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La noticia que trastorna

Hechos 17:1-11

La predicación del evangelio no es una disertación neutral que deja indiferentes a quienes la reciben, sino un mensaje que confronta y trastorna todas las facetas de la vida, llevando el desorden causado por el pecado de vuelta al orden original de Dios. Este sermón expone las diversas maneras en que el evangelio trastorna al mundo y desenmascara las evasiones humanas ante la verdad de Cristo.

Predicado18 de agosto de 2013
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Aquí está tu pueblo congregado, Señor. Hoy hemos visto lo que tú estás haciendo en medio nuestro, hoy hemos cantado tu palabra, Señor, nos hemos alegrado aquí en tu casa, ahora venimos con humildad a recibir el consejo, Señor, de tus escrituras. Qué gran regalo tenemos nosotros: tu palabra por escrito. Permite, Padre, que tu palabra predicada retumbe en cada corazón aquí presente; yo no tengo poder, Señor, yo no tengo autoridad; tu palabra es poder, tu palabra es autoridad. Te pido por cada corazón aquí congregado, Señor. Permite que sea tu Santo Espíritu en medio de tu pueblo. Permite que cuando tu palabra hoy se predique, Señor, retumbe en nuestro ser interior. Permite que algo adentro nuestro se mueva.

Mira nuestro hombre natural, cómo se opone al evangelio, Señor; mira esta oposición inconsciente por dentro, que no sabe de dónde viene para negar tu verdad. Permite que hoy tu verdad prevalezca y que deje nuestro hombre interior derribado. Permite que esta palabra tuya, Señor, esta porción de tus escrituras, este tesoro, Señor, que será abierto, tu tesoro, Señor, conservado. Encomiendo cada persona aquí congregada, Señor, que recibirá la predicación; te encomiendo aquellos que ya creyeron. Te encomiendo a los que todavía, Señor, no han creído. Permite que el día de hoy tu palabra cambie algo dentro de nosotros; que no prediquemos por predicar, Señor, sino en expectativa de fe, confiando en la autoridad que tú tienes, confiando en el poder de tu palabra, Señor.

Nos disponemos a predicarla; glorifícate tú en medio nuestro, Señor. Trae obediencia. Trae rectificación. Trae consolidación. Afirma, Señor, a los que están dubitativos. Convence a aquellos que todavía no han creído. Permite que todos crezcamos para la gloria tuya. En el nombre de Cristo Jesús. Amén.

Hermano, le pido que me acompañen al libro de los Hechos, en el capítulo 17. Estaremos considerando el mismo capítulo de escritura que consideramos el miércoles pasado. Y yo siento, hermano, que hice como el campo: que agarra un coco, hacen una arepa y después hacen un dulce con la pulpa. Yo siento que eso es lo que hemos hecho, desde una misma cosa vamos a hacer dos. Estudiamos versículo por versículo, palabra por palabra este capítulo de escritura el miércoles pasado, y hoy vamos a predicar la palabra del Señor. Precisamente, en el centro de este pasaje está la predicación del evangelio en la ciudad de Tesalónica.

Lectura de Hechos 17 y presentación de los propósitos

Capítulo 17 del libro de los Hechos. Les doy un chance para que puedan buscar sus Biblias y marcarlo allá. Consideraremos también otros pasajes relacionados y se los daré sobre la marcha, pero principalmente consideraremos los versículos del 1 al 11 del capítulo 17 del libro de los Hechos, en la predicación del evangelio en la ciudad de Tesalónica. Hermano, yo vengo a predicar esto y no lo predico como palabra que se suelta al aire. Tengo dos propósitos concretos en el ojo cuando vengo a predicar esta porción de las escrituras. El primer propósito que tengo es alertar a la iglesia del Señor sobre las diferentes reacciones que presenciará cuando esté predicando el evangelio; ese es el primer propósito que tengo. Vine a predicarle a mi iglesia para que esté preparada ante diferentes reacciones que tienen los hombres cuando el evangelio de Dios es predicado. Y el segundo propósito que tengo es despertar a los no creyentes para que vean el gran error que es perseguir al mensajero en vez de humillarse ante el mensaje.

Capítulo 17 del libro de los Hechos; leeremos desde el 1 y hasta el versículo 11: la predicación del evangelio en la ciudad de Tesalónica. Leo el pasaje completo; después me concentro en la parte central. Dice así la palabra del Señor, leemos Hechos capítulo 17, versículo 1 en adelante, predicación del evangelio en Tesalónica:

Pasando por Anfípolis y Apolonia, llegaron a Tesalónica, donde había una sinagoga de los judíos. Y Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres días de reposo discutió con ellos, declarando y exponiendo por medio de las Escrituras, que era necesario que el Cristo padeciese y resucitase de entre los muertos; y que Jesús, a quien yo os anuncio, decía él, es el Cristo.

Y algunos de ellos creyeron, y se juntaron con Pablo y con Silas; y de los griegos piadosos, gran número, y mujeres nobles, no pocas. Entonces los judíos que no creían, teniendo celos, tomaron consigo algunos ociosos, hombres malos, y juntando una turba, alborotaron la ciudad; y asaltando la casa de Jasón, procuraban sacarlos al pueblo. Pero no hallándolos, trajeron a Jasón y a algunos hermanos ante las autoridades de la ciudad, gritando: Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá; a los cuales Jasón ha recibido; y todos estos contravienen los decretos de César, diciendo que hay otro rey, Jesús. Y alborotaron al pueblo y a las autoridades de la ciudad, oyendo estas cosas. Pero obtenida fianza de Jasón y de los demás, los soltaron.

