Si se han dado cuenta, en gran parte de este año he estado considerando con ustedes exposiciones de cartas de las que se llaman cartas pastorales. Esta misma carta a Tito la consideré desde el capítulo 1 y hasta el capítulo 3. Cuando estábamos todavía en la UFE, tuvimos una serie de sermones solamente orientados a Tito. En aquel momento yo estaba más enfocado en las cualidades que debe tener el liderazgo de la iglesia y también en cómo se debe manifestar la doctrina cristiana y adornar la vida tanto de los ancianos como de las ancianas, de las mujeres jóvenes, de los hombres jóvenes y de todos los miembros de una congregación. Leímos esta porción de la Palabra del Señor, pero no tuvimos una exposición dedicada a ella.
Y entiendo que es el corazón de esta carta. Los versículos que van del 11 al 14 en esta pequeña carta pastoral son el corazón completo de esta exposición. De algún modo también es propicio por lo siguiente: hemos estado en la escuela bíblica considerando diferentes historias del Antiguo Testamento, comenzando en el libro de Génesis. Y toda la Biblia tiene un hilo conductor. Este hilo conductor que aparece en la Escritura desde Génesis hasta Apocalipsis es la redención del hombre. Parte de la Escritura que hemos estado considerando, por ejemplo, el llamamiento de Abraham, también la salvación de Noé, y todas estas historias del Antiguo Testamento apuntan hacia su culminación por medio del sacrificio de Cristo.
Se nos dice en la introducción que la gracia, y gracia significa capacidad de actuar por pura benevolencia, es uno de los atributos inherentes a la persona de Dios. Esto porque su gracia ha estado siempre presente de forma general, con su paciencia, con su provisión y en su plan de redención. Los grandes acontecimientos de la antigüedad, y les menciono algunos: la restauración del hombre después de la caída. Recuerdan lo que hizo el Señor después que el hombre cayó, dice que sacrificó un animal y le vistió con las pieles de estos animales. Ese cordero que allí se estaba sacrificando, de algún modo es un símbolo de Cristo y anunciaba que en determinado momento de la historia, así como el Señor sacrificó un animalito para vestir a Adán, el Señor iba a sacrificar el Cordero perfecto para vestirnos a todos nosotros.
Luego también vemos la salvación de Noé y el mismo Señor dice que así como Noé levantó un arca y se salvaron él y su familia, así mismo Cristo ha sido levantado para salvación de todos nosotros. Del mismo modo un hecho del Antiguo Testamento es la elección de Abraham. Tanto así que el Señor le dijo: sal de tu tierra y de tu parentela, y la elección de Abraham nos habla a nosotros de nuestra propia elección en Cristo. La constitución de Israel como nación, y así como el Señor constituyó un pueblo en la antigüedad, así mismo hoy ha constituido para Él una nación santa, un real sacerdocio, un pueblo que Él se ha adquirido para sí mismo, para su deleite. También la liberación de su pueblo de la tierra de Egipto nos habla a nosotros de nuestra propia liberación del mundo. O sea que todos estos sucesos del Antiguo Testamento son símbolos, son imágenes, son tipos de una manifestación gloriosa de la gracia del Señor que eventualmente se habría de manifestar.
Todos estos hechos, también su posterior restitución, fueron evidencia de la gracia de Dios y apuntaban simbólicamente a un momento histórico que había permanecido velado. La gracia de Dios alcanzaría su momento cumbre y se manifestaría en un hecho sin precedentes, esto es la encarnación de Cristo para salvación de todos los hombres, constituyendo con quienes la acepten un pueblo propio, celoso de buenas obras. Hoy estudiaremos la doctrina de la gracia desde la perspectiva de la iglesia local.
Lectura de Tito 2:11-14 y estructura de la gran oración
Acompáñenme en sus Biblias, leamos Tito 2 desde el 11 y hasta el 14. Dice así la Palabra del Señor:
Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras. Esto habla, y exhorta y reprende con toda autoridad. Nadie te menosprecie.
— Tito 2:11-14
En esta porción de la Escritura, que es una sola oración, si ustedes analizan desde el versículo 11 y hasta el versículo 14, no hay en medio un punto. O sea que todo esto en el original es una gran oración, una oración inmensa donde el apóstol Pablo está hablando en todas estas partes de un mismo tema. El mismo tema es la manifestación de la gracia del Señor. Yo recuerdo cuando estuve predicando de esto hace unos meses, había una porción de esta oración que no me hacía sentido. Recuerdo que leía la primera parte de la oración y decía: yo entiendo la primera parte, pero la segunda como que no tiene que ver una cosa con la otra, y no había tenido luz al respecto de esto.
Todavía ayer yo dediqué gran parte de las horas del día a estudiar esta porción de la Escritura y no entendía cuál era la relación que tenía la gracia del Señor con la parte siguiente de esta misma oración inmensa. Orándole al Señor, creo que me ha dado luz al respecto de esto y puedo entender ahora cómo toda esta larga expresión del apóstol Pablo habla del mismo tema. El mismo tema es la manifestación de la gracia del Señor. Si quieren anotarlo, la primera parte de esta gran oración nos habla del propósito que tiene esta gracia. La segunda parte de la misma oración nos habla de cómo opera esta gracia en nosotros. La tercera parte de la misma oración nos enseña cómo se consumará finalmente esta gracia. La cuarta parte nos habla de cómo esta gracia se hace evidente en la vida de los cristianos.
Si quieren anotarlo, veo hermanos tomando nota, les recuerdo: la primera parte de esta misma larga oración nos habla acerca del propósito de esta gracia, y el propósito es la salvación de todos los hombres. La segunda parte nos habla de cómo opera esta gracia, y esta gracia opera enseñándonos a guardar algunas cosas y a evitar otras. La tercera parte nos enseña cómo esta gracia se estará consumando; la consumación de esta gracia es una esperanza bienaventurada en la segunda venida de Cristo. Y la cuarta parte nos habla de cómo esta gracia se hace evidente, y se hace evidente por el perdón de nuestros pecados, por nuestra purificación y al mismo tiempo al constituirnos en un pueblo santo ante el Señor y celoso de buenas obras.
