De tu glorioso Evangelio. Permite, Señor, que esta palabra, este mensaje, este gran anuncio, que es un anuncio sencillo pero absolutamente poderoso, pueda ser, Señor, el anuncio eficiente que ha venido a lo largo de 2000 años de historia, transformando la vida de millones de personas. Te encomendamos esta congregación aquí reunida. Señor, mira aquellas personas que quizás por primera vez este año son expuestas a la predicación del Evangelio. Mira aquellos que ya han tenido conocimiento, Señor, de ti, que han aceptado el Evangelio. Permite que hoy puedan entenderlo todavía mejor y gozarse, Señor, en la certidumbre de fe, de saber que nuestros pecados han sido perdonados y que en ti tenemos una gloriosa esperanza. Como te hemos orado esta semana, Señor, te oramos de nuevo.
Permite que la palabra predicada sea una palabra entendida. Permite que aquellos, Señor, que quizás no están familiarizados con escuchar un sermón cristiano puedan entender hoy claramente, más allá del sermón, Señor, puedan escuchar tu voz en el mensaje, en tu palabra, y puedan ser compelidos, Señor, a reconocer sus pecados y aceptarte a ti como nuestro sacrificio perfecto y nuestro precioso Salvador. Permite que hoy, Señor, este mensaje sencillo, anunciado de manera sencilla, pueda crear un impacto extraordinario. No confiamos, Señor, en nosotros mismos, confiamos en el poder de tu Evangelio. Todo esto para tu gloria, en el nombre de Jesús, amén.
Hermano, yo tenía expectativa de predicar este sermón este domingo. Tengo la confianza absoluta de que lo que voy a predicar es el sermón más contundente que en su vida alguno de ustedes va a poder escuchar, y no porque lo predique yo, sino por aquello que yo predicaré. Estoy convencido de que es urgente que las personas escuchen la predicación clara del Evangelio y que lo escuchen predicado de una manera muy sencilla. He sentido tanta urgencia por esto, hermano, que he hecho lo imposible por traer mis amigos hoy aquí al mensaje del Evangelio. Una de las cosas más preciosas que la iglesia de Cristo tiene en 2000 años de historia es el mensaje más extraordinario, la noticia más preciosa.
Hermano, yo tengo emoción por predicar esto porque este fue el mensaje que transformó mi vida, y es el mensaje que ha transformado la vida de mis amigos. El mensaje del Evangelio es la palabra que logró una transformación extraordinaria en mi familia; es el mensaje que salvó a mi madre. Es el mismo mensaje, el mismo sermón que alcanzó a mi esposa. Es una preciosa noticia que, para quien la entienda, hermano, es la cosa que más atesora en su corazón: es el mensaje del Evangelio. La razón por la cual predico esto con tanta emoción es que siento que hay una multitud de personas que se están perdiendo lo interno de la iglesia.
Doctrina, moral y amor sin Evangelio están muertos
Hermano, la doctrina cristiana es muy atractiva, pero no hay doctrina que compita en majestuosidad, en superioridad, a la doctrina del Evangelio. El amor cristiano es un asunto muy atractivo, pero por mucho abrazo que recibas en la iglesia del Señor, si no has conocido el mensaje del Evangelio, estás totalmente perdido. La moral cristiana es una moral imitada por mucha gente, pero sin el mensaje del Evangelio, la moral cristiana no pasa de ser una simple filosofía, como diferentes filosofías existen sobre esta tierra. La doctrina, la moral y el amor son expresiones; sin embargo, lo que hace posible la vida cristiana es el Evangelio.
Dice nuestra introducción que muchas personas asisten a la iglesia y reciben con alta estima las enseñanzas sobre vida cristiana, mientras ignoran el Evangelio. La doctrina cristiana, la moral cristiana y el amor son muy atractivos; sin embargo, el cristianismo sin el poder del Evangelio está muerto. Todo lo anterior no pasa de ser un buen deseo. Antes de pasar a mi sermón quiero hacerle tres cortos preámbulos para que puedan entender la urgencia de predicar estas cosas. El primer preámbulo que les haré es de un ruso que vino a un hotel de República Dominicana. Se enamoró de una muchacha y le organizaron una boda en el mismo hotel.
Él celebró su boda, disfrutó su luna de miel, se emocionó al saberse casado. Cuando regresó a Rusia y pidió el documento de su matrimonio, no había tal cosa. Él había sido emocionado por un hotel en una ceremonia de bodas, pero él formalmente no había sido casado. Es lo mismo que sucede con las personas que vienen a una iglesia, participan de la fiesta cristiana, pero todavía no tienen la certidumbre que da el saber que han entendido primero y han recibido en su corazón el Evangelio. Puedes recibir, no digo cien, sino mil sermones cristianos sobre diferentes aspectos de la moral, del amor o de la doctrina, pero si ignoras lo que significa el Evangelio, entonces estás fuera, y por mucha emoción que tengas hoy tu vida ahora mismo está corriendo peligro.
Segundo preámbulo. Es el preámbulo de una familia en la cual había un muchacho pelotero. La familia estaba esperando, porque el brazo de ese muchacho costaba millones de dólares. Y efectivamente le firmaron, no por lo que la familia quería, sino por lo que tal equipo de béisbol pudo darles. En el momento que le iban a entregar el dinero, entonces el muchacho, con astucia, llamó a todos los deudores de su padre y les dijo: en el Banco BHD de Boca Chica nos van a entregar el dinero, vengan porque yo quiero que mi papá les pague. Bueno, efectivamente le dieron su dinero, y cuando salió el papá del muchacho, entonces le esperaban todos sus deudores.
Cuando él entregó y pagó sus deudas, entonces quedó, según él, en el mismo lugar en donde estaba. Humanamente hablando, cuando las personas reciben el Evangelio no notan nada diferente. Lo que dicen es: yo recibí el Evangelio y estoy donde estoy. Hermano, lo que pasa es que uno celebra cuando le dan dinero, no cuando le pagan deudas. Lo que sucede con el Evangelio es que el Evangelio, Cristo, primero paga nuestra deuda y después nos enriquece. Y quizás al final de hoy tú no salgas de aquí con nada nuevo en la mano, pero puede ser que salgas con algo menos, y ese algo menos que puede ser que salgas es la carga de tus pecados que están ahora mismo ante Dios. En este preámbulo quiero ilustrarte que en el Evangelio primero el Señor nos quita algo y después nos da algo.
