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Los rudimentos de la doctrina de Cristo

Hebreos 6:1-3

El autor de Hebreos muestra que la fe cristiana tiene rudimentos necesarios, pero insiste en que no podemos quedarnos en los planos, sino avanzar hasta la perfección que se halla solamente en Cristo.

Predicado19 de agosto de 2018
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Que el Señor le bendiga, hermanos, amigos queridos. Le invito a que me acompañen en la sagrada Escritura y vayamos juntos hasta el libro de Hebreos en el capítulo 6. Pueden buscar el libro de Hebreos en el capítulo 6 y ponerse un momento sobre sus pies para que leamos 3 versículos de la sagrada Escritura. Es el libro de Hebreos en el capítulo 6. No ha sido de manera consecutiva, pero hemos podido cubrir en algunos años casi todo el contenido del libro de Hebreos. Nos faltan solamente algunas partes, algunas secciones. Hoy estaremos exponiendo los versículos del 1 al 3 del capítulo 6, son “los rudimentos de la doctrina de Cristo”. Libro de Hebreos en el capítulo 6, desde el versículo 1 y hasta el versículo 3.

Dice así la sagrada Escritura, la palabra del Señor:

Dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas, de la fe en Dios, de la doctrina de bautismos, de la imposición de manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno. Y esto haremos, si Dios en verdad lo permite.

— Hebreos 6:1-3

Puede sentarse, hermanos queridos. Pretendo hoy mostrarle a la iglesia del Señor cuáles son los principios elementales de nuestra fe. Si se podría ilustrar de algún modo, sería esta la cuna en la cual nació el Evangelio de Jesucristo. ¿Cuál era la revelación primigenia que tenían los primeros receptores de las preciosas verdades del Evangelio? Esto es lo que significa rudimento; un rudimento es el conocimiento elemental que se tiene acerca de una cosa. Y quiero mostrar cuál es el conocimiento elemental que se debe tener acerca de Jesucristo para poder sobreedificar allí en la doctrina cristiana.

Dice nuestra introducción que cada disciplina tiene sus rudimentos, una base de conocimientos esenciales que, al entenderlos, todo lo demás cobra sentido. Sin importar cuál sea su oficio o su profesión, estoy seguro de que su oficio o su profesión tiene algunos conocimientos que se entienden como conocimientos elementales. De hecho, cuando alguien se aproxima al estudio de cualquier disciplina, antes de entrar al cuerpo principal de conocimiento, se le dará algún tipo de introducción, una base, una especie de plataforma sobre la cual se pueda construir.

Imagino que habrá cambiado el pénsum, pero si usted fuera a estudiar alguna ingeniería en la UASD le darían “Campo de la ingeniería”, “Campo de la ingeniería electromecánica”. Si va a estudiar leyes en la República Dominicana, como nuestro sistema viene del derecho romano, le enseñarían algunos principios, aunque sea elementales, acerca del derecho romano. Si usted es un programador de computadoras, no va a llegar muy lejos a menos que tenga una buena base de matemáticas. Si es un diseñador gráfico, antes de aprender a utilizar las herramientas como tal, y eso es lo que todo el mundo quiere hacer y a donde queremos llegar, a utilizar Photoshop o Illustrator, no; primero tiene que aprender cuáles son los campos de color, qué es un píxel, qué es un vector, quizá normas universales de diseño que son patrones.

Sorpréndase usted, pero cuando alguien se inscribe, cuando alguien comienza a militar en los caminos del Señor, asume que ya tiene una base necesaria. Está buscando en Cristo la respuesta, pero no sabe cuál es la pregunta. Por ahí, por los noventa fue muy popular ese estribillo: “Cristo es la respuesta, Cristo es la respuesta”, y alguien dijo: “¿Y cuál es la pregunta?”. Si Cristo es tu Salvador, ¿de qué te está salvando? Si Él es tu Redentor, ¿cómo llegaste a ser prisionero de tu enemigo? Estos asuntos elementales se llaman rudimentos; son las cosas más básicas que hay que entender. Quiero hacer hoy un gran esfuerzo de llevar a la iglesia a considerar esas cosas básicas.

La necesidad de una base sólida: lagunas y fundamentos

No llevarles al diseño de interiores ni siquiera a la construcción de un edificio terminado, sino a que consideren cuáles son los principios elementales, cuál es la zapata. Estoy convencido de que las lagunas en este sentido han llevado a la iglesia contemporánea al lugar donde está: un grupo de personas que conocen los asuntos exteriores de la fe, pero realmente no saben qué es lo que ellos creen, en qué es que ellos han creído. En la secundaria recuerdo que no siempre, pero algún maestro decía que el estudiante “tiene lagunas”. Y uno trataba de entender el cálculo, pero si usted no había sabido todavía los principios elementales, usted no podía llegar al cálculo, es que tiene lagunas. “La trigonometría no me entra, no la entiendo”, es que tiene lagunas.

Cuando yo estaba en secundaria, había un profesor por Los Mina, se llamaba Mariano Matemática, que él completaba las lagunas. Uno llegaba hasta cierto punto de los ejercicios y, cuando ya uno no podía ir más allá, entonces el profesor le decía: “Tienes que ir donde Mariano Matemática para que te prepare la materia”. Antes, cuando la gente se inscribía en la UASD, antes de entrar a la carrera, le mandaban al Colegio Universitario; era para darte una base elemental para que la carrera te aproveche. Ay, hermano querido, mi deseo como tu pastor es que la vida cristiana en ti tenga un amplio aprovechamiento, pero estoy seguro de que, a menos que tengas los principios elementales de la fe, siempre vas a estar regresando a los mismos puntos y dando vueltas en los mismos pensamientos.

En este capítulo, que es el capítulo 6 del libro de Hebreos, aparece un capítulo que suele parecer árido; de hecho, pocas veces es predicado. Yo le doy seguimiento a varios predicadores y me doy cuenta de que algunos saltan olímpicamente estos primeros versículos porque son versículos relativamente difíciles de entender, sobre todo si usted ignora el mundo judío en que vivían estos primeros lectores de esta carta. Hermanos queridos, el Evangelio de Jesucristo no fue predicado primeramente en Occidente, no comenzó en Santo Domingo, República Dominicana; comenzó en el Oriente Próximo, en una región que se llamaba Judea, y estas personas tenían una cosmovisión particular.

