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Las dos cartas

Pero sus conciudadanos le aborrecían, y enviaron tras él una embajada, diciendo: No queremos que éste reine sobre nosotros.

— Lucas 19:14 (RVR1960)

La pasividad ante Cristo no es neutralidad. Es una firma silenciosa.

En la parábola que Jesús contó cerca de Jerusalén, los conciudadanos del rey enviaron una embajada formal en su contra. Era un documento explícito, con firmas, una declaración pública: «no queremos que éste reine sobre nosotros». Hoy nadie firma papeles así. Por eso la gente vive convencida de que, mientras no rechace a Cristo abiertamente, está en terreno seguro. La parábola sugiere otra cosa. Sugiere que aunque quienes le rechacen no reciban una confrontación inmediata, su decisión será recordada por el rey, y que eventualmente rendirán cuentas.

Imagínate que cada vez que se predica el evangelio te entregaran dos cartas. Una dice: «acepto que Cristo reine sobre mi vida». La otra dice: «no quiero que reine sobre mí». Tú piensas que no firmaste ninguna. La pregunta es qué hiciste con tus domingos, con las invitaciones que recibiste, con las veces que algo en ti respondió y lo dejaste pasar. Esa supuesta indecisión también firma. Las personas que no se han decidido por Cristo ya decidieron. Lo decidieron con su pasividad, con su postergación, con su prudencia bien arreglada.

Jesús mismo lo dijo: «el que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama» (Mateo 12:30). No hay un tercer lugar. Hay personas que llevan años creyendo que están reflexionando, que están considerando, que algún día tomarán una decisión. Mientras tanto, los años pasan, y cada año confirma la misma posición. Si todavía no le has dicho que sí a Cristo, ya le dijiste algo. Hoy es un buen día para reconocerlo.

Oración: Señor, no quiero seguir creyendo que mi silencio es neutralidad. Si te he dado largas durante años, perdóname. Hoy quiero firmar la otra carta y decirte que te acepto como mi Señor. No en algún momento futuro. Ahora. Amén.