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El regalo de la vida eterna

Romanos 6:23

La paga del pecado es muerte, pero Dios ofrece, por pura gracia, el regalo de la vida eterna en Cristo Jesús, que comienza ahora como libertad del pecado y plenitud de vida, y se extiende por toda la eternidad.

Predicado13 de agosto de 2023
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Ahora sí, ahí puestos de pie. Pueden abrir la Sagrada Escritura en el libro de Romanos, en el capítulo 6. Leeremos un versículo de la Palabra del Señor, Romanos 6:23, para mostrar desde aquí el regalo de la vida eterna. Es el libro de Romanos en el capítulo 6, estaremos leyendo el versículo 23, Romanos 6:23. Dice así la Sagrada Escritura, Romanos 6:23, solo un versículo de la Palabra de Dios:

Porque la paga del pecado es muerte; mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

— Romanos 6:23

Muchos de ustedes se saben el versículo, yo también me lo sé. Son de estos versículos que uno se aprende y siempre lo tiene fresco en la memoria: porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro. Puede sentarse, mis hermanos.

El libro de Romanos es un buen punto de partida para uno entender el Evangelio. Gran parte de la doctrina cristiana comienza por allí, para entender otras partes de la enseñanza de Jesús. Un buen punto de partida es conocer el libro de Romanos, hacer una lectura; los primeros capítulos nos muestran que todos estamos condenados, que todos nos hemos descarriado. Después se nos muestra la salvación por la fe, y en estos capítulos el apóstol Pablo está hablando acerca de nuestra santificación y cuál es la voluntad del Señor para sus hijos.

La unidad termina en el versículo 23 del capítulo 6, pero comienza en el versículo 15, donde se nos muestra que somos siervos de la justicia. O sea, que el Señor te salvó no para dejarte en neutro, sino para que tú le sirvieras a Él. Él te cambió de un amo al otro: ya no sirves al pecado, pero tendrás que servir a Cristo.

Dos amos y dos resultados: pecado y Cristo

Y para servir a Cristo es necesario vivir en libertad. Entonces, algo que ha hecho el Señor en nosotros es pasarnos de la esclavitud del pecado para darnos libertad en Cristo, para que le sirvamos de buen agrado. Yo creo que la aspiración de todo cristiano debería ser no solamente la tranquilidad piadosa de que sus pecados han sido perdonados, sino también la vida victoriosa a la cual se llega a través de la completa liberación del poder del pecado.

Son dos cosas diferentes que el Señor hace. Cuando uno viene a los caminos del Señor, uno tiene la paz de saber que sus pecados han sido perdonados, pero al mismo tiempo uno quiere la tranquilidad de saber que tenemos victoria práctica sobre el poder del pecado, y ambas cosas son posibles. Yo predico hoy para dos audiencias: estoy predicando para mis hermanos que ya han recibido la salvación a través de la fe, pero todavía no han experimentado la vida cristiana victoriosa y una victoria absoluta y contundente sobre el poder del pecado; y predico para aquellos que todavía no han conocido a Cristo, para que entiendan que el perdón de los pecados es posible y también la libertad gloriosa de los hijos del Señor.

Ambas cosas son deseables. Para ser salvos necesitamos perdón; para ser santos necesitamos victoria y liberación, ambas cosas. Estamos llamados a ser un pueblo cuyos pecados fueron perdonados, pero al mismo tiempo estamos llamados a ser un pueblo que vive en libertad, y cuando estás esclavo del pecado no vives en libertad. El versículo 23 es la coronación de toda esta unidad: dice que la paga del pecado es muerte y la contrapone con la dádiva de Dios, el regalo de Dios, que es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Estaremos viendo este contraste entre la vida antigua en el pecado y la libertad que tenemos en Cristo. Estaremos viendo el significado de la vida eterna, que es mucho más que existencia física. Cuando hablamos de vida eterna, no solamente estamos hablando de vida en el cielo; es algo que puede comenzar a ser experimentado y vivido desde hoy. Y también veremos la manera en que este regalo puede ser recibido. Un solo versículo de la Palabra del Señor: porque la paga del pecado es muerte, ahí está la primera parte; mas la dádiva de Dios es vida eterna, en Cristo, ahí está la segunda; y después dice “en Cristo Jesús, Señor nuestro”, y ahí está la tercera. Comienzo mostrando este regalo y cómo se contrasta con la paga del pecado.

La esclavitud antigua y el cambio de señor

Estos versículos yo los aprendí porque me enseñaron, cuando yo era un niño, que uno se los anotaba en los dedos. Y se anotaba cinco versículos, y el primero de los versículos que se anotaba era este versículo, Romanos 6:23, Juan 3:16, Romanos 3:23, y cinco versículos de la Palabra del Señor que muestran el plan de salvación. Yo me los aprendí cuando era un niño y después el versículo siempre vuelve a mi mente, por lo cual tengo la oportunidad de recordarlo.

Sin embargo, cuando yo me aprendí el versículo, yo veía el término “paga” como que era algo que Dios te iba a dar como castigo o como recompensa. Pero la unidad lo que habla es de dos amos diferentes, y está apelando a una institución del mundo antiguo, que era la institución de la esclavitud. Yo sé que cuando uno habla de esclavitud al día de hoy las personas están pensando en barcos negreros del siglo XVII, en personas con cadenas, pero la esclavitud en el siglo primero no era así. La esclavitud era una forma de trabajo.

Cuando usted no tenía los medios para valerse por usted mismo, entonces usted se entregaba en condición de esclavo para trabajar para alguien más y eventualmente usted podría comprar su libertad. Pero cuando usted se entregaba en condición de esclavo, no trabajaba de 8 a 5: usted vivía donde su señor y estaba completamente sujeto y sujetado a la autoridad de esa persona de la casa. En este momento se nos muestran dos señores: se nos muestra el pecado como el señor para el cual nosotros trabajábamos anteriormente y su paga, y se nos muestra a Cristo Jesús, Señor nuestro. Y el argumento es que servir a Cristo es mejor que servir al pecado, pues el pecado da una paga; la paga del pecado es muerte, pero el regalo de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro, el nuevo amo que tenemos por delante.

