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La renovación de Cristo en nosotros

Romanos 12:1-3

Pablo nos llama a no amoldarnos al sistema de este mundo, sino a ser transformados por medio de la renovación de nuestro entendimiento para vivir como sacrificios vivos, santos y agradables a Dios.

Predicado28 de julio de 2024
PredicadorRandy Rosado
TranscripciónAutomática

Hermanos, normalmente cuando personas van y se dirigen a una consulta terapéutica, a un psicólogo, siempre van con un problema emocional, algunos problemas que puedan tener de conducta, situaciones que no se han resolvido en el pasado. Son muchas de las cosas que pueden llevar a una persona a que necesite, por ejemplo, trabajar su salud mental, y lo que el terapeuta hace es que provee herramientas para que así esa persona pueda modificar y transformar algunos pensamientos y conductas de forma tal que los ayude a tener una mejor salud mental. De forma tal que pueda tener un estilo de vida mucho más sano, de manera integral. Así mismo nosotros vemos algo muy interesante que sucede dentro de la Palabra del Señor, y Pablo habla de esto en Romanos capítulo 12, donde vamos a estar trabajando en el día de hoy, donde exhorta constantemente a una reforma de pensamiento para que nosotros entonces podamos vivir a la manera de Cristo aquí en la tierra. De forma tal que es importante comprender que, para nosotros poder hacer un cambio espiritual, necesitamos accionar para que eso sea viable en la vida de cada uno de nosotros.

Romanos capítulo 12, verso 1 al 3, es donde vamos a estar trabajando. Tres versos que son de suma importancia para la iglesia, pero también el que no conoce del Señor se va a identificar porque, a través de la misma, puede ser transformado también para que sus ojos espirituales sean abiertos y puedan reconocer a Cristo como el único y suficiente Salvador, y puedan comprender la voluntad de Dios que es agradable y perfecta. Romanos 12, verso 1, 2 y 3. Leo la Reina-Valera, dice así:

Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Digo, pues, por la gracia que me es dada a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí del que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.

— Romanos 12:1-3

Eso es Romanos 12 del 1 al 3.

Contexto de la carta a los Romanos

El texto aquí y la epístola que el apóstol Pablo escribe, la escribe directamente hacia los romanos. Un poco más, para que conozcamos un poco el contexto de qué es lo que está sucediendo en este momento: Pablo no solamente escribe esta palabra por la inspiración del Espíritu Santo, que es lo obvio que nosotros podemos ver aquí, sino que también tiene la autoridad para poder hablar de la misma. Muchos de los escritores, teólogos, estudiantes de la Biblia entienden lo siguiente: si aún no existiera el Antiguo y el Nuevo Testamento, pero existiera el libro o la epístola de Romanos, es suficiente para poder llevar una vida práctica en cuanto a la misericordia de Dios y en cuanto a lo que es una vida práctica cristocéntrica. Es decir, que Romanos tiene las cualidades necesarias para ser de edificación a nuestra vida, para nosotros tener una vida de Evangelio totalmente práctica.

Y no solamente esto, porque Pablo habla desde el capítulo 1 hasta el capítulo 11 acerca de todas las virtudes, de toda la gracia del Señor, de todo, de dónde proviene directamente la raíz del pecado. Pablo comienza a hablar desde la perspectiva misma de él, a través de su mismo testimonio, de forma tal que no estamos viendo a un hombre que está hablando por hablar, sino que tiene no solamente la autoridad porque ha vivido en carne propia estas cosas, sino que también, por medio del Espíritu Santo, le ha sido revelada la condición de poder expresar todas estas ideas que reforman directamente el corazón y el pensamiento del creyente, para ir guiado de la mano con el Espíritu Santo a vivir una vida con un carácter formando a Cristo en su corazón y en su mente.