A usted debe sorprenderle cuando lee los evangelios que, cuando Cristo predicaba, las personas realmente entendían lo que Cristo les estaba diciendo, pero para nosotros estas cosas no tienen tanto sentido. De hecho, comenzar a leer el Evangelio de Mateo sin tener una base judía deja a uno con amplias lagunas. Lo mismo sucede en el libro de los Hechos; los apóstoles de Cristo predicaban el Evangelio y estas personas, como lo que entendían, lo entendían todo la primera vez. Y uno se pregunta: ¿qué era lo que estaba sucediendo? Es que estas personas tenían una base esencial y rudimentaria que les permitió entender pronto el Evangelio y comenzar a edificar.

Cristo como perfección frente a los rudimentos judíos

No es mi deseo ni mi propósito hacer de usted un judío, pero estoy convencido de que, para llegar a ser cristiano, usted necesita por lo menos entender el contexto espiritual y religioso en el cual nació la fe y donde el Evangelio fue predicado. Y en esto, los judaizantes que aparecen en la carta tenían un punto: si usted no era judío, usted no entendía la necesidad de arrepentimiento; por ejemplo, usted no entendía qué es la fe, usted no iba a entender la doctrina sustitutiva de Cristo a menos que entendiera el proceso sacrificial de todo el Antiguo Testamento. Estos son los rudimentos de nuestra fe.

Estaré mostrando, en primer lugar, que la doctrina de Cristo tiene rudimentos. En segundo lugar, estaré esbozando los 6 rudimentos que se nos presentan aquí entre el versículo 1 y el versículo 2. Y, con la ayuda del Señor, terminaré mostrándoles que, para avanzar en cada una de estas cosas, necesitamos ser ayudados, necesitamos la ayuda del Señor. Comienza el autor de Hebreos diciendo: “Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo”. Este “por tanto” apunta a la sección anterior, donde él estaba diciendo que ellos eran niños en la fe y que no estaban preparados para consumir alimento sólido. Es el versículo 11 del capítulo 5: “Acerca de esto tenemos mucho que decir y difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oír”.

Después de una amplia reprensión, entonces dice el autor un “por tanto”: dejen esas cosas atrás y sigan avanzando. Estos hermanos tenían un problema: eran cristianos de origen judío y tenían un conflicto en su mente; el problema era que no habían podido todavía captar completamente la obra de Cristo en su iglesia, la obra de Cristo en ellos. Pero el autor infiere que ellos sí tienen un rudimento. Estuve predicando el domingo pasado, por ejemplo, acerca del sacerdocio de Cristo definitivo, muy a favor nuestro. Ellos no habían podido entender esas cosas, todavía estaban pensando en el sacerdote anterior. El autor los reprende por su ignorancia acerca de la obra de Cristo, pero les concede que ellos sí tienen un rudimento.

En nuestro contexto tenemos que partir de un punto todavía anterior. Cuando alguien te dice: “Yo quiero convertirme en un cristiano”, realmente no sabe lo que está diciendo. Tú le preguntas: ¿qué es lo que tú quieres decir cuando tú quieres ser un cristiano? La persona, realmente, lo que está diciendo es: “Yo quisiera tener un buen comportamiento, yo quiero comenzar a congregarme, quiero comenzar a leer la Biblia”. Eso no es lo que hace esencialmente a un cristiano; esas son las cosas que hace un cristiano, las cosas que practica un cristiano. Pero lo que es un cristiano y cómo uno llega a ser cristiano es una cosa diferente. El autor está infiriendo que ellos tienen un rudimento; está diciendo: ustedes tienen que seguir avanzando, no quedarse en las cosas al nivel donde están ahora mismo.

Conocimientos confundidos con madurez cristiana

Esto debería alertarnos para no confundir cualquier conocimiento o actitud con madurez cristiana. El autor menciona 6 cosas que ellos dominaban y dice: ustedes dominan esas, pero tienen que avanzar hacia la perfección. Que usted tenga unos conocimientos no necesariamente significa que usted tenga a Cristo. Que usted tenga unas aptitudes no necesariamente le hace un cristiano. Hay asuntos que frecuentemente se confunden con lo que es llegar a ser un cristiano y, como usted está acostumbrado y predispuesto a ver que ser cristiano es hacer determinadas cosas y no ser, cuando esas cosas se manifiestan, usted llega a confundirse.

Por ejemplo, si aparece un hombre elocuente, usted entiende que es un cristiano maduro. Pero la elocuencia no es necesariamente madurez cristiana. Había un hombre en el Nuevo Testamento que se llamaba Apolos; dice que era elocuente y poderoso en las Escrituras, pero todavía no había llegado a conocer la doctrina de Cristo. ¿En qué él era poderoso? En el conocimiento del Antiguo Testamento. Tenía algo que era muy bueno, de hecho dos cosas muy buenas: elocuencia y dominio del Antiguo Testamento, pero no había llegado a ver a Cristo, no había llegado a ver las cosas perfectas y consumadas.

Hay otra cosa que se confunde, que es la vida recta. Que una persona tenga una vida relativamente alejada de determinados pecados no hace que sea un creyente maduro. Pero si usted ve a una persona que ha logrado apartarse de determinados pecados, por lo menos los pecados más evidentes, usted infiere que la persona ya llegó. No; puede ser un ermitaño que esté viviendo en una cueva y todavía ignorar absolutamente, olímpicamente, qué es la vida cristiana, quién es Cristo y de qué se trata ser cristiano.

Este sentido de “dejando ya” que aparece aquí no es desechar lo que usted ha recibido, sino “sigan avanzando”. Lo que el autor les está diciendo es: dejando ya esos rudimentos; no que los rudimentos son malos, sino: señores, no nos podemos quedar en los planos. La vida cristiana es un edificio; con los planos no es suficiente. Que usted tenga los conocimientos elementales es una gran cosa, pero esos conocimientos elementales deberían serle útiles para concluir todo en Cristo, para llegar a la perfección.

Muestro aquí, de manera inferida, que estos conocimientos, aunque insuficientes, eran conocimientos correctos. De hecho, el judaísmo es una religión verdadera, pero insuficiente. Tenga cuidado cuando usted compare el judaísmo con otras religiones, porque el judaísmo fue la revelación de Dios a un pueblo. Sin embargo, esa revelación no estaba terminada; anunciaba cosas que estaban por venir. Esas cosas son la perfección que hay en Cristo. Si usted es un judío, usted tiene un conocimiento elemental y rudimentario básico, que es correcto, pero insuficiente para salvación. La urgencia del autor es evitar que se conformen con tener una base judía.

