Mis hermanos, quiero comenzar hablando con una pequeña anécdota sobre un ministro de Escocia que en su congregación tenía una anciana muy pobre, que tenía el hábito de decir: “Bendito sea el Señor, amén”, cuando el predicador decía algo muy destacado. Es decir, esta señora cuando escuchaba una palabra que impactaba su corazón, ella inmediatamente decía: “Bendito sea el Señor, amén”, esa era su forma de manifestar su adoración. Esto molestaba mucho a aquel ministro y le dijo: “¿Sabe, hermana Elizabeth? Cuando usted dice ‘Bendito sea el Señor’ durante el sermón, interrumpe mis pensamientos. Si no lo hace durante todo un año, le regalaré un par de frazadas nuevas”. Imagínese usted una persona de bajos recursos, en Escocia, que es un país sumamente frío en casi toda la temporada, y que le hagan esta oferta solamente por no decir esa palabra.
La hermana Elizabeth era muy pobre, como le decía anteriormente, y esta oferta le pareció muy buena y atractiva. Eso fue lo que pudo en su corazón por ganarse esa frazada; permaneció quieta domingo tras domingo. Pero un día vino un pastor visitante a predicar, era un hombre cuyo corazón rebosaba del gozo del Señor y de esa salvación, y ese gozo era manifestado por medio de su predicación. A medida que él predicaba acerca del perdón, del pecado y de todas las bendiciones que con ello siguen, la visión de la frazada como que prometía ponerse un poquito más difícil. Entonces, poco a poco comienza a desvanecerse esa frazada en su mente, porque mientras este hombre predicaba sobre el gozo de la salvación, ese gozo aumentaba en la hermana Elizabeth.
Al final, no pudo contenerse más y se levantó diciendo con una voz fuerte: “¡Frazada o no frazada, aleluya!”. Cuando nosotros vemos estas cosas, mis hermanos, esta maravilla, cuando tú y yo podemos presenciar las cosas que Dios constantemente está haciendo en nosotros, en nuestras vidas, desde que nos levantamos en nuestro día hasta nuestro caminar en lo que transcurrimos, no hay algo que sea tan evidente en nosotros que nos pueda permitir disfrutar de ese gozo que viene de Él. Esta anécdota nos muestra que cuando somos verdaderamente adoradores en espíritu y en verdad, tenemos claro qué es más importante que toda nuestra vida: en primer lugar, la adoración a Dios. Nuestra adoración no va a depender de la circunstancia, no va a depender de cómo yo me sienta, no va a depender de lo que yo esté viviendo en ese momento, sino del Espíritu Santo que nos mueve a adorar a Dios por encima de cualquier cosa que haya en el mundo. Y por esto el título del sermón es “Verdaderos adoradores”.
Jesús y la mujer samaritana: contexto del encuentro
Juan, capítulo 4, versículo 1 al 42, es donde estaremos trabajando en la tarde de hoy. Estaré leyendo desde el versículo 1 hacia adelante algunos versículos y estaré explicando el porqué, de tal forma que podamos entender este texto a su medida, en su contexto, lo que significa, pero también la enseñanza práctica que podemos aplicar aquí. Jesucristo, siempre, todo lo que hacía lo hacía para enseñar a sus discípulos, y nosotros somos sus discípulos; su Palabra queda registrada como evidencia para que nosotros entendamos el Evangelio que Él predicó con su vida a través de su caminar aquí en la tierra. Dice la Palabra del Señor en Juan, capítulo 4, versículo 1 al 9, y seguimos adelante. Dice la Palabra del Señor:
Cuando, pues, el Señor entendió que los fariseos habían oído decir: Jesús hace y bautiza más discípulos que Juan (aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos), salió de Judea, y se fue otra vez a Galilea. Y le era necesario pasar por Samaria. Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José. Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta. Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber. Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer. La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí.
— Juan 4:1-9
Cierro ahí y continúo más adelante. Es interesante este punto, porque aparte de todo lo que nosotros vamos a ver, vemos también cosas claras en medio de lo que estaba sucediendo en este contexto. Jesús, luego de que ha venido predicando el Evangelio, ha venido sanando y ha venido haciendo su obra evangelística, decide directamente pasar por Samaria. Pero dice el texto que “le era necesario”; cuando dice “necesario” aquí es que había un sentido de urgencia, que Jesucristo estuviera en ese momento, en ese tiempo y espacio, a la hora sexta, cuando esta mujer iba a recoger de ese pozo. No hay coincidencia, sino “diosidencia”, como uno dice en el buen sentido dominicano.
