Domingos 9:30 AM y 11:30 AM Gazcue, Santo Domingo
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Nuestra especial relación con Dios

Hechos 18:24-28

Dios nos llama a una humildad profunda para reconocer nuestras limitaciones, dejarnos instruir por otros creyentes y así conocer más exactamente el camino del Señor, como hizo Apolos guiado por Priscila y Aquila.

Predicado12 de marzo de 2017
PredicadorRafael Pérez
TranscripciónAutomática

Dios le guarde, vamos a ponernos un momentito de pies en reverencia a nuestro Dios.

Oh, Señor, ¿cómo no manifestar una gratitud enorme por tan maravilloso tiempo que tú nos has permitido tener en tu presencia alabando y exaltando tu nombre? Señor, gracias te doy, gracias Señor, porque juntamente con mis hermanos hemos podido, Señor, como un pueblo, unidos en torno a ti, reconociendo la grandeza de tu bondad, la grandeza de tu amor, la grandeza de tu misericordia, tu gracia derramada sobre nosotros. Señor, ahora te rogamos desde lo más profundo de nuestro corazón que nos hagas humildes para recibir la instrucción de tu palabra. Oh Dios, mira que a veces, Señor, pecamos de orgullosos, entendiendo que sabemos, tomamos decisiones que van en contra de tu voluntad, aun sabiendo cuál es tu voluntad; Señor, ayúdanos a que lo que seamos instruidos en esta mañana podamos ponerlo en práctica.

Señor, mira cómo lo que se va a predicar en el día de hoy, de un siervo que fue expuesto más exactamente, Señor, en torno a lo que era el conocimiento de tu gloria y de tu gracia, danos ese privilegio hoy de ser expuestos más exactamente a tu figura, oh Cristo, y que sea tu figura la que se levante en nuestros corazones y no nuestro orgullo, no nuestro entendimiento. De forma tal, Señor, que nosotros, como pueblo, tengamos el rasgo distintivo de que somos un pueblo obediente, de que somos un pueblo fiel, de que somos un pueblo que manifiesta su amor sometiéndose al único que lo ha salvado de la muerte eterna y lo ha librado de la esclavitud del pecado al cual lo tenía sometido. Señor, gracias, utiliza tu siervo con gran poder en esta mañana y mantennos expectantes.

De la obra que tú harás por medio del Espíritu Santo en nuestros corazones. En Cristo Jesús, Señor nuestro, te lo pedimos, Padre celestial. Amén, amén.

Vamos a acomodarnos, hermanos, pueden ocupar los primeros asientos si les es posible y tener su Biblia abierta en el libro de los Hechos. Vamos a permitir que los niños vayan a su actividad, y lo más grandecito entonces los recibimos aquí; ellos también recibirán la palabra del Señor por allá, nosotros aquí también. Pueden buscar sus Biblias, hermanos amados, en el libro de los Hechos. Eso es, hermanos amados, pueden acompañarme en la sagrada Escritura en el capítulo 18 del libro de los Hechos. Consideremos los versículos del 24 y hasta el 28.

Es la historia de Apolos, un gran instrumento, poderoso instrumento que el Señor utilizó para alcanzar sus propósitos. Tomen un momento para que busquen la palabra del Señor. Es el libro de los Hechos en el capítulo 20… perdón, es el libro de los Hechos en el capítulo 18. Estaremos exponiendo desde el versículo 24 y hasta el versículo 28. Es la historia, es la historia de Apolos, que fue llevado por sus hermanos a entender más exactamente el camino del Señor. Póngase un momento sobre sus pies y leamos la Escritura. Libro de los Hechos, capítulo 18, estaremos leyendo desde el versículo 24 y hasta el versículo 28. Dice así la sagrada Escritura:

Llegó entonces a Éfeso un judío llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras. Este había sido instruido en el camino del Señor; y siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor, aunque solamente conocía el bautismo de Juan. Y comenzó a hablar con denuedo en la sinagoga; pero cuando le oyeron Priscila y Aquila, le tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios. Y queriendo él pasar a Acaya, los hermanos le animaron, y escribieron a los discípulos que le recibiesen; y llegando él allá, fue de gran provecho a los que por la gracia habían creído; porque con gran vehemencia refutaba públicamente a los judíos, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo.

— Hechos 18:24–28

Puede sentarse, amados hermanos.

Introducción: un creyente con entendimiento limitado pero verdadero

Dice nuestra introducción que un creyente podría ignorar gran parte de los asuntos concernientes al camino del Señor y no darse cuenta. Podría tener un entendimiento limitado y aun así verdadero de los asuntos de Dios. Para superar esta situación hace falta humildad, esa disposición de nuestro corazón que nos lleva a ser enseñables, a reconocer que, sin importar lo mucho que sepamos, hay más de Dios que podemos aprender.

Y que hermanos nuestros, frecuentemente de igual o hasta menor condición, pueden ser las herramientas provistas por Dios para llevarnos a un entendimiento aún más perfecto de sus caminos. Este fue el caso de Apolos: varón elocuente, poderoso en las Escrituras, pero también un grande en cuanto a la humildad. Con todo y su reconocimiento como orador, sus conocimientos y su espíritu fervoroso, permitió que dos hermanos suyos le tomaran aparte y le mostraran más exactamente el camino de Dios.

Hoy estaremos viendo la imperiosa necesidad de ser humildes para seguir creciendo. Hermanos amados, yo conozco mi iglesia, y a modo de preámbulo les diré algo.

Mientras estudiaba la historia de Apolos, me daba cuenta que esto es lo que necesita nuestra iglesia. Cuando les esté describiendo, hermano, no se avergüence por esto, porque ustedes son míos, yo soy suyo, y yo conozco las necesidades del pueblo que el Señor nos ha permitido pastorear. Gran parte de mis pensamientos, hermano, tornan a ustedes; mi mente durante la semana va pensando en cómo puedo edificar el pueblo al cual el Señor me ha permitido servirle como Pastor. Y mientras pensaba en ustedes y pensaba en Apolos, decía: esto es lo que mi iglesia necesita.

¿Cuál es la situación de la Iglesia Evangélica Pez Mundial al día de hoy? Estamos caminando, hermanos, a un aniversario más, y pareciera que son muchos años, pero como su Pastor les digo que nosotros, en muchos sentidos, seguimos siendo una iglesia de nuevos creyentes. Y esto es un gran reto, pero al mismo tiempo es una oración contestada, porque cuando el Señor me llamó al ministerio pastoral, mi oración era: “Señor, permíteme pastorear una iglesia de nuevos creyentes”, por eso no me quejo.

La condición de la iglesia: fortalezas y carencias

Pero, por otro lado, tampoco lo ignoro; no puedo ignorar, hermano, que nosotros, en muchas otras áreas, necesitamos conocer más exactamente el camino del Señor. En muchas áreas mi iglesia todavía necesita ser edificada en cuanto a cuál es la voluntad del Señor. Tenemos una gran fortaleza como iglesia: tenemos gente apasionada por el Señor, gente muy dispuesta en los caminos del Señor. Pero en gran manera esta sigue siendo una iglesia de nuevos creyentes.

Lo que pasa es que ustedes no lo saben. Sucede en los caminos del Señor que frecuentemente uno no sabe aquello que ignora. Si supiera lo que desconoce, lo saldría a buscar, y podríamos nosotros engañarnos a nosotros mismos, pensando que en nuestra iglesia todas las cosas están dadas y que en todas las áreas de la vida cristiana esta iglesia ha tenido amplio dominio. Yo les diría, hermanos: no, no es así. No nos quejemos porque el Señor nos ha dado mucho, pero como iglesia, en muchas áreas necesitamos todavía ser enseñados.

Estoy seguro que ustedes, si pasaran tiempo con otros creyentes de mayor madurez que ustedes, ustedes mismos identificarían cuáles son nuestras carencias. Quisiera utilizar el ejemplo de Apolos para mostrarles que podemos tener el entendimiento correcto, pero aún faltarnos muchas cosas, que podemos ser fuertes en determinadas áreas y al mismo tiempo débiles en otras, que podemos tener amplio dominio de los caminos del Señor en una sección, pero que todavía nos podrían faltar cinco segmentos.

Quisiera enseñarles, hermanos, la imperiosa necesidad de no entender que ya llegamos, sino de que seamos enseñables. Quisiera llamar a mi iglesia local a que tenga esta disposición de corazón que tuvo Apolos, que sin importar sus conocimientos, su poder como orador, él permitió que dos hermanos suyos, Priscila y Aquila, le tomaran aparte y le enseñaran más exactamente los caminos del Señor.

Tengo tres propósitos cuando expongo hoy la Escritura. En primer lugar, pretendo alcanzar este propósito: que mi iglesia reconozca sus limitaciones. Y esto, al modo de decirlo, hermano, no lo digo como una queja; es la realidad del ser humano. Para uno seguir creciendo, uno necesita saber dónde están las áreas de crecimiento; para no seguir avanzando a ciegas, uno necesita reconocer la necesidad de avance. Hoy quiero mostrarle a mi iglesia que no en todas las áreas estamos al 100%, sino que, gloria al Señor, porque en algunas áreas somos fuertes, pero al mismo tiempo dejémonos ayudar para que otros hermanos nuestros nos contribuyan allí donde están nuestras áreas de oportunidad.