Rudimentos buenos pero insuficientes

¿Han visto estas personas que andan buscando como: “Yo quiero solamente las cosas esenciales, los puntos de convergencia”? El cristianismo llega a tener particularidades y, paradójicamente, en esas particularidades de la fe cristiana es que está la salvación. Estos judíos tenían una base que era una base común a los cristianos: usted los pone al lado y ellos podrían decir: “Bueno, pues yo también creo esas mismas cosas”. Pero, por creer esas bases esenciales, que son útiles, nadie ha sido salvo.

Le pongo ejemplos. Usted puede conocer todo el sistema sacrificial del Antiguo Testamento, pero usted no es salvo por conocer que en el Antiguo Testamento se practicaba el sacrificio de animales. Usted es salvo por el sacrificio único y definitivo de Cristo. Y si usted no ha conocido el sacrificio único y definitivo de Cristo, usted puede conocer 2000 años de historia, 4000 años de sacrificio de animales y todavía estar muerto en sus delitos y pecados. Lo que les está diciendo es: lo que ustedes tienen es bueno, es útil, pero no es suficiente; no se queden en los rudimentos, sino que sigan avanzando hasta la perfección.

El judaísmo es una religión monoteísta; creen en un solo Dios. De hecho, el Shemá de ellos es: “Jehová nuestro Dios, Jehová uno es”. Mire el mundo antiguo: usted haber llegado a la conclusión de que Dios es uno le colocaba en un nivel diferenciador de la humanidad en general; la humanidad era politeísta, pero ellos creían en un solo Dios. Pero por creer que Dios es uno, nadie ha sido salvo. De hecho, los árabes también creen que Dios es uno. Y puedo demostrar a la luz de la Escritura que los demonios también son monoteístas; ellos creen en un solo Dios. “¿Crees que Dios es uno?”, dice la misma palabra, “bien haces; también los demonios creen, y tiemblan”.

Quiero mostrar, hermano querido, que el problema que tenían estas personas es que su base, a la cual ellos estaban aferrados, que era una base esencial, muy histórica, era una base insuficiente. Tener conocimientos rudimentarios es útil, pero no basta. Lo que salva no es creer que Dios es uno; lo que salva es creer lo que Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí”.

Usted encuentra personas que te dicen: “Pero yo estoy practicando, yo estoy buscando de Dios”. El asunto no es practicar una religión o “buscar de Dios”; el asunto es haber conocido el único camino al Padre que existe, que es Jesucristo. Sé que le ha sucedido que, al compartir con personas de otras religiones, quieren buscar el terreno en común y decir: “Ustedes adoran a Dios, nosotros también; ustedes tienen tal cosa, nosotros también. Hermano, lo que tú tienes yo también”. No; Él dijo: “Yo soy el camino” en singular, “yo soy la verdad” en singular y “yo soy la vida” en singular. Usted puede tener todo el conocimiento de religiones comparadas y, si usted no ha conocido todavía a Cristo como el único camino al Padre, todavía sigue muerto en sus delitos y pecados.

Los judíos tenían un rudimento básico de una fe en Dios, pero todavía no habían concluido que la única manera de llegar a Dios era Jesús. Ellos creían en una fe general en Dios, ellos creían que había un juicio, pero todavía, en todo ese conocimiento que era verdadero, necesitaban ser evolucionados, avanzados a algo más. “Por tanto, dejando ya los rudimentos”, o sea, los planos están muy bonitos, pero hay que construir la casa.

Cristo, consumación y perfección del Antiguo Testamento

Hay un programa que me gusta ver con Caro acerca de personas que diseñan sus casas, y uno encuentra los planos y uno no se puede imaginar lo que ahí hay. Pero hay personas que llegan a tener un deleite en los planos, un arquitecto, quizá. Ahora, las personas que vamos a vivir la casa necesitamos paredes y puertas y ventanas. Con los planos no es suficiente para nosotros, no nos satisface; nos satisface la edificación. Hermano querido, esta es la base, este es el rudimento de la fe, pero el edificio es Cristo. Y si usted tiene la mejor zapata y todavía no tiene a Cristo, sigue muerto en sus delitos y pecados.

Hay dos niveles en nuestra relación con Cristo: usted puede tener su relación a nivel de rudimentos, o puede tenerla a nivel de perfección. Si usted lo tiene a nivel de rudimentos, tiene conocimientos esenciales; pero si usted tiene la perfección, usted ha llegado a Cristo. Me emociona que, en la comparación que hace el autor cuando menciona el antiguo sistema y el nuevo pacto, él dice que el nuevo pacto es la perfección. Si usted está en Cristo, usted está ahora mismo no a nivel de rudimentos, usted está a nivel de perfección, porque Cristo es la perfección.

Hermanos queridos, ¿por qué el autor, figuradamente, cuando dice que avancen y que no se conformen con aquello que no es, “dejando” en el sentido de desechar, sino en el sentido de avanzar, presenta a Cristo como la perfección? ¿En qué sentido aferrarse a Cristo es avanzar a la perfección? Miren, en su obra está el significado de todo el Antiguo Testamento. Si usted conoce la obra de Cristo, usted puede conocer en Cristo todo el Antiguo Testamento. De hecho, conocer bien el Antiguo Testamento es conocer la mitad de la Biblia completa en Cristo.

Al final del Evangelio de Lucas dice que Él se encontró con sus discípulos y les abrió el entendimiento para que entendieran que de Él era que se había escrito en los Salmos, en la Ley y en los Profetas. “Salmos, Ley, Profetas” conjugaba todo lo que los judíos llamaban la Tanaj, que era el Antiguo Testamento. El Antiguo Testamento de ellos estaba dividido en esas tres secciones. Él está diciendo: de mí se escribió en todas las secciones del Antiguo Testamento, o sea, que el Antiguo Testamento se trata de mí. Cristo es la perfección porque las cosas en el Antiguo Testamento están a un nivel muy burdo, a un nivel muy elemental, muy a nivel de boceto, pero en Cristo brillan.