Clarifico esto, hermano, porque la Escritura habla de la esclavitud y las personas se escandalizan. Cuando la Escritura habla de esclavitud te está hablando de un tipo de relación laboral que existía desde el mundo antiguo y que probablemente no había degenerado tanto como degeneró en el siglo XVII. Para tú entender textos como este, tú deberías entender que se está hablando de una relación laboral, por decirlo de algún modo. Anteriormente servías al pecado y ahora sirves a Cristo; anteriormente, al servir al pecado obtenías una recompensa, y ahora, al servir a Cristo, obtienes otras recompensas. Son dos relaciones laborales: has dejado un empleador y has tenido otro empleador, has dejado un señor para tomar otro señor.

Servir a un solo Señor: pecado o justicia

Solamente para clarificar, leo los versículos anteriores, desde el 15. Dice:

¿Qué, pues? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? En ninguna manera. ¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia? Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados;

— Romanos 6:15–17

Te está mostrando el momento en que dejaste el señor anterior para tomar el nuevo Señor.

Y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia.

— Romanos 6:18

Ten esa palabra en mente: “libertados”. No fue que tú cambiaste; alguien te libertó del pecado. Y libertados del pecado viniste a ser siervo de la justicia. O sea, que en este momento tú no estás en el aire, estás sirviendo a otro Señor, siervos de la justicia. Los traductores luchan con estos términos, hermano, porque tienen connotaciones políticas; era un poco raro que le pongan ahí “esclavos de la justicia”, pero el término es el mismo, es doulos. Te está mostrando que anteriormente tú eras esclavo del pecado y ahora eres esclavo de la justicia en Cristo; que anteriormente tú estabas sometido al pecado y ahora deberías estar sometido al señorío de Cristo.

Parece escandaloso, pero es que Cristo es un buen Señor. Oigan las cosas que tengo yo por delante ahora, hermano: explicarle que hay una forma de esclavitud que es buena. Tremenda cosa, hermano, para uno predicar, qué “estimulante”, ¿verdad?, pensar que hay una forma de esclavitud. El Nuevo Testamento muestra al creyente como un esclavo de Cristo y muestra a Cristo como un buen Señor de ellos. Nosotros voluntariamente nos sometemos al señorío de Cristo porque entendemos que la recompensa de Cristo es mejor y que el carácter de Cristo es mejor que nuestro señor anterior. Es para nosotros un placer.

Avanza un poco más y dice, en el versículo 19:

Hablo como humano, por vuestra humana debilidad; que así como para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la justicia.

— Romanos 6:19

Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia. Te está mostrando que cuando anteriormente tú eras siervo del pecado, no había una expectativa de que tú cumplieras la justicia.

No se pueden servir dos señores

Parece que estoy volando mucho, hermano, pero lo que estoy es clarificando que hay dos estados: un estado anterior donde servías al pecado y un nuevo estado donde sirves a Cristo, y que si tú eras siervo del pecado no hay una voluntad de que tú sirvas a Cristo. Tengo que clarificar eso porque esa es la clave para entender el Evangelio. Las personas entienden que realmente pueden servir a dos señores, y no es posible. Las personas entienden que realmente pueden servir al pecado y servir a Cristo, y Él te está diciendo: no es posible.

Cuando ustedes eran siervos del pecado, no estábamos esperando que sirvieran a la justicia; y si ustedes van a servir a la justicia, entonces no serán siervos del pecado. Yo sé, hermano, que nosotros vivimos en el siglo XXI y la gente tiene hasta cuatro empleos diferentes: hace un trabajo aquí, otro allá, tiene “una búsqueda”, ese es un término. Y al mismo tiempo, si usted le llama para hacer otra cosa que él no ofrece dentro del catálogo, también le da ese servicio. En el mundo antiguo usted tenía un señor o tenía el otro, pero no tenía dos.

Está mostrando que no es posible tú vivir en el pecado y vivir en Cristo al mismo tiempo, y que cuando tú vivías en el pecado, Cristo no tenía expectativa alguna de que tú le sirvas. Pero que si tú vas a tener a Cristo como Señor, irremediablemente tú vas a tener que renunciar al señorío del pecado. Son dos estados: estás en Cristo o estás en el pecado.

Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia. Hermano, no debemos esperar que aquellos que están sirviendo al pecado al mismo tiempo sirvan a Cristo, eso no es posible. Pero tampoco deberíamos permitir que aquellos que quieren servir a Cristo sigan esclavizados a la esclavitud del pecado.

Pero ¿qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte.

— Romanos 6:21

Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios —mírenlo aquí de nuevo—, anteriormente tu señor era el pecado y ahora tu Señor es Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación y como fin la vida eterna. Y aquí es que corona el capítulo, dice él:

Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.

— Romanos 6:23

Te están haciendo una oferta laboral. ¿Sabemos para qué estás trabajando? Y te estamos mostrando cuáles son los beneficios de tu empresa y el carácter del Señor para el cual tú vas a servir. Hay dos señores: tú sirves al pecado o sirves a Cristo, son dos. Aquí hay contrastes que se van mostrando: se muestra el pecado y a Dios como dos señores; se muestra la paga y la dádiva como el sustento que te dan los señores; y se muestra la muerte y la vida eterna como sus consecuencias. Si trabajas para el pecado tienes la muerte; si trabajas para Cristo tienes la vida eterna. Todo está contrastado, son dos planes laborales.

Si estás “desempleado” —aunque no lo estás— y tú estás buscando trabajo, y puedes trabajar para dos señores diferentes, te están mostrando cuál es. Yo predico estas cosas porque creo que lo que está detrás de la falta de devoción o hasta de madurez es el desconocimiento de tu presente o anterior condición. La gente realmente no sabe que está trabajando para el pecado. De hecho, no hay nadie que se presente a sí mismo como un pecador practicante; la persona lo que dice es: “yo no soy tan bueno como debería ser, pero yo amo a Dios; yo realmente no estoy tan degenerado como están otros, pero mi corazón está bien”.

No te vengo a echar tierra, pero para que tú recibas la vida deberías reconocer tu condición de muerte. Para que tú veas a Cristo deberías conocer el pecado, y para que tú ames el regalo de Dios deberías reconocer cuál es tu verdadera condición. Porque una persona que recibe las verdades del Evangelio y no ha reconocido su anterior condición pondrá un “accesorio” en su vida; pero una persona que ha reconocido la deplorable condición cuando era un siervo irremediable del pecado, entonces va a anhelar vivir la libertad gloriosa de los hijos del Señor.

