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Entendiendo la gran comisión

Mateo 28:18-20

Cristo resucitado, con toda potestad en el cielo y en la tierra, nos envía a ir, hacer discípulos, bautizarlos y enseñarles a guardar todo lo que Él ha mandado. La Gran Comisión es un mandato universal, continuo e imperativo para cada discípulo, sustentado por su autoridad y su presencia constante.

Predicado20 de octubre de 2013
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

A través de tu Santo Espíritu, discernimiento, provee, Señor, comprensión. Abre nuestro entendimiento espiritual de par en par para entender tu Palabra. Te encomiendo a cada persona aquí congregada, Señor. Mira que no es cualquier cosa lo que estamos exponiendo, Señor, que son tus palabras, ordenanzas directas. Permite que tu Palabra, Señor, hoy predicada, produzca en nosotros el efecto necesario. Permítenos entender, permítenos obedecer. Sé tú con nosotros en este tiempo. En el nombre de Jesús, amén.

Evangelio de Mateo, capítulo 28. Leamos los versículos que van desde el 18 y hasta el versículo 20. “Entendiendo la gran comisión”. Dice así la Palabra del Señor. Y Jesús, esto es Jesús ya resucitado, y Jesús se acercó y les habló diciendo, les habló a sus discípulos:

Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

— Mateo 28:18-20

Dice nuestra introducción que el paso previo para obedecer es haber entendido bien la orden y su propósito. No es sabio el sirviente que se apresura a cumplir con el mandato de su Señor sin antes haberse detenido a escucharle con el fin de entenderle correctamente y captar toda su intención. La orden más contundente dada por Cristo a sus discípulos fue la comisión de ir a hacer discípulos. Tan importante fue esta orden, esto es, por el momento en que fue dada, que fue al final del ministerio terrenal del Maestro.

En el reencuentro con sus discípulos antes de la ascensión, por la forma directa e imperativa en que se dio y por su breve contundencia, que recibe el nombre de Gran Comisión. Al dar la orden, Cristo también indicó la forma y los medios en que tendría que ser cumplida. Hoy nos detendremos a analizar este mandato palabra tras palabra, con la intención de que, luego de haber entendido, podamos pasar a cumplirlo, llenando así las expectativas de nuestro Señor.

El mandato, esta porción de la Escritura, no lo dice la Biblia así, no es que la Biblia dice “esta es la Gran Comisión”. Sin embargo, los traductores de la Escritura, cuando pusieron los epígrafes que aparecen arriba y la nombraron, asimismo la llaman “La Gran Comisión”. Yo estuve investigando a partir de qué momento a esta porción de la Escritura se le comenzó a llamar así y no pude encontrar el momento preciso, pero hace años que los primeros cristianos, cuando comenzaron a traducir la Biblia, pusieron que esa porción de la Escritura ellos le llamaron así, le llamaron la Gran Comisión.

¿La gran ordenanza o el gran mandamiento? No significa esto que sea esta porción de la Escritura más importante que todas las demás, otras ordenanzas del Señor, sino que, por el momento en que fue dada, por la forma en que fue dada, por cómo resume toda la ordenanza de Jesús y porque fue dada por el Señor justo antes de su ascensión. Y si esperamos que el Señor, durante 3 años enseñó, que lo último que le dijera a sus discípulos fuera esto, al parecer el Maestro tenía la intención de que esto se quedara muy fresco en su mente. Por eso se le llama la Gran Comisión. Y quisiera dividir esta porción de la Escritura en diferentes partes para que la vayamos analizando palabra tras palabra con la intención de entenderla.

Lo primero es que la Escritura comienza diciendo: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra”, y esto, hermano, no está ahí de forma casual. Yo tengo el convencimiento de que cada palabra que consta en las Escrituras fue seleccionada por el Espíritu Santo con fines determinados, que nada aquí hace falta y nada aquí sobra, y que el Señor dijera inicialmente que toda potestad le fue dada antes de dar la comisión nos dice a nosotros algo. Quiero detenerme a que analicemos cuál es la fuente de esta ordenanza, cuál es la fuente: la plena potestad que fue recibida por el Señor en su ascensión, después de su resurrección, tanto en el cielo como en la tierra. ¿Qué significa esto? Lo primero es: toda potestad para enviarnos.

La autoridad de Cristo como base del mandato

Lo que está diciendo aquí el Señor es: en este momento, recuerden que en su encarnación, dice el libro de Hebreos, que el Señor había descendido y que se había humillado, pero ya Cristo levantado dice: “Ya que tengo toda la potestad, entonces te envío”. ¿Qué tiene esto que poner en tu mente, hermano? Que la Gran Comisión es un imperativo. El Señor con toda potestad, el Señor que te creó, el Señor al cual está sujeta toda la creación, es el Señor que te está enviando. Tiene toda potestad para enviarnos, pero no solamente esto, también dice que tiene toda potestad, y cuando dice toda potestad, se infiere que es toda potestad para ayudarnos a llevar a feliz término esta misión que nos está dando.

