Y le pidamos al Señor en oración que sea él quien nos conduzca en este tiempo de exposición. Mira, Padre, que el mes pasado fue el mes de la Reforma, y en esta semana hemos estado en diferentes momentos, tu iglesia, recordando esta gran obra que tú has hecho en medio nuestro. Míranos a nosotros hoy, Señor, que estamos ante el mismo libro con el cual se encontraron los reformadores. Mira, Padre, este momento excepcional donde no solamente vamos a predicar doctrinas en diferentes lugares, sino, Señor, a enseñar la relevancia que tu Escritura, tu Palabra escrita, tiene para nosotros.
Te pedimos que nos conduzcas en este tiempo de enseñanza, te pedimos, Señor, que bendigas a cada persona aquí congregada con un entendimiento claro de lo que tu Palabra dice y con una voluntad, Señor, renovada para que la ponga por obra. Permite que hoy, Señor, alguien te vea en las Escrituras, permite que hoy, Señor, alguien que había visto la Biblia solamente como un libro, o quizás como un libro valioso, hoy vea, Señor, el tesoro que tu iglesia tiene, el regalo que tú nos has dado. Bendícenos, Señor, hoy con sabiduría, en el nombre de Jesús. Amén.
Acompáñenme en sus Biblias, hermanos, a la segunda carta de Pablo a Timoteo. Estaremos hablando acerca de Cristo en las Escrituras. Les invito a que busquen en sus Biblias segunda carta de Pablo a Timoteo, en el capítulo 3, y leamos los versículos 14 y 15, para exponer detenidamente el versículo 15: “Cristo en las Escrituras”. El apóstol Pablo le escribía a su hijo espiritual Timoteo y le decía, por medio de esta carta, en los versículos 14 y 15:
Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús.
— 2 Timoteo 3:14-15
Les hablaban, hermanos, acerca de las cinco solas de la Reforma y de lo que los reformadores decían que debería ser persuadido por la Escritura, las cosas en las que la iglesia tenía que cambiar para mejor.
Las solas y la centralidad de la Escritura
En este versículo de los capítulos 14 y 15 de segunda carta de Pablo a Timoteo vemos por lo menos dos de estas solas claramente reflejadas. Vemos aquí que la salvación es por la fe en Cristo Jesús y también que las Escrituras nos pueden hacer sabios para salvación. Dice la introducción a nuestra enseñanza que la difusión, estudio y aplicación de las Sagradas Escrituras es el medio principal en el que la iglesia del Señor cumple su misión. Así como al final de su ministerio terrenal Cristo les abrió el entendimiento a sus discípulos para que comprendieran las Escrituras, nosotros en la actualidad abrimos las Escrituras ante los hombres con la expectativa de que Dios opere un milagro.
Que su entendimiento sea abierto y vean allí a Cristo claramente reflejado, que lo vean en las profecías del Antiguo Testamento, que lo vean en su encarnación, documentada en los evangelios, y que lo vean en su expresión al mundo por medio de la iglesia, tal como se documenta en las cartas del Nuevo Testamento. Se han escrito muchos libros útiles a lo largo de la historia, pero la Biblia es el único que tiene la capacidad para hacer al hombre sabio para la salvación. Yo no sé si alguno de ustedes tiene más pasión por los libros que otros, yo sé que algunos de mis hermanos son lectores y otros son más oidores que lectores.
Yo mismo no era un gran lector hasta quizá los 16 años, aunque siempre leí las Escrituras, y en esto le doy las gracias al Señor. Sin embargo, cuando tenía cerca de 16 años, en otra ocasión se lo he compartido, el Señor providencialmente me permitió trabajar al lado de un abogado que era un gran lector. Leía muchos libros. Era el doctor Rafael Tejeda. Yo tenía cerca de 16 años cuando trabajaba con Rafael, y su oficina de abogados estaba llena de libros, en estas oficinas que tenían como esta tradición de los abogados de poner todas las paredes llenas de estanterías, y él tenía libros en cada una de las paredes, y también su escritorio estaba lleno de libros.
Cuando comencé a trabajar con él, tenía que verme todos los días con libros, y quizá por curiosidad comencé a ver los libros. Era una pequeña biblioteca que él tenía en su despacho. Trabajando con Rafa, yo encontré algo, hermanos, y es que yo sentí que me estaba perdiendo cierto deleite que él encontraba en los libros y que yo no podía entender. Yo veía que me hablaba de la novela que estaba leyendo, me hablaba de diferentes libros y yo sentía como que me estaba perdiendo de algo.
Descubriendo el deleite de la lectura y contrastándolo con la Biblia
Pero no solamente esto, yo veía que cuando Rafael hablaba, en sus afirmaciones, en sus proposiciones, tenía como cierta autoridad. Él decía: “Como dijo fulano…”, le gustaba, por ejemplo, citar a Maquiavelo. Él decía: “Como dijo Maquiavelo…”, y yo veía, hermanos, que eso tenía no solamente cierto deleite o cierto placer, sino que también le daba cierta autoridad, pero también veía que él tenía cierta sabiduría y que cuando él hablaba como que sus palabras no parecían ligeras, sino que parecían pesadas. Y un día él se acercó y yo le dije: “Oye, Rafa, yo he leído algunos libros, yo he leído Juventud en Éxtasis, El caballero de la armadura oxidada y ¿Quién se ha llevado mi queso?”.
Y Rafa me dijo: “Oye, Rafael, eso no es literatura, esos son libros de literatura ligera”. Y yo le dije: “Oye, es verdad, pero ya que tú lees tantos libros, yo quisiera que tú me recomendaras alguna buena novela, alguna buena obra. Yo he leído algunos”, y yo le decía: “El caballero de la armadura oxidada, ¿Quién se ha llevado mi queso? y Juventud en éxtasis”. Eso, hermanos, causa un poco de risa, pero hasta los 16 años, en literatura secular, eso era lo que yo había leído. Y él me dijo: “Mira, existe un escritor que se llama Feodor Dostoievski, que escribió Los hermanos Karamazov, que escribió Crimen y castigo, y hay una pequeña novelita suya que se llama El jugador”.
Y él me dijo: “Léete El jugador”, y me regaló una. Sí, hermanos, yo me llevé eso a mi casa y estuve leyendo ese libro, y cuando yo leí este libro encontré en eso como un deleite especial, a un punto tal que cuando lo terminé yo vi el libro y dije: “¡Guau! Realmente me estoy perdiendo de algo”. Y es que hay en la literatura cierto deleite, hay cierto placer, hay hasta cierta sabiduría humana que se puede conseguir por medio de los libros. E inmediatamente entonces yo comencé a tener como cierta autoridad y cierta vanidad al mismo tiempo, en aquel momento.
