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La mina guardada en un pañuelo

Vino otro, diciendo: Señor, aquí está tu mina, la cual he tenido guardada en un pañuelo.

— Lucas 19:20 (RVR1960)

Una vida cristiana sin frutos es una mina envuelta en un pañuelo.

En la parábola de las diez minas, un hombre noble entregó a cada uno de sus siervos una mina (una unidad de dinero) y les dijo: «negociad entre tanto que vengo». Cuando volvió con autoridad de rey, los siervos rindieron cuentas. Uno había multiplicado lo recibido por diez. Otro por cinco. Y uno se acercó con su mina envuelta en un pañuelo. «Aquí está, intacta». El siervo creía que estaba siendo cuidadoso. Su señor lo llamó malo y negligente.

Hay una diferencia importante entre cuidar y guardar. Un comerciante cuida su mercancía moviéndola, ofreciéndola, exponiéndola. Un mal empleado cree que cuida la mercancía no tocándola. Si Dios te ha dado tiempo, talentos, energía, recursos, oportunidades, te los entregó para que rindieran fruto antes de su regreso. Y trabajar para Dios significa servir a otros, hablar del evangelio, criar hijos en la fe, construir cosas que duren más que tú. Cualquier vida cristiana que no produce fruto está envolviendo algo en un pañuelo.

Hay creyentes con vidas guardadas. No se equivocaron en grande. Tampoco hicieron nada. Llegarán al final con todo lo que recibieron, sin gastar ni perder, y descubrirán que esa también es una forma de fallar. La pasividad ordenada, sin sobresaltos, con apariencia de prudencia, sigue siendo desobediencia. Hoy es un buen día para abrir tu pañuelo y mirar qué hay adentro que el Señor te dio para usar.

Oración: Señor, examina lo que tengo guardado. Muéstrame el tiempo, los dones y los recursos que tengo intactos por miedo, por comodidad o por descuido. Quiero negociar con lo tuyo, no protegerlo de ti. Que cuando vuelvas encuentres frutos. Amén.