En la parábola de las diez minas, Jesús traza una línea entre dos audiencias: siervos a quienes confía sus minas para negociar, y enemigos que mandan una embajada para que no reine sobre ellos. Es mejor ser un siervo reprendido que un enemigo destruido, porque el 100% de los siervos del Señor —sin importar sus rendimientos— fue salvado. Toda persona que escucha el evangelio termina firmando una de las dos cartas.
Transcripción automática
Les invito ahí a que se pongan sobre sus pies y que abran la Sagrada Escritura. Y que con expectativa de fe leamos en el evangelio de Lucas, en el capítulo 19, los versículos siguientes al texto que estuvimos leyendo la semana pasada. Lucas 19, a partir del versículo 11, ahora es una parábola del Señor. Es conocida como la parábola de las diez minas, y esta parábola hace una diferenciación entre dos grupos de personas: una diferencia entre siervos y enemigos. Solamente le pongo dónde dejamos la atención la semana pasada: el Señor entró en la ciudad de Jericó. Al entrar en la ciudad de Jericó, hay una multitud que le seguía. En esta multitud que le seguía había un publicano, un recaudador de impuestos, Zaqueo. Zaqueo fue alcanzado con la salvación del Señor. Hubo fruto de arrepentimiento en la vida suya y todavía la multitud está presente. La multitud está murmurando, la multitud tiene diferentes perspectivas de Jesús. Y ahora el Señor le comparte una parábola a esta misma multitud. Es el mismo momento del que tuvimos la semana pasada. Dice la Sagrada Escritura, la palabra del Señor.
Oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalén, y ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente. Dijo, pues: Un hombre noble se fue a un país lejano, para tomar para sí un reino, y volver. Y llamando a diez siervos suyos, les dio diez minas, y les dijo: Negociad entre tanto que vengo. Pero sus conciudadanos le aborrecían, y enviaron tras él una embajada, diciendo: No queremos que éste reine sobre nosotros. Aconteció que vuelto él, después de recibir el reino, mandó llamar ante él a aquellos siervos a los cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno. Vino el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas. Él le dijo: Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades. Vino otro, diciendo: Señor, tu mina ha producido cinco minas. Y también a éste dijo: Tú también sé sobre cinco ciudades. Vino otro, diciendo: Señor, aquí está tu mina, la cual he tenido guardada en un pañuelo; porque tuve miedo de ti, por cuanto eres hombre severo, que tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste. Entonces él le dijo: Mal siervo, por tu propia palabra te juzgo. Sabías que yo era hombre severo, que tomo lo que no puse, y que siego lo que no sembré. ¿Por qué, pues, no pusiste mi dinero en el banco, para que al volver yo, lo hubiera recibido con los intereses? Y dijo a los que estaban presentes: Quitadle la mina, y dadla al que tiene las diez minas. Ellos le dijeron: Señor, tiene diez minas. Pues yo os digo que a todo el que tiene, se le dará; mas al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y también a aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y decapitadlos delante de mí.
— Lucas 19:11-27 (RVR1960)
La iglesia necesita una dosis de realidad
Aquí hay drama, aquí hay tensión, aquí hay advertencia. Aquí hay solemnidad. Aquí está mi Señor Jesucristo hablando como realmente es. Yo creo que a la Iglesia de Cristo le falta una dosis de realidad, de ver a Cristo como Cristo realmente es. Pues sospecho que muchos adultos y muchos niños todavía tienen esta imagen ingenua de que Jesús es inofensivo, de que no habla fuerte, de que todo lo entiende. Esto lo digo yo: de que no reina, de que no tiene poder, de que no tiene autoridad, de que no tiene enemigos.
Y aquí está mi Señor Jesucristo con sus propias palabras. No es otro hombre que está hablando en nombre suyo, es el mismo que está hablando de sus enemigos. Y la manera en que termina este texto, esa es una de las maneras más duras que termina un texto salido de la boca de mi Señor Jesucristo. «Y también aquellos mis enemigos», dice él, «que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá y decapítenlos delante de mí». ¿Qué expresión?
Esta es una de las parábolas de Jesús, narrada pocos días antes de la Pascua a una audiencia variada, a una multitud, donde estaba Zaqueo, donde estaban sus discípulos, donde estaban sus enemigos pasivos y también sus enemigos activos. Aquí estaba todo el mundo que tenía que escuchar. El Señor está hablando a esta audiencia general que se encuentra en diferentes momentos, que tiene diferentes perspectivas al respecto de quién es Jesús. Y en una parábola corta, Cristo le está hablando a todo el mundo: aquí hay siervos obedientes, aquí hay siervos negligentes, aquí hay enemigos ocultos. Está representada toda la humanidad, en todas sus facetas.
Esta parábola coloca a Cristo en el lugar correcto. Y te invita a ti a que tomes una decisión. Es este tipo de parábolas donde las personas regularmente al escucharlas tienen que tomar una decisión, explícita o implícita, en tu corazón o con tus labios. Pero tú lees esta parábola, entiendes la parábola y no te puedes quedar neutral. ¿Quién es Jesús para ti? ¿De qué lado estás? Aquí hay siervos y aquí hay enemigos. ¿De qué lado estás tú?
Probablemente, si eres parte de esta multitud, tú vas a decir con ellos: «todos aquí somos amigos. Si estamos en la multitud por algo, estamos en la multitud. Yo salí de mi casa, me dirigí a verle, yo le estoy escuchando». Por favor, no asuman cosas de manera extemporánea. ¿Quién es Jesús para ti? ¿De qué lado de la ecuación estás?