Como hacemos siempre, antes de pasar a considerar ahora detenidamente este pasaje, les invito a que oremos. Cierren sus ojos y nos encomendamos delante del Señor. Mire esta oportunidad que tenemos, Señor, de exponer a la luz de esta porción de la Escritura la que debe ser, Padre, sin duda alguna, tu doctrina más majestuosa. Míranos a nosotros como tu iglesia, que estaremos hoy estudiando cómo tu gracia se ha manifestado a favor nuestro. Y cómo no, Señor, te pedimos también que si aquí hoy hay personas que todavía no te conocen de manera personal y que esta preciosa gracia no ha sido eficaz para la vida suya, permite que hoy también sea día de salvación.
Permite que aquellos que estamos aquí congregados, Señor, ya somos beneficiarios de esta maravillosa gracia tuya que ha perdonado nuestros pecados. Permítenos entender esto de manera más precisa, de manera más completa, y permite que aquellos, Señor, que todavía no son beneficiarios de tu sacrificio, de tu preciosa gracia, permite que lo sean. Acompáñanos. Te pedimos todas estas cosas en el nombre de Jesús. Amén.
Definición y propósito de la gracia: salvación para todos los hombres
Consideremos, hermanos, la manifestación de la gracia del Señor. Comienza el apóstol diciendo de la manera siguiente: porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres. En esta primera parte nos expresa cuál es el propósito de la gracia del Señor. Lo que significa gracia, de manera sencilla, es un don no merecido. El término gracia significa que a ti te han dado algo lo cual tú no estabas ni siquiera esperando ni eras merecedor. Se dice que alguien actuó con gracia cuando no tenía nada que buscar y aun así sacrificó algo importante. Te dan la gracia cuando le dan a una persona un plazo que ya se venció. La persona esperó, pasó el tiempo, el plazo se cumplió, se venció, y ya cuando el plazo se venció le dijeron: se ha vencido el plazo, pero te vamos a dar una gracia.
Algo que tú no merecías, algo con lo que tú no estabas contando, pero algo que te dan por benevolencia, por pura benevolencia. A eso se llama gracia. La Escritura nos dice a nosotros en esta primera parte de la misma porción que la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres. La expresión “manifestado” es una palabra clave en todo este texto, y lo que dice esto en el original es algo que hasta ese momento había estado velado, pero que existía. Nosotros somos privilegiados porque podemos entender hoy la doctrina de la gracia del Señor a lo largo de toda la revelación, pero estos sucesos han estado presentes desde el comienzo de los tiempos. La intención que ha habido en el corazón de Dios es que en un momento de la historia su gracia, que había sido anunciada, se iba a manifestar.
Metafóricamente, quizás lo que transmite el texto es algo que está debajo de un velo. El velo ha sido quitado, esto ha sido develado y ya podemos considerarlo en su justa dimensión. Esto nos dice a nosotros que la gracia del Señor no es un accidente. Nos dice que la gracia del Señor es algo que había sido diseñado por Él y una intención que había en su corazón de redimir a todos los hombres desde el comienzo de los tiempos. Pero sin embargo, nos dice ahora que por la gracia de Dios se ha manifestado. La palabra manifestado significa que a partir de este momento se hace completamente evidente. ¿De qué hablaba Dios cuando le sacrificó un cordero a Adán? ¿Qué era lo que recordaba el pueblo de Israel cada vez que tenía que hacer sacrificios recurrentes? Todo esto anunciaba que en un momento de la historia iba a haber un Cordero perfecto que iba a ser inmolado por todos nuestros pecados.
¿Cuál es el propósito de esta gracia? Es la salvación de todos los hombres. ¿Cuál es el sentido que tiene el término salvación? Salvación significa liberación física, significa rescate, significa provisión urgente. El término llegó a tener una connotación frente al pecado, pero el término salvación, antes de que tuviera esta connotación, significaba que un salvador era una persona que rescataba a otra. Por ejemplo, Abraham fue el salvador de Lot. Lot fue hecho prisionero, él fue y le rescató. Eso es lo que significa el término general de salvación: rescate, liberación física, provisión urgente. Es que tú estás muriendo de inanición y aparece una persona y te sirve comida y te logra rescatar de la muerte. Ese es un salvador.
Ahora, hay un sentido particular o un sentido especial en que el término salvación se utiliza en las Escrituras, y es cuando habla de la liberación, del rescate y de la provisión espiritual, específicamente frente al pecado. Hay tres grandes problemas que el hombre tiene, y estos grandes problemas que el hombre tiene todos son solucionados por medio de Cristo. Primer problema de la humanidad: la humanidad es esclava del pecado. Miren, cuando alguien está considerando la vida cristiana se hace la siguiente pregunta, se dice: ¿y yo podré ser un cristiano? Es más, hay personas que están postergando hacer una decisión por Dios porque dicen: yo no quisiera decir que soy cristiano y después entonces terminar avergonzándome porque no pude comportarme como un cristiano.
La noticia que les daré es que la verdad es que tú no puedes ser un cristiano en tus propios medios. No, nunca podrás hacer la voluntad del Señor, pero cuando el Señor viene a ti por medio de su gracia, el Señor te capacita para hacer su voluntad. Y aquí hay un dilema, ya que las personas están esperando y dicen: yo voy a esperar tener un poquito de fuerza, y que yo pueda dominar tal vicio; cuando yo pueda dominar ese vicio, entonces yo me hago cristiano. Es lo inverso. Por la gracia del Señor, cuando tú te haces cristiano recibes una liberación del pecado, porque eres esclavo del pecado, porque no puedes dejar de pecar por tus propias fuerzas.
Salvación: liberación del pecado, comunión con Dios y esperanza eterna
La gente dice: yo, a partir de este momento, no hablo mentiras, a partir de este momento no hago ningún acto deshonesto. Ya ahí has cometido un pecado contra ti mismo porque te estás mintiendo. Ningún ser humano tiene capacidad para lidiar con el pecado. El pecado es un problema para el ser humano irresistible; solamente por la sangre de Cristo nosotros tenemos liberación del pecado. ¿Qué significa salvación? En primer lugar significa que hemos sido libertados del poder del pecado. El pecado ya no tiene un poder irresistible sobre nosotros. Entonces ahora me preguntan los hermanos: Pastor, pero yo sigo luchando. Yo soy un cristiano, pero yo siento… Hermano, sí, vas a morir luchando. Lo que significa es que no vas a morir perdiendo.
