Mensaje

Preparativos para heredar la tierra

Deuteronomio 6:10-25

Lectura bíblica

Esté conmigo en el libro de Deuteronomio, en el capítulo 6. Abran sus Biblias, libro de Deuteronomio, en el capítulo 6. Estaremos leyendo desde el versículo 10.

Cuando Jehová tu Dios te haya introducido en la tierra que juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob, que te daría, en ciudades grandes y buenas que tú no edificaste, y casas llenas de todo bien que tú no llenaste, y cisternas cavadas que tú no cavaste, viñas y olivares que no plantaste, y luego que comas y te sacies, cuídate de no olvidarte de Jehová, que te sacó de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. A Jehová tu Dios temerás, y a él solo servirás, y por su nombre jurarás. No andaréis en pos de dioses ajenos, de los dioses de los pueblos que están en vuestros contornos, porque el Dios celoso, Jehová tu Dios, en medio de ti está, para que no se inflame el furor de Jehová tu Dios contra ti y te destruya sobre la faz de la tierra. No tentaréis a Jehová vuestro Dios como lo tentasteis en Masá. Guardad cuidadosamente los mandamientos de Jehová vuestro Dios y sus testimonios y sus estatutos que te ha mandado, y haz lo recto y bueno ante los ojos de Jehová, para que te vaya bien y entres y poseas la buena tierra que Jehová juró a tus padres, para que él eche fuera a tus enemigos de delante de ti, como Jehová ha dicho. Mañana cuando te preguntare tu hijo diciendo: ¿Qué significan los testimonios y estatutos y decretos que Jehová nuestro Dios os mandó? Entonces dirás a tu hijo: Nosotros éramos siervos de Faraón en Egipto, y Jehová nos sacó de Egipto con mano poderosa. Jehová hizo señales y milagros grandes y terribles en Egipto, sobre Faraón y sobre toda su casa, delante de nuestros ojos, y nos sacó de allá para traernos y darnos la tierra que juró a nuestros padres. Y nos mandó Jehová que cumplamos todos estos estatutos y que temamos a Jehová nuestro Dios, para que nos vaya bien todos los días y para que nos conserve la vida como hasta hoy. Y tendremos justicia cuando cuidemos de poner por obra todos estos mandamientos delante de Jehová nuestro Dios, como él nos ha mandado.

— Deuteronomio 6:10-25

Pueden sentarse, mis hermanos. Son los preparativos para heredar la tierra. Ese momento previo donde aquello que tú estabas esperando, el Señor ahora te lo concede. Es la emoción del que está por llegar.

Sabemos que Dios se revela a su pueblo con un profundo sentido de la historia. Nosotros somos temporales, pero él es eterno. Él está pensando en nuestro pasado, está pensando en nuestro presente y él está pensando en nuestro futuro. De forma tal que él te está cuidando no solamente para el presente, sino también para el porvenir. El Señor está preparando al pueblo para que reciba una gran prosperidad.

Ellos estaban acostumbrados primero a ser esclavos y después a transitar durante un desierto, pero de aquí a poco estarán en casas grandes, cómodos. Estarán recibiendo bienes por los cuales no tendrían que haber trabajado. En un momento está por cambiar su nivel de vida. Y ellos que estaban preparados para el desierto y la esclavitud, ahora tienen que prepararse también para la abundancia. Creo que hay una disciplina espiritual en prepararnos para las diferentes situaciones de la vida. El apóstol Pablo decía que él ha aprendido a estar en carencia y también ha aprendido a estar en abundancia. El pueblo de Israel ahora se está preparando para estar en abundancia. ¿Qué va a ocurrir cuando ya no haya que orar por agua sino que caigan cisternas? ¿Qué ocurrirá cuando estemos seguros en nuestras casas? ¿Qué pasará cuando nuestros enemigos ya no estén en nuestra vista, sino que estén en sus contornos en este tiempo de prosperidad, de abundancia, de provisión? Israel también tiene que aprender a glorificar al Señor.

Creo que se predica más al respecto de ser piadoso en la carencia que al respecto de ser piadoso en la abundancia. Pero yo creo que la piedad requiere ambos lados de la historia. Habrá momentos en tu vida de aflicción y habrá momentos en tu vida para regocijarte. Hay momentos para clamar por agua y hay momentos para tener cisternas.

Si tú me has acompañado hasta este momento, ya sabemos que Israel no es protagonista, que el centro de la historia es Dios. Ya sabemos que Israel no merecía la tierra prometida, que está por recibir una tierra por la gracia del Señor. No la obtuvo por sus medios y tampoco la obtuvo por sus méritos. No fue su ejército que le llevó hasta allí y tampoco fue su corazón. Dios es bueno todo el tiempo y está por darle a Israel aquello que había sido el deseo de su corazón. Perdóname que reasque más el asunto, pero el Señor puede darte a ti también lo que es el deseo de tu corazón.

Yo me gozo en servir a un Dios que quiere proveer para su pueblo. No es la voluntad del Señor que tú vivas permanentemente en un desierto. Lo que tú deberías es revisar tu corazón. Mi corazón está listo para obedecer al Señor en el desierto y también en la tierra prometida. Cuando el Señor cambie mis tiempos, ¿qué pasará conmigo?

Quisiera hoy pastorearte en tres áreas diferentes. Quisiera animarte a que no te olvides de tu Dios. Quisiera animarte a que no repitas tus pecados de siempre. Y quisiera animarte a que no cambies la historia, sino que la cuentes correctamente. Tú que vienes de Egipto y has atravesado un desierto, cuando el Señor te entra en la buena tierra y tengas que contar la historia, cuenta la historia con exactitud y precisión. Cuando tus hijos te pregunten, no hables de ti, habla del Señor.

Lo más directo es pensar en nuestra salvación, la salvación de nuestras almas. Pero yo creo que el Señor nos está salvando en lo eterno y también en lo temporal. Y todos los hijos del Señor tendremos motivos de oración y al mismo tiempo tendremos motivos de acción de gracias. Tendremos temporadas de mucha carencia y aflicción y tendremos temporadas de abundancia, y Dios sigue siendo Dios. Es peligroso un corazón que se acostumbra a clamar solamente en la carencia y es peligroso un corazón que se acostumbra a mirar hacia otro lado en la abundancia.

Israel, ¿qué pasará con tu alma cuando ya no tengas que orar por agua? Anteriormente el Señor tenía que sacar el agua de la roca, pero en este momento tenemos cisternas. ¿Qué pasará cuando el alimento esté en el patio y las uvas y las olivas estén allí? ¿Qué será de nosotros cuando el Señor cambia los tiempos?