Mientras preparaba estas cosas y meditaba al respecto, recordaba que en ese momento yo me involucraba en las discusiones y ya cuando discutía no solamente eran mis opiniones, sino que decía: “Como dijo Dostoievski…”, y yo veía, hermanos, entonces como que me fui en esta onda de la literatura y demás, y después leí muchos otros libros y, de los 16 años para acá, el Señor me ha permitido leer mucha literatura. En el campamento hablaba con Virgilio, con Lenin y con Edwin, y hablamos de la literatura general y me puse a recordar diferentes libros que leí, que me fueron muy útiles.
Libros humanos útiles versus la Palabra de Dios
El jugador de Dostoievski, hermanos, esa fue la novela que me abrió como el apetito a la literatura. Truman Capote, A sangre fría, una novela histórica; George Orwell, por ejemplo, 1984; La naranja mecánica; La caída de los gigantes de Ken Follett; la biografía de Magallanes; La quinta disciplina; Paul Johnson; todos estos libros, hermanos, como que me abrieron el entendimiento. Sin embargo, y en este “sin embargo”, hermanos, es donde yo encuentro el mayor deleite. Yo tuve el privilegio, providencialmente, de haber sido llevado de niño a una escuelita bíblica.
Quizá yo comencé a leer literatura secular a los 16 años, hermanos, pero muy temprano, cuando mi cerebro todavía estaba joven, yo fui llevado a una escuelita bíblica. Y en esta escuelita bíblica, hermanos, a mí me enseñaron que existe un libro que es un libro sagrado, que no solamente me permite que cuando hablo decir: “Como dijo Dostoievski…”. Que es un libro sagrado, hermanos, que cuando yo alcanzo sabiduría no solamente me da una sabiduría que es la sabiduría según los hombres, que me dicen: “Fulano, qué leído tú eres…”.
Que produce un cierto deleite, hermanos, que no es el deleite, muy bueno también, que produce leer una buena novela, sino que es un deleite mucho más elevado. Que existe un libro que cuando uno lee ese libro puede alcanzar, por medio de ese libro, un tipo de sabiduría muy especial. Dice la Escritura, Pablo a Timoteo: “Y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras…”. Que existen unas Escrituras, hermanos, que no son solamente Escrituras, que son Escrituras sagradas, las cuales te pueden hacer sabio, no la sabiduría que yo veía en Rafa Tejeda, que yo quería ese mismo tipo de sabiduría para decir: “Rafa, cuando habla, como que tiene autoridad; él, cuando habla, como que tiene sabiduría; él, cuando habla, como que ha vivido mucho…”.
No, no, no. Un tipo de sabiduría especial que es la sabiduría para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Hermanos, ustedes podrían leer muchos libros, y yo les recomiendo que lean buenos libros. Sin embargo, hay un tipo de lectura que ustedes tendrán, que es la lectura de las Sagradas Escrituras, que no solamente permite que ustedes citen autores y que tengan mérito delante de los hombres, sino que es el único libro que hace algo único en el alma.
La sabiduría única de las Sagradas Escrituras
Y muchos libros se han escrito, es el único libro cuyo “prólogo” no dice: “Al final de este libro usted será un poco más inteligente; al final de este libro usted entenderá un poco más la vida; a través de este libro usted entenderá mejor la historia…”. No, no, no. Es el único libro que dice que cuando uno lo lee alcanza este tipo especial de sabiduría que sirve para la salvación. Tengo que decirles tres cosas de este libro. La primera que les diré es el beneficio de conocerlo temprano. Le decía Pablo a Timoteo que Timoteo había sido beneficiado, y es que había conocido temprano las Sagradas Escrituras: “Desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras”.
Sí, yo sé que muchos de ustedes vinieron al Señor después de 40, después de 30 años, pero les diré que si hubieran venido al Señor desde la niñez, y desde la niñez hubieran entrado en contacto con las Sagradas Escrituras, hermanos, les hubiera ido mejor. Que es un privilegio uno tener un niño y ser expuesto desde niño a la escuela bíblica, a la exposición, ya sea por medio de canciones o por cualquier otro medio, a las Escrituras. Que esto es un gran privilegio, y la razón es la siguiente: el cristianismo es una religión de revelación. Dios se ha revelado a su pueblo.
Yo les decía hace tres domingos aquí que el cristiano, de algún modo, tiene que tener vocación intelectual, que no es concebible aquello de que usted sea un cristiano y su mente sea una mente ligera. Que si acaso en una sociedad hay gente que tenga amor por las letras, lo más refinado de esa gente debe ser la iglesia del Señor. Nosotros somos el pueblo del Libro. Y que si usted no tuvo la oportunidad de que temprano se llevaran a su cerebro las Sagradas Escrituras, que permiten ser sabio para salvación, entonces haga un doble esfuerzo. ¿Cuáles son los beneficios puntuales de conocer la Escritura temprano? Yo les he traído varios.
Primer beneficio de haber conocido la Escritura desde la niñez es que te evita divagar. El ser humano siempre anda buscando dónde es el camino, dónde está la verdad, dónde está la vida, y para esto anda buscando diferentes vías. Conocer temprano las Sagradas Escrituras nos permite evitar que nuestra mente divague detrás de nubes sin agua, como dice Judas, versículo 12, que seamos llevados de aquí para allá por cualquier vía, por cualquier viento. Nos permite la Escritura que no seamos como aquellos que siempre están aprendiendo y nunca llegan a tener el conocimiento de la verdad, evita que nuestra mente divague.
Lo que pasa cuando no se conoce la Biblia temprano
Por no conocer temprano las Sagradas Escrituras muchos de ustedes terminaron en la autoayuda. Por no conocer temprano las Sagradas Escrituras muchos de ustedes terminaron en el materialismo, en la metafísica, en la doctrina de hombres. Cuánta gente al día de hoy está presa de otra gente porque no conoció temprano las Sagradas Escrituras. Los hombres dominan a los otros hombres en el terreno de las ideas. ¿Para qué nos sirve la Sagrada Escritura? Conocerla temprano nos evita divagar.
Por no conocer temprano las Sagradas Escrituras muchos de ustedes terminaron teniendo una mente reprobada, o una mente ligera. Miren, el mayor problema de la ausencia de la Escritura en la sociedad en este tiempo no es como en los años quizá del 60, que se hablaba del materialismo dialéctico como grandes riesgos. Ahora mismo el riesgo es tener una mente reprobada por un lado y una mente ligera por otro lado. La mente reprobada es una mente donde la revelación de Dios no ha llegado y es rendida al pecado en bruto. Esa persona que todo lo que sale de su cerebro es maldad, que todo lo que sale de ahí son despropósitos que ofenden al Señor. Esa es una mente reprobada, dice la Escritura en el libro de Romanos.