El segundo propósito que tengo hoy para mi iglesia: quiero mostrarles que debemos tener una actitud graciosa hacia aquellos que están comenzando los caminos del Señor, o que tienen mucho tiempo, pero no han tenido la oportunidad que hemos tenido nosotros. Y que hay hermanos nuestros que son verdaderos creyentes, que tienen áreas de necesidad, y que debemos ser nosotros Priscila y Aquila para ellos.

Propósitos del sermón y descripción de Apolos

Por un lado quiero mostrar, hermano, que como iglesia tenemos necesidades, pero por otro lado también quiero apuntar que hay otros que también necesitan que nos dejemos ayudar y seamos enseñables, y al mismo tiempo que tengamos una actitud graciosa hacia los otros creyentes. El tercer propósito que pretendo alcanzar es que mi iglesia cultive su testimonio dentro y entre el pueblo del Señor.

Dice así la Escritura, versículos 24 y 25:

Llegó entonces a Éfeso un judío llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras. Este había sido instruido en el camino del Señor; y siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor, aunque solamente conocía el bautismo de Juan.

— Hechos 18:24–25

¿Quién era este Apolos, hermanos? Era un instrumento precioso que el Señor se había levantado desde Alejandría. Alejandría era parte de Egipto, lejos de la provincia de Judea, y por allá había llegado el testimonio tanto del ministerio de Juan como del ministerio de nuestro Señor Jesucristo. Y parece que alguien instruyó a Apolos en los primeros rudimentos de la fe cristiana.

Este hombre reconoció a Cristo en la Escritura e inmediatamente comenzó, con vehemencia, a hacer la obra del Señor. Sin embargo, Apolos ignoraba algo. Dice así mismo la Escritura: “aunque solamente conocía el bautismo de Juan”. Apolos tenía un amplio dominio de lo cual era su área de conocimiento, pero al mismo tiempo ignoraba más de la mitad de lo que eran los caminos del Señor.

Quiero mostrarle a mi iglesia qué era lo que ignoraba Apolos. Este hombre que se describe en el versículo 24 como un hombre elocuente, poderoso en las Escrituras y de espíritu fervoroso, dominaba fuertemente algo, pero al mismo tiempo ignoraba todo un conjunto de cosas. Ay, hermanos queridos, cuando les hablo de Apolos piensen en ustedes mismos. Quiero despertarles a la realidad de que probablemente, al día de hoy, estén afirmando que ya ustedes conocen, y que probablemente les falta más de la mitad.

Lo que Apolos ignoraba y la naturaleza del “camino”

Vengo a animarles a la realidad de que probablemente ustedes piensan que ya llegaron y todavía están en el preámbulo del camino. Vengo a animarles a la realidad de que pueden ser todavía enseñados y que el Señor puede darles instrumentos para llevarles a un entendimiento aún más exacto de lo que es su vida y lo que son sus caminos. ¿Qué era lo que ignoraba Apolos?

Apolos conocía el bautismo de arrepentimiento que había predicado Juan. Muy probablemente él no estuvo en la provincia de Judea cuando nuestro Señor desarrolló su ministerio público. Quizás algunos de los hombres que conocieron al Señor el día de Pentecostés fueron y dieron testimonio en Alejandría, y allí Apolos unió una cosa con la otra. Él era judío, conoció el Antiguo Testamento, conoció el bautismo de Juan, y quizá por testimonio de alguien llegó a abrir sus ojos a la realidad de que Cristo cumplió las profecías y que Jesús era el Cristo, el Hijo de Dios.

Usted me dirá: ¿y eso no es suficiente? Eso es muy bueno, hermano, pero todavía falta algo. En cuanto a lo que Apolos dominaba, él estaba bien, pero ¿qué era lo que ignoraba? Miren: Apolos no conocía el bautismo cristiano, que es la identificación con Cristo en su muerte y resurrección. Apolos no conocía el bautismo del Espíritu Santo, que es el poder espiritual que se le da a un creyente y se le reviste para que pueda hacer la voluntad del Señor. Apolos no conocía la vida de los primeros cristianos; había estado lejos y ajeno a lo que había sucedido en los primeros días de la iglesia cristiana.

Él, por ejemplo, no conocía lo que era la ascensión de nuestro Señor Jesucristo, con su promesa de que asimismo vendría. Él no había vivido el Pentecostés. Él no había vivido la vida de la primera iglesia, cómo tenían todas las cosas en común. Él no participó en los primeros discursos de Pedro. Él no vio los milagros de los apóstoles, no vio cuando el cojo se levantó. Él no supo que con la sombra de Pedro se habían sanado los enfermos.

Apolos no había tenido la oportunidad de presenciar la persecución de las autoridades judías hacia los cristianos. Él no vio que Pedro, Jacobo, Juan fueron apresados, y el Señor milagrosamente sacó a algunos de sus apóstoles de la cárcel. Él no vio lo que había sucedido con Ananías y Safira. Él tampoco vio cuando el Señor llamó a Saulo y, de ser un perseguidor de la iglesia que la azotaba, lo convirtió en un discípulo suyo. Él no había participado en los primeros viajes misioneros, estuvo lejos y ajeno al concilio de Jerusalén, no participó en el martirio de Esteban.

Yo me imagino que cuando Apolos llegó a Éfeso y se encontró con Priscila y Aquila, y estos hombres le narraron todo lo que había sucedido, él dijo: “¡Wow! Yo soy un cristiano, he reconocido a Cristo, pero yo desconocía todas estas cosas”. Hermano, podría ser que nuestra realidad como iglesia sea que hemos conocido bien algunas cosas y todavía nos falta una gran cantidad de áreas.

Me imagino que Apolos dijo: “¡Wow! Esteban se parecía a mí”. Era un hombre elocuente, era un hombre que discutía con las personas, era un personaje que hacía a los judíos ver que Jesús era el Cristo. Y quizás alguien le dijo: “Ustedes dos se parecen; pero tenía Esteban algo que tú no tenías, y es que ustedes los dos eran varones elocuentes, poderosos en palabra, pero Esteban también estaba lleno del Espíritu Santo. Y tú dominaste un área, pero te falta más de la mitad”.

No había visto el conflicto en cuanto a distribución de alimentos; él no vio cuando fueron electos los primeros diáconos. Él no vio el martirio de Jacobo. Todas estas cosas habían sido ignoradas por Apolos, pero Apolos conocía algo que era verdadero: era poderoso en palabra y había sido instruido en las Escrituras. Hermano, yo estoy mostrando que probablemente usted, en la vida cristiana, conozca un poco, lo conozca bien, pero todavía le falte más de la mitad.

Me llama la atención que la vida cristiana aquí es mostrada dos veces con un nombre: se le llama “el camino”. Uno de los primeros nombres que recibió esto en lo que nosotros militamos, que es la vida cristiana, fue “el camino”, el camino del Señor, el camino de Dios.

La vida cristiana como camino progresivo

Quiero mostrarle a mi iglesia que la vida cristiana es más que una parada, es más que un hecho puntual. La vida cristiana es un asunto para militar, es algo para caminar. Y quizás tú estás caminando, estás en el camino correcto, pero todavía te faltan tramos en el camino. El camino cristiano no es solamente un lugar puntual al cual tú llegas; es un camino para militar, es una ruta larga. Es algo progresivo, que no es estático; es algo que tiene un destino, que no es errático; es algo que también otros recorren ahora mismo y han recorrido.

Iglesia del Señor, nosotros no somos ni la primera ni la última iglesia del Señor; somos una entre muchas iglesias que tiene el Señor. Nosotros no somos los únicos creyentes en esta tierra; hay más hermanos nuestros que tienen más millas en el Señor. Y una iglesia humilde reconoce que está caminando la vida cristiana y que está en el camino correcto, pero también reconoce que hay otros que han militado la vida cristiana por más tiempo.

Hay hermanos que piensan que ya llegaron; no, no han llegado, no están ni siquiera cerca. Hay otros que van más lejos, hay otros que caminaron primero que nosotros. La vida cristiana, hermanos, es un camino. En dos mil años de historia, muchos creyentes verdaderos han militado también este camino. Nosotros no estamos descubriendo nada nuevo; es un camino viejo en el cual muchos otros han transitado.

Es algo que requiere dirección, y podríamos extraviarnos. Ayuda mucho, cuando se recorre una ruta, ir en compañía, porque el que va solo se pierde. Lo que había pasado con Apolos, hermanos, es que estaba transitando el camino del Señor, pero no había participado de esto tan hermoso que estaba sucediendo en la provincia de Judea, y es que ahí estaban los apóstoles, ahí estaba la primera iglesia. La vida cristiana no son unos conocimientos estáticos; hay toda una militancia cristiana que se hace alrededor de otros y con otros, caminando en el camino del Señor.

Sospecho que hermanos míos de naturaleza local piensan que la vida cristiana es solamente lo que ya conocieron. Hermano, todavía hay más. Eso es lo que vengo a decirles. Sospecho que hermanos míos piensan que ya lo tienen; yo he venido a decirles: lo que tienen es verdadero, pero les falta más. Sospecho que hermanos queridos dicen: “Ya como iglesia somos una iglesia madura”. No, no nos evaluemos nosotros mismos. Hay otras iglesias que son más maduras que nosotros. Hay otros creyentes que han transitado más lejos que nosotros. Hay hermanos que han alcanzado más que nosotros, y eso no es algo que nos avergüence, es algo que nos debe llevar a desear más profundamente, más perfectamente, más exactamente militar el camino del Señor.

