Tema
Bienaventuranzas
4 piezas sobre este tema.
Las bienaventuranzas - Parte Tres
Las dos últimas bienaventuranzas. Ser pacificador no es una consigna que uno levanta, sino el desbordamiento de una paz que ya gobierna el corazón; y la persecución por causa de la justicia no es cualquier contrariedad, sino la que se padece por el nombre de Cristo, con la promesa de un galardón grande.
Las bienaventuranzas - Segunda Parte
Segunda parte del estudio del Sermón del Monte, donde se exponen tres bienaventuranzas más —hambre y sed de justicia, misericordia y limpieza de corazón— como cualidades sembradas por Dios que todo cristiano debe cultivar intencionalmente.
Las bienaventuranzas- Primera Parte
Las tres primeras bienaventuranzas describen el carácter del ciudadano del reino: el que reconoce su bancarrota espiritual delante de Dios, el que conserva un corazón sensible que todavía llora, y el que cede sus derechos para que avance el testimonio de Cristo.
El hombre a quien Dios celebra
El más grande discurso de todas las Escrituras es el Sermón del Monte, proclamado por Cristo al comienzo de su ministerio. La primera parte del mismo comprende lo que se conoce como «Las bienaventuranzas» una serie de descripciones que con toda seguridad echaron un balde de agua fría sobre las expectativas materiales (poder, dinero, reconocimiento) que muchos tenían sobre el reino de Dios. En conjunto, conforman una descripción pormenorizada del carácter que deben tener los hombres dignos de ser celebrados (bienaventurados) elaborada directamente por Dios.