Domingos 9:30 AM y 11:30 AM Gazcue, Santo Domingo
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El sosiego que está Jesús

Juan 14:1-6

Al final del ministerio público del Señor, los discípulos se encontraban profundamente turbados. Sabían que habían sido llamados por Él, pero su comprensión de quién era realmente Jesús seguía madurando. En este capítulo, el Maestro los exhorta a no turbarse, recordándoles que la paz no proviene de entender el futuro, sino de confiar en su Persona: «No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí». Este pasaje no es principalmente evangelístico (aunque puede serlo); ofrece consuelo a todo creyente inquieto y nos muestra que no hay vergüenza en reconocer nuestra necesidad de seguir creciendo en el conocimiento del Señor. Nos invita a hallar en esa relación viva la fuente de nuestro verdadero sosiego. Hoy contemplaremos la persona de Jesús —el camino, la verdad y la vida— y cómo esta realidad incomparable puede traer descanso profundo a nuestras almas.

Predicado26 de octubre de 2025
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días… Que el Señor les bendiga mucho, mis hermanos. Abran la Sagrada Escritura, estén conmigo en el Evangelio de Juan. Vayamos juntos hasta Juan, capítulo 14. Evangelio de Juan 14. Es el Evangelio de Juan en el capítulo 14. Estaremos leyendo desde el versículo 1 y hasta el versículo 6, para poner la atención de la iglesia en el versículo 6 del Evangelio de Juan. Juan 14:6, pero leeremos desde el 1 y hasta el 6. Y quisiera mostrarle a la iglesia desde esta porción de la Escritura este sosiego que podemos encontrar en Jesús. Evangelio de Juan, capítulo 14, desde el 1 y hasta el 6, para ponerle atención en el versículo 6.

Dice así la Sagrada Escritura, la palabra del Señor:

No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino. Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino? Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

— Juan 14:1‑6

Leo de nuevo este versículo 6:

Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

— Juan 14:6

Pueden sentarse ahí, mis hermanos. Quizás la primera vez que muchos de ustedes leyeron esta porción del Evangelio de Juan fue en un funeral. Me pasó a mí. Yo era un niño y recuerdo que en el Templo Evangélico de Azua había fallecido un hermano; no recuerdo qué hermano era, pero recuerdo que había un culto funeral y en este culto funeral se leyó esta porción del Evangelio de Juan, Juan 14 del 1 al 6, para mostrarle a la iglesia que en la casa de mi Padre muchas moradas hay.

De forma tal que esta porción de la Escritura dejó en mí como un sabor lúgubre, un asunto funerario. Y llegué a ver esta porción de la Escritura como “el texto que se lee en los funerales”. Sin embargo, yo creo que hay mucha vida en Juan capítulo 14 del 1 al 6. Creo que hay mucho estímulo, mucho sosiego para la iglesia en esta porción de la Escritura. Creo que hay una oportunidad para interiorizar el evangelio de Jesucristo de forma tal que nos sintamos más vivos que nunca.

El Evangelio de Juan es un evangelio particular, pues se ocupa principalmente de las últimas semanas del ministerio de Cristo. Yo espero que usted lo haya leído; si no, léalo. Pero el Evangelio de Juan desde el capítulo 1 hasta el capítulo 21 es una larga presentación de las últimas semanas del ministerio del Señor. Por ejemplo, desde el capítulo 1 hasta el capítulo 10 se ocupa del ministerio público del Señor y cubre aproximadamente dos años y medio. Y después, desde el capítulo 11 y hasta el capítulo 21, rápido, se concentran cerca de tres a seis meses del ministerio de Cristo y el último estímulo del Señor para sus discípulos.

Esta porción, por ejemplo, nos muestra al Señor hablando a discípulos que se encuentran agobiados. El ánimo general era un ánimo así, un ánimo de turbación, de preocupación, de incertidumbre. “Ya parece que todo pasó, y parece que todo pasó y yo me siento más o menos igual”. Quiero implicarte en esta porción de la Escritura, pues es el mismo sentimiento que frecuentemente muchos de nosotros tenemos como creyentes. Ya somos cristianos, ya estamos sirviendo a Cristo, pero pareciera que nuestra alma todavía no ha encontrado aquella cosa que nosotros creíamos que íbamos a encontrar en Cristo.

Es Tomás el que frecuentemente se lleva el golpe, porque pregunta y dice claramente “yo no estoy entendiendo”. Quizás tú te has encontrado en ese momento donde ya algo se está terminando y a ti no te ha llegado lo que debería llegarte. Y tú dices: “Pero se va a acabar el asunto y yo no voy a sentir lo que tengo que sentir, y yo no voy a saber lo que tengo que saber”. El Señor le dijo: “Ey, Yo soy el camino al Padre”.

Tomás, Felipe y la turbación de los discípulos

Dice el versículo 5: “Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?”. Ey, en los grupos siempre hace falta alguien así. Y ese tipo de personas en los grupos hacen un servicio tremendo, porque probablemente todos los discípulos de Cristo tenían el mismo sentimiento, pero no se atrevían a decirlo. Le digo que Tomás se llevó el golpe. Pero en el versículo 8 le dice Felipe: “Señor, muéstranos al Padre, y nos basta”. Jesús le dijo: “¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”.

O sea, que no es Tomás o es Felipe; los discípulos de Cristo todos se encontraban muy turbados en las últimas semanas de haber convivido con el Maestro, después de casi dos años y medio de haber caminado con Jesús. Esta porción de la Escritura se predica frecuentemente en funerales y también en cultos evangelísticos para mostrarle a las personas que Jesús es el camino, es la verdad y es la vida. Y es muy apropiada la porción de la Escritura para cultos evangelísticos. Sin embargo, estas personas que estaban interactuando con Jesús en este momento no están siendo evangelizadas.

Eran discípulos de Jesús, que Jesús intencionalmente le había llamado a cada uno de ellos. Asumimos que eran salvos. Eran hombres piadosos, hombres de Dios, pero que no habían todavía encontrado en Cristo aquello que en Cristo puede encontrarse. Quiero implicarte: el evangelio glorioso de nuestro Señor Jesucristo no solamente es una verdad para creerla, es una verdad para interiorizarla. Y podemos tener muchos años en los caminos del Señor y todavía estar como estaba Tomás, como estaba Felipe y como estaba el resto de los discípulos: muy ajenos a toda la vida que en Cristo puede ser encontrada.

Yo estoy persuadido de que en Jesucristo hay más deleite que el deleite que en este momento yo particularmente he obtenido. Yo estoy persuadido de que en Jesús hay más verdad que la verdad que yo he podido en este momento discernir. Y estoy seguro de que en Cristo hay aún más dirección que la dirección que yo he podido obtener, de forma tal que un discípulo de Cristo anhela encontrar en Cristo todo aquello que Cristo dice que en Él puede encontrarse.