El Evangelio como noticia que se anuncia y se explica
Que mucha gente no anhela el Evangelio porque dice: voy a terminar donde mismo estoy. Claro que no vas a terminar donde mismo estás, ya no tienes tu deuda. Tercer preámbulo acerca del Evangelio: el Evangelio es una noticia para ser entregada. Lo que significa literalmente Evangelio es eso, es buena noticia. Sin embargo, cuando una noticia es valiosa, no solamente se comunica por los periódicos, sino que también se analiza. Una noticia que llenó los titulares de los periódicos en meses pasados fue que la Dirección General de Impuestos Internos aprobó una amnistía fiscal. Y esto se anunció, y la gente no entendió; después se comenzó a analizar lo que significaba amnistía fiscal. Aparecieron programas de panel, aparecieron analistas, no bastaba con dar la noticia, había que explicarla.
¿Qué tiene esto que ver con el Evangelio? Hoy pretendo no solamente decir lo que es el Evangelio, sino también explicar por qué el Evangelio es necesario. Que ustedes no solamente entiendan la buena noticia, sino que entiendan qué tiene que ver esta buena noticia con mi vida hoy. La buena noticia del Evangelio no solamente hace falta que se proclame, también hace falta que se explique. He venido a decirte lo que significa el Evangelio, pero también vengo a decirte lo que el Evangelio tiene que ver contigo, que no es una noticia para los especialistas, no, que todos los hombres necesitamos el Evangelio.
Acompáñame en sus Biblias en la primera carta de Pablo a los corintios, en el capítulo 15. Pueden buscar ahí en su Biblia y compartir con una persona que tengan cerca. Es el capítulo 15 de la carta de Pablo a los corintios. Recuerden mis dos propósitos para hoy: quiero que ustedes entiendan claramente de qué se trata el Evangelio, no solamente proclamarlo, sino quiero explicarles claramente por qué el Evangelio tiene que ver con cada uno de nosotros. Primera carta del apóstol Pablo, escribiéndole a los corintios, en el capítulo 15. El apóstol Pablo está explicando aquí de qué se trata el Evangelio. Leeremos desde el versículo 1 y hasta el versículo 9, dice así la palabra del Señor. Es Pablo hablando, dice:
Además, os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano.
— 1 Corintios 15:1-2
En estos primeros versículos, el apóstol Pablo está diciendo que se dispone de nuevo a enseñar lo que es el Evangelio y que lo que está enseñando es lo mismo que ya él primeramente había enseñado. Y les dice que si retienen esta palabra que está predicando, entonces son salvos, y que si no la retienen, entonces han creído en vano. Hermanos, la urgencia del Evangelio: si escucharas cien sermones cristianos y no escucharas el Evangelio, habrás escuchado cien buenos sermones, pero aún estarías muerto en tus delitos y pecados.
La razón por la cual el Evangelio es el tema central, no solamente en las cartas de Pablo, sino en todas las Escrituras —y literalmente podría predicar este mismo sermón en Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio y todos los libros de la Biblia—, porque el Evangelio es el tema central, es que, tal como afirma el apóstol Pablo, si una persona recibe cien sermones y no ha recibido el Evangelio, entonces ha creído en vano.
Definición bíblica del Evangelio: muerte y resurrección
Inmediatamente después, entonces Pablo dice qué es lo que es el Evangelio, versículo 3:
Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras.
— 1 Corintios 15:3-4
Hermano, si usted tiene eso, tiene la mitad del Evangelio. Que una persona haya creído que Cristo murió por sus pecados conforme a las Escrituras, esto es el 50% del Evangelio. Podríamos explicar solamente eso y usted quizá está al 50% del mensaje del Evangelio, pero hace falta Evangelio completo. Primero: “porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras”; y segundo: “y que fue sepultado y resucitó al tercer día conforme a las Escrituras”. Es la segunda parte.
No me preocupa tanto que en este momento tú entiendas cómo el Evangelio tiene que ver contigo; me importa en este momento que entiendas que la primera parte del Evangelio es que Cristo Jesús murió por tus pecados, y la segunda, que Cristo fue levantado de entre los muertos. ¿Parece árida la noticia? ¿Y qué tiene eso que ver conmigo? Veremos en un momento. Pastor, ¿qué es el Evangelio? El Evangelio, la palabra, significa buena noticia. ¿Y cuál es la buena noticia? La buena noticia es que Cristo murió por nuestros pecados, y la segunda, que Cristo resucitó de entre los muertos.
Hermanos, en la Semana Santa la iglesia no recuerda solamente la crucifixión de Cristo; recuerda la muerte y resurrección de Cristo, eso es el Evangelio. Pastor, dígame en palabras sencillas qué es el Evangelio. Primer componente del Evangelio según las Escrituras: que Cristo murió en tu lugar. Segundo componente del Evangelio según las Escrituras: que Cristo fue levantado de entre los muertos. ¿Y qué tiene eso que ver conmigo? Bueno, aquí vamos.
El primer componente del Evangelio, “que Cristo murió por tus pecados”, tiene que ver contigo porque tú no reconoces que tú eres un pecador. Quizá tú puedas hacer un esfuerzo superficial y decirme, en un ejercicio de humildad: sí, yo reconozco que no soy bueno. Tú reconoces que no eres bueno, pero tú realmente no sabes qué tan malo eres ante Dios. La razón por la cual el ser humano no procede a salvación es que no ha entendido cuál es su realidad de pecado delante de Dios.
Nuestra condición de pecado y la necesidad de un Salvador
Permítanme decirles a ustedes cómo Dios los ve. No me refiero a que eres más malo que nadie, hablo de cómo Dios ve a la humanidad que aún no ha aceptado el Evangelio. Dice la Escritura, no lo dice Rafael Pérez, lo dicen las Escrituras, dice la Escritura que estamos muertos en nuestros delitos y pecados. No lo dice Rafael, lo dicen las Escrituras. Dice la Escritura que todos nosotros nos descarriamos como ovejas. Dice las Escrituras que nos hemos vuelto desechables ante Dios, que no hay nada bueno dentro de nosotros. Si tú todavía entiendes que sin Cristo hay algo bueno delante de ti, todavía tú no has aceptado el Evangelio.
El Evangelio es muy sencillo, pero para recibir el Evangelio hay que entender la implicación personal que tiene el Evangelio en mí, y la implicación que tiene es que el Evangelio me dice que, para aceptar que mis pecados me sean perdonados, primero tengo que aceptar que soy deudor. Que ciertamente me van a dar una riqueza extraordinaria, pero que parte de esa riqueza lo que hará es compensar el abismo de pecado que me está separando de Dios. Por eso dice la Escritura que el Señor nos ha sacado a nosotros del hoyo de la muerte, del foso. Es como un hoyo que hay ahí y tú quieres construir, y mientras más bloc tú pones entonces más abajo caes.