De forma tal, mis hermanos, que poder comprender la epístola de los Romanos es poder saber que nosotros vamos a tener las herramientas necesarias para vivir una vida práctica conforme al modelo del Señor. Pablo nació en un contexto romano; prácticamente Pablo es un romano porque Pablo nace en Tarso, directamente, esto está por aquí, por Turquía prácticamente, es la zona. Es decir, que Pablo no solamente está predicándole a desconocidos, sino que está predicando en su casa. Normalmente cuando nosotros vemos el Evangelio, muchas veces es difícil ser profeta en nuestra propia tierra. Se hace complicado por muchos factores: a veces las viejas personas que éramos, cuando nosotros somos regenerados nuevamente por el Espíritu, les cuesta creer que nosotros hemos hecho un cambio. No lo permiten a uno hablar incluso la Palabra del Señor, porque tienen una imagen tachada de nosotros.

Aun así, el apóstol Pablo predica de una forma tal que no solamente va al corazón de aquellos que viven en Roma, sino también de aquellos judíos que vivían en Roma, porque también dentro de Roma, dentro de la iglesia de Roma, había un cierto grupo de judíos que estaban ahí ya congregándose en la iglesia romana. De forma tal que el apóstol Pablo, desde el principio del capítulo 1 hasta el capítulo 11, no solamente les habla desde una perspectiva gentil, sino que también toma todo lo que es el ejemplo del Antiguo Testamento, mostrando a Cristo en el Antiguo Testamento para que aquellos judíos entiendan que no es por la práctica del antiguo pacto que se rige el Evangelio, sino que ahora es por la gracia salvífica de nuestro amado y Salvador Jesucristo. Pero también les habla a los gentiles para que dejen de vivir de esa manera pecaminosa, atados a sus ídolos, atados a ese comportamiento totalmente erradicado de lo que debe ser un nuevo creyente.

La autoridad y experiencia de Pablo

Y habla de parte de sí mismo a través de Romanos capítulo 7, de cómo él vive la lucha del pecado, de forma que estamos viendo un hombre que tiene la autoridad, no solamente espiritual, sino testificada, de que ha sido una nueva criatura, pero a la vez que tiene la autoridad por el Espíritu Santo para poder hablar de estas cosas, no solamente a gentiles, sino también a los mismos judíos. Sabemos que Pablo viene de una rama muy religiosa, porque Pablo era un fariseo, un perseguidor acérrimo incluso de la iglesia. Se encuentra con Cristo camino a Damasco, persiguiendo la iglesia, y tiene un encuentro con el Señor. Este mismo hombre es aquel que ahora es utilizado por la gracia y la misericordia de Dios para alcanzar a la mayoría de los gentiles, incluso a judíos que estaban viviendo dentro de la iglesia de Roma. De forma tal que no solamente es un hombre que tiene el conocimiento, sino que también tiene la inspiración del Espíritu, pero a la vez tiene el testimonio vivo de que ha sido una nueva criatura en Cristo Jesús, tiene la autoridad.

El texto comienza con “Así que…”. Pero ese “así que” significa que hubo algo previo que pasó. Por eso, antes de poder conocer un poco de Romanos 12:1, tenemos que leer un poco en contexto Romanos 11, del versículo 25 en adelante. Dice el Señor:

Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad. Y este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados. Así que en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres. Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios. Pues como vosotros también en otro tiempo erais desobedientes a Dios, pero ahora habéis alcanzado misericordia por la desobediencia de ellos, así también éstos ahora han sido desobedientes, para que por la misericordia concedida a vosotros, ellos también alcancen misericordia. Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos. ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.

— Romanos 11:25-36

Aquí había una disputa en la iglesia de Roma, y era que los judíos querían que los gentiles captaran sus creencias y sus factores religiosos para que así puedan ser recibidos. Sin embargo, Pablo, a través de la inspiración del Espíritu Santo, les muestra una verdad: que por causa de la desobediencia de los gentiles es que ellos han alcanzado misericordia de Dios, pero también que no ignoren lo siguiente, que por causa de los gentiles ellos han alcanzado esa misericordia, y a través de la misma, por causa de la desobediencia de ellos, los gentiles han alcanzado también la misericordia. De forma tal que no depende de su sistema religioso, sino que depende de la misericordia y la gracia salvífica de nuestro amado Señor y Salvador Jesucristo.