Cuando Él estaba diciendo “Yo soy el camino, la verdad y la vida”, no se lo decía a un no creyente. Se lo estaba diciendo a hombres que ya le estaban siguiendo, pero que en este momento necesitaban reencontrarse con el Cristo de la iglesia, de forma tal que Cristo sea tan glorioso, tan satisfactorio, como Cristo dice serlo.

Cristo como satisfacción profunda en medio de la confusión

Estaba el sábado pasado predicando a un grupo de jóvenes en la Iglesia Evangélica Dominicana. Para mí es muy grato compartir en esa iglesia. Y mientras predicaba otro texto del Evangelio de Juan, yo sentía que este texto estaba informando mi predicación. Cristo debe ser más satisfactorio. Si Él es vida, debería ser verdadera vida para nosotros. Cristo y su verdad deberían ser para nosotros mucho más satisfactorios. Y la verdad del evangelio debería ser mucho más interiorizada de lo que quizás tú lo has interiorizado en este momento.

Y si Cristo es el camino, no puede ser que yo me sienta confundido. Sin embargo, por temporadas, por momentos en nuestro caminar con el Señor, nos vamos a sentir confundidos, nos vamos a sentir insatisfechos y vamos a sentir que todavía nos falta entendimiento. Esto es lo que está ocurriendo al final del ministerio público del Señor: los discípulos se encontraban profundamente turbados. El Señor ya les había dicho que se iba, y ellos dicen: “Pero el Señor se va, pero todavía yo me siento igual”.

Yo leí esta porción de la Escritura y no puedo evitar sentir la impotencia que sentían ellos. “¿Cómo yo le digo a la gente que realmente yo caminé con Jesús y mi corazón todavía sigue en el mismo modo que seguía?”. Por momentos, en mi caminar con el Señor yo he sentido que he estado viviendo —y se lo digo, hermanos, abiertamente, pero al mismo tiempo con cuidado— como una farsa de espiritualidad. Predico verdades que son gloriosas, pero mi corazón sigue buscando su satisfacción en otras partes.

De hecho, uno encuentra otras personas que pareciera que ya encontraron lo que uno dice que debió haber encontrado en Cristo. Y no puedo evitar decir como Tomás y Felipe: “Señor, pero aquí estamos, ¿y qué vamos a hacer con nuestro corazón? ¿Qué haremos con nuestras dudas? ¿Qué haremos con nuestros deseos?”. Me parece que el camino para comenzar a tener profundidad en su vida espiritual es reconocer que necesitamos más de Cristo que lo que de Cristo en este momento nosotros tenemos. Eso no reduce a Cristo, sino que nos reduce a nosotros.

De hecho, lo que hace la adoración cristiana es que nosotros exaltamos a Cristo como que Cristo está en un lugar muy alto. Y nosotros queremos a Cristo, pero todavía reconocemos que no conocemos tanto a Cristo como podríamos conocerle. Y que la vida de Cristo no se ha manifestado en nosotros tan profundamente como nosotros deseamos que se manifieste. Y si usted entiende que llegó, ya llegó. Cuando un creyente se entrega a la idea de que ya entiende, que tiene todo el conocimiento que se puede tener, toda la vida que se puede tener y toda la dirección que se puede tener, ya llegó.

Y cuando un creyente se manifiesta pobre delante de su Dios, entonces yo creo que está en el camino de enriquecerse. De hecho, nosotros deberíamos tener una santa insatisfacción, un pleito en nuestro corazón: “Señor, yo sé que Tú eres satisfactorio, yo sé que Tú eres glorioso, yo sé que Tú eres la verdad; pero mi corazón todavía no está satisfecho”.

El sosiego que viene del conocimiento de Cristo

“No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí”. Parece una desconsideración que a personas que se encuentran agobiadas y turbadas Cristo les dé una clase. De hecho, cuando uno se siente agobiado, lo que quiere es que le pasen la mano. Los discípulos se encuentran confundidos y el Señor no va y les abraza; el Señor les instruye. Hermano, la empatía tiene su lugar, pero la empatía no marcará la diferencia. Cuando tú te sientes agobiado, tú andas buscando que alguien te entienda, pero mi entendimiento no marcará la diferencia.

Cristo, en este momento, está haciendo algo que parece inoportuno, y es que a un grupo de discípulos confundidos, agobiados y abatidos, les va a dar una clase de teología. Y qué difícil es tomar una clase de teología cuando uno lo que quiere es sosiego. Hermano, en el conocimiento de Cristo está tu sosiego. En la interiorización de quién es Jesús para ti está tu deleite. Y en esta profunda verdad yo creo que está tu dirección. No es un abrazo, no es empatía lo que nos hace falta. Lo que nos hace falta es interiorizar profundamente quién es Jesús para nosotros.

“Tú no, ya yo le conocí, le estoy siguiendo hace dos años y medio”. Yo sé. Pero Jesús es más glorioso de lo que tú estás mirando. De hecho, el Evangelio de Juan… la gente ve los evangelios y piensan que son ideas fragmentadas, como un compendio de cosas. El Evangelio de Juan termina de este mismo modo. Termina en el capítulo 21 —perdón, en el 20— diciendo:

Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.

— Juan 20:31

O sea, que el propósito del evangelio no es solamente que tú seas salvo de la condenación, que seas salvo de la muerte, sino que tú llegues a tener vida en el nombre de Cristo. Yo fui salvo de la condenación eterna cuando era muy joven, pero he llegado a ser satisfecho —relativamente satisfecho— a través del tiempo. Usted puede ser salvo, realmente salvo. Sus pecados pueden estar clavados en la cruz del Calvario y usted vivir a blanco y negro.

Sin embargo, uno interioriza el evangelio, y estas cosas se han escrito para que creyendo tengáis vida en su nombre. O sea, que en el nombre de Cristo nosotros tenemos algo más que el triunfo sobre la muerte. Tenemos algo más que esperanza eterna. No solamente tenemos vida eterna; escucha: el término vida eterna no significa solamente vida futura. Lo que significa vida eterna es una vida permanente. Es algo que va desde el tiempo presente y hasta la eternidad.

De forma tal que un creyente no es una persona que camina en esta tierra solamente diciendo: “Yo soy salvo de la condenación”, sino que está diciendo: “Yo también soy salvo de la intrascendencia, soy salvo de la insatisfacción, soy salvo de gastar mi vida en cosas que no producen nada para la eternidad, pero tampoco nada para el presente”. Ahí es que está la perfecta salvación.