Pero entrando en contexto, esta mujer inmediatamente se sorprende porque un judío, y no solamente eso, un judío hablándole a una mujer. Primero, que le está hablando a una mujer, Cristo rompiendo paradigmas culturales; segundo, de dónde ella viene, que es de Samaria. Y por eso ese interrogante y esa duda: ¿cómo este hombre tiene esa confianza de hablarle a una samaritana?
Enemistad, cultura e idolatría en Samaria
Había una gran enemistad, mis hermanos, entre los judíos y los samaritanos. Le era imposible a esta mujer creer que un judío pudiera dirigirle incluso la palabra, y esto por varias razones, de las cuales te voy a explicar. Samaria se convirtió en un lugar de refugio para todos los forajidos de Judea. Eso está directamente en Josué, capítulo 20, versículo 7, y en el 21, versículo 21, donde los samaritanos recibieron voluntariamente a criminales judíos y refugiados de la justicia.
Los violadores de las leyes judías y quienes habían sido excomulgados encontraban seguridad aquí mismo, en Samaria, aumentando así considerablemente el odio que existía entre las dos naciones, entre Judea y Samaria. Ahora bien, ¿qué pasa cuando tú tienes un sistema de creencias y tú pasas a otro país, a otra región, a otra cultura con diferentes sistemas de creencias? Lo que tú adoras incluso puede ser que se convierta en lo que ellos adoran. Lo que ellos adoran pasa a ser tus ídolos; lo que ellos adoran, su cultura, su raza, su clase, todo lo que conlleva una cultura, tú como que te apropias de esa cultura.
Fíjense que nosotros los dominicanos necesitamos tres meses en España para hablar como españoles, o menos, o menos. Pero no es algo, mis hermanos, que solamente se ve con los dominicanos, aunque nosotros nos caracterizamos porque somos muy rápido cambiantes. Yo me doy cuenta de que un español viene a República Dominicana y no habla como un dominicano, un boricua, un venezolano vienen aquí y no se contagian, pero nosotros tenemos un chip como que inmediatamente tú llegas a un país, ya tú eres de ese país y no solamente eso: tú te adaptas a la cultura en todos los sentidos. Bueno, prácticamente te conviertes en boricua, te conviertes en español, te conviertes en chileno fácilmente, en argentino, pero no mantienes como tu esencia dominicana; no sé qué pasa, pero hay que preguntarle al Señor cuando estemos en el cielo, en ese sentido con los dominicanos específicamente.
Es decir, que no solamente el sistema cultural se lleva directamente en nosotros, sino que también las creencias y los valores se transmiten en ese sentido, y más cuando son personas que han sido exiliadas directamente de sus raíces y sus creencias. De forma tal que ya podemos ver por dónde van las cosas. En este aspecto, los samaritanos no solamente recibieron los cinco libros de Moisés y rechazaron los escritos de los profetas y todas las tradiciones judías, sino que, aun así, conocían directamente sobre un Mesías, sobre un Salvador. Esa parte sí se quedaron con ella, esperando al Mesías venidero, y Jesucristo, como siempre, rompiendo todos los paradigmas culturales, establece su enseñanza, ¿para qué? Para establecer su reino aquí en la tierra.
El agua viva y la condición de la mujer
Dice lo siguiente, voy al versículo 10 de Juan, capítulo 4. Respondió Jesús y le dijo, recuérdense que ella le hizo una pregunta sobre cómo es que un judío está hablando directamente con ella y le pide incluso de beber. Respondió Jesús y le dijo:
Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.
— Juan 4:10
Nosotros entendemos ahora, en el contexto, que Jesucristo no le está hablando del agua literal. Jesucristo le está hablando de algo espiritual, pero sus ojos en ese momento todavía no habían sido abiertos. En ese momento ella estaba cegada por su sistema religioso, su sistema cultural, pero también por sus pecados, de forma tal que le impedían ver la verdad que Cristo quería mostrarle acerca de cuál era la enseñanza y cuál era el agua que Él quería darle.
La mujer le dijo: “Señor, no tienes con qué sacarla”, ojo, ella está literalmente entendiendo que Cristo le está hablando del agua de ese pozo, “y el pozo es hondo; ¿de dónde, pues, tienes el agua viva? ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y su ganado?”. O sea, ¿eres tú mayor que incluso Jacob? ¿Quién eres tú? ¿Por quién eres tú, Cristo, quién eres tú, Señor, que te consideras incluso más que nuestro sistema de creencias, para lo importante que es este pozo directamente para los samaritanos y los judíos que bebían de ahí?
Respondió Jesús y le dijo, en el verso 13:
Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.