Un cristiano lucha con el pecado, pero el cristiano tiene capacidad para enfrentar el pecado en el nombre del Señor. Es más, dice la Escritura que tú tienes una naturaleza renovada. Anteriormente eras incapaz de resistir el pecado. Ahora puedes resistir el pecado. ¿Qué diferencia hay entre el hombre natural —y me refiero por el hombre natural al hombre que todavía no ha recibido del Señor milagrosamente una nueva naturaleza—, que aunque quiera no podría hacer la voluntad del Señor, y el que ha sido renovado? Primera concepción del término salvación en el aspecto espiritual es que has sido salvado de la esclavitud del pecado por medio de la liberación milagrosa del Señor. En el momento cuando llega Cristo, lo primero que recibes del Señor es una capacidad especial para hacer su voluntad. Recibes una vitalidad especial para hacer la voluntad del Señor.
Segunda concepción: anteriormente estabas separado de Dios. Y la gente dice: pero yo me siento que estoy muy cerca de Dios. No es como tú te sientas, es como tú estás. El problema en las relaciones no es lo que tú tienes en la mente, sino lo que hay entre las partes. Veía ayer una película de un hombre que llegó un momento que tenía una situación y ya no tenía relación con sus hijos, y él se preguntaba: ¿en qué momento perdí la relación con mis hijos? Tú no te diste cuenta, pero esa relación se perdió hace años. Dice la Escritura que por el pecado de un hombre vino maldición para todos los hombres y que estás separado de Dios. Lo que sucede en este tiempo es que la gente tiene una idea de Dios que es irreal, y como el dios que tiene es el dios que tiene en su mente, dice: yo tengo comunión con Dios. Sí, tú tienes comunión con el dios que tú creaste en tu mente, es como el dios personalizado.
Pero el Dios que hizo los cielos y la tierra y los sustenta no tiene comunión con el hombre pecador. Es imposible que estés cerca de Dios porque estás muerto en delitos y pecados, y Dios es espíritu. Por eso, dice la Escritura, que los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que le adoren. Antes de venir a Cristo estabas muerto en tu pecado, no tenías comunión con Dios. ¿Qué significa salvación? Salvación significa que tú, que habías estado separado de Dios, ahora has sido acercado milagrosamente a Dios y con Dios tienes comunión. Esto parece muy raro, pero la gente tiene que entender que a menos que tenga la salvación provista por la gracia del Señor, como dice la Escritura: porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, a menos que tengas eso no tendrás comunión con Dios. Estás separado.
Pero la cosa que es más preocupante de todo esto es que hay una tercera gran necesidad del ser humano. Dentro de ti hay una condena que está esperándote, se llama perdición eterna. El destino que le espera a los malvados, dice la Escritura, ese es su destino eterno. Es un lugar donde no van a poder eludir el castigo. Leíamos una porción, lo leíamos también en la lectura bíblica devocional; se mencionó el tema: lo que le está esperando al malvado es la destrucción. Será condenado a una eternidad fuera de Dios en el infierno. Tercer aspecto de la salvación: la salvación nos dice que nosotros antes teníamos perdición eterna y ahora tenemos esperanza eterna.
Dice esta primera parte de la porción: porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres. ¿Para qué es que se ha manifestado? Para liberación del pecado de todos los hombres, para que tengan comunión con Dios todos los hombres y para que tengan esperanza de vida eterna todos los hombres. Sigo en el mismo texto: ¿cuál es la interpretación correcta de esto que dice “todos los hombres”? Algún ingenuo dirá: bueno, pero si el Señor proveyó de salvación para todos los hombres, no hay nada que hacer porque ya lo tenemos. No. Dice la Escritura que la salvación es un regalo del Señor, y los regalos se reciben. Usted tiene que recibir el regalo del Señor.
Por eso dice la Escritura que por fe Abraham salió de su tierra. Él salió a recibir el regalo del Señor y creyó en esperanza contra esperanza. El sentido correcto del texto, lo que esto quiere decir, es que hay salvación para todos los hombres sin distinción de su sexo, sin distinción de su clase social y sin distinción de su etnia. Miren, el cristianismo es un asunto muy novedoso. Hace dos mil años las religiones eran asuntos étnicos y los etíopes tenían su religión, y los judíos tenían su religión, y los samaritanos tenían su religión, y los griegos tenían su religión, y los romanos tenían su religión, y cada etnia en el mundo tenía su religión.
Salvación para todos los hombres: universalidad sin universalismo
Ahora Cristo dijo que su liberación no es para una etnia, no es para un pueblo, sino que es para todos los hombres sin distinción. Y se sabía también en la antigüedad que la religión que tenía el patriarca de la casa era la religión de todos los de su casa. Y si el marido tenía una religión, esa era la religión de su mujer, y si el padre tenía una religión, era la religión de sus hijos. El cristianismo es novedoso en eso también porque te dice: un hijo en una casa donde todos están en perdición eterna, donde todos están alejados de Dios, donde todos son esclavos del pecado, un hijo en esa familia puede ser salvo.
Y hay casos en nuestra iglesia de hijos que vinieron al Señor antes que sus padres, porque hay salvación para todos los hombres. Para que papá se convierta es un asunto individual, es un asunto que se trata de tu relación ante el Señor. Esto es deseable, es hermoso que una familia entera sirva al Señor, pero hay casos de hermanas que han servido años al Señor antes que el Señor alcance a su marido. Y hay casos de hermanos que han tenido que servir al Señor durante años esperando que el Señor alcance a su mujer. ¿Qué significa esto de “salvación a todos los hombres”? ¿Cuál interpretación de esto es que no hay una distinción? Que todos los hombres pueden ser salvos sin importar lo que crea tu papá, como se usaba antes.
Hasta tiempos, digamos, setecientos años atrás, todavía un emperador podía decir cuál era la religión de sus súbditos. Y hay casos muy curiosos donde había personas que cambiaban de religión hasta dos veces por mes. El rey se hizo tal cosa, somos de eso; ahora el rey cambió, el pueblo entero iba cambiando. Salvación para todos los hombres sin importar donde tú estés, esa es la salvación en el sentido de la universalidad de la salvación del Señor. Al mismo tiempo tengo que decirles que esto tiene también una distorsión de esta doctrina que se expresa en dos extremos. Cuando dice la Escritura aquí “a todos los hombres”, algunos lo interpretan como universalismo, o sea que si Cristo ya ofreció salvación para todos nosotros, sin importar lo que hagamos con nuestra vida, entonces ya somos salvos. Eso no es lo que dice la Escritura. La salvación es para todos los hombres en el sentido de que no hace distinción, no hace acepción de personas.