Inmediatamente los hermanos enviaron de noche a Pablo y a Silas hasta Berea; y ellos, habiendo llegado, entraron en la sinagoga de los judíos. Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así.

— Hechos 17:1-11

A modo de introducción les digo, hermanos, que la predicación del evangelio no es una disertación neutral que deja indiferentes a quienes la reciben, sino la entrega de un mensaje retador con el poder de trastornar completamente todas las facetas de la vida, llevando la creación, que ha sido desordenada a consecuencia del pecado, a su ordenamiento original. Por esto, todo el mundo reacciona ante el evangelio.

Unos, con humillación, reconocen el error en que estaban viviendo y rinden su vida ante Cristo; y otros, en vez de considerar la verdad, amando más la mentira, la evaden, a veces violentamente. Hoy veremos las diferentes maneras en que el evangelio trastorna al mundo. Es la noticia que trastorna. Hermano, cuando se predica el evangelio, no hay hombre racional que se mantenga indiferente. Es más, yo he visto que cuando predicamos el evangelio, la reacción natural del que está sentado, que no es creyente, es cruzar los brazos en actitud defensiva. No hay hombre alguno racional sobre esta tierra que escuche la predicación del evangelio y que se mantenga neutral. Quizás no te manifiesta que hay oposición adentro de él, pero dentro, cuando el evangelio se está predicando, hay una oposición natural en el ser humano.

Tesalónica, la turba y la noticia que trastorna

Dice la escritura que esto que para nosotros, hermanos, es un tesoro, para ellos es locura. Lo que sucedió fue que se predicó en Tesalónica, y para que ustedes entiendan lo que está sucediendo, porque todo parece desproporcional: cómo va a ser que unos hombres, porque Pablo venga a predicarles el evangelio, levanten una turba de hombres ociosos y persigan a Pablo hasta matarle. Fueron tan aguerridos en esto que después fueron a Berea y buscaron también a Pablo para alcanzarlo allí. ¿Qué es lo que tiene el evangelio que hace que los hombres respondan con tal nivel de violencia, con tal nivel de oposición? Hermano, es que el evangelio es la noticia que trastorna.

Para que ustedes entiendan esto, déjenme explicarles qué era la ciudad de Tesalónica. Tesalónica estaba muy lejos de Jerusalén. Era una ciudad distinguida dentro del imperio romano por la razón siguiente: dentro de todo el imperio, era una de las pocas ciudades relativamente independientes. En un momento de la historia hubo una gran revuelta en el imperio romano, y los hombres de Tesalónica tuvieron el buen tino de aliarse a la parte de la rebelión que prevaleció, y cuando ganó ese lado, entonces los romanos le dieron el regalo a los tesalonicenses de darle la libertad de su pequeña ciudad y les dijeron: “Levanten ustedes sus propias autoridades”. Y ellos hicieron un Senado, hicieron sus propios políticos; se llamaban politarcas, y esta ciudad era una ciudad dentro del imperio romano relativamente independiente.

Bueno, en esta ciudad también hubo un gran asentamiento judío, y los judíos vivían en Tesalónica probablemente mucho mejor de lo que vivían en Jerusalén. Es más, usted podría describir de algún modo Tesalónica, para un judío, como un pequeño Nueva York, un Nueva York chiquito. ¿Qué sucedía en Tesalónica? Bueno, Tesalónica no era una ciudad tan religiosa como era Jerusalén. Los judíos en Tesalónica tenían su propia sinagoga; parece que les permitieron hacer una gran construcción. Evidentemente había una afinidad entre las autoridades, los politarcas que gobernaban la ciudad, y los judíos. Había cierta relación, cierta afinidad; ellos se recibían mutuamente. Tesalónica al mismo tiempo era una ciudad mucho más comercial que Jerusalén, y los judíos, que tienen esa vena comercial históricamente, en Tesalónica habían prosperado, habían progresado mucho.

Y este versículo específico donde pienso centrarme, lo que dice es: “Estos que trastornan el mundo entero también han venido hasta acá”. Bueno, los cristianos habían puesto Jerusalén patas arriba. Y definitivamente la historia había llegado a Tesalónica. Quizá llegó a Tesalónica la historia de que algunos se habían convertido siendo principales entre los judíos y se habían humillado. Quizás había llegado la noticia a Tesalónica de que Pablo, que era un principal entre los judíos, había tenido un encuentro con el Señor, pero ellos decían: “Eso por allá, lejos, en Jerusalén; eso no es en Tesalónica. En Tesalónica los judíos seguimos estando bien”. Literalmente el evangelio había trastornado la ciudad de Jerusalén, pero todavía no había llegado a Tesalónica.