De una vida en blanco y negro a la vida plena en Cristo

Entender eso para mí marcó una diferencia, porque yo había sido salvo y yo creía que era salvo porque mis pecados se habían perdonado, y me iba a sentar en una piedra a vivir a blanco y negro, a esperar que Cristo venga. Cuando yo entendí esta verdad, y es que tengo vida en su nombre, yo entendí que la vida es algo más que la esperanza de vida eterna: es vida desde ahora y hasta la eternidad. Y cuando uno asume la vida cristiana con una perspectiva mucho más alta, una expectativa exaltada, la fe de uno se vuelve una fe contagiosa y los otros quieren saber lo que hay en el corazón de uno.

Les decía que el sábado estaba predicando a un grupo de jóvenes y yo les decía a ese grupo de jóvenes que lo que yo recuerdo cuando vine a Cristo es que en mi corazón hubo satisfacción. Y les decía, hermanos —y no me da vergüenza decirlo—, todo eso es como medio doblado, porque yo durante muchos años vivía así como sin ganas, sin gusto. Pero cuando yo llegué a entender lo que era la vida de Cristo comencé a mirar hacia adelante. Y mi vida dejó de ser una vida blanco y negro, y yo tuve verdadera satisfacción.

De forma tal que me ahorré la tarea de estar zafaconeando por el mundo buscando satisfacción donde satisfacción no hay. ¿Qué es lo que tiene un creyente? ¿Qué es lo que tiene un cristiano? Esa es una ventaja competitiva enorme. Nosotros hemos llegado a la fuente, y la fuente es Cristo. Cristo es el camino, Él es la verdad y Él es la vida. En “el camino, la verdad y la vida” se puede resumir todo lo que un ser humano necesita desde ahora y hasta la eternidad.

De forma tal que si una persona todavía no tiene a Cristo, su vida está blanco y negro y tiene razones para andar como un poco apagado. Recuerda que Cristo no le está hablando a un nuevo creyente. Le está hablando a creyentes que habían conocido a Cristo, pero no habían interiorizado el evangelio de Cristo. Y si el Señor me concediera hoy animarte a abrirte el apetito solamente —escucha—, ¿qué espera el predicador? El predicador espera no necesariamente que tú interiorices hoy esta verdad, sino abrirte el apetito.

Que tú sientas que te estás perdiendo de algo. Que tú digas: “Cristo ahí se ve en 4D, y yo siento que todavía tengo que estar moviendo la antena para sintonizar a Cristo”. Entonces, ahí Cristo se ve en alta resolución, pero en mi corazón todavía Cristo no se ve así. Yo sé que soy salvo, pero también quiero ser gozoso, yo también quiero ser pleno, yo también quiero sentirme dirigido, yo quisiera caminar sobre esta tierra como que sé para dónde voy, de forma tal que deje de ser distraído por diferentes caminos, porque Jesús es el camino, Él es la verdad y Él es la vida.

Les decía que parece una desconsideración darle una clase de teología a quienes se encuentran confundidos, a quienes se encuentran agobiados, pero realmente eso es lo que tú necesitas. Es la persona que va al hospital, le van a atender y él quiere que le den abrazos. “No, vamos a darte medicina, vamos a suturarte, vamos a darte lo que hace falta, darte el tratamiento médico, porque lo que tú necesitas es salud”.

Lo que de verdad necesitamos: a Cristo mismo

Tú andas buscando muchas cosas, pero tú lo que necesitas es a Cristo. Y tú crees que necesitas tanto eso porque todavía tú no has visto a Cristo como Cristo ha de verse. Mientras más glorioso se ve a Cristo, mientras más satisfacción se ve en Cristo, menos van a estar tus ojos mirando otra cosa. Recuerda, es un versículo corto dado a un grupo de discípulos agobiados que habían conocido verdaderamente a Cristo, pero no habían conocido profundamente a Cristo. Y son dos cosas distintas. Tú puedes conocer verdaderamente a Cristo, pero conocer verdaderamente a un Cristo parcial, no haber interiorizado a Cristo tanto como deberías. Y esta es la tarea de la vida de uno.

De hecho, el término con que Jesús comienza a presentarse… yo digo, no, pero Jesús quiere que ahora a los discípulos los ponga, los lápices, a pelear. Dice el versículo 6: “Jesús le dijo: Yo soy el camino…”. Yo me imagino que algún discípulo teólogo dice: “Aquí viene Él de nuevo con la misma cosa: yo soy”. Uno escucha ese “yo soy” y para nosotros eso es una palabra, dos términos: “yo soy”. Pero a un judío tú le pones un “yo soy” como ese y hay que pelear con él.

“Señor, o sea, Tú ves que estoy confundido y Tú me vas a dar de nuevo la misma herida. Tú vas a rascar de nuevo el mismo tema”. Sí, es que es el tema. Para que Jesús sea satisfactorio para ti, tú necesitas creer que Jesús es quien Jesús realmente es. Y a menos que tú no veas a Cristo como Cristo es, Cristo no va a ser para ti ni el camino, ni la verdad, ni la vida. De forma tal que si tú vas a luchar contra una cosa, lucha contra esta primero. Si Cristo es tu remedio, tú deberías creer que realmente Cristo es quien Él es.

Y ese “yo soy”, para las personas que lo estaban recibiendo, tenía todo el sentido del mundo. Es una palabra muy corta, pero una palabra muy ofensiva. Era el término con que Dios se había presentado en el Antiguo Testamento. Cuando Moisés se encontró con la zarza ardiente, él le dijo: “¿Qué le diré al pueblo de Israel? ¿Qué quién me mandó?”. ¿Y sabes lo que le dijo Él? “Dile que Yo Soy te envió”.

“Señor, Tú sabes que estamos afligidos, ¿verdad? Sabes que estamos agobiados, estamos turbados. ¿No hay un tema menos denso para que pasemos esta última semana? ¿No hay una cosa un poquito más ligera? ¿Alguno de ustedes no toca algún instrumento musical que pueda como hacer unos cuantos tonos para la atmósfera?”. “No, vamos a hablar de los temas importantes. ¿Quién es Jesús para ti? Si Él es tu camino, yo quiero saber quién es ese camino para ti. ¿Tú realmente has creído que Jesús es el ‘Yo Soy’?”.

Que ese que se encarnó y en este momento está hablando con unos discípulos, en las calles de lo que conocimos como Palestina, es realmente Dios hecho hombre. La pregunta es retórica, pero respóndela. Porque vamos a decir: es muy bonito decir “Jesús es el camino, es la verdad, es la vida”. El asunto es si tú crees que Jesús es el “Yo Soy”. ¿Tú crees que el que le está hablando a sus discípulos fue el mismo que le habló a Moisés? ¿Tú crees que fue el mismo que habló desde la montaña cuando la montaña soltaba fuego? ¿Tú crees que fue el mismo que le dio la ley?