No te olvides de tu Dios

Hermano, yo no puedo ser un simple de decirte que el Señor mañana cambiará tu historia, pero hay historias que el Señor cambia de manera dramática. Y me gustaría que cuando tus medios cambien de manera dramática, la dirección de tu corazón siga en el mismo sentido.

Comienzo desde el 10 animando a la iglesia: no te olvides de tu Dios. Dice el autor de Deuteronomio en esta parte, cuando Jehová tu Dios te haya introducido en la tierra que juró a tus padres, Abraham y Jacob, que te daría en ciudades grandes y buenas que no edificaste, ¿quién es que lo hará? Jehová tu Dios te introduzca.

Aquí hay una descripción de su futuro, pero en este futuro se destaca la gran capacidad de Dios y no la capacidad que tienen ellos. Tú no heredarás la tierra porque eres fuerte. Tú no heredarás la tierra porque eres meritorio. Cuando Jehová tu Dios te introdujere en la tierra que juró, primero Dios. Israel no tiene una gran fuerza militar. Israel no venció a faraón. Israel no pudo prevalecer sobre el desierto. Es Dios que introducirá a Israel y lo hará para cumplir con su promesa. La tierra que juró a tus padres.

Hermano, quiero cuidarte en este sentido, porque dentro de nosotros nos están invitando a una obra de teatro, hermano. Todo el mundo quiere el protagónico. La vida del ser humano es esa. Todos nosotros queremos ser pequeños protagonistas de nuestra historia. Y tarde o temprano, cuando el Señor te prospere, tú mirarás hacia atrás y tratarás de rehacer la historia de forma tal que la luz caerá en ti y tú vas a decir, «Aquí estoy por mis propios méritos. Aquí estoy por mis propias fuerzas. Mi piedad, mi inteligencia, mi capacidad me trajo hasta aquí.» Cuando Jehová tu Dios te introduzca, tú no entraste por tus propios medios, no llegaste aquí por tus méritos. Jehová es el comienzo de tu historia, es el desarrollo de tu historia y también es el final de tu historia.

La clave de una vida piadosa es seguir mirando a Dios a través de nuestras transiciones. Tendrás momentos de carencia, tendrás momentos de abundancia, tendrás temporada de desierto y tendrás temporada de ciudades. Pero Dios sigue siendo Dios y el pueblo del Señor debería preparar su corazón porque quizás el Señor cambie tus tiempos. Caminaba en el lugar donde camino siempre. Mientras caminaba el parque de la pradera pensaba, «¿Y qué pasará si el Señor cambia mis tiempos?» Y si ese motivo de oración el Señor me lo concediera, ¿qué sería de mí si mañana cambiara mi realidad y lo que hoy es aflicción se convierte en celebración? Hermano, imagina tus motivos de oración recurrentes, que el Señor te lo conceda. ¿Y qué ocurriría con tu vida si pasara eso? Lo que pasaría es que quizás te olvides de Jehová, por lo cual quiero pastorearte y decirte, «No te olvides de tu Dios.»

Reiteradamente aquí se destaca la capacidad de Dios para introducirte y la incapacidad de Israel. Te están diciendo, «No te vivas la película de que la hiciste tú.» Tú no eres el gran agricultor que plantó esos viñedos. No ignoren los datos. Aquí están los hechos. Los hechos son que ustedes han estado orando por agua y por comida y en este momento encontrarán el agua y la comida y también la seguridad. Y el hecho es que tú no estás ahí por tus propios medios. El ego es natural en nosotros. Tarde o temprano tu ego te va a hacer creer que realmente estás adonde estás por tus propios medios y que tu inteligencia, tu piedad, tu sabiduría o tu pericia te trajo hasta aquí. Es muy marcada la intención de recordarle al pueblo su incapacidad. Le dicen ciudades grandes y buenas.

Cuando le dijeron ciudades grandes y buenas… ¿Cómo tú crees que sea la casa que te toque a ti y tu territorio? Dice el salmista, las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos y hermosa es la heredad que me ha tocado. ¿Qué va a pasar cuando te midan tu tierra y tú veas que tu tierra te gusta? Hermano, que probablemente tu corazón te traicione y pronto tú tengas el protagónico y el Señor sea un personaje secundario. No te olvides de Jehová que te sacó de Egipto, te pasó por un desierto y te introdujo hasta aquí.

Casas llenas de todo bien. Me pongo un poco pique y le digo, «Pero descríbeme los electrodomésticos.» ¿Qué hay? ¿Tiene secadora? ¿Qué tal? Casas llenas de todo bien.

Hermano, no abuso del texto si te digo que pienses un poco en tu pasado, piensa en tu realidad o piensa en tu futuro. Podría ser que anteriormente estabas más cómodo, o menos cómodo, pero yo te aseguro que el Señor cambia los tiempos y cuando el Señor cambia los tiempos, está esperando que tu corazón se mantenga en la dirección correcta. No te olvides de tu Dios. Cisternas cavadas que tú no cavaste, viñas y olivares que tú no plantaste. Y me encanta aquí que dice, «Luego que comas y te sacies.» Hermano, ¿tu devoción depende del hambre o no depende del hambre? Tú estás listo para seguir clamando al Señor, aunque ya no tengas hambre en lo físico. Tu corazón seguiría en la dirección correcta, aunque ya no sientas el calor del desierto.

Cuídate

Aquí es el tema. Hermano, Moisés sabía que cuando el pueblo se sacie, entonces el pueblo buscaría su respuesta en otra parte. Cambiaría la historia y al mismo tiempo cambiaría la dirección de su corazón.

Dice él, «Cuídate de no olvidarte de Jehová que te sacó de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. Cuídate.» Escucha la palabra que utiliza, cuídate. Porque es que en ese momento es que tu alma corre peligro. Cuídate. ¿Estás cómodo? ¿Estás bien? Sí, señor. No, esto no cayó maravilloso. Cuídate.

Esa advertencia transmite una sensación de peligro y es que el peligro de la ingratitud es real. Ese es el término necesario. El Señor te va a rodear de todo bien, pero tarde o temprano tú vas a querer explicar tus bienes y encontrarle una razón personal a las cosas que tú no tenías la capacidad ni siquiera de pedir. Y cuando la gente te vea, tú vas a querer mostrarte a ti mismo como que tú lo hiciste, que tú pudiste. Hay peligro en los momentos de prosperidad. Pronto estarás trabajando a jornada completa para cuidar de esas posesiones. Es un trabajo.