Pablo, junto con Silas, en su segundo viaje misionero decidió ir a la ciudad de Tesalónica, y cuando Pablo llegó a la ciudad de Tesalónica esta gente dijeron: “Nos llegó el asunto. Han llegado también hasta aquí”. Y la reacción que tuvieron, hermano, fue una reacción tan airada que deja a cualquiera sorprendido. Los tesalonicenses no consideraron la veracidad del mensaje de Pablo, sino sus múltiples consecuencias. Ellos no pensaron si era verdad o mentira lo que Pablo estaba enseñando; lo que ellos pensaban fue: “Esto que Pablo enseña va a trastornar a Tesalónica. Nosotros quisiéramos que nuestra pequeña ciudad, nuestro pequeño gueto judío, nuestra diáspora judía, siga teniendo la situación normal que ha tenido siempre; que no se trastorne”.

Es un asunto paradójico, pero normalmente cuando el evangelio se predica, la gente no se pregunta si es verdad o es mentira, sino: “¿Cuáles son las consecuencias del evangelio? ¿Qué tipo de trastorno traerá el evangelio a mi vida?”. Cuando predicamos el evangelio en la iglesia, la gente lo entiende, la gente no pregunta si esto es verdad o es mentira; la gente se pregunta: “¿Qué es lo que cuesta ser cristiano?”. La mejor pregunta no es: “¿Qué tanto va a trastornar el evangelio mi vida?”. La mejor pregunta es: “¿El evangelio es verdad o es mentira?”. Porque si el evangelio fuera verdad, cualquier cosa a la cual tú estuvieras aferrado pasaría a un segundo lugar. La pregunta que hay que hacerse, la pregunta que tenían que hacerse los tesalonicenses, no es: “¿Qué nivel de trastorno podría traer el evangelio a nuestra ciudad?”. La pregunta que tenían ellos que hacerse era: “¿Lo que está predicando Pablo es verdad o es mentira?”.

Matar al mensajero: ilustraciones de la evasión de la verdad

Pablo trajo el mensaje del evangelio; durante tres días de reposo estuvo discutiendo con ellos, pero ellos no se detuvieron a analizar si el mensaje de Pablo era verdad. Analizaron las consecuencias del mensaje. Es un asunto, hermano, una imprudencia garrafal. Imagínate: tú, teniendo un dolor, vas al médico, el médico te pasa las analíticas y él te da un diagnóstico de tu enfermedad, y tú matas al médico. ¿Se resuelve tu problema de salud con que mates al médico que te dio el diagnóstico? No, de ninguna manera. Pero los profesionales de la medicina que tenemos aquí presentes podrían dar testimonio de que es frecuente que a una persona le dan su diagnóstico y piensa: “Ese médico no es tan bueno como fulano; voy a buscar una segunda o una tercera opinión”.

Lo que está sucediendo aquí es como una persona que tiene un problema y le mandan el reporte a su tarjeta de crédito y dice: “Su tarjeta de crédito está sobregirada por tantos miles de pesos”. La persona busca en su bolsillo, saca la tarjeta y corta la tarjeta en dos. ¿Se resolvió su deuda? Hermano, romper una tarjeta en dos por el ombligo, yo no he sabido de nadie a quien la deuda se le haya desaparecido porque rompió el plástico de su tarjeta. ¿Cómo va a ser que mi tarjeta está sobregirada, la corto en dos, y la deuda sigue igual? Hermano, Pablo fue a Tesalónica y les dijo: “Tesalonicenses, ustedes son judíos piadosos, pero están muertos en sus delitos y pecados”. Y ellos dijeron: “Matemos a Pablo”.

Oigan qué desproporción. Tesalonicenses: “Están muertos en sus delitos y pecados”. Respuesta: “Vamos a agredir a Pablo”. Con matar al mensajero, hermano, no se resuelve tu problema ante Dios. La mejor pregunta no es cuánto costará, sino si esto es verdad o es mentira. Dice, hermanos, el libro de Romanos, en el capítulo 1 y en el versículo 18, el mismo apóstol Pablo hablando:

Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad.

— Romanos 1:18

La palabra clave aquí es “detienen”. Hay algo sobre lo cual tú tienes que ser notificado: que por dentro te estás muriendo, que tus pecados han hecho una separación entre tú y Dios y hemos venido a notificarte, pero dice la escritura: aquellos, con injusticia, detienen la verdad.

Doctor, yo me siento mal, y probablemente tengo cáncer, pero yo no quiero escuchar que me den ese diagnóstico. Yo entiendo que me estoy muriendo por dentro, pero no quiero que me den la noticia; la noticia me trastorna. Los tesalonicenses querían detener la verdad persiguiendo al mensajero. Hay diferentes formas en que la gente evade la evidencia de Cristo, hermanos. Algunos la evaden negando el valor de la discusión. ¿No han escuchado ustedes estos hombres que dicen: “De religión y política no se discute”? “Yo no discuto de religión”. Eso es una manera de evadir la verdad; dice la escritura en Romanos 1:18 que con injusticia detienen la verdad para que no los alumbre.

Algunos detienen la verdad negando el valor de la discusión. Asimismo, hay algunos que dicen: “Yo no discuto de política”, pero cada vez que hablan del Diario Libre están protestando: “Mira esta medida, yo no estoy de acuerdo; mira esto…”, pero no discuten de política. Lo mismo: no quieren discutir de religión, pero cuando ven a la sociedad cayendo moralmente entonces quieren ponerse la mano en la cabeza. Es una manera de detener la verdad: anular la conversación. “De religión no se discute”.