— Juan 4:13-14
Es decir, cualquiera que se mueva de manera carnal va a mantenerse de manera carnal. Lo físico va a permanecer en lo físico y tiene un tiempo de caducidad; todo aquí directamente en la tierra. Mas Él le dice lo siguiente: el que beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás. Jesús sigue apuntando a lo espiritual, mientras que la mujer todavía permanecía en lo carnal. Sus pecados, su pasado, su historia no le permitían ver la verdad del Evangelio que estaba a punto de ser revelada.
Pero la mujer, en su mente humana, dice lo siguiente, verso 15:
Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla.
— Juan 4:15
Esta mujer tenía una rutina, ella iba a una hora específica a sacar esa agua, y el porqué lo veremos ahora. Es decir, que ella tenía una rutina donde ya tenía que ir directamente ella sola a sacar esa agua, pero en un cierto horario donde no se podía chocar con personas para que nadie la viera. Había algo que ocultaba esta mujer.
Dice Jesús, verso 16, aquí entra la pregunta del millón, o cómo Jesucristo penetra en el corazón de esta joven para que entonces ella vea y choque con su realidad:
Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá. Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido; porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad.
— Juan 4:16-18
Cinco maridos has tenido y ahora vives con uno en concubinato. O sea, la realidad de la mujer Jesucristo se la revela, pero es para que ella misma comprenda su realidad de pecado, la cual no le está permitiendo ver la verdad espiritual que está a punto de ser revelada.
Pecado, ceguera espiritual e idolatría
El pecado, mis hermanos, muchas veces nos impide ver la gloria de Dios manifestarse en muchas ocasiones de nuestras vidas, porque nosotros estamos más envueltos en nuestros delitos y pecados que en ver la gloria de Dios manifestarse a través de una buena adoración y una vida de oración. Es importante comprender esto, mis hermanos, porque nosotros no estamos exentos de pecar. Ahora bien, nosotros somos pecadores arrepentidos, pero muchas veces la balanza, por el día a día, por cómo nosotros estamos viviendo en este sistema de mundo, o cómo nosotros estamos permitiendo que esas cosas lleguen a nuestra familia, a nuestra vida, a nuestra mente, a nuestro corazón, lo que escuchamos, lo que vemos, lo que oímos y pensamos, hace que no podamos ver la verdad espiritual revelada en la Palabra de Dios.
Asimismo estaba ella, porque ella estaba hablando con la Palabra viva, que era Cristo encarnado. La Palabra encarnada era Cristo, y ella no podía ver ni comprender el mensaje que Él quería transmitirle. Ahora bien, en el contexto espiritual esto tiene otro significado. Este texto cualquiera comprende que puede tener varias interpretaciones que se le han dado a través del tiempo a nivel teológico, pero lo importante de comprender es que el texto se explica a través de su propio contexto y de lo que está sucediendo en el momento. Yo me quedo con esta idea: la mujer samaritana habla de que tiene cinco maridos.
Esto significa que los samaritanos, a nivel de contexto espiritual, tenían dioses importados, es decir, los judíos que vivían en esa Samaria tenían dioses importados de grupos paganos, por ejemplo, de Babilonia, Cuta, Hamat, Sefarvaim. El dios cananeo era llamado Baal, que en el hebreo significa “marido” o “dueño”. Eso significa Baal, se interpreta como marido, como dueño. En este caso, Cristo está diciendo: ustedes tienen cinco, y uno que no es tuyo, porque ahora están envueltos directamente con la ideología y el pensamiento de los romanos. Aparte de los cinco que ya tienen agregados de su idolatría, también ahora se le agrega la idolatría con los agregados que tienen los romanos, como Zeus y todos esos que siguen.
Es decir, que en una lengua sistemática la palabra Baal significa marido y dueño, que es un juego de palabras según el profeta Oseas, donde dice en el capítulo 2, versículo 18–19:
Aquel día, dice Jehová, me llamarás Ishi, y nunca más me llamarás Baali.
— Oseas 2:16
Ella me llamará marido mío, ya no me llamará Baal mío. Aquí se anuncia que los samaritanos llegarán a la conversión directamente. Aquí Dios reitera que el nombre de los baales nunca más volverá a ser invocado por estos samaritanos. Es decir, que cuando esto sucediera, lo que está pasando en este momento, en este tiempo, cuando Cristo dijo que le era necesario pasar por Samaria, era para cumplirle esa profecía a estos que habían creído en un momento determinado, pero que se habían desvirtuado de su sistema de creencias en Adonai. Está hablando aquí del servicio a Adonai en particular.
Es decir, que Cristo le está revelando su evidencia física pecaminosa, pero también hay algo más superior, que es lo eterno, que está por encima de lo personal directamente en cuanto a lo que es el pecado. Es decir, mis hermanos, que no solamente Cristo está hablando acerca de la condición pecaminosa de ella, sino también acerca de la condición de adoración de esta mujer.