Bueno, y eso yo creo que todos nosotros lo hemos visto. Una persona que en momentos de carencia, de dificultad, se manifestaba con piedad, pero al mismo tiempo, en momentos de abundancia, ahora no tiene tiempo para lo que anteriormente hacía. Ese eres tú, ese soy yo, esos somos los seres humanos. Yo te pregunto, hermano, tu nivel de piedad, de adoración, de dependencia de Dios, ¿depende de que no tienes otras cosas en las cuales ocupar tu tiempo? O aunque tuvieras otras cosas, de todos modos, tú tendrías a Dios en primer lugar.

Quizás en este momento tu piedad está condicionada al hecho de que no tienes otras ocupaciones. ¿Y qué tal cuando tú tengas que lidiar con miles de compromisos? ¿Sabes lo difícil que es mantener una casa?

Te doy un momentito ahí para que reflexiones. Es un trabajo. Imagínate el trabajo que es administrar muchos bienes. La responsabilidad que significa. Ya que siempre aparece el simple que dice, «Yo lo que quiero es probarlo. Yo sé que eso es trabajoso, pero yo no he tenido la oportunidad. Yo quiero ver.»

El pueblo de Israel en este momento tiene tiempo. El pueblo de Israel en este momento tiene necesidad. El pueblo de Israel en este momento tiene pocas distracciones. Pero pronto habrá que cuidar la cosecha, pronto habrá que lidiar con las plagas. Pronto habrá que limpiar esas casas. Pronto habrá que mantener el agua en las cisternas y probablemente Dios pase a un tercer lugar.

Cuando tu Dios te prospere, no te olvides de tu Dios, eso es lo que te están diciendo. Mantenlo en primer lugar en la carencia y mantenlo en primer lugar también en la abundancia. Voy rápido, hermano. A preservar tu nivel de vida, probablemente en el momento de abundancia tu aflicción va a ser que si tú no te esfuerzas, entonces vas a perder tu nivel de vida. «Me ha dado mucha lucha llegar hasta aquí y si yo dejo de remar, si yo dejo de nadar, entonces me alcanzará la ruina.» En ruina estabas tú ya, el Señor te sacó providencialmente. Y si fue el Señor que te sacó, solamente el Señor puede preservarlo. Y si él te lo quita, buen propósito tendrá con quitártelo. Pero vivir para la riqueza no puede ser propósito del pueblo de Dios.

Yo me imagino que de aquí a poco Israel va a estar haciendo lives y todas las cosas, dando entrenamiento, charlas, los cinco pasos para lograr la propiedad en la tierra prometida. Israel, tú no llegaste aquí por tus propios medios. Tú no eres un influencer, tú eres un pueblo que no tiene ni el mérito ni los medios; fue el Señor que te entregó la tierra.

De forma tal que tu trabajo principal no es cuidar de tus bienes, sino cuidar tu relación con el Dios que te dio los bienes. Me lo predico más a mí, hermano, que a ti. Hacer un upgrade en tu nivel de vida, lo más difícil es devolverse. Darle para atrás, eso no es fácil. De hecho, el que es sabio dice, «Yo quisiera prosperar muy lentamente porque la bajada duele mucho.» Ahora, acostumbrarse es que nosotros fuimos diseñados para la plenitud, de forma tal que la carencia es extraña al ser humano. Y cuando el ser humano tiene que volver a revisitar la carencia, eso fue lo que le pasó a Israel cuando le quitaron la tierra. Ellos que en este momento están por recibir la abundancia, no pusieron a Dios en primer lugar y de nuevo tuvieron que volver para la carencia. Y es duro devolverse. Yo digo, el agua caliente para mí no es negociable.

Pero que el Señor no lo recete. Hermano, lo que hay que cuidar no es el calentador, lo que hay que cuidar es la relación con el Dios que te dio el agua caliente. Tú dices, «Bueno, cuando tú pasas, tú ves la parada donde anteriormente tú estabas esperando que pase la guagua. Tú ves la gente haciendo fila en el tapón y tú dices, «Wow,» y tú miras el carrito.» Y tú dices, «No, este carrito hay que preservarlo.» No es el carrito lo que hay que preservar, sino al Señor que te dio el transporte. No te olvides de tu Dios, que si tú tienes algo, no ha sido por tus méritos ni ha sido por tus medios, sino por la misericordia del Señor. Y lo único que puede garantizar, cuidar, preservar la misericordia del Señor es la fidelidad de tu corazón.

Mantén a Dios en primer lugar. Y en vez de tener una ansiedad por cuidar la riqueza, tú vas a tener una ansiedad por poner a Dios en el primer lugar. Hay gente que está ocupada en el trabajo de probar nuevas cosas, de socializar, de mantener relaciones, que a mí antes no me invitaban y ahora me invitan. Señor, la agenda que dan los bienes es complicada. Tú que anteriormente ocupabas tu tiempo en cosas que probablemente no tenían tanto valor, ahora sientes que tienes el privilegio de pertenecer, ahora tengo el privilegio de socializar, ahora hay que atender estas cosas. No te olvides de tu Dios. Amén.

Recuerdo aquel que en la parábola de Lucas, el Señor está haciendo una fiesta y manda invitar a las personas y hay uno que dijo, «Ay, discúlpame, he comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlos. Te ruego que me excuses.» Anteriormente tenías pasión, anteriormente tenías devoción, anteriormente tenías tiempo, pero ahora tienes una segunda casa y hay que limpiarla también. La vida no me da. Anteriormente era un ingreso, ahora tienes dos. La segunda empresa, las vacaciones. Aquí también te dan el consejo de cómo cuidarte.

Temer, servir, jurar

Dice el 13, «A Jehová tu Dios temerás y a él solo servirás y por su nombre jurarás.» Imperativos. Ese temor a Dios hay que cultivarlo en el corazón, sobre todo en los tiempos de abundancia. Sabes que uno se muestra más humilde mientras menos tiene. Si tú no tienes ni siquiera un seguro básico, tú estás dependiendo completamente desde la salud hasta todo en Jehová tu Dios. Pero a medida que tú le haces check a unas cuantas cosas, tú te vas a pensar que tú estás seguro y ya tú no vas a tener que pensar demasiado en tu creador.

A Jehová tu Dios temerás. Es el primer imperativo y así tú comienzas a cuidarte. Según Proverbios 1:7, este es el principio de la sabiduría, el temor a Jehová, e incluye reverencia, respeto, adoración, prioridad de pensamiento. ¿Qué es lo que te mueve? Textualmente he escuchado personas que lo dicen: «No, yo le temo demasiado a la ruina.» Yo creo que a quien tú debes temer no es a la ruina, sino teme a Jehová.