La misericordia de Dios y el llamado al sacrificio vivo

Cuando él habla de “¡Oh profundidad! ¿Quién entenderá la mente del Señor?”, hay que comprender que lo que el Señor hace es por causa de su soberanía y su voluntad. No depende de hombre para Él salvar a quién y no, sino que depende directamente de Él. De forma tal que los judíos puedan entender que no es por causa de sus obras que ellos van a alcanzar misericordia, ni también que van a permitir que los gentiles la alcancen, sino que por causa de la misericordia y la bondad de Dios en ellos. Entonces ahí viene el texto:

Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.

— Romanos 12:1

Vuelve y habla acerca de esa misericordia: “que presentéis vuestro cuerpo en sacrificio vivo”. Pablo hace esta referencia recordando cómo se utilizaban los sacrificios en el antiguo pacto. Si nosotros vemos este texto, le habla tanto a judíos como a gentiles, pero es una forma práctica de comprender la veracidad de lo que Pablo está diciendo, para que ellos entiendan el contexto. Cuando Pablo comienza este texto diciendo “que presentéis vuestro cuerpo en sacrificio vivo”, lo que se usaba antes para poder redimir el pecado directamente era un cordero sin mancha, sin arruga, el cual era entregado al sacerdote y este lo sacrificaba por los pecados del pueblo.

Ahora las cosas cambian. Nosotros, como ya hemos sido lavados con la misma sangre de Cristo, quien es el único y el último Cordero sacrificado, ahora nosotros, que ya vivimos juntamente con el Señor, debemos ser un sacrificio vivo. Por eso es que dice que seamos un sacrificio vivo, porque ahora nosotros somos la ofrenda de olor fragante al Señor. De forma tal que eso nos deja a nosotros mucho en qué pensar, porque si nosotros somos el sacrificio ahora que va directamente al trono del Señor, ¿cómo está nuestra condición espiritual para que ese sacrificio llegue como un olor fragante a sus pies? ¿Somos de aquellos sacrificios que el Señor recibe, o somos el sacrificio o la ofrenda que Dios aborrece? Esto está en el corazón de cada uno de nosotros.

Y si aún nosotros, o sea, hay personas incluso que no han conocido al Señor, déjame decirte, mi hermano o amigo que está aquí presente o que nos ve por las redes, que tú todavía no eres un sacrificio vivo, porque para tú ser un sacrificio vivo necesitas ser lavado por la sangre de Cristo Jesús. De forma tal que, por la sangre de Cristo, tú pasas a ser un coheredero directamente con Él, y como ya Cristo vive en ti, entonces tú puedes ser un sacrificio vivo, de forma tal que ya tú te conviertes en una ofrenda al Señor. Dice: “santo, agradable a Dios”. La santificación no es un mandato opcional, es un mandato que va como una ordenanza, de forma tal que nosotros estamos llamados a ser santos: “Sed santos, porque yo soy santo”. De forma tal que el proceso de santificación es progresivo. Un cristiano debe ser santo ayer, hoy y siempre. No significa que no seamos pecadores; lo que pasa es que ahora somos pecadores arrepentidos y estamos tratando de vivir una vida en proceso de santificación de manera progresiva.

De forma que ahora lo que yo hacía antes ya yo no lo hago, porque ahora, como Cristo vive en mí, yo comienzo a verme y a visualizarme en un proceso de santificación, de forma que yo pueda ser un sacrificio vivo, una ofrenda agradable al Señor. Esto impacta mucho, mis hermanos, porque poder comprender esto nos hace hacer un examen introductivo para ver cuál es nuestra condición espiritual delante del Señor.