En Él se cumplen todas las promesas. Por ejemplo, usted va a leer en el libro del Génesis que hay una promesa que se le dice a la mujer, le dice: “Tu simiente herirá a la serpiente en la cabeza”. ¿Quién es la simiente de la mujer? Es Cristo. Más adelante, usted va a encontrar que el patriarca quiere sacrificar y tiene que sacrificar a su propio hijo, pero aparece un animal que es provisto por el Señor. Probablemente antes de que aparezca el animal, él dijo: “Dios se proveerá de sacrificio”. Está hablando acerca de nuestro Señor Jesucristo, pero, para usted entender la historia de Abraham, tiene que tener a Cristo entre los ojos.

Más tarde se le dijo al mismo patriarca que en su simiente serían benditas todas las familias de la tierra; en Cristo todo ese simbolismo del Antiguo Testamento, que está a nivel de boceto o borrador, se completa. No al nivel que nosotros queremos las cosas, porque a nosotros no nos interesa la arquitectura; nosotros queremos casas concretas, queremos cosas que se vean. En Cristo brillan; todos los símbolos del Antiguo Testamento apuntan a Cristo. En un momento el Señor les dijo que, para que sean salvos, tendrían que poner la sangre sobre el dintel; Cristo es la sangre. Después se menciona el cordero pascual; Cristo es el cordero pascual. Después que los primogénitos tendrían que ser entregados a Dios; Él es el primero entre nosotros.

Después, el autor de Hebreos demuestra que Él es un mucho mejor sacerdote; más tarde, que Él es el mejor profeta, el mejor rey. Toda la profecía mesiánica se cumple en Él de manera puntual; en Él las cosas están perfectas. Le ponen, hermano, a vivir entre los planos o a vivir en una casa terminada y climatizada; yo prefiero la casa terminada. Él les está diciendo a los judíos: ustedes tienen el boceto, pero todavía no pueden verlo hasta que no comience la edificación, hasta que ustedes no vean a Cristo. La edificación todavía está a nivel de rudimentos, y miren, es difícil vivir a nivel de rudimentos. Queremos ver a Cristo brillar en su esplendor; Él es la perfección.

Cristo, revelación perfecta del Padre

Además, Cristo es el conocimiento más cabal que en este tiempo podemos tener del Padre. En un momento le preguntó uno de sus discípulos: “Muéstranos al Padre”, tú nos has dicho muchas cosas, pero muéstranos al Padre y nos basta. ¿Sabes lo que Él le dijo? “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”. Él dijo de sí mismo: “Mi Padre y yo una misma cosa somos”. Cristo es la perfección porque, si has conocido a Cristo, has conocido al Padre. No a nivel de plano, de diseño, de bocetos, de borrador; usted ha visto la consumación de la obra del Señor. “Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me has conocido, Felipe; el que me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo puedes decir tú: muéstranos al Padre?”.

Dice Hebreos, capítulo 1 y versículo 3: “El cual, siendo el resplandor de su gloria y la imagen misma de su sustancia…”. Cristo no es rudimento, Cristo es perfección, porque en Él las cosas están ya a un punto muy concreto. Me llama la atención que él dice que no se va a detener en estas cosas: “Por tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la perfección”. Vamos a dejar estas cosas como boceto, en el sentido de avanzar al edificio completo, no echando otra vez el fundamento.

Espéreme un momento aquí, hermano querido: el fundamento de la vida cristiana se pone una sola vez. Si usted tiene el conocimiento necesario, no hay que volver a poner la misma cosa. Él está evitando aquí que las personas se pasen la vida en un “loop” infinito de poner los mismos rudimentos, poner los mismos rudimentos. Tarde o temprano hay que encontrar a Cristo. He estado mostrando que la doctrina de Cristo tiene sus rudimentos, sus principios elementales. Ahora la pregunta es: ¿y cuáles son los rudimentos? Aquí se nos dan por lo menos 6, y estos 6 son un buen resumen de la teología que usted podría tener si dispusiéramos solamente del Antiguo Testamento.

El Antiguo Testamento, hermanos queridos, es la parte más grande de la sagrada Escritura y, si usted tratara de conocer a Cristo en el Antiguo Testamento, si usted tratara de identificar la doctrina esencial del Antiguo Testamento, usted tendría estas 6 doctrinas que aquí se mencionan. ¿Hasta qué punto podría llegar si usted tuviera de Génesis hasta Malaquías? ¿Qué conocimiento yo pudiera tener? Estos conocimientos rudimentarios; correctos, pero rudimentarios. Sin embargo, reitero: estos conocimientos fueron los que le permitieron a los primeros cristianos edificar.

Cuando el Señor llamó a sus primeros discípulos, estos primeros discípulos tenían estos conocimientos elementales. Ellos no llegaron a Cristo en cero; llegaron a Cristo después de que su mente, su cosmovisión, había sido formada para que pudieran concluir que Él era el Mesías. A ellos no hubo que explicarles lo que era un Mesías; ya ellos sabían lo que era un Mesías, lo habían conocido en el Antiguo Testamento. De hecho, cuando usted lee el libro de los Hechos, se da cuenta de que las cosas pasan muy rápido. Pedro, por ejemplo, predicaba entre los judíos, los judíos se convertían inmediatamente y eran integrados en la iglesia.

Diferencias entre judíos y gentiles: rudimentos y conversión

Sin embargo, el apóstol Pablo, cuando iba en sus viajes misioneros, no se conformaba con predicar un sermón e integrarlos en la iglesia, no. Él se detenía, él les instruía, él les daba una base esencial y después les establecía un liderazgo para que continuase la tarea. ¿Cuál es la diferencia entre Pedro y Pablo? ¿Cuál es el modelo? La diferencia es que Pedro está predicando entre un grupo de personas que tenían unos principios rudimentarios y elementales, y el apóstol Pablo está predicando en una audiencia principalmente gentil, que no tenía ninguna base, ningún punto de partida.

Claro, el problema de nosotros está en que tratamos a los dominicanos como si fueran judíos. “Ven a Cristo, entrega tu vida a Cristo”, ¿y qué es lo que me están diciendo? “Cristo puede perdonar tus pecados”, ¿cuáles? De hecho, la gente dice: “Yo quiero seguir a Cristo”, y tú le preguntas: ¿tú te has arrepentido? “No, yo no me he arrepentido, lo que quiero es seguir a Cristo”. Pero, ¿te has arrepentido de tus pecados?, ¿de cuáles? A menos que usted llegue a tener una conciencia de pecado, usted no podría entender la necesidad de un Redentor.