Otro me decía, «Yo le tengo respeto al dinero.» Y parece como un asunto elegante. «Qué sabio, respeta al dinero.» Tenle respeto al Dios que te puede dar dinero. Esa es la primera cosa para no olvidarte de tu Dios. Cultiva un temor reverente. Mantente impresionado sobre él. Su santidad, sus obras, su poder, su sabiduría. Mientras más el Señor te acomode, más tú deberías impresionarte del Dios que te está acomodando. De forma tal que tú quieras conocerlo, de forma tal que tú quieras atesorarlo, sentirte realmente impresionado. Señor, tú eres muy santo, tú eres muy sabio, tus decretos son perfectos, tu poder es real, tu misericordia es grande. Mientras más tú te sientas impresionado por el Dios que te sacó de Egipto, más seguro está tu corazón.

Eso es temer a Jehová. No es solamente un temor infantil, como que le tengo miedo a la oscuridad, no es eso. Estar tan impresionado al respecto de su grandeza, su dignidad, su poder, su santidad, que cuando tú piensas en tu Dios genera en ti una impresión grande, potente.

¿Qué tan impresionante es para ti Dios? Eso es lo que es la adoración. Adoración no es proferir palabras. Adoración es cultivar este temor reverente que te hace llegar a proferir palabras. Es que él se vea grande y tú te veas pequeño y tú digas, «El Señor ha hablado, el Señor ha obrado, el Señor se ha revelado.» Estar maravillado sobre la santidad de Dios es cultivar un temor reverente. Y en eso hay sabiduría. El principio de la sabiduría es el temor a Jehová. Y la gente piensa que temor a Jehová es solamente como tener un miedo, ¿no? No es tener un miedo, es tener una actitud reverente, estar impresionado, es decir, él sí es grande, él sí es poderoso, él sí es bueno. Y después tú dices, yo no lo soy. Y mientras más grande él se vea, más el temor de Jehová ha sido cultivado en tu corazón.

A él solo servirás

Después dice él, «Y a él solo servirás.» Aquí el temor se combina con el servicio. Pues el Señor no solamente está esperando impresionarte, él quiere que tú te impresiones de forma tal que te muevas. Yo no creo que sea adoración solamente como levantar los brazos, hacer cosas. Yo creo que la adoración es adoración cuando produce que el corazón del hombre cambie y el cuerpo del hombre también cambie de dirección. Cuando tus manos caminan a la misma dirección de tu corazón, entonces eso es adoración, es estar impresionado por el Dios que es conocido y al mismo tiempo vivir en consecuencia con esa impresión.

No puede ser que tú te sientas impresionado por él durante 40 minutos y tengas una atmósfera de oración, un tiempo de oración, y tú sigas viviendo en tu vida como habías vivido antes. Si realmente la actitud de tu mente ha cambiado, la disposición de tu vida también cambiará. Ya no vivirás para servir al pecado, servir a Egipto o servir al hombre, sino que vivirás para servir a Jehová tu Dios. Amén. De hecho, él le dijo a Faraón, «Deja salir a mi pueblo para que me adore.» Y él no solamente quiere que salga para que el pueblo se encuentre en una pasividad. Tú deberías ocupar ahora tu vida de una manera diferente.

Temerás, servirás, jurarás: las tres cosas, los tres imperativos. Sirve a Jehová solamente, y a él solo servirás. Esto se entiende en contraposición con la esclavitud. Cuando tú eras esclavo, tú servías de manera exclusiva a faraón. Tú no le puedes decir a faraón, «Mira, yo voy a hacer un part-time en tal parte.» Tú eras de faraón.

Yo vivo contratando desarrolladores de software y últimamente en alguno de ellos hago contratos de exclusividad y me preguntan, «¿Yo podría hacer algo al mismo tiempo? Alguien me pidió que lo hiciera.» Y yo le digo, tu contrato dice que no deberías hacerlo. ¿Sí me entiendes? Las relaciones de subordinación son relaciones de exclusividad. Y si tú tienes un contrato con faraón, tú tienes un contrato con faraón. Y si tú tienes un contrato con Jehová de los ejércitos, tú trabajas para Jehová de los ejércitos.

«No, que yo no lo hago para el mundo ni el pecado.» Para mí mismo, entonces te estás sirviendo a ti mismo. ¿Han pensado eso, que el esclavo no es dueño ni siquiera de él mismo? Ser un cristiano, entregar nuestra vida a Cristo es renunciar a todos nuestros bienes para ponerle a él en primer lugar. De forma tal que si tú vas a servir a Jehová en la tierra prometida, tú deberías servir a Jehová solamente, no a otras cosas. Incluye buscar sus intereses, usar nuestros medios para sus propósitos, la prioridad de nuestro tiempo. Y tu 8 a 5 es Dios. Entonces, ¿es que no puedo trabajar? No, es que tú deberías trabajar para la gloria del Señor. Pero dice la escritura que hagamos todas las cosas como para el Señor y no para los hombres, sabiendo que del Señor recibiremos la recompensa.

Pues a Cristo el Señor es que ustedes están sirviendo. «Ah, entonces no quieren que uno trabaje.» No, queremos que tú trabajes, que trabajes mucho para la gloria de Dios y no para tu vanagloria, para el interés de Dios y no para el interés de tu empleador. «Entonces, yo debería renunciar a la empresa para la que trabajo.» Tú deberías servir a Dios desde el lugar donde él te permite tener ese contrato. Esa es la actitud que cambia. A Jehová solamente tú servirás.

Y cuando tú ves eso, ya no hay manera en que tú hagas algo donde no se busque directamente la gloria de Dios. Porque tú estás sirviéndole, ¿no? «Mira, que yo no tengo un trabajo, yo solamente cuido de mis hijos, cuido de mi casa.» Entonces ahí que sea tu plataforma de servicio, pues a Jehová solamente que tú vas a servir. Esa es exclusividad en el servicio a Dios.

Después dice que por él solamente tú jurarás. Los antiguos cuando juraban, juraban por la entidad más grande. Textualmente dice ahí, «No es solamente temer, no es solamente servir. Por su nombre jurarás.» Los antiguos cuando iban a hacer un compromiso, ellos atestiguaban con relación a la autoridad más alta que pudieran encontrar. En nombre del rey. El rey es mi testigo.

El nombre de Jehová, ¿qué significa para ti? Ese es tu nombre, esa es tu garantía, ese es tu prestigio, esa es tu identidad. Realmente tú le tienes tan alta estima que él es el centro de tu representación, su nombre, su autoridad, su dignidad, su grandeza.