Por no conocer temprano la Escritura muchos han terminado teniendo una mente reprobada. ¿Y cuál es el otro extremo? La mente ligera. ¿Han visto a esta persona que habla y habla y habla y no habla de nada? Esta persona cuya conversación es una conversación como que no tiene sustancia, y uno dice: “¡Guau! Pero por ahí no ha pasado la Palabra del Señor ni de lejos”. No tuvo el privilegio que quizás tienen hoy los niños de nuestra iglesia. Que aquí estamos ahora mismo predicando la Escritura con densidad para un adulto, pero allí se lo están explicando con un poquito más de simplicidad para un niño, pero en esos cerebros ahora mismo están entrando en contacto con las Sagradas Escrituras.
Beneficio de conocer temprano las Escrituras. ¿Qué otro beneficio, hermanos? Las Escrituras nos ahorran errores. ¿Cuántos errores se han cometido sobre esta tierra por no tener la perspectiva de Dios? ¿Y de cuántos despropósitos hemos sido nosotros librados por entender lo que Dios dijo? Cuántas son las personas que vienen a Cristo y dicen: “Caramba, ya yo tengo tanto tiempo cometiendo errores”, y el Señor perdona tus pecados, hermanos, pero las consecuencias de esos errores quizá te acompañarán hasta la muerte. Y la gente dice: “Guau, pero si yo hubiera sabido lo que el Señor decía en las Escrituras sobre el matrimonio, qué distinto hubiese sido. Si yo hubiese sabido lo que la Escritura decía acerca de la crianza de los hijos, qué distinto lo hubiese hecho. Si hubiera sabido lo que la Escritura decía acerca del trabajo, del comportamiento, qué distinto me hubiera ido”.
Ejemplos bíblicos que nos evitan tropiezos
¿Para qué sirve conocer las Escrituras temprano y por qué esto es un privilegio? Porque no solamente evita que tu mente divague detrás de diferentes corrientes, también permite que, en vez de meter el pie, tú mires donde otros cayeron. Miren, yo conozco tres grandes categorías de textos en las Escrituras. En las Escrituras hay ordenanzas directas de Dios para nosotros: “El Señor dice…”, “Dios dice…”. Eso es una ordenanza. Pero también la Escritura tiene dos otras cosas. También tiene ejemplos positivos y ejemplos negativos.
Y la gente decía: “Ve, ¿cómo es que la Escritura, si es un libro inspirado por Dios, aparecen ahí borrachones, adúlteros? ¿Cómo que en la Escritura aparecen hombres violentos?”. Y aparece, hermanos, gente así. Aparece ahí documentada en la Escritura para que tú veas cómo le va al hombre cuando olvida a Dios. Son ejemplos negativos. Me dijo un hombre una vez: “Ah, pero mira, Salomón tuvo tantas mujeres, y mira dónde terminó”. Pero al mismo tiempo, la Escritura tiene ejemplos positivos para que veamos cómo las ordenanzas de Dios funcionan en la vida de la gente.
¿Para qué sirven las Sagradas Escrituras? Nos permiten, perdónenme, al mismo tiempo, evitar tropiezos. Porque es beneficioso conocer las Escrituras a tiempo. Miren, esto nos permite tener un beneficio acumulado. Sin ánimo de entristecer, hermanos, pero yo les diré que yo tengo el convencimiento, y lo he visto a lo largo de la historia del cristianismo, de que los grandes maestros de las Escrituras comenzaron a conocer esto temprano. Y alguno me dirá: “Pastor, o sea, ¿no está mal comenzar después?”. Es como la guitarra o como el piano. Usted puede aprender guitarra o aprender piano después. No es que no pueda. Pero la gente dice: “No, para ser pianista, la gente comienza a los 7 años”.
Usted podría comenzar después. Yo todavía aspiro a volver al clarinete, por ejemplo. Yo quisiera volver, yo le saco una cuenta a mi tiempo con el clarinete, aprendí mucho solfeo y un sol, un sol-do. Yo quisiera, hermanos, pero ¿ustedes creen que si yo comienzo el clarinete a los 31 va a ser lo mismo que si yo hubiera comenzado y permanecido en el clarinete desde los 9 años? No, no, no. “Ah, pero es injusto, porque uno vino al camino después”. Bueno, eso no sucedió porque no tuvo el privilegio de conocer las Escrituras temprano.
Miren, cuando uno camina, y camina, y camina, y camina en el conocimiento de las Escrituras, cada vez uno tiene un mayor aprovechamiento. La primera vez que tú lees la Biblia, tú vas a sentir que los ojos se te ponen como chiquitos y como que tú no entiendes, como que en la primera lectura que uno hace uno va leyendo las cosas y se ven como brumosas.
El crecimiento exponencial en el conocimiento bíblico
Pero pasa el tiempo, vuelves a la lectura y como que ya los ojos se te abren más, y dices: “No, pero yo estoy como entendiendo”. Hermanos, cuando pasen los años, año tras año, y tú vuelvas a la Escritura, vas a tener cada vez un aprovechamiento más grande, más grande, más grande. Es un beneficio exponencial. ¿Por qué hay que comenzar temprano a conocer las Sagradas Escrituras? Porque tú vas acumulando el conocimiento de Dios, el conocimiento de Dios, y vas atando cosas y vas conectando. Tú dices: “Mira, antes yo leía esto y yo no sabía qué relación guardaba con aquello”.
Es un beneficio exponencial. Por eso, hermanos, los grandes maestros de Escritura han sido gente que han andado de la mano con la Biblia desde temprano. Como Pablo, como Timoteo, desde niño. “Bueno, y si yo vine después de grande, ¿qué hago?”. Esfuércese. Pídale al Señor que le dé mayor gracia, ¿verdad? Pero no podemos negar que es un privilegio haber conocido desde la niñez las Sagradas Escrituras. Pero al mismo tiempo, hermanos, las Sagradas Escrituras son un muro de contención contra el pecado.
El ser humano vive en deterioro. El hombre sin Dios y sin el conocimiento de Dios, dice la Escritura, que está en oscuridad, y esa oscuridad le hace cometer locuras. Miren, conocer las Sagradas Escrituras temprano se convierte en un muro de contención hacia el pecado. No en todos los momentos de mi vida cristiana, antes de yo bautizarme, yo fui un cristiano comprometido. Yo recuerdo que en el Politécnico donde estudiaba, yo veía a mis amigos que hacían diferentes cosas y yo quizá no tenía, hermanos, una devoción muy auténtica ante el Señor, pero yo sabía lo que decían las Escrituras.