Hay otros que limitan la salvación. Hay una falsa doctrina que se desprende del calvinismo, especialmente en algo que le llaman la doble predestinación, que dice que ya el Señor determinó no que todos los hombres, sino que hay una sección dentro de todos los hombres que el Señor ya los determinó para salvación, y hay otra sección de todos los hombres que ya el Señor los determinó para perdición. Eso se llama determinismo. Y así como hace un daño tremendo el universalismo, también el determinismo. Hay muchas congregaciones que al día de hoy dicen: si el Señor te determinó para salvación, ya no importa lo que tú hagas, ya tú fuiste determinado por el Señor para salvación. Ambos son extremos y distorsiones de la doctrina de la gracia.
¿Cuál es el sentido de “todos los hombres”? Que todos los hombres, sin importar el lugar donde estén, sin importar su país, sin importar su edad, sin importar su raza, sin importar su color de piel, sin importar su clase social. Señores, en el cristianismo primitivo el esclavo a veces llegaba a ser diácono de la iglesia donde su amo solamente era miembro. Una locura ante los hombres, ¿no es una locura eso? En casa, el que limpiaba el piso, ese llegaba a la iglesia junto con su amo, y en la iglesia era el diácono. Es salvación para todos los hombres, hermanos. El cristianismo es una religión universal.
Dos distorsiones de la doctrina de la gracia son dos extremos: por un lado el universalismo y por otro lado el determinismo. Primer asunto que aprendemos en este texto es el propósito de la gracia del Señor. ¿Cuál es el propósito de la gracia del Señor? La salvación de todos los hombres. Y por salvación nos referimos a la liberación del poder del pecado, nos referimos a tener una comunión renovada con Dios y nos referimos a una esperanza de vida eterna. Ahora lo que más me llama la atención de este pasaje es que dice también cómo opera esta gracia. Dice que opera de la manera siguiente: opera enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente.
Esto también es algo sorprendente. El regalo que el Señor te ha dado es un regalo que se recibe racionalmente. La palabra “enseñándonos” es una palabra clave. Cuando uno se hace cristiano, el cristianismo de algún modo es una religión de aprendizaje. Por eso, si ustedes buscan la historia, cuando el mundo entero era analfabeto, ¿saben quiénes comenzaron proyectos de alfabetización mundial? Los cristianos. Miren, la escuela bíblica dominical como tal, cuando comenzó en sus orígenes, ¿saben cuál era el objetivo de la escuela bíblica dominical? Enseñar a los niños a leer con la Palabra de Dios. O sea que los cristianos hemos tenido históricamente una vocación de que la gente entienda, aprenda a leer, aprenda a escribir.
¿Por qué? Porque es que la gracia del Señor se manifiesta enseñándonos. Y cuando una persona sabe leer y escribir es más fácil que entienda la enseñanza cristiana. Es más, hay gente que dice: yo nunca había leído tanto hasta que me hice cristiano. Sí, cuando uno se hace cristiano uno se inscribe en una escuela. Miren, en el día de Pentecostés el Espíritu Santo inauguró una escuela, y lo que hizo fue que la gente deseara con pasión escudriñar la revelación de la Palabra del Señor.
Cómo opera la gracia: enseñanza, renuncia y deseos transformados
Dice aquí que la manera en que opera la gracia no es por ósmosis. Cuando tú te hiciste cristiano no fue como que ya yo me hice cristiano y ya yo soy un hombre piadoso. No. Tú aprendiste a ser piadoso. Por eso dice la Escritura que nosotros tenemos que escudriñarla constantemente. Les enseñé primero el propósito de la gracia: el propósito de la gracia es la salvación de todos los hombres. Ahora quiero enseñarles cómo opera la gracia de Dios en nosotros. La gracia de Dios en nosotros opera por medio de la enseñanza. “Enseñándonos” es la palabra clave.
Mira, tú te hiciste cristiano porque el Espíritu Santo te permitió entender. Yo predicaba ayer de esto con un énfasis especial. Le decía a los hermanos que, si acaso una persona entiende la Palabra de Dios, la entendió porque el Espíritu Santo se lo permitió. Es más, dice la Biblia que antes de venir a Cristo tú tenías el entendimiento entenebrecido. La Biblia como tal hay gente que la lee y no la entiende. Y dicen: tanto que dicen de esa Palabra, pero la hermosura y el significado espiritual que esto tiene uno lo entiende a medida que camina en los caminos del Señor. Es más, que cuando uno comienza a leer las Escrituras después de cristiano uno no tiene el mismo entendimiento que con el paso del tiempo. A uno se le va abriendo la mente a las Escrituras, uno entiende la doctrina y uno ata cosas.
Yo recuerdo cuando yo sentí por primera vez el Espíritu Santo obrando en mi entendimiento para que yo entendiera esto. Yo no quería despegarme. Eran los tiempos de Balaguer cuando no había luz. Yo me recuerdo con una lámpara, tomando anotaciones, haciendo genealogías en mi casa. Yo tenía hambre. ¿Qué estaba sucediendo? Estaba sucediendo que el Espíritu Santo estaba abriendo mi entendimiento. ¿Tú quieres que la gracia del Señor opere en ti? ¿Tú quieres saber qué es lo que tú tienes que esperar? Que cuando la gracia del Señor comienza a operar en ti vas a comenzar a entender la Palabra de Dios. Dice “enseñándonos”, y nos enseña dos cosas a evitar y tres cosas a cultivar.
La impiedad, ¿qué es la impiedad? Cualquier cosa que ofenda a Dios. ¿Y cómo tú supiste qué ofendía a Dios? Porque te lo enseñó la Escritura. Sí, el Espíritu Santo redarguye tu corazón. Miren, después que tú te haces cristiano hay cosas que antes no te molestaban, pero ahora te molestan. Hay cosas que antes eran como pecata minuta y tú dices: ¡guau, y cómo era que yo participaba en esas cosas! Es que anteriormente tenías tu conciencia, dice la Escritura, que la tenías cauterizada. ¿Qué hace el Espíritu Santo para enseñarnos? Esa expresión “la conciencia cauterizada” yo se la expliqué una vez. Un cauterio era con lo que marcaban los animales en la antigüedad. Se calentaba un sello y se lo ponían a la vaca, y ahí eso hacía un callo. Y donde se hacía un callo no se sentía.