Algunos atacan a la persona que les está dando el mensaje, por razones que son a veces más válidas que otras. Pero yo te voy a decir lo siguiente: mira, cuando un médico te da un diagnóstico a ti, sin importar el nivel de salud que ese médico tenga, él te está diagnosticando el nivel de salud tuyo. Dale las gracias. Es medio raro, pero tú vas al médico y él te dice: “Usted tiene el triglicérido alto”, o el colesterol alto, “usted tiene que hacer una dieta”, y tú te das cuenta que el doctor también tiene una barriguita, y tú dices: “Doctor, pero usted tiene una barriguita, y usted me está poniendo a mí a dieta”. Amigo, no estamos hablando en este momento de quién tiene el triglicérido alto; es usted. No son pocas las personas que, al oír la palabra, le dicen al predicador: “Tú estás muerto en pecados… y tú también”. “Ustedes tesalonicenses, ustedes están perdidos, tienen una sinagoga en Tesalónica, están lejos de Jerusalén; yo vine hasta aquí a decirles que ustedes están muertos en delitos y pecados”. Respuesta: “Vamos a matar a Pablo”.

¿Quién tú eres? Descalificar al mensajero. Otros atacan a quienes ya recibieron la verdad: “Pero fulano es cristiano, y míralo a él”. Un millón de cristianos pueden vivir en esta tierra de manera que no glorifiquen al Señor, y todavía la verdad se mantiene inmaculada. La hermosura del evangelio, hermano, es que sin importar los practicantes, el evangelio se mantiene en pie.

Excusas modernas para detener la verdad

Algunos me han dicho: “Pero, ¿cómo tú te atreves a decir que eres cristiano, si los cristianos fueron aquellos que hicieron las grandes cruzadas y mataron qué sé yo cuántas personas?”. Errores garrafales de la historia carnal, y la verdad del evangelio todavía se mantiene en pie. Podrás descalificar a aquellos que ya abrazaron la verdad, pero todavía la verdad se mantiene inalterable.

Hay otros que usan la excusa de la gran multitud para detener la verdad, en vez de abrir los ojos a la evidencia del evangelio como hicieron los bereanos. Hay unos que dicen —y ustedes lo han escuchado—: “Ok, tú vives en Latinoamérica, aquí hay cristianos; y tú sabes cuántas personas viven en China, y cuál es la religión de China; y en la India, tú sabes cuántos hindúes hay sobre la tierra, y cuál es la religión de los hindúes. Minoritariamente chinos e hindúes son cristianos; eso marca la diferencia”. Me dijo alguien a mí: “Pero ni siquiera en Jerusalén, que fue donde nació Jesús, a ese hombre lo adoran”. Es la realidad: tú vas hoy a Belén, a la ciudad donde nació el Maestro, y encontrarás pocos cristianos.

Hay gente que está considerando los asuntos incorrectos. Pablo predicó el evangelio a los tesalonicenses y ellos no buscaron en las escrituras a ver si lo que Pablo decía era verdad, como lo hicieron los bereanos. Hay gente que está considerando los asuntos incorrectos. Hay personas a las que les estamos predicando el evangelio y comienzan a preguntarse sobre el tamaño de una iglesia. Estadísticamente hablando, las multitudes producen más conversiones que los grupos pequeños; a la gente le gusta convertirse en los lugares grandes. “¿Y cuánta gente hay aquí que se está convirtiendo? Si mucha gente lo está haciendo, yo también lo hago”. Hermano, no consideres el tamaño de la iglesia donde te están predicando el evangelio; considera el evangelio.

Hay gente que considera la vestimenta del predicador y dicen: “¿Ese hombre será un ministro del Señor?”. Y yo sigo predicando a la persona y le digo: “Yo soy un ministro del Señor, soy un pastor”, pero dicen: “Este es un pastor muy joven”. No me ha dicho el Señor que en mi corta edad no pueda hacer un pedimento para que esta gente vea la hermosura de tu revelación.

Otros consideran el nivel de oratoria. Le decían al apóstol Pablo los hermanos de Corinto —en Corinto, hermano, Corinto era la meca de los oradores; Corinto era una ciudad que estaba cerca de 100 kilómetros de Atenas, y Atenas, hermano, esa era la cuna: lo que Atenas producía se vendía en Corinto—, cuando Pablo fue a los corintios, ¿sabes qué le dijeron en Corinto? “Pablo, que tú por carta tú eres muy bueno, pero en vivo y directo tú no impresionas demasiado”. Él les dijo: “Es que yo no fui a ustedes con la sabiduría humana; yo vine a predicarles a Cristo y a Cristo crucificado”.

Los de Corinto, hermano, no entendieron lo que Pablo les predicaba porque Pablo no era un ‘pico de oro’. Pablo no era un gran orador. Pablo no tenía las florituras que tenían los oradores griegos; Atenas era la cuna de la cultura griega. Pablo no tenía eso, y quizá pudo tenerlo, porque Pablo era un gran orador, pero él se limitaba, se auto-limitaba, para que la hermosura de la revelación fuese contemplada al natural, sin ningún tipo de distorsión. Y él les dijo: “Corinto, sé que yo no fui a ustedes con elevadas palabras; yo fui a predicarles a Cristo y a Cristo crucificado”.

