Les pido que pongan su manito así sobre alguna persona que tengan cerca, y en una actitud de que estamos juntos recibiendo, como congregación, la Palabra del Señor. Oremos encomendándonos cada uno de nosotros, antes de predicar su Palabra. Mira esta congregación aquí reunida, Señor, después de haber cantado, después de haber ofrendado, después de haber testificado, después de haber compartido. Ahora nos disponemos a escuchar reverentemente el consejo de tu Palabra. Te pedimos, Señor, que seas tú ayudándonos. Permite que la Palabra que hoy se va a predicar, Señor, no sea indiferente para nosotros, sino que podamos nosotros sentirnos identificados. Permite que, por obra sobrenatural de tu Espíritu Santo, toda persona aquí congregada pueda, Señor, entender con claridad lo que tú estás esperando de ella.
De nuevo, Padre, permite que cuando tu Palabra hoy se predique no sea como un asunto secundario, que ha sido anunciado y que alguna persona quizás escuche de pasada. Permítenos a cada uno de nosotros recibir el consejo de tu Palabra como lo que es, Señor: tu mensaje directo para cada uno de nosotros de manera personal. Permítenos sentirnos implicados, comprometidos. Como pedíamos al principio, Señor, te pedimos de nuevo, permite que aquellos que ya te hemos conocido, cuando escuchemos hoy tu Palabra predicada, seamos animados en estas cosas que ya creímos y que para nosotros son muy ciertas. Y permite que aquellos que hoy nos visitan, Señor, y que quizás todavía no tienen la plena certidumbre de fe de que su vida es tuya.
De que sus pecados han sido perdonados, de que la buena palabra del evangelio ha nacido en ellos y que está produciendo un fruto, permite, Señor, que salgan de este lugar con salvación. Pastorea tú, Señor, a través de la enseñanza, dirígenos tú en este tiempo, ayúdanos tú, Señor. Mira nuestro hombre interior, que quizás está debilitado, y permite que no solamente tengamos el entendimiento claro, Señor, sino que también tengamos la voluntad fortalecida por tu ayuda para que escuchemos tu voluntad, la comprendamos y la pongamos por obra. Acompáñanos tú, Señor, dirígenos tú, en el nombre de Jesús. Amén.
Hermanos, amigos, cada vez que se va a predicar la Palabra del Señor es un acontecimiento. Cada vez que este libro va a ser abierto y explicado, eso debería ser recibido con gran expectativa. No es un momento cualquiera: es Dios hablándonos por medio de su Palabra, y cada uno de nosotros debe estar atento a lo que el Señor quiere tratar en esta hora con su pueblo y con cada corazón que está presente.
Propósito de las parábolas de Jesús
El domingo pasado les estuve hablando acerca de sembrar, acerca de producir fruto, acerca de hacer cosas para la gloria del Señor en diferentes terrenos. Hoy quiero expandir un poco más el tema y les pido que me acompañen en el evangelio de Marcos, para que en el capítulo cuatro juntos consideremos la parábola del sembrador. Es el evangelio de Marcos, en el capítulo cuatro, pueden buscar en sus Biblias este pasaje y quizá compartir la Escritura con alguna persona que tengan cerca. Es el capítulo cuatro del evangelio de Marcos, la parábola del sembrador. Doy un momento para que todos puedan buscarlo en sus Biblias, y a modo de introducción les diré que las parábolas de Cristo tienen un doble propósito.
La parábola fue uno de los recursos narrativos más utilizados por Cristo con un doble propósito. Una parábola es un recurso narrativo, es una manera de explicar cosas de forma figurada. Es decir: “esto es como aquello”, es darle a las personas algo que es de su contexto, que ellos entienden, para utilizar ese conocimiento previo y darle una verdad nueva, y que puedan entenderla de forma más vívida, de forma más real. Cristo enseñaba frecuentemente por medio de parábolas y enseñaba por medio de parábolas con dos propósitos específicos. El primer propósito era un propósito didáctico: hacer más memorable la lección. Con mucha probabilidad, un agricultor recordará lecciones espirituales de manera más contundente, de manera más profunda, si se relacionan esas verdades espirituales con la agricultura, que es lo que él tiene más a mano. Con mucha probabilidad, un pescador recordará las lecciones espirituales si las lecciones espirituales son ilustradas por medio de la pesca, que es su oficio.
Por medio de las parábolas Cristo utilizaba recursos didácticos para lograr que las personas, en sus diferentes contextos, tuvieran un mayor involucramiento con las lecciones espirituales. Ese era su primer propósito: un propósito didáctico, hacer más memorable la lección. Pero Cristo también tenía un segundo propósito, y este era un propósito práctico, algo que a veces a las personas les es difícil entender. Cristo enseñaba por medio de parábolas para alejar a las personas superficiales. Él les decía: “El que tiene oídos para oír, oiga”. De algún modo está diciendo: “Si ustedes hacen un esfuerzo intencional y realmente ustedes quieren aprender, van a aprender; pero esta multitud que está aquí congregada, que solamente quiere comer pan, ellos se quedarán en el mismo lugar en donde estaban”.
Las parábolas son entendidas, disfrutadas y hasta aplicadas por aquellas personas que realmente quieren entender, pero el superficial, la persona que está allí solamente perdiendo el tiempo, la persona que solamente fue a buscar el pan o el pez, se irá con un pan y se irá con un pez, pero no entenderá el significado de las parábolas. Cristo enseñaba por parábolas con dos objetivos: lo primero era didáctico, remarcar la lección espiritual, y también era lo práctico: que quien está interesado por aprender aprenda, y que el que no está interesado por aprender, entonces que esto le pase por encima. Entre todas las parábolas de Jesús, quizá la parábola más conocida es la parábola del sembrador, y esta parábola contiene valiosas lecciones sobre la expansión del evangelio.