Del pecado al centro de la adoración
De forma tal que aquí hay algo que el Señor está tratando, porque si nos vamos a lo siguiente y vemos el contexto de cómo Cristo ha venido trabajando, Cristo no se enfocaba en el pecado, sino en darle solución al pecado. De forma tal que lo que Él quería era que ella comprendiera directamente su condición, no solamente espiritual, sino también su condición de idolatría que estaba llevando en ese mismo momento.
Versículo 19:
Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta.
— Juan 4:19
¿Por qué? Porque puso en evidencia su condición, pero aun así todavía ella permanecía en una condición humanamente hablando, en cuanto a lo que eran sus pecados, arrastrados directamente en ese tiempo. Ella comprendió que Jesús había evidenciado lo que había en su corazón, pero también su nivel de idolatría que estaba teniendo en ese mismo momento.
Versículo 20:
Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar.
— Juan 4:20
Aquí ella comprende ahora lo que está sucediendo en este momento. No solamente que Cristo le está hablando acerca de sus pecados carnales, sino también de su centro de adoración espiritual, porque mire lo que ella dice: “Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que Jerusalén es el lugar donde se debe adorar”. Ya ella está comprendiendo ahora que lo que Cristo quiere enfatizar es un sistema de adoración y de religiosidad que tenían en ese momento, de idolatría. Pero la mujer se justifica hablando acerca de esto porque conocía que sus antepasados adoraban en ese monte, pero que los judíos decían que sólo en Jerusalén es donde se puede adorar. Esta es la incertidumbre de alguien que está expuesto a la verdad.
Porque al ser confrontada con Jesús, ahora tiene una dicotomía espiritual. Porque ahora ya no solamente se ve reflejada en lo que ella evidenciaba con su vida, sino que también su estilo de adoración ha sido expuesto delante del Señor: sus pecados, pero también su idolatría. Jesús le dijo:
Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.
— Juan 4:21
Aquí se profetiza lo que iba a pasar después de su muerte, donde ya no sería un lugar en específico, sino que sería un estilo de vida. Nosotros pasaríamos a ser ahora el templo; ya la adoración no iba directamente hacia el templo físico. Ahora nosotros vamos a ser el templo por medio del Espíritu Santo. Jesús le profetiza a esta mujer esta verdad, y ahora sí ya comienza a comprender todo lo que está pasando, porque sus ojos espirituales están comenzando a ser abiertos.
Dice el verso 22:
Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.
— Juan 4:22-23
Lo que Cristo está tratando aquí de que esta mujer comprenda, antes que sus pecados, era a quién ella le rendía adoración. Cristo no está mirando el pecado solamente; Cristo, a través del pecado, la hace tener conciencia de cuál era su sistema de adoración que estaba teniendo en ese momento, pero no solamente ella, sino todos los judíos que estaban directamente exiliados en Samaria. De forma tal que esta mujer ahora comienza a hacer un trabajo de parte del Señor Jesucristo al ser confrontada con su verdad, pero no solamente su verdad física, sino también su verdad espiritual.
Adorar en espíritu y en verdad
La lección general sobre lo que es la adoración al Señor en espíritu y en verdad es que no debe en ningún momento limitarse a lo que es una ubicación geográfica, ni necesariamente debe ser regulada por ninguna disposición transitoria en cuanto a lo que es el antiguo pacto. Con la venida de Cristo, la separación entre judíos y gentiles ya no era pertinente, ni tampoco la centralidad del templo para la adoración. Con la venida de Cristo, todos los hijos de Dios, adquiridos por medio de Cristo a través de su sangre, ahora sí, la adoración se convierte directamente en un asunto del corazón y no de las acciones exteriores, y va dirigida por la verdad y no solamente con ceremonias, sino que se comienza a hacer un estilo de vida.
La verdadera adoración debe ser en espíritu, porque en espíritu Cristo dijo lo siguiente, Juan capítulo 3, versículo 5:
De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.
— Juan 3:5
Desde antes de este encuentro, Cristo ya hablaba acerca de esa agua y de ese Espíritu, “el que no naciera de agua y de Espíritu”. ¿Por qué el Espíritu? Porque la única forma de yo ser una nueva criatura es que inmediatamente yo tengo que morir al viejo hombre y nacer como un nuevo hombre por medio de Cristo y, por ende, ser bautizado con el Espíritu Santo. Al yo ser bautizado con el Espíritu Santo, entonces hay una apertura, se abre una conexión que nuevamente se conecta con Dios. La única forma de conectarnos con el Señor es por medio de Cristo, y esto lo hace a través del Espíritu Santo en nosotros. ¿Quién es el que nos convence de pecado? El Espíritu Santo.