Culto racional y no conformarse al siglo presente

Y delante de los hombres. Porque nosotros podemos engañar a los humanos, pero al Señor nadie lo engaña. Dice más adelante: “que es vuestro culto racional”. Cuando habla de racional aquí, está hablando de que esa ofrenda que va directamente agradable y perfecta al Señor, para que sea racional, entonces debe darse la parte principal, y es que nosotros debemos ser el sacrificio vivo, debemos ser santos y debemos agradar al Señor. De esta forma es que entonces comienza el culto racional en nuestra mente y corazón, porque podemos comprender que nuestra vida, el día a día de nosotros, comienza a ser una ofrenda al Señor. No solamente lo que yo hago el domingo, sino lo que yo hago el lunes, martes, miércoles, jueves y viernes, de forma tal que, de manera práctica, esto me hace verme a mí directamente, cómo yo estoy andando, que yo sepa que yo, constantemente, el Señor está esperando que yo sea una ofrenda.

Porque cuando habla de un culto racional, está hablando a una mente pensante que comprenda la realidad de que lo que está viendo en su vida es algo que es funcional. De forma tal que, a partir de ahora, el razonamiento mío comienza a pensar directamente por lo que ya Cristo ha hecho en mí, y como Cristo ya ha hecho el sacrificio en mí, entonces yo comienzo a caminar conforme al modelo escrito en su Palabra. El verso 2 dice lo siguiente:

No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

— Romanos 12:2

La palabra “siglo”, mis hermanos, representa tiempo, representa mundo, representa todo un sistema. Eso representa el siglo, el mundo actual. Cuando dice la Palabra “no os conforméis”, significa que no te amoldes al sistema de pensamiento en el mundo actual. ¿Cómo el mundo piensa hoy en día? En desorden, en muerte, en sacrificios humanos, mentiras, envidia, blasfemia, todo lo que tiene que ver incluso con dar la espalda a Dios. En eso piensa el sistema, en eso piensa el mundo. Estoy viendo una imagen que me enseñó mi esposa sobre cómo incluso un movimiento que ya todo el mundo conoce, LGBTI y todo el abecedario que sigue, subió una imagen burlándose de una imagen que se había hecho a nivel de arte sobre la cena del Señor. Eso apareció los otros días en las redes. Eso es lo que el sistema de pensamiento tiene del mundo: ir constantemente en contra de los principios de Dios establecidos a través de su Palabra.

Entonces aquí Pablo te está diciendo prácticamente en el año 57 después de Cristo que no te adaptes al sistema de pensamiento. Si en aquel tiempo le está dando la advertencia a los hermanos, imagínese cómo nosotros podemos captar esta idea en el día de hoy, que el bombardeo al cristiano es constante, no solamente de manera física, sino también a nivel de pensamientos, ideas, ideologías que van en contra de nuestros principios y valores.

Metanoia: la transformación del creyente

Es muy importante que sepamos que, como creyentes, estamos en el mundo, pero no somos del mundo. Lo que significa es que, aunque el mundo siga haciendo su movimiento, nosotros seguimos estando en el mundo, pero no estamos de acuerdo con los movimientos que el mundo hace. Y con esto usted no va a ir en rebeldía porque usted no influye en ninguna ley. Las leyes están para cumplirse; ahora, cuando hay algo que va en contra de los principios del Señor, entonces usted tiene que hacer un balance y ver qué conviene y qué no. Pedirle al Señor discernimiento para abrir los ojos y poder comprender la verdad de lo que está sucediendo.

Dice el texto: “No os conforméis a este siglo…”. No te adaptes, ya sabemos que es no te adaptes, “sino transformaos”. Ese “transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento”, la palabra “transformaos” que utiliza el apóstol Pablo aquí es la palabra “metanoia” en el griego, de ahí que viene la palabra “metamorfosis”. O sea, lo que Pablo te está diciendo es que tú no puedes ser igual a como tú eras antes. Una oruga no puede volver, siendo mariposa, a ser oruga. Es imposible, porque luego de que hace esa metamorfosis es un cambio integral completo, de forma tal que hay como un nacimiento. Por eso Cristo le dijo a Nicodemo lo siguiente: para tú saber esto, tienes que nacer de nuevo. Él no comprendía esa verdad. Y es que nosotros ya debemos nacer directamente nuevos en Cristo Jesús, morir al viejo hombre y renacer con Cristo.