Toda potestad para convencer al hombre de pecado, toda potestad para libertar a los cautivos, toda potestad para establecer un nuevo pacto. Un nuevo pacto universal, un nuevo pacto que es superior al de Adán, al de Abraham y al de Moisés. Quizás los judíos, escuchando a Jesús dando esta comisión, lo primero que iban a decir, yo me imagino un judío: “¿Cómo va a ser que el Señor nos esté enviando ahora a todas las naciones?” Quizás decía un judío: “El Señor siempre nos envió al pueblo de Israel, ¿cómo será ahora que el Señor nos está enviando no solamente a los judíos, sino a todas las partes de la tierra?” El Señor que inicialmente te dijo que fueras a los judíos, ahora que tiene toda potestad, te está enviando a todas las partes de la tierra.

En esto Cristo está como reafirmando su credencial. Yo escuché hace mucho tiempo una historia de unas tierras por La Romana que habían sido invadidas, y una persona de esta familia, un heredero fidedigno, fue a los tribunales de la República Dominicana, echó el pleito y ganó la potestad sobre esa tierra. Eso rodeaba toda La Romana, le llaman por ahí las tierras de María Rubio. Este hombre fue a los tribunales, luchó para demostrar que era el dueño fidedigno de esas tierras, y ¿sabe qué dice? Un juez le dio sobre esas tierras toda potestad. Cuando el juez le dio toda potestad sobre esa tierra, entonces buscó un desarrollador, hicieron los planos; eso estaba lleno de casas, eso estaba lleno de propiedades, pero ellos hicieron los planos y dijeron que iban a urbanizar. “¿Que si allá vive la gente? A urbanizar. ¿Que si hay casas que tienen tres niveles? Bueno”. Entraron grúas, destruyeron todo aquello.

Pero hicieron una urbanización. ¿Y qué sucedió allí? Que a ese hombre se le dio toda potestad sobre esa tierra. Si él tiene toda potestad sobre esa tierra, sin importar el ordenamiento anterior que esa tierra tiene en ese momento, él tiene la autoridad para hacerlo. Hermano, la Gran Comisión es una comisión extraordinaria y Cristo está diciendo: “Quien está dando la nueva comisión es este que tiene toda potestad en el cielo y en la tierra. Yo puedo hacerlo”. No hemos entrado todavía a considerar el mandato, pero el Señor está diciendo: “Yo, que ya no hay nada que no se sujeta a mí, arriba y abajo, yo soy el que estoy estableciendo el mandamiento. Toda potestad me es dada. Estas son mis credenciales”.

Hermano, la Gran Comisión es tan importante porque no fue un mandato dado por el Señor cuando estaba aquí, en su humillación entre nosotros, cuando nos dio las bienaventuranzas. No. Ya Cristo resucitado, con toda su gloria, todo su poder, nos dice: “Toda potestad me es dada. Soy yo que lo estoy diciendo”. Si acaso tú tienes algún prejuicio de que el Evangelio no es para alguien, soy yo que lo estoy diciendo. Si acaso tú tienes alguna duda de que el Evangelio puede crecer desmedidamente por todas las partes de la tierra, soy yo que lo estoy diciendo. La Gran Comisión, hermano, no es solamente una enseñanza más, es una enseñanza dada en el contexto de “toda potestad”. Asimismo comienza: “Toda potestad me es dada”.

Hermano, la Gran Comisión choca contra fuerzas espirituales. El maligno se opone a que el Evangelio se predique. Dirán los discípulos: “¿Y qué somos nosotros para cumplir la Gran Comisión? ¿Y qué somos nosotros para ir por este mundo que está atado?” Dice la Escritura que el enemigo los tiene atados. “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra”, así comienza la Gran Comisión. “Yo tengo los medios, yo tengo la fuerza, yo tengo la autoridad, yo puedo hacerlo, yo puedo imponerme”. ¿Cuál es la metáfora de esto, hermano? Es una persona que ha conquistado tierra. Imagínense a Napoleón, imagínense algún grande de la antigüedad que conquista territorios, y cuando conquista territorios, entonces promulga un edicto y diga: “Toda potestad tengo sobre esa tierra, por tanto yo digo que la lengua es esta. Toda potestad tengo sobre la tierra, por cuanto digo que el gobierno es este”. Cristo glorificado y levantado está diciendo: “Toda potestad me es dada”. Hermano, yo me emociono cuando pienso en mi Maestro de esta manera.

Cristo glorificado y nuestra identidad como embajadores

La gente está acostumbrada a ver a un Cristo que, como dice asimismo la Escritura, dice que él se despojó, se despojó de sí mismo, y está ahí la grandeza suya, en que se hizo semejante a los hombres. Ya este que está aquí no es aquel Cristo en su encarnación que se hizo semejante a los hombres, no. Es un Cristo, hermano, previo a su ascensión, lleno de gloria, lleno de poder, levantado de entre los muertos, que está diciendo: “Toda potestad”. Cristo hablaba distinto. Mire, si ustedes analizan el Cristo de los evangelios y analizan el Cristo de Apocalipsis, parecen dos Cristos. Es que el Cristo de los evangelios es el Cristo encarnado, hecho hombre, humillado. Ahora podríamos decir: el Cristo de la ascensión es el Cristo glorificado, que está lleno de toda autoridad.