Iglesia, tu Pastor te está diciendo que no nos conformemos con lo que ya tenemos, que no pensemos que hemos llegado, que tengamos la humildad necesaria de reconocer que, tal cual Apolos, podemos tener fortalezas en determinadas áreas, pero también nos faltan en muchas otras. Quiero decirles, hermanos, que el camino del Señor es más que datos aislados. Conocer tres verdades, hermanos, no es suficiente. “Ay, pero son verdades correctas.” Gloria al Señor que son verdades correctas, pero hay más del Señor todavía.

No es lo mismo ver el mapa y saber dónde está un lugar que ir a ese lugar. No es lo mismo. Yo les dije una vez a ustedes: eso se llama cultura de almanaque. Usted dice: “Yo conozco un país”, pero lo que tiene es la información del almanaque. Ya como quiera, si usted quiere conocer un país, vaya al país, y no vaya como turista. Si se puede, vaya como mochilero; y si no como mochilero, vaya, intégrase allí, conozca. Si usted quiere conocer un pueblo, viva en ese pueblo, conozca sus calles, su gente. Usted dice: “Yo tengo la información del censo, ahí tengo eso”. Eso se llama cultura de almanaque; eso no es conocer un pueblo. Conocer un pueblo es estar allí, haber probado su sabor, haber probado su gente, integrarse allí, conocerle profundamente.

Conocimiento, vida y generaciones en la iglesia

La vida cristiana, hermanos, es más que una cifra, más que una doctrina lineal para tener en la mente; es algo que hay que integrarlo, vivirlo. Y si usted solamente tiene conocimiento externo de la palabra del Señor, todavía le falta más de la mitad de este asunto. Si me dijeran: “¿De qué se compone la vida cristiana?”, yo les diría: es una relación concreta de Dios a su pueblo. Es conocimiento, es verdad, y esto lo vemos cada vez más claramente en sus implicaciones, sus relaciones, pero también en la vinculación con otros creyentes que van en esa misma dirección. Son relaciones y también, y sobre todo, es una experiencia de vida en Cristo.

La vida cristiana no es solamente unos conocimientos sobre Cristo; es una experiencia de vida en Cristo. Hay gente que tiene vida en Cristo y hay gente que tiene conocimientos de Cristo. La vida cristiana es conocimiento, pero también es vida y también son relaciones. Por eso dice el libro de Efesios en el capítulo 4, versículo 15, que tenemos que crecer en todo, hermano:

sino que, siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo.

— Efesios 4:15

Hermano, crezcamos en todo; eso es lo que les estoy llamando. Pienso que como iglesia hemos tenido históricamente una gran debilidad, que ha sido buena en un sentido, pero al mismo tiempo nos ha dejado un lastre que tenemos que resolver. Normalmente en una iglesia hay cuatro generaciones de creyentes que conviven, y usted llega, y cuando llega a la iglesia usted no es “el nuevo”. Usted no es el único que está diciendo que usted es nuevo; hay otros creyentes que tienen veinte años en el Señor. Hermanos, eso es un regalo.

Hay hermanos que tienen doce años en el Señor, eso es un regalo. Cuando esta iglesia se comenzó, muchas de las personas que llegaron tenían meses en el Señor, y muchos hermanos que tenían meses en el Señor crecieron juntos. Gloria al Señor porque perseveraron, pero ayuda mucho tener más de una generación de creyentes, ayuda mucho tener ejemplos concretos y fuertes.

Gran parte de lo que hemos hecho como iglesia en todos estos años han sido esfuerzos que parten desde cero. Les pongo un ejemplo, hermanos: nosotros vamos a hacer por primera vez en este año una Escuela Bíblica de Verano. Nosotros no estamos descubriendo el agua tibia. Hay iglesias evangélicas que tienen veinte años haciendo Escuela Bíblica de Verano; nosotros vamos a hacer la primera en este año.

Y cuando hagamos la primera, hermano, usted va a decir: “¡Wow, mira, lo hicimos!” Pero ¡oye!, qué bendición sería si aquí tuviéramos hermanos que tengan veinte años haciendo Escuela Bíblica de Verano, que nos dijeran cómo se hace la Escuela Bíblica de Verano. Hermanos, no he venido a avergonzar a mi iglesia, he venido a animarles, a decirles: abramos los ojos, porque hay más del Señor y de la vida cristiana que podemos tener.

Pareciera que aquí siempre hemos tenido Escuela Bíblica; durante muchos años aquí no teníamos Escuela Bíblica. Hoy tenemos una Escuela Bíblica fuerte, gloria al Señor. Pero ustedes saben que hay iglesias que tienen cincuenta años con la Escuela Bíblica; ustedes saben que hay hermanos suyos que tienen más de veinte años tomando Escuela Bíblica. A usted le bendice una iglesia, hermano, que tiene más de cuatro generaciones. Cuando usted llega a una Escuela Bíblica, usted tiene cinco referentes. Yo conozco esto; cuando aquí fuimos a otra Escuela Bíblica y vi hermanos que decían: “¿Qué es lo que se hace? ¿Cómo se hace?”, buscamos al hermano Darío, perdón, para que nos dijera que hay unos materiales, que se hace una cosa… Hermano, nosotros como iglesia estamos comenzando; lo que les estoy diciendo es que seamos humildes.

Ministerio de niños: hermanos, ¿qué, somos los primeros? No, hermano, no somos ni el primero ni el último. Hay iglesias que tienen generaciones desarrollando ministerio de niños, y nosotros estamos dando los primeros pasos. Nosotros no estamos para dar clases al problema; estamos aprendiendo.

Limitantes del crecimiento espiritual y pasiones principales

Ministerio de adoración: “Ay, que en otros hermanos usan la cantidad de iglesias que tienen; nosotros somos los primeros que adoramos al Señor.” No, hermano, no somos los primeros. Hay generaciones de creyentes que han tenido eso. Apolos era poderoso en una cosa, hermano, pero se había perdido años. Cuando Apolos llegó, la iglesia cristiana tenía quizás ya quince años de establecida y habían pasado muchas cosas.

Hermanos queridos, con esto lo que quiero es abrirles a la realidad de que nosotros no somos los únicos, ni somos los primeros; que hay mucho del Señor que muchos hermanos nuestros han vivido y que tenemos que tener la humildad para dejarnos ayudar. Hay limitantes, hermanos; el crecimiento espiritual tiene sus limitantes. Yo quisiera enseñarles dónde están los puntos de quiebre de la madurez espiritual, para que ustedes salten esa barrera.

La primera ya se la he dicho: la falta de tener referentes maduros hace que sea muy difícil avanzar. En los caminos del Señor, cuando uno camina en Cristo, uno tiene que tener otros hermanos nuestros que vayan por delante. La vida cristiana, en gran medida, es de imitación. Cuando usted llega a los caminos del Señor, usted primero imita. Decía el apóstol Pablo: “Sed imitadores de mí, como yo de Cristo.”

Cuando usted llega a una iglesia, usted primero observa e imita. Usted mira lo que hay alrededor, ve cómo la gente habla, cómo se conduce, qué hace en un culto, qué dicen, cómo se conducen, cómo adoran, cómo aprenden, en qué cosas participan y en cuáles no participan, y usted comienza a imitar. Cuando usted llega a una iglesia de nuevos creyentes, la gente no tiene ejemplos maduros para imitar, sino que, siendo todos nuevos, imitan el uno al otro.

¿Cuáles son las limitantes del crecimiento, hermanos, que tenemos que saltar? Nosotros necesitamos referentes de buenos creyentes, que tengan el carácter de Cristo integrado, que tengan prácticas cristianas, que tengan la mente de Cristo, que tengan un vocabulario cristiano, que sepan cómo un cristiano habla, se conduce y vive, para que los otros entonces comiencen a imitar.

¿Dónde están los límites de crecimiento? Son aquellos hermanos que se dejan llevar solamente de su interés principal y de su pasión. Miren, todo creyente tiene una fortaleza y tiene cinco debilidades. Hay hermanos que les va bien en su fortaleza y dicen: “Lo logré.” No, todavía te falta más de la mitad. Hay hermanos que toman un área y dicen: “En eso ya yo estoy.” Oye, hermano, todavía te falta mucho.

La vida cristiana es una vida integral, donde hay muchas cosas que se van poniendo. Quizá tú puedes ser fuerte en un área, pero todavía te faltan otras. Hay una pasión principal que tiene cada creyente; hermano, no descuide su pasión, pero saque tiempo también para buscar las otras cosas.

Yo les he mencionado en otras ocasiones que hay hermanos míos que tienen una pasión especial por la palabra del Señor, y hay otros que tienen una pasión principal por la adoración al Señor, y hay otros que tienen una pasión principal por la comunión en el Señor. Hay hermanos que son muy relacionales; hay unos que son muy expresivos al Señor; y hay muchos que son intelectuales, dicen: “No, es que yo no soy así.” Salga a buscar lo que le haga falta.

Lo digo esto como testimonio, hermanos: yo tuve que aprender a disfrutar, disfrutar intensamente la adoración al Señor. En mi primera naturaleza yo soy más intelectual, yo soy más de los libros. “Ah, pero es que yo soy así…” No, hermano. Inicialmente yo soy así, tengo esa facilidad, pero he tenido que aprender a expresar adoración al Señor, a levantar mis manos, a darle al Señor adoración. Entonces, mire, hay cosas que le salen a uno solas, y hay otras que uno sale a buscarlas.