Y eso, hermanos, como que me daba ahí en la mente y yo decía: “No, que Dios dice que eso no se hace. Dios dice que eso no se hace”. Y hubo oportunidades que yo tuve de deshonrar al Señor, que quizá me estuvieran alcanzando las consecuencias al día de hoy, que fueron evitadas porque había un versículo de la Escritura que me decía: “Un cristiano no se comporta de ese modo”, y cuando yo veía las Escrituras daban testimonio en mi mente. Beneficio de conocer la Escritura temprano es que son un muro de contención ante el avance del pecado.
“Persiste en esto que tú has conocido desde la niñez, las Sagradas Escrituras”. Aquí hago un comentario más, hermanos: Pablo no le llama “Escrituras”, le llama “Sagradas Escrituras”. Algo que hay que inculcarle a los niños de nuestra iglesia es que lo que ellos tienen en la mano no es un libro más.
Reverencia a la Biblia como Sagradas Escrituras
Miren, yo temprano en la niñez desarrollé una actitud reverente hacia la Escritura. A mí me enseñaron en la escuela bíblica que a la Biblia no se le ponía nada encima, y ustedes me dirán: “Ellos andaban en un asunto como medio religioso”. No. A mí me enseñaron eso: que esa es la Palabra sagrada de Dios. También me enseñaron que la Biblia no es un libro que se maneja como cualquier libro. Y lo primero que yo aprendí, miren, que yo era religioso, lo primero que yo aprendí antes de yo saber cualquier cosa, a mí me enseñaron: “Esa es la Palabra de Dios”.
Yo recuerdo caminando con mi mamá en un estudio bíblico, que se le cayó su Biblia. Yo pegué un grito casi: “¡Ay, se cayó tu Biblia, mami!”. ¿Y qué es lo que sucede? Es que yo entendí que eso es sagrado, hermanos. Y quizá yo, primero, reverencié el libro físico y después la letra del libro por adentro, pero en mi mente de niño se estaba formando una conciencia de que lo que había allí no eran simplemente palabras, que eran las Sagradas Palabras de Dios.
Enseñen a sus hijos eso, enséñenle a la gente que lo que nosotros tenemos no solamente es “el libro”, que es el sagrado libro. ¿Por qué es que eso hay que hacerlo? Pues, ¿cómo es el debate con la gente de la Escritura? La gente entiende que la Escritura está como compitiendo contra Dostoievski. No, no, no. Son las Sagradas Escrituras contra una novelita que escribió Dostoievski en medio de una borrachera. Esto es sagrado, y cuando tú tienes ese pie de amigo, de que tú dices: “Lo que yo voy a leer es sagrado”, toda tu expectativa hacia la Biblia cambia.
No es lo mismo leer la Escritura cuando tú dices: “Yo voy a leer las Sagradas Escrituras” que leer “las Escrituras” solamente. Cuando tú dices “las Sagradas Escrituras”, esto te coloca en un contexto: lo que hay aquí son las santas palabras de Dios, y lo que aquí dice es normativo para mi vida, aunque yo todavía no sepa todo lo que dice. No solamente hay que conocer las Escrituras, también hay que conocer que las Escrituras son sagradas y que lo que hay ahí no son palabras de hombre, que lo que hay ahí son las palabras inspiradas de Dios.
Primera cosa que tengo que decirles, hermanos: que hay un gran beneficio en conocer las Escrituras a tiempo. Yo no sé si tú viniste después de grande. Haz un esfuerzo doble, hermano, pero aprovecha el tiempo en conocer las Sagradas Escrituras.
Memorización y depósito de la Palabra en la niñez
Miren, hay beneficios en mi vida que yo no tengo duda, de que digo: “¡Guau, gloria al Señor que yo me aprendí eso!”. Yo me he comido aquí chocolates que ustedes no se imaginan que esos versículos me los aprendí cuando tenía 10. La hermana Juana, en el colegio, a mí me enseñaba versículos. Aquí me he comido yo chocolates con versículos que me enseñó la hermana Juana. El cerebro después de grande no recibe igual.
Miren, yo he intentado aprenderme versículos últimamente y junto las cosas. Yo sé lo que dice, hermanos, pero citar textualmente la Escritura, eso hay que comenzarlo temprano. Se estilaba, miren, que hay por lo menos siete versículos que un cristiano tiene que aprender de memoria y hacer un esfuerzo de que el cerebro los tome temprano: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”, eso hay que sabérselo. “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”, eso hay que sabérselo. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna”, antes de yo saber para qué eso servía, yo me lo había aprendido.
Te puedo indicar el beneficio de esto: antes de que yo supiera para qué servía Juan 3:16, yo me lo sabía, Juan 3:16 con la cita alante y la cita al final, porque así era que nos enseñaban. Uno decía “Juan 3:16” y después decía el texto, y después “Juan 3:16”. ¿Cuál es el beneficio de esto, hermanos? Es que eso es un depósito que te va a alcanzar de aquí hasta la eternidad. “Estas te pueden hacer sabio para salvación”. ¿Cuál es el propósito? Lo primero que nos dice es cuál es el beneficio; ahora, ¿cuál es el propósito? Es un tipo de sabiduría especial.
Las Escrituras, no, las Sagradas Escrituras, son el único libro que tiene la capacidad de producir ese tipo especial de sabiduría. ¿Y cuál es este tipo especial de sabiduría? “Las cuales te pueden hacer sabio para la salvación…”. Miren, hay una sabiduría del hombre y hay una sabiduría de Dios. Hay una sabiduría humana. ¿Quién es un hombre sabio humanamente hablando? Un hombre sabio humanamente hablando es aquel que no se detiene ante los dilemas de la vida, sino que tiene salida. Dice: “Mira, fulano es sabio, ese hombre no se deja amedrentar ante la situación. Cuando él tiene una cosa, él siempre saca de abajo, él tiene salidas”. Un hombre sabio humanamente hablando.
¿Quién es un hombre sabio? Es un hombre que tiene una respuesta para cada cosa; es arrogante, se la sabe toda. “Con don fulano se puede hablar de cualquier cosa”, porque los hombres “se la sabe toda”. ¿Quién es un hombre sabio humanamente hablando? Es aquel que ha vivido mucho y que cuando tú hablas con él te habla como con las canas, te habla como con la experiencia. Ese es un hombre de experiencia. Humanamente hablando, es un hombre sabio.
La sabiduría que viene de lo alto: Cristo como camino, verdad y vida
Y según las Escrituras, ¿quién es un hombre sabio, sabio con sabiduría de lo alto? Es un hombre que ha conocido a Dios revelado en Cristo, y de ahí proviene su dirección, su verdad y su vida, de tal forma que puede llegar a Dios. Dice Cristo en el evangelio de Juan 14, versículo 6:
Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.