Hoy estaremos considerando esta parábola con un énfasis especial en los tres terrenos más difíciles que describe el Maestro y la forma en que podemos nosotros trabajar para cultivar en cualquier parte. Leeremos la parábola completa, luego nos enfocaremos en los terrenos descritos por Jesús y estaremos recomendando ideas, a la luz de la Palabra también, de qué podemos hacer para cultivar en cualquier parte. Acompáñenme al evangelio de Marcos en el capítulo cuatro. Leeremos desde el versículo 1, también la explicación que está hasta el final, en el versículo 20. Dice así la Palabra del Señor.
Otra vez comenzó Jesús a enseñar junto al mar, y se reunió alrededor de él mucha gente, tanto que, entrando en una barca, se sentó en ella en el mar; y toda la gente estaba en tierra junto al mar. Y les enseñaba por parábolas muchas cosas, y les decía en su doctrina: Oíd: He aquí, el sembrador salió a sembrar; y al sembrar, aconteció que una parte cayó junto al camino, y vinieron las aves del cielo y la comieron. Otra parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra. Pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. Otra parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron y la ahogaron, y no dio fruto. Pero otra parte cayó en buena tierra, y dio fruto, pues brotó y creció; y produjo a treinta, a sesenta, y a ciento por uno. Entonces les dijo: El que tiene oídos para oír, oiga.
Cuando estuvo solo, los que estaban cerca de él con los doce le preguntaron sobre la parábola. Y les dijo: A vosotros os es dado saber el misterio del reino de Dios; mas a los que están fuera, por parábolas todas las cosas; para que viendo, vean y no perciban; y oyendo, oigan y no entiendan; para que no se conviertan, y les sean perdonados los pecados. Y les dijo: ¿No sabéis esta parábola? ¿Cómo, pues, entenderéis todas las parábolas? El sembrador es el que siembra la palabra. Y éstos son los de junto al camino: en quienes se siembra la palabra, pero después que la oyen, en seguida viene Satanás, y quita la palabra que se sembró en sus corazones. Estos son asimismo los que fueron sembrados en pedregales: los que cuando han oído la palabra, al momento la reciben con gozo; pero no tienen raíz en sí, sino que son de corta duración, porque cuando viene la tribulación o la persecución por causa de la palabra, luego tropiezan. Estos son los que fueron sembrados entre espinos: los que oyen la palabra, pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa. Y éstos son los que fueron sembrados en buena tierra: los que oyen la palabra y la reciben, y dan fruto a treinta, a sesenta, y a ciento por uno.
— Marcos 4:1-2, 3-9, 10-20
La parábola como advertencia y el llamado a sembrar en todo lugar
Miren la misma estructura: después que Cristo cuenta la parábola, entonces les dice: “El que tiene oídos para oír, oiga”. El que realmente está interesado, aprenda. El que está aquí con el deseo de aprender, aproveche. Leo un poco más, versículo 10 en adelante, y vemos cómo Él mismo la explica, y en esa explicación hay una radiografía de los corazones humanos. Esta parábola debe de ser la parábola más conocida de todas las parábolas que Cristo narró, y la razón es la siguiente: en este recurso narrativo se encuentra una fotografía del universo de los corazones del hombre que está sobre la tierra. Se describe cuál es la reacción que diferentes personas tienen ante la predicación del evangelio, y quizá ya tú mismo te sentiste reflejado.
Como preámbulo, y antes de analizar los diferentes terrenos, principalmente los tres terrenos más difíciles, les diré que esta parábola del sembrador es una advertencia, no una sentencia. Lo que Cristo está diciendo aquí, tratando de enseñar, como Él mismo lo explicó, no es que deberíamos preferir sembrar en un terreno o sembrar en el otro. Lo que Él está diciendo es que hay terrenos donde la Palabra del Señor germina con más dificultad que en otros, y que hay corazones que están más dispuestos al evangelio que otros. Algunos han tomado la parábola del sembrador como una excusa para decir: “Voy a sembrar aquí porque esto es buena tierra y no voy a sembrar allí”. No es sabio hacerlo porque tú no conoces el corazón del hombre.
No es sabio hacerlo porque el mismo Señor, en la parábola, dijo que el sembrador estaba sembrando en diferentes partes. Es más, según el mismo evangelio de Marcos, nosotros estamos llamados a predicar el evangelio a toda criatura. El llamado del Señor para nosotros no fue: “Siembren la semilla del evangelio solamente en los corazones fértiles”. No. Lo que dijo el Señor fue: “Vayan por todas las partes de la tierra y prediquen el evangelio a toda criatura”. Sin embargo, aquí tengo que darles una advertencia: el evangelio del Señor es predicado a todos los hombres, pero la misma predicación que para algunos es buena noticia y es recibida y produce salvación, para otros no es una buena noticia, sino una notificación, y en ella está su condena.
La iglesia del Señor no está invitada a predicar el evangelio solamente a los corazones receptivos, estamos llamados a predicar el evangelio a toda criatura. Sin embargo, aquellos que escuchan la predicación del evangelio e ignoran la buena noticia de Dios para ellos, el evangelio, en vez de bendición, es maldición. Y la misma herramienta que produce salvación para algunos es la misma herramienta que condena a los otros. El evangelio debe ser recibido por todos los hombres; sin embargo, para unos será recibido para salvación, y estos son aquellos que escuchan la Palabra de Dios y la retienen. Pero eres tú aquel que quizás estás escuchando la predicación del evangelio, y esto te compromete delante del Señor.
Por eso, la predicación de la Palabra de Dios es un asunto que debe ser recibido con temor y temblor. Llegará un día que todas las personas que están congregadas este 11 de agosto delante del Señor en esta iglesia se tendrán que levantar ante el gran tribunal de Dios, y se les dirá: “Pero alguien en una iglesia evangélica en Santo Domingo le predicó el evangelio. ¿Qué hiciste con el mensaje del evangelio? ¿Para ti fue buena noticia o fue simplemente una notificación?”. Tengo para decirles a todos que están notificados. Y lo que hace el evangelio es esto: todos los hombres reciben el evangelio, algunos lo reciben para bendición y son salvos, y otros, a su negación, está su condena.
