Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.
— 1 Corintios 3:11
El evangelio no es solamente el punto de entrada a la vida cristiana; el evangelio es la vida cristiana.
El evangelio es la buena noticia de que Dios ha elegido reconciliarse con el hombre por medio de Cristo. Pero hay algo que muchos creyentes asumimos sin darnos cuenta: que esa noticia es solamente para el que no conoce a Cristo, el primer capítulo de la vida cristiana. Una vez que entras, sigues adelante y ya no necesitas volver a ella. Después vienen las doctrinas más profundas, los estudios más complicados, las disciplinas más exigentes. Yo pensaba así. Creía que un creyente maduro era un creyente filosófico que podía establecer muchos argumentos. Estaba equivocado.
El evangelio no es la puerta. El evangelio es la puerta, es también la casa, y es también el destino. Un creyente que ha madurado no es alguien que dejó atrás el evangelio para dedicarse a asuntos más sofisticados. Es alguien que ha profundizado tanto en el evangelio que puede ver a Cristo en todas las áreas de la vida. Ha establecido aún más el fundamento, no lo ha abandonado.
El apóstol Pablo escribió quince capítulos a la iglesia en Corinto, una comunidad de creyentes plagada de problemas. ¿Había divisiones? El evangelio: ni Apolos ni Pablo salvan, Cristo salva. ¿Inmoralidad? El evangelio: Cristo compró sus cuerpos. ¿Pleitos legales? El evangelio: considera lo que Cristo ya pagó por ti. ¿Desórdenes en la cena del Señor? El evangelio: su propósito más alto es anunciar la muerte del Señor. ¿Dones espirituales? El evangelio: no son para lucirse, sino para edificar a aquellos a los cuales Cristo salvó. Pablo no les recetó una doctrina nueva para cada problema; les recordó la misma verdad desde ángulos distintos.
Si hoy te sientes estancado en tu vida cristiana, quizás no necesitas un libro más, un seminario más o una experiencia más intensa. Quizás necesitas volver al evangelio y descubrir que allí, en lo que creías ya conocer, hay una profundidad que aún no has explorado.
Oración: Señor, perdóname si alguna vez traté tu evangelio como algo elemental que ya no necesitaba. Muéstrame que en Cristo está toda la profundidad que mi alma busca. Que no corra detrás de novedades cuando el fundamento es más que suficiente. Amén.