La luz vino al mundo, y los hombres no siguieron la luz. Dice asimismo Juan capítulo 3 —Juan 3:16 lo conoce todo el mundo, pero Juan 3:19 muy poca gente lo conoce—, mire lo que dice:

Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.

— Juan 3:19

Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz porque sus obras eran malas. Estos judíos de Tesalónica se perdieron el evangelio porque en vez de considerar si el evangelio era verdad o no era verdad, comenzaron a considerar las cosas incorrectas, porque se aferraron a su forma de vida.

Persona que está sentada frente a ti, el evangelio está predicado; en vez de tú considerar si el testimonio de quien te lo está predicando es bueno o es malo, en vez de tú considerar si acaso los cristianos históricamente han hecho las cosas como tú entiendes que son buenas o no las han hecho, sí considera lo siguiente: ¿el evangelio es verdad o no es verdad? Porque si el evangelio fuera verdad, solamente una persona que no fuera razonable permanecería en el error cuando sabe que el evangelio lo ha puesto en evidencia. La mejor pregunta no es: “¿El evangelio trastorna?”. La mejor pregunta es: “¿El evangelio es verdad?”.

Tres maneras en que el evangelio trastorna el mundo

Hermano, el evangelio enseña a las personas su mala conducta, enseña a las personas sus trazos incorrectos. Yo estudié en el Politécnico, recuerdo una clase de dibujo técnico. No recuerdo el nombre del profesor, pero era un profesor muy drástico, hermano, muy rudo. A uno le pedían que llevara su regla T, que llevara sus diferentes instrumentos de dibujo, sus lápices, sus esténógrafos para hacer dibujos técnicos, para dibujar un motor, para tomar medidas y demás. Y el cuarto de dibujo que había en Artes y Oficios tenía todas mesas de dibujo y un gran ventanal. Y lo que sucedía, por alguna razón, cuando estábamos tomando la clase de dibujo, nos dejaron la tarea para hacer. Estábamos haciendo el dibujo; todo el mundo tenía que llevar, recuerdo, para hacer dibujo técnico, una toallita para limpiarse el sudor de las manos, tenía que llevar su regla T, tenía que llevar una regla escala, diferentes instrumentos, esténógrafos, y nosotros todos dibujando a la luz de unas lámparas parecidas a estas.

Todo el mundo estaba dibujando; teníamos ya dos horas dibujando el motor que nos habían asignado, dibujando, y en el camino llegó una persona, dijo: “Por aquí hace calor”, y abrió todas las ventanas, e iluminó ese cuarto de dibujo de una manera tan extraordinaria que todos nosotros vimos que los dibujos que estábamos haciendo, ningún dibujo sería aprobado. Y yo le pregunto: ¿usted cree que preferimos coger fresco y dibujar a plena luz, o preferimos dibujar a media luz? ¿Qué usted cree que preferimos? Hermano, a la una se dijo: “Ciérrala, ciérrala; no la abras ahora, y mucho menos cuando llegue el profesor a evaluar los dibujos”. La realidad, hermano, es que a uno no le gusta dibujar con lámparas; prefiere dibujar a plena luz. Lo que pasa es que al dibujar a plena luz usted ve los borrones, usted ve las líneas mal hechas; hay caras que tienen la mitad de un motor dibujado y tienen que comenzar a dibujar de nuevo porque la línea le ha quedado doble. Hay que hacer muy buen estudiante para soltar su papel Fabriano, votar ese, sacar otro, ponerle abajo la leyenda, poner su nombre y todas las cosas, y comenzar a dibujar un motor desde cero. Hermano, yo prefiero que cierren la ventana y dibujar a media luz.

¿Cuál es la condenación? Dice Juan: “Esta es la condenación: que la luz vino al mundo y los hombres amaron más las tinieblas que la luz porque sus obras eran malas”. Por esa razón fue que los tesalonicenses respondieron a Pablo con tanta agresividad: porque sus obras eran malas.

Hermano, todo esto ha sido el preámbulo para poder decirle tres maneras claras en que el cristianismo trastorna al mundo, y la razón por la cual los tesalonicenses respondieron con tanta violencia.

Razón número uno: los tesalonicenses respondieron con tanta violencia porque Pablo estaba poniendo en duda verdades que ellos consideraban ciertas y no lo eran. El ser humano cambia poco. El ser humano es más estable de lo que parece: agarra un set de verdades, y dice: “Yo creo que eso es verdad, y eso es verdad, y eso es verdad”, y se aferra a eso, hermano, con uñas y dientes.

Pablo llega a esta ciudad y le dice a los judíos: “Ustedes tienen todas generaciones creyendo que con ser hijos de Abraham es suficiente; no basta. Ustedes crecieron creyendo que Dios eligió a un único pueblo, Israel; Dios ha elegido a otros más. Hay otras ovejas que también el Señor va a traer redimidas. Ustedes crecieron creyendo que eran moralmente superiores”. Los judíos, hermano, creían que eran un pueblo especial —y de verdad lo eran— y que eran moralmente superiores a sus vecinos. Pero lo que demuestra el evangelio es que no hay justo ni aun uno, sin importar que sea o no hijo de Abraham. Ellos habían creído que sin las obras de la ley no había salvación; Pablo les dice ahora que hay salvación sin las obras de la ley.