Primer componente del Evangelio: Cristo murió por mis pecados. Esto significa que, para aceptar el Evangelio, tengo que aceptar que soy un pecador, mi condición actual. Miren, en cada una de las áreas de la vida de uno, para uno comenzar a ver algún progreso, tiene que recibir su situación actual. Quizás quieres mejorar tus finanzas; bueno, tienes que reconocer primero tus deudas, cuánto debes. ¿Quieres reconocer a Jesucristo como tu Salvador? ¿Quieres aceptarle? Primero tienes que reconocer tus pecados.
Ustedes no saben lo desagradable que es un pecador ante el Señor. Yo quiero darles evidencias. ¿Cuál es la evidencia de que realmente yo necesito un Salvador? Ese es el problema: “acepta a Cristo como tu Salvador”. ¿Y para qué? ¿Para que te salve de tus pecados? ¿De cuáles? Para aceptar el Evangelio primero hay que reconocer que somos pecadores y nuestra situación ante Dios. Lo primero que lo anuncia es nuestra conciencia. Dice la Escritura que el hombre natural que está sin Cristo tiene una conciencia reprobada. ¿Qué es una conciencia reprobada? Que hay algo adentro de ti que te recuerda: tú no estás bien.
Alguna gente le llama eso “vocecita”, otras personas le llaman eso “la voz de la almohada”. Hay unos que dicen que eso es una tristeza natural, que es una profunda depresión. La situación, hermanos, es que nosotros ante Dios debemos y nuestra conciencia nos lo recuerda: estamos condenados. La condenación que pende sobre el ser humano se comienza a percibir primero en la conciencia y después será acechada en el lago de fuego. Si hablaras con un preso que está destinado a ser ejecutado, antes de sentir la ejecución en su cuerpo, en su conciencia hay algo que le dice: tú serás ejecutado.
En el ser humano hay una conciencia reprobada que te recuerda que no hay paz entre tú y Dios y que te recuerda que tu destino no es la gloria, que tu destino es la perdición. Primer componente del Evangelio, hermanos: Cristo murió por nuestros pecados, y para aceptar el Evangelio tenemos que reconocer nuestra condición. Bueno, no solamente tu conciencia anuncia lo que tú eres, también tus actos.
Actos vergonzosos, consecuencias del pecado y urgencia del Evangelio
Hay actos vergonzosos en los cuales tú has estado participando y tú piensas que nadie te ve. Hay cosas en las cuales has estado participando que no te atreverías a compartirlas ni siquiera con tu amigo más íntimo, ni siquiera con tu pareja, ni siquiera con tus padres. Son actos vergonzosos. Esos actos, dice la Escritura, que han subido ante la presencia del Señor y han hecho una separación entre tú y Él. Pero no solamente eso: no solamente hay una conciencia que atestigua en contra tuya, no solamente hay unos actos en los que tú sabes que has estado participando, al mismo tiempo hay consecuencias de nuestros pecados que percibimos ahora mismo.
Hermano, el infierno es una gran consecuencia, pero en esta tierra también nuestros pecados nos anuncian. El pecado ha destruido familias, el pecado ha destruido cuerpos, pero la cosa más grande que ha destruido el pecado es la relación entre tú y tu Creador. Gente que está aquí congregada, no se vayan de aquí sin entender el mensaje del Evangelio. El mensaje del Evangelio nos dice que Cristo murió por nuestros pecados y que la sangre de Cristo es eficaz para aquel que en Él crea:
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna.
— Juan 3:16
Perdóname, pero no hay otro sermón más importante que este. No tengo otra cosa a la cual predicar, hermano, que sea más urgente que esta. Este es el sermón que ustedes deberían recordar si mañana yo muriera y ustedes se pusieran a pensar qué enseñó el pastor Rafael. Yo debo recordar: recuérdate que yo te dije que estás muerto en tus delitos y pecados y que la única solución para nuestro problema ante Dios es aceptar el sacrificio de Cristo, que es el primer componente del Evangelio: Cristo murió por tus pecados.
¿No hay un mensaje más urgente? No. A veces nos distraemos con la hermosura de la doctrina cristiana. La gente quiere que vengan aquí para que les hablen de muchas cosas. Hermano, venga aquí para que le digan que usted está perdido en sus delitos y pecados y que ya hay una solución para su problema. Nuestra conciencia es reprobada, nuestros actos vergonzosos, la esclavitud. Yo sé que tú quieres ser bueno, pero no puedes. Yo sé que quieres ser bueno por tus medios, pero no puedes. Dice la Escritura que el que practica el pecado se hace esclavo del pecado.
Estás en un lío ante Dios del cual no podrás salir por tus propias fuerzas, porque eres un esclavo. “Yo quiero dejar de mentir, pero no puedo; yo quiero dejar de robar, pero no puedo; yo quiero dejar de participar con mi cuerpo en actos vergonzosos, pero no puedo”. Dice la Escritura que cuando tú practicas el pecado te haces esclavo del pecado. Un esclavo no puede salir por sus propias fuerzas.
Esclavitud al pecado y falsas maneras de ocultarla
Miren lo que pasa: que esta cárcel del mundo donde estamos perdidos en nuestros delitos y pecados, donde estamos esclavizados, es una cárcel muy divertida, y hay gente muy creativa que nos ha hecho entender que, a pesar de que estamos presos, estamos libres. Hay una película muy emotiva que se llama “La vida es bella”. En esta película es la historia de un hombre judío que, en tiempos del genocidio, fue apresado por los nazis con su niño pequeño. Y su niño le pregunta: “Papá, ¿dónde estamos?”. Él le dijo al hijo: “No, no estamos presos”. “Papá, ¿pero y por qué…?”. “Tú sabes que me gusta vestir así”. “Papá, ¿y podríamos salir a comer helado?”. “¿A dónde? ¿Para qué vamos a comer helado?”. “¿Y por qué no nos podemos ir más lejos?”. “¿Y para qué tú quieres irte más lejos? Aquí estamos bien”.
Este hombre, en su interés, quiso hacerle entender a su niño que, a pesar de que estaban presos, entonces la vida era bella. Es la misma situación del hombre ante Dios: está muerto en sus delitos y pecados, está esclavo y no puede salir por sus propios medios, pero él dice, mirándose los grilletes: “No estoy esclavo, yo puedo hacerlo cuando quiera. Si yo quiero, salgo”. Intenta hacer la voluntad de Dios a ver si no estás esclavo. Intenta hacer la voluntad de Dios a ver si puedes. Tú no solamente eres esclavo, sino que tú eres vendido al pecado, según las Escrituras.
