Saltar al contenido

El problema debajo del problema

Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también estáis firmes.

— 1 Corintios 15:1

El problema más urgente de una iglesia no siempre es el que se ve primero.

La iglesia de los corintios tenía de todo. Un hombre viviendo en inmoralidad escandalosa. Creyentes llevando sus pleitos a los tribunales. Desorden en la mesa del Señor. Si alguien hubiera tenido que hacer una lista de prioridades para esa iglesia, habría llenado varias páginas antes de llegar siquiera a la doctrina. Sin embargo, cuando Pablo agota catorce capítulos atendiendo esos asuntos, con cada tema tratado muestra el evangelio y cierra la carta volviendo al principio: el evangelio. El fundamento. Lo que lo sostiene todo.

Eso puede parecer una desconsideración. La casa está en llamas y el apóstol, en vez de echar agua desde el techo, revisa si están bien los cimientos. Pero precisamente ahí está la lucidez de Pablo: la casa estaba en problemas porque el fundamento estaba descuidado. Los corintios no tenían principalmente un problema de conducta que necesitara corrección; tenían un problema de evangelio que necesitaba recuperación. La moral desencajada era el síntoma. La causa era más profunda. Y el remedio no estaba en Pablo, estaba en Cristo.

Hay una trampa que se repite con frecuencia en la vida de la iglesia. Podemos con facilidad diagnosticar los síntomas, los conflictos, los hábitos, las actitudes, y quedamos ocupados atendiendo esas urgencias sin preguntarnos qué hay debajo. ¿Cuándo fue la última vez que te detuviste a examinar no lo que estás haciendo sino sobre qué lo estás edificando? El problema visible casi siempre tiene una raíz que no se ve. Y casi siempre esa raíz tiene que ver con cuánto peso real le estamos dando al evangelio en nuestra vida diaria. El mejor de los diagnósticos no puede hacer nada para cambiar la realidad de una iglesia que ha dejado de vivir el evangelio.

Pablo no abandona los temas prácticos; los atiende con seriedad y profundidad. Los atiende siempre llevando cada uno de ellos a Cristo. Eso es lo que distingue la corrección pastoral de la simple gestión de conflictos: una puede resolver el problema de hoy, la otra puede transformar la vida. El apóstol no quería unos corintios mejor organizados; quería unos corintios que retuvieran el evangelio y vivieran a la luz de él.

Oración: Señor, confieso que con frecuencia atiendo los síntomas y descuido la raíz. Que hoy pueda mirar debajo de mis urgencias y encontrar ahí el evangelio. Recuérdame que el fundamento importa más que la decoración, y que sin Cristo edifico en arena por muy buena que sea mi intención. Amén.