Él está diciendo “Yo soy” y después dice “el camino, la verdad y la vida”. A la gente que predica el texto le encanta arrancar por “el camino”. Arranca por el “Yo Soy”, porque cualquier filósofo anda buscando camino, verdad y vida. Ahora, lo que no andan buscando es un “Yo Soy”. ¿Tú realmente has creído que quien te salvó a ti fue el mismo que salvó a Israel de Egipto? Jesús dijo: “Ese ‘Yo Soy’ soy Yo”.

No, esto no es un detallito técnico. La gente piensa —y es verdad, hermano—, uno a veces como predicador se dedica casi como si fuera un filólogo, a hablar de los términos, del significado en el hebreo y en el griego y en la minucia, en los periquitos técnicos. Pero esto no es un periquito técnico; este es el evangelio. Jesús reiterada y consistentemente se presentó a sí mismo como el “Yo Soy”, de forma tal que ese “Yo Soy” baña el Evangelio de Juan.

Él dijo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas”. “Yo soy…”. Después dijo: “Yo soy el que doy testimonio de mí mismo, y el Padre que me envió da testimonio de mí”. “Yo soy”. “El que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá”. “Yo soy”. “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador”. Y ahora dice: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”.

El “Yo Soy” y la lucha del creyente por su deleite

El “Yo Soy” importa. Jesús no es un maestro; Jesús es el Maestro. Él es singular, único, irrepetible. Es Dios hecho hombre. El mismo que nos dio la ley en el Antiguo Testamento fue el mismo que se hizo hombre, nació y en este momento nos está hablando. Y cuando Cristo es tomado como Él realmente es, entonces Él para ti puede ser un camino que sea satisfactorio, una verdad que sea satisfactoria y una vida que sea satisfactoria.

Porque Platón dijo muchas cosas, pero nunca dijo un “Yo Soy” como este, con todo el respeto para Platón, Sócrates, Aristóteles y los contemporáneos. Razona, hermano, un poquito esto: ¿quién es Jesús para ti? Y si Jesús es para ti quien Jesús dice que es, yo creo que Jesús para ti puede ser más satisfactorio de lo que ha sido hasta este momento. Puede ser más glorioso de lo que ha sido hasta este momento. Y la lucha de un creyente está en encontrar su gozo, su dirección, su satisfacción, en el lugar correcto. Y el lugar correcto es en el “Yo Soy”.

Si Él es quien dijo que es, entonces Él hará en mí lo que Él dijo que haría. Yo estoy, hermano, en un pleito abierto contra mí mismo. Yo no estoy peleando contigo; estoy en un pleito abierto contra mí mismo, porque yo quiero encontrar todo mi deleite en el lugar donde dice que este deleite debe venir. De forma tal que cada vez que me encuentro buscando satisfacción, trascendencia, realización en otras áreas que no sean Cristo, entonces yo me devuelvo y yo digo: “Eso puede ser relativamente satisfactorio, pero Cristo es verdaderamente satisfactorio, plenamente satisfactorio”.

Y alguien me dirá: “No, pastor, usted está hablando de eso, pero yo todavía no lo siento”. Tomás tampoco lo sentía y por eso se quejó. “Halo de Tomás: ‘Ey, ey, ey, Señor, aquí hay uno en el siglo XXI, Tomás 2.0, aquí estoy yo. Yo tengo tiempo escuchando estas cosas, yo soy cristiano, yo hice la oración del pecador, yo me bauticé y todas las cosas, pero mi corazón todavía no está…’”.

Ay, hermano, yo creo que eso no ofende, sino que eso glorifica a tu Dios. Es un creyente sincero que va en oración a la presencia de su Padre y le dice: “Señor, yo soy nominalmente un cristiano, pero soy un cristiano insatisfecho. Soy un cristiano que todavía está buscando sus cosas fuera de Ti, y yo quisiera que en el ‘Yo Soy’ encuentre mi corazón lo que Tú dices que mi corazón puede encontrar en Él. Y yo sé que Tú eres satisfactorio, pero no he podido en este momento degustarlo, no he podido en este momento interiorizarlo, yo no me lo estoy comiendo, Señor”.

Interesante que a Tomás no lo reprendieron, ni a Felipe tampoco. Hay una hermosura cuando un creyente toma esa resolución, y es una resolución de beber en Cristo aunque todavía no vea el agua. “Señor, yo no lo estoy sintiendo, pero yo quiero sentirlo. Yo todavía no estoy gustando de eso. Mi paladar, mi pupila todavía no lo sienten, pero yo quiero sentirlo. Señor, yo estoy relativamente insatisfecho, pero no me voy a satisfacer con las cosas que me ofrece el mundo, sino que yo voy a esperar a encontrar en Ti mi satisfacción. Y por fe yo sé que en Ti hay deleite. Y yo veo a otros que parece que ya lo vieron y yo no lo he visto”.

Y hay gente que uno pasa tiempo con ellos y uno dice: “Es que él tiene algo que yo no sé qué es. A él Cristo se le ve y a mí no”. Yo quiero que a mí se me vea Cristo, que se me huela Cristo, que yo pueda saborear a Cristo de forma tal que interiorice a Cristo. Me he quedado en el “Yo Soy”, hermano, pero es que ahí es. A menos que usted no destape eso, por ahí no va a correr el agua. Usted primero cree esa verdad, que Jesús es quien dijo que era, y después usted sale a buscar en Jesús las cosas que en Él salen.

El pleito principal es: ¿quién es Jesús para ti? Porque si Jesús todavía es para ti un ser histórico, una persona del pasado, un maestro, un filósofo… ¿quién es Cristo para ti? Si Él es el “Yo Soy” para ti, entonces pasemos a lo siguiente. Él se está revelando con este nombre, y ahora hay tres descripciones de su obra en nosotros.

La persona de Cristo primero, luego su obra en nosotros

Ay, hermano, vuelvo. Va a ser ya la misma cosa: si su persona todavía no es para ti lo que dijo que era, la obra de Cristo tampoco se va a percibir en ti como debe percibirse. De nada sirve ir a buscar cómo es Cristo para ti el camino, la verdad y la vida, si tú no has entendido que Él es el “Yo Soy”; ese “Yo Soy”. Primero su deidad y después su obra en ti. No ponga la carreta detrás del caballo —perdón—, no ponga la carreta delante del caballo, póngala detrás. Ponga el caballo por delante de la carreta.