El tren de la libertad y la posibilidad real de dejar el pecado

Se invierte demasiado tiempo haciendo que el nuevo creyente madure y avance en su fe, pero muy poco relativamente mostrándole al nuevo creyente que debería renunciar al pecado y que renunciar al pecado es posible. Yo sé que tú has intentado durante muchos años hacer la voluntad de Dios y no has podido, pero en este momento en tu corazón no solamente hay una decisión, también hay un poderoso Libertador que ha venido a buscarte. Y no estamos buscando que tú dejes al pecado por tus propios medios; estamos buscando que en este momento te coloques en la posición de ser recibido por el tren de la libertad.

Miren, entre los esclavos antiguos en Estados Unidos había una institución que se llamaba “el tren de la libertad”, que eran esclavos libertos que ayudaban a otros esclavos a ser libertados. Les decían: “tal jueves a las 4:00 de la mañana pasaremos a buscarte; trata de estar en el lugar donde el tren de la libertad pasa, entonces te podamos recibir”. Eran personas que se aseguraban de que esclavos salieran de las plantaciones y fueran a otros sitios donde serían tratados como libertos. Les aseguraban su transportación, les aseguraban su dignidad, les daban algún tipo de bien para que puedan sustentarse en los otros lugares y, sobre todo, les mostraban cómo vivir en libertad.

Las personas, ellos sabían que no solamente necesitaban salir de la plantación, también necesitaban aprender a proyectarse como hombres libres. Yo creo que nosotros hablamos demasiado de Cristo, pero no le mostramos a las personas cómo vivir como hombres libres: que el pecado ya no tiene poder sobre nosotros, que practicar el pecado para nosotros es una opción, pero no una obligatoriedad. Cuando yo entendí eso, en mi vida “explotó” el asunto. Fue como: “¡guau! Yo podría practicar el pecado, yo podría cometer pecado, pero en este momento no estoy obligado a cometer pecado; anteriormente sí”.

Qué cosa más gloriosa, que en este momento para mí el pecado es una opción, pero no una obligatoriedad. Anteriormente lo era: antes de recibir a Cristo como tu Libertador del pecado tú no podías elegir dejar de pecar, tú tenías que pecar, como no puede un esclavo dejar de recoger el algodón. En este momento un cristiano peca, y de hecho lo hace más frecuentemente de lo que el mismo cristiano quisiera hacerlo, pero también te decimos que la libertad es posible, y que no estás obligado a pecar, que puedes vivir en la libertad gloriosa de los hijos del Señor.

Algunos hasta aprenden a comportarse según la norma, pero en privado siguen practicando el pecado. Lo que te está diciendo tu pastor es que tú no tienes que aprender a comportarte según la norma: que tú puedes vivir según la voluntad de Dios. Y qué distinto, hermano. No se le está predicando un “súper santo”, ese es el detalle: la gente piensa que el que le predica como que él vive en otra atmósfera. Yo vivo en su misma atmósfera y yo también lucho con el pecado, pero cuando yo lucho con el pecado ahora lucho desde una posición favorable: estoy luchando contigo, pero tú no eres mi esclavo… tú no eres mi esclavista; estoy luchando contigo, pero tú no eres mi señor.

Yo estoy muy acostumbrado a recoger algodón en tu plantación, y todavía, cuando te veo, tu figura me genera algún tipo de impresión, algún tipo de respeto, hace como que me recoja un poco, pero al mismo tiempo yo recuerdo que en este momento soy siervo de Cristo y que el pecado ya no es mi dueño. ¿Y tú me dices: “y por qué pecas”? Yo mismo me lo pregunto. Por costumbre.

El poder de la costumbre y la nueva identidad en Cristo

¿Por qué el cristiano peca? El cristiano peca por costumbre, por debilidad. Yo trabajé muchos años para una empresa y estaba tan acostumbrado a llegar a esa empresa a las 8:00 de la mañana en mi vehículo, que yo prendía el carro y automáticamente llegaba al parqueo. Y cuando dejé de trabajar para esa empresa, todavía con mi vehículo yo sentía que me quería llevar a la empresa. Y yo decía: “Dios, ¿pero será un código, será un algoritmo lo que hay en mi mente, que mi mente me dice que a esta hora yo siento el carro y me parqueo en el lugar?”. Los años trabajando en el mismo sitio.

Miren, yo podía tener que recordarme a mí mismo: “no, que ya yo no trabajo para esta, trabajo para la otra, ya él no es mi empleador”. El diablo juega eso, a tratarte a ti como su siervo. Y ahora vengo yo a decirle a los hombres libres que han sido libertados del poder del pecado a causa de la sangre preciosa de Cristo: tú no eres esclavo del pecado. Usted es una persona que sabe pecar y que ha pecado mucho, pero dejar de pecar para nosotros es posible, y hay una razón poderosa para dejar de hacerlo: porque la paga del pecado es muerte.

Yo veo aquí a Pablo que está desacreditando el pecado, te está diciendo: no vale la pena. En buen dominicano: “Fulano, ¿sabes lo que te está diciendo? Deja de hacerlo, ya no lo practiques”. Anteriormente eso estaba llevando tu destrucción y ya no tienes la necesidad de ser destruido. Algunos aprenden a administrar el pecado, a convivir con él sin pensar en la libertad. Yo quisiera que el día de hoy ustedes se vayan a su casa con la mente pensando en libertad: “ciertamente durante muchos años yo practiqué el pecado, yo me debía al pecado, el pecado se enseñoreó sobre mí, pero en este momento yo soy de Cristo, y aunque todavía no estoy viviendo así, yo quisiera vivir así”.

Hermano, eso es hermoso, cuando un creyente se incorpora y dice: “yo quiero vivir así; yo no quiero que el pecado me defina”. Yo no sé cuál es tu pecado específico, hermano, pero todos luchamos con pecados diferentes. El pecado es un sistema diabólico que afecta no a todos los hombres por igual: a ti te alcanza de un modo, a mí me alcanza de otro, y cada uno de nosotros tendrá que reclamar libertad en su territorio a causa del poder del Señor.

Hablo en este momento a aquellos que todavía no tienen a Cristo como su Libertador. Tú no deseas a Cristo porque tú no sabes lo mal que estás. Normalmente, cuando una persona hace un presupuesto, se da cuenta del problema que hay en sus finanzas. Eso es revelador. Yo sé por qué es que la gente lucha con hacer un presupuesto, porque cuando tú haces un presupuesto realmente tú descubres cuál es tu verdadera condición. Normalmente estás más endeudado de lo que tú pensabas.