Tú podías pinchar la vaca donde pusieron esa estampa y la vaca no sentía porque se le hizo un callo. Es como la cachaza del pie. Algunas personas se cortan caminando descalzos y no se dan cuenta; cuando ven la sangre dicen: ¿qué sucedió? Es que el pie, por el contacto con el suelo, se vuelve insensible. Dice la Escritura que hay gente que tiene la conciencia como la cachaza de un pie. No sienten. Y tú le dices: pero hermano, mira lo que dice la Escritura, que uno no debe buscar esas cosas, y ellos dicen: yo no me doy cuenta. Y cómo es que tú te sientes tan agraviado por eso. No es una sencillez, es que ante el Señor se ofende.
¿De qué manera opera la gracia del Señor en nosotros? Enseñándonos, en primer lugar, a renunciar a la impiedad y a cualquier cosa que ofenda a Dios, y en segundo lugar, comienza a filtrar nuestros deseos. Cuando te haces cristiano, tú comienzas a desear cosas distintas. Y anteriormente tú anhelabas cosas que lo que terminaban era en perdición, y ahora tú anhelas cosas que terminan en edificación. Sigan en el orden de la misma oración. Primero dice que la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, pero cómo opera esta gracia es enseñándonos. Enseñándonos a qué: a renunciar a la impiedad y a los deseos que son deseos mundanos.
Dice la Escritura textualmente: “enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente”. Recuerden, hermanos, que la gracia del Señor no opera como de manera mágica. Hay gente que ve los caminos del Señor como algo místico; eso no es cristianismo, eso es paganismo. Yo tengo cierta sospecha por una persona que se hace dizque cristiano y ya como que su vida es distinta de un momento a otro. Eso no sucede así. Miren, la vida cristiana es una vida de santificación y tú comienzas en cero y llegas a cien.
Cuando tú ves a una persona que dice que se convirtió y al otro día dice: ya yo, no, porque ya yo… No, porque tú todavía ni siquiera sabes lo que es piadoso y lo que no es piadoso. ¿Cómo es que se renueva la vida de un cristiano? Esto es un asunto progresivo. Tú vas escudriñando la Palabra del Señor y tú te vas pareciendo cada vez más a Él. Es muy raro que una persona te diga: yo hoy comprometí mi vida a Cristo y ya mi vida es cien por ciento distinta. Eso no es verdad. El mismo Pedro, después de caminar tres años al lado del Señor, todavía estaba tirando su asunto como de foul.
Sobriedad, justicia y piedad: fruto visible de la gracia
¿Me entienden? ¿Cómo es que opera la gracia del Señor en ti? La gracia del Señor opera en ti enseñándote lo que es una vida piadosa y a renunciar a toda la impiedad y filtrando tus deseos. Sí entiendo que cuando uno viene a los caminos del Señor tiene como una cierta pasión, como una emoción por las cosas del Señor, eso es cierto, pero calma. ¿Qué sucede con eso? Que hay que tener precaución. Si tú vienes a los caminos del Señor y entregas a Cristo hoy tu vida, no esperes como que de un momento al otro todo se resolvió. No. Porque así como tú te estabas degenerando, ahora te vas regenerando. Y así como anteriormente ibas bajando, ahora vas subiendo.
¿Cómo es que opera la gracia del Señor en ti? La gracia del Señor te va a enseñar a renunciar a la impiedad y a renunciar a los deseos mundanos. Y esto sucede, hermano, como que tú tienes una nueva aspiración. Y tú dices: yo antes lo único que pensaba era en asuntos que daban deleite carnal, ahora yo pienso en lo que es un deleite espiritual; ahora yo me imagino que la vida tiene que ser algo más. Dos cosas a evitar: la impiedad y los deseos mundanos. Y tres cosas a cultivar: primera cosa que tenemos que cultivar, sobriedad; segunda cosa que tenemos que cultivar, justicia; tercera cosa, piedad.
Eso es como una tríada, y ambas cosas nos hablan de lo que es la vida en 360 grados. La sobriedad tiene que ver contigo mismo, la justicia tiene que ver con tu prójimo y la piedad tiene que ver con Dios. La gracia del Señor no es un misterio, no es un asunto como que está velado. Hay gente que piensa que hacerse cristiano es como algo: ya, yo soy cristiano, me siento cristiano. No. Es un asunto intencional de que tú aceptas el regalo de la gracia del Señor y el regalo de la gracia del Señor comienza a operar en ti, enseñándote a renunciar a la impiedad, a renunciar a los deseos mundanos y a cultivar la sobriedad, a cultivar la justicia y a cultivar la piedad.
¿Qué es un hombre sobrio? Definición básica: alguien que tiene el control de sí mismo. Pero tú dices: yo ahora mismo tengo control de mí mismo. No. A ti te controlan tus deseos, a ti te controla el mundo, a ti te controlan las modas. ¿Cómo va el mundo, así vas tú. ¿Cómo es una persona antes de venir a Cristo? Es como una chichigua que va donde la lleve el viento. ¿En qué uno se da cuenta cuando comienza a crecer en la vida cristiana? Porque llega un momento que la multitud va a la derecha y tú te quedas aquí parado, y tú dices: yo no voy, porque soy sobrio. Antes de venir a Cristo, una persona va donde la lleva el viento.
Ahora un cristiano es llamado a ser un hombre sobrio, que no es movido fácilmente de un lugar al otro por modas pasajeras. ¿Qué es un hombre sobrio? Es un hombre que mide sus palabras. Cuando uno viene a Cristo, como que a uno le parece tan mal ser indiscreto. Y habla menos. Ya que antes como que la conversación de un cristiano es otra conversación. Esa cháchara de conversación que el mundo celebra, esa conversación ligera, uno en casa se siente incómodo. Uno sigue participando por amor, pero llega un momento como que la conversación ligera del mundo a ti te molesta. Tú dices: yo hablaba tantas de estas cosas y ni cuenta me daba.