El sembrador no escoge el terreno: nuestro deber es sembrar
Les diré ahora a la iglesia: hermanos, si el evangelio no camina más rápido no es porque el evangelio no tenga poder, sino porque nosotros queremos hacer una siembra muy precisa. Queremos encontrar el corazón adecuado para poner la semilla adecuada. Pero lo que hizo el sembrador fue que sembró, sembró mucho y en muchas partes. No está llamada la iglesia del Señor a seleccionar los corazones donde va a poner la Palabra, está llamada la iglesia del Señor a poner la semilla en todos los corazones, sin importar cómo la semilla allí funcione. Tenemos que respondernos y repetirnos a nosotros mismos vez tras vez: “No conozco el corazón del hombre. Yo no conozco ese terreno, pero en ese terreno pongo la semilla del evangelio, esperando, como haría todo agricultor, que la semilla germine, que crezca y que dé buen fruto”. Pero ya que no conozco el corazón de un hombre, tengo que hacer el esfuerzo de poner la Palabra, aunque sea sobre el camino.
Leo una pequeña porción de la Palabra del Señor del libro de Eclesiastés, en el capítulo 11, y con esto quiero reforzar la idea de que es necesario salir a sembrar sin importar lo que el corazón aparente ser por fuera.
El que al viento observa, no sembrará; y el que mira las nubes, no segará. Como tú no sabes cuál es el camino del viento, o cómo crecen los huesos en el vientre de la mujer encinta, así ignoras la obra de Dios, el cual hace todas las cosas.
— Eclesiastés 11:4-5
Hermanos de nuestra iglesia, nosotros estamos llamados a predicar la semilla del evangelio sin importar lo que el hombre diga por fuera. Y en esto te sorprenderás. Yo mismo a veces me he encontrado sorprendido con que personas que yo he predicado responden a esto con interés, y yo diría: “Óyeme, ¿y esto?”, que yo pensé que iba a seguir de largo. Y personas que yo, a simple vista, he encontrado que están muy dispuestas para el evangelio, cuando los pongo en trato con la Palabra, toman esto como estorbo. Tenemos que salir a sembrar la semilla del evangelio, pero cuando salgamos a sembrar la semilla del evangelio no seamos selectivos, diciendo: “A este sí y a aquel no”. Hermanos, tiremos la semilla, aunque caiga sobre el camino.
No tenemos la responsabilidad nosotros de germinar la semilla en el corazón; tenemos la responsabilidad de poner la semilla en tantos lugares como nos sea posible. Algunos dicen: “No vale la pena sembrar; esta ciudad es estéril, aquí la semilla no crece”. La condición de la ciudad no es responsabilidad mía; mi responsabilidad es poner la semilla en cualquier parte. Sí, el sembrador salió a sembrar. Ya que les he dado este preámbulo, entonces comencemos a analizar los diferentes terrenos, porque Cristo mismo explicó la parábola, y Él dice que hay tres terrenos que son especialmente difíciles. Para cada uno de estos terrenos haré una descripción, recomendaré un recurso de las Escrituras para contrarrestarlo, y esto lo sustentaré con una cita bíblica.
Primer terreno difícil: el corazón duro junto al camino
Primer terreno difícil, terreno hostil para el evangelio, que es narrado por Jesús: dice Él que a algunos les cayó la semilla y fue como que la semilla cayera junto al camino. Esto es un terreno duro y expuesto. ¿Qué significa esto? Es la Palabra del Señor cayendo en una persona que tú entiendes que el corazón lo tiene duro y que muy probablemente eso es un desperdicio. Bueno, cuando Cristo explicó la parábola, Cristo dijo que esas aves que vienen del cielo, figuradamente, están hablando de la oposición satánica.
Hermanos de nuestra iglesia, no quiero que se me asusten, pero les diré que gran parte del estorbo para la predicación del evangelio en esta tierra es que Satanás no quiere que las personas procedan al arrepentimiento. Hago una diferenciación aquí, porque alguno podría decir: “Pastor, entonces usted está diciendo que están endemoniados”. Muy probablemente no, pero les diré que la Escritura habla de influencia satánica y habla de posesión satánica. Ahora usted me dirá: “¿Todo el que actúa con bondad en el mundo es una persona que tiene a Cristo en su corazón?”. No. Pero definitivamente que la virtud que tiene es una influencia de la verdad de Cristo. Asimismo, Satanás anda influenciando al hombre, y hay algunos que están dominados por Satanás a un punto tal que se puede decir que son su posesión, pero definitivamente que Satanás tiene influencia sobre las personas, y cuando la Palabra de Dios les es predicada, él trata de quitarles la Palabra de Dios.
Primer terreno difícil, hostil, narrado por Cristo: es un terreno duro y expuesto. Son personas que, al predicarles el evangelio, tienen una fuerte oposición satánica. ¿Y cómo se manifiesta esta oposición de Satanás? La manera en que se manifiesta para algunas personas la oposición satánica es por medio de mentiras que les son agradables. Hay personas que, cuando uno les predica el evangelio, comienzan a creer, en vez de la verdad de Dios, su propia verdad, porque su verdad les mantiene en una zona de confort. Hay mentiras que son agradables, que el hombre se las narra a sí mismo para evitar proceder a lo que Dios está diciendo. Les doy algunas mentiras agradables: viene un cristiano y te predica, entonces la persona dice en su corazón: “Yo sé que todos los cristianos son farsantes”.
¿Será esto verdad? Bueno, deberá haber alguno que se llame cristiano y sea farsante, pero esa generalización no es verdad; es la mentira que a él le conviene creer. Y Satanás le dice: “Alguien te está predicando, mira, ese debe ser un mentiroso que se pone una fachada de religiosidad por encima”. Es una mentira agradable. ¿Es verdad lo que la persona está creyendo? No es verdad, pero le conviene creerlo porque su excusa mantiene su pasividad. Otra mentira agradable: “La religión es una trampa. Háblame de tal cosa, pero yo conozco la religión; la religión es una trampa”. Mentiras agradables. ¿Eso es verdad? No. Pero es lo que te conviene creer para quedarte donde estás. Otra mentira agradable: “La fe es para gente débil”.