Cristo es quien trae tracción. La deidad de Cristo, la persona de Cristo, la singularidad de Cristo es la que trae tracción a la obra de Cristo en nosotros. Y vuelvo y clarifico, hermano, lo que se ha vuelto para mí un hábito en los últimos dos años. Cuando usted me escucha predicar estas cosas, no crea que es que Cristo se ve para mí todavía en todos los colores posibles. Todavía hay cosas que se ven como brumosas, pero yo las sigo buscando. No es que el predicador está viendo a Cristo más claramente que tú. Lo que hay en mí es una resolución a que Cristo sea tan satisfactorio como Él dice que es.

De forma tal que cuando otras cosas me atraigan, yo pueda decir como le dijo Pedro: “¿A quién iremos, Señor, si no a Ti? Solo Tú tienes palabras de vida para mí”. Yo no predico estas cosas como que yo estoy saboreando a Cristo con unos niveles de intensidad… no puedo falsearlo, hermano. Todavía yo lucho buscando mi satisfacción en cosas donde no hay satisfacción. Y yo, por convicción, sé que de ahí no sale la satisfacción. Y así de ridículo nos vemos. Yo mismo me burlo de mí: “Ahí está Rafael Pérez buscando donde no hay. Deja de buscar ahí, que ahí no hay. Deja de buscar allí, que allí no hay. Busca en Cristo, que aquí en Cristo hay”.

Esa es la lucha del creyente: buscar agua en pozos donde no la hay. “Nubes sin agua”, les dice la Escritura. No hay ahí. Aquí hay. Aquí hay tres descripciones de su obra en nosotros. Y para que su obra ocurra en ti, tú deberías recibir primero su persona.

Dice el versículo 6: “Yo soy el camino…”. Interesante que a cada cosa el traductor le puso una “y” delante, así mismo: esto más esto más aquello. “Yo soy el camino y la verdad y la vida”. Así como te digo que Cristo todavía en mí no es tan satisfactorio como yo quisiera que lo fuera, al mismo tiempo yo te puedo decir abiertamente que yo creo que Cristo puede ser satisfactorio para mí. Y que esto que está aquí yo lo creo sinceramente. Y que he alcanzado niveles de crecimiento en cada una de esas tres áreas.

Yo he encontrado en Cristo dirección. He encontrado en Cristo la fuente del conocimiento. He encontrado en Cristo también satisfacción. Y así como digo que he encontrado, es una razón para seguir buscando en Cristo todo eso. Cuando aquí dice que Cristo es el camino, es que Cristo es nuestra única esperanza de dirección. Y el ser humano no puede vivir sin una brújula, porque somos seres de dirección. Nosotros necesitamos un sentido de ubicación: ¿dónde estoy, cómo llegué aquí, hacia dónde estoy caminando? El ser humano necesita eso. Tú necesitas eso, aunque tú no sepas que lo necesitas.

El ser humano no puede vivir sin un destino, no puede vivir sin una brújula, no puede vivir sin un GPS. Nosotros fuimos creados para ser dirigidos, y cuando nosotros no nos hemos encontrado todavía la fuente de nuestra dirección, nos encontramos mareados, desubicados, temerosos.

Cristo, nuestro camino en medio de la desorientación

Si usted tiene dos ojos y está acostumbrado a ver, imagine que por un momento usted tendría que vivir sin la vista. Usted se sentiría un poco descolocado, como a tientas. Y así andamos nosotros hasta que encontramos a Cristo. De forma tal que cuando una persona llega a encontrar a Cristo, se siente más perdida que nunca y, al mismo tiempo, más ubicada que nunca. Yo no sé si eso se entiende. Cuando una persona llega a Cristo se siente como desubicado, como que está caminando a un mundo nuevo, pero este mundo por lo menos tiene señalización.

Usted aterrizó en un territorio que usted no conoce, pero al mismo tiempo usted puede ver que este territorio tiene asuntos que son consistentes, como que van en una dirección. Usted nunca ha manejado ahí y se siente un poco temeroso, pero usted ve que aquí hay una dirección concreta. Eso es Cristo: Cristo es el camino. Hay manuscritos, comentarios que señalan que aun los primeros cristianos eran llamados “los del Camino”. Porque el cristiano sabe que encontró un camino, una dirección.

Quien aún no ha encontrado el camino siempre está en modo de exploración. Anda siempre buscando señal. Anda siempre mirando para dónde caminan los otros. Y por donde va la multitud, él quiere ir. Y después se da cuenta de que en la multitud nadie sabe para dónde va, pero él va con la multitud. ¿Qué era yo cuando tenía 15 años? Buscando señales en diferentes lugares. Yo decía: “No, por ahí es, por aquí voy”. Y después: “Por ahí no; por aquí tampoco. ¿Y yo hasta dónde te voy a buscar?”.

Y yo conocía a Cristo desde antes de los 15 años, pero en eso estaba yo: buscando donde se movía el mundo, buscando alguna dirección, alguien que me dijera que por aquí vamos a llegar. “Sí, vamos a llegar, vamos a llegar. Y… ¿estamos llegando?” “No sabemos, pero vamos a llegar, vamos a llegar. ¿Por aquí se llega?” “Sí”.

¿Qué peso da cuando una persona, en su juventud, dice: “Sigan ustedes, pero Jesús ya yo sé que es el camino. Sigan buscando. Yo no puedo pagarle a la gente el GPS para que siga buscando. Sigan buscando, porque ya el que sabe para dónde va soy yo”? Sentido de dirección. La mayoría de los hombres terminará siguiendo a alguien que parece que sabe para dónde va. Y ese que tú estás siguiendo tampoco sabe para dónde va.

Dice la Escritura que son ciegos, guías de ciegos. Todos lo hacemos. El ser humano anda buscando a alguien que le represente, un líder. Yo creo que parte de lo que está afectando a nuestro país en este momento es que los tres líderes históricos ya no están y la gente se ha quedado sin dirección. Porque la gente decía: “No, yo sigo a fulano, y como que voy por ahí”. Y ahora se ha dado cuenta de que estamos dando vueltas y todo el mundo tanteando.

Direcciones falsas, autosuficiencia y el camino exclusivo de Cristo

En el camino de la vida Jesús dijo: “Yo soy el camino”. Eso que tú estás buscando está en Cristo: un sentido de dirección, un sentido de ubicación, un sentido de propósito, un sentido de avance, un sentido de destino. Algo importante que uno tiene cuando uno viene a Jesús es que realmente uno se siente dirigido y uno se siente destinado. Ya uno sale de la improvisación.

¿Cuáles son las alternativas fuera de Cristo para un camino? Recuerda que el ser humano no puede vivir en el vacío. Aun el que no sepa para dónde va, él simula que está llegando. Siempre fui muy desubicado, sobre todo en transporte público. Frecuentemente me dormía en la guagua. Y cuando me pasaba, a mí me daba vergüenza que me vieran como desubicado. Yo iba para las 8 y media de la Mella y no pedía la parada; al Almirante llegaba. Y yo me apeaba con actitud de la guagua: “Claro, pues si ya me pasé. Si yo iba para Lucerna, ya iba por el Almirante. Dos cuadras más no marcan la diferencia”.