Un hombre de Dios en quien se ha manifestado la gracia del Señor, el Señor le ha enseñado a dejar la impiedad, a dejar los deseos mundanos y a ser un hombre sobrio. Un hombre que no se deja dominar por nada. ¿Cómo es dominado un hombre antes de venir a Cristo, antes de tener la gracia del Señor? Lo dominan los vicios, las pasiones. Yo reconozco que antes de que el Señor operara en mí un proceso, yo era presa de la ira. ¿Y cómo yo era presa de la ira? Que cuando yo sentía que me habían faltado, yo reaccionaba, y eso se me salen mis tiros de vez en cuando todavía. Ahí me recordaba Lilian que tuvimos una diligencia una vez, que una profesora nos insultó y dijo unas cuantas cosas. Bueno, me ponían un dedo y yo devolvía para acá. Yo recuerdo una puerta en mi casa en Lucerna que tiene un hoyo que yo le di una trompada; a la puerta le abrí un hoyo, dominado por la ira.
Cómo yo me doy cuenta que la gracia del Señor está operando en mí: que en la misma circunstancia, el día de hoy, yo la veo de manera distinta y ya no le doy trompadas a las puertas. Mido más mis palabras. Yo me deleitaba en ofender. A mis tíos, a mis primos, a cualquier persona mayor yo le decía cosas despectivas. Y era reconocido en mi familia como el desobediente, el soberbio, y eso siendo un niño. Y yo me imagino ahora, si yo le pongo a eso unos cuantos años, ¿dónde iba a terminar mi vida siendo presa de la ira? El Señor me sacó de allá por su gracia.
Hay hombres que han sido presa de una rigurosidad donde se sienten exaltados. Eso se llama gente “cuadrá”. Hay otras personas que dicen: no, yo cuando ponga las cosas ahí, que no me las muevan ni a la izquierda ni a la derecha porque yo la puse ahí. Esos son hombres cuadrados, eran presas de ellos mismos. Un hombre sobrio le mueves las cosas y dice: mira, me gustaría que estén ahí. ¿Tú tienes alguna razón para moverlas? Bueno, pues déjala allá. Pero si te molesta mucho, déjala donde tú entendiste, pero tampoco el otro es presa de ese asunto.
¿Quién es un hombre en quien ha operado la gracia del Señor? Se manifiesta en sobriedad. Tiene control de sí mismo. Cuando le faltan, no se siente como que tiene que insultar; no tira trompadas, no sale explotando. Un cristiano maneja distinto en la calle. Mira cómo maneja el impío, queriendo empujar los carros con la bocina, manoteando y demás. Un cristiano, cuando le roban el turno, está mal hecho, pero él dice: amigo, pase por ahí. Usted puede entender cuál es la manifestación, cómo opera la gracia del Señor en ti.
Lo primero es que la salvación es para todos los hombres; ese es el propósito de la gracia: salvación para todos. Lo segundo es la operación de la gracia, hermano: enseñándote a renunciar a la impiedad, a los deseos mundanos y a cultivar la sobriedad. Tengo que moverme, pero le doy ñapa en sobriedad. ¿Cómo se movía anteriormente tu ser? Cada día tú tenías una convicción nueva. Hoy tú entendías que el horóscopo, mañana que tal curandero, después que Walter Mercado, después que la suerte, después que el destino. Un cristiano tiene un camino firme, por ahí camina, y la gente te dice: no, es a la izquierda. Y tú dices: no, por ahí va la Palabra del Señor, porque la Palabra del Señor es recta y permanece para siempre. Gloria al Señor.
Justicia, piedad y la esperanza bienaventurada
Tengo que moverme, hermanos. Dos cosas a evitar: la impiedad y los deseos mundanos. Y tres cosas a cultivar: primero la sobriedad, después la justicia. Por regla general un cristiano, que vive en un mundo doblado, hace las cosas de manera derecha. El mundo está lleno de injusticia, hermanos. Casi es imposible al día de hoy tener una convivencia social sin cometer injusticia. Y esto es algo un poco desesperante y por eso anhelamos la manifestación gloriosa del Señor, porque ahora mismo vivir en un mundo doblado con justicia es difícil.
Para las cosas más básicas en esta ciudad hay algo doblado que hay que hacer. Para casi todas las cosas aquí hay que hacer cosas que no van del lado de la justicia. Vivir una vida de rectitud en medio de un mundo caído, ese es nuestro llamado, y qué difícil es. Miren, desde los estudios hasta las profesiones y los negocios, hacer cualquier cosa en esta tierra de manera justa, diciendo: yo cultivo la justicia a pesar de que vivo en un mundo injusto. Eso es difícil, pero es el llamado de un cristiano. Pero no solamente la justicia que a ti te conviene, sino la justicia de los otros. Por eso el cristiano ha sido llamado a defender los intereses de la persona, a que a cada quien se le dé lo que corresponde.
Mira, vamos a hacer tal cosa, pero estamos faltando a fulano; eso no es lo justo hacia él. Y tú dices: pero eso es contigo. No, no es conmigo, pero yo hago que prevalezca la justicia. Y hay veces que tú tienes que delatar gente, y hay veces que tú tienes que hablar, tienes que levantar la mano por el justo, por el oprimido, por el que le están faltando a sus derechos. La sobriedad tiene que ver contigo mismo, en tu corazón. La justicia tiene que ver con tu relación con el prójimo: yo no hago algo en contra de esa persona porque no es justo, yo no permito que se haga eso porque está faltando a la justicia.
Lo tercero tiene que ver con Dios, todo lo que es piadoso. ¿Qué es una vida piadosa? Es una vida de buscar y andar en la voluntad del Señor. Tú no sabías eso, eso te lo enseña el Señor por gracia. Eso tú no lo aprendes porque te lo memorizaste. Dice la Escritura —tengo que leer el pasaje para que vean que estamos todavía en lo mismo—:
Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente.
— Tito 2:11-12
Ya he agotado dos de los primeros puntos, ¿verdad? Les he enseñado el propósito de la gracia. ¿Cuál es el propósito? Salvación universal. Y lo segundo, cómo opera la gracia: enseñándonos a evitar dos cosas y cultivar tres. Paso ahora al tercer punto: ¿cómo se consuma esta gracia? Esta gracia se consuma con algo que la Escritura le llama “la esperanza bienaventurada”. Dice así la Palabra del Señor:
Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.
— Tito 2:13
Hermano, ¿por qué a esta esperanza se le llama esperanza gloriosa, esperanza bienaventurada? Miren, va a llegar un momento en la historia, así como llegó el momento de la gracia que la gente no sabía cuándo era. Abraham no sabía estas cosas y llegó. Noé no lo sabía y llegó. Moisés no lo sabía y llegó. Adán no lo sabía y llegó. Llegó un momento en que la gracia del Señor comenzó a operar de manera universal para la salvación de todos los hombres.