— Juan 14:6
Miren, cuando uno se hace cristiano y no tiene esas tres cosas, el Señor se las da y eso le da una concreción a la vida. Lo que yo buscaba en la biblioteca de Rafael Tejeda yo no lo conseguí; ahora lo que yo busco a través de Cristo, hermanos, es toda una satisfacción enorme. Hay que decir: “¡Guau, yo tengo a Cristo, y si yo tengo a Cristo, yo tengo un camino que es recto y que yo sé que lleva a Dios!”.
Que no hay “perdedera” en el camino. Él dijo: “Yo soy el…” —oigan qué expresión— Él no dijo: “Yo soy un camino, yo soy una vía, yo soy un medio…”. No. ¿Saben qué dijo Cristo? “Yo soy el camino”. Miren, cuando uno viene a Cristo, lo primero es que uno comienza a caminar con una dirección tan concreta que transmite una seguridad. Es más, que si alguien me conoció cuando yo tenía 11, 10 años, 9, o a los 13, tiene que conocerme de nuevo, eso es otra persona.
Cuando uno viene a los caminos del Señor, lo primero es que uno camina como con una seguridad, y no es algo que envanece porque la gloria es de Dios. Es que un cristiano sabe para dónde va. Y todo el mundo volviéndose loco y el cristiano dice: “Es que yo estoy en Cristo; Cristo es el camino, no hay manera en que yo, yendo por aquí, llegue a perdición. Él es el camino”. Pero por otra cosa: la gente siempre anda discutiendo de la verdad.
Miren, un cristiano tiene un convencimiento de la verdad en Cristo que hace que sus conversaciones enteras como que se tornen distintas. Mi esposa a veces ha interactuado con gente y dice: “Fulano tiene tal vida bíblica o algo”, porque como él habla, sus conversaciones, sus proposiciones siguen la verdad. Es que dice la Escritura que Jesús no solamente es el camino, sino que él es la verdad. Cuánto se debate caballada en esta tierra, pero un cristiano tiene la verdad.
Pero otra cosa que tiene un cristiano cuando lee las Escrituras es que encuentra en ellas a Cristo. Cristo dice que él no solamente es el camino, él no solamente es la verdad, sino que él también es la vida. Y cuando yo me convertí, hermanos, yo siempre fui medio flojo, yo me sentía… yo siempre fui como una gente medio apagada, como medio caído. Cuando yo vine a Cristo yo sentí que estaba más vivo que nunca. Es que Cristo es la vida y cuando uno llega a Cristo, hermanos, uno tiene como unos bríos especiales, la vida espiritual que se está levantando adentro de nosotros. Por eso es que un cristiano es distinto.
¿Cuál es la sabiduría que viene de lo alto? Es la sabiduría que alcanza para salvación. Esta es la que regenera la mente, que justifica al hombre delante de Dios, que le santifica y eventualmente le glorifica. Es una sabiduría que viene de lo alto y que no sirve solamente para amansar al hombre. Por eso dice la Escritura que la letra humana perece. Es una sabiduría que alcanza para salvación.
La fe bíblica: convicción basada en la evidencia
¿Y cuál es la forma en que alcanzamos con las Escrituras el propósito de salvación? También lo dice aquí. Dice: “Y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús”. Hermanos, ¿para qué leemos las Escrituras? Principalmente leemos las Escrituras porque Cristo lo dijo. Les digo lo que Cristo dijo. Dijo Cristo: “Escudriñad las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí”.
Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí.
— Juan 5:39
¿Para qué leemos la Escritura, hermanos? Porque las Escrituras hablan de Cristo. ¿Cuál es el tema general de la Escritura de Génesis a Apocalipsis? Las Escrituras dan testimonio de Cristo. Es más, se podría encontrar a Cristo en Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio, en todas las partes podríamos encontrar a Cristo porque son ellas las que dan testimonio de Cristo. Dice la Escritura que esto se alcanza por medio de la fe. Voy detallando el versículo: “por la fe que es en Cristo Jesús”. ¿Qué es la fe?
Hermanos, los cristianos no somos irracionales. El cristianismo es una religión racional y consistente. Hay gente que piensa que los cristianos como que elegimos asumir esto así, como que: “Bueno, fue según los términos…”. La Escritura no define la fe como la define el diccionario en su primera acepción. No. Lo que significa fe es una convicción profunda con la que alguien dice: “Es verdad”, y no porque tú lo creíste a ojos cerrados, sino porque tienes las pruebas en la mano.
Y tú puedes decir: “Yo estoy persuadido de que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios”. ¿Y cómo yo me persuadí de eso? Las Escrituras dan testimonio de él. La fe cristiana no es una fe irracional. Hay gente que piensa que fe es de que: “Cierra los ojos y cree; si tú no ves, tú no tienes fe”. Eso no es fe cristiana. Fe cristiana que alcanza para salvación es un profundo convencimiento de que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios y nuestro Salvador, y eso no es un asunto que lo creímos como ingenuos. No. Los cristianos no somos crédulos.
Miren, los cristianos somos broncos intelectualmente. Un cristiano no es una gente como que iba pasando por ahí y dijo: “Ah, ¿tú eres Cristo? Yo creo en ti”. No. Regularmente uno se hace cristiano después de luchar intelectualmente. ¿Con qué uno lucha? Con decir: “Realmente Cristo es el Hijo de Dios”. Y él no se ofende por eso. Él mismo nos dice a nosotros que escudriñemos las Escrituras porque son ellas las que dan testimonio de él. Y esto es por la fe, una convicción profunda que no ignora la evidencia, sino que la busca.
Cuando Cristo resucitado apareció a sus discípulos, él les dijo: “Soy yo, pongan aquí la mano, miren, para que crean”. Hay gente que piensa que hacer preguntas es como irreverente, preguntarse cosas como: “Oye, ¿y si yo me pregunto que si realmente…? Cuidado si no es Cristo…”. No, hermanos, eso no es malo. Eso es muy prudente. Lo que tú tienes que tener es la disposición de que cuando Cristo te persuada, a través del Espíritu Santo y por medio de la evidencia, tú tengas la humildad de reconocer a Cristo y de poner tu actitud en consecuencia.
¿Qué es lo que no produce salvación? Estas personas que han sido despertadas por el Espíritu Santo, que han visto la evidencia y que ignoran voluntariamente lo que Cristo ha dicho. La fe cristiana es un profundo convencimiento.
La falsa conversión y la necesidad de una fe informada
Por eso tengo serias dudas de esta gente que viene un día a la iglesia y dice: “Ya yo soy cristiano, ya”. Hermanos, admito que quizá en tu primera visita a la iglesia el Señor te permitió ver que esto tiene sentido, admito eso. Entiendo que probablemente en tu primera visita tú te sentirás muy emocionado y vieras que aquí hay como un gustito distinto, admito eso. Pero reconozco que un cristiano es una persona que tiene por lo menos una instrucción mínima de lo que significa la vida cristiana, y esto comienza por aquí: en un profundo convencimiento de que Jesús es quien dijo que era y que hará lo que dijo que haría.