Los cristianos son personas que no pudieron lidiar con su vida de otro modo y por eso se hicieron cristianos. ¿Es verdad? No, hermanos. Dice la Escritura que esto es para valientes. Esto hace falta arrebatarlo con fuerza. Hay que tener entereza para ser un cristiano. Pero el hecho de decir que la fe es para gente débil, y que “yo soy fuerte”, es una mentira agradable que al hombre pecador le conviene creerse. Satanás se opone a la predicación del evangelio y quita la semilla sembrada por medio de mentiras agradables.
¿Qué más hace Satanás? Temores irracionales. La gente tiene una bravura en la vida para hacer diferentes cosas, pero no manifiestan esa misma bravura para permanecer en los caminos del Señor. ¿Y por qué? Porque Satanás les llena de temor, exagera el riesgo, llena tu mente de esas cosas, y las personas han escuchado el evangelio, pero Satanás comienza a infundir en ellos un temor, un temor frecuente: “¿Y yo podré permanecer?”. Y algunos se ven a sí mismos como que son muy prudentes, dicen: “Yo todavía no soy cristiano porque es que yo estoy considerando a ver si yo voy a poder permanecer”. Hermanos, honestamente, nadie permanece solo. En tus propias fuerzas serías destruido, pero dice la Escritura que el que está con nosotros es más grande que el que está contra nosotros.
Dudas, ataduras y distracciones: cómo Satanás quita la semilla
Esos temores irracionales la gente se los cree; esos temores se inflan, crecen, y en lugar de mirar lo que Dios les está dando, miran sus propias capacidades. Amigo, el evangelio no es para usted vivirlo en sus propias fuerzas. El evangelio se vive en el poder de Dios, y usted puede permanecer siempre y cuando esté bajo la protección del Señor. Temores irracionales, dudas. Miren, la duda es la constante del ser humano. Yo soy cristiano hace años y todavía hay cosas que yo no he podido responder, pero hay algunos a los que Satanás les dice: “Mira, no te hagas cristiano hasta que tú no respondas todas las preguntas”. Hermano, para hacerse cristiano no hay que responder todas las preguntas; hay unas preguntas básicas que hay que responder. La pregunta básica que hay que responder es: “¿Yo tengo una deuda de pecado con Dios? ¿Puedo yo responder por mis pecados por mis propios medios?”. No. Ah, pues ya se respondió.
¿Y cuál es el medio que el Señor ha determinado para que yo pueda pagar mi deuda? Cristo, que entregó por mí su vida en la cruz. Y después de eso, alguno dice: “Ajá, pero yo quisiera saber qué es eso que se menciona allá en el libro de Génesis, de que vinieron los hijos de Dios y se juntaron con las hijas de los hombres y salió una raza de gigantes, ¿y qué fue lo que pasó ahí? Hasta que no me demuestren eso, yo no voy a ser un cristiano”. Esas son maneras en que Satanás comienza a avivar dudas en la persona y dicen: “Hasta que yo no responda todas las preguntas, entonces yo no voy a hacerme cristiano”. Hermano, yo me moriré con algunas dudas. Es más, yo tengo un set de preguntas que cuando yo me encuentre en la presencia del Señor yo le voy a preguntar. Le diré: “Señor, yo quiero que tú me digas ahora que estoy aquí, ya quedamos enseguida; yo quisiera que tú me respondas esta, esta, esta y aquella”.
Dice la Escritura que ahora mismo nosotros vemos borroso, como por un espejo, y cuando dice “como por un espejo” no es un espejo pulido de los de ahora. Anteriormente los espejos eran de bronce, y cuando una persona veía su rostro en el espejo veía su figura, pero no veía una figura muy definida. Dice la Escritura que ahora mismo nosotros vemos como por un espejo, vemos de manera borrosa, pero eventualmente nosotros veremos tal como son las cosas. Pero Satanás comienza con la duda más pequeña, Satanás hace que eso se convierta en una tormenta. La gente comienza: “Hasta que no me respondan eso y aquello…”. Responde lo básico, acepta el regalo del Señor, y luego se te responderá mucho de estas cosas, y lo que no se te responda, entonces pregúntaselo tú al Señor cuando te encuentres en su presencia.
¿Cómo hace Satanás que la Palabra sea quitada del corazón? La Palabra fue puesta en un corazón, Satanás la quita. ¿Cómo Satanás la quita? Por medio de ataduras. Los vicios son una herramienta satánica para que la persona no proceda a la salvación. ¿Qué servicio es tomar algo que es placentero para ti, pero atarte de una forma tal que te digan: “Sin esto tú no puedes vivir; sin esto tú no podrás proceder”? Hay gente que dice: “Yo quiero ser cristiano, pero ¿yo podré dejar de fumar? ¿Yo podré dejar de beber? ¿Yo podré romper con la adicción al sexo? ¿Yo podré romper con tal vicio, podré romper con tal pecado? ¿Podré hacerlo?”. Las personas no solamente necesitan ser perdonadas, también necesitan ser desatadas.
La atadura al vicio es una herramienta utilizada por Satanás para mantener a la gente en la postración de su pecado. El Señor ha puesto la semilla, pero comienza Satanás: “Tú no puedes vivir sin eso”. Hay relaciones incorrectas. Hay personas que quieren venir a Cristo, pero que dicen: “Guau, es que mira, yo estoy viviendo con una mujer que no me corresponde, con un hombre que no es el mío, y para yo venir a Cristo yo sé que es verdad que tengo que dejar eso”. Y sí, es verdad, hay que dejarlo atrás. Distracciones. Hermanos, yo he visto esto muchas veces: en la predicación del evangelio, cada vez que se está predicando el evangelio, aparece que Satanás pone algo que a veces es algo muy inocente, pero hace que la gente no atienda a la predicación del evangelio, sino que se distraiga con otra cosa.
Yo he visto personas que cuando se está predicando el evangelio comienzan a hacer dibujitos. Se está predicando el evangelio, entonces abocan la cabeza y comienzan a hacer dibujitos en una hoja, y piensan que ese dibujito es un asunto inocente, que ni va ni viene. A veces ese dibujito que estás haciendo es la herramienta de Satanás para que no entiendas la predicación del evangelio y te pierdas. O un calor se le mete a la gente, o un frío, o un sueño repentino, porque Satanás busca la manera de distraerte para que no entiendas el evangelio y no procedas a salvación.