De forma tal que lo que yo era, las cosas que yo hacía, ya no son; ahora soy una nueva criatura en Cristo, de la cual yo comienzo a caminar conforme al modelo del Señor. ¿Cómo yo conozco el modelo del Señor? Está establecido en su Palabra. De forma tal que entonces, a partir de ya, yo no puedo ser el mismo viejo hombre, porque si yo soy el mismo viejo hombre que cuando yo llegué al Evangelio, es decir, si yo sigo comportándome, si yo sigo actuando, si yo sigo pensando, si yo sigo hablando de la misma manera que antes, aun yo sabiendo la verdad del Evangelio, mi hermano, le tengo una noticia pequeña pero contundente: usted no ha nacido de nuevo.

Y el no nacer de nuevo implica que usted no ha sido constituido directamente hijo de Dios dentro del redil de sus ovejas, de forma tal que el Espíritu Santo no more en usted, porque si el Espíritu Santo morara en usted, usted diera testimonio de que el Espíritu vive en usted. Y usted da testimonio, ¿a través de qué? Dice Cristo: “Por sus frutos los conoceréis”. Y ese fruto implica lo siguiente: es que usted va a tener una transformación de adentro hacia afuera, y de manera progresiva, porque no es que “yo soy cristiano y mañana me cambio la ropa”. No. No es que “yo soy cristiano y mañana yo comienzo a escuchar música cristiana”, que no está mal, mis hermanos, nada de esto. No es que “yo soy cristiano y ahora yo comienzo a tener un lenguaje totalmente diferente”. No es solo eso. Es que tu estilo de vida comienza a ser cambiado de manera integral: tus pensamientos, tu conducta, tu accionar, tu pensar, lo que ves, lo que escuchas, lo que oyes y lo que dices.

Es un conglomerado de todo. Es decir, no hay nada que se escape dentro de esta transformación, porque una oruga, lo que era una oruga, es un gusano; cuando es mariposa, tiene alas, tiene todo totalmente diferente, actúa incluso, come cosas diferentes. El mundo la ve de una manera diferente, porque antes la veía allá abajo y ahora la ve allá arriba. De forma tal que ahora nosotros, si antes veíamos el mundo desde abajo, muertos en nuestros delitos y pecados, en nuestra mala conducta y accionar, ahora nosotros, en Cristo Jesús, lo vemos desde una mente cristocéntrica. De forma tal que yo puedo contemplar el Evangelio, pero también puedo contemplar el mundo de una manera totalmente diferente. “Ya no vivo yo, sino que vive Cristo en mí”, y por lo cual, si Cristo vive en mí, yo tengo que comenzar a dar evidencias de que yo estoy siendo transformado y que la gloria postrera será mejor que la primera.

Entonces yo comienzo a dar un testimonio de que el fruto del Espíritu comienza a florecer en mí, no solamente de una forma, sino de manera integral. Es decir, que no podemos volver atrás si ya nosotros hemos nacido de nuevo. Así que, mis hermanos, esto es algo que nos pone a pensar en nuestra condición en la que estamos ahora mismo, si realmente yo estoy muerto en mis delitos y pecados y vivo oculto en esto, o si realmente hay un cambio que comienza a darse de manera progresiva.

Lucha con el pecado y evidencia de nuevo nacimiento

No es, mis hermanos, que nosotros seremos Cristo, pero nosotros vamos a tener cualidades de Cristo aquí en la tierra, porque Pablo hablaba de sus luchas. En Romanos 7, Pablo habla constantemente de la lucha que tiene el apóstol Pablo, siendo el apóstol Pablo, que escribió epístolas. Por eso les decía que tiene no solamente la autoridad del conocimiento, sino también de vivencia, porque él habla acerca de esa lucha interna de él, y al final dice: “¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?”. ¿Pero quién será? “Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro”. Él ya hizo el pago por mí. De forma tal que, aun en nuestras luchas, el Espíritu Santo da testimonio a mi espíritu de que yo soy un nacido de nuevo.