Que él sea el centro, que él sea tu mayor representación, que sea tu norte, que tú puedas decir, «No, es que yo le tengo tan presente que yo dependo de él y yo me debo a él y si realmente yo hago una cosa, ando buscando el interés de él y él me es testigo.» No andaréis en pos de dioses ajenos, de los dioses de los pueblos que están en vuestros contornos, porque él, Dios celoso, Jehová tu Dios, en medio de ti está para que no se inflame su furor. El Señor está buscando una exclusividad en nuestra adoración, ese es el centro, es el asunto: temer a Jehová, tenerle como el centro de tu vida, servir a Jehová, esa es la clave. Te estaba hablando en primer lugar que cuando el Señor te prospere, cuando el Señor cambie tu historia, no te olvides de tu Dios.

No repitas tus pecados de siempre

Del 16 al 19 hay una advertencia y se está hablando aquí del pecado reiterado de Israel. No tentaréis a Jehová vuestro Dios como lo tentasteis en Masá. Creo que después de esta serie, hermano, hemos visto reiteradamente cuál es el pecado de Israel y que hay pecados que son como tuyos y que te definen. No quiero ser demasiado técnico, hermano, pero todos nosotros luchamos con cosas distintas, pero regularmente luchamos con las mismas cosas. Tu pecado, tu debilidad, no es mi pecado ni mi debilidad, esos son los tuyos. Pero si tú analizas tu vida, tú has estado luchando durante muchos años con las mismas cosas.

Israel luchaba por confiar que realmente el Señor estaba cuidando de ellos. Por eso se quejaban, por eso murmuraban y por eso tentaban a Dios, porque Israel no creía que realmente Dios estaba cuidando de ellos. Y cada vez que faltaba una cosa grande o pequeña: murmuración, queja, probar a Dios. «Vamos a ver, si el Señor está aquí, entonces debería hacer tal cosa.» Le está diciendo Moisés, «Ya déjense de eso. Miren, ya yo ni voy a entrar a la tierra.» Pero ustedes déjense de eso.

Yo creo que llega un momento que uno mismo tiene que decirse, «Rafael Pérez, déjate de eso.» Ya no puede ser que tú siempre estés repitiendo la misma materia en esa área. Confía en Dios. Ahí ya, hermano, hay un gran avance en nuestra vida espiritual cuando nosotros llegamos a confiar en Dios en ese pecado que ha sido estereotípico para nosotros y en esa área de nuestra vida donde consistentemente hemos estado fallando al Señor. Y tú dices, «Mira, ya yo no voy a pensar en lo otro. Ahí, ahí, ahí, Señor, dame confianza en que ahí también tú me estás cuidando, de forma tal que ya pasemos esa materia, pasemos a lo siguiente.» No repitas los pecados, es lo que te están diciendo. Moisés es un hombre piadoso que fue desesperado por la nación de Israel.

Está diciéndole a la nación de Israel en este momento. Versículo 15, perdón, versículo 16. No tentaréis a Jehová vuestro Dios como lo tentasteis en Masá. Ese momento era importante porque ahí lo desesperaron a él con la actitud de siempre. No vuelvan a hacer la misma cosa. Yo me gozo en cómo el Señor vuelve a trabajar con nosotros con nuestros mismos pecados.

Hay un gran avance en tu vida espiritual cuando tú pasas esa materia. Y pasar la materia, hermano, no es como que tú tengas fuerza para vencer el pecado. Para lo que tú tienes fuerza es para confiar en que en esa área de tu vida, ahí de manera puntual, me lo predico a mí mismo, ahí de manera puntual y particular donde tú has estado fallándole al Señor, ahí el Señor puede cuidar de ti también. De forma tal que tú puedes confiar en que no te vas a morir, tú puedes confiar en que el Señor te va a guardar, tú puedes confiar en que realmente el Señor también ahí tiene cuidado de ti. Ya dejen la misma cosa de siempre, es lo que te está diciendo. Recuerda, cada pueblo y cada persona lucha con sus propias cosas. En Israel el pecado recurrente era eso, tentar a Jehová. Este era un pueblo que cada cosita querían ver si el Señor estaba ahí, ¿no? Porque si el Señor está aquí va a hacer tal cosa. Deja esa actitud. Querer que Jehová responda de manera particular como ellos esperan que el Señor lo haga.

El pecado no se resuelve con la provisión

No honrar a Dios, sino demandar que responda infantilmente tus caprichos. Israel, el Señor tiene cuidado de ti. Confía en Dios. Confía en Dios. Clarifico aquí que el pecado no tiene que ver con tu carencia. Israel, un pueblo murmurador, murmuró en Egipto, murmuró en el desierto y murmuró también en la tierra prometida.

Hay hermanos que piensan que si el Señor respondiera a su oración, entonces su corazón estaría seguro. No, si el Señor responde tu oración y te ayuda ahí, probablemente tú vuelvas a hacer lo mismo que tú hacías antes. El pecado no se resuelve con la provisión. El pecado se resuelve cuando tú llegas a confiar en tu corazón profundamente que Dios cuida de ti. «No, mira, si realmente el Señor me resuelve eso, mi corazón va a ser para él.» No, si tu corazón no es para él desde ahora, tampoco lo va a ser mañana. No hay que esperar entrar en la tierra prometida para vivir en santidad. No hay que esperar entrar en la tierra prometida para vivir en gratitud. No hay que esperar que el Señor responda la oración particular para comenzar a vivir para el Señor. Puedes comenzar a hacerlo desde ahora. No se resolverá. Eso no tiene que ver con tu carencia, es la inclinación de tu corazón y la abundancia no cambia la inclinación del corazón.

«Mira que yo he estado luchando con la avaricia. Cuando yo tenga riqueza, ya…» No, tú vas a ser un rico avaro. «He estado luchando con la envidia, pero si el Señor me diera a mí lo que me va a dar…» No, mira, cuando el Señor te lo dé, lo vas a tener y va a seguir deseando lo que el Señor le dio a los otros. El pecado no se resuelve al entrar en la tierra prometida, se resuelve en nuestro corazón antes de entrar. Ustedes están por entrar a la tierra, el Señor puede satisfacer tu corazón. Cambia desde ahora, es lo que te están animando.

Uno como que se queda en la misma idea, hermano. Pero yo creo que ahí hay algo importante. No asumas que la provisión de Dios matará tu pecado, regularmente seguirá vivo. Quien tiene amargura en su corazón va a ser un pobre amargado y un rico amargado. «Pero mira, eso es ahora. Estamos a meses de entrada. Desde que entremos mi amargura sale de ahí.» No, no. Tú vas a entrar con tu amargura y vas a seguir deshonrando al Señor.

La falta de contentamiento no se resuelve con una oración respondida. No es que «mira, tú me ves así, pero es porque el Señor no ha respondido a mi oración. Cuando el Señor responda a mi oración, tú vas a ver que mi corazón estará contento.» Si tu corazón no aprendió a contentarse en la carencia, tampoco estará contento en la abundancia. No es un asunto de geografía, no es un asunto de la posición en el mapa, es la orientación de tu corazón. Tú puedes estar contento en el desierto y puedes estar contento en la tierra prometida, donde quiera.

