, no en Cristo, no en Dios, sino ahí es que está la razón de tu vida. Tus deseos, que son deseos naturales, son avivados por el mundo y por eso son deseos mundanos. Necesitamos un nuevo corazón y al mismo tiempo necesitamos una nueva comunidad que coma de manera apropiada, que se deleite de manera apropiada, que participe de la cultura de manera apropiada.

Hay pecados, recuerden cuántas veces yo mencioné eso, hay pecados que tienen su banda sonora. Hay gente que para practicar determinado pecado tiene que entrar en el mood del pecado y escuchar determinadas cosas que no son necesariamente pecaminosas, pero te llevan a pecar. Y cuando tú lo escuchas, tú sientes que eso te incita. Tú dices, «Pero yo ni siquiera estaba deseando, pero te pusiste a escuchar esto.» Y la gente dice, «¿Y eso es pecado escuchar eso?» No, es que tu corazón tiene una inclinación hacia eso y eso lo está despertando, eso lo está avivando, de forma tal que podemos decir que esos deseos son deseos mundanos.

Sobriedad: la vida interior

Y después están las tres materias que te enseña la gracia: a vivir de manera sobria, a vivir de manera justa y a vivir de manera piadosa. Interesante el término sobriedad. Sobriedad, no solamente una persona que es abstemia o que no participa en el vino, no. Está hablando aquí de la sobriedad como una actitud del corazón. Es un corazón que no es voluble, un corazón que no es incitado desde afuera. El que es sobrio es la persona que cuando el mundo entero va a la derecha, él se mantiene en su centro. «¿Y tú no vas a correr con nosotros?» «No, es que yo tengo sobriedad.» «¿Y tú no vas a brincar con nosotros?» «No, es que soy sobrio.» Una persona que es sobria es alguien que desde afuera este sistema del mundo ya dejó de moverlo, y esa materia te la enseña la gracia. El Señor en su gracia te muestra sobriedad.

Una persona que es sobria, ya su ego está controlado. Una persona que es sobria, ya sus instintos están controlados. Y él dice, «Yo tengo todos los instintos naturales que tiene un ser humano, pero mis instintos ya no me dominan. Yo me he rendido a Cristo. Cristo es el Señor.» Vivir de manera sobria. Es una persona que podría gustar, es una persona que podría practicar determinadas cosas, pero sin sobresaltarse. Quien no es sobrio, una persona que capta el olor de cualquier cosa, ya está descompuesto. Y quien es sobrio dice, «Denlo ustedes. Yo no. Yo tengo otra comida. En mí hay otras cosas.» Y hasta podría participar, pero con sobriedad.

Y ahí es que está el asunto. La gente dice, «No, los cristianos se oponen a eso.» Nosotros nos oponemos a los potencializadores de maldad que están en el mundo, que hacen que los sabores estén adulterados, que tú no solamente quieras comer, sino que tú al mismo tiempo quieras abusar del instinto, y queremos vivir de manera sobria. La meta de un creyente no es ser un abstemio social. La meta de un creyente es ser un hombre sobrio. Tú podrías escuchar música, tú podrías ver la película, tú podrías consumir el teatro, tú podrías leer, no es que te vas a meter en una burbuja, pero con sobriedad. Qué bonito es una persona que no se abstiene necesariamente, pero ya él sabe hasta dónde y cómo y ese no es el centro de su vida.

Lo más triste de todo esto: cuando una persona ha abusado de un instinto, llega un momento que ya ni siquiera le satisface. Llega un momento que cuando lo practica, ya no hay en eso ni siquiera deleite. Ya lo que hay es algo animal, ya es una mala bestia, como le decían a los cretenses. ¿Sabe qué es lo que hace el pecado? El pecado te convierte en una mala bestia. Una bestia es una persona que opera por instinto, que ante cualquier cosa agrede, ante cualquier cosa come, que se reproduce donde quiera. Y tú dices, «Pero qué es lo que pasa, que él es una mala bestia.» Los cretenses siempre mentirosos, malas bestias, glotones, ociosos. Cuando tú vienes a Cristo, dejas de ser una mala bestia, te conviertes en un hombre, una mujer, sobrios. Sobriedad.

Ya el instinto no me domina, sino que estoy en control para la gloria del Señor. Primera materia, sobriedad. Creyente, sobrio. Y eso es lo que la gente testifica. La gente no testifica de que él hace o no hace, sino que hace o no hace de manera diferente. Cualquier cosa que te definiera como una mala bestia, en este momento en Cristo está siendo educada a través de la gracia. Primera materia, sobriedad. Segunda materia, rectitud.