Formas en que la gente intenta ocultar su condición. Miren, hay gente que, para ocultar su condición de perdición y esclavitud ante Dios, se refugia en sus logros, sus esfuerzos, su dedicación: “Soy un médico, soy un doctor, soy un ingeniero, soy un hombre muy trabajador”. Por tus logros no dejas de ser esclavo, solamente llegas a ser un esclavo eficiente. Hay otros que se están refugiando en su fama: “Yo soy muy reconocido, mucha gente a mí me conoce”. Pero estás muerto en tus delitos y pecados.
En la religiosidad: “Yo soy un hombre piadoso, que oro, vengo a la iglesia, yo leo la Biblia, yo leo la Biblia”. Leyendo la Biblia estás muerto en tus delitos y pecados. Amigos que están aquí, nadie se ha salvado porque lea la Biblia; la gente se ha salvado porque leyó en la Biblia el Evangelio. La salvación no entra por los ojos, entra por fe. Que tus ojos recorran las páginas de las Escrituras no te hace un hombre salvo.
Falsos códigos de justicia: la gente tiene un código de justicia muy común: “Yo no le hago daño a nadie”. ¿No has escuchado eso? “No, no, no, mire, yo camino, y yo no le hago daño a nadie”. Mira lo que dice la Escritura: que ya tú le hiciste a Dios mucho daño. Tanto daño, tanto daño, que lo que te espera es la destrucción. Tus códigos de conducta moral no te van a dar salvación.
Bajo perfil, retrasar la ayuda y aferrarse a la vida vieja
Este otro escaparate me gustaría que lo escuchen con la mayor atención, porque siento que es la situación de muchos de mis amigos aquí presentes. Hay gente que ha entendido que puede ocultar su perdición ante Dios llevando un bajo perfil: “No, yo soy un hombre que me muevo poco. Yo ni canto ni bailo ni bebo ni nada. Mi vida es del trabajo a mi casa. Yo soy un hombre tranquilo”. Ahí, en su bajo perfil, hay millones de hombres que se están perdiendo en sus delitos y pecados. En esa personalidad recogida, en ese “yo soy una gente así, que yo no me veo mucho”, en ese bajo perfil, sus pecados están gritando ante la presencia del Señor.
Primer componente del Evangelio: “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras”. No sé si he insistido lo suficiente para que tú comiences a entender cuál es tu realidad ante Dios. Dice la Escritura que el Espíritu de Dios convencerá al hombre de pecado, de justicia y de juicio. Con mi oratoria no te convenceré, pero yo he orado para que este domingo el Señor convenza a la gente de sus pecados, de la justicia de Dios y del juicio que le espera.
Bueno, ¿cómo aceptamos el Evangelio? ¿Cómo yo, si ya yo sé, el Espíritu Santo me ha hecho ver que estoy sucio, yo mismo sé que lo estoy, yo sé que estoy atado? ¿Cómo acepto el Evangelio? Hermano, hay que ser ayudado. ¿Por qué más personas no se hacen cristianos domingo tras domingo, si se les predica el Evangelio? Porque no quieren ser ayudados. Hay varias formas en que la gente posterga la ayuda del Señor Jesucristo.
Formas en que la gente dice: “Yo quiero intentar primero yo. Todo lo que tú me has dicho yo sé que es verdad, pero déjame hacer otro esfuerzo. Vamos a ver, yo voy a intentar de nuevo tratar de enmendar mi vida, yo voy a intentar de nuevo tratar de liberarme de la acusación de mi conciencia, yo voy a intentar de nuevo hacer la voluntad de Dios. Tú vas a ver, yo voy a llegar. Hay mucho camino por recorrer hasta llegar al mismo sitio. Tú sabes, dame un tiempecito, dame más otro intento, y si yo no logro hacerlo con mi último intento, entonces sí, yo voy a aceptar que Cristo ya murió por mis pecados”. Hay que ser ayudados.
Miren, los dominicanos… Había un anuncio de Codetel que a mí me parece que es de los anuncios más expresivos que esa telefónica ha tenido. Decía: “A las situaciones difíciles, sabemos buscarle la vuelta”. El dominicano es reconocido por buscar la salida a las situaciones más enrevesadas. Que no hay entoma corriente, engancha un cable ahí, que no te preocupes, eso funciona, no importa que sea ñato, lo importante es que respire. Que el carro no corre, ponle ahí una varilla, atraviesa la puerta, que tú abres la puerta y no cierra, ponle una varilla. Hermano, somos reconocidos los dominicanos por buscar la salida más ingeniosa a las situaciones más difíciles.
Hay un problema, y es el problema de nuestros pecados que están ahora mismo ante Dios, del cual dan testimonio nuestra conciencia, nuestros actos y nuestra esclavitud. Hay un problema del cual ningún dominicano saldrá por sus propios medios. Estás perdido en tus delitos y pecados, eres esclavo del pecado, estás vendido al pecado, y solamente podrás salir de allí con el poder del Evangelio.
Cambiar la ordenanza, minimizar el Evangelio y volver al “puente”
Hay gente que cambia la ordenanza: “Yo sé que Dios dice así, pero no, yo no… Dios no dice ahí eso, Dios dice otra cosa”. ¿Cuántas personas han querido trastornar lo que Dios espera del hombre, que está claramente expresado en las Escrituras? Han querido rediseñar la voluntad de Dios: “Es que quizá la versión de la Biblia que yo uso no dice la misma cosa que la tuya. ¿Qué versión tú usas? Vamos a ver. Mira, la mía no dice eso”. Eso es como que la gente esté perdiendo el juego de pelota y quieran que en el noveno inning cambien el juego, para decir que el que gana no es el que tiene más carreras, sino el que tiene menos.
Hermano, no intente cambiar la ordenanza de Dios. La ordenanza de Dios es clara. Gente que defiende su falso testimonio: “Yo soy bueno, y se aferra a eso como uña ‘e gato”. Hay gente que exagera el valor de su pasada condición: “Yo sé que Cristo puede hacerme una mejora, pero ya yo por mis propios medios estoy donde yo debo de estar”.
Miren, debajo del puente vive mucha gente, y digo esto con pena, porque es gente que asiste a otra congregación, vive allí. Y mucha de esa gente, que es gente que ha asistido a otra congregación, vive allí. Mucha de esa gente ha sido beneficiada con apartamentos, y hay dos grupos de ellos, hay dos grupos. Hay algunos que vendieron el apartamento para conseguir unos cuantos pesos y seguir viviendo donde estaban: “¿Cuánto vale el apartamento? Dame 700 por ello, vuelvo para abajo del puente, porque allá se vive bajo el puente”. Y hay otros que realmente están atados a la vida debajo del puente: “Yo no sé vivir en apartamento. En el apartamento la gente vive toditos trancados en la casa; allá bajo el puente vivíamos toditos afuera. Ahí no se oye nada, eso parece una misa, vivir en un apartamento”.
