Y temiendo David a Jehová aquel día, dijo: ¿Cómo ha de venir a mí el arca de Jehová?
— 2 Samuel 6:9 (RVR1960)
El gozo verdadero llega después de que la tristeza correcta nos ha hecho preguntas honestas.
Para entender este versículo hay que recordar lo que acababa de pasar. El rey David había organizado «el evento» espiritual de su reinado: trasladaría el arca del pacto, ese cofre sagrado que representaba la presencia de Dios en medio de Israel, a la ciudad de Jerusalén. Treinta mil hombres lo acompañaban, había música, danza, júbilo. Y en pleno camino, un hombre llamado Uza extendió la mano para sostener el arca cuando los bueyes tropezaron, y cayó muerto al instante. La fiesta se detuvo. La Escritura registra dos reacciones consecutivas en el corazón de David: primero se entristeció, luego temió. Y entonces se hizo la pregunta que cambió todo: «¿Cómo ha de venir a mí el arca de Jehová?» Esa pregunta es el punto de inflexión, porque la formula un hombre cuya teología acaba de colapsar y que ahora está dispuesto a aprender de cero.
Hay una clase de tristeza que es señal de salud espiritual. Es la que llega cuando descubres que el Dios que tenías en la cabeza no era el Dios verdadero. Cuando un texto bíblico te incomoda, cuando una verdad sobre Dios te desconcierta, cuando lo que pensabas que sabías ya no te cierra. Mucha gente trata de sortear ese malestar buscándole atajos. Discute el texto, lo suaviza, busca una explicación que lo deje cómodo, o simplemente cambia de tema. David tomó otro camino: se entristeció, temió, y se quedó con la pregunta. Imagínate a alguien que descubre que el mapa con el que ha caminado durante años está equivocado: lo primero es la frustración, después viene el miedo de no saber dónde está, y solo entonces puede empezar a buscar el mapa correcto. Saltarse esos pasos es seguir caminando perdido pero más confiado.
Esa tristeza correcta es la que prepara el corazón para el evangelio. Cuando los dioses falsos se quiebran, queda espacio para conocer al Dios verdadero. Cuando la teología cómoda colapsa, hay lugar para una teología que descansa en Cristo. La buena noticia del evangelio solo suena como buena noticia para el que primero ha entendido que la tenía mal, que necesitaba un Salvador, que no podía acercarse a Dios por sus propios términos. Si hoy estás atravesando un tiempo así, no le huyas. La pregunta «¿cómo puedo yo acercarme a este Dios?» es la pregunta más importante que un ser humano puede hacerse, y tiene respuesta. La respuesta se llama Jesús. El gozo verdadero te está esperando del otro lado de las preguntas honestas.
Oración: Señor, no me dejes esquivar las preguntas que tú mismo despiertas en mí. Que la tristeza correcta haga su obra y me lleve al gozo verdadero, el que solo se encuentra en Cristo. Amén.