A mí me emociona esto, no sé a ustedes, hermano, porque es una porción de los evangelios donde ya Cristo no está enseñando como “de aquí estamos y todos somos hombres”, no. Cristo está enseñando en su plena potencialidad, y ahí está diciendo: “Toda potestad”. Hermano, estamos por decir ahora lo que es la Gran Comisión, pero antes de pensar la Gran Comisión, piensa esto: ¿quién te envía? Es el que todo lo puede en el cielo y en la tierra. Quien te envía es el que puede enviar a cualquier hombre sobre el cielo y sobre la tierra. Quien te envía tiene toda potestad. Y esto hace que la Gran Comisión tenga un tonito especial, porque no son las simples recomendaciones de “si ustedes pueden”. No es “si ustedes pueden”. “Toda potestad”.

Por eso dice la Escritura que nosotros somos embajadores. ¿Quiénes son embajadores? Alguien que está representando una potencia de esta tierra ante otra, y dice: “Yo tengo una carta credencial”. ¿Y quién tiene esa carta credencial? Alguien que tiene toda potestad. La Gran Comisión no es solamente salir y predicar y decir: “Ah, mira…”. No, no. La Gran Comisión es salir, hermano, con toda la dignidad del mundo que da salir encomendado por este que tiene toda potestad.

Primera parte de esto: dice el Señor: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra”. Y entonces concatena esto con un “por tanto”, y nos dice que lo que viene a continuación depende de lo que dije anteriormente.

Es “por tanto” significa: escuchen lo que ahora digo, pero véanlo a la luz de lo que acabo de decir. “Como toda potestad me es dada en el cielo y la tierra para mandarles a ustedes, para quebrar fortalezas”, como dice, fortalezas espirituales. ¿Ustedes creen que predicar el Evangelio es una cosa sencilla? No. Usted está enfrentando al enemigo de la luz. Le llaman el príncipe de este mundo, el príncipe usurpador. Hermano, cuando usted predica el Evangelio en el contexto de “toda potestad”, está diciéndole a las fuerzas de las tinieblas, donde hay un gobierno usurpado que ha desplazado a Dios de la sociedad, usted le está diciendo: “Tú, usurpador, yo vengo a predicar encomendado por aquel que tiene toda potestad”.

Pues nos da a nosotros una valentía extraordinaria. Pero es cierto: Satanás es el príncipe de este mundo porque es un príncipe, es un príncipe usurpador. Es alguien que quitó el trono de Dios y se puso él de manera espuria, pero él no tiene la autoridad. Ahora hay uno que tiene toda potestad y nos dice ahora él: “Por tanto…”. Aquí en el “por tanto” nos dice la forma en que lo cumpliremos. De la Gran Comisión, “por tanto”, dice: “Como toda potestad me es dada, por tanto, ahora sí: id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado”.

Con qué continúa la Gran Comisión. Comienza con la fuente de la ordenanza, que es toda la potestad, y después nos dice tres cosas que la iglesia tiene que hacer. Lo primero es ir y hacer discípulos.

“Id”: llamado continuo, imperativo y universal

Ese “id”, cuando se traduce al español, no hay una palabra que esté en el idioma de los originales que transmita la plena idea de lo que significa ese “id”, pero ese “id” en el original está en un presente continuo. Esto significa que no es un solo viaje, no significa que es un asunto estático. Es algo que es como “yendo”, como yendo constantemente. Lo que les está diciendo es: “Vayan vez tras vez tras vez, manténganse yendo”, sería una aproximación. Es un presente continuo.

Nos está diciendo: “Miren, hagan todo lo posible para que mis derechos, que me habían sido usurpados por estos ocupadores, sean reconocidos en toda mi potestad, yendo, yendo, yendo”. Nos está hablando aquí de la predicación, y nos habla como de un llamado continuo, un “yendo”, un “id”. Hermano, a veces en el primer “id” como que nos detenemos. Es como “yendo” constantemente, un llamado continuo, pero también un llamado imperativo. No es “si ustedes pueden, cuando salgan, háganlo”. No, no, no. Es aquel que tiene toda potestad para establecer su reino. No es “si ustedes lo logran”, no. “Id, haced…”. Es tan imperativo, hermano, que es distinto. No habla el Señor: “Bienaventurado aquel que…”, no, no. No es bienaventurado; es “id, haced”. O sea, es el Señor en su plena potestad que está hablando.

Es como: “Muévanse, háganlo”. Es la predicación con un llamado continuo, con un llamado imperativo, con un llamado universal: “a todas las naciones”. Esto era algo que no causaba mucha emoción, porque, miren, en el siglo primero las religiones eran de ideales locales. Los fenicios tenían el suyo, los romanos el suyo y los griegos tenían la suya, y era algo hasta ofensivo decirle a una nación que aceptara los dioses de otra nación. Y lo que aquí Cristo está diciendo es: “Miren, esto no es un asunto local de que es para judíos y entre ustedes”. No. Esta es la verdad, es la verdad universal para todo el mundo. Y cuando ustedes vayan a hacer discípulos, la misma requisición que hay para un discípulo de Cristo en la Grecia, en Roma, en Santo Domingo, es la misma requisición. “Id, haced discípulos en todas las naciones”. Es un llamado universal, no local.

