Tema
Sermón del Monte
12 piezas sobre este tema.
El peligro del autoengaño
El Señor advierte que muchos que le dicen 'Señor, Señor' serán finalmente desconocidos por Él, porque descansan en una profesión superficial y en sus obras, y no en una obediencia verdadera nacida de la obra de Cristo. El mayor privilegio no es solo conocer a Dios, sino ser conocidos por Él.
La puerta estrecha y el camino angosto
Al cerrar el sermón del monte, Cristo no busca admiradores sino que confronta a sus oyentes con dos puertas y dos caminos. Escuchar la Palabra sin tomar resoluciones es perder el tiempo: la iglesia no se santifica escuchando sermones, sino tomando decisiones.
Nuestra relación con Dios en la oración
La oración es el encuentro peligroso y a la vez tierno entre pecadores y un Dios absolutamente santo que, por los méritos de Cristo, nos recibe como hijos y nos invita a pedir, buscar y llamar confiadamente a su trono de gracia.

Nuestra actitud ante quienes rechazan el mensaje
El Señor nos llama a valorar profundamente su palabra y la vida piadosa como algo santo y precioso, y nos advierte que no debemos permitir que lo santo sea pisoteado por quienes desprecian el Evangelio, ni exponernos innecesariamente a su hostilidad.

Nuestra actitud ante el pecado ajeno
En este sermón se expone que el Señor Jesús no prohíbe todo juicio sobre el pecado ajeno, sino el juicio hipócrita y severo que minimiza la propia falta. Se nos llama a quitar primero la viga de nuestro ojo para entonces poder ayudar, con mansedumbre y cuidado, al hermano que ha caído.

Los afanes de la vida
El Señor Jesús enseña en el Sermón del Monte que la raíz de nuestros afanes no está en la falta de provisión, sino en no ver a Dios como Padre que cuida de nosotros; por eso nos llama a ajustar nuestra escala de valores y a buscar primeramente el Reino de Dios y su justicia, confiando en que todo lo demás será añadido.
Cómo se practica la justicia - El Cristiano y la Limosna
Jesús nos enseña que la verdadera justicia se practica buscando la recompensa del Padre y no el reconocimiento de los hombres, especialmente en cómo damos limosna y usamos los recursos que Dios nos ha confiado.
Una justicia superior
Cristo cierra el sermón del monte corrigiendo dos distorsiones de la ley: la venganza y el odio al enemigo. La ley del talión fue dada para contener la violencia, no para autorizarla; y el creyente, que ha muerto a sí mismo, puede ceder voluntariamente su justo derecho para que avance la gloria de Dios.
Sal y Luz - El testimonio del creyente
El creyente, transformado por las bienaventuranzas, es llamado por Cristo a vivir como sal que preserva y como luz que alumbra en medio de un mundo en tinieblas y en constante deterioro.
Las bienaventuranzas - Parte Tres
Las dos últimas bienaventuranzas. Ser pacificador no es una consigna que uno levanta, sino el desbordamiento de una paz que ya gobierna el corazón; y la persecución por causa de la justicia no es cualquier contrariedad, sino la que se padece por el nombre de Cristo, con la promesa de un galardón grande.
Las bienaventuranzas - Segunda Parte
Segunda parte del estudio del Sermón del Monte, donde se exponen tres bienaventuranzas más —hambre y sed de justicia, misericordia y limpieza de corazón— como cualidades sembradas por Dios que todo cristiano debe cultivar intencionalmente.
Las bienaventuranzas- Primera Parte
Las tres primeras bienaventuranzas describen el carácter del ciudadano del reino: el que reconoce su bancarrota espiritual delante de Dios, el que conserva un corazón sensible que todavía llora, y el que cede sus derechos para que avance el testimonio de Cristo.