Hay gente que se aferra a su chozita bajo el puente cuando el Señor le ha dado el multifamiliar. Miren, la vida cristiana es un gran cambio. Yo lo que tengo para decirte es que no te aferres a tu vida anterior, que no hay nada que buscar en ella. En Cristo hay algo mejor. “Ay, entonces mis amigos que se quedaron allá”. Si él se quedó allá, le dieron el apartamento suyo también. Si él volvió para atrás, que vuelva él.
No te aferres a tu anterior condición. Si el Señor te ha vestido de vestiduras blancas, no seas como el puerco que vuelve a su vómito. Hay gente que retrasa, hermano, retrasa este asunto. Hay gente que entendió ya el Evangelio, pero está ahí como el bateador que está en el círculo de espera, calentando el brazo: “Ya, estoy esperando mi momento, estoy esperando mi momento”.
No retrasar la decisión y el Evangelio como poder de Dios
Hermano, no retrases este asunto. Si te han predicado el Evangelio, corre por tu vida. “Ay, que yo tengo mi hermanito, que todavía él no ha abierto los ojos. Él siempre ha sido medio lento, yo estoy esperando que mi hermanito venga para proceder a salvación”. Hermano, vaya usted adelante y ayude a su hermano desde allá. En la historia de los patriarcas está la historia de José, que José llegó primero a Egipto, y cuando sus hermanos se estaban muriendo de hambre, entonces les alimentó. Venga usted al Evangelio, acéptelo primero, y comience a orar por su familia; no espere que vengan juntos. Venga usted solo, por amor a ellos.
Dice la Escritura que nuestros pensamientos han sido torcidos, y hay gente que entiende que el nivel de vida mundano es un nivel de vida adecuado, como alguien que me dijo a mí en la UASD en su tiempo —porque la UASD como que ha mejorado, pero en sus tiempos de huelgas y demás—, había gente que decía: “Los mejores profesionales son de la UASD, porque esos se formaron tirando piedras y devolviendo bombas”. Hermanos, eso no es ciencia. Perdóneme, pero eso no es ciencia; no hay mérito profesional en el devuelto de tres bombas, eso no es ciencia.
Asimismo hay gente que se aferra a su práctica mundana y dice: “No, yo tengo que coger para no sé dónde antes de venir a Cristo, cuando yo venga a Cristo…”. Hermano, dice el Salmo:
Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, Ni estuvo en camino de pecadores, Ni en silla de escarnecedores se ha sentado.
— Salmos 1:1
Hermano, es beneficioso no haber devuelto la bomba en el mundo. ¿Qué es el Evangelio, hermano? ¿Qué es el Evangelio? El Evangelio nos dice que el Justo pagó por el injusto. El Evangelio nos dice que nuestros pecados, nuestros pecados, pueden ser borrados en un momento. Y el Evangelio nos dice que solamente siendo ayudados por el Señor tenemos esperanza.
Esta ilustración la hago con mucho cuidado, pero miren: la persona que tiene discapacidad física, parte de su situación es que a él no le gusta ser ayudado. Si una persona tiene una muleta y usted le dice: “Ven, que yo te cargo”, “No, tú no eres mi muleta, yo tengo mi muleta”. Las personas que tienen alguna discapacidad física rehúsan ser ayudadas, eso es algo ofensivo: “Yo puedo solo”. “Amigo, venga, le cruzo la calle”. “No, no, no, yo cruzo con mi varita”.
El pecado no solamente, hermano, es una falta ante Dios. El pecado es una incapacidad para hacer la voluntad de Dios. El Señor no quiere cambiar tu varita para darte otra, el Señor quiere devolverte todas tus facultades. Por eso el Evangelio es poder de Dios para el que cree. Tú no aceptas el Evangelio para hacerte dependiente de un ministro. Tú no aceptas el Evangelio para hacerte dependiente de una iglesia local. Tú no aceptas el Evangelio para hacerte dependiente de ningún hombre. Tú aceptas el Evangelio para hacerte esclavo de Cristo.
Confesar los pecados y la seguridad en la obra de Cristo
Hay gente que ha entendido: “Si yo me hago cristiano, entonces ahora va a ser este, y ese muchacho va a ser mi pastor, y ese puede ser… y esa iglesia puede ser… y esa iglesia del barrio, y ahí, que se está cayendo de lado, es que yo me voy a convertir”. Hermano, el Evangelio es poder de Dios, más allá de sus instrumentos. El Señor quiere devolverte tus facultades, el Señor quiere devolverte tu libertad, el Señor quiere limpiar tu conciencia, el Señor quiere borrar la deuda, el Señor quiere llenar el abismo de tus deudas para entonces después comenzar a enriquecerte. ¿Qué hay que hacer? Hay que reconocerlo.
Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.
— 1 Juan 1:9
Un cristiano no es un hombre bueno. No. El cristiano es un hombre malvado a quien le ha sido imputada la justicia del Justo: el Justo por el injusto, dice la Escritura.
Bueno, ese es el primer componente del Evangelio, sencillo: primer componente del Evangelio, que Cristo murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras. Antes de pasar a explicar el segundo, le diré que en las dos veces dice “conforme a las Escrituras”. Esto para que tú entiendas que no es un invento contemporáneo del hombre. Cuando comenzamos este culto yo les leí Isaías capítulo 53 y les enseñé cómo el profeta Isaías, alrededor de 750 años antes de Cristo, profetizó que Cristo iba a morir por nuestros pecados, y por eso Cristo murió conforme a las Escrituras, tal cual lo habían dicho los profetas.
Mucha gente se queda aquí en el Evangelio y dice: “Ya el Señor perdonó mis pecados, y ya yo entonces, a partir de este momento, soy justo, soy justificado, soy hecho justo; ahí terminó el Evangelio”. No, falta todavía la mitad, y sin esa mitad lo otro no funciona. El Evangelio no es solamente reconocer que Cristo perdonó tus pecados, también es reconocer que Cristo fue levantado de entre los muertos y que es primicia de nosotros, que nos levantaremos después.
Un cristiano es un hombre que no solamente dice: “El Señor perdonó mis pecados, me declaró justo”, sino que dice: “El Señor me ha dado a mí vida, y yo tengo esperanza de gloria. La muerte ya para mí no es el enemigo mortal: ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?”. Un cristiano es una persona que no solamente dice: “El Señor limpió mis pecados, me dio libertad”, también dice: “Y el Señor está esperándome allá en el cielo, y va a llegar un momento que yo veré a mi Cristo cara a cara. Yo sé que mi Redentor vive”, dice un cristiano, “y que con Él yo me levantaré”.
