Mensajes
Mensajes de Iglesia PezMundial con transcripción
La ofrenda para el tabernáculo
Después de haber fracasado con el becerro de oro, Israel recibe la invitación de ofrendar para la construcción del tabernáculo. Lo que aquí se presenta no es simplemente un mandato, sino una invitación a participar personal y activamente en la adoración a Dios con los recursos que él mismo ha provisto.
El becerro de oro
Cuarenta días después de temblar ante la majestad de Dios, Israel fabricó un ídolo con sus propias manos. Lo más impresionante de esta historia no es el becerro de fundición, sino la gracia de un Dios que puede aplacar su ira y perdonar nuevamente.
Cuando Dios nos dio su ley
La primera parte del viaje de Israel culmina en el monte Sinaí. Antes de entregarles la ley, Dios los rodeó de bienes mostrando su cuidado tierno; y en el mismo momento de darla, desplegó su poder y su gloria para que la recibieran con la actitud correcta.
El regalo de la compañía
Entre las muchas provisiones que Jehová dio a su pueblo en el desierto, una de las más valiosas fue el compañerismo. Hasta este punto, Dios ya había provisto agua en Mara, un oasis en Elim, codornices y maná para el sustento diario, e incluso una victoria militar. Pero en Éxodo 18 encontramos otra provisión, distinta y también necesaria: un tiempo de solaz para el compañerismo. En este pasaje veremos dos grandes regalos del Señor que son ejemplo para nuestra vida cristiana: un buen ejemplo de compañerismo y un buen ejemplo de consejo.
Las lecciones del maná
Puedes ser creyente por muchos años, tener un trabajo estable y buenos ingresos, incluso guardar fielmente el día del Señor… y aun así no haber hallado verdadero reposo. Puedes conocer mucho acerca de Dios, manejar doctrinas profundas como la omnipotencia y la soberanía de Dios, y sin embargo no haber interiorizado la verdad más básica: que Dios cuida de ti. De hecho, puedes confesar que Dios es todopoderoso y soberano y, al mismo tiempo, vivir en constante ansiedad respecto a tu sustento. El maná no fue simplemente provisión para Israel; reducirlo a eso sería perder por completo su sentido, porque el Señor ya los venía sosteniendo desde siempre. El maná fue una escuela completa donde Dios enseñó a su pueblo que cuida de ellos (un hecho para interiorizar), los disciplinó para que aprendieran a confiar en que la obediencia trae reposo, y dejó un testimonio permanente de su fidelidad. Hoy veremos las lecciones del maná.
Abraham, lo que Dios pensó de un padre
Todo hombre desea hacer algo importante con su vida, pero pocos consideran que la familia puede ser esa plataforma desde la cual encontrar su significado, su misión, su relevancia y su trascendencia. Abraham es un buen ejemplo de hombre que hizo de su casa una plataforma de servicio, y desde allí impactó a todas las familias de la tierra.
Israel murmura en Mara
A menos de una semana de haber sido liberados de la esclavitud en Egipto, a escasos tres días de haber cruzado el mar Rojo —cuando el pueblo cantó junto a Moisés, exaltando cuán grandemente se había magnificado Jehová: «Jehová es mi fortaleza y mi cántico, y ha sido mi salvación» (v2)—, hubo un repentino cambio de actitud. Una prueba inesperada reveló una tendencia recurrente en el pueblo: la murmuración, expresión de descontento, ingratitud y rebelión. El caso nos recuerda que nuestro arte puede ir muy por delante de nuestro nivel de madurez, y que podemos estar cantando junto a una multitud grandes verdades que aún tenemos pendientes de aprender. Hoy veremos la prueba repentina que enfrentó Israel al entrar en el desierto, su actitud persistente y la completa provisión de Dios para ellos.
Una nueva conciencia sobre la presencia de Dios
El castigo de Uza es una de las historias más desconcertantes de la Biblia, pero también una de las que revelan más claramente el carácter santo de Dios y el privilegio que implica estar en su presencia.
El espanto de Félix
Félix aparece en el relato como un hombre bien informado sobre el «camino», amigable con los cristianos y con un aparente interés por el mensaje. Sin embargo, fue también profundamente indeciso. Durante dos años recibió testimonio sin recibir salvación. Más que un testimonio de salvación es un ejemplo del avance del evangelio a pesar del rechazo de los hombres. Muestra que Dios puede colocarnos providencialmente ante personas específicas para que demos testimonio. Nuestra responsabilidad es proclamarlo con fidelidad, aunque no siempre tengamos fruto.
El evangelio en nuestras amistades
Las amistades en el pueblo de Dios, cuando se cultivan de manera intencional y en el contexto del evangelio, fortalecen la misión de la iglesia y traen consuelo a nuestras vidas. Pablo concluye Colosenses con una larga despedida que nos enseña a compartirnos, atesorar las relaciones por lo que significan en Cristo y a interesarnos por lo que Dios hace más allá de nuestro círculo inmediato.