Hoy veremos una invitación a reflexionar por medio de una parábola, dos audiencias claramente diferenciadas —enemigos y siervos—, y dos juicios con propósitos diferentes: un juicio de recompensa y un juicio para castigo. Y quisiera dejarle claramente la idea de que Jesús recompensa y que Jesús castiga, y que su recompensa es muy generosa y que su castigo es temible. Y esta perspectiva de Jesús es la perspectiva que te permitirá madurar.
A mí me sorprende lo popular que es Jesús en la cultura popular. Siempre lo ha sido. Todo gran artista ha querido hacer alguna obra donde hable acerca de Jesucristo. Uno se va en una ola en estas cosas y estuve escuchando canciones de Roberto Carlos que habla acerca de «mi amigo», canciones populares de la nueva ola, y todas estas canciones tienen algo en común, y es que el Jesús de esas canciones populares es un Jesús inofensivo. Es un Jesús que no molesta, es un Jesús que se parece a nosotros.
Pues como hombre perfecto o siervo sufriente, Jesús es una figura que es potable casi para todos. Bajo esa imagen, el rechazo de Jesús tiende a cero. Tú lees el sermón del monte y aún los hombres que están más ajenos a la vida de Dios encuentran interesante el sermón del monte. Dicen: «qué filosofía más alta». Tú muestras los milagros de Jesús y los hombres pueden ver la compasión de Jesús en sus milagros. Todos pueden ver a Jesús sanando al leproso y decir: «wow, Jesús es bueno porque salva al leproso». Pero pocos entienden que ellos son los leprosos, y que lo que Cristo está diciendo de manera más profunda es que el pecado es como la lepra que destruye al ser humano. La gente puede ver a Cristo repartiendo panes y peces y dice: «wow, eso es lo que la iglesia debería estar haciendo, repartir panes y peces». Pero pocos concluyen que Jesús está diciendo que es el pan de vida que descendió del cielo.
El Jesús de la cultura popular no ofende, no decapita, no condena, no habla fuerte. Es un Jesús inofensivo, domesticado, dócil, maleable, y con el cual la generalidad de los hombres quiere tener empatía. Sin embargo, Jesús, como Jesús mismo se presentó, es un Jesús noble —hablando nobleza en este momento—, con una dignidad que está por encima de sus conciudadanos. Es un Jesús con autoridad, es un Jesús que condena, es un Jesús que recompensa. Es el Jesús que cuando llega sus siervos temen, y es un Jesús que cuando reina sus enemigos saben que son sus enemigos.
El reto principal que tenemos como congregación es que las personas tomen partido con relación a ese Jesús. Y que tú puedas decir claramente de qué lado de la ecuación tú estás, quién es Jesús para ti. «Ay, Jesús es mi amigo». ¿Cómo sabes que es tu amigo? Y si Jesús no es tu Señor, entonces Jesús es tu enemigo.
Toma partido: ¿de qué lado estás?
Comienza el texto con una invitación a reflexionar respecto de nuestra condición. Dice el versículo 11: «oyendo ellos estas cosas» —o sea, oyendo la multitud que Jesús había salvado a Zaqueo, oyendo a la multitud lo que aquí estaba sucediendo—, «prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalén y ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente». Esta multitud está lista para recibir el reino. Lo que no está lista es para recibir la reprensión y el castigo.
Hey, todos los hombres están esperando que Cristo va a establecer su reino, y que la humanidad no puede quedarse como está. Debe haber un futuro mejor para la humanidad, y todo el mundo quiere y asume que será parte de ese futuro mejor para la humanidad. Esta multitud fue la misma multitud que eventualmente se quitó sus ropas y le recibió la entrada triunfal en Jerusalén. Y fue la misma multitud que eventualmente, cuando Jesús estaba entre las autoridades romanas, gritaba: «¡crucifíquenlo, crucifíquenlo!». La multitud entendía que era una multitud de siervos, y Jesús le está diciendo: «esto está mezclado, aquí hay siervos y aquí hay enemigos».
Hey, quisiera advertirte que probablemente estás confundido en medio de una multitud, y tú sientes que porque estás en medio de la multitud ya tú tienes de manera automática esperanza. Esta parábola te invita a reflexionar. Esa multitud es movida por diferentes cosas, pero tú debes ser movido por tus convicciones. «Estamos todos aquí, con todos nosotros vamos a reinar y Él es nuestro Rey». Jesús está diciendo: «espérate, que hay enemigos y hay siervos. Y aún entre los siervos, hay siervos obedientes y siervos negligentes». Y lo que tú deberías responder, si eres parte de esta multitud: ¿de qué lado estás tú?
Recuerda que el Señor viene de salvar a Zaqueo. Y todos ellos entendían que Zaqueo estaba del lado de los enemigos. Pero sucedió que Zaqueo es amigo. Hey, si Zaqueo terminó siendo amigo, ¿quién eres tú para Jesús? Si él acaba de salvar a Zaqueo, y Zaqueo está mostrando fruto de arrepentimiento, y tú entendías que Zaqueo era el enemigo, ¿de qué lado estás tú? Yo creo que Jesús en este momento lo que está haciendo es un contraste. Él está mostrando un caso que ha llamado la atención de toda la ciudad de Jericó, y le dice: «mire aquí un caso de uno que parecía ser un enemigo y ha terminado siendo siervo. ¿De qué lado están ustedes?».