Entonces ahí aplica que yo he tenido una metamorfosis. Pero si a usted el pecar se convierte en un hábito tan normal que es parte de su vida y que usted sigue caminando igual que como antes de venir al Evangelio, hermano, hable con el Señor. Tiene que revisarse. Tenemos que actuar y pedir misericordia. He escuchado constantemente personas con 20 y 30 años en el Evangelio que han hecho la misma afirmación que hizo Job: “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven”. Porque el nacimiento implica un verdadero cambio en el creyente, y ese cambio da una evidencia como tal. Y ese fruto del Espíritu, con todas sus ramas que contiene, comienzan a florecer en usted de una manera u otra, y no solamente los domingos, sino del lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y sábado, que son los días que faltan de la semana completa.

Dice así el versículo: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos…”, o sea, que tengamos una metamorfosis “por medio de la renovación de vuestro entendimiento”. Cuando nosotros comenzamos a hacer ese cambio y esa metamorfosis, ¿dónde ustedes creen que comienza ese cambio? En la mente del ser humano. Antes de un pecado concebirse, se tiene primero que pensarse, trabajarse y luego se concibe. De forma tal que la lucha del creyente y de todo el mundo comienza en la mente. Aun el no creyente tiene una lucha mental de existencia. ¿Por qué? Porque por causa de un hombre entró el pecado y ese pecado se transmite de generación en generación.

Miren algo, mis hermanos: hay problemas de conducta que vienen incluso por parte genética. El comportamiento, cuando lo hablamos de la conducta, hablamos de los genes y hablamos, por ejemplo, de los temperamentos. Los temperamentos son algo que se heredan de papá, de mamá y por el equipo completo. Hay temperamentos que tienen cualidades positivas y otros que son negativos, de forma tal que muchas veces lo que está floreciendo en nosotros es la conducta negativa más que la positiva. Por eso es que muchos pacientes van a consulta, para ver qué se puede hacer. Pero, ¿saben algo? Esto no se quita. Los temperamentos no se eliminan; lo que se hace es una modificación, para entonces hacer una balanza de lo positivo, ponerlo más por delante que lo negativo y convertirlo en fortaleza.

Bueno, Pablo te está diciendo, mis hermanos, aquí lo siguiente: ese cambio que tú comienzas a hacer ahora, que está en tu mente, en tu mente, para que tú tengas una renovación en tu mente y comiences a tener los pensamientos guiados hacia el Señor, viene a través del pecado. El pecado de Adán, tú tienes un pecado que viene en tu ADN. Pero en cambio Pablo está diciendo a ti que necesitas directamente tener una transformación de cero, cosa que nuestra mente humana no puede hacer con la genética de lo que son los temperamentos, pero sí el pecado puede ser vencido para que nosotros no seamos esclavos de él. No que va a ser eliminado en su totalidad. Mire el parecido, muy simple: el temperamento no se elimina, el pecado no se elimina. Ahora, yo sí voy a modificar ambos.

Yo modifico parte de mi temperamento aquí; yo voy a modificar parte de mi pecado, porque lamentablemente seguimos viviendo en un cuerpo pecaminoso. Pero ahora, como la mente está siendo renovada por el Espíritu Santo y “ya no vivo yo, sino que vive Cristo en mí”, entonces esa batalla no la estoy jugando yo solo; yo la juego con el Señor. De forma tal que ahora yo tengo mis herramientas suficientes para poder ir en contra del pecado. Y lo que antes vivía en la carne, ahora lo vivo en el Espíritu del Señor, de forma tal que ahora lo que florece más en mí no es la conducta pecaminosa, sino la conducta santificadora que viene de parte del Espíritu Santo. Si antes yo pecaba deliberadamente, ahora no. Ahora yo directamente vivo una vida en proceso de arrepentimiento y fe, de forma tal que ahora yo vivo tratando de moldear mi carácter constantemente al carácter de Cristo.

De forma tal que mi conducta ahora es más parecida a la de Cristo, y ahora pueden decir de nosotros fácilmente, por cómo yo pienso, actúo, camino, veo o escucho las cosas: “Tú te pareces a Él, porque tú hablas como Él, caminas como Él, te ves como Él”.