“Pablo, eso contigo no lo vamos ni siquiera a considerar. No queremos ese trastorno”. Pero asimismo los hombres en este tiempo se aferran a una serie de verdades que son suyas. A la gente le gusta su estilo de vida: “Este es mi estilo de vida”. “Tú ves, entonces yo hacerme cristiano es algo que va a afectar mi estilo de vida; me trastorna. Yo, aceptar el estilo de vida de un cristiano, voy a tener ahora que cambiar mi estilo de vida. ¿Sabes el tiempo que yo he tenido que invertir para tener este estilo de vida?”.

Hay gente que habla de su forma de ser. Hay gente que justifica hasta la imprudencia con su forma de ser: “Perdónenme, es que yo soy así; yo soy así. Yo soy una gente que digo lo que pienso; esa es mi forma de ser”. Otros tienen una filosofía; otros hablan de sus preferencias. Vamos a ver por qué que cogen piedra para atacar la verdad del evangelio: porque la verdad del evangelio te pone a pensar que probablemente aquellas cosas en las cuales has edificado tu vida y consideras como muy, muy ciertas, no son sostenibles ni son verdad.

¿Cómo es que el evangelio trastorna al mundo? Te demuestra que tus verdades locales no son más que mentiras agradables que tú mismo has llegado a creerte para evadir y detener la verdad del evangelio.

Segunda razón: ¿cómo es que el cristianismo trastorna al mundo? Le resta el valor a lo que antes considerábamos importante. Decía el mismo apóstol Pablo: “Todo lo que para mí era importante, todo lo que para mí era ganancia, lo he estimado como pérdida”. Hermano, desaferrarse de cosas que uno tiene años trabajando para considerar que eso es lo loable, que eso es lo importante, porque ahora eso tiene un valor secundario, eso es algo que no todo el mundo está dispuesto a hacerlo. Eso es trastorno.

La formación familiar: miren, hay gente que tú le puedes poner la mano en lo que sea, pero no le hables de su formación familiar. Yo encuentro un hombre que creció en una familia, una familia de prohombres: “Mira, en tu familia te lo dieron todo, pero se te olvidó enseñarte la cosa más importante, y es que en el cielo hay un Dios”. Y si en tu familia te dieron los mejores valores pero no te dijeron que en el cielo hay un Dios y que a ese Dios se adora, por muy buena formación familiar que tú tengas, han perdido el tiempo. Trastorno. Entonces todo el mundo me decía a mí: “Que abuelito le enseñó a mamá, y que mamá me enseñó a mí, y que mi familia…”. “Mi familia es católica, tradicional; que mi familia no está en la verdad”. Hacerse cristiano es un asunto que trastorna porque te va a poner a enfrentarte a algo que tú considerabas muy valioso, y es tu formación familiar. “En mi casa somos católicos”, dicen algunos. “Y tú sabes, tú conoces las escrituras, tú sabes lo que es ser un cristiano”. “No, en mi casa somos católicos”.

Las posesiones materiales: dice la escritura que si usted no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo. ¿Qué es lo que yo tengo que considerar ahora? Todas mis pertenencias como que son del Señor, que ya yo no puedo decir “esto es mío”. Hermano, esos gusticos carnales, usted no se imagina pararse frente a una propiedad y hacer así y decir: “¡Eh, tú eres mío!”. Eso es un gustico. Mira, montarse en un carro, usted comprar un carro, montarse ahí dentro y bajar así: “¡Tú eres mío!”. Usted entra en un apartamento, lo abre y dice: “Esto es mío”. Usted se para frente a un coroto en su casa y dice: “Este televisor plasma es mío”. Hermano, eso es una satisfacción carnal tremenda. Dice la escritura que para uno ser cristiano tiene que renunciar a todos sus bienes. Eso es trastorno.

La ambición y la competencia: ¿sabes qué dice la escritura? Dice Mateo, en el Sermón del Monte: “Bienaventurados los pobres en espíritu”. Hermano, nosotros vivimos en una sociedad que es tan competitiva y tan ambiciosa que los pobres en espíritu damos vergüenza. “Cómo va a ser, fulano, que tú no eres agresivo, que tú te vas a quedar quieto; esa oportunidad en el trabajo que le van a dar la posición a fulano y no a ti, y tú te vas a quedar así”. Pero el texto dice: “Bienaventurados los pobres en espíritu”. Hermano, esa es la parte que yo le llamo cuando uno comienza a morirse de verdad: la dependencia. “Algo me atenderá el Señor a mí”. Eso es un trastorno para el hombre natural.

¿Qué más? Cambiamos la venganza por la misericordia, el orgullo por la humildad, la violencia por ser pacificadores, la jactancia por la acción de gracias. Me dijo una pareja de gente que logró riqueza sobre la tierra; me invitaron a que vaya con ellos a su finca. Para uno tener ascendencia hay cosas que uno va logrando: ya tiene sus fincas, eso se le llama “su”; cada hotel, cada cosa, se le pone su “eso lo logré”. Por eso la gente tiene su carrera, su profesión, su maestría, su apartamento, su carro, su finca, su visa, su… su “logré”. Es su afirmación de lo que él mismo es.