Miren el primer reto que enfrentó el cristianismo. ¿Cuál fue el primer reto del cristianismo? Que querían hacer del cristianismo una secta de los judíos, no aceptarlo como algo aparte. Y cuando el cristianismo despegó, los judíos decían: “Ah, no, pero es que ustedes no son una cosa nueva, ustedes son un subdepartamento del judaísmo como tal. Los fariseos como tal, los saduceos como tal, aquellos…”. ¿Cuál fue el primer pleito que tuvo el cristianismo? La naturaleza de un “id a todas las naciones”, y ¿saben quién dio ese pleito? El apóstol Pablo. Pablo encabezó un “ir, un ir”, y cada vez como que Pablo se iba más lejos y volvía, se iba más lejos. Y llegó un momento que Pablo se fue lejísimo, y cuando volvió: “Pablo, ¿y dónde tú estabas predicando? —A los gentiles. —¿Ajá, y para los gentiles también?” “Id, haced discípulos por todas las naciones”. Esto no es para un grupo étnico, esto es para todo el mundo.

No hay nación alguna sobre esta tierra que no requiera que se le vaya a decir “id, id, id” y hacer discípulos en medio de ellos. ¿Qué ha demostrado el cristianismo en 2000 años de historia, hermano? Que esto es algo que es atemporal, que funciona en clima fresco, funciona en clima frío, funciona en los climas más cálidos, funciona en las islas, funciona en los continentes. Hermano, el cristianismo es para todo el mundo. No es para un grupo, no es para un pueblo, el cristianismo es universal. Nació de forma universal.

Pero esto no siempre era así. Inicialmente en su ministerio Él decía: “Yo estoy llamado inicialmente a las ovejas perdidas de la casa de Israel”, y les decía: “No vayan donde los gentiles, vayan primero a donde los judíos”. Ahora, ¿qué dice Cristo en este momento? Él dice: “A todas las naciones”. Esto significa que no hay exclusividad, que no hay uno que esté fuera de la gracia del Señor. Pero al mismo tiempo es un llamado a atraer. Miren, el cristianismo es una religión proselitista. Una de las características de nosotros es que reclutamos gente.

Una religión misionera y para todos los discípulos

Hay religiones que son estáticas. Si usted fuera samaritano, los samaritanos tenían un híbrido ahí entre judaísmo y algo suyo, pero para tú aceptar esa religión tenías que haber nacido de un samaritano. Era algo étnico. Los samaritanos no hacen proselitismo. Los cristianos sí. Los cristianos tenemos la vocación de ir a otros, sin importar que haya nacido católico, sin importar que haya nacido testigo de Jehová, sin importar que haya nacido mormón, sin importar que haya nacido metodista o de cualquier otro lugar, le decimos: “Tú tienes que ser un discípulo de Cristo y esta es la verdad”. Nosotros somos proselitistas. El cristianismo es una religión misionera.

Es más: cristianismo y misión, esas son dos cosas que van de la mano. Si usted es cristiano, usted es misionero. No es algo como que: “Ah, eso es para algunos”. No, hermano, va de la mano de nuestro llamado: “Id por todas las partes del mundo”. ¿Qué más sabemos de esto? Que es un llamado general. Le hago la pregunta: ¿se lo dijeron a Pedro, se lo dijeron a Juan, se lo dijeron a Tomás? ¿A quién se lo dijeron? A todos los discípulos de Cristo. Un gran problema que tiene la cristiandad en este tiempo, hermano, que yo siento, y cuando digo “cristiandad” a veces estoy hablando de mi iglesia local, uno piensa como que el mundo es su parroquia. No es así. Nuestra iglesia local es como que: “Ah, bueno, eso es para algunas personas que van, y otras personas estamos aquí”.

El mandato de “id y haced discípulos” fue dado a todos los discípulos de Cristo. Si eres un discípulo, debes traer otro discípulo de Cristo. Ese proselitismo es algo que tenemos que hacerlo. Y usted me pregunta: “¿Y cómo debemos hacerlo, Pastor? ¿Vamos los pastores, los contratados, con megáfono?” Miren, háganlo con lo que el Señor le haya dado, pero hagan discípulos.

Yo estaba analizando, mientras preparaba esto para predicarlo, que yo como que he perdido esa pasión, hermano. Yo recuerdo cuando me gradué del bachillerato, yo iba a la iglesia y recibía hasta fajos de tratados así, los sellaba y cogía para los hospitales, cogía para la cancha de Lucerna, me paraba ahí en la salida del Víctor Manuel para darle tratados a la gente.

Y de verdad, después uno dice: “Ah, que los tratados, que la gente toma el papelito, ese lo envuelve y lo bota…”. Hermano, si usted no tiene otra cosa que un tratado, aunque sea, pero haga algo. Parte de su llamado es “id, haced discípulos a todas las naciones”. Viene otro y dice: “Esa gente con los megáfonos deberían dejar de estar con los megáfonos, porque tal cosa…”. Si usted tiene una manera mejor, hágalo. Pero si usted no está dispuesto a hacerlo personalmente, deje que aquel, por lo menos, lo haga con el megáfono.