Testimonio visible y comprobar la voluntad de Dios

Y eso es visible para el hombre incluso que no cree. Ese es el testimonio, y esa es la sal y luz que es el creyente en la tierra, por lo que Cristo hace en la mente y en el corazón del ser humano. Y eso lo hace solamente el Señor. Y de esa forma nosotros vamos a comprobar cuál es la voluntad de Dios que es agradable y perfecta. Si tú quieres comprobar la voluntad del Señor, hay un proceso que debe darse. Cristo le dijo: “Si tú me quieres seguir, eso es fácil: niégate a ti mismo”. ¿Cómo tú te niegas a ti mismo, mi hermano? Comenzando a verte de manera interna y sabiendo que hay cosas que tienen que ser trabajadas, cambiadas y quitadas.

“Toma tu cruz”. Eso implica un sacrificio. Implica un sacrificio porque, como seres humanos, se nos hace difícil obedecer, se nos hace difícil someternos, se nos hace difícil cambiar hábitos constantemente, se nos hace difícil poder tener una perspectiva de dependencia de alguien, porque somos muy autosuficientes, que es lo que nos venden hoy en día: la autosuficiencia y no la codependencia. Entonces tú vas a cambiar ahora de ser autosuficiente a ser dependiente del Señor. Un cambio radical. De esta forma yo puedo comprobar cuál es la buena voluntad de Dios, que es agradable y perfecta.

“Digo, pues, por la gracia que me es dada…”, o sea, que eso aun Pablo lo sigue diciendo, y teniendo la autoridad de la que venimos hablando anteriormente, sigue hablando de que lo que él está diciendo es por gracia y por la misericordia del Señor:

Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí del que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.

— Romanos 12:3

A cada cual que está entre vosotros. Le está hablando a cristianos: “que no tenga más alto concepto de sí del que debe de tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno”. Hoy en día se habla mucho de la autoestima, que una autoestima elevada, que una autoestima baja. El terapeuta sabe que lo ideal es tener una autoestima equilibrada. Ya Pablo hablaba de esto aquí: que no tengamos más autoconcepto de sí del que debemos tener. Hermano, no te creas la última Coca-Cola del desierto. Es decir, por todo lo que yo te acabo de decir de lo que tú eres a partir de ahora en Cristo Jesús, a veces podemos pecar de ser jactanciosos porque nosotros somos escogidos del Señor.

Humildad, servicio y aplicación práctica

Y eso es un peligro también, mis hermanos, porque incluso nos envuelve a nosotros en una burbuja. ¿Tú has visto el sistema religioso que nosotros conocemos hoy en día, de cómo hay personas que entienden que viven en su propia burbuja y que todo lo demás son de Satanás, y “nosotros somos los del Señor”? Hermano, dice la Palabra del Señor que no hay uno que haga lo bueno, ni uno. Gracias, Señor Jesús, que por lo menos por Él y para Él sea la gloria, nosotros ahora podemos decir que ya no somos parte de ese “ni uno”, sino que ahora somos parte del Uno, de la iglesia que es de Cristo. Y por ende, lo que hacemos ahora no lo hacemos por nuestra propia fuerza, sino que lo hacemos por la fuerza que el Señor pone en nosotros. Ya no dependemos de nosotros, sino que dependemos del Señor.

Y ojo con esto, mis hermanos, esto se aplica para todo en la vida: “más alto concepto de sí del que debe tener”. No te creas mucho. Y no solamente lo aplica a nivel eclesiástico; te lo puedo aplicar en tu vida también práctica. A veces una posición que se te puede otorgar, a veces un cargo, a veces poder adquisitivo, a veces incluso tener una relación con alguien de poder. Porque a veces… me pasó hace muchos años que mi tío era general, y porque mi tío era general, yo me crecí con policía. Literalmente: “Me paro yo: ‘¿Tú sabes quién soy yo? ¿Tú sabes quién es mi tío?’”. Hace muchos años, mis hermanos, yo no lo haría ahora. Y pasó: “¿Y tú sabes quién soy yo? Yo soy el sobrino de Rosado”. Y ¿qué hicieron? “Está bien, venga, pase”. Espera… “Sí, señor”. Usted sabe cómo funciona eso.

