…si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano.
— 1 Corintios 15:2
Más que aprender cosas nuevas, la vida cristiana consiste en retener lo que ya recibiste: a Cristo.
El evangelio es la buena noticia de que Dios ha decidido salvar al hombre por medio de Cristo. Es una noticia para escuchar, para recibir y para perseverar en ella. Pero el apóstol Pablo añade una condición que muchos pasamos por alto: retener la palabra. Y la palabra es Cristo. No se trata de acumular más conocimiento, sino de no soltar lo que ya tienes.
Vivimos fascinados por lo nuevo. El último libro, la última conferencia, la última tendencia en espiritualidad. Hay una industria completa dedicada a vendernos contenido cristiano como si la fe fuera un catálogo que necesita renovarse cada temporada. Y no digo que aprender esté mal; todo lo contrario. Pero Pablo no les dice a los corintios «aprendan más»; les dice «retengan lo que recibieron». La condición no es avanzar hacia algo desconocido, sino sostenerse en lo que ya conocen.
El verbo «retener» tiene fuerza. No es solo recordar; es agarrar y no soltar. Como quien sostiene algo valioso con ambas manos porque sabe que si lo suelta, lo pierde todo. Retener a Cristo significa que cuando venga la tentación, cuando venga la duda, cuando venga la dificultad, tú no sueltes lo único que te sostiene. No corras a buscar otra cosa. No cambies el evangelio por una filosofía más sofisticada o una experiencia más emocionante. Qué noticia tan dura para alguien es descubrir que aquello con lo que contó y sobre lo cual construyó su vida no existía. Qué gran decepción es haber vivido como si estuvieras seguro, para entender al final tu vulnerabilidad. Eso es lo que significa creer en vano.
Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Esta es la noticia que proclamamos, la que recibimos, en la que estamos firmes y que hoy retenemos con ambas manos. No basta con escuchar. No basta con entender. Hay que recibir el evangelio, sostenerse en él y no soltarlo jamás.
Oración: Señor, no quiero soltar lo que me has dado. En medio de todo lo que compite por mi atención, ayúdame a retener tu evangelio como lo más valioso que tengo. Que no cambie tu verdad por novedades ni tu gracia por mis esfuerzos. Cristo es mi fundamento; que nada me mueva de ahí. Amén.