Por ende, para entonces yo comenzar a tener esa conexión necesito reconocer a Cristo como mi Salvador. Luego, directamente que soy bautizado, comienzo yo a dar esos frutos que comienzan a dar evidencia de que yo he sido una nueva criatura, de forma tal que ahora yo tengo una conexión directa. Ese “wifi” no se le va la conexión, porque es eterno.
¿Y por qué “en verdad”? Porque solamente a través de la Palabra de Dios nosotros podemos conocer al Dios que le servimos. Solamente a través de la verdad. Cristo es la verdad; Él dijo:
Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.
— Juan 14:6
¿Cómo yo entonces puedo hablar de Cristo? Conociéndolo a Él. ¿Y cómo yo lo conozco a Él? A través de la Palabra del Señor. No hay otro medio en que usted pueda conocer la verdad si no es abriendo su corazón, su mente y su entendimiento para reconocer y, en todo su tiempo de adoración, yendo directamente a la Palabra de Dios, para que así entonces usted conozca la verdad de la cual usted va a comenzar a predicar.
Yo no puedo dar de lo que no tengo, yo no puedo profesar de lo que no conozco, yo no puedo argumentar de lo que yo no sé. De esta forma yo voy a la verdad. Si no tenemos conocimiento de Dios, del Dios que adoramos, no hay una adoración en verdad. Ambas son necesarias, tanto en espíritu como en verdad, para honrar a Dios en la adoración. Un espíritu sin verdad conduce a una experiencia emocional, y demasiado superficial, que puede compararse a un nivel muy alto de emoción, pero también una verdad sin espíritu conduce a un hombre solamente de ciencia. Es decir, que ambas tienen que ir conectadas de la mano.
La mejor combinación para tener una vida de adoración plena y ser un verdadero adorador se traduce en el reconocimiento del gozo de Dios fundamentado a través de las Escrituras. Cuanto más sabemos acerca de Dios, más lo apreciamos; entre más lo apreciamos, más profunda nuestra adoración; entre más profunda es nuestra adoración, mayormente será Dios glorificado. Mientras más yo me conecto al Dios que sirvo, mi vida de adoración comienza a ser más constante y comienza a dar frutos, para que entonces yo comience a evidenciar al que no conoce que realmente yo soy un verdadero hijo del Señor.
La adoración como estilo de vida, no como lugar
La adoración, como les he dicho, no se circunscribe solamente a un lugar, a un tiempo, a un espacio. Es más que eso, es un estilo de vida. Por eso Cristo decía: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”, es decir, que mi andar tiene que ser como el de Cristo, y para yo caminar como Cristo primero tengo que reconocer a Cristo. De forma tal, amigo o hermano, si aún no has conocido a Cristo, es un tiempo hermoso para hacerlo, porque para tú adorar al Señor necesitas al Dios que te va a permitir que le adores.
Y tú dirás: “Pero es que es imposible”. Sí, es imposible para nosotros, pero dijo Cristo lo siguiente: “Separados de mí nada podéis hacer”. De forma tal que, para nosotros alabar y glorificar al Señor de la manera fiel como se debe de hacer, necesitamos de la fuente que nos va llenando a nosotros de ese gozo que sobrepasa todo entendimiento para reconocer cómo debemos vivir una vida de adoración. Dice el verso 24:
Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que le adoren.
— Juan 4:24
La mujer le responde, verso 25:
Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga, nos declarará todas las cosas.
— Juan 4:25
Ella saca de un conocimiento de ese Mesías. Esta mujer está haciendo un símil de lo que sabe con lo que Cristo le está diciendo, porque inmediatamente Jesús le dijo:
Yo soy, el que habla contigo.
— Juan 4:26
“Yo soy” es la misma palabra que se usa en el hebreo cuando a Moisés se le ha revelado Dios, Adonai, a través de la zarza. ¿Cómo se le revela? “Yo soy”. Cristo es Dios encarnado. Y esta mujer, inmediatamente cuando pasa lo siguiente, me encanta porque Jesús le dice: “Yo soy el que habla contigo”.
En esto vinieron sus discípulos y se maravillaron de que hablara con una mujer; sin embargo, ninguno dijo: “¿Qué preguntas?” o “¿Qué hablas con ella?”. Entonces, la mujer dejó su cántaro y fue a la ciudad, y dijo a los hombres:
Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será éste el Cristo?
— Juan 4:28-29
Esta mujer, y aquí hay algo muy interesante, es la primera mujer misionera que yo puedo registrar en el Nuevo Testamento, una mujer que comienza a predicar de Cristo o a evangelizar de Cristo directamente. Y lo que estaba haciendo ella ya no lo hacía ella, sino el Espíritu por medio de ella, porque inmediatamente una mujer que constantemente vivía oculta por causa de su condición de pecado se muestra públicamente.