Yo sé que uno como predicador se siente como un poco agresivo y hostil cuando uno habla de estos textos, porque la gente no quiere ser confrontada. El ídolo de nuestros días es la afirmación. Todo el mundo quiere que me digan: «estoy bien, lo estás logrando. Todo el mundo va a su propio ritmo. Tú no tienes que decidir ahora mismo». Ay, yo quisiera que en este sermón usted entienda que está tomando una decisión, explícita o implícita, pero usted está decidiendo.
Esa multitud es atraída por cosas que probablemente no conoce. Esta semana pasada un youtuber famoso estuvo en el país. «I show speed», y todo el mundo estaba mirándole. Y las calles se vaciaron para ver a este youtuber famoso norteamericano que estuvo en el país. Y si usted no entiende las referencias, usted esté tranquilo, que es que usted no es millennial. Pero yo veía los barrios de la República Dominicana que salían detrás de un hombre que habla inglés, que nunca había estado en el país, que no le conocían, como tampoco le conoce usted, y los videos eran videos masivos.
En medio de los siervos tú entiendes que tú eres el siervo número 11, y Cristo te está diciendo: «tú eres el enemigo número 3». Esta multitud no sabía por qué había salido, pero estaban celebrando. Le hicieron un mural en un barrio. O sea, en un barrio. Yo me imagino que llamaron al muralista, le dijeron: «mira, esta es su foto». Y él dijo: «¿quién es él?». «No te importa, te vamos a pagar. ¡Hazle un mural! Porque él va a pasar por aquí». La gente le hace murales al Jesús que no conoce y entiende que está del lado correcto de la ocasión. Y como aquí hay mucha gente, mucha gente está presenciando la entrada de Jesús en Jericó, entonces yo creo que «yo voy a reunir con él». Y Cristo ahora viene y es anticlimático, y muestra una parábola donde hace una línea de pizarrón y le dice: «hay dos lados. Hay un lado de enemigos y hay un lado de siervos. ¿De qué lado están ustedes?».
El noble que va a recibir un reino
«Dijo, pues: un hombre noble se fue a un país lejano para recibir un reino y volver». Ay, ay, ay, ay, ay, ay. Jesús, tú no. Tú eres el héroe de los pobres. Tú eres el amigo de los oprimidos. Tú no puedes ser un noble. Tú eres el que se identifica conmigo, el hijo del carpintero. Tú no puedes recibir un reino. Hey, Jesús se está mostrando como Jesús realmente es. Él se encarnó y se hizo hombre por amor a nosotros y asumió otra condición. Pero él es un noble en una condición muy alta, y él va a recibir un reino. Él se está mostrando como él realmente es. Y probablemente ese no es el héroe de la multitud.
Aquí hay dos retos en cada una de las audiencias. El primer reto es que un hombre noble se fue a un país lejano. Es un reto para sus siervos, que no tendrán supervisión directa. Y hay un reto para sus conciudadanos, pues fue a recibir un reino y volvería. Hey, yo te sigo y te aclaman siempre y cuando tú seas un hombre como yo. Pero ahora tú me dices que vas a reinar sobre mí. Y entonces: «Señor, yo estoy aquí fortaleciendo tu ministerio, te estoy respaldando, pero recuérdate que yo te respaldo, yo te veo ahí que tú estás haciendo grandes obras sociales y yo quiero ayudarte a que tú sigas haciendo tus grandes obras sociales. Y ahora tú me dices que tú vas a reinar sobre mí, que soy tu patrocinador».
Está fuerte Jesús. Y este cambio. Entonces esto no va a ser normal, común y corriente como nosotros, sino que tú tienes nobleza y ahora un reino. ¿Recuerdan a José cuando le dijo el sueño a sus hermanos, y le dijeron sus padres: «¿y entonces, también sobre nosotros?». «Sí, sí, sobre todos». Cristo le está diciendo en este momento a sus discípulos, Cristo le está diciendo en este momento a sus enemigos, el Espíritu le está diciendo en este momento a los romanos, y él está hablando de él mismo en la parábola: que él es un noble que va a recibir un reino, y que cuando él venga, probablemente ya tú no le vas a conocer.
¿Cuál es el reto? Ese es el reto de obedecer cuando el Señor no está. El noble se fue a un país lejano. Los discípulos de Cristo luchamos con esta espera y esta aparente libertad. Tenemos mucha libertad para hacer cosas en nombre del Señor, pero el Señor no nos está dando una supervisión directa. Y probablemente te lleve esto a ser negligente. Y cuando el Señor venga, te va a dar un trato de siervo, pero no una recompensa. Pero también está el reto de aceptar la autoridad de Jesús.
Miren, toda autoridad molesta, y las autoridades temporales las tenemos para que vayamos soltando el brazo. Es un privilegio tener alguna autoridad sobre tu vida, porque te vas preparando para que recibas la autoridad de Cristo. De forma tal que un hijo necesita reconocer la importancia de tener padres que velen por él, que le den autoridad, porque si tú no aprendes a sujetarte a tus padres, tampoco vas a aprender a sujetarte a Cristo. La desobediencia, la rebeldía, están en el corazón del muchacho. Una esposa necesita un marido admirable que ella pueda mirar hacia arriba, pues ella necesita cultivar el músculo de la sujeción a la autoridad. La sociedad está hecha en base a roles de sujeción. Un empleado necesita sujetarse a su empleador.