Si una persona te dice: “Yo no sé nada de la vida cristiana, pero yo soy cristiano”. “¿Y en qué tú crees?”… Bueno, le advierto de esto: poca gente que yo me he encontrado me dice: “Ya yo perdí la fe”. Yo les pregunto: “¿Y en qué tú creías antes?”. “No, yo iba a la iglesia”. “Pero, ¿en qué tú creías?”. Tú no pudiste haber perdido algo que tú no tenías. Son los que avergüenzan la fe cristiana: que vienen a la iglesia, se emocionan un día y se van a su casa y dicen: “Ya, ya yo soy cristiano”. No.
Un cristiano es alguien que se ha persuadido, a través de las Escrituras y de las evidencias firmes que hay a favor de este testimonio, de que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios. Los otros son gente que se emocionaron y terminan avergonzando la fe. Tengo serias dudas de que una gente pueda ir a una campaña evangelística, levantar la mano y ya. ¿Usted sabe lo que usted está comprometiendo? ¿Y usted sabe en qué usted está creyendo? Yo le pregunto a una gente: “¿Tú eres cristiano? ¿Y por qué tú crees que Cristo es el Hijo de Dios? Dímelo”.
“Bueno, es que esto es muy bonito, él es amor”. “¿Y cómo tú sabes que él es amor? ¿Y cómo tú sabes que él es bueno?”. Hermanos, el cristianismo no es una religión irracional. El cristianismo es una religión consistente y que está fundamentada en evidencias. Nuestra religión, hermanos, es la religión de un cuerpo de un crucificado que murió, fue sepultado, se levantó y que estuvo entre los hombres dando testimonio a cientos de testigos.
¿Ustedes me están entendiendo lo que es esto? No fue que los discípulos dijeron: “A Cristo lo enterraron y ya, creemos en Cristo”. Cuando a Cristo lo enterraron, los discípulos dudaron. Y se apareció Cristo glorificado, así, con su cuerpo, y dijo: “Yo estoy aquí, he resucitado”, y dice que les abrió el entendimiento y a partir de ese momento ellos creyeron en él. Nuestra religión cristiana no es una religión de una mentirita ciega, de que: “Vamos a ver si tú crees o no crees”. No. Es la religión de que nuestro fundador, Cristo Jesús, se apareció con cuerpo crucificado y venció la muerte.
La fe no es una fe que niega la evidencia, pero al mismo tiempo les diré que es una fe que aumenta progresivamente. Miren, las convicciones que yo tengo al día de hoy de que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, no son las mismas que yo tenía cuando tenía 15 años, por favor. A lo largo del caminar con el Señor esta fe va incrementando. Pero, ¿qué es lo que hace falta para que alguien se pueda llamar cristiano? ¿Qué hace falta para que esta persona pueda decir: “Yo tengo plena confianza en que Jesús es el Hijo de Dios, que él es quien dijo que era y que hará lo que dijo que haría, que es salvarme”?
Cristo, el Mesías prometido y las profecías cumplidas
Si una persona puede tener ese convencimiento mínimo de que: “Ya sí, yo creo por las Escrituras, por el testimonio que Dios da en mi corazón”, entonces puede llamarse cristiano. Sin embargo, la fe va aumentando a lo largo de nuestro caminar con él. Lo otro que dice: “Las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo…”. ¿Qué es Cristo? La palabra “Cristo” significa “Mesías”.
¿Cómo comenzó el cristianismo? Se estaba esperando que el Señor —había profetizado cientos de años antes— que iba a venir un Mesías, que iba a ser el Salvador del mundo. “Mesías” en griego se escribe “Christos”. Ya los cristianos confirmamos que ese Mesías, ese Mesías prometido, no es otro que Jesús, el hijo de María y José, que se hizo hombre, Dios mismo, y vino por medio de ella. Cuando dice aquí “la fe que es en Cristo Jesús”, lo que está diciendo es: “la fe en ese Mesías extraordinario, el Hijo del Dios viviente”. Esa fue la respuesta: ¿quién es un cristiano? Un cristiano es una persona que dice: “Jesús no fue un hombre más, Jesús no fue un gran líder, Jesús no fue un hombre bueno”. No. Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
¿Y cómo los cristianos sabemos eso? Las Escrituras dan testimonio de él. Yo no quisiera cansarlos, pero tengo que decirles algunas. ¿Cómo yo llegué a ser cristiano? Bueno, a mí me llevaron a la iglesia, yo fui expuesto a las Escrituras, pero hubo un momento de mi vida en que yo llegué al firme convencimiento de que ese hombre era un hombre extraordinario, que ningún otro pudo haber dado tanto testimonio como él. Aunque han habido hombres que dicen ser Jesús, ninguno ha cumplido las profecías que él cumple.
¿Cuáles eran estas profecías que Cristo cumplió? Miren, cuatro mil años antes de Cristo se anunció que habría un gran conflicto entre el Mesías y el diablo, y que el Mesías recibiría una herida dolorosa que le daría su enemigo, pero que él le asestaría a su enemigo una herida mortal. Eso está en Génesis 3:15. Cristo fue crucificado, herida que dolió, pero Cristo crucificado resucitó y venció la muerte. Le dio a la muerte una herida mortal.
Se había anunciado que el Mesías nacería de una virgen y recibiría el nombre de Emmanuel. Cualquier mujer puede intentar eso: usted puede tener un hijo y decir: “No, yo soy virgen y él se llama Emmanuel”. Cualquiera hace eso, pero es una profecía que Cristo cumplió. Avancemos. Dice que vendría de la tribu de Judá. Bueno, vamos a decir que una mujer de la tribu de Judá quisiera cumplir la profecía y dijera: “Yo no tuve contacto sexual con ningún hombre, este que nació es de Dios, yo soy de la tribu de Judá, este es el Mesías, y yo le puse que se llame Emmanuel”. Hay muchos hombres que se llaman Emmanuel.
¿No hay muchos hombres que se llaman Emmanuel? Ustedes que ya conocen alguno. ¿Y todos los Emmanuel son el Cristo, el Hijo del Dios viviente? No, porque esas no eran las únicas profecías, pero eran algunas. ¿Qué se había dicho sobre Cristo? Que nacería en Belén. Bueno, si una mujer, quizá con nueve meses, puede decir: “Yo no soy de Belén, pero yo voy a parir en Belén”. Con esfuerzo, una mujer de nueve meses, como María, llega, pero si ustedes vieran cómo fue eso: para que Cristo naciera en Belén hubo que hacer un censo para que esta gente se transportara. Pero sí, nació en Belén.