Abusé de la relación. Tuve un más alto, un plus concepto de sí del que debe de tener, porque abusé del poder que tenía en ese momento. Y lo más difícil es, mis hermanos, que todo lo que sube tiene que caer. Y eso aplica no solamente a la vida diaria, sino también aplica a la vida eclesiástica. Usted hoy está en una posición de liderazgo, pero mañana usted no sabe, porque la iglesia no es suya, la iglesia es del Señor. Usted puede ser un líder, un pastor, un diácono, un miembro utilizado por el Señor, pero ponga los pies sobre la tierra y no tenga más alto concepto de sí, porque usted tiene la verdad y tiene un conocimiento por encima de algunos hermanos. Eso no implica nada, porque el Señor dijo: “El que quiere ser mayor, que sirva”.

Que hay una gran diferencia, porque Cristo hablaba siempre de la humildad: “manso y humilde de corazón”. Si usted quiere ser mi discípulo, imíteme a mí, que yo soy manso y humilde de corazón. Y Pablo está reafirmando esta verdad, porque los judíos se creían mejores que los gentiles, pero algunos gentiles también se creían mejor que los judíos, porque ahora ellos tienen la verdad por la gracia. Y había un choque aquí en la iglesia de Roma. Entonces esa disputa lleva a Pablo a hacer esta carta que, gracias al Señor y por inspiración del Espíritu Santo, es muy práctica para el día de hoy.

Pablo comienza a hablar del Evangelio desde el capítulo 1 hasta el capítulo 11, mostrando la verdad de Cristo desde el Génesis, mostrando la cualidad de las profecías, hablándoles de todo lo que es referente a lo que es el Evangelio como tal. Pero a partir del capítulo 12 comienza la forma práctica. No se queda en teoría, sino que también en la práctica. Es decir, que Pablo quiere que nosotros seamos no solamente oidores, sino que también seamos hacedores de su Palabra. Y quiero que te quedes con esto, mi hermano: no te conformes, no te adaptes al sistema de pensamiento del mundo, sino que ahora, por el Espíritu Santo, tú comiences a hacer una metamorfosis.

Esto te hace pensar si realmente tú estás… y te ves en un espejo y te haces un examen a ti mismo y te digas: “¿Yo soy el de antes o soy una nueva criatura en Cristo Jesús?”. Esto te puede dar una realidad de cómo está tu vida espiritual, porque tú no puedes ser el mismo que una vez dijo que sí al Señor. Es imposible.

Llamado al nuevo nacimiento y conclusión

Y si tú, mi hermano, aún no has conocido a Cristo, a mi hermano que nos ve por las redes o si hay una persona aquí que no ha conocido del Señor, quiero informarte lo siguiente: para tú realmente poder conocer la voluntad de Dios, que es agradable y perfecta, si estás aquí es porque el Señor ha tenido misericordia de ti. Si nos estás viendo es porque el Señor tiene una gracia y misericordia sobre ti para que comprendas esta verdad. Para comprender cuál es la buena voluntad de Dios, que es agradable y perfecta, necesitas nacer de nuevo. Necesitas reconocer a Cristo como tu Salvador, buscarle en oración, arrepentirte de tus pecados y comenzar a vivir una vida conforme al modelo de Cristo.

¿Y cómo yo conozco el modelo de Cristo? Por su Palabra. No hay otro medio. Yo les dije en una predicación anterior que, si usted quiere escuchar la voz de Dios, lea la Biblia en voz alta, porque así usted va a escuchar al Señor directamente, en vivo, todo lo que Él quiere que usted lleve a su corazón, a su mente, para vivir una vida renovada y que tenga una renovación en su mente y en su corazón, para que entonces Cristo sea vivido en su vida, de forma tal que ya no viviremos nosotros, sino que vivirá Cristo en nosotros.

Mis hermanos, necesitamos al Señor para vivir como el Señor. Esa es la realidad: necesitamos al Señor para vivir como el Señor. No por nosotros, sino por su Espíritu.

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