Y esto es una cascada: el que no tiene unos padres, que no tiene un esposo, siempre está teniendo dificultad en el mercado laboral. De forma tal, una de las mejores preguntas que usted puede hacer en reclutamiento, sobre todo con perfiles jóvenes, es cuál es la relación que esta persona tiene con su casa, con sus padres, si tiene alguna figura de autoridad, está acostumbrado a recibir órdenes de alguien, porque eventualmente va a recibir órdenes de un empleador. Hey, si tú eres un buen empleado, probablemente seas un buen discípulo de Cristo.
Estos conciudadanos —interesante cómo se muestra: conciudadanos, conciudadanos en condición de iguales, horizontal—. En el texto de la parábola, el cristiano es un cristiano horizontal. La gente ama a un cristiano horizontal. Pero este cristiano de la parábola es un cristiano vertical. Donde ya no es que estamos en condición de conciudadanos, sino que él reina sobre nosotros, y nosotros nos sujetamos a su señorío. Y cuando estos conciudadanos supieron que Cristo iba a comenzar a reinar sobre ellos, mandaron una embajada. Y dijeron: «así no. Así no».
Las personas todavía no se han revelado públicamente contra Cristo porque todavía no han escuchado claramente lo que Cristo espera de ellos. Pero cuando usted sepa las expectativas que Cristo tiene sobre los hombres, probablemente usted aborrezca a Cristo públicamente. Dice que ellos le odiaban, pero se mantenían en silencio. Sus conciudadanos le odiaban. La gente odia a Cristo, pero no lo manifiesta. ¿Saben por qué? Porque Cristo todavía no le molesta. Pero llega un momento que Cristo se vuelve hostil.
Todo el que ha ascendido en una organización va a sentir esa actitud. «Entonces ya no somos iguales, pero tú y yo comíamos juntos. Ah, miren a fulano», y se burlan. Y como se burlan, como no hacen el crossover, frecuentemente se quedan sin empleo. Y la gente tiene que decrecer para que Cristo crezca en su perspectiva. Y cuando tú decreces y Él reina, tú estás en el lugar seguro. Pero si tú todavía sigues mirando a Cristo a los ojos, tu vida corre peligro.
«Llamando a sus diez siervos, les dio minas» —dice el 13—, «y les dijo: negociad entre tanto que yo venga». Cuánta libertad: «negociad». Es lo que Cristo le ha permitido a su iglesia en este tiempo: es mucha libertad. La gente quisiera como que la iglesia en toda su agenda tuviera cosas milimétricamente marcadas. Cristo ha dado un mandamiento, Cristo ha dado estructura para su iglesia, pero la iglesia tiene mucha libertad de hacer cosas en nombre de Cristo. Y eventualmente tendrá que rendir cuenta al Señor por los recursos que el Señor recibió, sobre todo en nuestro tiempo.
Cristo es una amenaza
¿Qué pasó con sus enemigos? Dice el 14: «pero sus conciudadanos le aborrecían». Quiero que la iglesia madure en esta idea y que deje la idea ingenua de que todos los hombres aman a Jesús. Los hombres no aman a Jesús, aman a un Jesús que fabricaron ellos propiamente. Y el error está en que nosotros como iglesia asumimos que los hombres aman a Jesús. Los hombres no aman a Jesús, se aman a ellos mismos, dice la Escritura.
La gente ama su pecado, ama su pequeño reino. Y si una persona ama a Jesús es porque el amor de Cristo ha sido derramado en su corazón. Es porque ha pasado de muerte a vida. Es porque ha recibido el espíritu de adopción y puede decir: «Abba Padre». Es porque el Espíritu Santo ha roto las estructuras de pecado que se mueven en su mente, en su interior, en su corazón, de forma tal que sinceramente ama a Cristo. Porque los hombres que no han recibido ese milagro odian a Cristo, lo que pasa es que lo odian en silencio. Y tú me vas a decir: «no, mira, no, en mi casa no, aquí todos amamos al Señor». Comienza a mostrarle las expectativas de Cristo.
De hecho, aún sus más profundos enemigos mostraban una cordialidad en la esfera pública. Le decían: «maestro bueno». Yo venía donde él, le decía: «maestro bueno». Yo le decía: «¿por qué ustedes me llaman bueno? Conjunto de malvados». De hecho, fueron sus pretensiones las que dieron al traste con la semana de la pasión. Cristo comenzó a decir: «yo soy mayor que Abraham, que Moisés, mayor que el templo, mayor que el sábado». Le dijo: «destruyan ese templo y en tres días se reedificará». Y estaba hablando del mismo. Y los sumos sacerdotes comenzaron a preocuparse, porque este hombre hablaba bonito, pero ahora no solamente habla bonito, ahora nos va a dejar sin trabajo.
De hecho es sumamente ilustrador que fueran los mismos judíos los que se unieran a los romanos para crucificar a Cristo. Fueron sus conciudadanos que fueron donde los romanos y les dijeron: «crucifíquenlo. Si no matan a ese hombre temprano… acaba de resucitar a Lázaro, ¿cómo yo le respondo a mi gente que él resucitó a Lázaro? Yo no tengo respuesta para ese asunto. Imagina que resucita cinco más». Estaba todo el mundo de acuerdo en que había que salir de Cristo, porque Cristo estaba esperando demasiado de los hombres. Ellos habían permanecido ocultos y en silencio hasta que se hizo evidente que este hombre era una amenaza.