La oposición espiritual y el recurso del ayuno y la oración
Ese es el terreno duro y expuesto a la oposición satánica: tentaciones, tribulaciones, prejuicios infundados o exagerados. Dice el libro de Marcos que en cierto momento fueron los discípulos de Cristo, predicaban en un lugar, había un debate. Es Marcos capítulo 9, del versículo 14 en adelante, que trataron de sacar un demonio de un muchacho y no pudieron, y fueron donde el Señor: “Señor, ¿y qué pasó, que nosotros hicimos lo que había que hacer y no salió?”. Y el Señor les respondió que ese tipo de cosas no sale sino con ayuno y oración.
Miren, a veces uno está tratando de traer un familiar a los caminos del Señor y uno no entiende que Satanás está haciendo el esfuerzo inverso. Uno está tratando de que venga un amigo querido al evangelio y uno piensa muy cándidamente, muy inocente, como que “yo estoy predicando a mi amigo y Satanás no está haciendo nada”. Hermanos, hay una oposición diabólica que es real. Satanás es real y anda influenciando en el mundo, evitando que el evangelio se propague. No quiere que la semilla germine. Por eso, hermanos, la predicación del evangelio tenemos que acompañarla. El próximo miércoles estaremos orando aquí por este sector que vamos a estar predicando, pero cuando prediquemos nos vamos a encontrar gente que yo los veo, hermanos, hay personas que están así como mirando el evangelio de lejos, y miran así, dicen: “Guau, yo lo estoy considerando”, pero están atados. Satanás está haciendo su labor. Tenemos que orar y ayunar para vencer estas cosas.
El evangelio no es solamente la predicación ordenada y racional; también, hermanos, es una fuerza sobrenatural que hace que aquel que está atado, cuando entienda, pueda ser libertado y proceda a salvación. Primer terreno explicado por el Señor es un terreno duro y expuesto que está junto al camino. Junto al camino es un terreno que lo van pisando, y tú pones la semilla del evangelio, y viene y la pisan. Satanás no quiere que la semilla crezca. Tengo que pasar rápido, hermanos. Primer terreno es el terreno duro y expuesto que está junto al camino, y el recurso que el Señor nos ha dado para poder cultivar en cualquier parte, incluida esa, es el ayuno y la oración. ¿Cuántas personas valoran la semilla del evangelio, pero la semilla no se prende en su corazón? ¿Qué hace falta? Hace falta que esta oposición sea contrarrestada por medio de ayuno y por medio de oración.
Me muevo al terreno siguiente, y es el terreno de pedregales. Dice el Señor que parte de la semilla cayó junto al camino y otra cayó sobre pedregales. Esa es una semilla superficial. Así como hay un corazón duro y expuesto a la oposición satánica, al mismo tiempo hay un corazón superficial, personas que nadan en lo superficial, que andan en nada.
Segundo terreno: el corazón superficial en pedregales
Yo tengo tanto temor en esto, porque veo personas que dicen: “Ya yo soy cristiano”, y manifiestan un gozo, y después uno ve como que se les va, como un globito inflado, así de gozo: “Ay, tengo un gozo, soy cristiano”, pero ya después: “Ay no, ya como que le perdí el interés a esa cosa, como que no”. ¿Y qué es lo que pasa, hermanos? Que son pedregales, corazones superficiales, gente que se emociona con la predicación del evangelio, pero que no permanece tanto tiempo. La semilla puesta en el lugar correcto tiene que permanecer hasta que germina, da fruto y se impone al hombre natural.
Es como la gente que viene, dice: “Ay, ya yo soy cristiano”, y me dicen, y yo a veces les veo un gozo, y me digo: “¿Esta gente tendrá suficiente convicción para sostener ese gozo, o tendrá un gozo irreal que está basado en una emoción temporal y pasajera?”. Cuántas personas vienen aquí a la iglesia y se congregan durante un tiempo y después vuelven a su vida normal y dicen: “Eso no era para mí”. Es un corazón superficial, donde la semilla no hace raíz, sino que cae ahí, como que se prende un ratico y se muere.
¿Cuáles son las expresiones de superficialidad? Ya les dije la primera: gente que viene un día y manifiesta un gozo extraordinario. Yo tengo tanto temor cuando veo esta gente que vienen a los caminos del Señor con tanta algarabía. Y me pregunto: “¿Esta persona tendrá la convicción suficiente para sustentar ese gozo, o ese gozo será un asunto semanal, quizá del mes entrante?”. ¿Cómo se manifiesta la superficialidad? Hay gente que está interesada en los caminos del Señor, pero no le interesa la doctrina cristiana. “No, yo quiero ser un cristiano, ir a la iglesia”, pero ya tú entendiste la doctrina cristiana, ya tú sabes qué es ser un cristiano, ya tú sabes en qué doctrina está cimentada tu fe. “No, eso no me interesa mucho, lo que me interesa es ser un cristiano, escuchar las canciones, ir a la iglesia y cantar”. Eso es superficialidad.
Un cristiano tiene que poner raíz, y tiene que poder decir: “Mi fe está sustentada en algunas cosas que son ciertas”. Bueno, es verdad que le dimos tan duro a ese asunto, que se nos fue la mano el año pasado con los cursos, pero miren, los cursos no están de más. Yo preferiría que mis hermanos tengan dos metros más de raíces, en vez de que tengan dos metros menos de raíz. En estos cursos que hemos dado en nuestra iglesia le hemos dicho a la gente qué es lo que es un cristiano, y qué es la fe cristiana, y por qué es que el gozo de nosotros es un gozo que permanece. Un cristiano tiene que ser un estudiante que pueda cimentar su fe, hacer raíz. Esta superficialidad que tiene el cristianismo el día de hoy, que todo el mundo se llama cristiano y tienen unas raíces… Y tú dices: “Pero aquel se llama cristiano, pero no le veo como raíz, no creo que pueda permanecer”.