Ahora llegará un momento de consumación, y lo que es la experiencia del ser humano ahora mismo es como dos grandes fronteras: por un lado, la manifestación de la gracia del Señor, y por otro lado, la manifestación de la gloria del Señor. Ahora mismo somos nosotros beneficiarios de la gracia del Señor que opera para salvación, pero llegará un momento en que todos los ojos verán la gloria de Cristo manifestado.
¿Y por qué esto para nosotros es esperanza? Miren, va a llegar un momento que, cuando el Señor se manifieste, nos va a dar a nosotros una nueva naturaleza. ¿Usted sabe la chulería que sería usted poder servir al Señor con un cuerpo glorificado que no esté sujeto a las pasiones de este tiempo? Va a llegar un momento que, cuando el Señor se glorifique, nos va a glorificar a nosotros también y tendremos una nueva naturaleza que no tendrá esta inclinación al pecado que tenemos hoy.
Hermano, cualquiera se desespera de esta luchita que uno tiene por dentro. Decía el apóstol Pablo: hay una lucha en mi interior. Decía él: la carne se rebela contra mí. Y decía Pablo: ¡oh, miserable de mí! Pero un cristiano vive en este desasosiego de mantener la carne aplacada, de decir: vamos a hacer la voluntad del Señor, cuerpito, vamos a glorificar a Cristo. Va a llegar un momento en que el Señor se va a glorificar y te va a dar una nueva naturaleza. Por eso es una esperanza gloriosa y bienaventurada.
La consumación de la gracia y la manifestación de la gloria de Cristo
¿Por qué se llama bienaventurada la esperanza? Porque cuando Cristo venga Él va a inaugurar una nueva creación. Dice la Escritura que todo esto va a ser destruido y el Señor va a inaugurar su reino terrenal. Y en ese reino terrenal del Señor sí prevalecerá la justicia. ¿Usted sabe lo bueno que será usted habitar en un mundo donde no haya injusticia? Usted mira a la derecha, justicia; al frente, justicia; a la izquierda, justicia. Usted habitar, hermano, en una tierra justa, esa es la esperanza bienaventurada.
Y más que esto, hermano: cuando el Señor se manifieste podremos disfrutar de su presencia física. Ahora mismo disfrutamos de su presencia espiritual, de tener una comunión espiritual con el Señor, pero ¿usted sabe lo que será usted ver al Señor cara a cara? ¿No es esta una esperanza bienaventurada? Claro que lo es. ¿Cómo se consuma la gracia? Se consuma con la segunda venida de Cristo y será una venida gloriosa, donde esto que comenzó a operarse ya no lo tendremos parcialmente, sino que lo tendremos concretamente. Por eso dice la Escritura que el Señor al final va a completar la obra en nosotros.
Les he enseñado cuál es el propósito de la gracia: la salvación de todos los hombres. Les he enseñado cómo opera la gracia, enseñándonos a evitar dos cosas y a cultivar tres. Y les he enseñado cómo se consuma esta gracia. Esta gracia se consumará, tendrá como su momento cúspide, su momento final, en la segunda venida de Cristo, cuando todo lo que ahora mismo lo tenemos parcialmente lo tendremos completamente.
Paso a la cuarta parte y la última: ¿cómo se evidencia esta gracia? Miren que hay un gran dilema, y es que hay gente que dice que ya tiene la gracia del Señor, pero la gracia del Señor no se evidencia. ¿Cuál es la evidencia de esta gracia? Lo dice la Palabra. Leo el pasaje completo:
Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.
— Tito 2:11-14
¿Cuál es la evidencia de esta gracia? La evidencia de esta gracia, en primer lugar, es el perdón de tus pecados. Es esa tranquilidad en la conciencia: el Señor ha perdonado tus pecados y tú sientes que hay paz con Él. Por eso decía el apóstol Pablo regularmente: yo tengo limpia conciencia delante del Señor, porque sé que mis pecados han sido perdonados.
¿Tú te has sentido alguna vez —no me respondas, es una pregunta retórica— que le has faltado a alguien? Quizás alguien te prestó algo y tú no se lo has devuelto y tú no quisieras encontrarte con esa persona porque tienes mala conciencia. Quizás alguien te encontró a ti diciendo una cosa por la otra y tú no quisieras mirarle a los ojos porque sabes que tienes mala conciencia. El pecador huye de Dios porque sabe que su conciencia misma le da testimonio de que no está en paz con Dios.
Ahora, cuando el Señor ha borrado, ha redimido toda tu iniquidad, tú puedes disfrutar de una limpia conciencia. Esa es la primera evidencia de la gracia del Señor que ha operado en ti. ¿Cuál es la segunda? Dice la Escritura: “y purificar para sí un pueblo propio”. Un cristiano tiene que verse a sí mismo y decir: mira, yo no soy todo lo que puedo ser, pero soy mejor de lo que yo era ayer. Hay cosas en mí que pueden ser distintas, las hay, pero cuántas cosas en mí hay que ya son de una manera diferente.
Un cristiano tiene que poder mirar su comportamiento, mirar sus deseos y decir: la gracia del Señor ha operado en mí. En mis propias fuerzas era imposible que yo lo lograra. Un cristiano mira su conversación, un cristiano mira sus pensamientos, un cristiano considera su accionar y dice: soy distinto. Y cuando dice “soy distinto”, está diciendo: hay evidencia de que la gracia del Señor se ha manifestado y ha operado en mí de manera eficaz.
Conciencia de pueblo, buenas obras y contraste con el legalismo
Ahora, hay una tercera cosa que evidencia que la gracia del Señor operó en ti, y es que tienes conciencia de pueblo. Hay un hambre especial en ti por buscar al pueblo de Dios. Dicen que la sangre jala y que la sangre pesa, eso es verdad. Hay un deseo de tú buscar, hay un deseo de tú preguntarte: ¿dónde están mis hermanos? En el momento que tú te haces cristiano, tú comienzas a entender el valor que tiene la reunión de una iglesia local.