“Ah, que eso de contar testimonios en la calle, que eso es contraproducente”. Miren, muchas cosas, según uno, pueden ser hasta contraproducentes, pero yo le diré que ese que está haciéndolo, ese quiere cumplir la ordenanza de su Maestro. La ordenanza de su Maestro fue: “Id y haced discípulos”.

Cristo no nos dijo que lo hagamos por un medio o por el otro, Él dijo: “Y cuando vayan, vayan a todas las naciones”. Algo que ha sucedido aquí también: que comienzan, hermano, y me dice: “Pero es que yo no tengo visa, Pastor, ¿cómo yo voy a ir a todas las naciones? Ni tengo la visa ni tengo el pasaje”. Yo siempre les cuento la anécdota de que en el seminario vinieron unos misioneros, unos canadienses, creo que eran, no sé de qué parte eran del norte, y vinieron al seminario a animarnos con las misiones. Estaban, hermano, miren, nos motivaron con esto de ir a hacer discípulos. Yo estaba ya como: “¿A dónde hay que ir? ¿Dónde es que hay que ir?” Yo estaba así como efervescente.

Y un compañero mío levanta la mano y dice: “Oiga, a mí me parece genial, yo siempre he querido ser un misionero del Señor. ¿Ustedes nos dan alguna facilidad para que nos den la visa, nos ayudan con el transporte, el alojamiento?” Y estos misioneros se miraron y dijeron: “Oye, mira, es muy interesante que tú tengas la vocación de ir a hacer discípulos y qué bueno que tú quieras ir a algún lugar, pero ustedes tienen ahí Haití, que está al lado de ustedes, y es un lugar donde no hay muchos misioneros”. Y eso fue como un balde de agua fría. “Ah, bueno, Haití, sí, sí, pero yo había pensado que…”

Mire, hermano, la vocación de todo discípulo de Cristo debe ser ir tan lejos como el Señor se lo permita. Sin embargo, antes de usted estar pidiendo lugares donde se requiera visa, vaya al colmado, vaya a su casa, vaya a su familia, vaya a su colegio, vaya a su liceo, vaya a su universidad. Es más: nadie debería orar por ir más lejos cuando no haya agotado ir hasta donde sus piernas se lo permitan.

“¿Tú quieres ir más lejos? Gloria al Señor por la vocación que hay en tu corazón, pero ve ejercitándote”. Me gusta que Marcos lo dice a sí mismo: les dijo primero Jerusalén, después Judea, después Samaria y después hasta lo último de la tierra. El asunto es que los hermanos quieren comenzar por lo último de la tierra y después llegar a Jerusalén. No. Es un llamado a ir, un llamado a ir a todas las naciones, entre ellas la República Dominicana.

Puede seguir manejando, salir por todas las partes del mundo, incluido Santo Domingo, Haina, Azua, La Vega. Hermano, no pida por ir por aire donde usted no puede ir por tierra. A mí me gusta de los viajes misioneros del apóstol Pablo, hermano, que Pablo iba donde los medios se lo permitían, pero él se iba caminando. Miren, Pablo caminó a pie kilómetros, kilómetros, y cogió barco también de vez en cuando, que era el medio de transporte de la época.

Sí, quedó náufrago varias veces, pero esta es la forma en la que cumplimos lo primero: la predicación. Hermano, vaya hasta donde sus piernas se lo permitan, y cuando ya sus piernas no le permitan ir más allá, órele al Señor para que le permita ir más lejos. La vocación de todo cristiano es ir, ir.

Aplicando el “ir” en lo cotidiano y el llamado al bautismo

Ahora, cuando te vas donde el vecino, te estás yendo; cuando vas al colmado, te estás yendo; cuando vas al trabajo, te estás yendo. No aspires a recorrer kilómetros y más kilómetros cuando tú no puedes recorrer ni siquiera un metro. Algo que le doy gracias al Señor que Él me ha permitido es ir a “mi Gentil”, a mi familia, por ejemplo. Mi “id” en estos años, en gran medida, ha sido un “ir” donde mis familiares. He predicado donde mi familia, y le doy gloria al Señor por esto. Tú no tienes familia en Cristo, ¿cuántos de los tuyos están muertos en delitos y pecados? ¿Y cómo estás yendo? “Bueno, que yo quisiera que me den un canal de televisión, y yo quisiera que me den…” Hermano, vaya donde sus medios se lo permitan, y cuando le falte más espacio, ore al Señor por los medios.

Pero yo pienso que es imprudente orar para ir donde el varón macedonio que está con la mano levantada, cuando usted todavía no ha ido al vecino que tiene al lado suyo, que se le está muriendo. Me muevo un poco más.

Lo primero, la forma, hermano: la forma es yendo a predicar. Pero el Señor nos dice que no solamente hagamos esto, sino que les bauticemos. ¿Y qué tiene que ver el bautismo con la Gran Comisión y también con el discipulado? ¿Qué relación guarda entre el bautismo y ser un discípulo de Cristo? La relación más sencilla es la siguiente: el bautismo es la puerta de entrada al discipulado. Usted no puede ser un discípulo de Cristo si usted no se ha bautizado.

