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Un Jesús parcial no salva

Y también a aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y decapitadlos delante de mí.

— Lucas 19:27 (RVR1960)

El Jesús de la canción popular es entrañable, pero está incompleto.

La cultura tiene un Jesús favorito. Es el Jesús amigo, el que se identifica con los pobres, el que acompaña al obrero, el que no se enoja con nadie. Todo artista, tarde o temprano, le canta a ese Jesús. Es una imagen poética, hermosa, y completamente parcial. En la parábola de las diez minas, Jesús se presenta como un noble que se va a un país lejano para recibir un reino y volver. Cuando regresa, recompensa a sus siervos fieles, reprende al negligente y manda destruir a sus enemigos. La parábola termina con esa frase atemorizante, que algunos quisieran ignorar porque no encaja con el Jesús que prefieren. Pero salió de los labios del mismo Salvador.

Un rey justo puede ser cercano con su pueblo: recibe peticiones, atiende quejas, ayuda al que tiene menos. Esa cercanía es real. Pero el mismo rey también sostiene la justicia de su reino: firma sentencias, ordena ejércitos, castiga al traidor sin titubear. Quien lo conoce solo por su accesibilidad no lo conoce del todo. Lo mismo nos pasa con Jesús. La imagen tierna captura algo real, pero deja fuera el resto. Jesús salva y Jesús juzga. La cruz y el trono pertenecen al mismo Señor. Nadie ha conocido verdaderamente a Jesús hasta que no ha conocido a Jesús como Él mismo se reveló. Un Jesús parcial no es el Jesús que salva.

¿Por qué nos cuesta admitirlo? Porque un Jesús con autoridad nos pide algo. El Jesús de las canciones populares da cierto confort y no demanda. El Jesús de la Biblia consuela y demanda al mismo tiempo. Los hombres aprenden a amar al primero porque cuesta menos. Si alguna vez te ha incomodado un versículo en el que Jesús habla con dureza, no estás solo. Esa incomodidad es señal de que la imagen que tenías estaba incompleta, y de que él se está dejando conocer como realmente es.

Oración: Señor, perdóname si te he reducido a una versión cómoda. Quiero conocerte como tú eres, no como yo prefería que fueras. Que tu autoridad me oriente y que tu ternura no me confunda al punto de olvidar que tú reinas. Amén.