Hermano, a mí me hace falta. Yo no estoy un domingo en Santo Domingo y yo busco una iglesia donde ir. Es más, yo voy a cualquier pueblo y yo estoy mirando: mira, allí hay hermanos míos, allí hay hermanos míos, una iglesia, una iglesia, una iglesia. Yo disfruto eso. ¿Por qué lo disfruto, hermano? Porque tengo conciencia de pueblo. Dice el Señor que cuando su gracia opera en ti, Él te ha adquirido para que seas un pueblo santo y celoso de buenas obras. Y donde quiera que hay cristianos, son como que jalan. Tú estás parado y pasa una hermana con una Biblia y tú tienes que decirle: Dios te bendiga, porque ese es de los míos.
¿Usted puede entender lo que es eso? Como que la sangre pesa, que tú te encuentras con un cristiano y tú tienes tema de conversación. ¿Cómo es que opera la gracia en nosotros? Dice: “para purificar para sí un pueblo propio”. Yo también soy pueblo, soy pueblo del Señor. Y tú te encuentras con un hermano que sea de cualquier otra iglesia que predique sana doctrina y tú estás hablando: dime, hermano, ¿qué tal? ¿Y qué tú estás haciendo? Hay un gozo especial en la comunión de los cristianos. Eso el impío no puede verlo.
Es más, una evidencia de que la gente comienza a entender los caminos del Señor es quizás cuando se ha congregado en una iglesia y, de verdad, le dice: aquí como que hay algo, y yo quiero volver para la iglesia. Yo como que quisiera volver, y los cánticos y los testimonios, y ya como que eso que estoy viviendo como que tiene sentido. Es que ha comenzado a operar en ti la gracia del Señor y se hace evidente.
¿Qué más dice? Todo eso son evidencias de la gracia del Señor. El otro elemento: “buenas obras”. Se me fue el tiempo, hermanos, y lo resumo rápido. ¿Qué son buenas obras? Lo primero es que las buenas obras son aquellas obras que el Señor ha indicado. Lo segundo: las buenas obras siempre glorifican al Señor. Y tercero: las buenas obras se hacen con la actitud correcta. La salvación es por gracia del Señor, es algo por benevolencia. Sin embargo, la gracia del Señor se expresa por medio de buenas obras.
En el momento que tú te haces cristiano, tu caminar es distinto. Esas buenas obras, en el momento que tú te haces cristiano, comienzan a operar con misericordia; son buenas obras. ¿Cuál es la diferencia entre estas buenas obras y las obras que tiene el catolicismo romano? Que el catolicismo romano te dice que tú serás salvo siempre y cuando tú hagas buenas obras. Ahora, dice la Escritura que serás salvo siempre y cuando aceptes el regalo del Señor. Pero, una vez aceptas el regalo del Señor, el regalo lucirá a través de ti en buenas obras.
No son cosas que las haces tú para Dios, son cosas que Dios hace a través de ti. Esa es la diferencia. El catolicismo te enseña que, siempre y cuando tú des limosna, siempre y cuando tú hagas tal cosa, siempre y cuando tú hagas benevolencia, entonces tú serás acepto ante la presencia del Señor. El Señor te dice a ti que, antes de tú venir a Él, todas tus obras son como trapos de inmundicia. Ahora, como el Señor ha manifestado en ti su gracia, esto se expresa y tú quieres obrar con buenas obras. Pero las buenas obras de un cristiano son una consecuencia de la salvación, no la causa. ¿Cuál es la causa? La gracia.
Termino con esto, hermano. Tú te preguntas —quizás hay personas aquí que están reunidas— que dicen: yo quisiera que la gracia del Señor, que fue anunciada desde los días de Noé, desde los días de Abraham, desde los días de Israel, desde los días de Moisés, yo quisiera que esta gracia que fue avistada desde lejos hoy se manifestara en mí. ¿Qué se hace? Se recibe el regalo. Hay otro grupo de personas aquí que dice: yo quisiera que la manifestación de la gracia del Señor sobre mí sea todavía más evidente. Para que sea más evidente tienes que rechazar dos cosas y cultivar tres.
Cierren sus ojos un momento. Yo oro por las personas en sus diferentes momentos. Quizás hay personas aquí congregadas hoy que por obra milagrosa del Espíritu Santo esto les hizo sentir. Quizás hay personas que están congregadas aquí que por primera vez escucharon predicar la Palabra del Señor y esto les hizo más sentido que nunca. Eso es evidencia de que el Señor está operando en ti su gracia. La gente quiere escuchar la voz de Dios. Si tú escuchaste hoy la predicación de su Palabra y entendiste, has escuchado la voz de Dios.
Dice la Escritura:
Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones.
— Hebreos 3:15
Si escuchaste la predicación y entendiste, esto significa que tu entendimiento ha comenzado a aclararse. Si esto te hizo sentido, significa que la gracia del Señor comenzó a operar en ti, se ha hecho manifiesta. Es tan sencillo como que tú le digas al Señor: Señor, yo recibo el regalo que tú has dado por gracia. Puedes hacer una corta oración ahí con tus palabras. Te puedo indicar cómo hacerlo. Tú le dices: Señor, yo escuché que hoy se predicó tu Palabra, yo he escuchado hoy tu voz. Te pido que tu gracia opere en mí, que perdones mis pecados, que me aceptes como tu hijo, que escribas mi nombre en el libro de la vida.
Pídele al Señor las tres cosas que da la salvación. Dile al Señor: devuélveme la comunión contigo. Pídele al Señor: dame una nueva naturaleza y dame una esperanza de vida eterna. Si tú has hecho esta oración, no hay duda, eres parte de la familia de Dios, de este pueblo santo, celoso de buenas obras que el Señor está levantando. Dice la Escritura:
El que creyere y fuere bautizado, será salvo.
— Marcos 16:16
En nuestra iglesia estamos disponibles para acompañarte hasta las aguas. Un cristiano es una persona que cree la Palabra del Señor y que se bautiza.
Oro por mis hermanos. Señor, permite que en la Iglesia Evangélica Pez Mundial se haga evidente tu gracia. Permite que en esta iglesia haya gente que intencionalmente rechace cosas y que intencionalmente cultive cosas. Aleja, Señor, el pensamiento mundano, aleja, Señor, al mismo tiempo la impiedad de nosotros. Permítenos ser gente sobria, ser gente justa y ser gente piadosa. Si aquí hay personas, Señor, que hoy escucharon el evangelio, permite que permanezcan hasta el final para tu gloria. En el nombre de Jesús. Amén.