Rectitud: las relaciones

La siguiente gran lección. Esa rectitud, así como la sobriedad tiene que ver con tu hombre interno, la rectitud tiene que ver con tus relaciones, con tu proceder. Son relaciones de honestidad, de equidad, donde tú no solamente haces lo que es bueno para ti, sino lo que es correcto para todos. Cuando tú vienes a Cristo, ya no solamente estás llamado a cuidarte a ti mismo, sino a cuidar también al prójimo. Y uno se abstiende del pecado, porque el pecado tiene no solamente consecuencias personales, sino comunitarias. Tú dices, «Ya yo no participo en eso porque eso no solamente me daña a mí, también daña el entorno, daña la creación, daña a mi prójimo.» Todo pecado ofende a Dios, te daña a ti y daña al prójimo.

Y cuando tú dejas de ser una mala bestia, y estoy hablando figuradamente, pero estoy hablando también de nuestra realidad sin Cristo, cuando dejamos de serlo, tú comienzas a preocuparte de las implicaciones que tu vida tiene sobre la vida de la gente y tú dices, «Ya eso es una persona segura.» ¿Qué ha pasado? Voy a una reunión, encuentro un hombre en una reunión de negocios y es una persona sumamente sensual con los instintos a flor de piel. Tú viste este hombre que todo lo que mira es como que mira de una manera morbosa y sale la mujer y te dice, «Tú viste.» Ay, hermano, yo veo esta persona, es un animal. Hablo para hacerle efecto, pero lo es. Él no puede contener el instinto de reproducción y él no puede apreciar lo que es tener un trato natural entre la gente, sino que él siempre está midiendo, él siempre está buscando. Malas bestias. Cuando tú vienes a Cristo, ya tú no eres así, ya tú sales de ser un animal. O sea, ay, hermano, parece que todo lo que estoy diciendo son calificativos despectivos. Hablo de animal en el sentido de que te domine el instinto.

¿Has visto otros que son dominados por la vanidad? Tipo de persona que tú le introduces a otro y está midiendo al otro. Hay ojos que pueden hacer tasación de todo. Escanean. Pueden ver desde los zapatos hasta la correa, la cartera, la ropa, el cabello, si tiene o no tiene cirugía. Y de esa vana manera de vivir es que la gracia nos ha sacado y nos está educando de forma tal que tú puedas vivir en rectitud. Qué bonita una persona que cuando tú le conoces y pasas tiempo con ella, tú no sientes que esa persona te midió, tú no sientes que esa persona te usó, tú no sientes que la persona te amenazó, tú no sientes que te intimidó. El violento, después avasallante, entre todas las relaciones siempre tú sientes como que está invadiendo tu espacio personal.

Y la gente dice, «¿Y qué es lo que ustedes tienen con la música?» No es la música, es que la música de nuestros días es una música que es esencialmente violenta, esencialmente sensual. Dominio, dominio, te exploto, te uso, satisfacción. La vida disoluta. Te hablan de eso y cuando tú escuchas eso, tú quieres. Tú has visto las personas que no tienen los medios con qué practicarlo, pero ya tienen la actitud. Están listos. Tú ves cómo usan el cuerpo y cómo se contonean. Están listos para reproducirse. Tú ves las actitudes, están listos para explotar al otro. Sí, es que esas son las actitudes. De ahí es que la gracia nos está sacando.

De ahí te está sacando con sobriedad, permitiendo que los instintos no te dominen. Y de ahí te está sacando con rectitud, entendiendo que la vida no se trata solamente de tu satisfacción, de tu dominio, que se trata de las relaciones, relaciones en rectitud. Primero habla hacia adentro, sobriedad, después lo horizontal, una vida en rectitud, pero también te habla de tu

Piedad: una audiencia de uno

relación con Dios, una vida piadosa. Enseñándonos la gracia, tu tutora te está enseñando a que renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo. El siglo es el tiempo en que nos ha tocado vivir. Vivamos sobria, justa y piadosamente. Vivir piadosamente es vivir con un sentido de reverencia, entender que Dios te está mirando. Gente que escucha el término piedad y piensa que piedad es tener siempre como la manito así. «Él sí es piadoso.» No. Una persona piadosa es una persona que entiende que Dios le está mirando, que está en la creación y que Dios está en control y que el Señor tiene no solamente cuidado sobre ti, sino que tiene deleite sobre ti. Eso es lo que es una vida piadosa. No es una vida de recogimiento, no es una vida de religiosidad.