Cantidad de gente se casó para vencer el pecado sexual. Tú vas a tener ahora doble problema porque el sexo no es tu Dios. Eso puede ser desesperante. Esa persona vivía en un ardor, un desorden sexual antes de casarse. Va a vivir en un ardor y un desorden sexual ya casado. El matrimonio no resuelve el problema.

El problema se resuelve en el corazón con la ayuda del Señor. Israel, te están mostrando que tu problema no es tu posición en el mapa, que tu problema es la inclinación de tu corazón y que tú vas a tener que cuidar tu corazón en el desierto y también en la tierra prometida. Y para esto también el Señor ha provisto recursos. ¿Cómo podemos nosotros vencer el pecado antes de entrar? Hay hermosura en vencer el pecado sin recursos. Yo creo que el Señor se goza más cuando, ya va a llegar un momento en que tú vas a entrar y vas a tener la provisión, pero cuando tú lo logras antes, dices, «Señor, antes de entrar, mi corazón ya es para ti. Ya yo no te sirvo por los bienes, no te sirvo por la abundancia, no te sirvo porque lo haya visto, yo te sirvo porque yo te amo por ti mismo.» En eso creo que hay hermosura. Y los recursos que nos han dado aparecen ahí. Versículo 17 y 18:

Guarda cuidadosamente el mandamiento

Dice, «Guardad cuidadosamente los mandamientos de Jehová vuestro Dios y sus testimonios y sus estatutos.» Un pueblo que ha tenido dificultades para hacer la voluntad del Señor, oye lo que le recetan: que guarde cuidadosamente el mandamiento. Eso parece extraño. Tú te das cuenta que yo no he podido guardar el mandamiento y ahora tú me dices que la salida es que lo guarde cuidadosamente. Miren, hay asuntos que para tú poder obtener lo que se ofrece, tienes que hacerlo todavía de manera más diligente, de manera más cuidadosa.

La lucha contra uno mismo. Yo soy un creyente, yo testifico que nací de nuevo. Yo siento que en mí hay una naturaleza que anteriormente no la había. Y en algún momento yo miré el pecado y miré la provisión de Dios y yo dije, «No me es posible entregarme al pecado.

Escucha, no es que yo no quería entregarme, sino que no me era posible entregarme al pecado, porque en mí había una nueva naturaleza de forma tal que yo podía participar del pecado, pero no instalarme. Y vivía en esto de entrar y salir, de entrar y salir en diferentes áreas de la vida. Y llegó un momento en que yo tomé la resolución administrativa en mi corazón. Un memo, un memorándum. Querido corazón, dejemos de entrar y salir y vamos a tratar de ponernos a cumplir con el mandamiento, porque ahí está tu gozo y mientras tú estés entrando y saliendo, entrando y saliendo, entrando y saliendo, ni te vas a sentir pleno allá, ni te vas a sentir tampoco contento acá. Y por definición tú sabes que tú no puedes practicar el pecado, pues tu nueva naturaleza te lo impide. Y si yo no voy a poder practicar el pecado con confort, entonces yo tengo que dedicarme a la piedad completamente y cumplir cuidadosamente el mandamiento de Dios. Y ahí está mi deleite. Y a veces me devuelvo, pero cuando me devuelvo yo sé que es locura, yo sé que por ahí no se llega. Yo le digo al pecado, realmente ya esto no tiene lugar en mí porque tengo una nueva naturaleza. No puedo practicar el pecado. Yo puedo participar, pero no practicarlo. Yo no podría dejar que el carné me lo den, porque es que yo soy de Cristo.

O sea, que mi futuro está en cumplir cuidadosamente el mandamiento y ahí está mi deleite. No hay otro. Hermano, si tú eres de Cristo, tú debes entender que para ti ya no hay un futuro que no sea cumplir cuidadosamente el mandamiento. Y tú dices que yo todavía no lo he logrado. Yo sé, pero yo sé que por allá no se llega, sino por aquí. Yo estaba cumpliendo, pero quiero cumplirlo ahora cuidadosamente.

Yo quiero volverme ducho en ese asunto. Yo quiero practicarlo de manera tan consistente que llega un momento que eso me salga solo. Porque yo sé que en el mandamiento del Señor es que está mi satisfacción, ahí está mi futuro y no allá. Escucha. Al pueblo que ha estado tambaleando para hacer la voluntad de Dios, le dice Moisés, «Cúmplanlo cuidadosamente.» Hay asuntos en que tú tienes que redoblar la apuesta, que tú tienes que esforzarte aún más. Hubo un amigo que me ayudó a tener cierto cuidado de mi alimentación.

Yo le decía, «Mira, que tengo una ansiedad por comer dulce, que eso parece una locura.» Y él me decía, «Proteína de alta calidad.» Yo decía, «Yo comí proteína, pero el pan me sigue brillando.» Se me sale una sonrisita así, hermano, porque el pan es bueno. Entonces, ¿cómo venzo el pan? Él me decía, proteína de alta calidad. «Ya yo comí proteína.» «No, no estás comiendo lo suficiente.» Me dijo, «Mándame una foto del plato.» Y le mando una foto. «Ponle el doble.» Yo le digo, yo no creo que yo puedo comerme ese plato de carne. «Y una funda de pan, ¿tú puedes?» Ah, sí, eso sí.

Proteína de alta calidad. Tú estás luchando porque estás buscando deleite en otras cosas y tu deleite está en Dios. Y él te está diciendo, cumple el mandamiento de forma más intensa, de forma más cuidadosa. Involúcrate de manera más vívida en este asunto. Haz la voluntad del Señor hasta que ahí esté tu deleite. Y es verdad, hermano. Usted quiere luchar con la ansiedad de comer los dulcecitos y la cosa, coma proteína de alta calidad en grandes cantidades. Llénese de las cosas buenas y lo demás. Entonces, no te aseguro que puedas vencer el pan.

Pero escucha, le están diciendo, «Guardad cuidadosamente el mandamiento de Jehová su Dios, su testimonio, sus estatutos.» O sea, al pueblo que no estaba cumpliendo le está diciendo, «Cumple.» Y hacer la voluntad de Dios es duro porque esto es solitario. Nadie te está mirando. Hacer la voluntad de Dios en esta tierra parece un trabajo que no tiene futuro. Pues tú dices, «Nadie me celebra, nadie me ve, no veo ningún resultado.» Pero hay algo que sí está ocurriendo. Dice aquí el 18, «Y haz lo recto y bueno ante los ojos de Jehová.» Aleluya. O sea, que yo voy a tener que hacer el mandamiento cuidadosamente, aunque nadie me celebre, aunque nadie me acompañe, aunque nadie me respalde, con la convicción de que mi Dios está en el cielo y que él está mirando. Amén.