Y uno dice: “Si nació de una virgen, se llama Emmanuel, nació en Belén, vino de la tribu de Judá, puede ser que sea ese…”. Pero hay más. Dice que sería llamado Señor, dice también que sería profeta, sacerdote y rey, que sobre él se posaría el Espíritu Santo. Hermanos, el símbolo del Espíritu Santo en la Escritura es la paloma. Y Juan el Bautista, mucha gente lo vio. Cuando Juan lo bautizó, una paloma se le posó encima. Uno dice: “Bueno, está bien, que la mamá le puso Emmanuel, está bien, que vino de la tribu de Judá, está bien, que nació en Belén, y que por casualidad de la vida, cuando fue bautizado, la paloma se le puso a él encima, no a ningún otro”.
Vamos a seguir caminando. ¿Ustedes han visto las profecías de Nostradamus? Que uno dice: “Eso puede ser esto o lo otro”. Pero Cristo no fue un Nostradamus cualquiera. Un hombre sí nació de la tribu de Judá, nació de una mujer que decía que era virgen. Es que un escéptico pensaría así. Pero, ¿qué más sucedió con Cristo?
Más profecías detalladas y la pasión de Cristo
Bueno, decían las profecías —fueron dadas 400 años antes— que delante suyo sería enviado un mensajero. Y Juan el Bautista decía que él era un mensajero que había sido enviado delante de otro que era más grande. Dice que tendría un gran celo por la casa de Dios. Bueno, Cristo derribó unas mesas, soltó unas palomas. Podría ser que fuera él. Que administraría en Galilea. Un día ministrando en Galilea —Galilea, para los judíos, era una tierra de gentiles, de gente que tenía una religión corrupta—, pero dicen que este iba a ser un gran maestro que iba a ministrar en Galilea. Cristo fue a Galilea y predicó, y cualquiera puede ir y predicar en Galilea.
Se describen fielmente los milagros que él operaría. Dice Isaías que abriría los ojos de los ciegos. Bueno, si sale un ciego aquí ya se va complicando, porque no todos los grandes maestros de la antigüedad sanaron ciegos. Y cuando Cristo hacía milagros no eran milagros ocultos, de que estamos aquí escondidos. No. Una multitud de gente, y el ciego veía, y decían las autoridades de su tiempo: “¿Y cómo es que el ciego ve?”. Decía también la profecía que él abriría los oídos de los sordos.
Y Cristo sanó a alguno que no oía, dice que le metió un dedo así, y le abrió los oídos milagrosamente. Bueno, también dice que el cojo caminaría. Pero eso no se dijo en los tiempos de Cristo. Eso se dijo 600 años antes: que el Mesías iba a poner a los cojos a caminar y que los mudos hablarían. Hermanos, los milagros descritos en los evangelios no solamente son beneficios a favor del hombre, son señales para que entendamos que Jesús realmente es el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
Dice que entraría a Jerusalén montado en un asno. Bueno, asnos hay en todas partes, pero los hombres en Jerusalén no montaban asnos como reyes, montaban caballos. Pero Cristo se montó en un asno y entró a Jerusalén. Bueno. También dice que sería traicionado por un amigo. Bueno, estoy siendo escéptico, ¿verdad?, haciendo el papel. ¿Cuántos hombres en esta tierra no han sido traicionados por un amigo? Bueno, pero Cristo fue traicionado por un amigo. También nació en Belén, vino de una virgen, vino de la tribu de Judá, la paloma se posó sobre él, entró montado en un asno… Como que se complica, ¿verdad?
Bueno, también dice el precio por el cual el amigo lo iba a traicionar: treinta piezas de plata. Está bien que Judas quisiera vender a Cristo, pero que lo compraran por treinta. Y que Judas no tuviera que regatear: “No, no, no, mira, dame cien…”. ¿Y por qué fue que a Judas se las pagaron en treinta piezas de plata? Porque la profecía decía que el Mesías sería vendido por treinta piezas de plata. ¿Y por qué a Judas no se lo compraron en oro o en especias? ¿Y por qué no hicieron una permuta, que le dieran un terreno por el Mesías?
Bueno, está bien, lo vendieron por treinta piezas de plata, lo vendió el amigo, nació en Belén, vino de una virgen, vino de la tribu de Judá y fue llamado profeta, sacerdote y rey. Entró montado en un asno.
Pero no se queda ahí. También dice la profecía de Zacarías 11:13 que las treinta piezas de plata serían arrojadas en el templo. Cuando Judas vendió a Cristo y le dieron las treinta monedas, dice que Judas sintió una conmoción, una convicción, y tomó las monedas y las arrojó en el templo. Y eso no fue casualidad: es que Zacarías había dicho que las piezas de plata por las cuales iban a vender al Mesías serían arrojadas en el templo. Dice que permanecería en silencio ante sus acusadores.
Y le hacían a Cristo preguntas, y dice que él estaba ahí como oveja que va al matadero y que no abría su boca. Que sería herido y azotado, que sería golpeado y escupido, que se burlarían de él, que serían traspasadas sus manos y sus pies.
Detalles de la crucifixión y resurrección profetizados
Hermanos, ¿por qué les estoy diciendo esto? Se lo digo porque las Escrituras te pueden hacer sabio para la salvación que es en Cristo Jesús. Cuando tú lees la Escritura, lo que se produce en ti es un profundo convencimiento. Tú dices: “¡Guau! Después de leer los evangelios, después de haber leído las profecías, este hombre definitivamente era el Hijo de Dios”. ¿Qué más decían las profecías? Que serían traspasadas sus manos y sus pies.
Hermanos, en el tiempo en que esta profecía se dijo —en el libro de los Salmos— todavía la crucifixión no era una pena usada. Los romanos, que todavía no eran el imperio mundial que fueron en tiempos de Cristo, no habían establecido la pena de muerte por medio de la crucifixión, en la que se traspasaban las manos y también se traspasaban los pies. Antes de que la crucifixión fuera establecida por los romanos, ya se había profetizado que el Mesías iba a morir crucificado. Esto no es coincidencia.
Dice la Escritura que él oraría por sus verdugos. ¿Y qué fue lo que hizo Cristo en la cruz? “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Decía la profecía que sería rechazado por su propio pueblo, que se repartirían sus vestidos echando suerte. ¿Y qué hicieron con los vestidos de Jesús? Hermanos, eso no lo documentaron solo los discípulos, lo vio toda la sociedad de entonces. Un hombre justo en una cruz y se estaban rifando sus vestidos. La profecía lo decía.