Engaño, esclavitud y la verdadera condición del hombre

Si tú te hicieras un presupuesto espiritual, que es revisar tu corazón ante Dios y sus demandas, ¿sabes por qué tú piensas que estás bien? Porque todavía no has visto cuáles son las demandas de Dios para el hombre. No es que tú “no eres esclavo del pecado”: lo eres por definición, lo eres, y en la práctica también lo eres. Y la única razón por la cual tú dices que tú eres libre del pecado es porque no has intentado vivir sin pecar.

Imagínate que todos los esclavos están en la plantación en este momento, haciendo sus tareas en las cuales espera su señor que ellos hagan, y hay un esclavo que se queda detenido. ¿Qué va a pasar con ese esclavo? Que su señor violentamente le va a recordar cuál es su función: “quédate parado y no lo hagas”, para que tú veas.

Dice que la paga del pecado es muerte. No vale la pena trabajar para el pecado. Es un trabajo mal pagado y es un amo despiadado. “Yo lo hago voluntariamente”, dicen algunas personas. No, tu situación es esclavitud. “Es algo temporal, yo puedo dejar de hacerlo”. Inténtalo. Una de las cosas que más avergüenzan al hombre es cuando el hombre intenta dejar de pecar. Yo creo que dentro de todo ser humano hay una ley moral que Dios ha puesto y un sentido, una brújula; y a veces está muy destemplada, pero todo ser humano quiere hacer lo bueno y no puede.

Hablo con personas que me dicen: “no, yo intenté ser cristiano durante unos meses, pero no pude”. Y ellos no saben lo mucho que yo les entiendo, porque intentabas tú salir del pecado por tus propios medios, y mientras más corrías, más el pecado te alcanzaba. Por tus propios medios no serás libre del poder del pecado, el pecado siempre te alcanza, corre más rápido que tú, es más fuerte que tú.

“Esta es mi elección, yo estoy en control, es algo temporal”. Intenta salir. Otros dicen: “yo soy esclavo, pero yo vivo mejor que los hombres libres”. Había esclavos en la antigüedad que les llamaban “esclavos de la casa”. El esclavo de la casa era una persona que no se tenía en la plantación, sino que se tenía en la casa, y un esclavo de la casa parecía que era un hijo, pero no era hijo.

Tú no eres hijo, tú eres un esclavo de la casa. De hecho, entre los negros libertos había cierto prejuicio hacia aquellos que se consideraban “esclavos de la casa”, pues el esclavo de la casa se comportaba como si fuera un hombre libre, pero él sabía que él no era un hombre libre. Tú eres un esclavo igual que yo; lo único es que tú vives adentro y yo vivo afuera. “No, yo como mejor que tú, yo vivo igual que ellos”. Tú no vives igual que ellos: tú sigues siendo un esclavo, aunque seas un esclavo de la casa.

Otros dicen: “la vida en libertad no es tan atractiva, apasionante o cómoda como la vida en la esclavitud lo es”. Tiempo atrás, hermano, yo asumí como una de las cosas a las que yo me iba a dedicar: mostrar que la vida cristiana es más interesante, más atractiva, más relevante, más satisfactoria que la vida en el pecado. Y hay cosas que hay que dejar de exaltar. De hecho, yo oigo a creyentes hablando del pecado y todavía hablan del pecado como si fuera tan atractivo, cuando no lo es.

Dejar de exaltar el mundo y sus “pagas”

Y hablo con cuidado, hermano. Hay personas que viven en barrios peligrosos que llega un momento que ellos exaltan ese lugar: “no, mira, aquí se vive…”. La gente debería estar resaltando que lo que está pasando ahí es violencia, lo que está pasando ahí es corrupción, lo que está pasando ahí es poco espacio, y si el Señor le da los medios, sálgase. No es traer un prejuicio, hermano, es ilustrar un punto. ¿Cuál es el punto? Que vivir en libertad es mejor que vivir en esclavitud, y que por muy cómodo que viva el esclavo, el esclavo es esclavo, y que hay que dejar de exaltar las cosas del mundo, porque las cosas del mundo no pueden ser comparables con las cosas que el Señor tiene para nosotros.

Calcule como asunto de diseño: el mundo es una distorsión del diseño de Dios, es una caricatura; dramáticamente ha sido dañado y no me diga usted que eso es mejor que el diseño original de Dios. Vivir según el diseño de Dios —o como la Escritura lo llama, vivir en santidad— es mejor que vivir según el sistema del pecado. Dicen otros: “yo soy esclavo porque aquí recibo un buen sustento, una paga”. Es tan interesante que muestra que el pecado paga, y es verdad; pero una de las cosas que dice es: “paga”… es verdad que paga, pero, ¿qué fruto tenéis?

Pero ¿qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte.

— Romanos 6:21

¿Cuál es el fruto? “No, mira, yo estoy viviendo aquí una vida plena como pecador, viviendo de espalda a Dios y de espalda a su voluntad, y me está yendo bien”. ¿Cuál es la paga? “La fama es la paga, yo soy reconocido”. ¿Y para qué te sirve? El placer es la paga, un placer temporal, efímero, que no dura.

Yo te he persuadido, hermano, de corazón, que el gozo que yo he recibido en Dios es diez veces, cien veces… no hay comparación alguna con cualquier cosa que hemos dejado en el mundo. De forma tal que el mundo en este momento, para mí, no es más atractivo que lo que era antes; cualquier forma de placer que yo pueda encontrar fuera de Dios va a ser un placer intenso, pero muy, muy efímero y siempre me va a dejar más insatisfecho. De forma tal que es un ciclo vicioso: ¿qué me da el placer de los tragos? ¿Y qué hace? Te pega otro trago hoy, otro mañana, y cada vez te deja en el mismo lugar.

No hay nadie que se beba un litro hoy y otro litro mañana y se encuentre dos litros “mejor” que la situación en que se encontraba ayer. No hay futuro en eso, no hay un deleite permanente, no se acumula, te deja cada vez peor: tus relaciones lo sienten, tu vida lo siente. Hablemos de la promiscuidad sexual: ¿cuántas son las personas en este momento que están incapacitados para conectarse con alguien más porque han vivido utilizando algo bueno que Dios les ha dado de manera destemplada? ¿Qué es lo que te ha pagado el pecado?

Escuchaba un promiscuo diciendo que ha estado con 200 mujeres, y yo le leo entonces lo mismo que dice el texto:

Pero ¿qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte.