Wow, yo le pido al Señor que permita que hoy un pecador llegue a ver a Cristo como una amenaza. No como el que te va a pasar la mano, sino como el que te va a retribuir con castigo. Y que tu justa retribución es castigo. Cristo es una amenaza para el poder del Sanedrín. El Sanedrín era un conjunto de hombres que aparecía en el comité central de un partido político, que eran los que en Israel partían el bizcocho. Y si usted llegaba al Sanedrín, tú no querías que aparezca un outsider que venga a decir que estas cosas van a cesar. «Y qué pasa, porque esta es mi carrera, esta es mi estructura, esta es mi manera de vivir, este es mi sustento, yo soy un miembro del Sanedrín». Cristo puso a temblar a los miembros del Sanedrín. Por eso fue una amenaza.
Y el sumo sacerdote: miren, la posición deseada en Israel era el sumo sacerdote. Un sumo sacerdote era una persona que tenía tanto poder que podría tratarse con el emperador casi de rey a rey. Porque los romanos toleraban a los judíos y entendían: «bueno, ellos le llaman a eso “el representante de nosotros”, entonces con él es que hay que hablar». Pero el sumo sacerdote no estaba solo. Había un ejército de sacerdotes, 24 clases de sacerdotes. Se cuentan quizás unos 7000 sacerdotes que trabajaban en diferentes turnos en el sacrificio. ¿Y dónde vivían? En Jericó, la mayoría de ellos. Vecinos de Zaqueo. Y estos sacerdotes dicen: «ya, ¿ahora qué vamos a hacer? Porque si este hombre realmente se impone y lo que él dice es verdad, cuando viene a ver los 24 turnos, los reducen solamente en 12. O en ninguno. Y vamos a tener nosotros que ser pecadores. Y los pecadores entonces van a ser sacerdotes».
Cristo es amenazante. Yo quiero que tú sientas la amenaza. Los levitas: quizás unos 12.000 que asistían a los sacerdotes, músicos, guardias, trabajaban en mantenimiento. Cristo era una gran amenaza para el poder de las tinieblas. En algún momento vino un demonio y le dijo a Jesús: «¿qué tú tienes con nosotros, Jesús, hijo de David? Aún no ha llegado nuestra hora». O sea, que los demonios están claros en que le dieron un turno, un break. Y le dicen: «espérate, tú vas muy rápido. Yo sé que a nosotros nos van a condenar». Eso fue cuando fue al endemoniado gadareno. Les dicen los demonios que no, no ha llegado nuestra hora todavía. ¿Y qué miedo es? Que Jesús amenaza el poder de las tinieblas. Pues los hombres que estaban poseídos, que estaban atados, en este momento van a ser libertados por el poder de Jesucristo. Cristo es peligroso y amenaza.
Pero también Cristo es una amenaza para cualquier hombre bueno. Y aquí quiero incluirte. La mayoría de las personas buenas dicen: «yo no he pecado todavía tanto, yo no estoy» tan mal. Había un hombre que le llamaban el joven rico, pero era quizá un hombre que vino donde el Señor y él quería que el Señor le aprobara. «¿Qué haré para heredar la vida eterna?», le dijo él. Y el Señor le dice: «cumple los mandamientos». «Los he cumplido desde mi juventud». Entonces Cristo le dijo: «te falta algo, una pequeña cosa: vende todo lo que tienes y dalo a los pobres». Y dice que se fue de ahí muy triste, porque tenía muchos bienes.
Wow, es que esto es amenazante. «Yo le digo que estoy guardando todos los mandamientos y ahora también quiere que yo venda mis bienes». Yo me imagino que ese hombre se fue haciendo aritmética, matemática, geometría en su cabeza. «Pero fulano vino donde él y no le pidieron eso. ¿Y por qué a mí me están pidiendo los bienes?». Porque Cristo te pide aquello a lo cual tú estás atado. Pedro vio al muchacho que se fue, y parece que Pedro también tenía su par de pesos. Pero Pedro dijo: «siendo así, entonces nadie se va a salvar». ¿Y sabe lo que le dijo Jesús? «Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios». Pero Pedro, discípulo de Cristo, también sintió la amenaza. Hay que poner sus barbas en remojo, porque si el joven rico, que yo sé que de hombre a hombre es mejor que yo, vino y el Señor no aceptó que ya estaba ok para heredar la vida eterna, ¿qué será de mí?
A la samaritana: «ve y busca a tu marido». A un hombre que quería enterrar primero a su familiar, le dijo: «que los muertos entierren a sus muertos». Y a un escriba que quería seguirlo, le dijo: «el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza». Los escribas vivían más o menos bien. Y sabemos lo que el Señor está diciendo a este hombre: «tú estás acostumbrado a vivir cómodo. ¿Y tú me quieres seguir? El Hijo del Hombre no tiene ni siquiera una piedra dónde recostar su cabeza. Ustedes están demasiado acostumbrados a su comodidad. Para tú venir a mí, tú tienes que renunciar a todo lo que tú tienes».