El valor de nuestras “ganancias” y los prejuicios que el evangelio derriba

¿Sabes cómo le llama el evangelio a eso? Basura. Y Pablo dice: “Todo eso lo tengo por basura, por ganar a Cristo”. Entonces, ¿qué? ¿Que yo he dedicado 15 años a buscar eso, y tú me vas a decir que eso no es importante? Yo me pongo en el lugar de un rabino, del rabino de la sinagoga de Tesalónica, y que Pablo le diga: “Mira, eso que tú haces, rabino…”. Hermano, tomar cerca de 25 años, 25 años con los ojos pegados a la ley; los operaron con la ley así, 25 años, para ver si llegas a ser rabino. Y viene Pablo y dice: “Mira, en este nuevo sistema inaugurado, los niños van por delante, y de ellos tenemos más que aprender que del rabino”. “¿Y mis 25 años, quién me los devuelve?”.

Hermano, ¿trastorna el evangelio? Sí, trastorna. Póngase en el lugar de otro. Yo soy el primero que me pongo en ese lugar: usted, ahora viene este hombre a decirme aquí que no importa que yo sea rabino, que no lo sea; ahora viene a decir que no importa que seamos el pueblo de Dios, que no lo seamos; ahora viene Pablo a decirnos que no importa el orden que tengamos, que viene a trastornar todo lo que nosotros somos: “Mátenlo”. Ahora le pregunto: ¿no fue lo mismo que hicieron con Cristo? Bueno, la evidencia de Cristo iba creciendo en Jerusalén, iba creciendo; en un momento las autoridades judías dijeron: “No tenemos nada de qué acusarlo; busquen hombres mentirosos y vamos a acusarlo con falsedad; mátenlo, y traten de hacerlo antes de que llegue el día de reposo”. ¿Y cuál de los judíos negó la evidencia sobre Cristo? Ninguno. Ellos quisieron matar al mensajero.

¿Qué tengo para decirle a las personas que están aquí congregadas? Que el evangelio, hermano, la noticia, la evangelización, es una noticia que trastorna, porque pone en duda las cosas que tú consideras ciertas, porque le resta el valor a lo que antes considerabas importante.

Lo que les decía de la finca: esta pareja me llevó a su propiedad, y me dijo: “Esta es nuestra finca”. Yo les pregunté cómo habían logrado hacer su patrimonio, y la esposa miró hacia el cielo y me dijo: “¡Wow, Rafael! Toma cerca de 20 años uno moverse de una clase social a la otra”, mirando así como al cielo. “Toma cerca de 20 años moverse de una clase social a la otra”. Eso es, que si usted está en la extrema pobreza, para usted llegar a ser pobre son 20 años; y para llegar a clase media baja, 20 años más. Pero ellos han invertido la vida en ese asunto. Hermano, y dice el evangelio que en esto, el que quiere ganar su vida, el Señor la perderá. ¿No trastorna?

¿Te imaginas lo que es una pareja que le ha dedicado 20 años a moverse de una clase social a la otra, que tú le digas: “Ahora tú vas a tener que devolverte, y pasar 20 años más tratando de empobrecerte intencionalmente”? El evangelio trastorna. Trastorna porque pone en duda nuestras verdades. Trastorna porque le resta valor a lo que antes considerábamos importante.

Por último, el evangelio trastorna, en tercer lugar, porque elimina de plano cualquier prejuicio social. Acompáñenme a Gálatas, capítulo 3, versículos 26 al 28. En primer lugar te enseñé que el evangelio trastorna el mundo porque pone en duda lo que tú considerabas verdad. El evangelio trastorna el mundo al mismo tiempo porque le resta valor a las cosas que tú considerabas importantes. Ahora te diré que el evangelio trastorna el mundo porque elimina de raíz cualquier tipo de prejuicio social. Dice Pablo a los gálatas, capítulo 3, versículo 26 al 28:

Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.

— Gálatas 3:26-28

Hermano, para un judío juntarse con un griego era un asunto ofensivo. Les llamaban “gentiles”; o sea, ellos decían: “Nosotros somos judíos”. Pablo está diciendo ahora: si usted es cristiano, ¿qué es lo que usted ahora es? Cristo. Y como la imagen de Cristo está en todos, usted no debe buscar ese tipo de diferenciación y ese tipo de prejuicios. La iglesia es un asunto genial.

¿En qué otro contexto, en la sociedad dominicana, usted podría encontrar personas que tengan niveles de ingresos, niveles socioeconómicos, socioculturales, tan variados, con trasfondos distintos, con apellidos que terminan en “Z”, que son los que menos, y otros con apellidos que terminan en “y”, que son los que más? ¿En qué otro contexto encontraría que haya tal nivel de nivelación social? Solamente en la iglesia.

