Saltar al contenido

La vara más alta

Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo.

— Filipenses 1:27 (RVR1960)

El evangelio de Cristo es el único estándar con suficiente dignidad para ser la norma de toda tu vida.

Pablo podría haber tomado un camino más corto. Había estado describiendo sus propias cadenas, cómo su encarcelamiento había terminado siendo providencial para el avance del evangelio. Con esa historia encima, el argumento más obvio habría sido: «miren lo que estoy padeciendo, y vivan así.» Pero Pablo no hace eso. En cambio, quita el foco de sus propias circunstancias y lo pone en Cristo. El fundamento de su exhortación no es su sufrimiento personal; es la gloria del evangelio de Jesucristo. Esa distinción, aunque sutil, lo cambia todo.

Muchos creyentes intentan vivir la vida cristiana con recursos que no son el evangelio. Algunos viven pendientes de si un hermano mayor los está observando, atrapados en un juego donde la conducta cambia según quién esté mirando. Otros se sostienen en la presión social de su entorno, creyente o no, como si el juicio de la gente fuera la norma. Hay quienes viven a la sombra del legado de alguien que los trajo a la fe, como si esa persona fuera la vara. Ninguno de estos recursos es completamente malo. Son como las rueditas de una bicicleta: útiles mientras aprendes el equilibrio, pero nadie debería llegar a la vida adulta dependiendo de ellas.

El problema con esos recursos es que no cambian el corazón; solo modifican la conducta mientras alguien te mira. Cuando se retiran los ojos, se retira también el distintivo cristiano. Es como un laqueado que hay que reponer constantemente: mientras está fresco, brilla; cuando se descuida, se ve lo que hay debajo. Pablo llama a algo más profundo: vivir de una manera que sea digna del evangelio de Cristo, porque el evangelio mismo tiene tal dignidad que puede ser el motor que impulse tu vida entera. «La vara más alta es Cristo.» El evangelio es el único estándar que no depende de quién te vea, que no se agota con los años y que no se queda corto ante la complejidad de tu corazón. Hoy es una buena oportunidad para preguntarte con honestidad cuál es la norma real que está informando tu conducta.

Oración: Señor, confieso que a veces he vivido para que otros me vean y no para que Cristo se vea en mí. He tomado atajos: la mirada de alguien más, la presión de mi entorno, el legado de quienes me precedieron. Todo eso tiene su lugar, pero no puede ser mi norma. Hoy te pido que el evangelio de tu Hijo sea la vara real de mi vida. Que no necesite que nadie me mire para vivir como es digno de lo que tú has hecho por mí. En el nombre de Cristo. Amén.