Hay hermanos que son gregarios por naturaleza, les gusta estar juntos, les gusta compartir; hay otros que no son así. La vida cristiana es crecer en todo en aquel que es la cabeza, esto es Cristo; no es de una sola área, no es de una sola faceta, es de muchas facetas al mismo tiempo. La hermosura de la vida cristiana es que tenemos hermanos que son fuertes en una cosa y otros que son fuertes en otra; usted, pasando a su fortaleza, póngale énfasis especial, comience a buscarla y cultívela en el Señor.

¿Dónde están los límites de crecimiento? Son aquellos que se aíslan de otras iglesias. Hermano, en esto les digo: uno tiene que ser sabio, prudente. Uno celebra su iglesia local, hermano, pero su iglesia local no es la única. Miren, cada iglesia tiene una fortaleza y una especial debilidad. Les digo esto: gran parte de la labor que hace un Pastor es mantener su iglesia en contacto con otras iglesias.

Cuando yo tengo el privilegio de estar en iglesias que no son la mía, yo me doy cuenta que esos hermanos son fuertes en una cosa, que nosotros somos fuertes en otra. Y ¿saben qué hago, hermano? Cuando tú sales, tú tienes perspectiva, y tú ves cuál es la realidad, y tú dices: “¡Wow!, pero mira por dónde ellos están al nivel en esto, y mira nosotros dónde estamos en lo otro.” No es una comparación superficial, no es un asunto carnal; sino que tú sabes dónde te hace falta.

Aprender de otras iglesias y evitar el estancamiento

Miren, hace cuatro años yo fui a predicar a una iglesia y esos hermanos disfrutaban la adoración al Señor con tanta intensidad que yo me di cuenta: a nosotros nos falta esto. Yo estaba ahí, hermano, que yo no quería irme. Los hermanos tenían un tiempo de oración tan espontáneo, con tanto gozo, con tanta alegría, con tanta expresión, con tanta vehemencia delante del Señor, que yo decía: “¿Pero dónde estamos nosotros?”

Y hace años que he estado predicando en mi iglesia respecto a esas cosas. En gran medida, ir a una iglesia que no es la mía me permitió ver que esos hermanos son fuertes en eso. Por eso les digo, hermanos, miren, no denigren ninguna iglesia cristiana porque tenga una debilidad; mire la debilidad suya y mire la fortaleza de los otros.

Yo fui a otra iglesia en San Juan, hermano, y yo estaba ahí y decía: “Señor, pon en mi iglesia esa pasión que hay en esos hermanos, ese denuedo que hay en ellos al respecto de esas cosas.” Y tú no puedes decir: “No, lo que pasa es que en Pez Mundial nosotros somos fuertes en las Escrituras.” Yo quiero que seamos fuertes en las Escrituras, pero también fuertes en la santidad, fuertes en el testimonio. Yo quisiera que fuéramos fuertes en la pasión por el Señor, también fuertes en tener un porte reverente delante del Señor; que seamos fuertes, hermano, no de una sola cosa, sino en todo, que crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es Cristo.

Quedarnos solos, hermanos, lo que hace es que uno sublima su debilidad y exagera su fortaleza. Dice: “No, nosotros como iglesia somos la…” Yo una vez les pregunté a mis hermanos y les dije: “Hermano, ¿qué tú crees que es nuestra iglesia? ¿Cuál es su fortaleza?” Y me decían cosas, y yo decía: “A veces sí, a veces no.”

Apolos era poderoso en las Escrituras, hermano, pero le faltaban muchas cosas. Iglesia, nosotros podemos esforzarnos por ser poderosos en unas áreas, pero nos faltan otras. El camino del Señor no es un camino para quedarnos aislados, y un límite de crecimiento es cuando una iglesia se aísla de otras iglesias.

Doy unas cuantas cosas más, hermanos, y me muevo un poco. Límite de crecimiento, hermanos: cuando la gente deja de crecer, frecuentemente, mis hermanos, cuando cumplen un ministerio o se les da una posición en una iglesia, piensan que lo lograron. Hermano, cuando uno tiene un servicio al Señor, un privilegio en el Señor, cuando uno hace algo para el Señor, no es porque uno ya sea 100% aprobado. Que haya sido puesto en un ministerio no significa, hermano, que estamos reconociendo que eres un primor, que tienes todas las cosas resueltas.

Lo que significa es que debes seguir creciendo. El conocimiento del Señor y seguir creciendo en el servicio al Señor. Hay hermanos que piensan que ya lo lograron porque dominan una doctrina. ¡Ay, cuántas personas yo he conocido que a nivel de soteriología, la doctrina de la salvación, pueden resolver eso como el trinomio cuadrado perfecto! Ellos pueden trazar esa doctrina hacia la izquierda y hacia la derecha.

Pero les digo: ¿esa es la única? Hay otros que son fuertes en escatología, y les menciono esas dos cosas porque aquí la gente se encuentra frecuentemente entrampada. Hay hermanos que su único tema es la salvación, y de izquierda a derecha, derecha a izquierda; y hay otros que su único tema son los acontecimientos finales. Hermano, yo les digo: ¿y son las únicas doctrinas? No, “pero en eso soy fuerte.” Hermano, falta muchas doctrinas más; falta. Apolos eso no es lo único; lo que tú tienes, te faltan muchas otras cosas.

Puntos ciegos, sufrimientos y correcciones de Dios

Hay hermanos que cantan victorias espirituales en áreas de su vida y, cuando logran vencer ahí, ellos piensan que lo lograron. Hermano, eso es una; esa no es la guerra, es una batalla. Un hermano que superó, con el poder del Espíritu Santo, una debilidad en su vida, y él piensa que ya llegó.

Y después de una pequeña victoria, hermano, que es como de ese tamaño, él se sienta a esperar a Cristo. Hermano, venció en un área muy pequeña, pero todavía faltan diez áreas más; y cuando tú te das cuenta que el Señor te permite comprender un área y ya puedes tener en eso gloria para el Señor y vencer con la ayuda suya, ¿qué es lo que viene delante, hermano? Cinco áreas más que tendrás que vencer. Del mismo modo, haber tenido victoria sobre un pecado, victoria sobre una actitud, victoria sobre una conducta no significa que lo lograste y que debes ponerte en pausa y dejar de luchar; significa, hermano, que ¿qué es lo próximo? Después de una batalla viene otra batalla, después viene otra batalla; la guerra se terminará, hermano, cuando venga nuestro Señor Jesucristo.

Hay gente que ha sido usada por el Señor para algo importante, puntual. El Señor los usa con fruto en algo, pero no significa que sea lo único. Fuiste usado para eso, gloria al Señor; y mañana que seas usado para algo más, no es lo único.

Y dígame usted ahora con cuidado: hay hermanos míos que tienen la debilidad de que no tienen mucho contacto con creyentes maduros; pero hay otros que tienen más contacto del que deberían tener con creyentes inmaduros, y un contacto pasivo. No es que uno vaya a hacer “selección de personas”, hermanos, de que “con este me junto”, o “con aquel no”, o “con este comparto y con otros no comparto”, no. Pero cuando vas a compartir con creyentes maduros o inmaduros, tú siempre tienes que tener el entendimiento, el discernimiento encendido, y no dejarte vencer por la maldad.

Hay creyentes carnales que difunden su carnalidad. Hay creyentes inmaduros que difunden su inmadurez. Hay creyentes inmorales que difunden su inmoralidad, y ¿saben sobre quiénes la difunden? Sobre aquellos que tienen una actitud pasiva sobre la comunión. Cuando uno tiene la comunión de los santos, uno no se suelta, hermano; uno siempre tiene la actitud de edificar, y uno dice: “Este hermano me puede edificar, y a este hermano yo debería edificarlo.” Pero si te pones pasivo y dejas que todo venga como si fuera bueno, estás haciendo un gran daño sobre tu alma.

Por eso yo les recomendé una vez, y vuelvo y les reitero: comparta con todos sus hermanos, pero debería cultivar especial interés con hermanos que aporten a su vida espiritual, con hermanos que sean un referente espiritual para usted. Y usted dice: “¿Con esos solamente?” No, con todos, pero con esos especialmente. Como Priscila y Aquila, hermanos, deberíamos nosotros cultivar especialmente esas relaciones.

Todo creyente debería participar con toda su iglesia, pero cultivar especialmente una relación con hermanos maduros que puedan aportarle a su crecimiento espiritual. En primer lugar, hermanos, he tratado de alcanzar un propósito y decirle a mi iglesia que debe reconocer sus debilidades. Que la Iglesia Pez Mundial no está al cien, hermanos, sino que hay toda un área de la batalla cristiana que quizá usted se está perdiendo. Y no es la misma área, hermano, porque tú dices: “¿Cuál es?” No, tú tienes un punto ciego y yo tengo otros puntos ciegos.

Sí me he dado cuenta que el Señor, cada cierto tiempo, hace obras contundentes para hacer que un creyente vea su punto ciego. Les menciono casos: Job. ¿Job no era un siervo del Señor? Ahora miren: en el sufrimiento, Job conoció a Dios. Si usted le pregunta a Job antes del sufrimiento: “¿Job, tú conoces a Dios?” —“Yo conozco a Dios perfectamente.” Tú eres Apolos; tú todavía no sabes lo que te hace falta. “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven.” En el sufrimiento conoció al Señor.