Terrible sería que las iglesias cristianas se llenen de personas que entienden que ya están bien y que están viniendo solamente a ser mejoradas. Estas 6 doctrinas rudimentarias, hay algunos autores que las han expuesto como si fuera el fundamento del cristianismo; yo no le podría decir el fundamento del cristianismo, pero sí el fundamento del judaísmo. Eso sí podríamos conceder.

Por ejemplo, entre las cosas que se mencionan está “la doctrina de bautismos”. ¿Y por qué bautismos en plural? Los cristianos conocemos solamente un bautismo, una vez y para siempre. Sin embargo, entre los judíos se acostumbraba a un bautismo ceremonial de lavarse el cuerpo cada vez, cada vez y cada vez. Aparece aquí “la imposición de manos”, ¿pero no es esto práctica entre la iglesia cristiana, esto de imponer las manos? Sin embargo, entre los judíos era una práctica imponer la mano para hacer sustitución. Y, a menos que usted entienda lo que es la sustitución, usted no entiende cómo Cristo le sustituyó a usted.

La cruz del Calvario es, hermano, el acontecimiento central; usted necesita estar en conversación con estos rudimentos para poder entenderlo. De hecho, la gran crítica del liberalismo, hace 30 años, cuando estábamos en un momento de mayor fervor, es que ellos no podían entender la cruz de Cristo. Es que, a la luz del pensamiento occidental, donde todos nosotros estamos bien, nosotros no entendemos cómo es que el justo muere por los injustos. El judío lo entendió; a un judío le hizo sentido un Cristo que moría en una cruz; para un occidental como nosotros, no necesariamente estas cosas hacen sentido.

Estos 6 rudimentos comienzan con el primero de ellos: “el arrepentimiento de obras muertas”. Yo quiero mostrarle a la iglesia hoy que arrepentirse no es cualquier cosa. “Arrepiéntete de tus pecados y ven a Cristo”, pero, ¿qué es arrepentirme? Cuando los judíos sacrificaban animales, no era solamente una labor mecánica; ellos tenían que experimentar contrición, y tenían ellos que sacrificar algo que era una posesión valiosa, porque entendían que el pecado tenía consecuencias. Y practicar esto por miles de años llegó a poner en su imaginería, llegó a poner en su cosmovisión, llegó a poner en sus ojos, en su mente, que realmente ellos no eran buenos y que necesitaban arrepentirse.

Arrepentimiento de obras muertas

Ellos aprendieron lo que era el arrepentimiento. El arrepentimiento incluye necesariamente, a la luz de la Escritura, primero un sentir un dolor profundo a causa de tu pecado y también una decisión de cambiar de rumbo. Arrepiéntete; la gente ha confundido arrepentirse con congregarse. “Arrepiéntete”; “ah, me está diciendo: comienza a ir a la iglesia”. No, es que te arrepientas de tu pecado; ¿de cuál pecado? A menos que tú llegues a ver tu pecado, no te puedes arrepentir. Tú tienes dos opciones para llegar a arrepentirte: o practicas durante 100 años sacrificios de animales, como hacían los judíos en el Antiguo Testamento, hasta que tú llegues a entender: “¡Guau!, tanta muerte a causa de mi conducta”; o llegas a entender el arrepentimiento cristiano, que es a donde yo quiero llevarles a ustedes hoy, que es la perfección.

Arrepentimiento no es tomar una decisión, no es hacer una proclama vehemente: “A partir de este momento me aparto del pecado”. Tú no te has arrepentido si tú no lo sientes. Arrepentimiento no es esfuerzo; hay gente que dice: “Yo tengo ya 10 años apartándome de ese pecado”. Eso no es arrepentimiento; usted puede tener 30 y todavía estar muerto en ese pecado. No hay arrepentimiento si no hay contrición; contrición es un sentir dolor, un sentir carga por tu maldad. La persona que puede recibir a Cristo como su Salvador es una persona que ha entendido su perdición. Si tú no has entendido tu perdición, tú todavía no tienes ni siquiera lo rudimentario.

Arrepentimiento no es transformación y desarrollo; no es una versión mejor de ti mismo. “Yo me estoy mejorando”, eso no es arrepentimiento. Arrepentimiento es una persona que ha llegado a sentir la verdadera carga de sus pecados. La pregunta no es si eres mejor hace 10 o hace 20 años, la pregunta es: ¿a causa de qué? “No, yo me enrolé en un proceso de mejora continua personal”. Esto no es autoayuda y eso no es arrepentimiento a la luz de la Escritura.

El arrepentimiento de ellos incluía dejar esos intentos vanos, a lo que se les llama aquí “obras muertas”. No producían nada que fuera eficaz, no producían nada más allá de un efecto simbólico. Tampoco arrepentirse es practicar determinadas acciones piadosas: congregarse, portarse bien, dejar algunos pecados, usar jerga religiosa, tener una Biblia. “Ah, tú tienes tu Biblia, eso es que te arrepentiste”. No; yo puedo tener una Biblia y todavía probablemente seguir teniendo deleite en mis pecados y no sentir la carga de ellos.

¿Qué es el arrepentimiento cristiano? ¿Qué es la perfección en este sentido? Un judío no había llegado a la perfección, porque ellos, mientras más sacrificaban, más tenían que sacrificar, y eso era un asunto que no se detenía. ¿Cómo muchos llegaban a entender que el pecado tenía consecuencias? ¿Cómo los creyentes llegamos a tener arrepentimiento? No es una decisión nuestra; es el Espíritu Santo que nos convence de pecado, de justicia y de juicio. Cuando alguien en nuestro tiempo ha llegado a sentir verdadera carga de su pecado, yo te puedo decir que el Espíritu Santo le convenció.

Arrepentimiento perfecto y fe en Dios

El hombre natural vive para defenderse a sí mismo, vive afirmado en sus propias decisiones; pero cuando alguien llega a tener carga por sus pecados, es que el Espíritu Santo le está hablando, convenciéndole de pecado. Y, para los cristianos, en la perfección, eso no es algo que esté a nuestro alcance humano; es una obra sobrenatural. De hecho, es un privilegio cuando alguien realmente siente vergüenza, carga, hastío por su desvarío. Usted puede decir que definitivamente el Espíritu Santo está obrando en él.