La oración y el testimonio público del creyente
El evangelio de Cristo avanza en el mundo por medio de creyentes que oran con perseverancia y testifican con sabiduría. Pablo nos lleva a considerar dos dimensiones adicionales de nuestra vida cristiana: nuestra relación con Dios, expresada en la oración, y nuestra relación con los de afuera, manifestada en nuestro testimonio público.
El profundo amor de Dios por su pueblo
Todos luchamos con el sentimiento de abandono. A través del profeta Isaías, el Señor toma el lamento de Israel en el exilio y responde con una imagen conmovedora de su amor: un amor tan constante y sacrificial como el de una madre por su criatura, pero aún más profundo, pues nos tiene esculpidos en las palmas de sus manos.
Cristo en todas nuestras relaciones
El evangelio reordena todas las esferas de la sociedad, desde la familia hasta el trabajo. Este texto tiene que ver más con Cristo que con tu matrimonio, más con Cristo que con la crianza, y más con Cristo que con las relaciones laborales. Es Cristo —no el esposo, ni el padre, ni el empleador— en todas nuestras relaciones.
Un alma en paz
Un salmo corto de leer pero largo de aprender. David describe tres cosas a las que renunció voluntariamente —la vanidad, la altivez y la ambición desmedida—, el efecto que esto produjo en su alma, y concluye con un llamado comunitario a la esperanza. Esta es la canción de un hombre que, con la ayuda de su Dios, alcanzó la paz.
El día de las pequeñeces
Tres tentaciones comunes en el servicio a Dios, extraídas del mensaje de Jehová a Zorobabel: confiar desmedidamente en los recursos humanos, subestimar los instrumentos discretos y menospreciar las pequeñas cosas.
Cristo en el centro de su iglesia
Pablo está escribiendo a la iglesia de los Colosenses para que juntos crezcan en su entendimiento del evangelio. Después de exhortarles a que se vistan —figuradamente— de manera distintivamente cristiana, les presenta una serie de exhortaciones con el fin de que Cristo siempre ocupe el centro en la vida de la iglesia. En tres sentidos: (1) que Cristo sea su tema principal, el centro de su sabiduría, enseñanzas, exhortación y alabanza; (2) que Cristo sea el centro de sus acciones y palabras, actuando siempre en Su nombre; y (3) que Cristo sea el centro de su gratitud.
La resurrección de Cristo: victoria que da vida
La resurrección de Cristo completa la obra de la cruz, valida su divinidad y nos da una esperanza real más allá de la muerte: vida eterna en él.
Sabiduría en medio del duelo
Lo que me conmueve de nuestra fe es que no ignora el sufrimiento, no lo justifica con frialdad ni lo racionaliza. Jesús mismo, al perder a un amigo, eligió llorar, y nos enseñó que llorar no es falta de fe sino un acto sagrado de amor y humanidad.
La nueva vestimenta del cristiano
Después de mostrar una lista de pecados de los que debemos despojarnos, el apóstol Pablo nos introduce al concepto de una nueva vestimenta: expresiones del corazón que deben distinguir al cristiano en virtud de su nueva identidad como escogidos, santos y amados.
Cómo luchar contra el pecado
El creyente no combate el pecado como un contrincante desesperado, sino como quien pertenece al pueblo victorioso de Cristo. No luchamos para obtener nuestra salvación; luchamos porque hemos sido salvados y podemos matar el pecado porque realmente ya no lo necesitamos.
Advertencia sobre la parcialidad
La parcialidad contamina nuestra fe, daña el modelo del reino y transgrede la ley de Dios. La clave para superar este pecado es que Cristo sea tan glorioso para nosotros que ningún ser humano despierte una impresión más fuerte que la suya.
Los términos de nuestra reconciliación
Nuestra reconciliación con Dios tiene tres términos: aceptar que éramos extraños, enemigos y malvados; reconocer la necesidad del sacrificio de Cristo en su cuerpo de carne; y confirmar nuestra salvación por medio de la perseverancia en la fe.
La supremacía de Cristo sobre todas las cosas
Reconocer el señorío de Cristo sobre todas las cosas es una tarea que requiere profunda reflexión, pero vale la pena. Este es el punto de partida para que nuestra salvación produzca gozo: entender nuestro gran Salvador y nuestra gran necesidad.
El rey que oyó las Palabras de la Ley
Es posible dirigir una nación, una familia o una iglesia sin tener presente la ley de Dios y hasta lograr algunas cosas buenas. Pero solamente escuchando la ley de Dios se puede emprender una reforma espiritual que cambie el corazón del pueblo.