Hermano, el poder del Evangelio no es solamente que el Señor ha pagado tu deuda, también el Señor te ha enriquecido. Dice la Escritura que ya nosotros hemos sido enriquecidos en las regiones celestiales con Cristo, y que tan segura es nuestra promesa que es como si ya estuviéramos sentados juntamente con Él.
La resurrección de Cristo y nuestra esperanza eterna
Un cristiano es una persona que dice: “Cristo perdonó mis pecados”, pero también dice: “En Cristo tengo certidumbre de vida eterna”. Esta ansiedad que tiene el ser humano por la muerte, un cristiano ve la muerte como un charco largo. Cantamos una canción hoy que dice poéticamente que “cuando tenga que cruzar el río…”. ¿Cómo vemos los cristianos la muerte? Como un charco largo, hermano, y un gran salvavidas. Cualquiera se impresiona, cualquiera se impresiona, se impresiona al ver la muerte en un cachorro. Hermanos, ciertamente es el enemigo más poderoso que ha existido en la historia: la muerte.
¿Y cómo ve un cristiano la muerte? Como un charco largo y un gran salvavidas. No me hundiré en ella, flotaré por la promesa de Cristo. Mi vida está escondida en Dios. Si mi Maestro se levantó, entonces, así como Él se levantó, también yo me levantaré con Él. Por eso es que el culto de resurrección es tan precioso para mi iglesia. La resurrección, hermano, es el 50% de nuestra salvación. El Señor te salvó hoy perdonando tus pecados, y también te prometió que mañana estarás en la presencia suya para siempre.
Dice la palabra de Dios:
Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen. Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; y al último de todos, como a un abortivo, se me apareció a mí.
— 1 Corintios 15:3-8
Miren la reacción: la resurrección de Cristo no fue un secretito de que “vamos a decir que resucitó”. No, hermano, cientos de personas vieron a nuestro Cristo crucificado. El poder que tenía el Evangelio en tiempos apostólicos era que esos hombres habían visto al Cristo, primero crucificado y después resucitado. Usted sabe lo que es usted ver a Cristo resucitado de entre los muertos con un cuerpo glorificado y que le digan a usted que la salvación no es real: “No, realmente Cristo no murió por tus pecados”.
Mucha gente puede decir que la muerte de Cristo fue un acto de una persona un poco loca. Hermano, ningún loco resucita. Cualquiera dice que resucitó, hermano, pero dice que Tomás, que era un incrédulo, estando con Cristo dijo: “Si acaso yo veo sus heridas y pongo ahí mi mano, entonces yo creo”. ¿Y saben qué fue lo que hizo el Señor? Fue con sus heridas adelante: “Tomás, ven, pon tu mano aquí”. Y Tomás, hermano, fue tan necio que puso la mano, y cuando puso la mano, el Señor le dijo: “Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron y creyeron”.
Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.
— Juan 20:29
Hermano, la resurrección es un hecho tan contundente para nuestra salvación como el sacrificio de Cristo. Es más, tan contundente es este hecho, tan contundente, que dice el apóstol Pablo en el versículo 12:
Pero si se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. Y somos hallados falsos testigos de Dios…
— 1 Corintios 15:12-15a
Hermanos, si nosotros predicamos a un Cristo que murió solamente, a un cadáver en una cruz, como enseña la Iglesia Católica Romana, un cadáver en una cruz… Hermano, la cruz está vacía. Nosotros predicamos a un Cristo resucitado.
Sin resurrección no hay Evangelio ni esperanza
Hermano, si no tuviéramos razón para predicar un Cristo resucitado, esto fuera una tontería. Esto fuera un asunto, un ejercicio vano, venir aquí, reunirnos a proclamar un Dios que está muerto. El Evangelio es poder porque Cristo perdonó mis pecados, pero también porque Cristo se levantó de entre los muertos. ¿Y esto qué tiene que ver con nuestra salvación? Añado “conforme a las Escrituras”. Cristo dijo: “Destruyan este templo carnal, y en tres días yo lo levantaré”. Cristo anunció su resurrección.
¿Por qué es tan importante la resurrección de Cristo dentro del plan de salvación? Hermanos, porque esto demuestra su deidad. El Cristo fue levantado, ningún hombre puede levantarse. No, no, no, definitivamente no era un hombre común y corriente. Por eso su cuerpo no apareció en la tumba. Porque cumplió la profecía, fue un cumplimiento profético. Porque esta es la razón de nuestra esperanza. Hermano, uno espera, uno espera, uno espera que al final de sus días, y que uno cruce el charco largo con un gran salvavidas, que es Cristo, uno se va a encontrar en una eternidad en la presencia de Dios; y lo que era el anhelo de todos los hombres del Antiguo Testamento, que era poder ver el rostro de Dios, dice la Escritura que nosotros le veremos resplandecer delante de nosotros.
Gran parte, hermanos, de la moral cristiana depende de esta esperanza. Del amor cristiano, depende de esta esperanza. La doctrina cristiana aquí se levanta o aquí se cae. Sin Cristo resucitado no hay Evangelio. Pastor, resúmalo de nuevo: ¿qué es lo que es el Evangelio? El Evangelio es la buena noticia de que Cristo murió por nuestros pecados, fue levantado milagrosamente de entre los muertos y que nosotros nos levantaremos juntamente con Él.
Hermano, por eso un cristiano, en la mayor angustia, en la mayor angustia, en la mayor angustia, puede encontrar una esperanza cierta. Yo hablaba con el pastor Mallen cuando fui a la clínica a visitarle después de un accidente, y le decía: “Pastor, no hay manera de que uno salga ya de esta tierra perdiendo. No hay manera, no hay manera”. Hermano, miren, yo no encuentro ya una forma matemática en que yo salga de este mundo perdiendo. Quizá tú todavía te afanas por cuánto dinero tienes, qué año es tu vehículo, si la casa es tuya o es alquilada, que si tienes mucho, si tienes poco. Hermano, no hay manera alguna de que un cristiano salga de esta tierra perdiendo.
La vida como “pestañeo” y la vanidad de la fe sin resurrección
Dice la Escritura que ya Cristo venció y nosotros vencimos con Él. ¿Qué es nuestra vida? Dice la Escritura: un pestañeo, un pestañal. De aquí a poco, de aquí a poco, dice la Escritura. Comparado con la eternidad, hermano, nuestra vida terrenal es un pestañal. Comparado con lo que es vivir una eternidad en la presencia del Señor, nuestras aflicciones presentes son paja de coco. No le digo con esto, hermano, que vamos a hacer los locos, no. La enfermedad duele, las pérdidas se sienten, pero la esperanza que nos da a nosotros saber que, sin importar nuestra condición terrena, eventualmente nos levantaremos con Cristo con un cuerpo glorificado y viviremos para siempre con Él en un cielo nuevo y tierra nueva, hermano, es nuestra gloriosa esperanza.