Entonces, yo me despertaba primero, veía que ya me había pasado y con actitud yo decía: “El chofer me deja en la próxima parada”, como que yo sé para dónde voy. Hace rato que me pasé y ya voy por el Almirante. Ese es el hombre sin Dios. El hombre sin Dios siempre está simulando una seguridad. “Yo estoy muy ordenado, yo sé para dónde voy, yo tengo mi vida controlada”.

Dice la Escritura:

Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.

— Proverbios 3:5‑6

Cuando uno viene a Cristo, uno dice: “Ya yo no tengo que simular. Yo probablemente esté un poco mareado todavía, pero por lo menos yo soy un mareado que sé para dónde voy”. Hay otros que son orgullosos, altivos. No quieren mostrar que estaban tanteando. Están viendo que le mandan a hacer un trabajo y él no sabe lo que está haciendo, y dice que está resolviendo. Y una seguridad, y una cosa…

“Busca los PDF”. Si es más joven, busca un youtuber que le enseñe. Ya la gente no lee manuales, sino que busca un youtuber que le diga cómo es. Pero la gente con una seguridad, y que sabe lo que está haciendo. Tú no sabes lo que estás haciendo. El hombre sin Dios vive durante años en esta tierra sin saber claramente lo que está haciendo ni por qué lo está haciendo. Y tú miras para atrás y dices: “¿Por qué tú tomaste esa decisión? ¿Y cómo esa decisión ha hecho sentido? ¿Y cómo tú sabías que eso era bueno?”. “No, yo estaba improvisando, pero con una seguridad que improvisaba que parecía que sabía para dónde iba”.

Hay que ser humilde y decir: “Señor, yo no sabía para dónde iba. Yo estaba dando vueltas aquí: me iba por ahí, me iba por allá, hasta que llegaste Tú”. El camino de un creyente en esta tierra no es una línea derecha; puede ser un camino zigzagueante, pero hay una tendencia, hay una dirección, hay un norte. Probablemente él tenga que bordear obstáculos, desviarse por tramos cortos, pero él sabe para dónde va. Eso es un creyente que encontró que Cristo es su camino.

¿Cómo viven los que no tienen a Cristo? Es, primero, un camino de autosuficiencia. Otro, un camino de autosalvación. Aún otros viven el camino del relativismo. Dicen: “Nadie sabe para dónde va. Nadie está llegando. Todos estamos en lo mismo”. No, no estamos todos en lo mismo. Cuando yo llegué a Cristo, una de las cosas que yo vi es que no todos estamos en lo mismo.

Porque el mundo quiere vivir eso, como: “No, esto aquí es una improvisación. Todo el mundo está improvisando. Nadie sabe. Por algún lugar se llega”. No, no se llega. “No importa; mira, yo estoy aquí, yo voy a llegar”. Tú no vas a llegar por ahí. Cristo es exclusivo. Él dijo: “Y nadie viene al Padre sino por mí”.

O sea, que no hay cuatro caminos, no hay cinco caminos. Se ve tan bonito eso. Hay un youtuber que estaba mirando entrevistas —celebridades, filósofos y demás—, y él iba a hablar con una persona que cree en Dios, o en lo que él entiende que es Dios. Y él hizo una introducción como de tres minutos explicando, porque él tiene la necesidad de justificar que va a entrevistar a unas personas que creen en Dios, pero él quiere mostrar que él es inclusivo, expansivo: él cree en Dios, pero esto no es religioso; él cree en Dios, pero tal cosa.

Y yo digo: “Pero déjalo hablar. Déjalo hablar”. Lo que pasa es que no admiten que realmente hay gente que cree que solamente hay un camino. Y lo que es distintivo del creyente y lo que ofende del creyente es que nosotros no podemos imponerle eso al mundo, pero tampoco podemos comprarle la locura al mundo de que por cualquier lugar se llega. Porque esa no es la parada de San Juan, sino la de Samaná, y San Juan y Samaná no van en la misma dirección.

Ah, pero hay gente que va en una guagua rumbo a Samaná y dice que va para el sur. Y hay gente que dice que va para la casa del Padre por el camino incorrecto. “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida”, singular, singular, singular. Y después dice: “Todavía no lo han entendido. Nadie llega al Padre si no es por mí”. “Se volvió loco; eso es mentira; tírenle piedra”. Esa es la reacción del mundo. Decirle a un mundo incluyente que Cristo es excluyente, ofende. Y en ese relativismo probablemente vivías tú.

Engaño, estafas y la verdad en Cristo

Y si usted ha sido estafado en algún momento, yo creo que usted puede tener empatía. Y no hablo de las estafas más dramáticas, pero todo el que ha sido estafado en algún momento, con algo, puede sentir el desperdicio que tú sientes al haberle invertido tiempo a algo que no era verdad. Este mundo está lleno de estafas: estafas filosóficas, estafas religiosas, estafas intelectuales. Y cada vez que una persona se siente estafada, lo más impresionante es eso.

¿Qué es lo más impresionante de eso? Yo veía un documental de cómo funciona la estafa, y frecuentemente las personas que fueron estafadas, aun después de que la estafa sea evidente, siguen defendiendo al estafador. Y ellos todavía dicen: “No, mira, realmente estaban bien intencionados, lo que pasa es que no le dieron el tiempo suficiente”. Ya soltaron a Mantequilla, hermano. Había gente esperando a Mantequilla: “¿Cuándo es que va a salir Mantequilla? Porque yo tengo aquí unos cuantos pesos que podría invertirle”. Impresionante.

En este mundo de engaño, de injusticia y maldad, los seres humanos andan engañados y siendo engañados, y siendo engañados. En eso es que andan. Y aquí hay una comunidad singular, de gente que no es más grande que ellos, ni más inteligente que ellos, ni más sabia que ellos, que providencialmente ha sido salva y ha visto el evangelio, diciendo que ellos ya encontraron la verdad. Y tú no puedes persuadir a los otros de que eso es una estafa. Déjalos en su efervescencia. Pero tú debes humillarte y persuadirte a ti mismo de que gastaste mucho tiempo en lugares donde no había, buscando cosas de donde no salían.

De forma tal que cuando un creyente dice que Cristo es la verdad, en eso hay un sentido de descanso. Es decir: “Por fin yo llegué a un punto donde no voy a ser engañado, donde no voy a ser estafado”. Si Cristo es la verdad, sus promesas son ciertas, son verdaderas. Lo que Él dice es cierto. Recuerda que somos seres racionales; necesitamos discernir. Aun el que dice que no tiene un código, lo tiene.