Del miedo al testimonio: fruto de un encuentro con Cristo
Ella salía a la hora que nadie salía para que nadie la viera, pero ahora fue al pueblo en ese mismo horario y pregonó lo que había escuchado. Comenzó a predicar a Cristo, una publicidad gratuita, sin Cristo moverse. Pero esto es lo que hace el Espíritu, y esto es lo que pasa cuando tú tienes un encuentro con el Señor: algo tiene que cambiar. Es imposible que yo haya conocido al Señor y haya tenido un encuentro con el Señor y algo no cambie en mi vida. Es imposible que Cristo mismo haya hablado a mi vida, a mi corazón, y yo siga siendo el mismo. Es imposible que Cristo se haya presentado delante de mí y mi nivel de adoración no sea hacia Él. Es imposible que yo tenga un contacto con Cristo y yo no comience a ver su gloria manifestarse en mi vida y en mi corazón. Es imposible.
Dice la Palabra del Señor, verso 30:
Entonces salieron de la ciudad, y vinieron a él.
— Juan 4:30
Es decir, que a esta mujer que vivía escondida en esta ciudad, que vivía oculta por sus pecados, porque era conocida por su vida desordenada, estos hombres le creyeron a su palabra. Normalmente la palabra de la mujer no tenía ningún valor en ninguna cultura de ese tiempo. Sin embargo, a esta mujer estos hombres le creyeron, a través de lo que ella dijo: “¿No será éste el Cristo?”. Porque evidenció lo que había en su vida, pero no solamente eso, sino también lo que había en su sistema de adoración.
Entre tanto, los discípulos le rogaban diciendo: “Rabí, come”. Verso 32, Él les dijo:
Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis.
— Juan 4:32
Entonces los discípulos decían entre sí: “¿Le habrá traído alguien de comer?”. Porque es que normalmente nosotros, a veces, no nos damos cuenta de las cosas espirituales que están pasando. Claro, esto que estaba sucediendo aquí era necesario, todo lo que estaba pasando, pero podemos tomar el ejemplo de que hay veces que, en situaciones específicas, se están moviendo cosas espirituales y nosotros no estamos discerniendo lo que está pasando porque no tenemos una conexión en ese momento, y lo que está pasando espiritualmente nos pasa por arriba. Sin embargo, hay otros que sí están viendo lo que está pasando a nivel espiritual.
Y esto pasa cuando muchas veces no estamos conectados, porque a veces la necesidad humana, las circunstancias, la crisis nos mueven a nosotros a quitar la mirada por un momento determinado, y no vemos lo que puede suceder. Por eso es que es importante mantener la mirada siempre en el Señor para poder discernir lo que está pasando espiritualmente hablando.
Sembrar, segar y el fruto de otros
Jesús les dijo:
Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.
— Juan 4:34
Versículo 35:
¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega.
— Juan 4:35
Es decir, llegó el fruto que la humanidad estaba esperando. Verso 36:
Y el que siega recibe salario, y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra goce juntamente con el que siega. Porque en esto es verdadero el dicho: Uno es el que siembra, y otro es el que siega. Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis; otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores.
— Juan 4:36-38
Aquí Cristo les está hablando acerca de los profetas, del trabajo que los profetas hicieron. Ellos son los que están viendo el fruto de ese trabajo, de todo lo que hizo Juan el Bautista. ¿Qué hizo Juan el Bautista? Preparó la antesala para Cristo. Todo eso los discípulos estaban recibiendo: el fruto de otros que hicieron el trabajo. Hoy en día nosotros estamos recibiendo el fruto del trabajo que hicieron los discípulos, el trabajo que hizo Cristo evangelístico. Y hoy en día nosotros estamos recogiendo esa siega, pero también es el tiempo de sembrar para que se siga cosechando en los que han de ser salvos.
Por eso Cristo les da el mandato más adelante. Dice el verso 39:
Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: Me dijo todo lo que he hecho.
— Juan 4:39
Muchos inmediatamente fueron convencidos, no por el mismo Cristo al inicio, sino por la palabra de la mujer, aquella mujer muerta en sus delitos y pecados. Ahora es la mujer que comienza a hablar del Evangelio, y esa es la mujer que comienza a ser instrumento para transformar la vida y el corazón de aquellos que la repudiaban. Interesante.
Porque muchas veces nosotros nos vemos en situaciones igualitas que las de esta mujer: en la familia, con los amigos cercanos, cuando nosotros comenzamos a ser transformados por el Evangelio y comenzamos a proclamar ese Evangelio, cuando comenzamos a hablar de Cristo porque comienza a haber un cambio de adentro hacia afuera. Entonces comienzan a creer por el testimonio de nosotros, y por el fruto del Espíritu en nosotros, y el Espíritu Santo comienza a hacer la obra que ha de hacer.