Un creyente piadoso es un creyente devoto. No es el rigor de la religión. Es quien vive de manera reverente. Escucha, hay gente que puede tener la reverencia en un lugar de adoración. Pero si nosotros entendemos que el Señor está en su trono y que la tierra es el estrado de sus pies, nosotros nos movemos por esta creación con un sentido de reverencia, un sentido de que Dios está mirando, de que Dios está en control y hacemos lo que hay que hacer, no para los hombres.

Dice la escritura que hagamos todas las cosas como para el Señor, no para los hombres. Tu trabajo, tus conversaciones, tus relacionamientos, la manera en que tú te conduces es una manera piadosa porque es una manera reverente, es una manera devota, es una manera que anuncia que Dios te está mirando. Hermano, qué satisfacción da cuando una persona vive de manera piadosa, que él vive con la sensación de que Dios está al tanto, de que él te está mirando. Entonces, mira, ellos están así y ellos están así, pero Dios está mirando. Una audiencia de uno. No quieres vivir para que el otro lo vea. Un creyente tiene una audiencia de uno. Él te ve, tú trabajas para él, tú te debes a él, tú le honras a él, tú eres piadoso porque tú tienes una audiencia de uno.

Se me ocurren las ilustraciones más pobres, hermano, pero estaba leyendo la novela de Mario Puzo, El Padrino, y volví a encontrarme con el personaje de Tom Hagen. Tom Hagen era el consejero, el consigliere del padrino, y también era su ahijado, era su hijo adoptivo, y se hizo abogado para cuidar los intereses del padrino. Fue a representar al padrino a un lugar y el hombre le dice, «Yo conozco a todos los abogados de Nueva York y yo no lo conozco a usted.» Y Tom Hagen le dice, «Es que yo tengo un solo cliente.»

Qué bonito es cuando tú haces lo que hay que hacer, no porque te convenga a ti, no porque le convenga a alguien, sino que tú tienes un solo cliente. El que debió verlo lo vio y el que debió recibirlo, lo recibió. Gloria a Dios. Porque no estamos en esta tierra para nuestra vanidad, nuestra satisfacción. Tenemos una sola audiencia. Dios está en el trono. La tierra es el estrado de sus pies. Y dondequiera que los hijos de Dios nos estamos manifestando, están mirando desde la tierra que estamos trabajando para un solo cliente. Estamos buscando sus intereses, estamos buscando su gloria, estamos haciendo lo correcto porque Dios está mirando. Es una vida piadosa y eso la gracia nos está instruyendo como un tutor para que vivamos así.

Entre dos manifestaciones

Pero esto, si lo dejamos ahí, no sería cristianismo, sino humanismo, porque el humanista puede vivir una vida sobria. Yo conozco cantidad de impíos que son sobrios. Hay gente que vive correcto. Usted piensa que solamente eso es para los cristianos, ¿no? De hecho, hay gente que son más sobrios que los cristianos.

La diferencia en nosotros es que vivimos entre dos manifestaciones. La manifestación de Cristo y la segunda manifestación de Cristo gloriosa. Una manifestación silenciosa, humilde y una manifestación gloriosa. Y en medio de esos dos paréntesis vivimos nosotros para la gloria de Dios. Amén.

¿Qué es lo que hace que un cristiano es un cristiano? Que él vive así a causa de la gracia y vive así esperando la manifestación gloriosa de Jesucristo. Eso es lo que hace que el cristiano sea cristiano. Por eso dice el versículo 13, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación, de nuevo el término manifestación, epifanía. Vivimos una epifanía personal en nuestra salvación, pero vamos a vivir una epifanía global con la segunda venida de Cristo.

Cuando Cristo vino a mi vida, yo le vi. Pero cuando Cristo venga de nuevo a la tierra, todo ojo le verá. Amén. De forma tal que esa manifestación será una manifestación gloriosa, visible del Señor. Aguardando la esperanza bienaventurada, la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio. Ay, hermano, ese término a mí me dio como una satisfacción. Un pueblo propio. Están diciendo, esto no es solamente un pueblo como que un gobernante hizo un pueblo, sino que este pueblo es mi pueblo. La gente tiene muchos bienes, dice, «No, ese es de fulano.» Pero dice, «No, ese es de él en un sentido más profundo. Ese es el suyo. Ahí es que está su deleite, ahí es que está su corazón.» Nosotros no solamente somos un pueblo, nosotros somos un pueblo propio. El Señor se adueñó de nosotros.

Interesante que nosotros podemos anhelar la vida en santidad porque es posible, lo anhelamos porque el Señor nos está instruyendo por medio de su gracia, pero al mismo tiempo aquí hay razones muy importantes y es que nosotros somos su pueblo propio, una dignidad especial.