Mire al tigre del barrio. Él siente que tiene un conocimiento superior. El tigre es tigre porque él se cree más sabio que la media. O sea, los seres humanos necesitamos —o por lo menos pretendemos— creer algo, tener un conocimiento superior, poder decir: “No, a mí nadie me engaña; yo sí, porque yo sé…”. Tú piensas que tú tienes conocimiento.

Hay muchas alternativas para esto fuera de Cristo. Mencionaré dos. La ciencia sin Dios está llena de engaños. Ciencia y tecnología se parecen. La tecnología sin Dios está llena de engaños. Yo he mencionado eso en los últimos años vez tras vez, vez tras vez. La religión predominante en nuestros días es la electrónica de consumo: un dispositivo que te va a cambiar la vida, que cuando tú te lo pongas te vas a sentir relevante, importante.

Eso lo promocionan y la gente hace fila para comprar ese dispositivo, y cuando usa ese dispositivo él se siente superior, trascendente, importante. La marca: la religión de nuestros días. Y cuando ya tú consigues con qué comprar esa marca, ya no era esa sino que era la otra. Y siempre estamos como tarde.

La insatisfacción del mundo y la vida (zoe) que da Cristo

Los seres humanos andamos buscando fuera de Dios lo que solamente en Dios se puede encontrar: trascendencia, relevancia, importancia, deleite. Mire la capacidad que tiene la tecnología para hastiarnos. Tú dices: “Ya yo vi eso. Ok, ¿y lo otro? ¿Y lo otro?”. Y recuerdas: “Wow, salió una plataforma nueva, vamos a ver lo que tiene”. Al poco tiempo, ya no encuentras qué ver. Compraste el dispositivo, no lo has terminado de pagar, y ya te abrumó. Ya tú abres los cajones en tu casa y encuentras esos dispositivos que te ofrecían en otro momento darte satisfacción, darte tranquilidad, darte plenitud, y tú dices: “Todos me dejaron insatisfecho”.

Y los avances científicos, hermano, caiga atrás a la ciencia y usted se va a dar cuenta cómo vamos de desencanto en desencanto. Y cada vez: “¡Oh, oh!”. Y después, en el mismo punto. En el mismo punto. No está mal la ciencia, no está mal la tecnología. Lo que está mal es buscar fuera de Cristo lo que solamente en Cristo puede encontrarse. Él es el camino, pero también es la verdad. Es una fuente confiable de conocimiento.

La parte que a mí más me habla de esta porción es la tercera descripción. Esa fue la que a mí me pastoreó especialmente. Él dijo: “Yo soy el camino y la verdad…”. Pero esa, hermano, esa a mí me habla profundo: “y la vida”. Y aquí me pongo, hermano, un poco técnico, pero por necesidad. Solamente clarifico que cuando en el Evangelio de Juan aparece la palabra “vida”, no está hablando de vida solamente como signos vitales, pulso. Como: “Le tomaron el pulso, sí, está vivo”. Ah, ok. Eso no es.

Es un término mucho más profundo. El término original es zoe, y transmite algo más allá que existencia física. Es un término muy rico, pues describe a una persona que ha encontrado algo que no solamente permite que tenga pulso, sino trascendencia, deleite, significado. De hecho, dice que la vida estaba en Él, y la vida era la luz de los hombres. Vida es algo que está en Dios y que Dios se lo comunica a la criatura. Y usted imagínese lo pleno que debe sentirse estar en la presencia de Dios. Y eso que Él tiene en la presencia, Él se lo pone a su criatura.

De forma tal que cuando Cristo dice eso para ti, tú no solamente dices: “Tengo tiempo por delante”. No. “Tengo deleite por delante, satisfacción por delante, relevancia por delante, trascendencia por delante”. Es una persona que no solamente tiene pulso, es una persona que realmente tiene aquello que estaba en Cristo. Yo creo que ningún ser humano se conformaría solamente con tener vida física, es decir, tener pulso. Usted no quiere tener pulso; usted quiere tener satisfacción, quiere tener deleite, plenitud.

Lo que Cristo está diciendo cuando Él dice que Él es la vida es que Él es la plenitud. Que eso que tú estabas buscando en otra parte está en Él. Porque cuando Él llamó a sus discípulos, tenían pulso todos ellos, pero no tenían vida en este sentido. ¿Y cuál es la diferencia entre un creyente ahora y lo que era la vida de ese creyente antes? Que él tenía vida física, pero esta vida que él ha encontrado en Cristo es algo mucho más profundo que la vida física.

En el sentido de satisfacción profunda, de plenitud, de realización, de trascendencia, de lo que ha habido eternamente en el Padre y también en el Hijo, que en este momento también ha sido colocado en nosotros. Hermano, ese es el adorno en la vida cristiana: una persona que sale ya de lo meramente biológico. Dice: “Ya esto no es solamente biología; en mí hay algo que va más allá de la biología. Es un sentido de profundidad, de trascendencia, de relevancia”.

Es verdad que significa vida natural, pero la vida natural la tenemos todos los seres vivos. Significa también ese tipo de vida singular que tienen el Padre y el Hijo. Dice Juan 5:26 que el Hijo tiene vida en sí mismo y el Padre también tiene vida en sí mismo. Hay una vida superior que se encuentra en Él. No es que yo crea estas cosas como que yo lo sienta igual que yo lo creo. Yo lo creo, pero yo también quiero sentirlo. Y ese tipo de vida yo quisiera experimentarlo y que tú lo experimentes también.

El deseo profundo del corazón y la comunión con el Padre

Reflexiona ahí un poco, hermano: qué tan satisfactorio es el evangelio en este momento de tu vida. Reflexiona. ¿Para ti el evangelio es algo que solamente te salvó del castigo eterno, o tú crees que te está salvando también de una vida intrascendente? Me encanta hacer esa pregunta. ¿Hasta qué punto estás esperando en Cristo? ¿Esperas en Cristo para el más allá, o también esperas en Cristo para aquí y ahora?

Fuera de Cristo andas buscando eso. Pero los seres humanos tenemos como un rumor, un vestigio de que debe haber algo más profundo. El ser humano no se conforma solamente con estar vivo. Todo el que está vivo dice: “Yo me estoy perdiendo de algo”. Dice: “¿Qué te estás perdiendo?”. “Yo no sé lo que es, pero en algún lugar debe haber algo de lo cual yo me estoy perdiendo”.

Porque pareciera que en la conciencia de nosotros hay reminiscencia de que fuimos creados para un tipo de vida más alto que el tipo de vida que estamos viviendo. Yo quizás no pueda verbalizarlo, tú no puedas verbalizarlo, pero hay un rumor en nuestro corazón que nos dice que fuimos creados para algo más. Y ese “algo más” los creyentes, por lo menos, sabemos dónde está. Deseos y anhelos son necesarios para la vida.