¿Por qué el arrepentimiento cristiano, hermano, es perfecto y lo otro es rudimentario? Porque lo otro solamente es simbólico: un animalito que se sacrifica, “ok, mira, tu pecado tuvo consecuencia”, lo sientes porque lo estás mirando. Tenías contrición inflamada por el simbolismo de ver el sacrificio de animales. Ahora nosotros no hemos sacrificado nada y podemos sentir, hermano, la carga de nuestros pecados; eso es el Espíritu Santo. Ese es el primer rudimento que pone: el arrepentimiento de obras muertas. Anteriormente era mecánico; al día de hoy es real. El Espíritu Santo lo pone en el corazón de uno: verdadero arrepentimiento.

El segundo rudimento que menciona aquí: la fe en Dios. ¿Por qué la fe en Dios? Claro, porque los judíos no habían conocido a Cristo; no podían tener fe en Cristo. En el Antiguo Testamento no podía llamarse fe en Cristo, porque ellos habían conocido a Dios. Llegaron a conocer a Dios porque Dios se les reveló y llegaron a vincularse a Dios de manera étnica o nacional: el Dios de este pueblo. Eso es bueno; cayó dentro del top de la nación en comparación con las otras naciones, porque las otras naciones adoraban cantidad de dioses y con ninguno de esos dioses se vincularon, sino que apaciguaban la ira de un dios.

Ahora, los judíos llegaron a conocer un Dios que se reveló a ellos y llegaron a entender que ese Dios había seleccionado Israel para un propósito particular. Se vincularon a nivel nacional con Dios. Llegaron a apartarse de la idolatría cuando el Señor los mandó al exilio por su idolatría; después regresaron y, cuando regresaron, jamás volvió a ser una nación abiertamente idólatra. Ellos llegaron a ser realmente monoteístas después del exilio, cuando regresaron. Llegaron a creer en la fidelidad de Dios en el cumplimiento de sus promesas, sí, porque Dios los trajo del exilio; cumplió su promesa y los trajo en el momento que se lo había dicho.

Israel había llegado a entender que Dios era uno, había llegado a entender que Dios aborrecía la idolatría, había llegado a entender que Dios tenía promesas y que cumplía sus promesas. Pero este nivel profundo de fe en Cristo que llegamos a tener los cristianos es un asunto excepcional. De hecho, un judío jamás pensó que nosotros podíamos vincularnos personalmente con Dios a un nivel de hijos. Cuando Cristo dijo que Él era Hijo de Dios, quisieron apedrearlo, hermano. Pero más adelante se nos dice a nosotros:

A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.

— Juan 1:11-12

Un cristiano está vinculado personalmente; su fe es una fe personal. Nosotros creemos que Él es nuestro Dios en Cristo; el Padre nos revela al Hijo y el Hijo nos vincula personalmente con el Padre. La fe cristiana es una fe mucho más profunda, es mucho más perfecta que cualquier fe en Dios que llegaron a entender los judíos. Llegar a tener fe en Dios era un buen rudimento, hermano, pero llegar a tener la confianza en una relación personal con Él, una vinculación personal con Él, la adopción de hijos, es un asunto muy superior y es la perfección del cristianismo.

Bautismos, imposición de manos y sustitución

Después, él menciona el tercer rudimento: primer rudimento, arrepentimiento de obras muertas; segundo, la fe en Dios; tercero, la doctrina de bautismos. ¿Qué entendimiento tenían los judíos? Que cuando usted tenía carga de conciencia, usted iba y se lavaba, participaban en unos lavamientos, lavamientos del cuerpo, un bautismo de arrepentimiento. Y participaban de estos recurrentemente, en más de uno. Estos lavamientos evidenciaban que ellos eran pecadores; lo evidenciaban simbólicamente, pero no resolvían el problema del pecado. El agua no quita el pecado. Usted puede bañarse con mucha agua, y el agua no quita el pecado; puede simbolizar que usted está sucio, pero no quita el pecado.

¿En qué sentido el bautismo cristiano es superior? Porque es más perfecto. El bautismo cristiano lo podemos describir con las siguientes palabras: en primer lugar, Cristo perdona nuestros pecados sin que medie el agua. Usted no necesita ir al agua para que sus pecados sean perdonados; Cristo perdona los pecados, los borra. Y después que Cristo ha borrado los pecados, entonces Él nos bautiza en el Espíritu Santo. El bautismo del Espíritu Santo es recibir, hermano, un poder, una capacidad de inmersión que te permite realmente dominar el pecado, realmente vencer el pecado. El bautismo de los judíos no te daba poder.

El bautismo cristiano se presenta como bautismo en agua y bautismo en el Espíritu: el poder del Espíritu Santo, y después una ceremonia en agua que no anuncia que tú eres pecador, sino que anuncia que tú has sido limpio. Es muy interesante, porque los judíos, su bautismo, anunciaba que tú eras pecador; el bautismo cristiano lo que anuncia es que nosotros hemos sido lavados en la sangre de Cristo. El simbolismo nuestro, hermano, es un simbolismo mucho más alto; nosotros no estamos diciendo, al hacer el bautismo, que somos pecadores, lo que estamos diciendo al hacer el bautismo es que nosotros, siendo pecadores, Cristo ha lavado nuestros pecados en su sangre. Es un asunto mucho más avanzado, es perfecto.

Si ellos representaban que estaban en pecado, nosotros hacemos el bautismo para testificar que salimos del pecado. Ese es el triunfo del bautismo cristiano, hermano; estamos anunciando simbólicamente no que estamos en pecado, sino que de ahí nos sacó el Señor: es la muerte y el levantamiento al mismo tiempo, la inmersión en el Espíritu, el poder.

Una de las partes más difíciles de entender de todo este texto es la imposición de las manos. ¿Qué es esto? Imponer las manos es sustitución. Hay mucho significado que tiene imponer las manos en el Antiguo Testamento, pero el significado que probablemente más tendría en mente el autor de Hebreos es que, cuando los judíos sacrificaban un animal, ponían su mano sobre el animal, anunciando simbólicamente que ese animal sería aceptado para la expiación suya.

Eso está en Levítico, capítulo 1, versículo 4, también en el capítulo 3. Cuando traían un animalito y ponían sus manos sobre el animalito, estaban hablando ahí de sustitución, y cada vez que lo hacían, sustitución, sustitución, sustitución; en su mente llegó a formarse la idea de que realmente podía haber sustitución. También ellos ponían la mano sobre una persona en señal de delegación de poder, de autoridad, pero, sobre todo, es el concepto de sustitución: yo no soy ese animal, pero al imponer la mano en el animal, hay sustitución, se recibe el animal y no a mí.