Hermano, aquí no importa si usted es ingeniero o usted no es ingeniero; aquí no importa si usted es un gran intelectual o si usted no sabe escribir la “o” con un canuto. ¿Sabe qué somos en la iglesia? En la iglesia somos todos uno en Cristo. Miren, hay gente que no está dispuesta a lidiar con estas cosas. Hay gente que, para ir a un lugar, necesita saber quién estará allí: “¿Estará gente que es de mi nivel social? ¿Estará gente que es afín a mí?”. Y uno lo ve a veces en lo económico, pero en lo cultural también. El hombre natural se reúne con gente que es como él. Si yo tengo inquietudes, me gustan los libros, yo tengo mi tertulia y mi peña de gente que le gustan los libros. Y si a mí me gusta la música que hace “bum, bum, bum”, yo me reúno con gente que le gusta la música estridente. “Ay, pero que fulano tan ruidoso, yo no quisiera juntarme con fulano; ay, que fulano tan aéreo, todo lo que él habla es filosofía, yo no quisiera juntarme con fulano”. Hermano, en la iglesia todo el mundo se junta.

El evangelio trastorna al mundo porque nivela. Y ojo: esto no es como que ya no hay sexo; la gente dice: “No, entonces ya no hay varón ni hembra”. No: lo que no hay es una denigración porque el hombre es mejor o porque la mujer es mejor; en la iglesia todos somos uno en Cristo.

Ahora yo te pregunto, hermano: ¿no sería más fácil coger piedras para dejar las cosas como están? ¿No sería más fácil, en vez de examinar la evidencia, ver si la verdad es verdad, simplemente resistir el evangelio sin más? El evangelio es la noticia que trastorna, y para tú hacerte cristiano, mi recomendación es la siguiente: no evalúes el costo, porque si una persona se pone a sacar los números, nunca se hace cristiano. Evalúa la evidencia, porque si Cristo es quien dijo ser, entonces el cristianismo es la verdad, y la verdad te compromete.

Llamado a no detener la verdad y oración por los oyentes

Les pido que cierren sus ojos por un momento y permítanme orar. Con tus ojos ahí cerrados, yo no te estoy mirando, pero tú te conoces, y el Señor te conoce. Quizá tú eres una persona que ha estado resistiendo la verdad del evangelio porque estás muy cómodo en tu forma de vida, porque estás muy cómodo con tus posesiones, porque estás muy cómodo con tu trayectoria. Quizás eres una persona que ha estado resistiendo la verdad del evangelio porque prefieres aferrarte a tus valores familiares. Quizás, en vez de preguntarte si Cristo es o no es el Hijo de Dios, te estás preguntando si tu familiar cristiano es o no es un cristiano comprometido, si los cristianos hablan mentira o hablan verdad.

Tengo para decirte a ti específicamente que, sin importar lo que tú ves alrededor tuyo, la verdad del evangelio es una verdad que se mantiene inalterable siglo tras siglo, y sin importar cómo la practiquemos los cristianos, bien o mal, tú estás comprometido ante el Señor, no con nosotros, sino con Él directamente. Quizás tú has resistido el evangelio escudándote en el testimonio incorrecto de alguien.

Esta es la condenación: que la luz vino al mundo y los hombres no prefirieron la luz, sino las tinieblas, porque sus obras eran malas. Dice la palabra del Señor que hubo otro grupo de hombres que no eran de Tesalónica, sino de Berea, y éstos sí se dedicaron a considerar las escrituras y aceptaron la verdad. Quiero retarte hoy a que te expongas al trastorno que trae el Señor. En un mundo caído, cuando el Señor ordena, eso parece trastorno. Que aceptes la verdad del evangelio, que rindas tu vida a Cristo, que abandones esos errores en los que estás metido, que dejes de buscar excusas y te rindas a Cristo.

Es tan sencillo como que le digas al Señor, con tus palabras, en tu mente: “He escuchado, Señor, predicar tu palabra; no quiero ser como los de Tesalónica, yo quiero ser como los de Berea. Te pido que perdones mi necedad; he estado resistiendo tu mensaje por mi comodidad. Me expongo ahora al trastorno; te pido que ordenes mi vida”. Pídele al Señor con tus palabras; dile: “Te pido que perdones mis pecados, que me aceptes como tu hijo o como tu hija, escribe mi nombre en el libro de la vida. En este momento yo renuncio a vivir para el mundo; comienzo a vivir para ti”.

Oro ahora por los creyentes que están allí congregados, todos. Si tú hiciste esa oración al Señor, lo próximo es bautizarte, como dice la escritura, que el que creyere y fuere bautizado será salvo.

Oración final por la iglesia y bendición

Oro por mi iglesia. Señor, mira a mis hermanos, mira esta congregación que tú me has dado, el privilegio que tengo de predicar tu palabra. Permite que aquellos, Señor, que no estén sintiendo la incomodidad del evangelio, que no estén sintiendo, Señor, el trastorno que el evangelio hace en este mundo, que lo sientan en esta semana. Quizás, Señor, tengas que colocarnos en situaciones hostiles para que veamos que no es lo mismo que vivamos derechos en un mundo doblado, que busquemos la luz en un mundo de tinieblas, que queramos hacer tu voluntad en medio de un grupo de hombres que están descarriados.

Te pido por tu iglesia, Señor. Permítenos sentir el trastorno de la cruz. Permítenos sentir, Señor, la dignidad que tiene padecer por el evangelio. Trastorna, Señor, nuestras vidas ante los ojos del mundo, para que nuestras vidas queden ordenadas ante tus ojos. Te pedimos esto para tu gloria. En el nombre de Jesús. Amén.

Que el Señor les bendiga, hermano. Que la noticia les trastorne.

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