Isaías, hermano, un siervo del Señor. Pero había un rasgo del carácter de Dios que Isaías temporalmente había quedado ajeno; ese rasgo del carácter de Dios es que Dios no solamente es grande, sino que Dios es Santo. Y un día Isaías se encontró con el Señor, hermano, en el templo, y vio al Señor alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. A partir de ahí: “Santo, santo, santo”. Él se encontró con la santidad de Dios, y tú dices: “¿Pero Isaías no sabía que Dios era Santo?” No con ese nivel de intensidad.

Saulo de Tarso no sabía que Cristo había relacionado su nombre con su iglesia, y que perseguir la iglesia de Cristo era perseguirle a Él. Y cuando se encontró con el camino, le dijo: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” Él chocó con esta realidad de que nuestro Señor es el Señor de la iglesia y que Él ha relacionado su nombre con su iglesia, y dañar y perseguir la iglesia del Señor es perseguir a Cristo; él no entendía ese asunto.

Pedro tenía un problema: era judío y tenía problemas reconociendo a los gentiles. El Señor le dio una experiencia que yo me imagino que le hizo repulsión: le permitió ver animales inmundos para los judíos cayendo del cielo. “Pedro, mata y come.” —“Señor, yo nunca he comido de eso, yo nunca…” —“Pedro, que tú tienes que entender que yo no hago acepción de personas.” Y después le dio una experiencia, hermano, donde él fue utilizado para dar testimonio a los gentiles.

Con esto les muestro que cuando una iglesia tiene su punto ciego, el Señor hace obras grandes para que cuando abra los ojos vea que Dios es más grande de lo que tú y yo hemos conocido; que hay más de Dios de lo que tú y yo hemos visto; que el Señor no está limitado a nuestro set de conocimiento particular sobre Dios; que Dios es más grande de lo que tú y yo habíamos creído.

A Juan Marcos le enseñaron diligencia. Juan Marcos estaba emocionadito con la misión, hermano; él dijo: “Yo voy”, y se enroló en las misiones sin saber el costo, hermano, y la diligencia que requiere hacer el trabajo del Señor. En medio del viaje se devolvió, y cuando se devolvió él pensaba quizás que se le iba a dar un trato favorable. No. La iglesia se reunió en la casa de la mamá de Juan Marcos, y parece que era un muchachito acomodado porque la mamá tenía una casa grande. Juan Marcos quiso ser misionero sin entender lo que era la misión; y cuando se fue, dice que se devolvió. Y para el segundo viaje él quería que lo inscribieran; el apóstol Pablo dijo: “No va; ese que nos abandonó no va con nosotros”, y hubo una trifulca en la iglesia primitiva.

Hermano, Pablo le dijo: “No va, porque esa no es la actitud para la misión; él se devolvió, él no sabe lo que eso cuesta”, y lo dejó. Y uno dice: “¡Wow, Pablo, pero tú lo estás frustrando, lo estás dañando, estás matando su vocación!” Es que él tiene que aprender que hacer la obra del Señor requiere esfuerzo, que esto no es turismo, no es un viaje cómodo, es un viaje difícil. Y lo dejó; y al final de su ministerio lo mandó a buscar: “Tráiganme a Marcos, porque me es útil.” Gloria al Señor por eso, pero él lo aprendió: que la obra del Señor hay que hacerla con diligencia.

A Timoteo le enseñaron que esto se enfría. Timoteo era un instrumento del Señor también, hermano, pero parece que era como medio que iba y venía. Pablo le dijo: “Aviva el fuego del don que está en ti; no te devuelvas, dale para adelante.” Parece que Timoteo, hermano, tuvo que aprender que esto hay que mantenerlo vivo, como una llama encendida para el Señor.

Riesgo de formar “buenos estudiantes” sin vida cristiana

Les doy una alerta, hermanos, y ya sí, de verdad, me muevo: mire, nosotros podemos estar formando buenos estudiantes de la Escritura que sean malos cristianos, y eso es perfectamente posible. Podemos formar gente, hermano, que en cuanto a las Escrituras sean poderosos, pero que ignoren gran parte de la vida cristiana.

Hermano, no participemos de ese mal como iglesia. Reconozcamos dónde están nuestras debilidades, dónde están nuestras oportunidades. No nos creamos que somos fuertes en todas las áreas, sino que dependamos del Señor y que el Señor nos permita, con sus medios de gracia, ver más ligero, hermano, cuáles son nuestros puntos ciegos.

Me muevo un poco más al versículo 26. Dice así la Escritura:

Y comenzó a hablar con denuedo en la sinagoga; pero cuando le oyeron Priscila y Aquila, le tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios.

— Hechos 18:26

Quito el foco de Apolos y lo pongo en Priscila y Aquila. Quiero hablarles de ellos, hermanos; yo quisiera estimular en mi iglesia local el ánimo, el espíritu, el temperamento y la disposición que había en Priscila y Aquila. Quisiera ver más de eso en nuestra iglesia.

¿Qué pasó con Priscila y Aquila, hermanos? Que no se dejaron impresionar. Miren, a veces el que más “bulla” hace no es el más maduro; es el que más habla. Y hay gente que habla mucho y que son como dispuestos, pero un hermano maduro lee el asunto y dice: “A ese todavía le falta. Él habla, él es poderoso en palabra, pero todavía no tiene tan exactamente el conocimiento del camino del Señor.”

Priscila y Aquila, hermano, no se dejaron impresionar. Estos hermanos quizá tenían la mitad del instrumento que tenía Apolos, pero tenían mucho discernimiento, y cuando lo oyeron, leyeron la situación. Se dieron cuenta: “Él habla, pero él no va más allá del bautismo de Juan; como que no sube mucho. ¿Y qué es lo que pasa con Apolos? Apolos es poderoso en palabra, pero él no va más allá del bautismo de Juan.” Discernieron.

Hermano, un hermano maduro en una congregación siempre tiene el discernimiento encendido, y cuando encuentra personas que son poderosas en palabra, pero que hay que enseñarles más exactamente, tiene prudencia al hacerlo. Yo quisiera que imitaran, como iglesia, aquellos que aquí son maduros: la actitud de Priscila y Aquila.

Ellos se dieron cuenta que él tenía un entendimiento que era correcto, hermano, pero limitado. No era que él era un hereje; no era que tenía la doctrina incorrecta; era que tenía poca doctrina, poca profundidad, poco alcance. Tenía una base buena, pero poco alcance. Es que la doctrina cristiana, hermano, eso es como un gran cuadro que tú vas pintando. Primero haces un boceto, y después le pones una capa, y después otra capa, y después otra capa, y después le das terminación. Así funciona la doctrina cristiana. Nadie hace un cuadro en un solo momento; el carácter de Cristo, el conocimiento de Cristo, primero usted lo boceta.

El boceto correcto, agárremelo ahí, hermanos de los mejores pintores; los bocetos cuestan de conseguir. Mire, un boceto que todavía no le han tirado los colores encima ya eso es valioso, porque está bien pintado, tiene buenos principios. Hay hermanos que tienen buenos bocetos de la doctrina cristiana, pero les faltan colores, les falta el brillo, hermano, les falta terminación. Un hermano maduro en una congregación lo percibe y dice: “Ese hermano está en lo correcto, pero hay que llevarlo a un entendimiento más exacto, hay que darle los colores.” Hay hermanos míos que tienen boceto de la doctrina cristiana, boceto del carácter de Cristo, pero les faltan los colores.

Y digo esto, hermano, sin ánimo de entristecerlo; hay algunos que no es ni siquiera boceto lo que tienen: es un esbozo. Pero están en esbozo; no lo celebren como si fuera un cuadro terminado. Hay hermanos que, cuando trazan la doctrina, cuando hablan, cuando se expresan, cuando se manifiestan como cristianos, uno se da cuenta que como que no está todavía bien. La base es buena, pero hay que rectificar.

¿Cuál fue la actitud, hermano, de Priscila y Aquila? Primero discernieron: se dieron cuenta, Apolos está bien, él tiene la doctrina, él tiene la base, pero hay que llevarlo más exactamente al camino del Señor. Lo otro: fueron sabios y prudentes. Esta es la razón, hermano, por la cual en la iglesia siempre volvemos a las mismas cosas. Ustedes me van a ver aquí exponiendo una doctrina, y volvemos; exponemos la misma doctrina, la misma doctrina, y la misma doctrina. “¿Pero cuántas veces se va a hablar de lo mismo?” Hasta que usted tome color.

La vida cristiana, hermano, todo es por repetición, por repetición, por repetición. Uno primero tira un jaloncito, y después tira colores, después color, y después color y color, y después damos la otra capa, hermano. Así es que funciona la vida cristiana, así es que se hace un gran cuadro que muestre el carácter de Cristo. Por eso repasamos las mismas cosas; es volver sobre lo mismo, sobre lo mismo, sobre lo mismo, desde diferentes perspectivas, la misma doctrina. A veces la ponemos desde los evangelios, a veces desde las epístolas pastorales, a veces desde el Antiguo Testamento, hermano, para ponerle forma, color. Usted tiene boceto, pero le faltan colores.

Trato sabio al creyente limitado y código “tómalo aparte”

¿Qué más fue la actitud de ellos, hermanos? Ellos reconocieron que él estaba bien; no fue para avergonzarlo. Lo que él tenía era útil. Hermano, le permitió reconocer a Cristo. Hay hermanos que tienen una doctrina que ya les es útil; lo que les falta es más profundidad. No era error.