La doctrina cristiana de la sustitución y la resurrección

¿Cuál es la sustitución cristiana, hermano? Que Cristo murió en nuestro lugar. Si usted no tiene el rudimento de que alguien puede sustituirle, usted no puede deleitarse en la doctrina cristiana de la sustitución. Esta doctrina cristiana de la sustitución aparece numerada en Isaías 53; hermano, acompáñenme. Es un pasaje donde frecuentemente volvemos. ¿Qué es sustitución para nosotros? Dice así la palabra del Señor:

Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero, y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido.

— Isaías 53:5-8

Un judío puede entender esto perfectamente; él dice: “¡Guau!, Cristo fue herido por nosotros, como sucedía con los animalitos de antes”. El dominicano necesita este rudimento; usted necesita saber que existe sustitución, que Cristo pudo morir en nuestro lugar. Más tarde, Pedro lo clarificó aún más:

Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios; siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu.

— 1 Pedro 3:18

La doctrina cristiana de la sustitución tiene su cuna, tiene su origen en el rudimento judío de poner una mano sobre un animal y que él expiara tu pecado. Un judío aquí podría decir: “Pero nosotros estamos de acuerdo, esto es la misma cosa”. No, esto no es la misma cosa. Tú tienes los planos, nosotros tenemos la casa. Esto no es la misma cosa; ustedes tienen rudimentos, nosotros tenemos perfección.

Hay dos cosas más que se mencionan. He mencionado el rudimento del arrepentimiento, el rudimento de la fe en Dios, el rudimento de la doctrina de bautismos, el rudimento de la imposición de las manos. ¿Qué tal “la resurrección de los muertos”? Los judíos llegaron a entenderla. Hemos hablado tanto de resurrección, hermano querido, que estas cosas parecen muy normales o naturales; tenemos mucha influencia de la cosmovisión judeocristiana. Pero, para el hombre natural, hablar de que hay vida después de la muerte es raro. De hecho, cuando Pablo estuvo en el Areópago, se burlaron de él porque él decía que había resurrección de muertos.

Los judíos llegaron a entender, en su trajinar, en su relación con Dios, que realmente había resurrección. Claro, no a un nivel profundo; tenían una doctrina rudimentaria acerca de la resurrección. Ellos hablaban cosas que no entendían. Daniel habló de resurrección, Job habló de resurrección, David habló de resurrección, pero ellos no sabían cómo estas cosas sucederían. A mí me impresiona que hasta los patriarcas, cuando se mudaban, se llevaban sus difuntos, hermano, porque ellos tenían un entendimiento primigenio de que en algún momento sus cuerpos serían levantados. ¿Cómo serían levantados, cuándo? No sabían, tenían un esbozo acerca de la doctrina de la resurrección.

Entre los judíos era doctrina común que los muertos se levantarían. Job proclamó en su dolor:

Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios.

— Job 19:25-26

Isaías 26:19 decía:

Tus muertos vivirán; sus cadáveres resucitarán. ¡Despertad y cantad, moradores del polvo! Porque tu rocío es cual rocío de hortalizas, y la tierra dará sus muertos.

— Isaías 26:19

Daniel decía:

Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua.

— Daniel 12:2

Daniel vio esto y, después que lo vio, le dijeron: “Cierra estas cosas”; no entendía lo que estaba diciendo.

La resurrección y el juicio eterno en la doctrina cristiana

¿Qué es la resurrección cristiana, hermano? Los cristianos tenemos doctrina perfecta de la resurrección, en comparación con el rudimento que tenían ellos. Nosotros conocemos a uno que dijo de sí mismo:

Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

— Juan 11:25

Nadie, hermano, puede decir eso; usted no puede comparar eso ni con lo que dijo Job ni con lo que dijo Isaías ni con lo que dijo Daniel. Esto está a otro nivel. “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?”, le dijeron a las que estaban buscando el cuerpo del Maestro.

Hermano, primera de Tesalonicenses, capítulo 4, ¿qué nos dice acerca de la resurrección? Estoy hablando de cosas perfectas, de asuntos ya terminados, de un entendimiento cabal, mucho más amplio. Estaba enseñando el apóstol Pablo al respecto de estas cosas y mire lo que dice; son cosas terminadas:

Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo, con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros, los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire; y así estaremos siempre con el Señor.

— 1 Tesalonicenses 4:13-17

Daniel no vio eso, Job tampoco, Isaías tampoco, ninguno de ellos, hermano. Los patriarcas no entendían eso. La doctrina cristiana de la resurrección es una doctrina perfecta, mucho más terminada, que da mucha más esperanza.

La última, el último rudimento que menciona es “el juicio eterno”. Ellos sabían que había un juicio, pero no sabían cómo. Nosotros sabemos que hay juicio; sabemos que a nuestro Señor Jesucristo se le ha dado la autoridad para juzgar a todos los hombres. Y, sobre todo, sabemos, a la luz de Romanos, capítulo 8, versículo 1, que ya no hay condenación para nosotros. Y así el juicio se ve diferente.

A mí me impresiona, no me impresiona en el mal sentido, me motiva, me entusiasma saber que hay un juicio, pero saber que dice Romanos 8:1 que para nosotros no hay condenación. Es un juicio donde usted sabe que no hay manera alguna de que usted salga de ahí condenado; cualquier abogado diría: “Esto es ‘play’ seguro”. De hecho, el Nuevo Testamento parte el juicio en dos: un juicio para recompensa y un juicio para castigo. Así sigue, hermano, el juicio.

Con todas estas cosas, hermanos queridos, yo he estado mostrándoles que, para nosotros deleitarnos en la doctrina cristiana, no hace falta solamente comenzar a poner los colores; hay que entender los bocetos, y los bocetos están en el Antiguo Testamento. Que todas estas cosas que para nosotros son ciertísimas no comenzaron con Cristo; comenzaron años antes de Cristo formando la cosmovisión del pueblo del Señor para que pudiera recibirle.

Dependencia de Dios para avanzar a la perfección

Lo termino mostrando que nuestro avance en estas cosas no depende de que seamos buenos estudiantes. Termina el autor de Hebreos diciendo en el versículo 3: “Y esto haremos”, o sea, seguiremos avanzando hacia la perfección, “y esto haremos”. Da una resolución aquí, hermanos, de que “esto haremos”; si es verdad, todo lo que teníamos era boceto y rudimentario, hay que seguir hasta Cristo. ¿Podemos hacerlo? No, no. “Y esto haremos, si Dios en verdad lo permite”.