Miren, Cristo es una amenaza para nuestro ego. Las personas no quieren a Cristo porque Cristo hace que tú te reduzcas y que Él suba. Y los hombres sin Dios están atados a su ego, a su autoimagen, a su percepción, a sus propias ideas, a lo que los otros piensan de mí, a sus logros. Y cuando tú vienes a Cristo, tú tienes que renunciar a tus logros, a tu ego. Negarte a ti mismo, le dice la Escritura a eso. Y los hombres no quieren negarse a sí mismos, y por eso odian a Cristo. Cristo amenaza tu comodidad, tu confort. «Es que yo no sé vivir como un cristiano, ¿y qué yo voy a hacer a partir de este momento?». Confiar en Cristo. Pero el discípulo de Cristo no es de que está confiando para mañana. Él está caminando al lado del maestro. El maestro le va supliendo todos los días lo que va necesitando.
No hay neutralidad: dos cartas firmadas
Todos los hombres pretenden ser amigos de Cristo hasta que sienten el peligro. Y la predicación del evangelio le muestra a la gente lo peligroso que es Jesús. Interesante que cuando estos hombres mandaron una embajada, dice el 14: «pero sus conciudadanos le aborrecían y enviaron tras él una embajada diciendo: no queremos que reine sobre nosotros». Permítame, hermano, que pellizque tu alma un poco más. Usted tiene que decir objetivamente si Cristo va a reinar sobre su vida o si no queremos que reine sobre nosotros.
Porque el jueguito en que vive la humanidad es el jueguito de la ambivalencia. «Yo nunca decidí nada. Yo no firmé». Una persona fue desvinculada de su organización y alegó que no había recibido el descargo. Lo primero es que no estaba en nómina. Yo vivía eso, hermano. Trabajaba por una empresa que era por burocracia quizás, era por maldad probablemente, pero las personas iban, entraban por una puerta y a veces le daban a su ID, le daban a su carnet, la puerta automática no abría. Y en recepción les decía: «siéntese ahí que van a venir a hablar con usted». Y cuando usted entraba, usted podía ver algunos perfiles que estaban sentados, ansiosos, esperando, porque fueron a abrir la puerta y la puerta no abrió.
Hay gente que tiene altas expectativas respecto de la aprobación de Cristo, y probablemente la puerta no abra. Y probablemente el Cristo que vengan a encontrarse contigo es un Cristo al cual ya no hay argumento, ni hay oportunidad. Estamos entre enemigos y siervos. Tú vas a tener que tomar una decisión de qué lado tú estás. Ese versículo tiene la esencia del asunto. «Mandaron una embajada». Una embajada era una comisión formal, legal. Una embajada no era de que «vayan y hablen allá a ver si barajan eso». No, no, no, no. Había que mandar hombres notables con una carta en mano. Y los ciudadanos firmaban y decían: «no queremos que él reine sobre nosotros».
Uno presenta a Cristo cada vez, y cuando uno presenta a Cristo las personas dicen: «yo todavía no estoy listo». Tú estás firmando. Lo que dice la escritura es que «el que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama». Hagámoslo dramático: imagínate que a ti te van a dar dos documentos para que firmes uno de los dos. Te van a dar: «firma este para que Cristo reine sobre ti, o firma este otro para que tú digas que tú no quieres que Cristo reine sobre ti». ¿Cuál tú firmarías? «No, como eso no hay que hacerlo así, el Señor siempre entiende». Tú hoy estás firmando. «No, yo no he decidido». Estás decidiendo. No decidir es decidir.
Se dan cuenta lo peligroso que es el asunto. Las personas vienen a la iglesia, escuchan la predicación del evangelio, asumen que están postergando una decisión. Tú no estás postergando una decisión. Es interesante que Cristo no habló con sus enemigos. En ningún momento. Él supo que enviaron una embajada, pero él no intentó devolverlos, él siguió. El reino de Cristo, eso es un asunto seguro. Cristo no tiene dudas de que el reino es suyo. El que tiene dudas de que si tú eres siervo o eres enemigo, eres tú.
Yo no veo aquí a Cristo ansioso, que «hay hombre, cuidado si esta gente llega primero que yo delante del Padre y cuando el Padre le vea, entonces me quitan el reino». Cristo no tiene duda alguna, de forma tal que no tuvo que interactuar con ellos y la historia siguió. Pero el nombre de esos hombres tuvo en alguna parte que ellos firmaron para enviar una embajada a decir que él no querían. Recuerda que hoy hay gente que está firmando, y eso da pena y miedo al mismo tiempo.
De hecho, hay gente que hace rato que está firmando. Y cuando llega la presencia del Señor, las personas esperan llegar con el argumento de «yo no sabía, mira, yo no soy muy inteligente, yo no entendía del todo, yo nunca dije que no». ¿Y sabe lo que va a decir Cristo? «Apartaos de mí, hacedores de maldad, nunca os conocí». Mas no es el evangelio. El evangelio es una buena noticia, pero también es una notificación, y hay gente que la está firmando.
Imagínate que físicamente tú firmes el documento. Hay gente que saldría a buscar ese documento. Hay gente que recogería su firma. Y si alguien destruye el documento donde él firmó para enviar una embajada, probablemente él tenga sosiego y descanso. Uffff, firmaron el documento. Su oposición no produjo en el momento reacción alguna de parte del noble. Y quienes son hoy opositores, burladores, contrarios, pasivos o activos, Cristo los deja en silencio. Miren, la condenación es como las enfermedades que avanzan lentamente: la enfermedad está en ti y tú no te das cuenta.