Que le darían hiel por comida y vinagre por bebida. La hiel no es la hiel de animales, la hiel es un tipo de especia muy amarga que se la daban a las personas como para aturdirles, era un tipo de alucinógeno. Entonces lo mezclaban con el vino. Cuando Cristo estaba allá en la cruz, hermanos —yo me emociono cuando veo eso—, Cristo había cumplido más de cien profecías distintas, y cuando estaba allá en la cruz faltaba una. Y él dijo: “Hay una profecía por ahí, sí, sí, sí, Salmo 69:21 dice que le darían hiel por comida y vinagre por bebida”.
Y cuando Cristo estaba en la cruz, así, crucificado, él dijo: “Tengo sed”. “Oh, casualidad, ¿tienes sed? Ah, pero aquí tenemos vinagre y también tenemos hiel”. Y dice que él la probó, le dio un probadito, y cumplió la profecía, y luego dijo: “Consumado es”. Y ese “Consumado es” significa: “Todas las profecías, desde la más difícil hasta la más sencilla, todas están cumplidas”.
Salmo 22:1 dice que daría un grito de desesperación. Y dice las palabras literales: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”. ¿Y qué fue lo que Cristo dijo? Hermanos, ¿puede ser que fue un actor? Dicen algunos que fue un farsante, dicen otros que fue un engañador. La profecía también decía que su costado sería traspasado. Donde se complica aún más la profecía es que también dice el Salmo 16:10 que el Mesías se levantaría de entre los muertos, que ascendería al cielo (Salmo 68:18) y que se sentaría a la diestra de Dios Padre (Salmo 110:1).
Yo no puedo decir otra cosa que: “¡Guau!”. La crucifixión de Cristo no fue un secreto, hermanos. La crucifixión de Cristo fue pública, y la resurrección también: dice que él se apareció delante de más de 500 hombres, y esos 500 hombres no eran todos cristianos.
El centurión y la conclusión inevitable: Jesús es el Hijo de Dios
“Pastor, ¿para qué sirven las Escrituras?”. Las Escrituras nos hacen sabios para la salvación que es en Cristo Jesús. Y es que, por medio de las Escrituras, llegamos a tener un profundo convencimiento de que Cristo es quien dijo que era y que hará lo que dijo que haría. Acá les invito a ver esto. Miren, cuando Cristo estaba siendo crucificado había un soldado que estaba ahí al pie de la cruz.
Miren, cuando Cristo expiró, no fue callado: expiró. ¿Saben qué sucedió cuando Cristo expiró? Hubo un terremoto. “¿Y qué es lo que quieren, que se está muriendo, que la tierra está temblando así?”. Dice que hubo como tres horas de oscuridad y que el velo del templo se rasgó en dos. Y había un soldado que estaba allí, que dice: “El centurión, que estaba frente a él, viendo que después de clamar había expirado así, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”. Cuando la convicción que dan las Escrituras sirve para la salvación, es que cuando uno lee todo este cúmulo de evidencia, que demuestra que Jesús no era un hombre normal, uno tiene que decir, junto a ese centurión que estaba al pie de la cruz viendo todas estas profecías cumplirse en un solo hombre: “Verdaderamente este es el Hijo de Dios”.
Si aquí hay alguien hoy que pueda —yo busqué 39 profecías nada más, y se quedan cortas—, si aquí hay alguien hoy que pueda, siendo ayudado por el Espíritu Santo, decir: “Yo reconozco que verdaderamente Jesús no es un hombre más, no es un gran maestro de la historia, que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente”, este hoy es un día de salvación. Cierre sus ojos un momento. Permítanme orar.
“Persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús”.
Mantengan sus ojos ahí cerrados. Quizá aquí hay gente que hoy está abriéndose a la posibilidad de que el cristianismo no es una tradición —como decían en la Iglesia Católica tradicional por allá por los 1500—, que el cristianismo no es solamente un asunto de algo “muy bueno”. El cristianismo es realmente la adoración del Hijo del Dios viviente, de aquel que cumplió las profecías, de aquel que venció la muerte.
Si tú hoy has llegado a este profundo entendimiento, no a un asunto emocional de decir: “Ah, me gusta la iglesia, me gustan las canciones, me gusta la vida cristiana…”. No. Si has llegado a este profundo entendimiento, a un punto tal que tú puedes decir verdaderamente, puedes reconocer que Cristo no es un hombre más, que Cristo es Dios hecho hombre, es el Hijo del Dios viviente.
Llamado a la fe, arrepentimiento y bautismo
Dice la Escritura: “El que creyere estas cosas y fuere bautizado, será salvo”. El primer paso es creer en el Señor. He dado evidencias aquí de que nuestro Maestro, nuestro Señor, el Señor Jesucristo, cumplió las profecías. Si el Señor ha abierto hoy tu entendimiento y puedes confiar en el Señor, dice la Escritura también en el libro de Apocalipsis:
He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, cenaré con él, y él conmigo.
— Apocalipsis 3:20
Dice la Escritura que si confesamos nuestros pecados, Dios hecho hombre, Cristo, él es justo, él es fiel para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. Puedes decirle al Señor ahí, con tus palabras, una oración de confesión.
Puedes decirle: “Señor, yo reconozco que soy un pecador. Reconozco que había vivido lejos de tus Escrituras. Reconozco que es una novedad para mí comenzar a considerar la Biblia como Sagradas Escrituras. Yo hoy admito que verdaderamente tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Esta es la sabiduría que alcanza para salvación, la sabiduría que te permite reconocer a Cristo.
Puedes decirle ahí al Señor, con tus palabras: “Este domingo, primer domingo de noviembre, reconozco que tú viniste en medio nuestro, que te hiciste hombre y que eres mi Salvador personal. Perdona mis pecados, Señor. Te acepto como mi Salvador. Escribe mi nombre en el libro de la vida”.
Si has hecho esta oración de reconocimiento delante del Señor, el Señor estableció una ceremonia que se llama el bautismo, por el cual todos los cristianos, históricamente, hemos dado un testimonio público de nuestra fe. Lo que te espera es bautizarte y comenzar a ser parte de la iglesia. Es el cuerpo de Cristo aquí en la tierra.
Oración final por la iglesia y afirmación en la Palabra
Oro por toda mi iglesia. Mira, mis hermanos, Señor, que están aquí congregados. Permite que su fe, Señor, no sea una fe ciega, no sea una fe simple. Permite que su fe sea una fe concreta, en que realmente tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Gracias por tu Palabra revelada, Señor. Permite que esto redunde en sabiduría para salvación a lo largo de la historia de nuestra iglesia.
Permite que aquellos que ya creyeron, que se añaden este año, el año pasado, cada vez afiancen más, Señor, que se persuadan de estas cosas. Permite, Padre, que esta iglesia sea una iglesia de creyentes que han visto la evidencia, el cúmulo de evidencia que hay en tu Escritura. Gracias por tu Palabra revelada, Señor, gracias porque en ella te hemos podido ver a ti. Para la gloria tuya, en el nombre de Jesús. Amén.