Te he animado primero a que no te olvides de tu Dios y en segundo lugar que termines con el pecado y que los pecados de siempre no entren contigo a la tierra prometida. Y que no esperes que al entrar a una tierra, una casa más grande con una cisterna más ancha y con plantaciones ya existentes, y que vas a comer y te vas a sentir saciado, que tu corazón va a estar tranquilo. No. Hazlo ahora. Cumple cuidadosamente el mandamiento y entiende que Dios te está mirando. Primera cosa, no te olvides de tu Dios. Lo segundo, no repitas tus pecados de siempre. Hermano,

No cambies la historia

aquí yo quería llegar porque tenemos que hablar de nuestra narrativa personal. Tú tienes un autor en tu corazón que está loco por escribir una novela. Tú estás deseoso de que alguien te pregunte para darle al play y mencionar tu nombre 15 veces. ¿Y cómo fue que lo lograste? ¿Cómo fue que lo hiciste? Alguien te va a preguntar.

Dice del 20 al 25, mañana cuando te preguntare tu hijo diciendo, ¿qué significan los testimonios y estatutos y decretos que Jehová nuestro Dios os mandó? Entonces dirás a tu hijo. Es esperable que si vivimos realmente a la luz del mandamiento y en forma tan particular, nuestros hijos nos pregunten, «Papi, ¿por qué vivimos donde vivimos? ¿Por qué tenemos lo que tenemos? ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?» Y aquí es que tú tienes que ser cuidadoso porque la tentación va a ser: «Mijo, es que yo… esa es mi historia.»

«Yo tuve que romperme la espalda para yo lograr que tú y tus hermanos y nuestra familia…» ¿Ves dónde está? Esa va a ser la historia. «Querido hijo:» es una historia de vanagloria. «Querido hijo:» es una historia de suficiencia. Realmente tú estás viviendo la película de tu resistencia emocional: «Nunca me quebré, me caí tres veces pero siempre me levanté.» Esa es la historia. Tú estás viviendo donde no te toca. Tú estás comiendo lo que no tenías que estar comiendo. Estás bebiendo lo que no tenías que beber y estás teniendo comunión con un Dios que tú no merecías.

«¿Y por qué estamos aquí, papi?» «Siéntate ahí que te voy a explicar. Tu mamá y yo nos pusimos de acuerdo. Hicimos un plan. Primeros 5 años, segundos 5 años, lo logramos en el año 20.» Esa es la historia.

Tus hijos tienen curiosidad. Por lo menos si tú estás viviendo como deberías vivir, deberías estar despertando curiosidad en ellos. ¿Cuál es la respuesta que tú le vas a dar? Este texto asume que realmente tú vas a llamar la atención de alguien y la historia de tu pueblo, de tu familia y de tu vida empieza en Dios y termina en Dios.

¿Qué es lo que hay que decir? La tentación es esa. Perdóname el momento de locura, hermano. Hago mucho daño, pues los ejemplos que se me ocurren son ejemplos que no son solamente míos, sino que son quizás de muchos más. Cumplió año el jueves, mami, y estábamos con la familia compartiendo en un lugar y yo miré alrededor y pude recapitular la historia de mi familia. Y yo quisiera poder decir, «No, es que mi papá y mi mamá eran trabajadores, echados para adelante. Nosotros hemos sido muchachos trabajadores.» ¿Saben lo que es el privilegio de que una anciana pueda celebrar su cumpleaños con todos sus hijos? Los tres que parió y la que crió. Ahí estaban Altagracia, Rocío, Lilian y Junior. Estaban ahí los cuatro alrededor de una mesa, cada uno ahí con su mamá.

Yo podría decir, «No, lo que pasa es que hubo un plan y todo salió según lo esperado.» Hermano, nosotros merecíamos estar destruidos en este momento. Lo que merecíamos es estar muertos en nuestro delito y pecado. Lo que nosotros merecíamos es haber sido borrados.

Nosotros no teníamos mérito alguno, no teníamos capacidad. Pero eso lo puedo decir yo. Probablemente cada miembro de esta familia tenga una historia diferente, pero mi historia no es la historia de que mis padres fueron gente genial que logró sacarlo hacia adelante y aquí estamos celebrando. No, hermano, en mi caso se predicó el evangelio y el evangelio cambió nuestra historia. Y después de un tiempo de mucha inestabilidad que no nos pudimos saltar, sino que vivimos la inestabilidad, el evangelio siempre fue lo característico. Cuando yo miro hacia atrás, yo digo, «¿Qué pudo permitir que todavía estemos aquí?» La misericordia del Señor, el poder del evangelio y el seguir manteniendo a Dios en primer lugar.

Tú sabes que yo quisiera poder decir, «No, mira, mis hermanas tienen tal cosa, tales méritos, tales capacidades,» y es verdad que son gente muy inteligente, pero al mismo tiempo, hermano, somos pecadores que el Señor visitó con su misericordia. Amén. Y lo que hay que decirle a los muchachos no es que nosotros sí y los otros no, sino que nosotros no y ellos tampoco, pero que el Señor tuvo misericordia.

Hermano, te estoy cuidando porque tarde o temprano tú vas a hablar de tu carrera, tú vas a hablar de tus bienes, tú vas a hablar de tu casa como si fuera tu historia de gran diligencia personal. Toda la historia dentro del pueblo del Señor, desde la historia de Ester hasta la historia de Rut o la historia de los reyes de Israel, es la historia del pueblo de Dios. Y si tú eres parte de este pueblo, el único protagonista en esta historia es Dios y su misericordia. De forma tal que no hay un creyente que pueda sacar el pecho para decir, «El que venga, por favor, que escriba mi autobiografía.»

La historia empieza en Dios

Con toda humildad, hermano, tú vas a tener que responder lo siguiente. Mañana cuando te preguntare tu hijo diciendo, «¿Qué significan los testimonios y estatutos y decretos que Jehová nuestro Dios mandó?» Entonces dirás a tu hijo: nosotros éramos siervos de faraón en Egipto y Jehová nos sacó de Egipto con mano poderosa. La historia de un miembro del pueblo del Señor es: yo estaba muerto en mis delitos y pecados y no podía distinguir mi mano izquierda de mi mano derecha y el Señor me interrumpió y el Señor me rescató. Cuando yo no tenía ni siquiera el ideal de la libertad, el Señor fue ahí con su mano poderosa, le dijo a faraón, «Suelta,» me transitó por el desierto y aquí estoy. ¿No es esa la historia? No es una historia grande y elocuente. Porque desde que el Señor te da una cisterna más o menos grande, tú vas a querer decirle a la gente qué es lo que hay que hacer para tener cisterna grande.