Discipulado y madurez para vencer la superficialidad
Expresiones de superficialidad: la ignorancia de las Escrituras. Hermanos, un cristiano tiene que ser un lector de la Palabra de Dios y leer, leer el libro. Dice la Escritura: “Si permanecéis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos”. ¿Cuál es este terreno pedregoso? Es un hombre que tiene el viejo hombre sobreviviente, que no se ha muerto. Expresiones de eso: un exceso de confianza en sí mismo, un exceso de atención hacia sí mismo, un exceso de cuidado hacia sí mismo, pretender dar fruto sin raíz.
Amigo que estás aquí presente, si has escuchado la predicación del evangelio, lo siguiente es hacer raíz, y a eso se le llama discipulado. Dice el libro de Efesios, en el capítulo cuatro, versículo 14 en adelante, quiero leerles la Palabra del Señor en esta porción. Dice así:
Para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error; sino que, siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo.
— Efesios 4:14-15
Si la semilla ha sido puesta en tu corazón, lo próximo no es quedarte ahí a ver qué sucede; lo próximo es crecer espiritualmente para permanecer. Hermanos, cualquier hombre se llama cristiano en este tiempo, y el descrédito de la fe cristiana está llegando por ahí. El detalle no es llamar a Cristo “Señor”, el detalle es permanecer en los caminos del Señor, y para permanecer hace falta raíz.
¿Cómo es tu corazón? Quizá tu corazón no sea el corazón duro y con oposición; quizá tu corazón es el corazón pedregoso, donde la doctrina como que se posa, pero no reposa; una doctrina que como que llega por momentos, pero después se va. ¿Cuál es el recurso que Dios nos ha dado? Se llama discipulado: poner raíces, raíces, raíces, para que cuando venga la adversidad tu convicción se mantenga a través del tiempo. Primer terreno: el terreno expuesto y duro que está junto al camino. Segundo terreno: el terreno superficial. Permítanme decirles el tercer terreno hostil: el que está entre espinos.
Dice el Señor que así como una parte de la semilla cayó junto al camino, y otra parte cayó en un terreno pedregoso, hubo otra parte también que cayó en un terreno que estaba lleno de espinos. ¿Y cuáles son estos corazones que tienen espinas? Son las personas que tienen la verdad, y también tienen otra cosa. Hay una competencia en tu corazón: aquí está el mensaje del evangelio, pero aquí también está la mundanalidad; esta es la voluntad del Señor para mí, y al mismo tiempo “yo quiero vivir”, dice la gente, entre la semilla del evangelio y las espinas. Dice la Escritura que esas espinas terminan ahogando la Palabra de Dios y no crece.
Tercer terreno: corazones entre espinos, afanes y engaño de las riquezas
Por eso, hermanos, para que la semilla de Dios crezca adecuadamente, tenemos que limpiar el corazón. Un cristiano no solamente pone ahí la semilla, sino que quiebra las espinas. Hermano, yo eso ya lo veo en mi patio: por un lado viene la grama subiendo, y se impone el cadillo, pero miren, si el cadillo le pone fuerza, se impone sobre la grama. La mala hierba, hermanos, en el corazón es mala hierba, y el Señor describió claramente cuál es la mala hierba, cuáles son las espinas. El Señor dijo que el primer grupo de espinas que Él está describiendo aquí son todos los tipos de cadillo que se le pegan a uno en el corazón. Hay un grupo de personas que la semilla fue puesta en su corazón, pero ahí junto a la semilla, a la Palabra del Señor, ¿saben qué tienen? Dice el Señor que tienen afanes.
Yo he visto muchos de esos. Yo he visto gente que viene a los caminos del Señor y yo les veo que la semilla como que les cayó y como que está subiendo. Y por ahí mismo consiguió un trabajito para conseguir unos pesos juntos, y dice: “Óyeme, pero es que yo sé que yo tengo que cultivar la semilla, pero es que, guau, ahora fue que me apareció este trabajo. Yo voy a faltar el próximo domingo; ya el otro domingo me integro”. Hermano, por ahí se van, se van con su cadillo, se van con su espina. Afanes.
Ámbitos de personas que viven para el trabajo, y la semilla del Señor es puesta en su corazón, pero dicen: “Yo estoy tan cansado, estoy tan atareado, déjame quedarme”. Cadillo, espina, eso ahoga la semilla, dice el Señor. La competencia de este mundo, esto de cada uno tratar de tener más que el otro, eso ahoga la Palabra de Dios. Prioridades incorrectas ahogan la Palabra de Dios; eso es cadillo en el corazón. Si tú quieres que la semilla permanezca, quita la maleza, ara el terreno, limpia, limpia, limpia el terreno para que la Palabra del Señor crezca con fuerza. Un corazón lleno de cadillo, lleno de espinas, de malas hierbas.
Dice también el Señor: el engaño de las riquezas. Hay otros que ya la semilla del Señor creció y hay unas cuantas hojitas, ya tiene el tallo un poco grande, casi está dando fruto. Por ahí viene también el afán por la riqueza, y compiten, compiten. Tú no tienes dos corazones. Dice la Escritura que no se puede servir a dos señores; tú no puedes servir al Señor y a las riquezas. Ese afán, hermanos, que nos hace, dice la Escritura: “Por nada estéis afanosos”, que el Señor sabe que ustedes tienen necesidad de todas esas cosas.
Guau, me dijo un hombre, “¿Sabes? Yo vi una persona que trabajábamos todavía en la telefónica, que había entendido el evangelio, y yo vi a esta persona que estaba tan interesada en el evangelio, y después dijo: ‘Guau, pero es que nosotros tenemos un proyecto ahora mismo en el negocio, estamos haciendo tal cosa’, y se ahogó la semilla. No le volví a ver”. El Señor pone la semilla en nuestro corazón, pero viene el afán por las riquezas, por tener un poco más, por asegurar un año más, y ese afán por las riquezas hace que la semilla se ahogue. Dice la Escritura que las codicias, corazón espinoso, en el corazón espinoso hay codicia, deseos malsanos.