Con esto quiero mostrar, hermano, que nuestro avance en estas cosas depende de Dios. ¿Quién es el instruido entre nosotros de forma tal que pueda concatenar el Antiguo con el Nuevo Testamento? Ninguno. ¿Quién entre nosotros es el sabio que puede ver a Cristo resplandeciendo en el Nuevo Testamento y la manera como en Cristo se cumplen todas las profecías? Ninguno, hermano. El autor del libro de Hebreos no está contando con que ellos pueden ver a Cristo por principio deductivo, no. Ellos iban a poder ver a Cristo porque Dios les reveló a Cristo.

En un momento Pedro pudo verlo, y el Señor le dijo:

Bienaventurado eres, Simón hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.

— Mateo 16:17

Ay, hermano querido, si acaso he estado mostrando los rudimentos de la fe cristiana, no es porque crea que ninguno de nosotros tenga la capacidad humana para, por medio de nuestro motor intelectual, poder deducir estas cosas y ser salvo. Si una persona puede entender que lo anterior era rudimento y que en Cristo es perfecto, solamente puede entenderlo si Dios lo ha permitido.

No se logra siendo solamente estudiantes; de hecho, usted puede ser un estudiante de las Escrituras y estar muerto en sus delitos y pecados, no ver a Cristo, ver fragmentada la Biblia en dos testamentos, no ver cómo Cristo unifica una cosa y la otra. Y cierro diciendo que la diligencia no reemplaza la dependencia.

Hermano, si usted quiere avanzar en la doctrina cristiana, si usted quiere no quedarse en un rudimento, por favor no solamente busque la Biblia de estudio, no solamente busque el diccionario bíblico, no solamente busque la academia para tomar cursos especializados. Busque la ayuda misericordiosa y dependa del Señor. Por la misericordia del Señor, usted puede ver a Cristo revelado ampliamente en las Escrituras y ver la perfección que solamente en Él puede ser encontrada. Oro por toda la iglesia, para que, si hoy rechazas quedarte en los rudimentos, puedas avanzar a ver el edificio completamente terminado en Cristo.

Oración por madurez y llamado al arrepentimiento

Si acaso hay alguna persona aquí congregada hoy que dice tener un conocimiento elemental, pero no tiene la perfección, este también es un buen momento. Padre, gracias por tu palabra, pero sobre todo, Señor, gracias por la misericordia de ver a Cristo en su esplendor, en su justicia, en su grandeza. Gracias, Señor, porque nuestros ojos han sido abiertos.

Mantén tus ojos ahí cerrados, hermano querido; permíteme orar al Señor por tu madurez espiritual. Padre, mira a mis hermanos que, todavía en asuntos básicos de la fe cristiana, tienen conocimientos elementales; permite que avancen a la perfección. Mira aún aquellos, Señor, que están teniendo dificultad para entender la obra de Cristo al carecer de un fundamento esencial. Dales, Señor, ya que les diste a Cristo, dales también el rudimento para que puedan exaltar, para que puedan deleitarse, Señor, para que puedan glorificarte por las cosas preciosas que tú has hecho.

Padre, permite que mi iglesia sea una iglesia madura respecto a estas cosas; permite, Señor, que amemos ambos testamentos. Permítenos amar, Señor, el conjunto de tu revelación, pero sobre todo, Señor, permítenos estar deslumbrados por el brillo que hay en Cristo, por la luz refulgente que hay en Él. Si aquí hay alguien que todavía no ha visto a Cristo, es impresionante esto: el Señor puede abrir tus ojos y que tú lo veas, y después te manda a entender cómo le había sido profetizado en el Antiguo Testamento. No hay que ser un experto, no hay que haber leído la Biblia completa para ver a Cristo; Él primero brilla y después entonces todo se complementa.

Mantén tus ojos ahí cerrados. Muchas personas han visto a Cristo y, después, completan este conocimiento con toda la palabra del Señor, y cada vez Cristo brilla más y cada vez hay más gloria y exaltación. Si tú has escuchado que hay rudimentos y has escuchado que hay algo que se llama la doctrina de Cristo, si has escuchado que hay un hombre al cual los cristianos le llamamos el Cristo, el Mesías, Jesús de Nazaret, que no es un hombre común y corriente, singular, único, irrepetible, en el que se cumplieron las profecías, en el que toda la historia tiene sentido, si tú has escuchado que en esta iglesia estamos adorando, exaltando el nombre que es sobre todo nombre, yo te invito a que pongas en Él hoy toda tu confianza, confiando en que el Señor también te puede poner un firme rudimento y, más que esto, puede hacer que Él sea fundamento.

Padre, abre los ojos de alguien que está aquí congregado.

Invitación a la fe y cierre del culto

Si tú has podido ver a Cristo, si sientes el llamado del Señor, el mismo versículo vuelve y lo repito vez tras vez:

A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, y creen en su nombre, les ha dado la potestad de ser hechos hijos de Dios.

— Juan 1:11-12

Eso es una fe personal, eso es una vinculación personal. “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad”. Él dijo que nos daría el Espíritu Santo, que nos convencería de pecado, de justicia, de juicio, y nos llevaría a toda verdad. Si tú sientes hoy carga de tu pecado, si sientes hoy que por tus propios medios no podrás llenar la justicia de Dios, el Espíritu Santo te está ayudando.

“Acercaos, pues, confiadamente al trono de la gracia para hallar gracia y para hallar oportuno socorro”. “Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad”. Esto es arrepentirse; no es solamente una decisión, es sentir la carga de tu pecado y obrar en consecuencia, cambiar de dirección, no por tus medios, sino con la ayuda del Espíritu Santo.

Padre, si alguien ha puesto en ti su confianza, permite, Señor, que siga creciendo en ti más y más y que avance completamente hacia la perfección. Bendice ampliamente, Señor, a tu pueblo hoy congregado. Bendícenos, Señor, con una fe firme que pueda sobreponerse en medio de la tribulación. Todo esto para tu gloria, en el nombre de Jesús.

Amén. Dios me les bendiga, Dios les guarde. Nuestro ministerio de alabanza nos despide con una canción. El próximo jueves, con la ayuda del Señor, escuela bíblica, hermanos, de 7 a 8 de la noche.

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