Dos juicios: recompensa para siervos, castigo para enemigos
Después vino el juicio con dos propósitos diferentes: un juicio por recompensa y un juicio por castigo. Del 15 al 27 son los textos más largos, y se centra en la recompensa a los siervos del Señor. Uno fue recompensado con diez ciudades. El otro fue recompensado con cinco ciudades. Y el que trajo la mina y no hizo nada con ella, no fue recompensado. El siervo malo recibió reprimenda, pero no la condenación de sus enemigos. Y yo prefiero padecer por falta de fruto, pero por lo menos no correr la suerte de los enemigos del Señor.
Y yo reconozco que hay hermanos míos que están en este momento administrando diez ciudades, figuradamente hablando, otros están administrando cinco, y gran parte del pueblo del Señor en este momento está siendo negligente. Y probablemente cuando esté en la presencia del Señor tenga que escuchar la voz de su salvador con reprensión. Pero yo prefiero diez veces ser reprendido como siervo que castigado como enemigo. Y aquí es que los impíos dicen: «no, porque mira, hay cantidad de creyentes que son perversos, hay cantidad de creyentes que son impíos, yo soy mejor que él». Tú eres mejor que él, pero él es siervo y tú eres enemigo. Eso es. De caco a caco es mejor ser un siervo de Cristo con pocos frutos que ser un enemigo de Cristo. Eso es lo mejor.
De forma tal que asegure su salvación y busque el fruto después. Pero diga: «yo quiero que tú reines sobre mí». Solo hay que decir: «yo quiero que tú reines sobre mí. Y yo quiero estar seguro de que tú sepas que probablemente yo tengo la mina en una servilleta, en un papel y no estoy haciendo mucho con mi salvación, pero yo tengo salvación. Tengo fruto, no tengo fruto, pero yo tengo la seguridad de que yo soy siervo. Yo recibí una mina. Y si yo recibí una mina, soy siervo».
Miren, el 100% de los siervos del Señor, sin importar sus rendimientos, fueron salvados. Y el 100% de los hijos del Señor recibirán la salvación del Señor. Con o sin recompensa. Una de las cosas que a mí siempre me ha movido es llegar a la presencia del Señor y escuchar que salga de sus labios: «¡ay hermano! ¡Ven, buen siervo y fiel! Sobre poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré. Entra en el gozo de tu Señor». Y yo, hermano, haré de eso, que sea una parte del propósito de mi vida, llegar a la presencia del Señor y escuchar su voz.
Escucha, y a su voz, porque los enemigos no van a escuchar ni siquiera la voz del Señor. Dice el libro de Hebreos que a aquellos desobedientes solamente les espera una horrenda expectativa de juicio. Saben que los pecadores viven esa película —sobre todo estos son dominicanos—. Mira, los dominicanos creemos que con retórica podemos lograr cualquier cosa. «Tú me lo sueltas, déjame hablar. Si tú me dejas hablar, yo lo convenzo». Es que tú no vas a tener a quién convencer.
Por lo que muestra la Escritura es que los enemigos no tuvieron ni siquiera acceso a él. «Aconteció vuelto él, después de recibir el reino, mandó a llamar ante él aquellos siervos a los cuales le había dado el dinero, para saber lo que habían hecho, lo que habían negociado cada uno». El primero diciendo: «Señor, tu mina ha ganado diez minas». Recibió reconocimiento. Después vino otro diciendo: «Señor, tu mina ha producido cinco minas». Y también a este dijo: «tú también, sobre cinco ciudades». Vino otro diciendo: «Señor». Ay, se vino diciendo: «Señor». Tú a quién decirle: «Señor». Mano, te dispusiste usted a recibir el bochorno y el boche. Con entereza, vergüenza y toda la cosa, pero salvo. Porque el grueso de los hombres no recibieron ni siquiera la reprimenda. A los enemigos del Señor no hubo para ellos ni siquiera amonestación. No lo vieron. Le vieron reinando, y ahí perdieron la cabeza.
Es cierto, hubo una fuerte reprensión hacia el siervo malo, pero salvación para él. Lo duro está hasta el versículo 27. Ahí, escúchame con qué lo encontrás.
Decapitadlos delante de mí
Ay, ay, ay, que el Señor te evite a ti tener que vivir el versículo 27 de Lucas 19. «Y también aquellos mis enemigos…». Cristo sabe que tiene enemigos. «No, pero señores, ellos son silenciosos, ellos no…». Mira, nosotros negociamos con la mina y toda la cosa. Que vengan, eran los que no querían que yo reinara sobre ellos. «Está bien, vengan». «Y también a aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre ellos» —los que rechazaron mi reino, los que no les gustaba que yo me vea más grande que ellos, los que de manera pasiva o activa, los que firmaron, los que dijeron que no—.
El término que usó Jesús debería causar un efecto en ti, porque esto salió de sus propios labios: «decapitadlos delante de mí». Bueno, debe ser una de las palabras más duras que pronunció Cristo en el evangelio. La decapitación de sus enemigos. Escuchen: no hay de que «expúlsenlo, mándenlo a las tinieblas de afuera». Otra cosa: «delante de mí». «Ay Señor, tú eres muy santo para tú ver tanta maldad. Tus ojos no pueden tolerar eso». El Señor tiene carácter, tiene interés, tiene memoria.