Miren la diferencia entre un hermano que ha tenido poca exposición a la doctrina cristiana y un falso creyente. Pero hay hermanos míos e iglesias que me lo quieren poner en la misma funda, me quieren tratar al creyente poco formado como si fuera un falso creyente. No es lo mismo. Si fuera error lo que tuviera Apolos, eso no tenía ninguna utilidad, porque el error no edifica. Lo que él tenía era correcto, era poco, pero era correcto. Cuando te encuentras a alguien que tiene poca doctrina, pero la doctrina correcta, usted lo fomenta, usted lo agrupa, no lo avergüenza, hermano: “Vamos a darte más.”

Si era error, hermano, eso no se podía mejorar; no era “más exactamente eso”, había que desecharlo. El error se desecha; sobre el error no se construye. Pero lo que tenía Apolos era verdadero. Y si fuera error, tampoco producía comunión, porque dice la Escritura: “¿Qué comunión tiene la luz con las tinieblas?” Lo que Apolos tenía era luz; tenía conocimiento correcto del Señor, pero chiquito.

Ay, hermano, yo pensando y especulando, quizá Felipe le dio testimonio, una persona que iba rápido. Lo encontró con el Antiguo Testamento, le dijo: “Búscate a Isaías, mira, búscate ahí tal cosa. Ya vino, murió, resucitó”, y él como que abrió los ojos, y quizá lo dejó ahí. Y el Señor dijo: “Espérate, Apolos, tú le estás sacando mucho provecho a un alcance muy pequeño de los conocimientos del Señor.”

Quiero animar, hermanos, a que cuando se encuentren gente así en otra iglesia, no los avergüencen, no los rechacen; aúpenlos, díganles que lo que tienen es bueno, y que hay más. En este mismo lugar donde se está escribiendo esto, hermano, Lucas está dándole piropo a Apolos. Usted se encuentra a un hermano fuerte, pero que le falta un poquito de profundidad; no lo avergüence. Dígale: “Esa elocuencia te la ha dado el Señor; ese denuedo, ese espíritu fervoroso te lo ha dado el Señor; ese poder en las Escrituras…” Apolos conocía bien el Antiguo Testamento. Dice Martín Lutero —él atribuye el libro de Hebreos a Apolos, dice que probablemente lo escribió Apolos—; Apolos era diestro en el Antiguo Testamento.

Cuando usted se encuentre a hermanos como esos, hermano, en nuestra iglesia, por favor, no me los dañen. Porque yo he visto, en mi experiencia pastoral, que es más fácil instruir a quien ya tiene la pasión correcta por hacer la obra de Dios, que poner pasión por la obra del Señor en aquellos que tienen la cabeza grande pero el corazón frío. Si a mí me dan a elegir entre un alma apasionada por hacer la obra del Señor, que no ha tenido mucha exposición, y un hermano que tiene la cabeza grande pero que no ha dado todavía, hermano, ni siquiera los primeros pasos, yo prefiero ese que ya tiene vehemencia, que ya tiene pasión.

Hay hermanos que vienen a materiales, hermanos, que quieren rápido hacer muchas cosas; no los desestimen, déjenlos ahí. Tómenlos aparte, como hicieron Priscila y Aquila, pero no los dañen; reconozcan lo que el Señor les ha dado. Yo quiero, hermano, poner ese código en nuestra iglesia: hay gente que hay que tomarla aparte. Te veo, hermano, que tienes vehemencia, que tienes deseo de hacer la obra del Señor. Aunque no tenga el conocimiento que tiene usted, no lo deseche; tómelo aparte.

Tomarlo aparte, hermanos, es pasar tiempo con él para transmitirle la experiencia cristiana, el carácter de Cristo, la relación con el pueblo del Señor. Y es ahí que nuestros hermanos florecen. Me he dado cuenta en nuestra iglesia local que la gente florece más espiritualmente pasando tiempo con creyentes maduros que hasta por la misma exposición directa. Yo me doy cuenta que nuestros hermanos florecen cuando tienen conocimiento correcto y la relación correcta; cuando un hermano los toma aparte.

Ahí va el hermano que te dice: “Mira, pasa por mi casa, vamos a hablar.” Y ahí tú te vas refinando; y dice la Escritura: “El hierro con el hierro se aguza, y así el hombre aguza el rostro de su amigo.” He ahí, hermano, donde uno se pule: pasando tiempo con creyentes.

No los avergüence. ¿Qué fue lo que ellos no hicieron, hermano? Lo que Priscila y Aquila no hicieron fue confrontar públicamente a Apolos. Hay por ahí hermanos míos que solamente saben hacer trifulcas en los caminos del Señor. ¿No se han fijado en eso? Hay hermanos que no tienen el tacto o la gracia de hacer una obra que sea edificante. Un hermano está trazando la doctrina y la llevó al nivel dos, y él dice: “No, eso hay que llevarlo al nivel siete”, y hace una trifulca.

Hermano, tómalo aparte. No hay que hacer una confrontación pública, no hay que hacer un pleito, no hay que hacer una discusión. No hay que hacer en esto, hermano, un sínodo porque el hermano no lo llevó al punto tres; que llegue hasta donde él llega. Tómalo aparte para que llegue al punto cinco. Quiero animar a mis hermanos a la actitud de Priscila y Aquila: ellos no avergonzaron a Apolos. “Apolos que se calle, que él no sabe; los que sabemos somos nosotros.” Espérate, que el hermano tiene vehemencia, tiene pasión, y él tiene un conocimiento que es correcto, aunque no es muy profundo. Tómalo aparte.

De ahí es que sale el chisme y la murmuración. Un hermano ve a alguien que traza la Escritura y se queda: “No, mira, yo creo que a Apolos le hace falta…” Eso es chisme y murmuración. Sí le falta, pero está haciendo la obra. Tómalo aparte. Ellos no le negaron la comunión hasta que él no pudiera demostrar que está al nivel siete: “No puede, no es un hermano.” Trátalo como un hermano.

Hay hermanos que, creyéndose más maduros, hacen un daño tremendo porque quieren poner a los que vienen con vehemencia a hacer la fila: “No, Apolos tiene que estar aquí dos años antes de que pueda…” Espérate, hermano. Apolos llegó y rápido fue útil; tómalo aparte, eso es lo que te estoy diciendo. Pero nosotros tenemos que estar abiertos, como iglesia, a que el Señor nos va a mandar instrumentos que ya vienen con una base y que pueden enrolarse rápido en el ministerio, aunque quizá no tengan aquí diez años.

Pero imagínese usted: nosotros, como una iglesia pequeña, no podemos darnos el lujo de esperar diez años antes de comenzar a usar los instrumentos que el Señor nos va mandando. Si el Señor nos mandara un Apolos, hermano, vamos a darle lo que le haga falta y que rápido se enrolen, venga a edificar.

¿Qué fue lo que no hicieron, hermano? Ellos no denostaron su trabajo; ellos no pretendieron salir de Apolos con un discurso. Hay hermanos que ven a alguien que no llega al nivel que ellos entienden que debe llegar y piensan que con decirle tres cosas, con un discurso, lo van como a exorcizar. Hermano, así no se produce profundidad. Usted pasa tiempo con él, en calma.

“Apolos, ven para mi casa, vamos a hablar. Mira, a Esteban lo apedrearon; y lo que pasaba es que el hermano era apasionado y defendía la fe. Saulo, tú no lo conoces, te lo vamos a presentar: era un perseguidor de la iglesia, y el Señor lo alcanzó con salvación, y después teníamos miedo, pero después vimos que el Señor había hecho una obra, y ahora anda predicando. Él estuvo aquí la semana pasada y anda ahora por Corinto.”

Le hablaron, hermano. “El Señor resucitó, estuvo con nosotros, nosotros le vimos resucitado. Tú no estabas aquí cuando vimos eso. Después vino y se levantó y ascendió hacia el cielo, y vimos unos ángeles que nos dijeron: ‘Varones galileos, ¿por qué están mirando al cielo? Este mismo Jesús que ha sido levantado, así como lo vieron ir al cielo, así mismo volverá.’ Y nosotros lo escuchamos. Y en Pentecostés, tú no te imaginas lo que sucedió: esto estaba lleno de gente y el Señor vino, se derramó con estruendo, y comenzamos a hablar en diferentes lenguas. La gente comenzó a abrir los ojos al Señor, y después tuvimos un bautismo de miles de personas.”

“¡Wow!, y todo eso pasó aquí…” Hermano, para usted poder hacer eso, usted tiene que haber tenido un trato cristiano, no solamente el Señor; el Señor va mandando. Seamos como Priscila y Aquila, que en vez de aporrear a la gente los edificamos.

Humildad de Apolos y fruto de dejarse enseñar

Les he mostrado, en primer lugar, hermano, que quizá como iglesia hay áreas que nos faltan; que quizá nosotros somos como Apolos: poderosos en una cosa y débiles en otra. Les he mostrado, en segundo lugar, que podemos tener creyentes verdaderos con un entendimiento limitado y que hay que darles el trato que le dieron Priscila y Aquila; que cuando el Señor nos mande gente, hermanos, no digamos: “Ah, es que él no piensa como nosotros.” Tómalo aparte. Ese es el código en esto, hermano: tómalo aparte, dedícale tiempo, pasa tiempo con él, rectifícalo, no lo avergüences, porque puede ser que ahí el Señor nos esté dando un instrumento.