Expuestos a la Palabra, transformados por la verdad
Quedaba testimonio diciendo: “Me dijo todo lo que he hecho”. Por eso es importante, mis hermanos, que nosotros, a la hora de decir que somos cristianos, que no sea de la boca para afuera, sino que sea más con los hechos que con las palabras. Porque el testimonio tiene mucho que ver, mis hermanos, a la hora de aquellos que incluso no conocen del Señor.
Entonces vinieron los samaritanos a Él y le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días. Y creyeron muchos más por la palabra de Él, es decir, que aun los que no habían conocido o no sabían lo que la mujer había predicado, ahora conocieron a Cristo y lo que Él estaba predicando. Y le decían a la mujer:
Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.
— Juan 4:40-42
Eso lo hizo el Espíritu Santo en ellos. ¿Pero por qué? Porque fueron expuestos a la Palabra. La Palabra encarnada era Cristo, y lo que Cristo toca cambia, modifica y transforma; no puede quedarse igual.
David es considerado como un hombre conforme al corazón de Dios, un hombre que no pecaba de la misma manera constantemente, un hombre arrepentido. A David se le atribuye el salmo 119, el salmo más largo que existe en el libro de los Salmos, y ese salmo 119 es una pleitesía, adoración, exaltación a lo que es la ley de Jehová. Constantemente, incluso está dividido por secciones, pero lo que este hombre expresa, lo que este hombre hace por medio de lo que la Palabra hace en su vida, nos pone a nosotros en evidencia de que necesitamos constantemente ir a Cristo a través de su Palabra.
Dice el salmo 119, versículo 1:
Bienaventurados los perfectos de camino, los que andan en la ley de Jehová.
— Salmos 119:1
Verso 3:
Pues no hacen iniquidad los que andan en sus caminos.
— Salmos 119:3
El 4:
Tú encargaste que sean muy guardados tus mandamientos.
— Salmos 119:4
El 5:
¡Ojalá fuesen ordenados mis caminos para guardar tus estatutos!
— Salmos 119:5
El 6:
Entonces no sería yo avergonzado, cuando atendiese a todos tus mandamientos.
— Salmos 119:6
El 7:
Te alabaré con rectitud de corazón cuando aprendiere tus justos juicios.
— Salmos 119:7
Versículo 8:
Tus estatutos guardaré; no me dejes enteramente.
— Salmos 119:8
Verso 9:
¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra.
— Salmos 119:9
Me voy al 11:
En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti.
— Salmos 119:11
Pero me voy al 14:
Me he gozado en el camino de tus testimonios más que de toda riqueza.
— Salmos 119:14
El 15:
En tus mandamientos meditaré; consideraré tus caminos.
— Salmos 119:15
El 16:
Me regocijaré en tus estatutos; no me olvidaré de tus palabras.
— Salmos 119:16
Y así, y así, y así, no lo puedo leer todo porque se nos va el tiempo.
Para yo tener una vida de adoración, para yo contemplar el gozo del Señor y que ese gozo del Señor sea reflejado en mi adoración, yo necesito estar cada día expuesto a su Palabra. Porque a través de que yo lleno mi corazón y mi mente de su Palabra, entonces comienza a manifestarse ese gozo que sobrepasa todo entendimiento. De forma tal que ahora mis pensamientos ya no son mis pensamientos, sino que son los pensamientos del Señor, y por ende mi vida va a comenzar a pasar de ser una vida secular a ser una vida que adore al Señor de lunes a lunes.
Y no en un tiempo y un espacio específico, no va a depender de circunstancias, no va a depender de crisis, no va a depender de mi situación emocional, no va a depender de mi situación monetaria. Lo que va a depender es de lo que el Espíritu Santo ponga en mi mente y corazón.
El verdadero adorador en el día a día
Para yo ser un verdadero adorador, yo necesito estar expuesto al dador de esa adoración, que es Dios. ¿Cómo yo me expongo a Él? A través de su Palabra, conectando esa vida de intimidad con oración, de forma tal que el conjunto completo me hace a mí convertirme en un verdadero adorador del Señor, que no solamente viene a la iglesia los domingos a cantar alabanzas al Señor, sino que mi vida comienza a ser un estilo de adoración para aquellos incluso que no conocen al Señor.