Quien no aguarda esa esperanza no es un cristiano. Un cristiano no solamente hace lo correcto, hace lo correcto por la razón correcta: la manifestación de la gracia y la segunda manifestación de esa gracia.

De hecho, si tú no crees eso, tú no has recibido el evangelio. El evangelio requiere la segunda venida de Cristo. ¿Qué es lo que es el evangelio? Nosotros creemos que el Salvador fue prometido y encarnado, que después de vivir una vida perfecta y sin pecado, fue clavado en una cruz, sepultado por nuestros pecados, que resucitó de la muerte, ascendió al cielo victorioso y del cielo también vendrá otra vez en gloria. Aleluya.

El evangelio no solamente dice que Cristo perdonó tu pecado, dice que Cristo vendrá otra vez. Amén. Nosotros decimos, «Ven, Señor Jesús.» Y si realmente tú quieres vivir una vida así y tú lo anhelas y ya tú renunciaste al pecado y vives así, tus ojos están listos para ver a Cristo. Difícil es tratar de ver a Cristo cuando nuestros ojos están mirando las cosas que no deben ver. Nuestro corazón está lleno de lo que no debe desear cuando no vivimos de manera sobria, de manera recta, ni de manera piadosa. Pero si tú vives de manera sobria, recta y piadosa, tú anhelas que venga Cristo y que se establezca su reino para que todos podamos vivir así, para que ya dejemos de ser una minoría que quiera hacerlo y que sea la situación normal del mundo. Esa manifestación dice que es una manifestación gloriosa.

Habla, exhorta, reprende

¿Quién se dio a sí mismo? El versículo 15. Hermano, hay tres términos fuertes para Tito que hacen sentido a la luz de lo anterior. Dice Pablo a Tito, «Esto habla, exhorta y reprende.» Aquí hay unas palabras fuertes para Tito de parte de Pablo, pero cuando uno entiende esto, ya uno entiende que ahora no es que va Tito a tumbarle el pulso a los cretenses. «Dame tu pecado.» Ay, hermano, no le quita a la gente su pecado. Eso es como un niño que se aferra a su bobo y tú, «No, déjalo.» El Señor lo hace. No hay cosa más peligrosa que interponerse entre un pecador y su pecado. Cristo es el único que puede hacer eso. Eso es peligrosísimo. Una gente quiere pecar, está resuelta a pecar. «No va a pecar, no va a pecar.» ¿Y quién eres tú? Eso es trabajo del Espíritu Santo.

A Tito le dicen, «Habla, exhorta y hasta reprende a gente que vieron la gracia de Cristo, a gente a los cuales la gracia de Cristo está educando y gente que espera la esperanza bienaventurada que tenemos los cristianos.» Hermano, donde hay alguien que realmente tiene a Cristo, vale la pena hablar de la gracia. Por otro lado, el contenido es este: habla de la gracia, dile a la iglesia de los cretenses que sin importar que ellos hayan sido mentirosos, malas bestias, glotones, ociosos, que la luz ha resplandecido sobre ellos y que hay potencial. Exhórtale, háblale con vehemencia y dile, «Ey, hermano, yo te veo luchando. No luches en tu propia fuerza. Depende del Señor y confía en que el Señor puede hacerlo de repente y que ese pecado no te puede definir.» Y llega un momento que hay hasta que reprenderle, pero no reprendas en base a tus deseos o tu vehemencia, reprende en base a Cristo. Dice, «Hermano, tú eres salvo. Cristo murió por ti.» Mira lo que dice aquí la escritura. Dice que Cristo se entregó a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda impiedad. Si mientras tanto seguimos practicando ese mismo tipo de cosas, estamos diciendo que el sacrificio de Cristo fue innecesario, fue un desperdicio. ¿Cómo va a ser que Cristo se entregó por ti y que tú sigas participando en esas cosas? No te corresponde. Así es que se reprende, ¿no? No una reprensión de «yo te digo que tienes que dejarlo.» No, no, no. Yo te digo que Cristo realmente te vio, que Cristo te ama, que él lo está esperando. ¿Cómo se ve el evangelio, hermano?

Esto habla sobre el poder de la gracia para transformar la vida del creyente. Esto exhorta a los creyentes a dejarse educar por la gracia y a guardar la esperanza. Reprende, no aceptes como excusa ni el momento de sus vidas, ni sus muchas ocupaciones. Si han sido objeto de la manifestación de Cristo, deberían vivir de acuerdo a ella. El evangelio es la buena noticia de que Dios ha manifestado sobre nosotros su gracia, de que su gracia nos capacita para vivir de una manera piadosa y que nos impulsa a esperar que nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo volverá otra vez. Oro por la iglesia para que sea la gracia lo que nos defina.