Quiero terminar mostrándoles que, si como iglesia, si como creyentes demostramos humildad al permitir ser enseñados por otros, ahí creamos las condiciones para la edificación del cuerpo de Cristo. Me llama la atención que Apolos se dejó enseñar. Ay, hermano, Priscila era una mujer, y su marido; y la presentan a ella de primera. Quizás este hombre que vino de Alejandría —Alejandría, hermano, era la meca del conocimiento en el mundo antiguo; eso era parte de Egipto, y ahí estaba la comunidad intelectualmente más floreciente; había un tal Filón que había que dejar el espacio por donde pasaba—, hablar de Alejandría, hermano, eso era hablar de “¡wow!”, la meca del conocimiento.

Y este hombre que viene de Alejandría, un judío, fuerte orador, al mismo tiempo profundo en el Antiguo Testamento, viene y una hermana nuestra lo instruye: “Mira, ven, vamos para mi casa; yo hablé con Aquila para que te recibamos allá, vamos a comer juntos, vamos a hablar.”

Y comenzó a hablar con denuedo en la sinagoga; pero cuando le oyeron Priscila y Aquila, le tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios. Y queriendo él pasar a Acaya, los hermanos le animaron, y escribieron a los discípulos que le recibiesen; y llegando él allá, fue de gran provecho a los que por la gracia habían creído; porque con gran vehemencia refutaba públicamente a los judíos, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo.

— Hechos 18:26–28

Que tú seas, hermano, ese que pone más exactamente el camino del Señor. Y queriendo él pasar a Acaya, los hermanos le animaron y escribieron a los discípulos que le recibiesen, y llegando él allá fue de gran provecho a los que por la gracia habían creído.

Hermano, cuando tú te dejas enseñar, cuando eres enseñable, cuando eres humilde, tú estás edificando el cuerpo del Señor. Y no es más edificado el cuerpo de Cristo, corporativamente, globalmente hablando, porque no hay más gente que tenga el ánimo de Apolos, gente que se deje enseñar por otros como Apolos se dejó enseñar.

Lo que sucedió fue que Apolos, al dejarse enseñar y demostrar humildad para ir más profundamente en los caminos del Señor, después tuvo un deseo de ir a Acaya, y la iglesia lo celebró. Le dijo: “Claro, te animamos, te apoyamos. Vas a ser de tanta bendición en Acaya como lo has sido en Éfeso; nosotros reconocemos que tú eres un instrumento del Señor, nosotros no quisiéramos que tú te vayas, pero si tú vas a edificar el pueblo del Señor allá, nosotros mismos lo celebramos.”

Hermano, ¡qué bonito es un hermano que demuestra en su iglesia local humildad, se deja enseñar! Porque cuando el Señor le pone un propósito más grande, la iglesia lo aúpa, lo celebra. ¿Saben que hay gente que dice: “Yo quisiera ir ahora a edificar el pueblo del Señor que está en la mata de Farfán” y la iglesia local se entristece y se preocupa? Dice: “Ay, ay, ay, ¿qué es lo que estamos mandando, dónde es que tú quieres ir?” Esa es la realidad.

Hermano, un hermano humilde, que se ha dejado instruir, que se ha dejado edificar, cuando quiere emprender algo para el Señor, encuentra que su iglesia local lo agrupa, lo celebra. Y dicen: “Miren, ese es un hermano que no solamente es poderoso en palabra, sino que se ha dejado enseñar y ahora está mucho más maduro que cuando llegó; y cuando se le manda a otra parte, sus hermanos le animan.”

Lo que sucede con esto, hermano, es que él se dejó enseñar, demostró humildad, y cuando él quiso, asimismo dice: “Y queriendo él pasar a Acaya, los hermanos le animaron.” Alguien que ha demostrado no solamente tener determinados conocimientos, sino la humildad para dejarse enseñar todavía a un nivel más profundo, cuando el Señor pone algo en su corazón, lo que hay es celebración: “¡Qué bueno! Pero quisiéramos que siguieras con nosotros, pero ve allá, y allá también vas a ser de bendición.”

Hermano, que tú seas enseñable, que tú no estés quedándote igual, que sea evidente tu aprovechamiento; ¿qué es lo que produce un hermano que demuestra la humildad de dejarse enseñar? Lo primero: eso, que la gente te estimula: “Qué bueno, sigue avanzando, sigue avanzando, edifica también por allá.”

¿Qué más sucedió? Primero encontró estímulo; después, hermano, la iglesia local dio testimonio acerca de él. Dice que ellos escribieron a los discípulos para que le recibiesen. Cuando tú has demostrado humildad, que te dejas enseñar, eso abre puertas, y alguien habla por ti. El soberbio, nadie le abre una puerta y, si es posible, se la cierran: “Tengan cuidado con él; ese es un divisor, es alguien que no es humilde, que no se deja enseñar.” Quien ha demostrado, hermano, que se puede sentar a los pies de alguien, que puede reconocer eso, en otro lugar le abren la puerta.

Quiero decir con esto, hermanos, que la iglesia cristiana universal es un entretejido de relaciones: tú tienes un buen testimonio en un lugar, y eso te abre la puerta a otros lugares; alguien habla por ti. Todo creyente, hermano, que ha demostrado tener raíces en un lugar, que ha edificado y se ha dejado edificar, otros creyentes hablan sobre él. Eso es lo que hace la iglesia cristiana: tú llegas aquí, cuando das fruto aquí, se le escribe a otro lugar: “Recíbanlo, recíbanlo, ustedes van a ver qué bendición va a ser Apolos por allá.” Otros te abren la puerta.

Testimonio en la iglesia y puertas abiertas

Al soberbio, hermanos, nadie le abre la puerta; siempre están violentando para pasar. ¿Cómo sucede esto? Bueno, tú deberías desear ser no solamente conocido como poderoso en palabra, sino tener cierto arraigo, cierta trayectoria, cierto fruto en el lugar donde el Señor te ha puesto, de forma tal que, cuando vayas a otra parte, esa gente lo menos que puede hacer es hablar favorablemente de ti.

Qué hermoso un hermano que no solamente pasó por Éfeso, sino que echó raíces en Éfeso; porque cuando salió de allá, los hermanos de Éfeso le escribieron a Acaya. Qué hermoso, sus hermanos en una iglesia local han dado testimonio de un crecimiento consistente en los caminos del Señor, y cuando va a otro lugar esa misma iglesia local lo recomienda.

Hermano, esto es lo que se llama tener testimonio. Tú no eres un suelto en los caminos del Señor. Tú eres conocido en un lugar, con un testimonio de humildad y edificación. Hay gente de la que lo único que podemos decir es: “Es poderoso en palabra.” A uno le preguntan, hermano: un maestro llega a un lugar, y frecuentemente la gente le pregunta: “¿De dónde tú vienes?” Sería raro que usted vea a una persona que sea poderosa en la Escritura y que no sepamos nada de él, porque sabemos que él es de tal lugar, sabemos que él es de tal iglesia, esto es relacionado al pueblo del Señor.

Quiero decir a mi iglesia local cómo debería desear tener ese buen testimonio: que otros hermanos tuyos te conozcan, que otros hermanos tuyos hayan probado tus dones, que otros hermanos tuyos hayan aprobado tu carácter, tu temperamento; de forma tal que, cuando haya la oportunidad de ir a otro lugar, esos mismos hermanos tuyos hablan por ti.

Doy esto como testimonio: a mí me fue de mucha bendición en el ministerio hacer dos reuniones. Recuerdo, cuando comencé el ministerio pastoral, muchas iglesias no nos conocían, no sabían quiénes somos; y eso no es malo, hermano, que tengan esa razón: una iglesia nueva. La gente normalmente tiene esa precaución: “¿Quiénes son ellos, de dónde vienen, qué predican?”

Yo recuerdo que yo desarrollé, hermano, fui a tocar algunas puertas; no les digo los nombres para no… no creo que haga falta. Fui donde un Pastor que tenía treinta años en el ministerio, y a través de un familiar hice un contacto con él. Fui a su oficina y le dije: “Pastor, yo vengo donde usted porque usted tiene treinta años en el ministerio y yo tengo solamente unos cuantos. Ustedes son una iglesia establecida, una iglesia que tiene mucho tiempo dando testimonio, y yo quisiera que nos ayuden.” No era algo que yo pudiera hacer por mis propios medios, era algo puntual que esa otra iglesia podía ayudar.

Yo fui donde ese Pastor, me recibió en su oficina, y le dije: “Pastor, mire, nosotros somos una iglesia…” Y nos ayudó. Nos dio un consejo, nos dio un recurso, nos dio una recomendación; y después de eso, hermano, ese mismo Pastor no es que sea mi súper amigo, que estamos todos los días juntos, pero debe haberme abierto a mí por lo menos cinco puertas más. Y cuando alguien le ha preguntado: “Ah, sí, yo los conozco, yo sé quiénes son ellos, yo sé quién es el Pastor.”

Hermano, esto demuestra la humildad de estar en un lugar, y eso crea las condiciones para que el pueblo del Señor también abra puertas. Quien no lo conocen en ninguna parte, que no se ha dejado ayudar por nadie, que no ha demostrado humildad para recibir un poco, no debería esperar que el pueblo del Señor lo reciba.