¿Qué relación esto guarda? Lo primero: su significado simbólico. Si tú me preguntaras: “¿Para qué la gente se bautiza?”, yo te diré: se bautiza para evidenciar públicamente algo que sucedió ya a lo interno. Estas aguas significan limpieza, el sumergirse totalmente en agua y levantarse significa que pasaste de muerte a vida. ¿Y por qué hay que bautizarse? El bautismo hace del discipulado un asunto inicialmente público.

Bien, Cristo no tiene discípulos secretos. Hay gente que lo sigue, ellos siguen en secreto a Cristo, pero Cristo no tiene discípulos secretos. Los discípulos de Cristo son públicamente reconocidos. Si tú eres un cristiano, no eres un cristiano en el contexto íntimo, de que “aquí yo estoy, no me vean”. Un cristiano se bautiza para decir públicamente: “Yo soy un cristiano y no me avergüenzo de mi fe”.

Hace que el discipulado sea un asunto público, pero también el bautismo hace que el discipulado sea un asunto determinado. El hermano dice: “Yo no sé si yo me convertí el domingo pasado, o me convertí este. Es que me dijeron que yo podía hacer una oración el domingo antepasado y yo la hice, pero yo no se lo dije a nadie, yo todavía no sé si yo soy un cristiano”. ¿Qué es lo que hace el bautismo? El bautismo hace que el discipulado y el comienzo del discipulado sea un asunto determinado con una fecha.

Quizás tú no sabes en qué momento fue que hiciste una oración o que sentiste una cosa o la otra, pero tú sabes que en un momento fuiste llevado a las aguas y ahí comenzó formalmente tu discipulado. El discipulado comienza con bautismo y el bautismo hace que esto sea algo determinado.

Al mismo tiempo, el bautismo es algo deliberado. Miren, la gente no se bautiza porque iba caminando por un lugar, había agua y yo caí, no. Eso no es el bautismo. Agua, agua sin una intención sincera, no produce bautismo. El bautismo no es como un asunto de: “Mira, yo iba caminando, entré ahí, dije: ‘Ya que entré, me zambullí, ya me bauticé’”. No, no, no. El bautismo es algo deliberado, es algo intencional, es algo meditado.

Yo siempre testifico que en el momento que a mí me iban a llevar a las aguas, hermano, yo estuve ahí pensándolo. Miren, cuando yo me inscribí en los talleres de membresía, yo lo hice con temor y temblor. La iglesia de Lucerna anunció: “Para los hermanos que se quieran bautizar, que se inscriban ahí en un listado y que vengan hoy a las 3:00 de la tarde”. Y yo estaba ahí pensando: “Oye, pero yo tengo tiempo visitando una iglesia, pero yo como que no soy un cristiano, porque yo no me he bautizado”.

Y estaba yo pensando en eso, y recuerdo que al final del culto yo fui donde el pastor, así, con miedo. Él estaba hablando con alguien, yo recuerdo la imagen, así estaba, y yo esperando que él terminara. Y le dije: “Pastor, usted anunció el bautismo, ¿usted cree que yo pueda ser bautizado?”. “Claro, Junior, que sí, ven hoy a las 3 de la tarde”. Hermano, yo fui a mi casa, y en mi casa todavía yo estaba pensando, porque yo sabía lo que era el bautismo.

La gente relaja con diferentes cosas, pero ¿usted sabe lo que yo sabía? Que el bautismo era algo que comprometía públicamente. O sea, “ah, pero que cuando yo me bautice entonces ya yo voy a ser públicamente un cristiano”.

El peso del bautismo y su carácter congregacional

Y yo fui, hermano, de que la vida se me hizo como un pantalón: “¿Me bautizo y hago la voluntad del Señor o sigo como voy, visitando una iglesia y viviendo como yo entienda que se puede vivir?”. Yo entendía que el bautismo comprometía. Y yo fui a las 3 de la tarde, comencé, me dieron un librito rojo, “Discipulado”, llené mi librito rojo y ya tú sabes. Y después me dieron discipulado en mi casa y ya llegó el momento del bautismo, hermano, y todavía yo estaba temblando.

Y llegamos a una piscina, yo recuerdo, tenía a mi hermano Rubén aquí, tenía aquí a otro hermano de allá de Lucerna, que, gloria al Señor, creo que ya se reconcilió con el Señor. Y estábamos ahí, íbamos a ser bautizados, y yo voy al agua, hermano, y yo temblaba. Entonces, vestiduras blancas, agua, gente mirándome. Hermano, ¿qué es lo que hace el bautismo? Hace que todo sea deliberado. Yo no me bauticé porque yo “me aparecí” ahí, no. Hermano, esto fue un asunto que yo lo medité y yo lo determiné. Yo dije: “Yo realmente soy un cristiano y voy a comprometer públicamente mi vida con Cristo y voy a ser un discípulo público de mi Señor”. Algo que fue intencional, no fue de que alguien me dijo.

Y que diga: “Mi mamá”. Mi madre me presentó al Señor y me instruyó en los caminos del Señor, pero mi mamá no me cargó y me llevó a las aguas. No. Un padre puede discipular a su hijo, pero la decisión de bautizarse es una decisión personal, intencional, deliberada. No es algo de que: “Ah, mira, yo creo que me puedo bautizar”. No, es algo… Un padre puede preguntarle a su hijo, un padre puede animar a su hijo, pero un padre no puede bautizar a su hijo: “Bautícenmelo”.