Hay el engaño de las riquezas, esa falsa seguridad. Por eso es que es engaño, no es que las riquezas sean malas, es que la Escritura le dice “engaño de las riquezas” porque dan una aparente seguridad, pero llevan a la perdición. “¿De qué le serviría al hombre ganar el mundo y perder su alma?”, dice la Escritura. ¿Qué le queda a estas personas? Les he dado una recomendación para cada tipo de corazón: “Tengo un familiar, tengo un amigo que le estoy predicando el evangelio, pero esta persona está llena de prejuicios, está llena de dudas, yo veo que la influencia satánica está prevaleciendo ahí”. Oración y ayuno, dice la Escritura.
Relaciones, codicia y la importancia de limpiar el corazón
“Tengo aquí un amigo querido, tengo un familiar, tengo una persona que he visitado y vi que la semilla ya prendió en él, pero como que no está haciendo raíz. ¿Qué es lo que hace falta?”. Hace falta un discipulado intencional, que esta persona sea expuesta intencionalmente a las doctrinas del evangelio para que, cuando venga la tribulación, permanezca. “Tengo a esta persona que ha manifestado interés en las cosas del Señor, pero está tan atareado en su trabajo, en su negocio, en su proyecto, en su familia, en su descanso”. Cadillo en el corazón, espinas. Limpiar el corazón, quitarlo. Para esto, hermanos, tengo una recomendación.
Un cristiano, aquel en quien la semilla cayó en su corazón, permaneció, creció y dio fruto, es alguien en quien sucedieron tres victorias. Una gran victoria en el mundo espiritual: que Satanás, como tal, con oración, le quitamos almas al diablo. Eso es un pulseo que hay ahí, hermanos, como dice la Escritura, con oración y ayuno. Después logramos que la persona se fundamente en su fe, en la escuela bíblica, en buenos libros, cursos de formación, y le ponemos la doctrina cristiana. Pero lo que yo he visto que da más resultado para lidiar con el cadillo en el corazón son las buenas relaciones.
Miren, tú vas a avanzar muy poco en los caminos del Señor si tus amistades más cercanas son personas codiciosas, que tienen afán por las riquezas y que viven llenas de ajetreo, porque eso contamina, uno termina siendo como ellos. La gran dificultad que tiene la semilla del evangelio en este tiempo, hermanos, la describió el Salmo 37. Acompáñenme a ver lo que dice. Lo describió precisamente el Salmo 37. Esta es la persona que la semilla ya cayó en su corazón, ya quizás hasta prevaleció espiritualmente, el Cristo en él y Satanás fue vencido, ya conoce la doctrina cristiana, pero ahora mismo está lleno de afanes, buscando la riqueza de este mundo y lleno de codicia. ¿Y qué es lo que pasa con estas personas? Miren lo que dice el Salmo 37:
No te impacientes a causa de los malignos, ni tengas envidia de los que hacen iniquidad. Porque como hierba serán pronto cortados, y como la hierba verde se secarán. Confía en Jehová, y haz el bien; y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad. Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón. Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará. Exhibirá tu justicia como la luz, y tu derecho como el mediodía. Guarda silencio ante Jehová, y espera en él. No te alteres con motivo del que prospera en su camino, por el hombre que hace maldades. Deja la ira, y desecha el enojo; no te excites en manera alguna a hacer lo malo. Porque los malignos serán destruidos, pero los que esperan en Jehová, ellos heredarán la tierra.
— Salmos 37:1-9
Miren, yo tenía una serie de amistades, que eran poderosos en esta tierra, que me llevaban el corazón de cadillo. Yo tenía reuniones con ellos, y cuando yo iba yo quería tener lo que ellos tenían, y yo veía su riqueza y su prosperidad, y yo ahí, yo cristiano, de la familia de Dios, y me di cuenta: “Yo no debo pasar tanto tiempo con los poderosos de esta tierra, porque yo termino queriendo lo que ellos tienen”.
La semilla del Señor fue puesta en ti, por favor, cuida tus relaciones. Hay un amigo, no es que uno no comparta con gente, “Ah, no, pues se van a ir”. No, pero hay amistades… ¿Han visto este tipo de amigos que se reúnen para competir? “Fulano, ¿qué tú tienes? Fulano, ¿qué tú has logrado?”. Y a sacar pecho. Ese tipo de amigos no combina con mi corazón, porque me está llenando, me está llenando de eso. ¿De qué me está llenando? Me está llenando de afán, me está llenando del engaño de las riquezas, me está llenando de codicia.
Para que la semilla del Señor germine, no solamente hay que sacar los cadillos; esos árboles grandes que están cerca de uno, déjalos ahí, que te están haciendo sombra. Amigo que estás aquí presente, hermano que estás aquí presente, es muy difícil que produzcas buen fruto para la gloria del Señor si tu referente en esta vida son las personas que están llenas de malicia, son las personas que están llenas de codicia, son la gente que hacen exhibición y pomposidad. ¿Cómo va a ser que tus amistades cercanas sean la gente que lo que se reúnen es a ver qué reloj tienes tú y cuál tengo yo, qué camisa tienes tú y cuál tengo yo, qué zapatos tienes tú y cuáles tengo yo? Eso es codicia, está ensuciando tu corazón.
Llamado final y oración por cada tipo de corazón
Tu corazón es el lugar donde crece la semilla del evangelio. Primer terreno descrito por el Señor: es un terreno duro y expuesto, donde hay oposición satánica. Segundo terreno descrito por el Señor: es el terreno pedregoso, donde no hay profundidad. Tercer terreno descrito por el Señor: es un terreno donde hay espinas, un terreno donde hay afán, donde hay engaño de las riquezas y donde hay codicia. Cada una de estas cosas tiene una recomendación.
Quiero orar por las personas que están aquí presentes. Cierra tus ojos un momento y permíteme orar por ti un instante. Quizás identificaste cuál es tu corazón. Quizá ya sabes que tu corazón es un corazón duro y expuesto, y que Satanás ha estado zarandeándote para que la semilla no permanezca, te la quiere quitar. Cierra tus ojos un momento. Quizá ya tú sabes que ese es tu corazón, es el corazón duro. Oro en este momento: Señor, permite que estas personas que están lidiando aquí con este zarandeo satánico puedan ser libertadas en este momento y que procedan a la salvación.