Quitar esto del Evangelio, hermano, y el Evangelio será filosofía, psicología, terapia. El poder del Evangelio está en que Cristo murió por nuestros pecados, se levantó de entre los muertos y Él es nuestra esperanza.
Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron. Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres.
— 1 Corintios 15:16-19
Que no se vaya nadie de aquí hasta mañana sin entender qué es el Evangelio. El Evangelio es la buena noticia que debe ser proclamada y debe ser explicada, de que Cristo Jesús cargó en la cruz con tus pecados, y que si tú pones tu confianza en Cristo, la deuda que había ante Dios es eliminada, y que la deuda era amplia y que por tus propios medios no ibas a poder pagar. Y que no solamente Cristo primero pagó tu deuda, lo que estaba más atrás del cero, en menos tanto, sino que Cristo te ha enriquecido desde ahora en las regiones celestiales juntamente con Él.
Eso es Evangelio: una deuda pagada y una esperanza cierta. ¿Y qué hace uno con esto? ¿Cómo hace? Termino con lo que comencé:
Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano.
— 1 Corintios 15:1-2
¿Qué es un cristiano, hermano? Alguien que ha retenido esa doctrina fundamental del Evangelio y se aferró a eso, hermano, como se aferra un asmático a su inhalador. ¿Qué es un cristiano, hermano? Una persona que encontró esta perla de gran precio, dejó atrás muchas otras perlas de mayor valor y se quedó con esta solamente. Dice la Escritura que un cristiano es un peregrino y extranjero en esta tierra, porque ya su morada no está aquí.
Repetir y abrazar la verdad central: muerte y resurrección de Cristo
Yo no sé si me han entendido lo que es el Evangelio. Yo no sé si es suficiente, hermano, se me acabó el tiempo. Tengo cinco minutos, tengo cinco minutos. Quizás tú vuelvas a tu casa y olvides estas cosas. Quizás tú vuelvas a tu casa y memorizas un poco: “Sí, yo creo que Cristo murió por mis pecados, pero yo todavía no…”. Quizás, hermano, quizás, quizás… Aguántenme ahí, que tengo todavía cinco minutos. Nuestro culto termina a las 12:30, y tengo cinco minutos. Yo quisiera en estos cinco minutos, hermano, solamente decir dos cosas: Cristo murió por nuestros pecados y Cristo fue levantado de entre los muertos. Cristo murió por nuestros pecados y Cristo fue levantado de entre los muertos.
Cristo murió por nuestros pecados, Cristo fue levantado de entre los muertos. No hay sermón más importante que ese. No hay cosa más digna de ser predicada. No hay cosa más digna a la cual un hombre le dedique su vida que a la predicación del Evangelio: Cristo murió por mis pecados. Sin importar cómo tú me veas, sin importar cómo yo te vea a ti, si los dos hemos sido salvos, somos limpios ante el Señor. Sin importar lo que tenga ahora mismo en mi bolsillo, en mi cartera, soy rico en el Señor. Esto es digno de saltar y hacer así: “Soy salvo”. Es el gozo del Evangelio, hermano.
Por eso decía el salmista: “Señor, devuélveme el gozo de mi salvación”. Devuélveme el gozo de saber que mi deuda ante ti fue pagada y el gozo de saber que mi esperanza en ti es muy cierta. Hermano, agárrese de esas dos cosas, así, así, así: por un lado, de que Cristo murió por tus pecados; y del otro, que tú tienes una esperanza cierta en el Señor. Agárrate de eso, hermano, hasta que no te quede vida, y cuando tengas que entregar este cuerpo mortal recibirás del Señor un cuerpo glorificado.
“Bueno, yo recibí esta verdad. Mira, yo soy un cristiano, porque yo acepté ese asunto”. Hermano, y cuando yo lo acepté, yo no entendía eso. Yo soy como la persona que recibió una herencia valiosa; yo no sabía cuánto era que le habían dejado. Cuando yo recibí el Evangelio, hermano, yo era prácticamente un niño. Yo no entendía las dimensiones que iba a tener mi existencia eterna. A mí me predicaron el Evangelio, yo lo compré como a cualquiera que le venden algo. Hermano, y yo me llevé eso para mí, en mi corazón, ahí yo acepté el Evangelio, y después de grande es que a mí me han dicho lo que yo tengo.
El valor del Evangelio y la seguridad frente a las dudas
Hermano, después que yo me he dedicado a entender lo que yo he entendido, lo que yo tengo… ¿No me entiendes lo que es? Es como que a ti te deje un tío, un familiar, un valioso reloj, y te diga: “Mira, este”, y tú lo tienes como “el reloj que me dejó el tío”. Pero tú nos vas a una joyería a cambiarle la batería y el joyero abre los ojos: “Amigo, ¿y qué es lo que usted tiene en la muñeca?”. “Un regalo ahí que me dejó mi tío”. “No, un regalo no; regalo tiene cualquiera, vamos a hablar de lo que es esto”.
Cuando yo entendí la hermosura de la salvación, cuando yo entendí, hermano, que yo había sido salvo, yo quise caerme para atrás. El Señor ha perdonado mis pecados, el Señor me ha dado libertad en Cristo, y no solo eso sino que me ha enriquecido desde ahora. Hermano, no hay manera en que salgamos de este mundo perdiendo.
Te dirán muchas cosas; Satanás te pondrá muchas dudas. Una duda recurrente que pone el diablo en aquellos que hemos aceptado al Señor es la siguiente: “¿Qué tú hiciste para ser salvo?”. ¿Y sabes qué tú le dices? “Bueno…”. Permítanme 1 Corintios capítulo 15 desde el versículo 1 y hasta el versículo 9. ¿Qué yo he hecho, hermano? He aceptado y he aceptado. Yo no tuve que morir; no, Él murió por mí. “¿Y quién eres tú para que te dejaran un regalo?”. El sobrino. Me dejaron el reloj.
Hermano, el Evangelio, el Evangelio, el Evangelio es un tesoro en vasijas de barro. Hermano, miren, no pueden decir cualquier cosa de nuestra iglesia local, pero en esta iglesia lo que no falta es el Evangelio. Hermano, que falten las sillas, hermano, que falten bocinas, hermano, que falte esto, que falte lo otro, pero que no falte el Evangelio, porque ninguna iglesia es pobre si tiene el Evangelio.