Mire, usted puede traerlo a la iglesia y hasta darle una pela, pero nadie se bautiza a pela. La gente se bautiza porque decidió bautizarse. Es algo deliberado, eso hace el bautismo. Pero también lo hace que sea concreto.

La obra del Espíritu Santo en la vida de uno, hermano, es algo medio místico, medio espiritual. Son cosas realmente espirituales, son cosas que no se ven por fuera. Usted no le toma una foto a la obra del Espíritu Santo. “Retráteme ahí el Espíritu Santo obrando para convencer al hombre de pecado, para regenerarlo ahora saliendo del lago…”. Usted le tira una foto y usted se ve usted, y usted mira ahí. Pero usted no ve eso.

Usted tiene un recuerdo de gente que le dice: “Mira, yo te dije que no te bautizaras…”. El bautismo hace que esto sea concreto, pero al mismo tiempo hace que sea congregacional. La gente no se bautiza ella misma: “Señor, mira, que me estoy bautizando, tuve…”. No. El Señor ha determinado que un cristiano bautice a otro cristiano.

No es de que: “Ah, que yo salí a la playa y me bañé, y también me bauticé”. No. Tú eres bautizado por tus hermanos que te reciben en la familia de Dios y te llevan a las aguas, tus hermanos. El bautismo es un acto congregacional, no individual. Es el punto de entrada.

La gente me dice: “Si yo no me he bautizado, entonces me voy al infierno”. Miren, hay solo una razón que yo veo en la Escritura de personas… Dice la Escritura así mismo: “El que creyere y fuere bautizado será salvo”. Son las dos cosas. Dice la Escritura: “El que creyere” —¿qué es creer? Creer que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios— y bautizarse, yendo públicamente a las aguas por una iglesia.

Bueno, hay un caso en la Escritura, que es el ladrón en la cruz, que aceptó al Señor clavado y no hubo tiempo para que se le ponga en el agua. Y el Señor le dijo: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”. Ahora, si usted tiene los medios para bautizarse, hágalo, porque si un cristiano se dice cristiano y no se ha bautizado, de entrada niega a Cristo. ¿O es que tú te avergüenzas de Él? ¿No es que acaso no quieres confesarle públicamente? Dice el Señor que si le confesamos públicamente delante de los hombres, Él nos confesará delante de su Padre que está en el cielo.

El primer asunto de la comisión, hermano, es ir a predicar. Lo segundo es que a aquellos que crean tenemos que bautizarlos y tenemos que bautizarlos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Mire, esto tiene unas consecuencias teológicas extraordinarias, y yo necesitaría otro sermón más para explicar todo esto, pero lo diré brevemente. Cuando usted es bautizado, usted tiene una plena identificación con la Deidad, a un punto tal que dice que el Espíritu de Dios viene a vivir adentro tuyo.

“Bautizándolos en el nombre…”. Tú dices: “Mira, cuando yo asumí el bautismo cristiano, estoy asumiendo que la muerte de Cristo es eficaz también en mí”. Dice que nosotros fuimos bautizados a su muerte y también seremos resucitados con Él en su resurrección. El bautismo te junta a ti, hermano, y todo lo que Cristo logró por ti es eficaz en ese momento. Cuando un cristiano es bautizado, todo lo que Cristo logró por él, las victorias de Cristo, son atribuidas a ti.

¿Qué es el bautismo cristiano? Tú entrar con Cristo en su muerte para levantarte con Cristo también en su resurrección. Ahí tengo que entrar, tarde o pronto, hermano, pero lo resumo ahí: una plena, una total, una completa identificación con la Deidad, con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo.

Enseñar a guardar todo: llamado intelectual del cristianismo

Luego de todo dice que tenemos que enseñar a la gente, no solamente, ¿verdad?, a ser discípulos, sino también que tenemos que bautizar esos discípulos y tenemos ahora que enseñarles a guardar todas las cosas. Aquí diré: el cristianismo es una religión de aprendizaje.

Nosotros no somos como los católicos, que a ustedes los hacen católicos, les entregan un crucifijo, una cuenca, un rosario para que cuente la bolita, y de que si hace eso muchas veces va al cielo. No. El cristianismo es una religión que comienza con razones intelectuales y se aplica a la vida diaria.

¿Usted cree que es casualidad que los cristianos fuimos los que inventamos el sistema educativo para enseñar a la gente a leer y a escribir? Es que necesitábamos eso para que la gente creciera en el conocimiento de Dios. ¿O usted cree que un analfabeto puede entender igual la doctrina cristiana que una persona que sabe leer y escribir? La iglesia asumió históricamente el compromiso de alfabetizar los pueblos porque entendía que un hombre alfabetizado está en mejor condición para entender la vida cristiana que un hombre que no lo es.

¿Y las universidades? ¿Usted sabe por qué fue que se fundó Harvard?

Porque había un momento en que hacía falta que no solamente los hombres aprendieran a leer y a escribir, sino enseñar ahora y preparar ministros para que enseñaran a esa gente a guardar todas las cosas que el Señor había establecido. Y así nació la universidad. El sistema educativo como tal vino hermanado de la iglesia, porque nosotros tenemos un llamado no solamente de bautizar, sino de enseñar a la gente a que guarden todas las cosas.