«Que ustedes todavía están esperando que el agua salga de la roca y tú no tienes cisterna.» Tú tampoco, mano. Tú no tienes cisterna por tu capacidad. «¿Y tus viñedos cómo van? Porque los míos también, ¿no? Yo tengo un viñedo de tercera generación. Mi abuelo sembró estas uvas, después lo sembré yo…» Hermano, no, no, no. Fuimos sacados de Egipto con la mano poderosa. Donde quiera que hay un miembro del pueblo del Señor, la gran diligencia, el ego, el egocentrismo no tiene lugar. Esa es una historia de profunda humildad donde nosotros reconocemos nuestros orígenes, que no hace mucho fuimos pasados de muerte a vida y por la misericordia del Señor estamos en pie. Amén.

Estoy en el 22. Jehová hizo señales y milagros grandes y terribles en Egipto. «Yo desbaraté a esa gente yo mismo.» ¿Te imaginas a Moisés diciendo, «No, pero fue con mi mano poderosa. Yo maté primero un egipcio y después el ejército completo de faraón. Y al faraón la última tocada se la di yo»? Moisés no puede decir eso. Tú tampoco puedes decirlo, hermano. Cuídate porque adentro tuyo hay un autor que está loco por publicar su bestseller y comenzar a decir, «Atención en mí.» La vanidad, el orgullo, la ignorancia, el pensar, el olvidarte de Jehová, el dedicarte a vivir por la libre, allí es que te lleva, a querer cambiar la historia.

Tú tienes que continuar mi legado, hermano. El único legado que hay en la familia cristiana es el legado del evangelio. Tú vas a tener que luchar, tú tengas bienes o no, para con los bienes o sin los bienes, poner al Señor en primer lugar. Y cuando logremos poner al Señor en primer lugar, entonces a nuestra familia le va a ir bien. Ese es el testimonio que hay que contar.

La historia de nuestro pueblo empieza en Dios. Este es tu testimonio, no lo cambies. ¿Cómo era nuestra vida antes de Dios? Siervos de faraón éramos. Estábamos muertos en nuestro pecado. Creíamos que estábamos bien, pero no lo estábamos; trabajando para hacer ladrillo.

¿Cómo pasamos de allá y llegamos hasta aquí? Jehová nos sacó de Egipto con mano poderosa. «¿Y cómo sucedió eso, papi?» Señales y prodigios hizo el Señor. O sea, que cualquier cosa que yo te diga será señal y será prodigio. Cosas que hace Dios y que no estaban a mi alcance. De hecho, yo mismo no sé cómo fue que el Señor nos transitó. Eso es lo que tú vas a tener que decirle.

Recuerda, hermano, hablo con cuidado porque mi testimonio no es solo mío, es de mucha gente, pero yo recuerdo el momento cuando estábamos saliendo de una casa con un colchón encima y estábamos desperdigados en diferentes sitios, viviendo en diferentes lugares, y de ahí el Señor volvió a reunirnos y el evangelio nunca faltó. Yo recuerdo los momentos más desesperantes quizás de nuestra historia familiar, que lo que nunca faltó es que el domingo no se cambiaba y llegaba a una iglesia y escuchaba el evangelio. Y cuando en mi casa probablemente no había seguridad, la iglesia era mi lugar seguro. Y lo que nunca faltó fue el testimonio de que nosotros éramos de Cristo.

Es fácil tú cambiar la historia y colocarte a ti en el centro. ¿Qué es lo que tú respondes? ¿Cómo fue que lo logramos? Por la misericordia del Señor. ¿Y por qué Jehová hizo eso? Para cumplir su promesa. El Señor lo prometió y él lo hizo. ¿Y cómo respondemos nosotros a la salvación de Jehová? Oh, mi hijo, cumpliendo cuidadosamente todos sus mandamientos.

«Papi, ¿cómo nos aseguramos de que la cisterna no se rompa? ¿Y cómo nos aseguramos de que no nos quiten la casa? ¿Y cómo nos aseguramos de que nos mantengamos todavía en pie?» Pon al Señor en primer lugar. «Yo voy a trabajar tanto como tú, papi, para que nosotros nunca tengamos que volver para Egipto.» No, mi hijo. Pon al Señor en primer lugar de tu corazón. Y cuando el Señor esté en el primer lugar de tu vida, entonces tú podrás tener la confianza de que a tu familia le seguirá yendo bien.

Inquieto aquí un poco a los padres, hermano. Tú eres el primer referente espiritual. Llega un momento en que tus hijos tienen la edad, tus sobrinos tienen la edad de entender la historia familiar, que la historia no fue lineal. Fue una historia así, pero que el Señor tuvo misericordia.

¿Cómo se ve el evangelio en estos textos?

El evangelio en estos textos

Miren, el evangelio es la buena noticia de que Dios nos ha sacado de la esclavitud del pecado para traernos a Cristo en una relación de pacto y que nos ha rodeado de bienes que ninguno de nosotros merecíamos. Y no hay una cosa más fea que una persona que fue salva por gracia tratando de ostentar como si fueran suyos los méritos del evangelio. Si hay algo bueno en tu vida en este momento, detrás de eso bueno está un Dios poderoso, misericordioso, que no te dio ni lo que merecías ni lo que estaba en tu capacidad, sino que por su misericordia y su gracia, él te visitó con su favor y te rodeó de bienes.

Si tú eres un creyente, ten cuidado cómo tú narras tu historia, porque el evangelio exalta a Dios y te reduce a ti. Una paz que tú no forjaste, una seguridad que tú jamás pudiste haber comprado. Eso es lo que es la verdad del evangelio. El evangelio requiere que pensemos activamente en el Dios que nos rescató del pecado, que nos apartemos del pecado antes de seguir caminando por amor al Señor. Y también requiere que demos testimonio a la generación siguiente, de forma tal que el Señor esté en el lugar principal y que nosotros siempre seamos un secundario. Ese es el evangelio. El evangelio es la buena noticia de que el Señor te salvó por gracia y que cuando se testifica, se testifica con humildad.

Hermano, yo espero que el Señor responda a tu oración. Yo espero que el Señor te saque del desierto. Yo espero que el Señor te dé abundancia, pero al mismo tiempo yo espero que en todas esas temporadas tú nunca te olvides de tu Dios. Oro por la iglesia para que sea el Señor que nos ayude.