Amigo que estás aquí, mira, yo oré al Señor para que me permitiera predicar este sermón como tú no te imaginas. Yo sé que muchos de los hermanos de nuestra iglesia estuvieron orando por mí esta semana, para que el Señor me acompañe en la predicación del Evangelio. Dice la Escritura que es el Espíritu Santo que nos convence de pecado. Cierre sus ojos ahí, por favor, un momento. Le voy a pedir a los hermanos de esta iglesia que intercedan ahí en favor de las personas que no han aceptado el Evangelio.
Llamado a responder al Evangelio y oración de fe
“Pastor, entonces la doctrina no es importante, la moral, el amor…”. Sí, todo eso es importante; es la consecuencia del Evangelio. Si tú has escuchado el Evangelio predicado claramente en sus dos partes —el perfecto sacrificio del Justo por el injusto y la gloriosa esperanza de nuestra resurrección con Cristo—, si tú has podido entender que, sin importar cómo tú te hayas logrado ver, Cristo te ve perdido en tus delitos y pecados y que estás esclavo, si tú, como los 24 miembros de esta iglesia y las personas que últimamente han creído, aunque todavía no hayan sido bautizadas, si tú puedes aceptar el Evangelio esta mañana…
Dice el libro de Apocalipsis:
He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.
— Apocalipsis 3:20
Dice la Escritura que el Señor está a la puerta y te está llamando. Aceptamos el Evangelio poniendo en Cristo nuestra confianza, repitiendo nuestro pecado. Puedes decirle al Señor: “Señor, yo reconozco que tengo mis deudas ante ti y he venido a que abramos el libro, porque quiero reconocerlas con la expectativa de aprovechar la amnistía”.
Dice la Escritura que el Señor ha elegido en este tiempo pasar por alto nuestros pecados y no tomar en cuenta nuestras deudas pasadas. Ay, amigo que estás aquí, no te dejes confundir por mí; yo soy un instrumento limitado. Pero el poder del Evangelio, el poder del Evangelio, el poder del Evangelio no puede ser contenido por un instrumento humano. Yo solamente te he señalado la luz, pero yo no soy la luz. Yo solamente te he enseñado el camino, pero yo no soy el destino. Yo no quiero que tú vengas a mí, yo quiero llevarte a Cristo.
Puedes decirle al Señor: “Señor, reconozco que soy un pecador ante ti. Reconozco que no puedo por mis propios medios limpiar mi pecado ni obrar de manera agradable a ti. Te pido que perdones mis pecados por el poder del Evangelio. Te pido que me devuelvas la libertad para poder hacer tu voluntad y no la que me dice el mundo. Te pido que me consueles con esta gloriosa esperanza que se ha predicado, de que mi vida está segura”.
Que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.
— Romanos 8:38-39
Amigo que estás aquí, que no te sabes un cristiano, es tan sencillo como que reconozcas tus pecados, no ante mí ni ante tu vecino, ante el Señor. Tu deuda no es conmigo, tu deuda no es con nadie que esté aquí; tu deuda está ante el Señor. En los libros contables del cielo eres deudor. “Yo estoy a la puerta y llamo”, dice aquí la persona que va a pagar tu deuda.
Dile al Señor: “Señor, yo te recibo como mi Salvador personal. Reconozco mis pecados, acepto tu sacrificio perfecto por mí en la cruz. Comienzo a vivir de acuerdo a la esperanza que ahora tengo en ti”. Dice la Escritura, hermano, que “el que hurtaba, no hurte más”. El Señor no solamente perdonó tus pecados, también te devuelve la libertad para que ahora camines de manera agradable a Él.
Si has hecho esta oración sencilla ante el Señor, quizá te pase lo mismo que me pasó a mí: que yo acepté este precioso regalo y me fui para mi casa con él, y no sabía todavía claramente lo que tenía. Tenga sus ojos ahí cerrados. El mes entrante nuestra iglesia estará todavía predicando el Evangelio claramente: qué es el Evangelio. Si ya tú lo aceptaste: “Cristo, sé bienvenido a la familia de Dios, eres perdonado, ya no hay deuda”. Ahora sigue viniendo a nuestra iglesia para seguirte explicando, para que canalicemos ahora esto que tienes, para que lo valores todavía más.
Oración final por la iglesia y despedida
Iglesia aquí presente, quiero orar por mi iglesia. Ay, Padre, he tenido carga en este año por predicarles a los hermanos que me has dado a mi cuidado el Evangelio. Mira a aquellos que he bautizado, mira a aquellos que he recibido de otra congregación. Señor, permíteme tener la certidumbre de paz de que en estos cinco años, Señor, he podido predicarles a mis hermanos el Evangelio. Dame la certidumbre de paz, Señor, de saber que mis hermanos que están aquí realmente saben en quién han creído.
Miembro de esta iglesia que estás aquí, te tengo que decir con todo el amor del mundo que el Evangelio no depende de mí, que hoy yo estoy aquí, mañana yo no sé dónde estaré; que hoy tú estás aquí, yo no sé mañana dónde el Señor te llevará, pero que donde quiera que estés tú o que esté yo, que recordemos todos que esto es el Evangelio: que Cristo murió por todos nuestros pecados y que todos nosotros que hemos aceptado el sacrificio de Cristo tenemos en Él una gloriosa esperanza.
En nuestra iglesia estaremos comenzando talleres de membresía el mes entrante, si el Señor nos lo permite. Tenemos un número de personas para instruirles aún más en la doctrina cristiana y acompañarles a confesar a Cristo por medio de las aguas. Termino orando para despedir la congregación.
Gracias, Señor, porque nos has dado el privilegio de hacer una presentación relevante del Evangelio una vez más. Gracias, Señor, por el gozo que nos da el saber que hemos hecho nuestra parte como instrumentos limitados, de enseñar, en cuencos de coco, Señor, esta preciosa perla, la perla de gran precio. La exhibimos así, Señor, con nuestros instrumentos limitados, pero que nadie, Padre… Permite tú, permite tú que ellos entiendan. Gracias por la salvación de mi alma, Señor, gracias por la salvación de muchos de mis amigos.
Permite que aquellos que hoy han creído, Señor, no vuelvan a su casa a revolcarse como el perro en su vómito; que vuelvan a su casa, Señor, a hacer planes y proyectos para llevar una vida derecha caminando ante ti. Gracias, Señor, por el Evangelio, gracias por este precioso regalo. En el nombre de Jesús, amén. Que el Señor les bendiga. Nos vemos el domingo en nuestra iglesia a las 7:00 de la mañana para el culto de resurrección.