Después de eso fui donde otro Pastor establecido, hermano, y no me recibió con mucha efusividad, pero me escuchó. Y le dije: “Mire, Pastor, tal cosa…” Y le dije: “Mire, nosotros tenemos una actividad; si ustedes permitirían que su ministerio de alabanza participe, venga y participe en esa actividad, y nos lo manden aquí.” Ese Pastor nos mandó su ministro de alabanza; nos lo mandó a un evento de la iglesia. Y después de eso, no es que hemos quedado tampoco diciendo que somos todos los días juntos, algo parecido, pero me consta que muchas otras iglesias han preguntado por nosotros y ese Pastor les ha dicho: “Ah sí, el Pastor pasó por aquí, yo sé quiénes son ellos, yo sé lo que predican.”

Yo fui y le dije: “Mire, esto es lo que nosotros predicamos, esto es lo que creemos.” Hermanos, uno no está suelto en los caminos del Señor. Ese testimonio de que un creyente habla a otro creyente es un asunto bíblico. El que está suelto y nadie lo conoce, hermano, se quedará suelto y nadie lo conocerá.

Tenga usted temor de un hermano de quien ningún otro hermano puede hablar bien. Para eso, uno debe tener un testimonio público; uno se deja relacionar por una iglesia. Llega un momento en que la gente dice: “Ah, él es de los de Pez Mundial, yo lo he visto a él, él está ahí entre ellos.” Hermano, la gente llega a reconocerte como parte del pueblo del Señor.

Lo que pasó aquí es que ellos escribieron cartas. En la antigüedad se mandaban cartas; ahora la gente se pregunta por WhatsApp. Las formalidades se van volviendo cada vez menos, pero eso es real, hermano, y es muy seguro. Aquí, viendo a un hermano, yo seguido pregunto: “Hermano, ¿y cuál es tu iglesia?” —“Ah, yo soy de tal lugar.” Que no lo dude que yo voy a preguntar; no es lo mismo que alguien venga “por así”, que venga recomendado con una carta de su iglesia. Gloria al Señor por eso.

Y lo último que les digo es que en Acaya también fue de mucha bendición:

Y llegando él allá, fue de gran provecho a los que por la gracia habían creído; porque con gran vehemencia refutaba públicamente a los judíos, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo.

— Hechos 18:27–28

Si este hombre era poderoso en palabra, si era diligente en las Escrituras, imagínense ahora que tiene la versión completa. Imagínense ahora que no solamente tiene los rudimentos básicos de la doctrina de Cristo, sino que se ha profundizado en la historia, en la vida de la iglesia.

Hermano, que tú seas de tanto provecho y edificación para el pueblo del Señor como lo fue Apolos, recibiendo. No nos quedemos donde estamos. Oro por la iglesia del Señor para que el Señor nos permita identificar, particular y corporativamente, dónde está nuestro punto ciego, y que el Señor nos mande también hermanos que puedan ser de provecho para nosotros, como lo fue Apolos tanto en Éfeso como en Acaya.

Oración final por humildad y llamado al nuevo creyente

Oro por la iglesia que está aquí congregada.

Gracias, Señor, porque me has permitido responder tu Escritura al pueblo. Padre, mira la preocupación que he tenido como Pastor por nuestra iglesia local, de que nos quedemos solos, de que pensemos que estamos bien, de que pensemos, Señor, que lo hemos logrado. Permite que como iglesia crezcamos en humildad. Enséñanos, Señor.

Ay, Padre, permítenos probar buenos ejemplos de otros hermanos que hayan crecido más profundamente en las áreas donde nosotros somos débiles. Permítenos reconocer, Señor, de buen agrado dónde están nuestras oportunidades de crecimiento. Padre, estamos seguros que en dos mil años de historia hay muchas iglesias que te han conocido mejor, que te han glorificado más en determinadas áreas, que han tenido más del carácter de Cristo en ellos. Permite, Padre, que cada hermano aquí congregado hoy pueda atender las resoluciones de su corazón, como las tuvo Apolos: que si son fuertes en una cosa, Señor, se dejen ayudar; que si han sido útiles en algo, se dejen ayudar.

Ay, Padre, permítenos no aferrarnos tanto a lo que hemos recibido de ti, a un punto tal que dejemos de recibir lo que tú estás haciendo nuevo. Haznos humildes, Señor, haznos enseñables. Haznos enseñables, Señor. Que si aquí hay alguien… Ay, hermano, permíteme un momento, hay que interceda por ti: si aquí hay alguien que tiene mucho tiempo haciendo un ministerio, que tome hoy la decisión de dejarse enseñar por alguien más; que el Señor te dé un buen referente, que el Señor te dé hermanos maduros, que el Señor te permita conocer otras iglesias u otros creyentes que también te edifiquen a ti.

Padre, permite que todos los miembros y ministros de esta iglesia tengamos un corazón amplio, Señor, para los recursos que tú puedas darnos y que puedan llevarnos más exactamente a conocer tu camino. Padre, oro porque levantes en esta iglesia más Priscilas y Aquilas. Levanta, Señor, hermanos que hagan esto con tanta gracia, Señor, que sea de edificación. Padre, que aquí haya gente que sienta que los están tomando aparte. Mira nuestros hermanos que ya te conocieron, pero necesitan conocerte mejor; permite, Señor, que haya alguien así que los tome aparte.

Levanta, Señor, aquí creyentes o hasta parejas de creyentes, como lo levantaste en otro momento, que tomen a los nuevos, Señor, que tomen a aquellos que necesitan conocerte más profundamente, y los tomen aparte. Danos, Señor, un corazón grande para edificar y no destruir. Evita, Señor, evita en nuestra iglesia que rechacemos lo que tú estás mandando; permítenos reconocer la obra tuya en cada uno de nuestros hermanos.

Por último, Señor, te pido que edifiques nuestro testimonio. Permite que cada hermano de nuestra iglesia sea reconocido aquí como un hermano que está aprovechando tu palabra, de forma tal que, cuando vaya a otra parte, de buena gana, Señor, podamos darle la recomendación. Permite, Señor, que cada hermano que está aquí presente se preocupe por edificar un testimonio de humildad y crecimiento consistente, de forma tal que el ir a otra parte, Señor, sea un motivo de regocijo para nosotros. Padre, permite que haya aquí gente que tenga el testimonio suficiente para que en otros lugares se abran puertas a favor de lo que pueda hacer él por el Evangelio.

Si aquí hay alguien que no conoce a Cristo como debe conocerle, les voy a dejar de lado con esto. Dice que Apolos demostraba por las Escrituras que Jesús era el Cristo. Lo que Apolos estaba haciendo, hermano, Apolos era poderoso en palabra, un instrumento del Señor, pero yo sé que el Señor es poderoso para permitir que alguien hoy aquí vea que Jesús es el Cristo.

Se ha predicado este camino, este camino del Señor, este camino que ustedes me han visto hoy esbozar, este camino que me han visto hoy explicar, que es más largo, más amplio y más transitado de lo que tú quizás estás creyendo. Todos comenzamos en este camino reconociendo este asunto principal; esta es la puerta al camino del Señor: reconocer que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios.

Si hay alguien aquí, hoy he estado predicando principalmente a quienes ya están en el camino. Pero si aquí hay alguien hoy que quiere enrolarse en la vida cristiana, de transitar el camino cristiano, hoy debe reconocer, primero en oración y después públicamente en las aguas, que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y vivir en consecuencia. Si Jesús es el Cristo, Él es el Mesías prometido, Él es el Rector del universo, Él es Dios mismo hecho hombre. Él es el único que merece toda la gloria, toda la honra. Él merece tu obediencia, Él requiere el señorío sobre tu vida.

Si aquí hay alguien hoy que ha escuchado predicar que podemos conocer más exactamente el camino del Señor, pero ni siquiera se siente que está cerca del camino, esta es una preciosa oportunidad para que se enrolen. Uno entra al camino de Dios, uno entra al camino cristiano reconociendo que Jesús es el Cristo. Él ha dicho que si alguno viene a Él, Él no le echa fuera. Como yo exponía recientemente: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron; mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio la potestad de ser hechos hijos de Dios.”

Si tú puedes recibir a Cristo, si tú hoy puedes determinar asumir esto en tu vida —que va a ser un reto en tantos sentidos, pero una bendición infinita— y transitar la vida cristiana, el camino de Dios, yo te invito a que ahí donde estás, en oración, le digas al Señor: “He escuchado que hay un camino, he escuchado que hay gente que está en el camino; yo quiero transitar tu camino. Permíteme, Señor, conocerte, permíteme vivir la vida cristiana.”

Dice la Escritura que si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. Dile al Señor ahí en oración: “Perdona mis pecados, acéptame como tu hijo, permíteme caminar el camino que lleva a la salvación.” Si tú has orado en esto, dice la Escritura que si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos y limpiarnos de toda maldad. También ha dicho la Escritura: “El que creyere en Él, esto es, en su corazón, y fuere bautizado, será salvo.”

Acércate a la iglesia, acércate a mí, y será un gusto recibirte en los talleres de membresía y acompañarte a las aguas del bautismo. Bendice, Señor, ampliamente a cada persona aquí congregada; bendícela con humildad, bendícela con crecimiento, bendícela con un buen testimonio de humildad y crecimiento en tus caminos. En el nombre de Jesucristo, nuestro Señor, nuestro Salvador. Amén.

Que el Señor les bendiga, amados hermanos. Nuestro ministro de adoración nos despide con alabanza.

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