— Romanos 6:21

¿Para qué te ha servido? ¿Y si con matrimonio, para qué? ¿Me siguen el pensamiento, hermano? Te está mostrando que no vale la pena trabajar para el pecado, y a menos que tú desacredites el pecado, vas a volver a practicarlo. Es un asunto de convicción cristiana: lo que hemos recibido en el Señor trabajando para Él y haciendo su voluntad es inmensamente superior que lo que se convoca en el mundo.

Muerte y vida: más que existencia física

Pero mientras tú le eches “flores” a aquello y no lo desacredites, tú vas a volver a practicarlo. “No, y mira, viviendo de espalda a Dios, yo me he hecho rico”. ¿Para qué? En resumen toco: la paga del pecado es muerte; es realmente muerte. Y alguien me dirá: “pero yo estoy vivo”. Es casi como que la vida, en términos bíblicos, es mucho más que existencia física; la muerte, según los términos bíblicos, es mucho más que la falta de señales vitales. La muerte es un concepto mucho más amplio: primero tú te mueres por dentro, después te mueres por fuera.

A Adán le dijeron en el Jardín del Edén —esto es boca al Edén— le dijeron: “no comerás de ese árbol, porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”. Y Adán comió. Y Adán, como niño, dice: “pero yo estoy vivo”. No, él estaba físicamente vivo durante un tiempo, pero la parte más importante de su vida ya murió. Y la única razón por la cual tú entiendes que estás vivo es porque no has conocido la vida que hay en Cristo. Si tú entendieras la vida que hay en Cristo, entonces tú entenderías que anteriormente estabas muerto.

Y por eso yo no entiendo cuando una persona dice que en este momento nació de nuevo, pero que él tiene la misma “vivedad” que tenía antes. Si tú tienes la misma vida que tenías antes, sigue buscando, porque todavía no tienes la vida en Cristo. Así como la vida eterna es calidad y extensión, la muerte también no es solamente muerte física, es también muerte espiritual.

En el momento que tú practicas el pecado, mueres espiritualmente, mueres moralmente y tarde o temprano mueres físicamente. Y si tú comparas la vida eterna con nuestra existencia temporal, te vas a dar cuenta de que vivir durante 70 u 80 años realmente es un instante en el que tú te has muerto. Compara la eternidad con tu existencia temporal y te vas a dar cuenta de que, viviendo de espalda a Dios, ya tú estás muerto.

¿Qué nivel de degeneración hay que esperar tener para tú darte cuenta de que estás muerto? Las autopsias no las hacen para determinar que estaba muerto en el momento en que ya está descompuesto; todavía está caliente, el cuerpo todavía se siente algo… está muerto. No compares la muerte con relación a la vida física, compárala con la eternidad. Si realmente en este momento tú no estás en Cristo, ya tú estás muerto, aunque tu cuerpo no se haya descompuesto, porque la paga del pecado es muerte. Eso es lo que estoy mostrando.

La dádiva: vida eterna que empieza ahora

Hablé mucho de esa paga; ahora el regalo, que es la vida eterna. Es más una comparación: porque la paga del pecado es muerte —no trabajes para el pecado, lo que te puedo decir es: no vale la pena, no es un buen negocio, no rinde, no es un buen señor—. Ahora te dicen: “mas la dádiva de Dios es vida eterna”. “Vida eterna” no es muy atractivo para la gente, porque están pensando en el cielo. Y sí, no deja de ser cierto, pero tú puedes comenzar a experimentar vida eterna ahora mismo.

“Eterna” es algo que no tiene comienzo ni tiene fin. De hecho, el símbolo con que representan “eternidad” es el ∞, es una línea que no tiene comienzo ni final. A mí me encontró Caro tomando una clase de geometría, y me dice: “¿y qué es lo que tú haces tomando esa clase de geometría?”. Volví a repasar los conceptos básicos: punto, línea, segmento, línea paralela. Y el concepto de “línea” en geometría no es un segmento; una línea no tiene inicio ni tiene final, lo que tiene inicio y final es un segmento.

La diferencia entonces: la eternidad no es un segmento, la eternidad es una línea que se proyecta y usted no sabe dónde comenzó y usted no sabe dónde termina. De forma tal que si decimos que tenemos en Cristo vida eterna, no es una vida que va a comenzar en un punto, sino una vida que ya comenzó desde ahora, y los beneficios de la vida eterna ya los estamos disfrutando. De hecho, nosotros no hablamos de vida eterna como que todos los seres humanos tienen vida y nosotros tenemos vida eterna; nosotros entendemos que los seres humanos sin Dios, sin Cristo, están muertos, y nosotros tenemos vida, y esta vida es eterna. Eso es lo que decimos.

“No, pero nosotros los dos estamos vivos”. Tú estás muerto, yo estoy vivo, es lo que te puedo decir. “Ah, oye esta gente, ahora ellos entienden que son los únicos que están vivos”. Por definición, el único ser que está vivo en la tierra es el ser que ha nacido de nuevo en Cristo, porque está vivo físicamente, espiritualmente y moralmente vivo; los otros están adormecidos. ¿Cuál es el regalo? Es interesante que no nos muestre esto como un pago:

Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios…

— Romanos 6:23

No te está mostrando “mas la paga de Dios”, porque Dios no te está pagando. La salvación no es algo que tú tuviste por tus propios medios, es un regalo que tú recibes del Señor, de forma tal que tú no puedes pagarlo. Tú trabajas para el pecado, el pecado te paga mal, pero tú no trabajas para Cristo en el sentido de ganar la salvación; esto no es un salario lo que Él te está dando.

El término “dádiva” es un precioso término que transmite algo que tú no pagas por esto, tú lo obtienes. De hecho, los orgullosos dicen: “a mí no me den dádivas, no me den cosas de las cuales yo tenga que agradecer”. La salvación es una dádiva, es un regalo: tú no te ganas tu salvación, tú no ganas tu salvación, Cristo la ganó por ti.

Yo lo anoté, hermano, para repetirlo, porque hay cosas que me interesa dejar en su mente, que fue lo que anoté: que el regalo que te da la vida es un asunto en su cualidad y también en su duración, es vida y es vida eterna. Cristo también lo dijo: “yo he venido para que ustedes tengan vida y para que la tengan en abundancia”. Vida eterna no es una vida que comenzará en un punto; vida eterna es una vida que desde ahora tú comienzas a experimentarla.

Siempre recuerdo a la samaritana. La gente ve a la samaritana nada más como una mujer promiscua. No era solo una mujer promiscua, era una mujer insatisfecha. Ella había probado a ver si a través de los hombres, a través de un marido, ella podía conseguir plenitud.

