Saltar al contenido

La multitud no salva

Oyendo ellos estas cosas, prosiguió Jesús y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalén, y ellos pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente.

— Lucas 19:11 (RVR1960)

Estar rodeado de gente que sigue a Jesús no es lo mismo que seguirlo tú.

Cerca de Jerusalén, una multitud rodeaba a Jesús con grandes expectativas. Le iban a hacer rey. Esa misma multitud, días después, gritaría «crucifícale». Lo curioso es que muchos de los que estaban ahí, ese día, probablemente se sentían parte del bando correcto. La cercanía los hacía sentir comprometidos. Por eso Jesús, en lugar de aceptar la corona que le ofrecían, contó una parábola. Quería que cada uno se posicionara por separado, entre siervos obedientes, siervos negligentes, enemigos ocultos o públicos. Debió ser anticlimático para la multitud, en especial para quienes se esforzaron por entender la parábola.

Cuando llega a una ciudad una figura conocida —un artista, un deportista, alguien con influencia—, la gente sale a verla. Si uno pregunta a otro por qué fue, la respuesta es casi siempre la misma: «porque la gente fue». Lo mismo pasa en un museo: todo el mundo se aglomera delante de un cuadro muy famoso, aunque no tenga interés alguno en el arte. Eso es el efecto multitud. Funciona en la calle, funciona en las redes, y también funciona en la iglesia. Tú llegas el domingo, cantas, levantas la mano, sales y crees que estás del lado correcto porque estuviste con los que parecían estarlo. La fe no salva por proximidad.

El día que comparezcas delante de Cristo, no irá tu congregación contigo. Tampoco tu familia creyente, ni el grupo pequeño, ni el predicador o el cantante que acostumbrabas escuchar. Irás tú. La pregunta que vale es esta: ¿le has dicho personalmente a Cristo que él es tu Señor? Si realmente el reino está por llegar entonces deberías estar preparado. Hoy es un buen día para revisar dónde estás parado tú, no las personas que conoces.

Oración: Señor, no solamente quiero estar cerca, quiero ser parte y tener la seguridad de mi salvación. Quiero conocerte personalmente. Examina mi corazón y muéstrame si solo estoy en la multitud o si de verdad soy tuyo. Amén.