Os expulsarán de las sinagogas, y aún viene la hora cuando cualquiera que os mate pensará que rinde servicio a Dios.
— Juan 16:2
Una fe ingenua, que espera que todo salga bien, es una fe frágil. Cristo fue específico sobre lo que vendría precisamente para que sus discípulos no se rompieran cuando llegara.
Imagina que alguien te convence de invertir todos tus ahorros en un negocio prometedor. Te dice que en pocos meses habrás duplicado lo que pusiste, que el riesgo es mínimo, que no hay por qué preocuparse. Tú confías, inviertes, y a los pocos meses el negocio empieza a ir mal. Esperabas una cosa y te encontraste con otra completamente distinta, y esa distancia produce una desilusión más profunda que la pérdida misma. Algo parecido ocurre cuando alguien entra a la fe cristiana creyendo que Cristo traerá prosperidad, protección automática de problemas, o al menos una vida más tranquila que la del promedio. Esas expectativas pueden formarse por ingenuidad, por una enseñanza incompleta, o por haber escuchado más promesas de bendición que verdades sobre el costo del discipulado.
Por eso Jesús fue tan específico aquella noche. Les dijo a sus discípulos que serían expulsados de sus comunidades y que quienes los perseguirían lo harían creyendo genuinamente que le rendían un servicio a Dios. Eso es más desconcertante que la persecución abierta: la oposición vendría de personas religiosas, convencidas de tener razón, a veces con pasajes de las Escrituras en la mano. El ejemplo más claro en el Nuevo Testamento es Saulo de Tarso, quien perseguía a los creyentes con total convicción de estar cumpliendo un deber sagrado, antes de su encuentro con Cristo en el camino a Damasco. La advertencia de Jesús no era abstracta; era una descripción precisa de lo que estaba por venir.
Cuando la realidad llega (y siempre llega), algunos no la soportan. El sufrimiento en sí no los derrumba; los derrumba encontrarlo sin aviso. Una fe madura es la que sabe que las cosas pueden salir mal y sigue de pie de todas formas. Cristo no llamó a sus discípulos a una vida cómoda; los llamó a una vida real, con el peso que eso implica. Y les dio, con anticipación, todo lo que necesitaban para no quebrarse cuando el peso llegara.
Oración: Señor, pido que mi fe sea honesta y no ingenua. Que construya mi confianza en ti sobre la certeza de que estás conmigo aunque las cosas vayan mal. Cuando llegue la oposición desde lugares que no esperaba, ayúdame a recordar que tú ya lo habías dicho, y que eso también entra dentro de lo que significa seguirte. Amén.