Y el Señor le dijo: “Tú has tenido tantos maridos y el que tienes ahora tampoco es tuyo”.

— Juan 4 (paráfrasis)

Ahí no hay plenitud. Pero cuando tú bebas del agua que yo te daré, será como un río que salta para vida eterna y no tendrás sed jamás. Lo que le estaban dando a la mujer samaritana no era un marido, lo que le estaban dando era un tipo de agua que es tan satisfactoria, algo que da tanta plenitud, algo tan profundo, que tú sientes que eso es como un río que salta para vida eterna y que tú no tendrás sed jamás.

Hermano, lo que quiere Cristo darnos a nosotros es una satisfacción muy plena, muy profunda, una completa libertad. Leo solamente algunos textos para reforzar el punto de que no es solamente un asunto cuantitativo de proyección de tiempo, también es cualitativo. Yo tengo vida eterna; no te estoy diciendo que yo voy a vivir para siempre solamente, te estoy diciendo primero que estoy vivo, y después que esta vida en mí no cesará.

Vida verdadera para los que estaban muertos

Lo que anoté fue: la diferencia entre el cristiano y el no cristiano no es que ambos tienen vida y el cristiano tiene vida eterna, sino que ambos estaban muertos y el cristiano fue despertado a la vida en Cristo. Desde aquí y hasta la eternidad, cuantitativa y cualitativamente son distintos. Entender que también es un asunto de calidad te lleva a buscar intensamente esa plenitud de la cual habla la Palabra.

Yo reconozco eso, hermano: hay creyentes que son salvos, pero no viven en plenitud. Del mismo modo hay hombres que eran libres y vivían como si fueran esclavos, todavía haciendo reverencia, todavía cumpliendo el horario del pecado, todavía teniendo una gratitud a su señor anterior, todavía no se proyectaban con libertad. Y hay cristianos que no tienen plenitud de vida.

Efesios 2:1: “Y Él os dio vida a vosotros…”

— Efesios 2:1

Interesante el “a vosotros”; quienes tienen vida son “vosotros”. La Escritura no muestra la vida como un asunto que está al alcance de todos los hombres, muestra la vida como un asunto que algunas personas lo tienen: Él os dio vida a vosotros —subraya “vosotros”— cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados. Y tú dices: “no, que yo no sabía que estaba muerto”. Tú no lo sabías, pero estabas muerto.

Recuerda que para tú desear ese regalo, la vida, tú tienes que reconocer que tú estabas muerto. Un amigo de hace muchos años fue a una farmacia y se hizo una prueba de estas de presión, que hay una máquina. Él estaba en la farmacia y vio la máquina y metió el brazo. Y salió de ahí, hermano, y terminó casi interno. Él no sabía que era hipertenso, no sabía que tenía tanto problema, pero un pequeño examen que él se hizo en una farmacia terminó en emergencia, medicado, en una condición… él estaba al borde de la muerte, no lo sabía, estaba casi colapsando.

Quizá tú has venido a la iglesia por menor graves y tú dices: “no, pero yo vine a la iglesia buscando paz, y ahora me doy cuenta de que esto es peor de lo que yo estaba”. Ese es el propósito, para que recibas el regalo, porque la paga del pecado es muerte, mas el regalo de Dios, la dádiva de Dios, es vida eterna.

Juan 1:4: “En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres”.

— Juan 1:4

La vida no era algo que estaba en ti naturalmente, estaba en Él, y Él te da vida.

Juan 10:10: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”.

— Juan 10:10

Si la vida es realmente eterna, en algún sentido ya se está manifestando en ti. He estado hablando primero de desacreditar tu empleador anterior, diciendo: “suelte eso, no vale la pena; la paga del pecado es muerte”, de forma tal que cuando te hablen de ese trabajo, tú no vas a querer ponerlo ni en tu hoja de vida. Hay trabajos que uno ha tenido, hermano, que uno ni siquiera los cita.

Yo tuve trabajos así, hermano, que… no. Debe sorprendernos todo creyente que se ufana de su vida anterior y siempre vive hablando de eso como si fuera ganancia. Si realmente tú has tomado eso como pérdida, lo has tomado como estiércol, como dice la Palabra, no será algo para ufanarse. De hecho, lo que te dice es: “¿qué provecho tuvieron ustedes cuando vivían así?”. ¿Cuál fue el fruto de practicar el pecado? Nada.

He mostrado que la paga del pecado es muerte y he mostrado que hay un regalo, y el regalo es vida eterna. No es “hay vida para que viva en el cielo” solamente; hay vida para que eso comience ahora, y que se proyecta durante la eternidad, y esto va de gloria en gloria. A diferencia de la vida sin Cristo, que esto va de deceso en deceso, de tristeza en tristeza, de decadencia en decadencia, la vida que está en Cristo es algo que va de gloria en gloria y es un efecto acumulativo.

Lo ilustré, hermano, con un pote de whisky: usted bebe dos y usted no vive dos veces más feliz, ¿entiende? Lo mostré con el sexo desenfrenado: usted tiene cinco mujeres y no por eso está cinco veces más feliz. Y lo mostré con los bienes: usted tiene una propiedad, tiene doce, y porque tenga doce propiedades no es más feliz. En Cristo el gozo es acumulativo, y mientras más uno vive de espalda al pecado y de frente a Dios, más gozo hay en el corazón.

En Cristo Jesús, Señor nuestro: no religiosidad, sino relación

Quiero mostrarles cómo se recibe el regalo. Dice: “en Cristo Jesús, Señor nuestro”. Me encanta cuando dice “Señor vuestro… nuestro, el mío”. Él, que ya desacreditó el pecado y decía que el pecado no es un buen empleador, en este momento dice: Él es mi empleador, Él es mi Señor, yo estoy sujeto a Él, y ustedes también.

Miren, nosotros no deberíamos confundir religiosidad con una relación personal con Jesucristo. La gente asume que los latinoamericanos somos como muy cristianos, muy devotos. Eso no es así. Realmente lo que hay en Latinoamérica es como un teísmo popular, la gente es vaga, lo que hay es sincretismo. Pero eso de tener a Cristo Jesús como Señor nuestro no es algo que las personas lo tengan naturalmente.

Lo que hay por aquí es una combinación entre valores familiares y realismo mágico —como le llamaba Gabriel García Márquez a ese asunto—, un mundo sobrenatural, un mundo fantástico, irracional, donde todo es posible: cuentos de camino, lo que hay por aquí, muchas historias exageradas contadas como si fueran reales, asuntos que causan asombro: “que yo vi una luz, que un bacá que sale”, y cosas parecidas. Eso es lo que hay en Latinoamérica, hermano. Yo no creo que nosotros seamos una nación cristiana, somos una nación sincrética, ideas variadas.