Eso, la gente dice: «no, eso no parece que saliera de los labios de Jesús. Ese no es el Jesús que yo conozco. Por eso es que a mí me gusta Jesús. A mí no me gusta el Dios del Antiguo Testamento, porque el Dios del Antiguo Testamento era un Dios que destruía ciudades, que familia completa, hacía que los hombres se los tragara la tierra. Pero Jesús es potable, Jesús es civilizado, Jesús es un hombre como nosotros». Jesús es el mismo que está diciendo que él vendrá a establecer su reino y va a decapitar a sus enemigos.
Los enemigos no tuvieron ni siquiera que hablar. El dominicano, el latino, el cubano también tiene eso, que queremos siempre con retórica salir al camino. «Yo le digo, tú vas a ver, le pongo la cara así, le digo esto primero, aquello después, le menciono». ¿A quién se lo va a mencionar? Él va a estar allá, y tú vas a estar allá. «Ay, pero acércate un poco, ven para decirte una cosa». No deja que le digas una cosa. Cuando una gente te hace, dice así, dice: «ven acá, dame dos minutos, señor», con un dedo así, dice: «señor, dame dos minutos para que hablemos algo». ¿Con quién vas tú a hablar? Si él es el rey y tú eres su enemigo.
No hay espacio para el debate, no hay espacio para la misericordia, ni hay espacio para el arrepentimiento. Escuchen: en el juicio final no hay espacio para el debate, no hay espacio para la misericordia ni hay espacio para el arrepentimiento. El momento es ahora, no vamos a mañana. Ellos aspiran a que podrán argumentar ante el Señor y hacer que cambie sus designios. No lo hará. Tú no vas a poder hablar con Él. Es ahora que tú puedes hablar con Él.
Acerquémonos confiadamente al trono de la gracia
Vuelvo a la idea, hermano, central. Los enemigos de Cristo no quieren que Él reine sobre ellos. Y de manera pasiva guardan silencio, esperando que el silencio va a evitar que sean manifestados como enemigos. Pero aquí hay gente hoy que está firmando una de dos cartas: tú estás firmando para que Él reine, o tú estás firmando para que Él no reine.
¿Cómo se ve el evangelio? El evangelio es la buena noticia de que Cristo ha recibido el reino, y de que mientras él regresa nos ha confiado sus intereses a sus siervos, pero que volverá y establecerá definitivamente su reino. Él va a recompensar a sus siervos con justicia, y también va a destruir a sus enemigos. El evangelio es una buena noticia, pero también una notificación. Es buena noticia, pero también es la advertencia urgente, una advertencia que obliga a todos los hombres a abandonar la neutralidad y a tomar partido.
Yo me acerco a cada cierto tiempo a personas y les digo: «¿ya tú decidiste algo con Cristo, ya tú pensaste?». Los más jóvenes me dicen: «yo todavía lo estoy pensando». Los más grandes me dicen: «no, yo todavía no estoy listo». «De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna». «Ninguno puede servir a dos señores, porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro». Segunda de Corintios 6:2: «en tiempo aceptable te he oído y en día de salvación te he socorrido».
El momento de socorro es ahora. Cuando el noble vuelva, no hay esperanza. Cierra tus ojos ahí conmigo, hermano, y solemnemente, que alguien hoy destruya el documento y le diga: «yo había firmado mi negligencia, había firmado mi pasividad, había firmado, pero yo no quiero condenación». No te estoy diciendo que firmes, ya firmaste, en uno o el otro. «Acerquémonos confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar gracia y oportuno socorro».
Permite, Señor, que alguien hoy suspenda su rebeldía. Permite, Señor, que alguien hoy deje su negligencia. Permite, Señor, que quienes aspiran a ser neutrales se den cuenta que están en condenación. Padre, todavía hay esperanza. El evangelio todavía puede ser predicado. Hay alguien que puede escuchar. Señor, mira a los más jóvenes que ya tienen capacidad de tomar decisión por ti. Permite que hoy tomen partido.
Mira, Señor, a esos jovencitos que han escuchado el evangelio y piensan que escucharle basta; no basta. Mira al adulto, Señor, que ha sido neutral. Mira al adulto que ha sido pasivo. Mira a la iglesia que ha recibido tus recursos, Señor, y no tiene nada que mostrar. Permite, Señor, que tengamos diligencia, esfuerzo y tesón para seguir predicando el evangelio. Permite, Señor, que hoy alguien firme para que tú reines sobre su vida. Ay Señor, permíteme que cuando tú vengas, ay Señor, nuestros oídos escuchen tu voz. En el mejor de los casos, que sea para recompensa.
Ten misericordia, Señor, del alma de esta gente, y salva uno más para la gloria tuya. Si tú has escuchado las advertencias, has escuchado la notificación, si tú has escuchado la decisión, si has visto que estamos entre siervos y enemigos, toma hoy una decisión por Cristo y evita la perdición eterna.
Gracias, Padre, por el evangelio, gracias, Señor, por nuestra salvación. Si tú eres salvo, hermano, siente el descanso ahí un momento y agradece al Señor tu salvación. Si tú eres salvo, siente que el Señor te ha confiado algo y úsalo para la gloria suya. Que no se desperdicie tu vida, tu tiempo, tu oportunidad. Que tú no solamente seas salvado como por fuego y que cuando llegue la presencia del Señor escuches reprensión, sino que escuches: «ven, buen siervo y fiel». Padre, gracias por tu palabra, gracias por el evangelio, gracias por la salvación de uno más, Señor, en el nombre de Cristo. Amén. Terminemos con alabanza nuestro culto al Señor.