Nuestra religión depende, en mucho sentido, del medio escrito. Por eso, si usted se hizo cristiano y ha caído en un letargo, a mí me da mucha lucha. Pídale al Señor que le ayude. Es muy difícil que usted llegue a ser un cristiano maduro si no desarrolla una pasión por la lectura. ¿No somos nosotros el pueblo del Libro? ¿No somos nosotros los que tenemos el tesoro de las Sagradas Escrituras? Entender la Escritura… un cristiano es un intelectual.

Miren, la gente más iluminada de cualquier sociedad tiene que ser mis hermanos. ¿Qué otro hombre en una sociedad tiene el llamado de enseñarle a guardar todas las cosas que el Señor ha mandado? El cristiano tiene que destacarse en eso.

Yo pasé balance hace unos meses: “Mira, estoy llevando como la iglesia muy acelerada con estos cursos intensivos y demás…”. Pero ahora yo miro para atrás, hermano, y yo digo: “Mire, yo tengo un compromiso de enseñarle a ustedes a guardar todas las cosas que el Señor ha mandado”. Y yo evalúo mi ministerio en estos 5 años y medio, y yo digo: “Mire, yo así totalmente he trabajado cuatro cartas pastorales, un evangelio con las parábolas y los milagros, y una parte del Pentateuco, de 66 libros que yo tengo que trazar”. Se me va acabando el tiempo.

O sea, en los próximos años me queda cada vez menos. Ya son como 19 años y medio que tengo para enseñarles a guardar todas las cosas que el Señor ha establecido. No se cansen, hermano, de eso, pídanle al Señor que les dé la fuerza. Nosotros tenemos un llamado intelectual. El cristianismo no es solamente “yo lo sentí, lo soy”. No. Un cristiano anhela crecer en el conocimiento de Dios, y eso requiere tener mucha página para la izquierda, ser expuesto constantemente a la predicación.

La escuela de Cristo y la presencia permanente del Señor

Hermano, el cristianismo es una religión intelectual. Dice la Escritura que cambiamos nuestra manera de pensar para cambiar nuestra manera de vivir. Estás llamado a Cristo, estás llamado a convertirte en un alumno de Cristo. ¿Qué hizo el Espíritu Santo el día de Pentecostés? Inauguró una escuela. Dice que miles de personas fueron alcanzadas por salvación, fueron bautizadas y perseveraban en la doctrina de los apóstoles.

¿Qué fue eso de que perseveraban en la doctrina? ¿Qué hacían los apóstoles? ¿Se quedaron de brazos cruzados allá? ¿Aceptaron a Cristo y se bautizaron, y ya? No. Era una escuela que se inauguró. Si eres un cristiano, estás llamado a aprender a guardar todas las cosas.

Hay una doctrina inicial que se le da a todo el que va a ser bautizado, pero también hay una aplicación constante y una enseñanza permanente. Ahí están las escuelas bíblicas, ahí están los estudios bíblicos en las casas, ahí están los cursos, hermano. Todos estos recursos ayudan a que hagamos la Gran Comisión, enseñándole a guardar todas las cosas que el Señor ha establecido.

Mire lo que más me gusta de todo esto, hermano, es la última parte del versículo. Lo dice así: “Y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. Hermano, no estamos solos en la Gran Comisión. En esto de ir, en esto de bautizar, en esto de enseñar, es el Señor mismo que está en medio de su iglesia. Quizás no está hoy físicamente, pero Él dijo: “Yo me voy, pero yo no los dejaré solos. Yo les dejaré un ayudador”, y es el Espíritu Santo.

Entonces, hermano, nosotros somos un pueblo vivo y vivificado. Es el Señor en medio de su iglesia que nos ayuda a que la Gran Comisión sea una realidad. En nuestro campamento estaremos hablando in extenso acerca de discipulado, pero les digo: ¿qué es discipular? Discipular es ir. Discipular es bautizar a aquellas personas. Discipular es enseñar a guardar todo lo que el Señor ha establecido. Permítanme orar para que la Gran Comisión sea una carga en medio nuestro.

Te pido en este momento, Señor, por cada uno de mis hermanos y por mí mismo. Pon en nosotros, Señor, esta pasión que hay por ir. Pon en nosotros, Señor, esta hambre de que otra persona más venga a ti. Pon en nosotros, Señor, este espíritu de alumno. Te pido, Señor, que la Gran Comisión, comenzada, Padre, con tu “toda autoridad” y finalizada, Señor, con el “yo estoy con vosotros”, sea una realidad en medio nuestro.

Permite que la Gran Comisión sea real en medio nuestro. Mira a cada uno de mis hermanos, Señor, y pon en ellos hambre por compartir su testimonio, por dar un tratado, por invitar a alguien a una iglesia, Señor, por ir a un estudio bíblico y traer a alguien más. Trae, Señor, prosélitos a tu fe por medio nuestro. Todo esto en el nombre de Jesús.

¿Amén? Que el Señor les bendiga, hermanos, y que ustedes entiendan y obedezcan la Gran Comisión.

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