La gente dice: “no, yo soy muy creyente”. No confundamos religiosidad con una relación personal con Jesucristo, pues ese regalo de la vida eterna no se obtiene a través de la religiosidad; se obtiene a través de una relación personal con Jesucristo, Señor vuestro, Señor nuestro. Quiero mostrar que la fe cristiana no es una religiosidad etérea, no es un asunto como en el vacío. “No, ser un creyente es un estorbo que la persona tiene para recibir a Cristo en una relación personal” —es que ellos entienden que ya son creyentes—.

Tú no eres un creyente en Jesucristo en una relación personal. “No, yo creo en Dios, donde quiera que me invitan, yo voy”. Ahí tú te das cuenta de que tú no sabes, porque el decir que donde quiera que tú invitas, tú vas, es evidencia de que tú no sabes dónde está la vida eterna. Ha habido otra persona que quiere como no cerrar ninguna opción: “no, mira, yo voy ahí, también allí, yo como de eso, también de aquello”. Tus múltiples fuentes de salvación y vida eterna anuncian que todavía no la tienes, porque si la tuvieras hubieras rechazado las anteriores.

Estuve leyendo esta semana una especie de autobiografía que escribió C. S. Lewis, donde él narra su conversión. Y él dice que se desencantó porque las personas hablaban de la fe cristiana como hablaban del paganismo y de cualquier religión del pasado. Y él dice: “si no hay ninguna diferencia entre el cristianismo y las demás religiones, entonces yo he perdido mi tiempo”, y perdió su fe. Y es una realidad: si nosotros entendemos que en muchos lugares hay “agua de la que salta para vida eterna”, no, realmente deberíamos dudar de que nosotros seamos salvos.

Porque la paga del pecado es muerte, mas el regalo de Dios es vida eterna… ¿subiendo un monte, yendo a una cruz que está en algún sitio, hablando con una persona que es espiritista? No, no, no. No son espiritualidades varias. Vida eterna es una persona específica: en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Un cristiano no es una persona que cree en cualquier —y hablo con respeto, pero al mismo tiempo despectivamente— en cualquier disparate de los muchos disparates en los cuales creen los hombres. Un cristiano es alguien que ha colocado su esperanza de salvación en un solo punto, y ese punto es Jesucristo. No es un código, una manera de vivir. La gente habla del cristianismo como si fuera una manera de vivir, un coach, un “life coach” motivacional que te da una manera de vivir. Saludo a todo ello, hermano, no nos vamos en contra de ninguna de esas cosas, dele para alante; si usted no tiene a Cristo, siga a alguno de ellos, porque agarre algo.

No, no, hermano, no es que quiero ser pragmático, pero la verdad es que si ustedes logran ordenar un poco su vida y demás, en la gracia común, esas cosas te pueden hacer bien. Ahora, si usted tiene a Cristo, rechace lo otro. Al mismo tiempo, no se lleve de que puede mezclar todo: deje lo demás. Porque, ¿qué provecho tuvieron ustedes cuando vivían así? Eso es lo que está diciendo el apóstol Pablo.

Para la mente de algunos, vida eterna es una fuerza o un sobrecogimiento. La gente anda buscando que va a tener vida eterna cuando sienta una fuerza, una luz: “yo vi algo…”. No es una fuerza, no es una luz, no es un sobrecogimiento. Aquí mismo está lo que dice la manera en que se obtiene.

Obedecer la doctrina y soltar las falsas seguridades

Versículo 17:

Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados.

— Romanos 6:17

¿Cómo yo dejé la esclavitud?, dice él. Obedeciendo de corazón a aquella forma de doctrina. Es recibir una forma de doctrina y vivir así en obediencia. Yo no dudo, no quiero poner duda en la salvación de nadie, no quiero ahora hacer que alguien pierda su fe, pero si tú lo que tienes son retazos de cosas raras, antiguas y demás, yo quisiera decirte que eso no va para ninguna parte.

Yo no quiero que tú pierdas tu fe en Cristo, yo quisiera que tú pierdas tu fe en las otras cosas que no son Cristo. Hay el caso de creyentes verdaderos que todavía no han alcanzado madurez en su fe y no saben objetivamente hablar. Usted, para ser salvo, no necesita entenderlo todo. Ahora, sería triste que usted sea salvo y no entienda.

Yo admito, hermano, que hay personas que han sido salvadas por el Señor poderosamente, providencialmente; el Señor los salvó primero y les dio entendimiento después. Pero si usted realmente es salvo, entienda, para que se goce, sepa dónde está parado en asuntos de fe y cuál es su esperanza, y de dónde viene. Tú te das cuenta de que alguien tiene un pobre entendimiento o una falsa profesión de fe —porque ambas cosas son posibles— por cómo habla.

Algunos todavía ven la vida eterna y la salvación como un pago o una recompensa: “yo dejé tal pecado, y por eso el Señor me va a recibir en el cielo”. Tú te das cuenta de que no entendió, porque todavía está hablando en términos de pago, no de dádiva. “No, porque yo tengo tantos años ya siendo un cristiano, por eso yo soy salvo”. Tú puedes pasar 20, 40 o 60 años y todavía no tener vida plena, estar caminando a la condenación; no es un asunto de años.

De hecho, la misma dádiva que tiene aquel que nació hoy en Cristo es la misma dádiva que tienes tú que tienes 20 años en Cristo. Pero cuando alguien habla de su fe todavía en término de paga y recompensa, te das cuenta o de que no ha tenido todavía un encuentro personal con Jesucristo o de que no tiene fe, porque no es recompensa, es dádiva: el regalo de Dios.

Otros todavía no sienten contrición por su estado anterior. Dice el apóstol Pablo que deberías avergonzarte de haber vivido así. Una persona que dice: “guau, yo… uff, y así era que yo estaba”. Si hay que hablar de eso, se habla, pero yo quisiera ni siquiera recordarme que así estaba. Yo tan perdido estaba, tan anestesiado estaba, tan ignorante era de los asuntos espirituales, que… solo para reírnos, ¿no? No. Se te pasa a ti vergüenza decir: “pero de allá es que vengo yo”.