Te pido, Señor, por estas personas aquí que tienen corazones endurecidos por los prejuicios, por las mentiras de Satanás, por las dudas, por los temores, por las tribulaciones. Permite, Señor, que el corazón de piedra se convierta hoy en corazón de carne. Permite, Señor, que los corazones duros que están aquí presentes hoy sean ablandados y que la semilla allí germine, permanezca, crezca y dé fruto.
Quizás identificaste que tu corazón es un terreno pedregoso. Quizás has estado escuchando sermón tras sermón y ninguno como que hace raíz en ti. Quizás has estado considerando desde fuera el evangelio y te ha hecho sentido, pero ante cualquier tentación sales corriendo, vendido tras el mal, como dice la Escritura, y no permaneces. Señor, mira aquí cualquier terreno pedregoso que tengamos presente. Mira superficialidad, mira aquellos, Señor, que quieren permanecer en tus caminos, pero cualquier brisa de las brisas de este mundo se los lleva tras ella, que han sido vendidos al pecado. Señor, pon un gozo que sea real, pon un interés en la doctrina cristiana, Señor, pon conocimiento de tus Escrituras y tu verdad. Quítales la confianza que tienen en ellos mismos, la atención que llaman hacia sí mismos y el cuidado excesivo hacia ellos mismos. Permite, Señor, que en ese corazón haya raíz.
Mantén tus ojos ahí cerrados. Quizá tu corazón no es un corazón duro y expuesto, quizá tampoco el corazón pedregoso. Quizá en tu corazón lo que hay es espinas, mala hierba; quizás se están ahogando los afanes, el engaño de las riquezas y la codicia, quizás están ahogando las semillas del evangelio. Ay, Señor, mira aquí las personas que no saben lo que tienen en este momento en su corazón y es el evangelio. Mira aquellos, Señor, que están valorando espinas como si las espinas dieran frutos.
Quita el cadillo que se le pega a la gente, Señor. Permite que tu semilla, la semilla del evangelio, no sea ahogada. Mira aquellos que tienen relaciones imprudentes y piensan: “Yo voy a ser un cristiano, pero fulano me va a superar”. Mira aquellos, Señor, que están pensando en lo que va a decir la gente. Permite, Padre, que ese corazón espinoso en este momento sea un corazón limpio, y que la semilla de tu evangelio, Señor, sea una semilla que tenga libertad de crecimiento y que no sea ahogada.
Invitación a la salvación y envío de la iglesia
Mantén tus ojos cerrados. Quiero orar en este momento por las personas que no se saben cristianas. Quizá tú eres una persona temerosa de Dios, pero aún no has entregado tu vida totalmente a Cristo. Como dije en la introducción, digo en la conclusión: la predicación del evangelio es salud para algunos y destrucción para otros. La misma Palabra de Dios que te ha sido predicada en algún momento testificará contra ti. Llegará un día que te verás ante la presencia del Señor, literalmente, y el Señor te dirá que el 11 de agosto se te predicó el evangelio y seguiste de largo. Si viniste hoy a la casa del Señor, el evangelio fue predicado a ti. No dejes esto para un día después.
Pide la ayuda del Señor para que Satanás sea quitado, pide la ayuda del Señor para que haya raíces puestas, pide la ayuda del Señor para que las espinas sean quebradas y entrega en este momento tu vida a Cristo. Dice el libro de Apocalipsis, el Señor mismo hablando:
He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.
— Apocalipsis 3:20
Dice el Señor que Él está a la puerta y llama. No esperes luces, no esperes ángeles, no esperes presentir cosas extrañas; el Señor te está llamando. “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, cenaré con él y él conmigo”. Hoy puede ser día de salvación. Si tú quieres abrirle la puerta al Señor, tendrás que hacerlo con tu intención, con tus palabras. Dile, con tus palabras, al Señor: “Señor, he escuchado predicar el evangelio, pon la buena semilla en mí, limpia mi corazón de espinas, ponme profundidad, libérame de mis ataduras, permíteme crecer en ti y dar fruto al treinta, al sesenta y al ciento por uno”.
Si tú has escuchado la predicación del evangelio, si tú has abierto tu vida a Cristo, dile eso con tus palabras al Señor. Dile que Él te escucha, no me lo digas a mí, dilo en tu mente, dilo para Él. Dile: “Señor, he escuchado el evangelio, milagrosamente entendí. Te pido que perdones mis pecados, que se inscriba mi nombre en el libro de la vida. Permite que esta semilla que hoy cae en mi corazón no sea una semilla que se la lleven los pájaros”.
Si estás dudoso ahora si acaso vas a permanecer en el Señor, te lo digo yo, no te lo tiene que explicar nadie más. Dice la Escritura que sus ovejas son suyas y que nadie puede arrebatarlas de sus manos. Dice la Escritura que nuestra vida está escondida en Dios. La única manera en que te quiten a ti esto es que intencionalmente apostates de la fe, y yo espero del Señor que nunca lo hagas. Si has puesto en el Señor tu confianza, bienvenido a la familia de Dios. Dice la Escritura: “El que creyere y fuere bautizado será salvo”. Será un gusto recibirte en nuestra iglesia y acompañarte para que vayas a las aguas a dar un testimonio público de tu fe.
Oro ahora por toda la iglesia: permite, Señor, que vengan tiempos de mucho fruto para la iglesia evangélica Pez Mundial. Permite, Señor, que sembremos tu Palabra en todo tipo de corazones: en el más duro, en el más superficial, en el más contaminado. Permítenos, Señor, cultivar en todas partes para tu gloria. Permite que la predicación del evangelio, Señor, que este domingo 11 de agosto se ha hecho, de aquí a muchos años, Señor, esa semilla que hoy se sembró crezca, dé fruto, que por fruto de ella, Señor, multitudes más sean alcanzadas con tu evangelio.
Gracias por tu Palabra, Señor, gracias porque nos permites salir de aquí animados. En el nombre de Jesús. Amén. El Señor les bendiga, hermanos, nos vemos el miércoles para nuestro estudio bíblico.