Y ahora entonces yo comienzo a caminar conforme a lo que Cristo decía: “La hora viene, y ahora es”, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad. ¿Por qué? Porque ya tenemos al Espíritu, el Espíritu Santo que mora en nosotros, porque hemos reconocido al Cristo que da el Espíritu. Y ahora camino en verdad, porque yo conozco al dador del Espíritu, y como yo conozco al dador del Espíritu, sé lo que Él habló anteriormente mientras caminaba en la tierra, estableciendo su orden y su reino, y ahora eso queda registrado en su Palabra.
Para evidencia de nosotros, para que nosotros la usemos como herramienta de llenarnos a través de ella, y que comencemos a andar en verdad, y ahora pasamos a ser adoradores en espíritu y en verdad. De forma tal que yo voy a evidenciar que el Señor sigue y permanecerá siempre hasta el fin conmigo. Él ha prometido que no nos dejará jamás, pero eso es para los que realmente han nacido de nuevo. Y el que ha nacido, ha nacido de agua y de Espíritu: agua porque hemos bebido de la fuente que da vida eterna, que es Él; Espíritu, porque nuestro espíritu ya no vive atado a nuestros delitos y pecados, sino que ahora tenemos al Espíritu Santo que choca constantemente para decirnos: “Por ahí no, por ahí no, no pienses eso, no es lo que tú vas a decir; no abras la boca ahora; piénsalo antes de decirlo; no veas, no escuches, no hables en este momento”.
El Espíritu Santo es la fuente que nos ayuda a llevar la carga que nosotros tenemos aquí en la tierra. Cristo dijo:
Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.
— Mateo 11:28
Porque ahora ya la carga no la llevamos nosotros solos, sino que la llevamos en Cristo, a través del Espíritu Santo en nosotros. Esto no quiere decir, mi hermano, que usted no va a tener situaciones, ni crisis, ni va a tener momentos difíciles en la vida. No, lo que te está diciendo la Palabra es que ahora, en esos momentos de crisis, situaciones, momentos difíciles, ya tú no estás solo, sino que estás con Él.
Y eso nos da una paz mental que no tiene precio. Jesús dijo:
La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da.
— Juan 14:27
Y esa paz directamente no se va a ir con el tiempo. Es una paz que permanece constantemente, esa paz que sobrepasa todo entendimiento. Para que otros digan: “Pero ven acá, ¿y cómo es que tú estás en una situación difícil y sigues confiando?”.
¿Qué pasaba con Pablo preso? Los que estaban ahí en la cárcel dirían: “Pero este hombre está loco, ¿cómo ese hombre está adorando y está preso, metido al fondo, cogiendo calor, y está adorando al Dios vivo?”. Eso lo hace solamente Cristo en nosotros. ¿Cómo es que tú tienes una pérdida y aun así, en medio de la crisis de la pérdida, tú glorificas a Dios por lo que Él ha hecho? Eso, un hombre solo no lo puede hacer; humanamente es imposible, pero Cristo lo hace en nosotros.
¿Cómo es que la gente da gloria a Dios porque se está bebiendo un vaso de agua con azúcar cuando no tiene nada que comer, y aun así glorifica al Señor? ¿Cómo es que hay personas que han perdido miembros de su cuerpo y aun así glorifican a Dios por lo que Él ha hecho en su vida? Solamente lo hace Cristo en nosotros.
Mi hermano que estás aquí, si en algún momento determinado de tu vida te has desviado y tu mirada se ha desenfocado del Señor, yo te invito a que vayas a su Palabra, para que tú puedas poner los ojos en Cristo nuevamente. Para que tú puedas poner tu mirada en el Señor, de forma tal que tú conozcas al Dios que te ha dado la oportunidad de hoy en día tener un lugar en los cielos.
Invitación final: la respuesta natural de un corazón apasionado
Y si tú no has conocido a Cristo, a aquellos que nos ven por las redes, o si eres un amigo presente que estás aquí, te invito a que reflexiones en esto. Tu vida no es que va a dar un giro de 360 grados para mal; tu vida va a girar de 360 grados para bien, porque ahora las calamidades, los problemas mentales, las situaciones que tú vivías solo, ahora las vivirás acompañadas, porque Cristo va a estar contigo. Ahora ya tú tienes una esperanza contra esperanza de que luego de esta vida tú tienes asegurado un lugar en la eternidad, y eso solamente lo da Cristo. Él dijo:
Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.
— Juan 14:6
Y Él dijo también:
En la casa de mi Padre muchas moradas hay; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.
— Juan 14:2
Es decir, que ya Él preparó de antemano, desde la fundación del mundo, un lugar para ti y para mí en los cielos.
Me encanta esta frase de Cristo, y quiero que te quedes con ella en tu corazón: la adoración no es una tarea o un deber, es la respuesta natural de un corazón apasionado por Dios. Te dejo con eso.