Dice él que asimismo ustedes deberían, en cuanto a esas cosas, avergonzarse. Si alguien todavía no se avergüenza un poco de su estado anterior, significa o que no ha entendido o que todavía no ha recibido la vida eterna.

Otros hablan de salvación fuera de Cristo. Tú no eres salvo porque leíste un libro, tú no eres salvo porque tú entendiste la doctrina cristiana. Hay gente que entendió la doctrina cristiana y aún entendió intelectualmente, entendió su armonía, y aun así esa doctrina no ha llegado a su corazón. Estudios, logros, trabajo, moral de foto, superioridad: “yo soy salvo porque no soy tan malo como fulano”.

Hechos 4:12: “Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres en que podamos ser salvos”.

— Hechos 4:12

Tú no eres salvo porque tú practicas una religión; tú eres salvo en el nombre de Jesucristo.

Juan 14:6: “Jesús dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”.

— Juan 14:6

Había alguien que me dice: “mira, que yo entré, pero yo entré como por la puerta de atrás, conmigo hicieron una excepción”. “Nadie viene al Padre —dice— sino por mí”, dijo Él.

Porque la paga del pecado es muerte, mas el regalo de Dios es vida eterna en Cristo Jesús. Él dijo:

“Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos”.

— Juan 10:9

“No, yo tengo una bonita relación con Dios a través de Cristo… no, no, Él y yo directamente”. No la tiene. No se oye como medio altivo cuando uno habla de estas cosas, hermano, pero es por amor. ¿Me ven la diferencia? No es altivez, no es como entristecer a la persona innecesariamente, pero si alguien te dice que tiene una bonita relación con Dios y él no conoce personalmente a Cristo, no la tiene. Él se ha autoengañado, como hay gente que vive pensando que tiene relaciones con gente famosa que sale en la televisión.

Que Cristo sea verdaderamente Señor

Sí, hermano, yo tenía una amiga que su hermano tenía una bonita relación con Gloria Trevi, y ella me parecía que ella con Enrique Iglesias. Y hay gente que vive en esos sueños, y hay gente que dice que tiene una bonita relación con Dios sin Cristo. No hay relación con Dios sin Cristo.

Oigan los términos que Él utiliza: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida”. Hay gente que dice: “yo te voy a mostrar un camino”; Él es el camino. Hay otro que te dice: “yo te voy a mostrar una cosa que tú vas a sentir una fuerza”; Él es la vida. “Te voy a mostrar una filosofía que te va a dar salvación”; Él es la verdad.

Dice Él que “nadie viene al Padre sino por mí”. De modo que si alguien llegó al Padre y no llegó por Cristo, está mintiendo o se está autoengañando. ¿Cómo yo sé que estoy en Jesucristo, Señor nuestro? Fíjate en la parte “Señor”. Es el mismo término de “Señor” con que se describe tu relación con el pecado, una relación de sujeción. La única diferencia es que esta es voluntaria: el pecado te sujetaba a ti, y tú voluntariamente te sujetas a Cristo y le entregas tu vida y pones que Él sea tu Señor.

¿Cómo yo sé que estoy en Cristo? Un test rápido, barato, no hay que sacar sangre. ¿Cómo yo sé que estoy en Cristo? Porque Él es tu Señor, y si Él es tu Señor, tú lo sientes. Alguien me dice: “yo trabajo en tal empresa”. Yo le pregunto: “¿y estás yendo? ¿Y tienes un jefe? ¿Y estás entregando algo? ¿Y te están pagando?”. Cuando viene a ver, usted no trabaja ahí. Pregunte.

“No, yo tengo una bonita relación con Dios”. ¿Y tú estás sujeto a Cristo? ¿Él es tu Señor? ¿Cómo tú sabes que estás en Cristo? Porque le conoces personalmente, Él reina en tu corazón, dices “Señor nuestro” con propiedad. Hay gente que me habla de una bonita relación con Dios, pero cuando yo le hablo de Cristo me habla como con miedo, me habla como con cosas raras. Algunos hasta se asustan.

Alguien me dice: “yo soy cristiano”, y yo le pregunté: “¿y cómo le conociste?, ¿qué tú estás diciendo?”. Es sencillo: ¿cómo le conociste? No abuso, hermano, de esto, pero en una relación de matrimonio casi siempre te preguntan: “¿y cómo se conocieron?”. Y cuando uno de los dos no responde rápido, en esa casa hay problemas. “¿Ah, ella es tu esposa? ¿Y cómo se conocieron?”. “Bueno… yo como que…”. Ese “bueno” no iba.

“Tú tienes una bonita relación con Dios, ¿y cómo tú conociste a Cristo?”. “Ay, sí, te cuento, mira…”. ¡Claro! Tú le conoces personalmente. Sabes que estás en Cristo porque estás en medio de su pueblo; Cristo tiene una familia, una relación familiar con uno. Alguien me dice: “yo soy muy amigo de mi jefe, mira, somos amigos…”. “Vamos para allá, para el trabajo. ¿Y tú has comido en su casa?”. “No, nunca”. ¿Y de verdad son amigos? Óyeme, tú tienes un buen jefe, no un amigo.

Alguien me dice que tiene una bonita relación con Cristo y todavía no conoce su familia. Yo le digo: “¿y tú estás en su familia?”. Hay gente que dice: “no, mira, tú y yo somos como hermanos”. Si tú y yo somos como hermanos, tú has comido una arepa de mi mamá, son cosas así que yo te puedo decir, mínimo. “No, mira, tú y yo somos hermanos”, y realmente tú no conoces a doña Maribel; eso es extraño, que tú no sabes quién es Juliette, que tú no sabes quién es Andrés, que tú no sabes quién es Carolina, y que tú eres mi amigo íntimo. No lo eres.

Que tú tengas una bonita relación con Dios y tú no eres parte de la familia de Dios es rarísimo. Sabes que estás en Cristo porque vives según su voluntad: se llama sujeción. Tú te sujetas voluntariamente. ¿Cuál es el código de tu vida? La voluntad de Dios. ¿Y qué tú haces? Lo que Cristo ha dicho que es bueno. ¿Y cuál es tu anhelo? Hacer su voluntad.

Si no, tú todavía tienes esclavitud. Y si tú estás en esclavitud, te puedo decir:

Juan 8:36: “Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”.

— Juan 8:36

Si usted no está en Cristo, todavía tiene una relación de sujeción con el pecado, el pecado lo está buscando. Y si el pecado realmente es tu señor, sírvele a él; pero si Cristo es tu Señor, sírvele con gozo.

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