Eso es lo que un creyente le puede decir a una persona: “Ese deseo que hay en tu corazón, que tú no sabes ponerlo por palabras, de saber qué es lo que te hace falta, lo que tú necesitas… te voy a ahorrar cinco años de terapia. Yo sé dónde está”. Para las otras cosas vaya a la terapia, pero la terapia no satisface eso.

La gente dice: “Pero es que ya yo he logrado los certificados, ya he logrado los estudios, el reconocimiento, he tenido bienes, he viajado”. En el viajecito no lo vas a encontrar; es más de lo mismo. Al final quieres volver a dormir en tu cama. Es que lo que tú necesitas no lo vas a encontrar en un destino turístico exótico; lo vas a encontrar en Cristo. Porque Él es tu vida, y cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces tú vas a tener eso que estamos diciendo que se puede tener.

He estado mostrando el “Yo Soy” y después las tres cosas que Cristo es para nosotros. El “Yo Soy” no necesita de ti para serlo. Él es, tú lo quieras o no lo quieras, tú lo entiendas o no lo entiendas. Pero las otras tres cosas tú deberías quererlas. Y recuerda mi expectativa: mi expectativa no es que tú lo tengas en este momento, sino despertar el apetito en ti, de forma tal que puedas esperarlo, que puedas clamar por eso, que puedas buscarlo en Cristo.

Que este pleito en el cual yo estoy inmerso conmigo mismo, de forma tal que Cristo sea tan satisfactorio como Cristo dice que es, tú también lo tengas en tu corazón. Que tú digas: “Yo quiero tener la vida de Cristo en mí”. Pareciera que ya lo dijo todo. Pero quiero mostrarte ahora que esto es singular, que es único. Cualquier cosa buena que hay en esta tierra es una expresión de algo que estaba primero en el Padre. Porque Dios es bueno. Y Dios, que es bueno, ha hecho una creación que es buena, y ha puesto una expectativa de bondad en todos nosotros.

La última parte del versículo dice así —interesante, yo lo tengo subrayado en mi Biblia—: “Nadie… y nadie viene al Padre sino por mí”.

La necesidad principal del hombre: volver al Padre

¿Cuál es la necesidad principal que hay en esta creación? Si usted le pregunta a las Naciones Unidas, le va a decir que hay una. Si le pregunta a la FAO, le va a decir que hay otra. Si usted le pregunta a UNICEF, UNICEF le va a dar otra necesidad. La necesidad principal que hay en esta creación es que nosotros, los seres humanos, fuimos creados para vivir en comunión con Dios, y algo sucedió que nos separó de Dios. Y cuando eso nos separó de Dios, perdimos toda capacidad de encontrar deleite, plenitud o trascendencia.

Se quebró algo, y hasta que eso que se quebró no se restaure, el ser humano se siente como en una orfandad permanente, generación tras generación. Nosotros fuimos creados para vivir en comunión permanente con nuestro Creador, de forma tal que en el libro de Génesis encontramos que Dios el Padre se paseaba en medio del huerto y hablaba directamente a sus criaturas.

Y la necesidad principal que tienen todos los seres humanos, de todas las épocas, de todas las regiones, de todas las naciones, es volver a tener comunión con Dios el Padre, pues esa comunión se fracturó. El drama de la creación es ese. La historia de la redención es esa. Hasta Génesis capítulo 2 todo era bueno en gran manera. Después, en Génesis capítulo 3, nuestros padres pecaron, y cuando pecaron fueron separados de la presencia de Dios. Ellos, que antes podían interactuar con Dios, hablar con Dios, y Dios se paseaba en el huerto, entonces se escondieron, se sintieron avergonzados y Dios tuvo que irlos a buscar.

Y uno dice: “Wow, pero realmente hace falta que desde Génesis capítulo 3 hasta el Evangelio documentemos en extenso lo que es el esfuerzo del hombre para volver a tener comunión con Dios por sus propios medios, sin lograrlo”. El Señor quiere que nosotros sintamos nuestra incapacidad, nuestra impotencia. En la torre de Babel dijeron: “Hagamos una torre cuya cúspide llegue al cielo”, porque andamos buscando, en esta orfandad espiritual en la cual vivimos, volver a tener comunión con Dios. Y la comunión con Dios no la tendremos por nuestros propios medios.

“Yo soy el camino, yo soy la verdad y yo soy la vida; y nadie viene al Padre, si no es por mí”. La ciencia no te va a llevar al Padre; la filosofía no te va a llevar al Padre; el avance tecnológico no te va a llevar al Padre; tu esfuerzo moral no te va a llevar al Padre. “Y nadie viene al Padre, sino por mí”.

¿Por qué queremos ir al Padre? Porque el Padre es la fuente de todo lo bueno. Él es bueno, y Él todo lo que hace es bueno en gran manera. Y nosotros fuimos diseñados para esa bondad; nosotros fuimos diseñados para ese nivel de plenitud, de forma tal que fuera de Dios siempre nos encontraremos insatisfechos. El dolor más grande en el mundo es esa orfandad por rebelión. Tú fuiste creado para vivir en paz con Dios, en deleite constante, en comunión con la fuente de la vida, pero estás separado de Dios a causa del pecado.

Y Cristo es el único camino posible al Padre. Él es la única vía posible para tu satisfacción, para tu conocimiento, para tu verdad. Si hay algo bueno en esta tierra es reminiscencia de algo que Dios hizo. Ese es el arco de la historia. Lo leo rápido: primero, la creación. Fuimos creados para vivir en comunión con Dios en un entorno ideal, donde todo era bueno en gran manera. Luego vino la caída: nuestros padres le creyeron la mentira a la serpiente, intentaron buscar conocimiento y satisfacción sin Dios, y a causa de eso viene la rebelión y la caída, el justo castigo de Dios.

Después viene la restauración: Cristo resuelve el problema del pecado y nos vuelve a traer a una comunión con el Padre. Eso que Felipe deseaba, lo deseo yo también: “Muéstranos al Padre, y nos basta”. “Ay sí, el Padre, ¿verdad?”. Claro, porque de ahí es que viene lo bueno, de ahí es que viene el deleite. Si algo bueno hay en la tierra, vino del Padre. Yo quiero que tú me muestres al Padre. “Tanto tiempo he estado con vosotros y todavía no lo han visto. Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre”.

Y una esperanza de consumación: Cristo ha prometido que volverá otra vez para consumar todas las cosas y devolverlas a su estado original, bueno en gran manera. Esa expectativa de direcc

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